Mis amigos:
Hola, tanto tiempo sin pasar por este fic.
Bueno, hay muchas razones para que no haya actualizado antes esta historia. Entre ellas que he empezado otros fics y que me han entusiasmado mucho y había olvidado esta historia.
Pero me he puesto al día para con los que han comenzado a leerla.
Este fic es el más oscuro que he comenzado a escribir, quizás más oscuro y crudo que "El Cazador", por lo cual está bajo otros márgenes a los que no tengo acostumbrados a los lectores.
Espero que después que lean este capítulo no me abandonen, pues aun tengo mucho que contar aquí.
Muchos saludos
Yaem Gy
P.E. Les dejo el tema que inspir{o este capítulo
Morrowind/Skyrim interpretado por dos impresionantes chicas en piano y violín.
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Capítulo 3: El infierno en ambos lados de la Contienda.
Al aparecer Nellive sintió el fuerte dolor en la frente. La herida que pasara desapercibida debido a los impactantes acontecimientos recientes, ahora le atenazaba sin piedad. La quemadura había dejado la piel en carne viva y se inclinó del dolor.
¡Neville!—Gritó Anna corriendo hacia él desesperada- Neville, háblame—
— Estoy bien… tenemos que encontrar un lugar seguro. Y buscar a los otros. No podemos separarnos—
Está aquí— dijo de pronto Luna a sus compañeros de huída— Harry sigue aquí— sus ojos empezaron a desbordar pero su sonrisa era amplia y brillante.
Ron la miró destrozado. Quizás al fin después de tantos rigores y de tantas fantasías descabelladas la rubia se había vuelto loca por completo. La abrazó paternalmente para tratar de hacerla volver de su mundo de fantasía.
Vamos Luna. Vamos con las chicas. Debemos ser rápidos. Dean y Seamus nos necesitan
Pero si es verdad, Ron. Él aun está vivo. Está guarecido y protegido como nunca. Pero también está en el aire y nos abraza a todos… Te necesita más que nunca. Tú cuidarás su mayor tesoro—
Ron prefirió no tomar más en cuenta los delirios de la rubia. La tomó de la muñeca y junto a los demás los dirigió con cuidado hasta el refugio en donde se hallaban las chicas.
Hermione les vio aparecer y luego de asegurarse de que eran ellos en verdad abrazó a Luna con todas sus fuerzas.
Los dos jóvenes dejaron otra vez a las chicas escondidas y volvieron al infierno. Allí solo quedaban cruentas redadas a los rincones para torturar y matar a los rebeldes. Ron y Neville pelearon un buen rato e hicieron lo imposible para ayudar a los pocos amigos que iban quedando. Al final, ya superados en número y fuerza, los muchachos tomaron de la mano a otros dos amigos y se marcharon en retirada.
Al volver tuvieron que hacer algunos hechizos de rastreo para poder saber en qué lugar estaban escondidas las chicas. Fue Hermione quien optó por dar la cara e indicarles el lugar en donde se encontraban.
Ron llegó a paso rápido y vio a Ginny abrazada a sí misma en un rincón con la mirada perdida. Le tomó del hombro y la chica le miró como si estuviera desquiciada.
Ginny— susurró
Ella no habló. Solo se dejó abrazar por su hermano y cerró los ojos para derramar más y más lágrimas.
No ha dicho palabra alguna y no deja de llorar— dijo Hermione también con lágrimas en los ojos.
Todos se sumieron en un silencio profundo y doloroso solo interrumpido por el jadeo frenético de Ginny. Ron le acariciaba el cabello y la espalda y de vez en cuando le besaba la coronilla. Él también lloraba. Todos lloraban.
Te juro que su muerte no será en vano, hermanita. Te juro que vamos a vengarlo. El mal nacido lamentará lo que hizo— susurraba con la voz quebrada, las mejillas bañadas.
Por un buen rato solo se dedicaron a velar el recuerdo del amigo caído. Entonces Ginny se calmó un poco y bebió agua de una botella que Anna tenía en su moral. Ron la liberó de su abrazo y se quedó mirando a los pocos amigos que aun estaban a su lado.
Neville sudaba y de la quemadura ahora salía una especie de agua que corría lenta pero suavemente por su frente.
Déjame curarte— le dijo Hermione tomando las últimas gotas del Dictamo que aun tenía para rociarlas en la herida abierta. Las gotas hicieron su mejor esfuerzo, pero el daño ya estaba hecho.
Magia negra, Maldición— gruñó Ron observando los resultados de la curación que realizaba Hermione.
