Parte VII: El discurso del Distrito 12
Paylor tarda tres días en comunicarse con Peeta y Katniss. Su voz suena cansada, pero satisfecha. Se muestra gratamente sorprendida porque la intención de visitar el resto de lo que queda de Panem surgiera de ellos mismos.
Les anuncia que en siete días llegará el equipo de preparación habitual de Katniss para arreglarlos a los dos. La primera conferencia será en su propio distrito, así que no necesitarán ser transportados a ningún sitio. La mañana siguiente a sus discursos se trasladarán al Distrito 11, y así sucesivamente hasta llegar al 1.
— ¿Tendremos que ir al Capitolio? — pregunta Peeta.
Sabe que regresar allí será muy doloroso tanto para Katniss como para él. Ni siquiera está seguro de si ella accederá a acudir, porque ha notado cómo su cuerpo se tensaba sólo con mencionarlo. La proximidad que es necesaria para que dos personas puedan seguir la conversación a través de un mismo teléfono tiene sus ventajas.
— Así es, Peeta. Pero tendrá otro carácter; aquí la gente es distinta. Hemos estado haciendo campañas y entrevistas a los soldados para "reeducar" a estas personas. No podemos olvidar que ellos no han sufrido el azote de Snow durante todos estos años y su mentalidad no es la misma. No son malas personas, pero han sido educadas de una manera muy distinta a la gente de los Distritos. Mucha de la gente que vive aquí todavía no comprende del todo el por qué de la revolución; lo único que saben es que un día aparecieron a los rebeldes y se llevaron a algún amigo o a los miembros de sus familias. Vuestra conferencia, por así llamarla, en esta zona estará dedicada no sólo a animar a las víctimas. También tendrá como objetivo ayudar a todas estas personas a comprender el horror que significaba vivir en los Distritos. Y… —titubea antes de continuar —… sólo si queréis, nos gustaría que contaseis vuestra experiencia en los Juegos. Beetee se ha ofrecido a hablar sobre ello si vosotros no acedéis, así que no os sintáis presionados.
— Muchas gracias, Paylor, de verdad. Supongo que nos veremos en el Capitolio, entonces.
— Sí. Me gustaría acudir también a los distritos, pero me temo que me va a ser imposible. Disculpadme. Tengo que colgar. ¡Oh, se me olvidaba! ¡Ocuparos de hablar con Haymitch!
— Claro. Gracias por todo.
Peeta cuelga el teléfono y mira a Katniss. No llora ni nada parecido, pero su mirada parece distinta.
— Me prometí a mí misma que no volvería al Capitolio.
— Katniss, te entiendo y sé cómo te sientes. No olvides que yo tampoco tengo muy buenos recuerdos de ese lugar. Pero Paylor tiene razón; si vamos allí ayudaremos a cambiar sus ideas respecto a nosotros más rápidamente. Especialmente si Paylor se ocupa de hacer acudir a la gente joven, que es la más maleable.
— He dicho que no —suena decidida. Además, Peeta está seguro de que acaba de trasladar toda la furia que siente por el Capitolio y por Paylor por tratar de enviarla allí hacia él, porque lo mira como si quisiera asesinarlo.
— No te pongas así, por favor. No soy yo quien quiere que vayas — trata de dulcificar al máximo su tono para aplacarla —, yo tampoco quiero ir. Pero es necesario, y fuimos nosotros los que quisimos hacer esto. Ahora no nos podemos echar atrás.
— Pero Paylor ya había planeado…
— Eso no importa. Lo hubiéramos hecho aunque ella no lo tuviera ya en la cabeza. Por favor, Katniss — murmura contra su oído mientras se acerca y la abraza —. Hazlo por mí. Y por Prim. Ella hubiera querido que te redimieras. No permitas que tu rabia prive a la gente del Capitolio de nuestras experiencias. Ellos también han sufrido pérdidas.
Katniss no está del todo convencida, así que contesta con un simple "Deja que piense en ello". Peeta se contenta con eso, porque sabe que en esas circunstancias no conseguirá una respuesta mejor. Así que le sonría y la besa en los labios y la frente.
Esa misma noche van a casa de Kaymitch. Lo encuentran de nuevo tirado en el sillón de su casa. Está un poquito menos borracho que de costumbre, así que aprovechan para transmitirle todo lo que les ha contado Paylor. Le dicen que les gustaría que les acompañara.
Él gruñe y mueve la cabeza afirmativamente como única respuesta. Ambos se dan por satisfechos con eso.
Antes de marcharse Peeta deja una bandeja de galletas que ha cocinado por la tarde en la cocina de Haymitch. Sabe que las agradecerá cuando tenga hambre, aunque no puede evitar preguntarse si llegará el día en que tengan que dejar de cuidar de su mentor. Y se contesta asimismo, apenado, que probablemente no. Los Juegos y el castigo de Snow posterior le dañaron demasiado.
La mañana siguiente de la visita a Haymitch empieza a anunciarse por televisión una y otra vez el recorrido de Katniss y Peeta por los Distritos. El del 12 está programado para la semana siguiente, a las diez de la mañana.
