- Ya no te necesito… – fueron las únicas palabras que salieron de los labios de CielPhantomhive en aquellos momentos. Fue como ver la escena en cámara lenta, una deprimente imagen en donde Sebastián estaba siendo abandonado como si no valiese absolutamente nada, un momento… en el cual Ciel aceptó la mano que Alois le ofrecía y la sujetó fuertemente, señal que confirmaba sus palabras. El pacto sería hecho muy pronto y al parecer nada haría que Ciel cambiara de opinión, después de eso, pasaría a ser oficialmente propiedad de aquel rubio y Sebastián no podría acercarse a él nunca más. – Si desean puede quedarse a presenciar la ceremonia – dijo Alois con voz arrogante – No me importa si permanecen en la mansión por esta noche, pero les advierto que después de sellado el pacto… ninguno de los dos será bienvenido aquí – terminó por decir con una mirada amenazante. Era más que obvio que esto sucedería, pero Claude pareció no haberlo entendido bien, se quedó parado en medio de la habitación con una mirada que reflejaba amargura y tristeza al mismo tiempo, Sebastián podía ver algunas lágrimas que disimulaba mientras se acomodaba los lentes, pero nada podía engañarlo ya, estaba claro que Claude se había enamorado de ese mocoso y ahora estaba sufriendo las consecuencias.

Sebastián no deseaba permanecer ni un segundo más en aquel lugar, pero pese a ello se tragó su orgullo al menos por esos momentos y anunció que pasaría la noche en la mansión Trancy. Quizás un milagro ocurriese y encontrase la manera de salvar a Ciel antes que fuera tarde, así que dejando a Claude preparándole una habitación a regañadientes, salió a los jardines para poder respirar un poco de aire fresco, aunque la verdad era que había sentido cierta presencia conocida y prefería encontrarse con aquel pelirrojo acosador a permanecer en aquel ambiente contaminado por una vil araña, su deprimente mayordomo y con la imagen del perrito fiel en que se había convertido Ciel. Sebastián sintió ganas de vomitar con sólo recordar la escena anterior, si bien se trataba de niños en apariencia, hace muchísimo tiempo que habían dejado de serlo, demasiado en realidad… ambos eran adultos atrapados eternamente en aquellos cuerpos, no sólo eso, si no… eran demonios que si se unían se convertirían en un gran amenaza. El mayordomo estaba pensativo, preocupado por esto, pero en esos momentos se agachó repentinamente como si fuese a recoger algo, pero sólo lo hizo porque cierto shinigami meloso había querido darle una sorpresa al saltar sobre él como de costumbre, cuando se levantó vio a Grell sobándose la espalda con una expresión de dolor.

- ¡Hace tanto tiempo que no nos vemos y me tratas así! ¡Si que eres cruel! – protestó mientras limpiaba su traje del polvo y se ponía de pie rápidamente con una mirada muy ofendida.

- Nadie te pidió que vinieras – respondió secamente Sebastián.

- ¡Sebassssssss-channnnnnn! ¡Es que vine para…!

- ¡Ya deja de pegarte a mí!

- ¡Pero!

- No estoy de humor Grell, si no quieres que te golpee hasta la muerte… mejor aléjate.

- ¡Awwwwwwwww! ¡Adoro cuando pones esa expresión! Pero…

- Ya dije que no Grell…

- ¿¡Por qué nunca me escuchas!