No se borrara ¿Cierto?- preguntó Neville tocándose la feísima cicatriz que ahora coronaba su frente- Bien… así es mejor… Tengo mi propia cicatriz hecha por Voldemort—
¿Eso te alegra, Neville?— Le preguntó Ron asombrado mientras comenzaba a arreglar el lugar para pernoctar esa noche.
Es para mí una medalla. La llevaré con orgullo. Peleé contra Voldemort y sobreviví, al igual que Harry. Y seguiré peleando contra ese miserable, en nombre de mi maestro—
¿Maestro?— preguntó Luna con su carita llena de hollín, pero con ojos de cielo.
Sí, Harry me enseñó más en los años que convivimos juntos que cualquier otro profesor en Hogwarts. Yo era un cobarde tembloroso que sentía que no valía nada, pero él me dio ánimos y energías. Fue él quien me enseñó a hacer mi patronus y me enseñó a pelear. Por él comprendí el valor de la vida y porque había que defenderla. Y en su nombre me dedicaré a hacerle frente a todo aquel que quiera destruir y matar. Voldemort lamentará no haberme matado cuando pudo—
Ron escuchaba y sentía ese mismo fuego en su sangre, mas, ahora solo le preocupaba encontrar un lugar seguro en donde dejar resguardadas a sus mujeres y encontrar al resto de su familia.
Tenemos que encontrar a los demás— dijo Neville antes de beber todo el agua que podía. Estaba sediento y con fiebre a causa de la cruel herida en su cabeza- Hay que encontrar a Seamus, a Dean…—
A mi familia— continuó Ron angustiado mirando a Ginny— No los vi. Ni a papá ni a mamá—
Haremos una expedición. — dijo Hermione— Pero no hoy. No de día. Enviaremos patronus para comunicarnos. También tendremos que encontrar un refugio. Un lugar al cual los demás puedan llegar—
Dos días se dedicaron a esconderse del enemigo y escabullirse a través de la aparición. Hermione los había llevado a todos al sur de Inglaterra y se habían acomodado en las colinas en un pequeño vallecito. Ron y Neville salían cada noche a efectuar extenuantes recorridos para tratar de dar con alguno de los suyos, pero con los únicos que se encontraron fue con una tropa de mortifagos que casi los atrapa. Al llegar estaban tan agotados que casi no tenían fuerzas para comer.
Hanna había asumido el rol de compañera de Neville y cada vez que lo veía llegar arrastrando los pies de cansancio corría a su encuentro y lo atendía solícitamente. Neville se dejaba atender y le miraba expectante cada vez que se le acercaba.
Hermione no se quedaba atrás con Ron. Le curaba las heridas y le ayudaba a comer cuando el muchacho parecía desfallecido. Ron intentaba mantener la mente clara y fría para afrontar el crítico momento que vivían, pero se quebraba de vez en cuando Hermione le acariciaba el cabello y le miraba profundamente. Ginny compartía el cuidado de Ron con Hermione y entre ambas le daban la fuerza que él necesitaba.
Luna en cambio, parecía la más optimista de que todo terminaría bien. Se había encargado de la cocina y en verdad se había vuelto una milagrosa y buena cocinera considerando las magras provisiones con las que contaban.
Siguieron viajando por las campiñas tratando de no dejar huellas de su paso. Parecían nómadas expulsados que no hallaban lugar donde echar raíces. Ninguna noticia habían tenidos de los otros y esto angustiaba considerablemente a los hermanos Weasley.
Los paisajes se sucedían ante sus ojos como también el peligro que venía tras ellos.
A la semana tuvieron que enfrentar, todos, el primer escollo después de la batalla. Se habían aventurado por un bosque que Hermione no conocía bien y en medio del follaje un grupo de mortifagos les cayó encima.
Neville, Ron y los otros dos muchachos que estaban con ellos se pusieron en la vanguardia, dejando a las chicas detrás de ellos. Hermione organizó a las amigas espalda con espalda para así proteger la posible vía de escape al grupo.
Las ramas de los árboles saltaban por todos lados, Las piedras volaban a las cabezas. Una luz verde dio de lleno en el pecho de uno de los compañeros que tenía Ron a su izquierda y luego le salvó la vida al caer sobre él en el momento en que otro Avada pasaba por su cabeza. Neville hechizó las raíces y los brazos de fibra fuerte y vegetal se atornillaron en los cuerpos de los atacantes.
Los brazos se partían, las piernas se quebraban. Neville aminoró el hechizo al ver que las raíces se enroscaban en los cuellos y cinturas. Si las dejaba continuar éstas terminarían ahorcando o destrozando las columnas.
