Acababa de ver morir a Snape y la sorpresa y la contradicción hicieron presa de él. Corrió junto a Ron y Hermione para llegar lo más pronto al Castillo. Allí se separó de sus amigos para ir a la oficina de Dumbledore. Tenía que ver los recuerdos de su maestro de pociones.
Y lo que vio lo dejó aterrorizado. Había visto lo dolorosa y abnegada que había sido la vida de quien él consideraba hasta hace unos minutos un traidor. Pero lo peor era saber que todo esfuerzo por mantenerle vivo era solo con el objeto de que en la última instancia debiera entregarse a su enemigo como un cordero a su verdugo.
-¿Tengo que hacerlo? ¿No hay otra salida? –Sentía que su cabeza iba a explotar, sentía las piernas como la gelatina.
No tenía salida. Salió de la oficina y miró los destruidos pasillos de su amado colegio. Sintió a la distancia los gritos, las voces. De pronto escuchó una voz aterradora que le era lamentablemente demasiado familiar.
- Habéis peleado – dijo la voz, fría y aguda – valientemente. Lord Voldemort sabe valorar el coraje.
"Aun así, habéis sufrido grandes pérdidas. Si continuáis resistiéndoos a mí, todos vosotros moriréis, uno por uno. No quisiera que esto pasara. Cada gota de sangre mágica que se derrama es una pérdida y un desperdicio.
"Lord Voldemort es piadoso. Ordeno a mis tropas retirarse inmediatamente.
"Tenéis una hora. Preparad vuestra muerte con dignidad. Tratad a los heridos.
"Ahora te hablo a ti, Harry Potter. Has permitido que tus amigos mueran por ti en vez de enfrentarte conmigo. Esperaré durante una hora en el Bosque Prohibido. Si cuando acabe esa hora no has venido a verme, si no te has rendido, entonces la lucha se reiniciará. Pero esta vez yo mismo entraré en la batalla, Harry Potter, y te encontraré, y castigaré a cada hombre, mujer o niño que trate de protegerte. Una hora.
Una hora. Solo le quedaba una hora. Y Voldemort sabía que él acudiría. No podía permitir que nadie más muriera por él.
Comenzó a caminar aferrándose a los muros. Intentaba darse fuerzas a sí mismo. Mientras el cuerpo se le descontrolaba sin piedad. Repentinamente una delicada mano se posó en su hombro. Se giró y la persona que más amaba en el mundo le miró con ojos suplicantes.
-¿No lo harás verdad? Dime que no lo harás-
-Ginny… Ginny-
La abrazó con todas las fuerzas que le quedaban. Ambos cayeron al suelo ya que ella no pudo sostener el peso de su amado mucho tiempo. Harry entonces le besó con todo el amor que había guardado para ella, Amor que no podría darle nunca más.
-Te amo… nunca lo olvides-
-Me asustas… no… Harry, no te entregues. Te lo suplico-
Harry se levantó y le ofreció la mano a su pelirroja. Ella la recibió y él la llevó por los corredores. Abrió una de las puertas haciendo que ella se introdujera en la habitación.
Solo tenía una hora. Solo le quedaba una hora. Luego todo sería nada. Una nada absoluta.
El joven comenzó a besarla con una dulzura infinita. Quería amarla. No quería morir sin saber que se sentía caer en el fuego de Ginny. Antes de morir a manos de Voldemort, moriría en los brazos de ella.
Se besaron intensamente. Harry fue bajando por el blanco cuello de su amada, Mientras ella me abrazaba con todas sus energías, suspirando. A cada momento la intensidad de la pasión que les embargaba era más frenética y ahogante. Harry la arrastró hasta una mesa y cayó sobre ella como la noche sobre el mundo. Las ropas pronto fueron cayendo y las caricias se entrelazaban en las pieles como hilos de un manto. Harry fue recorriendo el bello cuerpo de la chica con ansias, con hambre. Ella lo había vuelto loco.
Las palabras de amor se fueron mezclando con los gemidos. Ginny temblaba, Harry se sumergía.
-Harry… Harry-susurraba la joven sintiendo toda la fuerza de su hombre en ella. Las manos de él la abarcaban completa, Su lengua la recorría. Su aliento le hacía arder cada centímetro de piel. –Harry… amor… amor mío-
-Siénteme amor-Le dijo este en un jadeo- No olvides este momento. Ginny… Llevaré este amor por ti para siempre conmigo- Le besó son delirio los labios, para luego entregarse de nuevo a las poderosas sensaciones que le invadían.
