NA: Quiero agradeceros a todos los comentarios recibidos. Siento tardar tanto en publicar, aunque he de confesar que es por baguería y por olvido, si la espera os canasa, el fic está publicado al completo, desde hace un par de meses, en potterfics, con el mismo título y con el mismo pseudónimo.
Parte VIII: El hambre en el Distrito 11
Lo primero que Katniss hace al entrar en el apartamento en el que se hospedará con Peeta y Haymitch hasta el discurso del día siguiente es preguntarle a Effie si sabe algo de la familia de Rue.
Sabe que la forma en la que lo pregunta es brusca, y se arrepiente al instante de haber usado ese tono con la mujer. Pero, para su sorpresa, Effie parece hacer esfuerzos por no hacerse la ofendida - cosa que tanto ella como Katniss saben que le encanta- y se limita a decir que no, pero que tratará de averiguar algo antes del discurso. También dice que se encargará de que los supervivientes de la familia de Rue y Tresh estén en primera fila.
Tras decir esto se da la vuelta y se marcha, sin darle tiempo a Katniss de disculparse.
La chica sonríe, porque sabe que es la forma que tiene Effie de decirle que, aunque se haya contenido, sí, está molesta.
— Effie se ha portado muy bien. Supongo que por fin ha comprendido que su puesto no es el único complicado — le dice Peeta a Katniss, sonriendo.
Ella le mira y asiente. Sin embargo, sigue preocupada. Por la familia de Rue. Por lo que pueda pasarle a ella si al día siguiente no los ve en la primera fila.
— Tienes razón, Peeta.
— Vamos, intenta animarte. No pienses en ellos, ¿vale? Inténtalo, al menos.
Sabe que Peeta realmente desea que se anime y que trata de hacerlo mediante palabras porque él sabe que es su punto fuerte. Pero en ese momento ella no desea que Peeta la mime con palabras, sino con actos. Así que le dice que se calle y lo abraza con fuerza. Él parece comprender, porque la envuelve con sus brazos y no abre más la boca.
— Chicos, será mejor que vayáis a vuestra habitación a descansar. Mañana será un día duro — la voz de Haymitch, que se había retirado a su cuarto en el mismo momento en que habían puesto un pie en la casa los obliga a romper su abrazo.
— Tienes razón, Haymitch — contesta Peeta. Luego mira de arriba a abajo a su mentor y pregunta: — ¿Te encuentras bien?
Haymitch tiene la frente sudorosa y los ojos enrojecidos. Las manos le tiemblan.
— Claro, chico. Es sólo que Effie debe estar más loca que de costumbre. No hay más para beber que agua en mi cuarto.
— ¡Creí que ibas a tratar de beber menos!
— Tú lo has dicho, chico. Reducir la dosis, no suprimirla. Lo mismo que durante vuestros Juegos. Pero no te preocupes. Me ocuparé de conseguir mañana. Claro que lo conseguiré… — murmura, y cierra la puerta sin despedirse.
Katniss y Peeta obedecen y se retiran a su cuarto.
La habitación cuenta con una cama de matrimonio, un pequeño lavaba individual y una cómoda. Sobre la cama hay una bandeja con comida hecha a base de cereales.
— ¿Tienes hambre? — le pregunta Peeta a Katniss mirando la comida y luego a ella.
— No mucha, la verdad — en realidad sí tiene, pero se siente tan agotada que las ganas de dormir superan a las de comer.
— No voy a permitir que te vayas a la cama sin probar bocado, que supongo que es lo que pretendes. Vamos, ven y come. Llevamos sin hacerlo desde esta mañana.
Katniss obedece, pensando en que Peeta tiene razón. Ha sido un día agotador, de ahí su cansancio, y sabe que lo mejor que puede hacer para disfrutar de un sueño reparador es cenar un poco.
— ¿Crees que seguirán vivos? — le pregunta al chico mientras se sienta en la cama y muerde un pedazo de pan.