El momento de agonía de los enemigos fue aprovechado al máximo por los amigos y todos, incluso el cuerpo sin vida del compañero caído, se alejaron del peligro.
¿Por qué no dejaste que las raíces mataran a esos infelices?- preguntó Ron mientras ponían piedras sobre el cuerpo del fallecido— Ellos no tuvieron piedad con este pobre chico. Tenía 16 años, Neville. Era un niño aun—
No me haré asesino mientras pueda evitarlo, Ron. Harry no lo hubiera aceptado. Solo si no me queda opción mataría a alguien. Esos hombres ya no podían hacernos nada con piernas y brazos quebrados—
Sí… tienes razón. Pero me enfurece todo esto. Ellos no pensarán en grandeza del alma cuando nos ataquen. Es la maldita ventaja que tienen sobre nosotros—
No te aflijas, amigo. Mejor acumula tu energía para derrocharla en la búsqueda de los nuestros— Le dijo Neville tomándole del hombro.
No tuvieron muchos contratiempos en las siguientes semanas. Pero tampoco noticia alguna de sus familias. Pero si pudieron comprobar algo. Que la guerra comenzaba a extenderse a la población muggle.
Encontraron una pequeña villa completamente quemada y comprendieron que el sometimiento de los muggles era inminente. De seguro ellos estaban empezando a entender en el terrible peligro en que se encontraban y de seguro Voldemort ya estaba atormentando a las autoridades muggles para dominarlas.
Ni siquiera los niños fueron perdonados— murmuró Hemione temblorosa al ver a un par de pequeños inertes bajo los rescoldos de lo que antes había sido una casa.
Ven, Hermione— Le susurró Ron abrazándola y girando su rostro para impedir que siguiera viendo el dantesco espectáculo— No mires más. Mejor marchémonos. Este lugar no es seguro—
¿Qué estará pasando en Londres?— preguntó Luna recogiendo una cadena de plata que había encontrado en los escombros— Si ya empezaron los ataques a los muggles, la ciudad debe estar convulsionada—
Quizás alguno de nosotros debiera ir a investigar— sugirió Ginny sentada en un banco que se había librado del fuego. Estaba pálida y cansada.
Por ahora no conviene que nos separemos— Dijo Neville rescatando una plantita de ser alcanzada por una pequeña llamarada que aun sobrevivía en el caos.— Somos muy pocos—
Pero es necesario averiguar algo. Han pasado casi cuatro semanas desde…— y Ginny calló de pronto. Desde hacía días que estaba sintiéndose rara, con cansancio y mareos que asociaba al extenuante ajetreo y a la mala dieta. Puso su mano en la sien, como intentando detener el vaivén en el que estaba montada. Hermione se acercó a ella y le preguntó que le sucedía, pero la chica solo atinaba a aspirar todo el aire que podía.
Pero todos olvidaron el malestar de Ginny cuando un sonido seco se hizo sentir a pocos metros. Un pequeño grupo de gente se había aparecido y los muchachos se aprestaron a defender su posición.
¿Quiénes son?— escucharon. La voz parecía conocida.
¿Quiénes son ustedes? — Gritó Ron. El follaje que los separaba no permitía que se miraran directamente.
¿Ron? ¿Ron, eres tú?-
Ron se aproximó con toda la cautela posible y por un resquicio pudo contemplar a los recién llegados. Eran siete y cuando los miró bien, su corazón saltó.
Uno era castaño y con una fea cicatriz en la cabeza, otro era de piel negra que tenía vendado su brazo izquierdo. Luego le seguían una chica pelirroja de melena al hombro que solo atinaba a esconderse tras él. Los acompañaban unas gemelas que estaban fuertemente tomadas de la mano y coronaban el grupo un pelirrojo que tenía celosamente protegida a una mujer de apabullante hermosura.
¿Qué provocó que mi padre le diera una paliza a Fred cuando tenía siete años? — gritó el joven con el corazón en la mano.
Fred quería que hicieras un juramento inquebrantable y cuando mi padre se enteró se puso furioso— Le devolvieron la respuesta con un tono de emoción.
¡Bill!-
Ron corrió con el alma en llamas, Bill le imitó de inmediato y el espacio que entre ellos había desapareció en solo un segundo. Se abrazaron y Bill levantó al menor de sus hermanos varones apretándolo con todas sus fuerzas.
El resto se apresuró a recibir a los recién llegados y pronto todos estaban envueltos en abrazos y bañados por las lágrimas.
Pensé… pensé que estaban muertos— aferraba Bill a sus dos hermanitos- Merlín, gracias, gracias—
¿Dónde están papá y mamá?— preguntó Ginny con súplica en la mirada.