Se amaron. Se entregaron desnudos los cuerpos, desnudas las mentes, desnudos los corazones. Al llegar el momento del clímax él la abrazó con todas sus fuerzas, sumergiéndose en el cuello de ella. Ginny le besaba los cabellos enloquecida de amor.
No sabían cuanto tiempo había transcurrido. Harry le besó los labios y le dijo que debían volver con los otros. Ella no quería. Ella deseaba hacer un conjuro que cerrara la puerta de la sala para siempre. En su interior sabía que una vez que Harry cruzara el umbral no volvería nunca más. Se vistieron y Ginny le tomó la mano cuando él tocó el picaporte.
-Prométeme que no te entregarás-
Harry la miró y le besó nuevamente. Entonces Ginny ya no pudo contener las lágrimas. Se abrazaron y por un par de minutos se quedaron así frente a la puerta.
-No, no quiero separarme de ti-
-Estaré contigo siempre-
Ginny le miro y la abrazó muy fuerte. Sabía que era la despedida. Repentinamente salió corriendo, las lágrimas le bañaban el rostro. El dolor le pulverizaba el corazón. Corrió lo más lejos que pudo. No quería verlo partir para siempre.
Harry La observó hasta que la perdió a la vuelta de un pasillo. Se quedó allí, convertido en una estatua. Le taladraba el pecho saber que sería la última vez que la vería.
-Te voy a amar para siempre-susurró.
Dio la vuelta y empezó a caminar por los pasillos. Tenía que terminar con la tortura ya. Tenía que salir de allí ahora porque si volvía a ver los ojos de Ginny ya no podría escapar y él tenía que cumplir con su destino. Siguió caminando y de improviso chocó con la profesora Trelawney que traía algunas de sus bolas de cristal, las cuales estaba usando como municiones.
-Mi niño… ¿estás bien? No te preocupes… los Astros están contigo-
-Gracias Srta. Trelawney-
De pronto la mujer empezó a moverse agitadamente y cayeron todas las bolas que llevaba en los brazos, excepto una. Harry la tomó de los brazos para evitar que cayera y ella aferrando una de sus manos en el rostro del joven comenzó a hablar.
"Del fuego de un eterno amor a surgido el último salvador. El más poderoso mago que haya existido. Nacerá del lazo entre el Elegido y el vientre de fuego y vivirá al borde del abismo. El guardián de fuego le ocultara bajo su manto en sus años vulnerables, el jardinero de raíz profunda y resistente le dará el derecho supremo y el buscador de hielo le entregará el último secreto. Entonces él invocará a su padre de entre los muertos y juntos se fundirán en la magia más poderosa jamás conocida. Y el señor tenebroso le reconocerá en ese momento y la muerte les rodeará a los dos. Es el hijo del fuego... y será el fuego hecho hombre"
Trelawney tembló y se desvaneció en los brazos del muchacho. Harry tuvo que ser rápido para evitar que la bola con la profecía no cayera. La adivina despertó luego y le miró extrañada.
-¿Que sucedió mi niño? ¿Me desmayé?-
-Si-
-Debo estar cansada. Esta batalla agota a todos-
Harry ocultó como pudo la bola para que la mujer no pudiera verla. Trelawney Se levantó y sacudió sus ropas.
-Come algo querido, te has puesto más pálido que cuando chocamos- Dio la vuelta y se dirigió a buscar más municiones
Harry entonces observó la bola que ocultaba bajo su manto. Al tocarla de nuevo las palabras de Trelawney volvían para provocarle más tormento.
-¡Un hijo! Voy a tener un hijo-Se dijo casi sin voz. La felicidad y la amargura se mezclaron en su garganta. Seria padre. Ginny le daría ese hijo del que hablaba la profecía. Solo podía ser ella. Pues ya no habría otra jamás. Era el fruto del amor que acababan de profesarse. La emoción lo embargo y trató de imaginar cual sería el aspecto de su retoño. Pero de inmediato el miedo le atropelló. Moriría. Y no podría conocer a su pequeño. Y su pequeño viviría en constante peligro. El imaginarlo escapando de Mortífagos y Dementores le hizo temblar de terror.
