Pasaron tres días después de todo lo sucedido y Ciel seguía actuando de una manera muy extraña, tanto que le había quitado el habla a su mayordomo. El jovencito permanecía horas encerrado en su habitación, a veces en la biblioteca tirado como de costumbre en aquella elegante alfombra pero sin la menor intención de leer absolutamente nada, o tan sólo se asomaba por las grandes ventanas en donde contemplaba a la distancia como si esperara que alguien llegase. Cuando Sebastián intentaba acercarse, Ciel lo miraba con odio y desprecio, sentía una ira muy grande por dentro que no podía soportar, por algunos segundos cuando intentaba preguntarse la razón de ese odio, empezaba a escuchar muchas voces dentro de su cabeza, voces escalofriantes que repetían siempre lo mismo… "El jamás llegó por ti, jamás… no le importas en absoluto, te abandonó cuando más lo necesitabas", Ciel intentaba recordar las cosas que habían sucedido, pero el grito de aquellas voces nublaba sus pensamientos, tanto que el rencor lo invadía y hacia que sintiera unos deseos muy grandes de atacar a su mayordomo, desgarrarlo con sus propias manos y acabar con el de una vez, mostrarle que ya no era más un mocoso engreído y ahora estaba a su nivel. Sebastián empezaba a perder la paciencia, pero por desgracia no podía alejarse mucho de la mansión o Ciel lo sentía inmediatamente, eso lo molestaba ya que no podía investigar nada, mucho menos mandar a ese pelirojo shinigami a que hiciera el trabajo por el, por que Ciel había prohibido terminantemente su entrada a la mansión, era como si Sebastián fuese un prisionero en aquel lugar, así se sentía y realmente no sabía que cosa podría hacer. Había algunos momentos en que el joven Phantomhive lo ignoraba por completo, no le decía ni una sola palabra… otros, en que cuando le traía lo que acostumbraba comer, se enfurecía y de un manotazo echaba al piso la bandeja con todo el contenido, arruinando la alfombra y obligándolo a limpiarla inmediatamente, aunque lo peor de todo era cuando lo obligaba a arrodillarse frente a el, especialmente cuando pasaba por los pasillos, sonriendo burlonamente para humillarlo más. Ciel nunca había tenido ese comportamiento tan detestable, conforme pasaban las horas, se volvía más y más insoportable, llegando al punto de hacer cambios en la mansión y empezar a pedir objetos innecesarios, adquirir aves enjauladas o flores de diversos colores que ordenaba poner en jarrones por toda la mansión.

Aquella mañana, Ciel entró de improviso en la cocina cuando Sebastián se encontraba preparando el desayuno. El joven Phantomhive le entregó una carta con su sello personal en ella, Sebastián la tomó y su expresión cambió cuando leyó el nombre de Alois Trancy escrito en el sobre, - Es una invitación para el almuerzo, quiero que venga hoy a las doce… puedes irte ya, pero si me entero que has hecho escándalos te las verás conmigo – dijo el joven con voz seca, para volver a salir y perderse en algún rincón de la mansión. Sebastián se quedó contemplando la carta, deseaba tanto deshacerse de ella pero debía entregarla aunque no quisiera, al menos podría salir de casa y ver en que andaban esos dos tipos, en especial que tenía en mente aquel niño odioso llamado Alois. Sebastián dejó la preparación del desayuno y salió rápidamente de la mansión, atravesando el bosque y la pradera, conteniéndose con todas sus fuerzas por no romperle la cara a Claude cuando lo viese, ya que fuese lo que fuese, sabía que el apoyaba todas las locuras del joven Trancy, ambos le habían jugado una trampa, lo sabía muy bien, pero sólo quería descubrir la manera para que Ciel volviese a la normalidad, estaba soportando esos tratos solo por que amaba a su señor y estaba consciente que le habían lavado el cerebro, pero no entendía de que manera, era muy difícil invadir la mente de un demonio y más, la de alguien como Ciel Phantomhive.

Cuando llegó a la mansión de Alois Trancy, se detuvo y estuvo observando por los alrededores, esperando ver o escuchar alguna conversación, pero pasaron los minutos y nada sucedía. Así que no tuvo de otra que acercarse a la puerta y tocar la campanilla, apenas lo hizo la puerta se abrió y se encontró cara a cara con su despreciable rival, el mayordomo Claude se veía más presumido que nunca, llevando un estrafalario uniforme que de seguro cierto rubio lo había obligado a usar, como lo pensaba… Claude se había convertido en el juguete de Alois, algo debía estar tramando para soportar esos tratos en verdad, pero Sebastián no tenía la menor idea que Alois ya no estaba interesado en el, su principal objetivo era Ciel y ahora Claude sólo permanecía en la mansión por voluntad propia, haciendo todas las obligaciones como de costumbre, sin comprender por que seguía ahí. Sebastián lo miró con expresión molesta y le entregó la carta, iba a retirarse pero la voz de Claude lo detuvo.