- Te lo advertí… - dijo Sebastián acercándose rápidamente hasta él y sujetándolo bruscamente por los cabellos, el shinigami peleaba por liberarse y ser escuchado pero parecía como si Sebastián hubiese perdido el control. - ¿No vas a parar hasta tener lo que quieres no?, pues te lo voy a dar… - dijo Sebastián tirándolo al piso y empezando a aflojarse la corbata, estaba demasiado enfadado como para ponerse a pensar en lo que estaba haciendo, ni siquiera se dio cuenta la mirada que tenía Grell en esos momentos, no una de deseo como siempre lo fue… si no más bien, de miedo, y un miedo muy intenso. El shinigami intentó liberarse pero Sebastián lo acorraló contra el suelo, poniéndose encima de el, deseando que Ciel pudiese verlos y recuperase el sentido, si bien la situación era demasiado perturbadora, Sebastián no estaba tan lejos de descubrir el antídoto con el cual Ciel volvería a la normalidad, en esos momentos antes de que pudiese hacer algo más, algo puntiagudo y filudo cayó muy cerca de él, Sebastián lo reconoció al momento y un poco sorprendido se puso de pie mientras Grell permanecía encogido en el suelo.

- ¿Qué hace alguien como tú en un lugar como este? – dijo Sebastián con voz molesta.

- Cerciorándome que el idiota de mi amante no este coqueteándole a demonios inmundos como tú… - dijo tranquilamente Will, sin quitar su mirada asesina a pesar de conservar la calma.

- ¿Eh? ¿Amante? ¿Quién? ¿No te referirás a "esto"? – dijo Sebastián mirando a Grell como si fuese una piedra o algo sin vida, realmente le daba igual que fuese en esos momentos.

- Si… me refiero a "eso", no se como rayos… como fue… Dios… de seguro es algún castigo – empezó a decir en voz baja hasta que se dio cuenta que Grell estaba a su lado mirándolo con fuego en los ojos – Digo… ¡Grell!, si quieres seguir siendo mi amante tendrás que dejar que lanzarte sobre demonios como estos… y peor tú, ¿¡acaso ibas a violarlo ahí mismo! ¿¡No tienes ni un poco de decencia! – dijo con cierto tono de voz irritado, respirando para no gritar más e intentando conservar su imagen seria.

- Si, lo iba a hacer… pero como es tuyo, ya cambian las cosas… - respondió Sebastián.

- Claro, como no te puedes ligar al mocoso… te ibas a tirar al primer idiota que apareciera…

- ¡Oye! ¡No soy un idiota! ¡Tú sabes muy bien a lo que vine! – reclamó Grell sin que nadie le prestase atención.

- Ya conocemos tus antecedentes… no te hagas el inocente – dijo Will sin piedad alguna.

- ¿¡PUEDEN CALLARSE LOS DOS! ¡TENGO ALGO IMPORTANTE QUE DECIR! – gritó el shinigami logrando por fin la atención que necesitaba.

- Si vas a gritar tu amor por este shinigami aburrido… no me interesa…

- Sebas-chan esto es importante, creo que ya se como romper el hechizo que Alois le puso a Ciel…

- ¿Qué dijiste?

- Es obvio que sé perfectamente lo que esta sucediendo a pesar que nunca me cuentes nada, los chismes vuelan y más si… Sebastián acaba de ser despreciado por un niño…

- ¡Ve al grano!

- Ya, ya… lo que sucede es que gracias a Will, pude tener acceso a cierta parte prohibida de la biblioteca de los shinigamis y leer un fragmento… sólo dos líneas acerca de los hechizos para atrapar a un demonio… osea, robar su corazón… si es que lo tiene claro…

- ¿Qué es lo que dice? Dímelo…

- Habla de una vez Grell, así podremos irnos de este horrible lugar – dijo Will sentándose sobre unos troncos.

- Sebas-chan, la única manera de que Ciel reaccione es hacerlo odiar a aquella persona que lo hechizó… en pocas palabras, debes hacerlos pelear entre ellos, celos… es lo que debes lograr, celos y más celos, solo así podrá librarse de esto y darse cuenta de quien es al que ama en realidad.

- ¿¡Celos! ¿¡Sólo eso!

- No es todo, primero debes crear situaciones para que Ciel se enfade, provocando así los celos, pero no es fácil, tienes que lograr que ese mocoso diga con todas sus letras que odia a Alois Trancy, de lo contrario no tendrá efecto.