-Hijo mío… te he sentenciado. Perdóname- bajó su rostro y las lágrimas cayeron sin tregua.
Caminó hasta llegar a los jardines tratando de descifrar los otros enigmas de la profecía. Un guardián, un jardinero y un buscador. Podía distinguir que dos de ellos eran puestos del Quidditch. ¿Quiénes serían? De pronto a lo lejos divisó una silueta escondida entre los árboles. Apretó la varita y con cautela se fue acercando al desconocido entre las matas.
-Experliamus-
La varita cayó a algunos metros y la cara de Neville apareció de improviso en el claro.
-Harry, me asustaste. Creí que eras uno de ellos-
-Tú me asustaste a mi también. ¿Que hacías allí?-
-Buscaba si había más cuerpos. Ya hay muchos adentro-
Una punzada atacó el estómago de Harry. Ya había muchos muertos. Miró a Neville y la claridad llegó a su mente.
–¿A dónde vas solo? –preguntó Neville suspicazmente.
–Es todo parte del plan –dijo Harry. –Hay algo que tengo que hacer. Escucha... Neville...
–¡Harry! –Neville parecía asustado de , ¿no estarás pensando en entregarte?
–No –mintió Harry con facilidad-. Por supuesto que no... Esto es algo diferente. Pero tal vez desaparezca de la vista durante un rato. ¿Conoces a la serpiente de Voldemort, Neville? Él tiene una serpiente enorme... Se llama Nagini...
–He oído hablar sobre ella, sí... ¿Qué pasa con eso?
–Hay que matarla. Ron y Hermione lo saben, pero en caso de que ellos...
El horror de esa posibilidad le aturdió durante un momento, le hizo imposible seguir hablando. Pero volvió a recomponerse: era algo crucial, debía ser como Dumbledore, mantener la cabeza fría, asegurarse de que habría reemplazos, otros que continuarían. Dumbledore había muerto sabiendo que quedaban tres personas que sabían lo de los Horrorcruxes; ahora Neville ocuparía el lugar de Harry: quedarían tres que conocerían el secreto.
–¿Matar a la serpiente?–
–Matar a la serpiente –repitió Harry.
-Además, Neville… Quiero que le digas que Ginny que la amo y que le ame a él mucho más. Que cuide de él. Que yo ya le amo y que le protegeré por siempre desde donde esté-
-¿A quién?-
-Ella lo sabrá muy pronto. Tú, Ron y Hermione son mis grandes amigos. Jamás lo olvides. Por muchos años los seguiré necesitando. Te pido no me abandonen.-
-Jamás Harry-
-Toma Neville. Esto entrégaselo a Ginny o a Ron. A nadie más. Ellos la necesitan-Y diciendo esto le entregó la bola a su amigo-
Neville miró extrañado el objeto pero no preguntó nada. La orden era clara. Solo tenía que cumplirla.
-No la toques directamente. Envuélvela en tu suéter. Dale la misma orden a ellos. Que no la toquen hasta que se sientan seguros.
–De acuerdo, Harry... ¿Estás bien, verdad? –
–Estoy bien. Gracias, Neville –
Pero Neville le agarró la muñeca, cuando Harry quiso ponerse en movimiento.
–Todos vamos a seguir luchando, Harry. Lo sabes, ¿cierto? –
–Sí, yo…–
Un sentimiento sofocante extinguió el final de la frase; no podía continuar. Neville no pareció encontrarlo extraño. Acarició el hombro de Harry, le soltó y se alejó en busca de más cuerpos.
Harry le miró y sintió un profundo afecto por su amigo. Estaba seguro que Neville haría bien todo lo que se le había encomendado.
Recogió la varita y se puso la capa. Ya nada lo retardaría en su cita con la muerte.
Ginny lloraba en un rincón con un dolor que le venía de los huesos, de las entrañas. Él se entregaría y ella moriría en el momento en que él dejara de respirar. Ron la sujetó de los hombros de pronto y ella se abrazó a su hermano con fuerzas.
-Lo va a hacer Ron. Se va a entregar-
-¿Qué dices? No Ginny… él no hará eso-
-Lo vi hace un rato. Lo vi en sus ojos. Lo conozco, lo hará-
Ron rompió el abrazo y el color desapareció de su rostro.