Siete días después Peeta y Katniss despiertan a las cinco de la mañana con los gritos de júbilo de Venia, Octavia y Flavius. Los tres entran de golpe a la habitación en la que ambos duermen, y que estén todavía atontados por el sueño y desconcertados por el alboroto no resulta un impedimento para el equipo de preparación a la hora de abrazarlos con fuerza, hasta casi dejarles sin aire.
Durante las siguientes horas se dedican a depilar las partes del cuerpo de Katniss que quedarán al descubierto una vez tenga puesta la ropa de la presentación.
Luego, se encargan de ordenar los rizos rubios de Peeta y de dejar reluciente la cabellera de Katniss. A ambos los maquillan y les dan recomendaciones sobre qué decir. Aunque esto último no hace falta, porque esa última semana han tenido tiempo de sobra para saber en qué quieren que consista su discurso.
Cuando se visten con los trajes que Paylor ha enviado junto con el equipo de preparación no pueden evitar asombrarse: sus trajes son distintos a todos los lucidos anteriormente; no hacen la impresión de que van a ser quemados vivos en cualquier momento, ni parecen representados tampoco como si fueran Sinsajos -aunque este último papel ha sido representado en el pasado casi exclusivamente por Katniss-.
El vestido de Katniss no podría ser más simple. Es un sencillo vestido blanco que llega hasta la mitad de su espinilla. Las mangas ocultan la cicatriz de su brazo.
El traje de Peeta no difiere mucho del diseño de ella en cuanto a sencillez. El color es el mismo.
Sonríen. Probablemente Paylor desea reflejar en esos diseños la renovación de Panem. De ahí la simplicidad y pureza que transmiten sus atuendos.
Tras ser vestidos son dirigidos fuera de la casa y conducidos a la antigua plaza. Son las diez menos cinco y prácticamente todos los habitantes del Distrito 12 están ahí para ver qué es lo que tienen que decir. Pero ni Katniss ni Peeta se sienten demasiado nerviosos; están acostumbrados a ese tipo de discursos, o galas, o como la gente lo quiera llamar. Además, casi sienten ganas de transmitir sus esperanzas a toda la gente que se apelotona frente al escenario que la gente mandada por Paylor desde el Capitolio ha montado.
Cuando por fin llega la hora una renovada Effie les anuncia, aunque la ligera inseguridad de su voz denota que tampoco ella se ha recuperado del todo de la guerra.
Katniss y Peeta suben despacio. Cuando mira a los habitantes de su Distrito Katniss no puede evitar comparar esa visión con la que tuvo el día que se intercambió por Prim en la cosecha.
— Sabemos que probablemente todos vosotros habéis perdido demasiado como para que unas cuantas palabras de ánimo cambien en lo más mínimo cómo os sentís o vuestra situación — comienza diciendo Peeta —. Simplemente estamos aquí para que sepáis que los cambios en vuestras vidas aún no han acabado. Ya ha pasado lo peor, debéis estar seguros de ello. Los cambios que se avecinan, y que en realidad ya han comenzado, son avances que quizá no compensen todo vuestro sufrimiento, pero que, como mínimo, mejorarán el futuro de vuestros hijos — Peeta esboza una sonrisa y sacude la cabeza —. Bueno, no sé por qué estoy utilizando la palabra "vosotros", cuando yo también estoy incluido en todo este conjunto.
Peeta calla y Katniss sube que es su turno. Y no siente miedo, pero toda esa seguridad que sentía en su capacidad para expresarse en esos momentos se ha esfumado:
— Yo… sólo quería deciros que comprendo cómo os sentís. Comprendo cómo os sentís todos aquellos que habéis perdido a alguien a quien queríais. Pero es necesario que comprendáis que como… como ya ha dicho Peeta estos cambios se verán compensados con el tiempo. No podemos olvidar que todo lo que cambiamos y todo lo que en estos momentos estamos creando no lo hacemos por nosotros…, sino por las generaciones futuras.
Katniss calla también. La gente aplaude y ella se siente aliviada.
Peeta y ella continúan un rato hablando sobre esperanza y sobre cómo reconstruir la sociedad poco a poco. Cuando acaban la población parece un poco menos abatida y un poco más dispuesta a salir adelante.
Los chicos bajan del escenario sintiéndose totalmente satisfechos de ellos mismos.
Unas horas, cuando apenas han tenido tiempo de darse una ducha y descansar de la agotadora mañana, toman un aerodeslizador rumbo al Distrito 11.
Haymitch va con ellos, pero permanece callado. Parece que se ha propuesto mantenerse sobrio esos días, o, como mínimo, reducir la dosis diaria de alcohol, y no tiene muy buen aspecto.
Pero Katniss no tiene tiempo para preocuparse por la condición de su mentor, porque la preocupación por lo que pueda encontrar en el Distrito agrícola supera la de cualquier otra cosa. No puede dejar de pensa en aquellas niñas tan parecidas a Rue y sentir una punzada de dolor cada vez que piensa en la posibilidad de que todas estén muertas. También piensa en la anciana abuela de Thres. Y se promete que esta vez sí se ocupará de que ambas familias reciban una parte de su asignación mensual.
