Parte II: Sudor y lágrimas

Esa noche las pesadillas de Katniss son de las peores. Sueña con Rue, Finnick, Clove, Marvel, Cato, Tresh, los adictos a la morflina del distrito 6, Maggs,… Sueña con todos los tributos que ha conocido y que ahora están muertos. A algunos los ha matado ella misma, como Marvel, que conserva la flecha clavada en el cuerpo. Cato, que es una masa sanguinolenta a la que le sobresale una flecha en la cabeza y Grimmler, que está terriblemente desfigurada por las picaduras. Todos ellos se aproximan a Katniss, que está desarmada y no tiene dónde huir. Le acusan de haberlos asesinado. Incluso Rue, que tiene aún la lanza clavada en el estómago, le echa en cara no haber podido salvarla.

Katniss despierta empapada en sudor y en lágrimas. Se siente desorientada, incapaz de distinguir si el sueño ha sido real o no. Mira a todos los lados esperando a que alguna persona que creía muerta se abalance hacia ella, pero eso no ocurre. No hay nadie en su habitación.

Temblando todavía, mira la hora. Poco más de las dos de la madrugada. Se pregunta si Peeta estará todavía despierto y si sería muy incorrecto llamarlo y pedirle que le deje dormir en su cama esta noche. Sabe que Peeta sigue sufriendo de pesadillas, igual que ella, sólo que ninguno ha tenido todavía el valor de preguntarle al otro si pueden volver a su antigua terapia. A Katniss le asusta apresurarse en algún aspecto y perder la confianza de Peeta. Teme demasiado que queden resquicios del veneno de rastrevíspula en su mente y que cualquier paso en falso la aparte de él para siempre.

Finalmente, se decide a bajar al salón y llamar. De todas formas, si Peeta está durmiendo es poco probable que el sonido del teléfono lo despierte desde su cuarto.

— ¿Katniss? — la voz de Peeta no suena demasiado adormilada al otro lado de la línea. Parece casi como si no hubiera llegado a dormir en toda la noche.

— Siento llamar. ¿Puedo pasarme por tu casa?

— ¿A estas horas? ¿Sucede algo? — Katniss está a punto de decir que nada y colgar, pero sabe que si lo hiciera Peeta estaría llamando a su puerta antes de que le diera tiempo a dejar en su sitio el teléfono, así que decide ser sincera.

— He tenido una pesadilla. Pensaba que tal vez tú tampoco lo estabas pasando muy bien y… quería saber si necesitabas compañía.

— Oh… claro. Ven ahora mismo, si quieres —Peeta parece sorprendido, pero no enfadado o siquiera molesto. Katniss sonríe.

— Estoy en seguida.

Y lo está. Porque después de las pesadillas le aterra tanto salir a la calle y pasear en medio de la oscurida, junto a los restos de una ciudad que apenas comienza a reconstruirse y que es un cementerio gigante, que recorre la poca distancia que hay entre su casa y la de Peeta corriendo.

La puerta está abierta, así que entra sin avisar y se encuentra a su amigo sentado en el sillón. Por las ojeras, parece que no ha dormido en toda la noche, como ella había supuesto.

— ¿Te encuentras bien? — pregunta él.

— Supongo… Estaré mejor en cuanto duerma un rato más —hace una pausa mientras se sienta y acurruca junto a él —. ¿No has dormido?

— No podía. Si te digo la verdad, Katniss… Últimamente le tengo miedo a dormirme.

A ella no le sorprende el comentario, porque le sucede lo mismo. Ahora que se supone que los buenos tiempos han llegado por fin, está el maldito sueño recordándole cada noche que su pasado pesa demasiado como para que pueda permitirse soñar con ser plenamente feliz algún día.

— Yo también. No hay una sola noche que no me despierte dos o tres veces como mínimo.

— ¿Te acuerdas cuando dormíamos juntos en el tren? Casi nunca teníamos pesadillas aquellas noches — si no fuera Peeta el que ha hablado, Katniss hubiera jurado que le temblaba la voz a causa del nerviosismo.

— Podríamos… podríamos comprobar si sigue funcionando.

Peeta sonríe y toma la mano de Katniss. Se acuestan juntos en la cama de Peeta, ella entre sus brazos. El temor de Katniss desaparece y Peeta consigue dormirse justo esa noche, cuando ya había asumido que no iba a pegar ojo.

Esa noche ninguno se despierta gritando y empapado en sudor y lágrimas.