-¿Dónde lo viste?-
-Ya se fue-
-¿No lo detuviste?-
-Nadie podría Ron. Nadie-
Ron salió corriendo hacia las afueras del castillo. Hermione le vio a la distancia y corrió tras él. Ambos llegaron jadeando al lado de un Neville que contemplaba algo en su regazo.
-Neville.. ¿Has visto a Harry?- dijo en un jadeo el pelirrojo
-Hace poco. Estuvo aquí y de pronto desapareció-
-¿Qué?-Grito Hermione desesperada
-Me habló de un plan. De matar a Nagini-
Ron y Hermione se miraron. La chica ahogó un gemido de dolor.
-Grandísimo imbécil. Lo hizo. Maldición-Ron hizo el amago de ir hacia el bosque pero Hermione lo retuvo. Neville se levantó del suelo y se puso pálido como la nieve.
-Se… ¿Se entregó? Él me dijo que no lo haría. Me dijo que era un plan-
-Eres un tonto, Harry. ¡Estúpido! ¿Por qué no viniste a hablar conmigo primero?- Ron se desplomaba en un amargo llanto. Hermione le abrazó con fuerzas, mientras, Neville tomó con una manga el objeto que había caído al pasto.
-Ron… perdón. Yo creí que Harry me decía la verdad cuando me dijo que no se entregaría. El Imbécil soy yo-Asomó a la mirada de sus amigos su mano-Me dejó esto. Me dijo que solo te lo entregara a ti o a Ginny. Y que no lo tocaran directamente hasta que estuvieran a salvo-
Los chicos miraron hacia la mano del joven y vieron la esfera. Estaba llena de algo como neblina en su interior,
-Una profecía-Dijo en un hilo de voz la castaña.
-¿Estás seguro que me la debías entregar a mi?-
-Sí. Él lo recalco. Y dijo que ustedes y yo éramos sus mejores amigos y que nos necesitaría por mucho tiempo más. Que no le abandonáramos. Por eso me tranquilice y creí que no se entregaría-
Ron miró el objeto. Sintió miedo. Se quitó el polerón y envolvió la esfera. Si Harry decía que ese no era el momento de escuchar la profecía él obedecería. La dio un abrazo a Neville diciéndole que ya no se lamentara, que lo único que les quedaba ahora era pelear. Luego tomó la mano de su compañera y se dirigió al castillo.
Hermione guardó en una mochila la esfera y Ron se la puso a la espalda. Después se asomó en uno de los balcones. Necesitaba observar el tablero para saber que piezas debería mover en su quizás última estrategia de guerra.
Hubo un acuerdo tácito entre los defensores del castillo en dar a Ron el mando de lo que quedaba de su ejército al ya no ver más al elegido. Ron miró el reloj que tenía en su muñeca y vio que solo les quedaban minutos. Ya casi no quedaba tiempo para organizarse. Dio algunas órdenes pero pronto la cruel realidad se les vino encima.
El señor tenebroso venía desde el bosque. Con él su sequito. Nadie quería dar crédito a sus palabras y todos enmudecieron cuando vieron llegar a Hagrid con un cuerpo en los grandes brazos.
-NOOOOOOOOO-Fue el grito desgarrador de Ginny que tuvo que ser sujetada por su padre para no salir corriendo al encuentro de su amado
Voldemort hablaba con ironía. Hizo que Hagrid dejara el cuerpo del pelinegro a sus pies y le acusó de ser un cobarde y un traidor.
-¡Él se te enfrentó!- Grito Ron desde el alma. Jamás creería que Harry querría huir.
Entonces Neville, desafiando todo sentido de supervivencia cumplió con la orden encomendada. Se había enfrentado al señor tenebroso y Bellatrix, con crueldad se ofreció para hechizarlo. Luego vieron venir todos al sombrero seleccionador y Voldemort en una burla sacrílega puso el sombrero la cabeza de Neville y le prendió fuego. Una de las llamas le llegó a la ceja derecha y le quemó con profundidad, de ahora en adelante, Neville llevaría su propia cicatriz hecha a fuego.
Pero nada salió como Voldemort esperaba. Se escuchó un clamor que nadie entendió al principio. Después, un ejército de centauros llegó en apoyo a los defensores del Castillo. La distracción rompió el hechizo que pesaba sobre Neville y este de pronto sacó de dentro del sombrero la espada de Gryffindor y así, terminó con el último Horrocrux.