- ¿Por qué sigues al lado de Ciel Phantomhive?, ¿por qué lo haces a pesar de tratarte de esa cruel manera?

- Esa pregunta debería hacerla yo… ¿no crees? – dijo sonriendo burlonamente, al menos quería darse el gusto de hacerlo enfadar – No eres más que su perro… la verdad no entiendo por qué regresaron, ¿quieres ganarte tu libertad?, ¿es eso? Debe ser horrible pertenecerle a esa mujer… y mucho peor, tener que soportar las malcriadeces de tu señor ¿no?

- ¡Ya cállate!, ¡lo que haga o deje de hacer no te importa! – dijo Claude mirándolo fijamente, intentando mantener aquella pose formal de los mayordomos sin poder lograrlo, apretaba fuertemente la mano libre, mientras que intentaba controlarse para no estrujar el sobre que tenía en la otra.

- Ciel Phantomhive es mío… siempre lo ha sido, no se que rayos han hecho con el… pero te juro que me las pagaran… en especial ese mocoso que tienes como señor, esta vez no tendré piedad por su linda apariencia, para mi no es más que un demonio que debo exterminar – susurró Sebastián acercándose a su oído, rozando con sus manos su cuello en una señal que deseaba acabar con el en esos mismos momentos – Recuérdalo Claude… lo último que verás serán mis ojos clavados en los tuyos cuando te asesine -.

- ¿Cómo te atreves a venir a amenazarme? Debería darte vergüenza de vestir ese uniforme con ese comportamiento tan detestable…

- Si bien es cierto que mi señor esta actuando de una manera detestable… yo hago todo lo que desea por amor… se que cuando recupere la consciencia me agradecerá que no lo halla abandonado, pero… ¿Por qué lo haces tu?, obvio que no es amor… tu ni siquiera conoces el significado de esa palabra, sólo eres un perro atado con un cadena a este horrible lugar… el guardián de una araña venenosa que tarde o temprano se deshará de ti.

Claude no pudo decir nada en su defensa, todo lo que decía Sebastián era cierto y eso era lo que lo irritaba tremendamente. En esos momentos Sebastián se despidió con una pequeña reverencia y desapareció por el bosque, realmente lo odiaba con todo su ser, pero se odiaba más a si mismo por no poder contestar aquella pregunta formulada, ¿Por qué seguía al lado de Alois cuando este ya había conseguido sus propósitos?, intentaba convencerse que era para ver el sufrimiento de Sebastián en primera fila, intentaba aferrarse a esos pensamientos, pero muy en el fondo sabía que había algo más, algo que no podía entender. Claude cerró la puerta de un golpe, pero al voltear se encontró con Alois que lo miraba inocentemente, parecía haber escuchado la conversación, pero aquella mirada seguía fija en el como si no supiera nada de lo que había sucedido. Claude se inclinó frente a el, poniendo una rodilla en el piso y la pose que acostumbraba cuando lo veía, así llegaba a su altura, Alois se acercó en esos momentos y pasó sus manos por su cuello, abrazándolo mientras jugueteaba con sus cabellos, - mi querido Claude… mi amado traidor… - dijo con voz baja a su oído, manteniendo aquella posición, empezando a besar su oreja suavemente y a morderla como si fuese un gato, provocando al mayordomo hasta sentir sus manos rodeando su cintura. Alois sonrió y en esos momentos se alejó de el con la carta en una de sus manos, abriéndola mientras contemplaba la expresión extraña que Claude ponía al ser rechazado de aquella manera, el rubio disfrutaba de eso… le fascinaba provocarlo, quería excitarlo a tal punto que se humillara ante el para rogarle por que lo dejase tocarlo, Claude solo era su juguete y pagaría muy caro todo lo que le ocasionó, especialmente… lamentaría mucho haberlo asesinado de aquella manera. Alois empezó a leer la carta y una sonrisa muy grande se dibujó en su rostro.

- ¡Estamos invitados a la mansión Phantomhive! ¿¡No es grandioso! – dijo saltando alegremente.

- Su plan ha resultado todo un éxito…

- ¡Pronto Ciel vendrá a vivir conmigo!, ¡eso lo sé! Hubiera preferido que fuese alguien que aparentara más edad, pero en fin… ¡se que me ama y por eso se quedará siempre a mi lado!