— No lo sé — contesta él, porque no quiere mentir —. Es probable que algunos de ellos sí lo estén. Pero la guerra se ha llevado por delante a muchísimas familias enteras, así que tienes que estar preparada para cualquier cosa.
Katniss asiente. Sí, sabe perfectamente que no puede esperarse que todos estén vivos. Si lo están su alegría no tendrá límites, pero prefiere ser realista antes que soñar y llevarse el chasco unas horas después.
Ninguno de los dos habla mucho más durante la cena. Cuando acaban dejan la comida en el suelo. Luego pasan al baño por turnos para ponerse el pijama y prepararse para dormir.
Diez minutos después de tumbarse los dos están roncando.
Al día siguiente Flavius, Octavia y Venia irrumpen en el pequeño apartamento a las siete de la mañana. Entre los tres pintan y peinan a los chicos mientras chismorrean, como siempre. Cuando los visten ni Peeta ni Katniss pasan por alto que el diseño de sus vestimentas es muy parecido al de los trajes del día anterior. Y, cómo no, son de un blanco inmaculado.
Poco rato después de estar listos salen del apartamento junto con Haymitch, que ha insistido en arreglarse solo. Tiene mejor aspecto que la noche anterior, pero no se le ve totalmente recuperado, ni mucho menos. Peeta piensa que, por el bien de Haymitch, más vale que le consientan beber después del discurso.
El escenario en el que lo pronunciarán es similar al de Distrito 12, sólo que hay tres o cuatro veces más personas reunidas en la plaza de las que había en su hogar.
Lo primero que hace Katniss al subir al escenario es buscar entre la primera fila el cabello oscuro y las facciones finas de los padres y hermanos de la niña. Busca a esos delicados pajarillos frente al escenario.
No puede evitar sentir cómo el mundo se le cae encima cuando la ve.
Está prácticamente enfrente del escenario. Tiene unos diez años; el cabello y los ojos oscuros, y su vista está clavada en el suelo. No tiene heridas físicas visibles, pero está aún más delgada que cuando la vio en su primera visita al Distrito. Probablemente tenga una desnutrición grave.
A eso es a lo que se reduce ahora la familia de Rue. No queda rastro de sus padres ni de cuatro de los cinco hermanos. La única superviviente es la segunda hija de la familia que, por su aspecto, no se las ha apañado muy bien desde que se quedó sola. Creía que estaba preparada para ver cualquier cosa, pero la teoría y la práctica son cosas distintas.
— Estamos aquí para agradeceros todo vuestro esfuerzo. Sabemos lo férreas que eran las medidas del Capitolio en este Distrito y los castigos que habéis tenido que sufrir antes de ser liberados.
Sabe que Peeta está hablando y que en pocos minutos le tocará el turno a ella. Pero si en el Distrito 12 no sabía cómo empezar en estos momentos está en blanco. Se siente incapaz de apartar la mirada de la triste niñita que sigue mirando al suelo.
Lo único que quiere hacer es bajar del escenario y hablar con ella. Preguntarle cuando murieron los suyos y asegurarle que ella se ocupará de que no tenga que volver a pasarlo mal nunca más. La chiquilla se parece muchísimo a Rue. Y Rue se parecía a Prim.
— Katniss… — le susurra Peeta —. Yo también la he visto. Lo siento. Pero tienes que decir algo. Sólo una frase y podrás irte, ¡por favor!
— Yo… — carraspea y sabe no se esfuerza en ocultar su tristeza. Sabe que no puede —. Debéis de levantaros. Por muchas desgracias que hayáis pasado debéis de ser conscientes de que las cosas van a mejorar.
No sabe qué más decir. Ha pronunciado esas palabras mientras miraba a la niña, y ahora ella la mira.
No habla mucho más durante el discurso. Se lo deja todo a Peeta. Y en cuando éste se da por concluido Katniss echa a correr, sin preocuparse por las apariencias, y salta del escenario, que tiene unos dos metros y medio de alto.