¿Y George, Charlie y Percy?- completó Ron.
Bill les miró profundamente y los volvió a abrazar con fuerzas. A su lado Fleur sollozó y abrazó a su esposo por la espalda.
Percy murió en el primer ataque, cuando ustedes desaparecieron. Un gigante lo aplastó frente a mí. Huimos con George, Charlie y mis padres, pero en un ataque dos semanas después, Charlie quedó mal herido. Mamá lo cuidó con todo su esmero, pero no sirvió de nada. Murió a los tres días. Hace una semana fuimos emboscados y… Ron, Ginny— y se le quebró la voz.
Ron y Ginny se miraron con pánico y Ron sacudió a Bill para que continuara, pero el hombre ya no pudo hablar más.
Sus padges murieron tragtando de salvar a George. Fue tegible. Bill intentó protegeglos, pego egan muchos— Fleur acariciaba los cabellos de su esposo mientras hablaba— Y George esta desapagecido. Hasta ahoga no hemos podido encontraglo—
Perdón… perdón. No pude salvarlos… no pude— se lamentaba Bill cayendo de a poco al suelo, arrastrando a sus hermanos y a sus esposa.
Mamá… papá— empezó a gemir Ginny desconsolada.
Solo quedamos nosotros tres— habló Bill en medio del llanto.— Solo nosotros… y no permitiré que nos separemos—
Y George. No lo olvides Bill. El que aun no aparezca no significa que no esté vivo. Tú hasta hace un momento pensaste que nosotros también estábamos muertos— habló al fin Ron.
A pesar de las dolorosas pérdidas. Los integrantes de este variopinto grupo estaba emocionado por encontrar con vida a quienes querían. Agrupados se quedaron junto a un fuego mientras Ron. Bill y Dean se encargaban de la vigilancia. Ahora eran más y no podían disimular tan fácil su ubicación. Comenzaban los días más difíciles en los cuales deberían encontrar ya un refugio seguro donde guarecerse. Pues su mundo era todo fuego, caos y horror.
Pero no solo ellos eran testigos y sufrientes sobrevivientes de este cambio tan radical que estaba teniendo la realidad.
Los muros de la inmensa mansión no eran para Draco Malfoy un refugio. Su sensación era otra. Sentía que eran los lóbregos y ásperos muros de una prisión tormentosa en la cual estaba recluido. Ya había pasado un mes desde que Harry Potter había sido asesinado y todo alrededor de Draco había cambiado. Ahora comprobaba con pavor el alcance cruel del poder del Innombrable, que ya empezaba a extenderse no solo al mundo mágico, sino que todo el mundo terrenal.
Draco había salvado el pellejo gracias a los ruegos de su padre, quien asumió como propios los errores de su hijo. Voldemort, no queriendo derramar más sangre mágica de la que ya estaba siendo derrochada en las continuas redadas a los rebeldes a su régimen, perdonó la vida del joven, pero lo expuso a un extenuante castigo.
Draco tuvo que salir con los otros mortífagos en sus misiones para aplacar a los revoltosos. Tuvo que pelear, pero simplemente no podía matar a nadie. Varias veces tuvo que simular un ataque en su contra o mala puntería para no herir y eso le había costado más de un maleficio Cruciatus. Pero no podía… no podía matar.
Aunque una vez tuvo la oportunidad en frente.
Estaba en una de las misiones cuando encontraron a un grupo que él reconoció de inmediato. Entre ellos estaban los padres de Weasley. Como se esperaba de él, tuvo que lanzar hechizos al grupo, uno de los cuales, curiosamente, cayó sobre el hermano mayor de la comadreja, él cual cayó al suelo en el preciso instante en que un Adava pasó a su lado. Luego vio como los Weasley defendían a otro de sus hijos. Draco miró por todos lados pero no encontró rastro alguno de Ron, de Hermione o de Longbotton. Ni de la hermana de Ron.
Se agachó para esquivar unos encantamientos aturdidores que Finnigan le había lanzado cuando vio von horror que Dolohov mandaba a los Weasley al suelo de un par de Crucios. Entonces vio que George también caía al suelo de rodillas y con la mano al costado, que evidenciaba una herida profunda. Dolohov se acercó a los padres de Ron con una macabra sonrisa y les gritó que se rindieran, mientras aplicaba más intensidad en el hechizo. El señor Weasley había lanzado un grito de rechazo a pesar de su intenso dolor y Draco quedó admirado de su valor aun en esos terribles momentos.