- Pero sólo es por el hechizo que le puso… sabe muy bien que podría reaccionar en cualquier momento.

- ¿Hechizo?, ¿de que hablas Claude? Ciel me ama, yo sólo lo ayudé a darse cuenta de ello… ¡dejará a Sebastián y me elegirá a mi! Dímelo… ¿¡no son así las cosas!, ¡dímelo!

- Yes… you are highness…

- Muy bien, ahora prepara el carruaje para salir…

Alois se dejó caer sobre el sofá mientras leía nuevamente la carta, una y otra vez como si esta dijese que acababa de heredar una fortuna, la aferraba entre sus manos como si fuese un tesoro de mucho valor y la besaba por momentos, llegando a estrujar el papel de tal manera que las letras empezaba a verse borrosas. No esperó por mucho ya que en media hora el carruaje estaba listo y si salían de una vez, llegarían puntuales a la cita en la mansión Phantomhive, Alois jaló a Claude del brazo para apresurar su paso y en pocos segundos se encontraban en el camino de tierra y pequeñas piedras. El rubio solo podía escuchar las ruedas del coche avanzando lentamente, mientras pensaba en algunas cosas… sobretodo como hacer para que Ciel abandonara a su mayordomo lo más pronto posible. El viaje fue de lo más aburrido, ya que la otra mansión quedaba muy lejos del lugar, Alois se quedó dormido pero tuvo una pesadilla relacionada a su vida como humano, recuerdos que deseaba olvidar con todo su ser, tanto lo inquietó que cuando Claude se detuvo y abrió la puerta del carruaje para avisarle que ya habían llegado, el joven lo miró con mucho rencor y odio, rechazó bruscamente la mano que su mayordomo estiraba para ayudarlo a bajar, Alois lo empujó a un lado y de un saltó salió al exterior para contemplar aquella casa que a sus ojos no era ni la mitad de grande que la suya. – Que bajo a caído Ciel para vivir en este pequeño lugar, si viene conmigo se que se sentirá mejor por la mansión enorme que tengo – dijo Alois con voz baja, hablando para si mismo. En esos momentos se abrió la puerta principal y Sebastián los observó con una expresión molesta, había sentido su horrible presencia y no tenía de otra que recibirlos lo quisiera o no, lo peor de todo ello es que había tenido que preparar platillos muy complejos a pedido de Ciel, pero todo estaba listo y la mesa en donde se llevaría a cabo el almuerzo lucía muy elegante. Claude y Alois entraron a la mansión y apenas el rubio vio a Ciel entrando a la sala, corrió y lo abrazó fuertemente, aferrándose a su cuerpo y negándose a soltarlo por largos segundos, Sebastián solo contemplaba la escena, empezaba a sentir un ligero dolor de estómago y deseos muy fuertes de poner sus manos en el hermoso y delicado cuello de Alois Trancy. Ciel pareció no reaccionar al momento, permanecía como una estatua mientras Alois se apoderaba de su brazo y ambos se acercaban hasta la mesa principal, pero antes de sentarse, el rubio cogió de la cintura a Ciel y lo besó en los labios, el jovencito Phantomhive pareció desear apartarlo pero rápidamente cedió ante ello e ignoró las miradas de ambos mayordomos, en especial ignorar a Sebastián que mantenía sus manos tan apretadas que parecía que se clavaría la piel con las uñas. Alois lo liberó viendo como la expresión de Ciel se volvía mas dócil, parecía un cachorrito y más al besar una de sus manos, vio sus mejillas adquirir un tono rojizo, el rubio sonrió y ambos se dispusieron a almorzar en silencio.

Mientras esto sucedía, Sebastián regresó a la cocina para asegurarse que el pastel no se echara a perder, pero estaba demasiado distraído con aquellas imágenes dando vueltas por su mente, tanto que se quemó la mano al sujetar la manija del horno sin tener el guante puesto, claro que esto no le afectó en lo más mínimo, pero Sebastián se quedó mirando aquella mano lastimada, era la primera vez que aquellos extraños sentimientos de celos y angustia se apoderaban de su ser, jamás imaginó que el amor sería tan complicado. En esos momentos entró Claude, quien se sentía demasiado incómodo en medio de ambos jovencitos y peor, ser testigo de las palabras tan melosas que su Alteza le decía a Ciel, lo único que quería era que todo eso acabara y regresaran a la mansión, pero en eso su mirada se cruzó con la de Sebastián.

- Cuanto te apuesto a que Ciel te abandonará antes que termine la semana – dijo Claude con deseos de vengarse por la ofensa recibida en la mañana.