Localiza a la chica rápidamente, porque aún no se ha movido de su asiento.
— Eres la hermana de Rue, ¿verdad?
— Sí. Me llamo Sabina — la chica la mira con sus oscuros ojos —. Sé que te lo estás preguntando… Mis hermanas y mis padres murieron. El Capitolio los mató poco después de las primeras revueltas — tiene lágrimas en los ojos, pero le sostiene la mirada a Katniss —. Consideraron que como tu primer acto de rebeldía había sido implicarte de esa forma con mi hermana después de su muerte tal vez nosotros alentáramos a los demás agricultores a iniciar… bueno, ya lo sabes, la revolución, por así llamarlo.
— Lo siento mucho — dice, y es verdad. No se ve capaz de soportar la idea de que los mataron a todos por su culpa. Por cubrir de flores el cuerpo de una niña de doce años —. Ven conmigo, ¿puedes? Quiero hablar contigo más tranquilamente.
La chiquilla asiente y se enjuga las pocas lágrimas que han logrado salir de sus ojos. No parece guardarle rencor a Katniss por ser la responsable indirecta de la muerte de toda su familia, y eso la alivia un poco.
Conduce a Sabina a la parte de atrás del escenario. Peeta y Haymitch están ahí, pero tienen el suficiente tacto como para comenzar a caminar de regreso a casa en cuanto las ven.
Katniss les lanza una mirada de agradecimiento.
— Dices que toda tu familia está muerta,… pero tú… tú… — si el Capitolio había sido eficaz en algo había sido precisamente eso; encontrar a sus objetivos por mucho que huyeran y se escondieran y acabar de ellos.
— Estoy viva porque huí por la ventana de mi cuarto en cuanto entraron. Era de noche y estábamos todos durmiendo. Quise alertar a mis hermanas, pero fue todo tan rápido que… no pude — Sabina ha comenzado a llorar —. Luego me escondí en las casas de mis vecinos.
— ¿No te buscó el Capitolio?
— Claro que lo hizo. Sabían que faltaba yo. Registraron las casas de todo el vecindario durante una semana, y estuvieron a punto de descubrirme varias veces. Pero un día hubo un incendio en el campo y murió una niña de mi edad. Como estaba tan desfigurada los agricultores que trabajaban en la zona cuando las hierbas prendieron convencieron a los agentes de la paz que era yo. Así que dejaron de buscarme.
Entonces la hermana de Rue había sobrevivido en parte por su habilidad para ocultarse - si tenía la mitad de la que tuvo su hermana debía de ser muy buena en eso- y en un golpe de suerte. No pudo evitar que un escalofrío la recorriera cuando pensó en la sangre fría de los agentes de la paz, que habían ejecutado a cuatro niñas pequeñas y dos adultos completamente indefensos mientras dormían.
— Lo he pasado muy mal, Katniss. La ciudad está tan devastada… y casi todos mis vecinos han muerto. Ahora estoy un poco mejor — se miró las huesudas manos unos segundos antes de mirar a Katniss —. Sé que parece que esté medio muerta, pero en realidad me estoy recuperando. El Capitolio tiró pocas bombas en este Distrito; en lugar de eso quemó los campos. Estábamos acostumbrados a pasar hambre, pero eso fue… — sollozaba mientras su pecho se convulsionaba con fuerza. Sus palabras eran cada vez menos entendibles —. ¡La gente caía muerta en la calle! Incluso algunos cogían los cadáveres y se alimentaban con ellos. ¡Pasaron diez semanas antes de que el Capitolio cayera y los equipos de emergencia rebeldes nos trajeran comida! ¡Y aún así muchos siguieron muriéndose de hambre durante unas semanas más! Ahora estoy viviendo con una pareja de vecinos que sobrevivió, aunque los campos no han recuperado del todo la fertilidad todavía.
Katniss traga saliva y la niña se acerca a ella y la abraza.
— No te preocupes. Voy a ocuparme de que no pases hambre nunca más.