Corrió entre el follaje y se agazapó a un corta distancia de George. Dolohov lanzó un Expelliarmus a la madre de Ron y George gritó desesperado, intentando sacar fuerzas de flaqueza para ir en ayuda de su madre. Pero estaba demasiado herido. Draco, a gatas, llegó junto al pelirrojo y le tomó de una pierna. Dolohov recrudeció su hechizo y los gritos de la señora Weasley se hicieron atronadores, Dolohov entonces la levitó y la puso junto a su esposo y entonces…
AVADA KEDABRA
Draco no quiso ver más. Mientras George Weasley lanzaba el peor grito de horror que el rubio escuchara jamás, apretó con más furia la pierna del pelirrojo y giró en sí mismo.
Al siguiente momento, ambos estaban en una de las calles junto a la estación King's Cross. George se separó de él al momento y quiso atacarlo, pero Draco no demoró en hacerle un Desmaius.
¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué salve a este tipo?- Se recriminaba— Me van a matar si alguien se entera—
Revisó la herida del pelirrojo y comprendió que si no era atendido con prontitud, moriría muy pronto. Pero, ¿a dónde lo podría llevar?
A San Mungo no puedo. Ni a ningún lugar donde haya un mortifago. Ni a mi casa—
Sólo veía un destino para Weasley.
Lo acarreó como pudo hasta un sanatorio muggle y lo dejó en la entrada. La varita la dejó guardada en un rincón que encontró en un callejón y escribió una nota mágica que puso en el bolsillo del pelirrojo.
"Conviérteme en avión y te llevaré con tu varita" era el mensaje.
Le quitó el hechizo y se marchó, dejando al herido al cuidado de los muggles.
Al llegar a su mansión, ya había sido delatado con sus superiores. Él trató de excusar su desaparición del campo de batalla, pero aunque su excusa era muy convincente, no lo salvó de un castigo ejemplar. Afortunadamente, nadie lo había visto desapareciendo con George Weasley.
Y ahora estaba encerrado en su cuarto luego de otra incursión. Su brazo curaba de a poco, había sido herido por Mclaggen antes de que Blaise Zabini lo matara.
Ya estaba cansado. Cansado de todo ese tormento en el que su vida se había convertido. Ya no quería pelear. No quería herir, mucho menos matar. Pero no sabía cuánto tiempo más podría evitarlo. Lo único que recordaba una y otra vez era el último momento en que había visto a Potter con vida. Sus palabras, su mirada.
"Escóndete, no tienes varita"
¿Por qué me salvaste tantas veces, Potter? Después de todo lo que te hice. No lo entiendo. No lo entenderé jamás—
Y se sentía en deuda. Una deuda profunda. Nada podía hacer ya por Harry, pero si por los que el cara rajada amaba. Por la comadreja, por la chica Granger, por los Weasley.
Al menos salvé la vida de un Weasley— susurró — pero siento que no es suficiente. Que tengo que salvar o proteger algo más—
Se levantó de la mullida cama y caminó hasta la ventana para mirar el neblinoso paisaje. Se suponía que casi estaban en primavera, pero el clima solo profetizaba un interminable invierno. Un invierno del tiempo, del alma, de los corazones.
No tengo idea cuándo volverá a salir el sol. Quizás nunca más—
Estaba preocupado. Dadas las circunstancias, sabía que tarde o temprano los amigos de Potter serían cazados. Nada podía detener el poderío del enorme ejército de Voldemort.
Al menos los Weasley deberían rendirse. Ellos tienen una oportunidad, pero Granger. Ella está perdida. La matarán apenas la vean. Ni siquiera sé si yo podría hacer algo por ella. Ojalá la comadreja la está cuidando. Potter así lo querría—
Y las semanas seguían pasando y los horrores de la guerra aumentaban. Voldemort estaba acosando al primer ministro muggle y la población empezaba a sentir la amenaza.
Draco tuvo que asumir el rol de guardián del Innombrable y con ello todos los vítores de los seguidores del maldito y los repudios de los detractores. Pero, y a pesar de que se pensara lo contrario, esto era bueno para Malfoy. Dado que su deber era velar por la seguridad de su señor, no tenía que concurrir a las misiones y eso le proporcionaba la tranquilidad de no atacar a nadie. Pero también tenía el privilegio de una prudente cercanía al Amo. Y así creyó que podría descubrir algún punto débil.
Mas, Voldemort era demasiado astuto y no confiaba en nadie.
Pero Draco no perdía la esperanza de encontrar algo, un resquicio, un punto ignorado y encontrar el talón de Aquiles del Señor tenebroso. Y cuando lo encontrara, le daría un regalo a la resistencia, y así pagaría su deuda con Harry Potter.