- Siempre están juntos… si me acerco a Ciel…

- No Sebas-chan, no has comprendido… al que debes acosar es a Alois… no a Ciel, lo malo es que si realmente funciona… te meterás en unos grandes problemas con tu pequeño amo… - dijo Grell con voz burlona sin poder evitarlo, recibiendo un golpe en la cabeza por parte de Will que rápidamente había abandonado su lugar sólo para hacer eso.

- Bien, eso es todo… ya te dije lo que debes hacer y ahora Will y yo vamos a… - Grell volteó a ver al shinigami pero este había desaparecido, con una cara de berrinche total salió corriendo detrás de él mientras gritaba su nombre por el bosque. Sebastián se quedó solo, con las palabras de Grell dándole vueltas en la cabeza… era imposible que él empezara a acosar a Alois ya que con solo imaginárselo sentía mucha repugnancia, pero conocía a alguien… que moriría por estar cerca de él… así que en esos momentos, regresó a la mansión con la expresión de alguien quien trama algo.

Algunas horas pasaron y la mansión estaba demasiado tranquila, tanto que Ciel aburrido se asomó tímidamente por la entrada de la sala e inspeccionó los corredores al no encontrar a los mayordomos y menos escuchar alguna señal de vida de ellos, quizás habían terminado asesinándose mutuamente y esto le quitaría un gran peso de encima, pero al llegar a la habitación de huéspedes, se quedó sorprendido y mantuvo silencio al ver por la puerta entreabierta a Sebastián sujetando los cortinas y colocándole los lazos para que la luz del día entrara mas fácilmente como si no le molestase absolutamente nada, hasta ahí todo parecía tranquilo… pero había un extraño sonido que provenía de la parte que no podía ver de la habitación, Ciel intentó ver pero al notar que Sebastián daba la vuelta al sentirse observado, rápidamente se alejó del lugar y regresó hasta las escaleras. Ciel no comprendía por qué ese extraño mayordomo seguía en la mansión cuando lo había despreciado frente a todos, sin embargo sentía algo extraño cuando recordaba aquella duras palabras dichas hace pocas horas, en su interior se arrepentía por ello… pero se obligaba a si mismo a ahogar esas emociones confusas…

Sebastián había sentido claramente la presencia de Ciel mientras espiaba, pero por el momento no podía correr detrás de él, tenía que intentar lo que fuese para recuperarlo pero ahora sabía lo que tenía que hacer, cuando cerró la puerta se dirigió hacia la cama y se sentó contemplando la silla cercana y al prisionero que tenía en ella. Claude estaba atado de pies y manos, con un pañuelo en la boca, totalmente despeinado por un repentino asalto y lanzando miradas asesinas a Sebastián por semejante atrevimiento de su parte, no podía creer como había podido caer tan fácil y más, no poder liberarse de unas simples cuerdas que Sebastián había preparado especialmente para la ocasión, no sabía que rayos se le había ocurrido esta vez y no estaba dispuesto a escucharlo, cuando forcejeó de nuevo, solo logró que la silla se ladeara y perdiera el equilibrio, cayendo dolorosamente al suelo.

- Sólo quiero que tengamos una tranquila charla, tengo que hablar contigo sobre algo que nos beneficiará a los dos, pero necesitaré de tu ayuda…

- ¡Mmmnnn!

- ¿Eh?

- …

- Ah, lo siento… sabía que armarías un escándalo así que tuve que taparte la boca, pero ahora te desato – dijo Sebastián mientras enderezaba la silla bruscamente, le quitaba el pañuelo e ignoraba aquellas miradas que le lanzaba el otro mayordomo.

- ¿¡UNA CHARLA TRANQUILA! ¡ACABAS DE SECUESTRARME! ¿¡HAS PERDIDO LO POCO QUE TE QUEDABA DE CORDURA! – gritó Claude haciendo que Sebastián se llevase un dedo al oído en señal que le había dolido aquel repentino grito.

- Ya vez… empezamos muy mal.

