Sin amo… no existe el mayordomo…

Y en este caso…

Sin Ciel Phantomhive… Sebastián Michaelis no puede existir…

se desvanece lentamente como un simple espejismo…

consumido en el dolor por primera vez…

Cuando Sebastián despertó de un confuso y extraño sueño, no recordaba muy bien lo que había sucedido y mucho menos la razón por la cual se encontraba sobre una cama de sabanas negras y mantas color vino. La habitación le era desconocida, pero al respirar el aroma del ambiente, la fragancia de las campanillas mesclada con el de las rosas que habían sido plantadas recientemente en el jardín, Sebastián recordó de una manera brusca en donde se encontraba, iba a ponerse de pie y salir de esa mansión lo más pronto que pudiese, secuestraría a Ciel si era necesario, jamás podría dejarlo en manos de Alois… nunca, el pagaría muy caro haberlo tocado. Sebastián se sentó sobre la cama y se llevó una mano a la cabeza, jalándose levemente los cabellos negros, hasta ese momento el mayordomo cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo, de cómo a pesar de su naturaleza dos sentimientos humanos y prohibidos a su parecer, lo habían invadido por completo hasta ahogar su alma, hasta hacerlo caer en aquella "absurda" desesperación… como siempre había llamado a esas sensaciones. – Celos… amor… más celos… y un amor que parecía ser correspondido… pero que al final, me fue robado por una araña… como lo pensé, Ciel es un mocoso realmente complicado e insoportable… sin embargo no puedo liberarme de estos sentimientos cuando pienso en el, no puedo permitir que se aleje de mi y más por los efectos de un hechizo de amor – se dijo mentalmente Sebastián, en esos momentos se sintió realmente enfurecido, todo estaba claro después de haber visto aquella inesperada escena en el bosque, - ese desgraciado lo hizo… ahora comprendo por que es tan complicado rescatar a Ciel… Trancy ha contaminado su mente por completo… y no solo eso, si no también dejado unas marcas muy profundas en su cuerpo -. Sebastián se puso de pie en esos momentos, pero la puerta de la habitación se abrió y vio la figura de Claude, el mayordomo tenía una expresión extraña en su rostro pero intentó ocultarla frunciendo el ceño y cerrando la puerta tras de si.

- ¿Qué? ¿Acaso no vas a agradecerme haberte recogido del bosque? – dijo Claude con aquella voz odiosa de siempre, sin embargo sus ojos reflejaban una extraña tristeza – Debe ser humillante para ti haber sido rescatado por tu peor enemigo… ¿no? – añadió para lograr sus propósitos de enfadar aún más a Sebastián.

- Que recuerde jamás pedí ayuda… no tenías por que traerme aquí, sabiendo muy bien lo que opino de esta maloliente mansión y de sus ocupantes…

- Que grosero… te expresas de manera tan vulgar que deberías dejar de ser un mayordomo.

- No se que te sucede, el gran Claude rescatando a su enemigo y llevándolo a su propia habitación, intentando aparentar aquella bestia que siempre ha sido… pero sin lograrlo ¿o me equivoco?

- No se que estás diciendo… estás hablando tonterías.

- ¿Tonterías? Mmnn… por esa cara de tristeza que tienes… no creo que sea una tontería en realidad.

- No es cosa tuya… deberías estar más preocupado por recuperar a ese mocoso de Ciel que fijarte en las cosas de otras personas.

- Ciel me pertenece, siempre ha sido así y me lo llevaré pronto a casa…

- ¿Pronto? Como van las cosas… apuesto a que en menos de una semana Ciel se mudará a esta mansión…

- Jamás permitiré eso.

- Pues deberías poner más empeño en ello… debes llevártelo, tiene que irse lejos de aquí o si no yo…

- ¿O si no tu?

- Me desharé de el…

- ¿Y tu crees que voy a dejar que le pongas un dedo encima?