Voldemort dio un horrible grito y la confusión y la ira se abrieron paso en el campo de batalla. Había explosiones en todos lados. Luces de colores envenenados iluminaban el lugar. Había gritos, se lanzaban hechizos. Hagrid de pronto notó que el cuerpo de Harry ya no estaba. Pero el fragor de la batalla ahogó sus gritos.
Voldemort atacaba pero sus tiros no daban en los blancos.
En una de las puertas Draco miraba horrorizado la escena que se presentaba ante él. Pronto sintió un roce a su lado, pero nada a la vista. Una cabeza apareció y ante su mirada atónita una voz le habló.
-Escóndete. No tienes varita-
Luego la cabeza volvió a desaparecer. Draco, por primera vez en su vida hizo caso al consejo de su hasta hace poco enemigo. Corrió al interior del Castillo, esquivando los tiros que salían de muchas varitas. Corrió con bríos. Corrió desesperado. Subió al séptimo piso y para su sorpresa la sala de menesteres aun funcionaba a pesar de haber sido presa no hacía mucho del fuego maldito. Se encerró en ella y rogó porque nadie viniera por él.
-Es la tercera vez que me salvas Potter. Un día… un día pagaré mi deuda contigo-susurró temblando al escuchar los sonidos de guerra afuera de su escondite-Dedicaré mi vida en ello-
Mientras tanto el infierno se desataba en todos lados. Ron y Neville doblegaban a Fenrir Greyback. Hermione, Ginny y Luna peleaban con Bellatrix. Harry creyó morir cuando el rayo venenoso pasó a solo centímetros de su amada. Decidió correr y protegerla, a protegerlos a ambos. Fue entonces que Molly apareció y se enfrentó a la maldita bruja.
-MI HIJA NO, PERRA-
El enfrentamiento fue feroz. Harry jamás había visto así a Molly. Bellatrix subestimando a la matriarca de los Weasley no escatimó en burlas. Y fue su perdición. Molly dio un golpe certero y la morena cayó fulminada.
Voldemort dio un grito de ira. Dirigió su varita hacia Molly
-Protejo- Grito Harry apareciéndose al fin. Había caminado hasta el bosque Pohibido con la certeza de la muerte y, gracias al hechizo de su madre, el Señor Tenebroso no había podido matarlo. Pero todo era solo una brisa de primavera en medio del invierno. Solo se le había otorgado una breve escala en ese mundo antes de la partida definitiva.
Voldemort le miró sorprendido. Eso no podía ser posible.
-ESTA VIVO- fue el clamor de todos en el lugar. Ginny no podía retener su desbordada alegría. Pero al mirar los ojos de su amor no vio Victoria en ellos. Vio entrega, resignación.
-No quiero que ningún otro ayude-Dijo el joven comenzando a caminar en círculos junto a su enemigo.
Entonces Harry procedió a dar su discurso. La explicación de porque aun vivía a pesar de ser atacado por un Avada Kedabra por segunda vez. Explicó todo hasta el momento en que habló de la varita.
-Yo entendí las cosas antes que tú, Mate a Severus y la varita es mía-
Harry miró hacia su gente, allí entre ellos vio a su amigo.-Piensa lo que quieras… cree lo que quieras… No eres dueño de la verdad. Esta es demasiado grande para que tú la alcances-
-Cállate, hablas tonterías. Crucio-
Harry se retorció en el suelo. Los miles de cuchillos que le atravesaran le hacían enloquecer.
-¿Ves lo poderoso que soy? Morirás. No puedes impedir que se cumpla el destino- Rió Voldemort horrendamente.
Harry se arrodilló y miró a su enemigo… ya no tenía miedo. Sabía que tenía que hacer. Proteger al Amo de la varita para que éste años más tarde protegiera a su hijo
-Moriré Voldemort. Lograrás tu cometido. Pero no triunfarás. Tu sentencia está firmada… Tienes razón, es imposible impedir que el destino se cumpla. Vendrá otro a vengar mi muerte y cuando él se presente ante ti yo retornaré. Y nos veremos otra vez-
-¿Que dices? Solo yo puedo vivir para siempre-
-No, Yo también. Yo ya soy inmortal. Soy eterno. Mi sangre seguirá viviendo aun después de mi muerte. Jamás serás el dueño de la varita de Sauco-
Voldemort sintió furia y confusión. En el arrebato volvió a lanzar un crucios sobre Harry. Este soportó estoicamente la tortura.
