Hola, gente!

Bueno, aquí les traigo el segundo capítulo de este three o fourshot; hasta ahora me quedé algo inspirada para escribir este capítulo un tanto soso, cortito y rapidín, pero ojalá lo disfruten tanto como yo al escribirlo. ^_^. Aparte, este capítulo se lo dedico a Honey-Dolly, quien me dedicó un Meyovan (Clyde x Josh Meyers).

Un abrazo, chica!


Amor incomparable.


Dedicado a: Honey-Dolly.


- ¡TRENT! – gritó Kyle - ¡MALDICIÓN!

Kyle aporreó el auricular del teléfono y se llevó las manos hacia el cabello.

¡Por Dios, qué tipo tan testarudo tenía como novio! De que lo amaba, lo amaba; de que era evidente cómo se querían ambos, era más que evidente, pero ahora sí que esa situación rebasaba los límites de los dos.

Tenía que hacer algo y pronto… Antes de que Rufus les de muerte a los dos.

Se volvió hacia el reloj y miró la hora: Las 11:00 de la mañana, justamente una hora antes de la entrega.

Se llevó las manos hacia la cabeza.

¿Quién?, pensaba él mientras se paseaba de un lado a otro, ¿quién?, ¿quién?, ¿quién?, ¿quién?, ¿quién?...

No podía pedirle prestado a Stan o a Kenny; a Stan porque está haciendo los preparativos de su boda con Wendy, y a Kenny debido a que siempre está endeudado. Tampoco podía pedírselo al gordo, ya que el muy cabrón destrozó su motoneta al intentar atropellarle como una vil cucaracha por sus ataques de celos luego de enterarse de quién era su pareja.

Entonces surgió una opción un poco más óptima…

- Papá.

Entonces el chico, sin cambiarse de ropa tan siquiera, salió corriendo de su casa ante las miradas sorprendidas de su madre y de su hermano, quienes se preguntaban qué demonios le estaba pasando al muchacho.

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Trent miró el reloj; habían pasado cinco minutos desde que terminó de hablar con Kyle y el tiempo sigue en su curso.

Se sintió culpable de mentirle a Kyle al decirle que llegara en treinta minutos cuando en realidad la distancia entre South Park y Denver era de 40 minutos, pero tuvo qué hacerlo. Tuvo qué hacerlo más que nada para salvarle el cuello, ya que conocía muy bien que Kyle tratará primero de reunir la exorbitante suma de dinero que el propio Boyett podría llegar a reunir en un santiamén en dos o tres robos a distintos establecimientos comerciales antes de ir a Denver.

Realmente no podía permitir que Kyle pagara con toda la culpa, no cuando en realidad el Destino era el jodido cabrón que, bajo la forma de cierto culón, se decidiera a impedir en ese día que los amantes se reunieran.

Es más, no quería que Kyle se involucrara con él en los negocios ilícitos en los que participaba porque lo amaba. Lo amaba más que a su propia vida. Y en nombre de ese amor él era capaz de todo con tal de protegerle de gente como Rufus aunque sea de esa manera u otra.

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Kyle corría como loco por las calles de South Park con la esperanza de llegar a la oficina de su padre, la cual estaba a cinco cuadras de la residencia familiar.

Sinceramente no sabía qué excusa dar a su señor padre para pedirle prestado al menos unos 100 mil; es más, no sabía si decirle sobre su relación sentimental con Trent y su participación en los negocios ilícitos de Rufus en calidad de mensajero transportista. Nadie lo sabía, ni siquiera sus amigos Stan y Kenny o su propia familia, pero si todos se enterasen de ello, podría costarle su futuro, su familia y sus amistades.

Pero al carajo con todo.

Él amaba a Trent y éste lo amaba a él. ¿Qué más quería pedir?

Llegó hacia la puerta de la oficina de su padre sin hacer caso omiso de las protestas de Janine, la secretaria, y abrió intempestivamente la puerta con una sorpresa mayúscula en su mirada: Sentados estaban su padre, Stan, Kenny y el culón, quienes se volvieron hacia el joven pelirrojo con miradas de sorpresa nada gratas.

A juzgar por el ambiente, o el maldito gordo bastardo le fue con el chisme a media vecindad, incluyendo a Stan y a Kenny, o era por otra cosa que no tenía nada que ver con su relación con Trent…

- Chicos – susurró el joven al esconder su sorpresa bajo una apariencia inofensiva -… ¡Qué sorpresa!

- Kyle – le dijo su padre mientras se levantaba de su escritorio -, justamente estaba llamando a casa para preguntar por ti y pedirle a tu madre que te enviara hasta acá.

- Salí a caminar un momento – argumentó el joven rápidamente -. Necesitaba tomar aire ejercitándome en el parque…

- Tu respiración dice otra cosa – interrumpió Kenny -. Tu madre le comentó a tu padre que saliste corriendo como loco de la casa.