- ¡Solo quiero a Ciel Phantomhive lejos de mi amo! – explotó de repente Claude dejando a Sebastián sorprendido por su actitud. Su mirada, su voz y su expresión entera mostraban cierta desesperación, en esos momentos se dio cuenta… ¿podría ser posible que…? Sebastián sonrió burlonamente, simplemente no podía creerlo pero nada podía ser más claro que aquello, era obvio que no solo el estaba hundido hasta el cuello por aquellos sentimientos humanos, frente a el, su odiado rival, había caído sin remedio también y no sabía que hacer. Claude reaccionó violentamente al darse cuenta que estaba mostrándose débil ante el, odiaba con todo su ser aquellos sentimientos pero no podía evitarlos ni arrancarlos de su alma, en esos momentos se lanzó sobre Sebastián, haciéndolo caer al suelo, subiéndose sobre el mientras sujetaba fuertemente su cuello, quería destrozarlo, descargar su furia contra el, simplemente ya no podía más con todo eso y no sabía como controlar ese sentimiento. Sebastián estaba muy débil, a pesar de haber recuperado la consciencia sus fuerzas estaban limitadas por lo que no pudo soltarse y empezó a sentir la falta de aire, pero solo veía a Claude fijamente, sus ojos parecían estar clavados en los suyos, aquella mirada… lo acusaba claramente de haberse dejado llevar por "aquello", Sebastián reunió las pocas fuerzas que le quedaban y al menos logro aflojar un poco el agarre, pero solo lo suficiente para decir…

- Es amor… estas enamorado de Alois Trancy…

Claude no supo que responder, Sebastián había dado en el clavo y empezó a sentir cierto dolor en el pecho que no pudo ignorar, un dolor que rápidamente aumentó. Su ira de volvió más fuerte, tanto que obligo a ponerse de pie a Sebastián y lo empujó bruscamente contra la pared, golpeándolo contra el concreto cada vez más fuerte, hasta casi hacerle perder la consciencia.

- ¡Debería darte vergüenza! ¡Ni siquiera te puedes defender! ¡Si no haces algo la próxima vez que te ataque podría matarte en verdad! No entiendes… ¡CUANDO ALGUIEN HACE UN CONTRATO CON UN HUMANO O DEMONIO SE FORMA UNA CONECCIÓN! ¡Y SI ESA CONECCIÓN SE VE ALTERADA COMO EN ESTE CASO, MORIRÁS! ¿¡ESO ES LO QUE QUIERES! JODER… ¡HAS ALGO DE UNA VEZ! ¡HAZLO!

- Si me asesinas… no podré hacer nada… - dijo Sebastián respirando con dificultad – Se que estás desesperado… pero si me ayudas… podríamos conseguir lo que deseamos…

- No estoy… desesperado…

- Lo estás… y realmente amas a Alois…

- No… yo no puedo amar a nadie, es absurdo… Alois Trancy es solo un medio por el cual puedo llegar a Ciel… al alma que siempre he deseado…

- Ni tu te crees esa mentira, quizás al principio era así… pero mírate ahora…

Claude se apartó y se dejó caer al suelo con brusquedad, sus manos le estaban temblando y se sentía reamente intranquilo y furioso, estaba en estado de shock y no podía aceptar aquellos sentimientos, era imposible… Sebastián se acercó lentamente hacia el, estaba mal herido pero a pesar de su debilidad pronto sus heridas se cerrarían, solo tomaría un poco más de tiempo, pero se acercó y se agachó lentamente hasta el, estiró una de sus manos y sujetó su barbilla obligándolo a verlo, Claude se veía tan vulnerable en esos momentos, podía sentir como temblaba y como la confusión lo dominaba.

- Si me ayudas todo podría ser más fácil…

- ¿Por qué habría de ayudarte?

- No seas idiota Claude… ese niño siempre te ha amado ¿no te das cuenta?, solo esta usando a Ciel… se ha encaprichado con el por que tu nunca le diste la menor importancia.

- Ya basta de repetir esas cosas.

- Tienes que convencerlo… tiene que liberar a Ciel, al menos dame mas tiempo para descubrir un antídoto.

- Estas loco…

- ¿Acaso no quieres que sepa lo que sientes por el?