- ¡LIBERAME DE UNA MALDITA VEZ!

- ¡Ya cállate! ¿Quieres que nos escuchen? Si sigues gritando no podré decirte nada… - dijo el mayordomo tapándole la boca con una mirada amenazante. Claude tuvo que rendirse, después de todo no le quedaba de otra que escucharlo, pero si iba a decirle alguna tontería apenas estuviese liberado lo mataría.

Sebastián respiró profundamente, asegurándose que nadie se encontrase en el corredor y que Alois estuviese tan entretenido con Ciel en la biblioteca, que no pudiese sospechar absolutamente nada, aunque el rubio estaba tan seguro de su triunfo que Sebastián sabía que aun lo escuchara no tomaría en cuenta sus planes, ya se vengaría de él después… Alois Trancy iba a salir muy mal parado de todo eso, jamás le perdonaría haber convertido a "su señor" en una simple mascota, y si Claude colaboraba… quizás no lo asesinaría, por que a pesar de todo, ese aburrido mayordomo estaba tan enamorado del mocoso rubio, que no podía matarlo. Sebastián sintió una punzada en el pecho, si fuese como antes y no hubiese conocido a Ciel, de seguro no tendría ni pizca de piedad, pero en fin… lo más importante era liberar a Ciel.

- ¿Y me vas a decir de que se trata? – dijo fastidiado Claude aun atado.

- He descubierto la manera de liberar a Ciel del hechizo de Alois… es algo tan sencillo que jamás lo hubiese adivinado…

- No vas a… matarlo… ¿verdad?

- Aún lo hiciera, Ciel seguiría ciegamente enamorado de ese idiota…

- ¿Entonces…?

- Celos… todo lo que necesitamos es que Ciel sienta unos celos tan grandes que termine odiando a Trancy, si él lo desprecia… si le dice que lo odia con todas sus letras, el hechizo se habrá terminado.

- Suena ridículo…

- Es lo único que tengo, a menos que en verdad desees que asesine a ese rubio…

- No ganarías nada…

- No, pero saciaría mi sed de venganza.

- Espera – dijo Claude sin poder evitar que su voz se escuchara débil y nerviosa – si tienes un plan debes intentarlo… si es algo tan fácil eso de los celos, no entiendo porque aún no has hecho nada.

- Porque te necesito… Ciel jamás sentiría celos de mí, pero… si el mayordomo favorito de Alois empezara a darle algunas atenciones de más… las cosas podrían empezar a arder…

- ¿¡Eh! No te entiendo.

- Tú serás el que acose a Alois para que Ciel sienta celos, has lo que tengas que hacer… ¡abrázalo!, ¡dale un beso!, ¡viólalo si es posible!, ¡pero has algo!

- ¿¡Estás loco!

- Claude… eres el único que puede hacer esto, si el hechizo se rompe, tendrás a Alois solo para ti, desde un principio todo esto fue tu culpa, jamás hubiese hecho esto si tu no lo hubieras despreciado de esa manera.

- Pues yo…

- Si tienes algo que decir a tu defensa, es el momento – dijo Sebastián cruzando los brazos.

- Yo…

- ¿Y bien?

- Vale, lo haré…

- Maravilloso, entonces esta es la lista de cosas que debes empezar a hacer ahora mismo – dijo Sebastián mostrándole un pergamino que dejó caer sobre las piernas de Claude, se veía tan grueso que de seguro contenía muchas cosas escritas. – No hay tiempo que perder, muévete de una vez y empieza con el número uno de la lista – terminó por decir y luego salió de la habitación sin que Claude se diese cuenta.

- Realmente estas loco… solo hare esto por el bien de todos… pero… yo no estoy enamorado de… ¡no lo estoy!, ¡me niego a aceptarlo! Oye… ¿Sebastián?, ¡MIERDA ME DEJASTE HABLANDO SOLO! ¡AL MENOS REGRESA Y DESATAME! ¡SEBASTIÁN!

Continuará…