-Maldito mocoso insolente… Aun ahora que estas vencido me desafías… Muere de una vez… y que mueran contigo tus ratas… ¡AVADA KEDABRA!-
La luz verde se abrió paso en forma aterradora todos quedaron inmóviles, petrificados. Harry giró para perderse en los ojos de su amada. Fue lo último que vio en vida.
El cuerpo cayó como una roca a un barranco. Pálido. Los ojos abiertos. Ya no había luz en su mirada.
Todos enmudecieron. Voldemort mismo quedó petrificado de la impresión. Se acercó al cuerpo y en forma humillante le pateó el rostro.
-¡Maldito!-Grito entre llantos la más pequeña de los Weasley- ¡ Maldito mil veces!-
Voldemort se giró y sonrió con un brillo verdoso en los ojos.
-Maten a sus ratas-
Entonces el infierno final se desató. Los Mortifagos corrieron presurosos a cumplir la orden.
Ron lanzó un montón de hechizos y entre las llamas y las luces asesinas llegó hasta su hermana. La tomó de la mano y luego ambos salieron corriendo luchando. Durante la huida Ron corrió hacia Hermione y la tomo de la mano también. Corrieron, lucharon, repelieron, esquivaron. Ron lloraba mientras lanzaba maleficios, Hermione y Ginny, abrazadas se defendían como podían. Ambas arrasadas por las lágrimas.
-¡Hermione… tenemos que salir de aquí!- Grito el joven
Se tomaron las manos y desaparecieron. Ron, antes de perderse en ese tobogán divisó a Neville peleando como un león.
Llegaron a un claro del bosque y Ron revisó a sus compañeras.
-¿Están bien?-
-Si- Dijo en un murmullo la castaña. La pelirroja no emitía sonido alguno
-Quédense aquí. Yo debo volver por Neville-
-Ron… No… Voy contigo-
-No… deben estar juntas… júrenme que se quedarán juntas-
Ambas protestaron pero Ron rugió como nunca antes lo había hecho. Las dejó escondidas en unos follajes profundos y se desapareció de inmediato.
Al volver todo lo que vio fue caos. El Castillo brillaba con luces y fuegos. Hombres, mujeres y chicos corrían, gritaban, luchaban. Los Mortifagos, los gigantes y las arañas gigantes arrasaban a los defensores. Ron tuvo que luchar desde el momento mismo en que se apareció.
Corrió por los ya destruidos jardines y casi en un último suspiro alcanzó la trinchera amiga.
Neville, había pasado a ser en ese momento el líder y dirigía a sus hombres para proteger todos los flancos.
-¡Neville!-
-¡Ron! Pensé que te Habías ido, ¿Donde están las chicas?-
-Están seguras… Vine a ayudarte-
-Debiste huir… ya no hay esperanza-
-Nunca te dejaría solo enfrentando esto-Dijo lanzando un Expeliarmus a un enemigo que había osado llegar muy cerca-
-Moriremos Ron… moriremos-
-No… Harry dijo que sería vengado. Yo le creo. Uno de nosotros le vengará-
Una explosión interrumpió la dramática conversación. Ambos jóvenes salieron disparados.
-Tenemos que salir de aquí- Grito Seamus, tenía una fea herida en la frente.
-¡Corramos a los lindes del bosque! ¡Si nos quedamos aquí nos acorralarán!-Dijo Ron levantándose
Entonces como una sola alma el grupo corrió con todas sus fuerzas. Corrían y luchaban. Varios cayeron en el camino. Ron en la huida miró hacia el lugar en donde yacía el cuerpo de su gran amigo. Lo que vio fue aterrador. Las arañas le desgarraban, los gigantes le despedazaban. Vio volar de pronto la cabeza de Harry aun con los lentes puestos. Un dolor le pulverizó el estómago.
-Perdóname Harry. Perdóname por no ir por tu cuerpo- susurró en un gemido lloroso.
Siguieron corriendo y al llegar se pasaron la orden de boca en boca
-Desaparezcamos… AHORA-
Ron tomo la mano de Neville y este las manos de Luna y Anna.