- No es amor… - empezó a decir con voz temblorosa - ¿Cómo te atreves a decirme eso después de salvarte la vida? Ahora se por que no se debe ayudar a los enemigos…

- Oye escúchame…

- ¡Ya basta! ¡Deja de decir esas cosas! – gritó Claude apartándolo bruscamente, en esos momentos se puso de pie y cogió el saco negro que colgaba de una perchera y se lo arrojó a Sebastián con una mirada que claramente indicaba que se marchase. Y antes de que pudiera decir algo, las puertas se abrieron y ambos mayordomos se quedaron en silencio mirando fijamente las pequeñas y delicadas figuras de Alois y Ciel asomándose ante el escándalo que habían ocasionado. Sin embargo el escándalo que los demonios armaron no fue nada comparado a lo que Sebastián vio, su joven amo iba vestido como una muñeca de porcelana, con cabello largo negro y con un traje que le llegaba hasta los pies, lleno de encajes y adornos llamativos, sus ojos se veían totalmente sin vida y si no fuese por su suave respiración o por sus manos inquietas por los guantes que llevaba, realmente hubiese creído que se trataba de una muñeca real, aunque poco faltaba para que lo fuese… Ciel se había convertido en el juguete personal de Alois y no podía soportarlo ni un segundo más. Sebastián se lanzó contra el rubio con la intención de destrozarlo con sus propias manos, aprovechando un segundo de distracción por parte de Claude, tenía que ser más rápido que el, lo iba a coger y desquitarse en aquel cuerpo frágil en apariencia, sin embargo al darle un golpe totalmente dominado por la ira y sentir como se estrellaba contra la pared con un golpe seco, se quedó congelado… su corazón pareció detenerse en esos momentos, sus ojos contemplaron con odio al rubio que seguía intacto con una sonrisa burlona mientras no muy lejos de ellos, Ciel intentaba ponerse de pie por el golpe recibido, ni siquiera se había detenido a pensar que el podría protegerlo con su propio cuerpo… lo peor es que se había dejado golpear sin protegerse o poner la menor resistencia ante ello. Sebastián intentó acercarse a el, pero Claude rápidamente se puso en medio mientras Alois levantaba a Ciel como si no pesara absolutamente nada, Ciel estaba sangrando por el costado de la cabeza, pero seguía con aquella mirada fría y ausente, solo se llevó una mano hacia la herida y luego la contempló totalmente manchada de sangre, terminando por ensuciar aquel vestido y parte de la ropa de Alois.

- Has maltratado a mi muñeca… ¿Cómo te atreves?

- ¡Libéralo de una maldita vez! ¿¡Que ganas con tenerlo así! ¡No ves que se esta transformando en un cántaro vacio! – gritó Sebastián intentando acercarse pero Claude no se descuidaría otra vez.

- Ciel… ¿por qué no se lo dices de una vez? – dijo Alois suavemente a su oído – Díselo… prometo que no te volverá a tocar…

- Yo… - empezó a decir Ciel con voz débil sin poder seguir, su mirada se había cruzado con la de Sebastián.

- Díselo… sabes que eso me haría muy feliz…

- ¿Feliz…?

- Claro que si, por que es a mi a quien amas… siempre lo has hecho y te quedarás conmigo por toda la eternidad.

- Toda la eternidad… es… demasiado tiempo…

- ¡Díselo Ciel! ¡Díselo ahora! – gritó Alois empezando a desesperarse.

- Pero… la persona que yo amo es… - Ciel se liberó de los brazos de Alois y al recuperarse pudo ponerse de pie por si solo, tenía fuertes deseos de acercarse a Sebastián, su mente estaba confusa pero algo dentro de el le rogaba fuese hacia el, sin embargo apenas avanzó unos pasos Alois lo sujetó bruscamente del brazo y lo atrajo hacia si, besándolo a la fuerza y sintiendo como unas lágrimas silenciosas caían por las mejillas de Ciel, pero no le importó en absoluto. Sebastián sentía que se consumía por dentro, era muy doloroso, algo parecía estar devorando su ser por completo de la manera mas horrible, por algunos segundos pensó que Ciel recuperaría el control y se acercaría a el, pero sus ojos se volvieron negros por completo, cuando Alois lo soltó, sólo podía ver aquellas lágrimas cayendo por sus mejillas pero sin rastro alguno de expresión en su rostro.

- Se acabó… deshago el pacto oficialmente… pronto haré uno con Alois… ya no te necesito más…

Sebastián no podía creer lo que estaba escuchando, en esos momentos la marca que Ciel había llevado en el ojo por tanto tiempo… empezó a desvanecerse…

Continuará…