- Deberías agradecer que no asesinara a ese mocoso cuando se atrevió a tocar a mi señor…

- La verdad no pensé que sería capaz de ello, pero si fueran chico y chica estarían a punto de casarse en estos momentos… ¿Por qué no te rindes de una vez?

- Jamás, ya te dije que Ciel es sólo mío.

- No es solo tuyo ahora… podría apostar mi vida a que jamás lo has tocado de esa manera…

Sebastián dejó caer la bandeja sobre la mesa con cierta brusquedad, estaba demasiado furioso después de aquel beso del que fue testigo, si las cosas seguían así perdería a Ciel para siempre, en esos momentos no se pudo contener y rápidamente acorraló a Claude contra la pared mientras sujetaba un cuchillo muy filoso en su mano, sabía que nada podría hacerle pero si dejarle una horrible marca que le duraría unas cuantas horas al menos. – Dime que le hicieron a Ciel, ¿Qué tipo de truco tan sucio es este?, forzar el amor o la apreciación de otro demonio es casi imposible de lograr… ¡no puedo contradecirlo!, ¡maldición! Realmente es un juego muy sucio… saben muy bien que si interfiero solo lograré que me odie con todo su ser – dijo Sebastián acercando mucho el cuchillo al cuello del otro mayordomo, que sólo lo miraba tranquilamente, sin decir absolutamente nada. Sebastián se dio cuenta en esos instantes que había algo extraño en la mirada de Claude, como si aquellos ojos reflejaran cierta tristeza o conflicto emocional, pero era imposible… ese demonio jamás había mostrado sentimiento alguno, Sebastián pensó por algunos segundos que aquel beso no sólo lo había irritado a el, pero no… rápidamente se deshizo de aquellas ideas por encontrarlas ridículas, y al ver que no conseguiría sacarle la verdad a la fuerza bajó el cuchillo y regresó lentamente a su posición, concentrando toda su atención en la preparación de la comida, como si su vida dependiera de ello.

Cuando Sebastián y Claude regresaron a la sala principal para terminar aquel almuerzo con el postre, encontraron a Ciel sirviéndole agua en un vaso al joven Trancy, parecía que las cosas estaban empeorando, ya que Ciel jamás había sido capaz de hacer algo por si mismo, a su edad no sabía ni como vestirse apropiadamente. Sebastián apresuró el paso para quitarle la jarra de las manos con delicadeza e indicarle que el lo haría, Ciel se quedó en silencio, parecía como si su mente se encontrara muy lejos, dejando solo aquel cuerpo que empezaba a obedecer las ordenes de Alois, pero en esos momentos se fue a sentar y permaneció con aquella mirada ausente por largos segundos. Felizmente el almuerzo terminó pronto y Alois anunció su regreso a su mansión, se sentía muy satisfecho por los resultados con Ciel y se moría de ganas de proponerle irse a vivir con el, pero era demasiado pronto, tenía que hacer que Ciel le rogara y lo siguiera dejando a Sebastián de lado, quería ver ese momento, por lo que tenía que esperar que el hechizo dominara por completo la voluntad de Ciel, sin embargo antes de marcharse y al ver la expresión en la cara del mayordomo, quiso empezar a darle la primera puñalada.

- Si quieres que regrese de nuevo tendrás que hacer todo lo que desee… - dijo Alois con voz burlona, mirando a Sebastián pero dirigiéndose a Ciel.

- Si… lo haré – respondió Ciel con voz débil, como si no quisiera decir aquello en realidad.

- Mmnn… Esa no es la forma de responder… inclínate ante mi… sabes como es la manera que me gusta… ¡hazlo Ciel!

El joven Phantomhive no obedeció al principio, ya que empezaba a sentirse extraño y muy cansado, pero la voz de Alois inundaba sus oídos, no sabía que debía hacer, en esos momentos vio a Sebastián y pareció pedirle ayuda con la mirada. El mayordomo avanzó hacia el y lo sujetó del hombro por detrás, atrayéndolo hacia si como deseando protegerlo, - mi señor se siente agotado, tenga la amabilidad de marcharse de una vez – dijo con la voz más cortes que pudo. Alois frunció el ceño, le molestaba que el siempre se entrometiera en todo, así que le dio la espalda y se dispuso a salir, pero Ciel parecía desear pedirle que se quedara, sus manos sujetaron las de Sebastián en un intentó de liberarse, pero se sentía muy débil, por un lado quería correr detrás del rubio pero el calor de Sebastián parecía hacerle desear lo contrario, estaba muy confundido y en eso sintió como perdía el control de su cuerpo y se desvanecía en brazos de su mayordomo.

Continuará…