- ¿Y qué si salí así de mi casa? ¿Es un crimen acaso?

- No – espetó Stan con molestia -, pero sí lo sería si tuvieras un fuerte motivo para salir de esa manera de tu hogar.

- ¿Qué intentas decir con eso, Stan?

- Lo que tus amigos intentan decir, Kyle, es que están rotundamente preocupados por ti – respondió Gerald -. Eric nos hizo el favor de contarnos sobre tu relación sentimental con Trent Boyett.

¡Maldito hijo de perra!, pensó el pelirrojo con furia.

Luego, sosteniendo a su padre con la mirada, fue directamente al grano respondiéndole:

- Es cierto: Tengo una relación sentimental con Trent Boyett desde hace un año, desde el momento en que descubrí que este hijo de puta de Cartman se estaba cogiendo a Wendy en el sofá de nuestra casa ante mi presencia y la de Stan. Incluso participo con él en los negocios ilícitos de Rufus Stevens en calidad de mensajero, pero eso no importa ahora, porque justamente venía aquí a pedirte prestado al menos unos cien mil dólares para poder salvar a Trent de morir a manos del mismo Rufus… Pero en vista de que sé que no me los darás luego de escuchar al maldito gordo bastardo, me largo de aquí.

Dicho esto, Kyle dio la media vuelta y se marchó de la habitación ante las miradas asombradas de Stan, Kenny y del mismo Gerald. Cartman, por su parte, se levantó de la silla y se marchó de la oficina detrás de Kyle, quien nuevamente empezó a correr por las calles del pueblo en dirección a su próximo paradero: La central de autobuses.

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Pasaron 10 minutos y Trent estaba terriblemente angustiado; desde hacía quince minutos que estaba por asaltar la tienda, pero su instinto le clamaba por esperar a su pelirroja pareja a sabiendas de que existía la posibilidad de que éste no llegara a Denver a tiempo ni mucho menos de que lograse reunir los 700 mil dólares.

- Cinco minutos más… Sólo cinco minutos más – susurraba mientras observaba con angustia el reloj del edificio que estaba frente a él.

Kyle, date prisa.

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Trent… Espera. Trent, espera…

Esas palabras eran su constante pensamiento desde el momento en que descartara a su padre como posible prestamista.

¡Maldito gordo hijo de puta!, pensaba el joven con furia mientras se abría paso entre la gente.

Si a Cartman lo odiaba desde el momento en que descubrió su infidelidad con Wendy, en ese momento lo odiaba más que nunca; ¿con qué derecho ese gordo podía gritar a los cuatro vientos que mantenía bajo el agua una relación sentimental con Trent Boyett, el delincuente más peligroso de South Park? ¿Con qué derecho podía él meter sus narices en donde nadie le llamaba…?

De repente un auto se detuvo bruscamente frente a él.

Kyle, reconociendo el automóvil y a su dueño, exclamó:

- ¡¿Qué haces aquí, gordo de mierda? ¡Déjame en paz!

Cartman, haciendo caso omiso de su protesta, se estiró y abrió la puerta de copiloto diciéndole:

- Sube. Te llevaré a donde esté el imbécil de tu novio.

- ¡No es un imbécil! ¡Y él no está en South Park, está en Denver!

- Aún así sube. Llegaremos en lo que canta un gallo a Denver y te dejaré ahí con él.

- No…

- Vamos.

- No confío en ti…

- Puedo prestarte la cantidad que necesitas.

Kyle arqueó una ceja.

No confiaba en Cartman y sin embargo la situación no se prestaba para dudas sobre confiar o no en quien fuera tu antiguo enemigo y ex amante. Algo le decía que, en dado caso de que el gordo le prestara aunque sea 100 mil dólares o un poco más, tendría que pagar un precio muy alto… Tal vez tan alto que podría echar al bote de la basura todo lo logrado en el terreno amoroso.

Subió al automóvil del gordo y éste arrancó el vehículo a toda velocidad.

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Trent estaba al borde de la histeria.

20 minutos han pasado y quedan cuarenta para la entrega; bien pudo asaltar el establecimiento y llevarse cuanto pudiera para entregárselo a Rufus con alguna mentira piadosa y huir de Colorado con Kyle a toda prisa.

No quería morir, pero tampoco quería que Kyle saliera perjudicado en el asunto; estaba consciente de que tal vez en esos momentos o su pelirrojo estaba en camino a Denver con las manos vacías o estaría aún en South Park tratando de reunir el dinero y tal vez adelantársele un poco a Rufus.

- Dios… ¡Al carajo!

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Durante el camino hacia Denver, Cartman observaba a un angustiado Kyle discretamente.

No podía evitar sentir celos de Trent en esos momentos; Kyle era muy unido al rubio desde hacía un año, justamente cuando sucedió su infidelidad con Wendy. No quería saber cómo carajo el criminal y el joven judío se habían vuelto tan unidos, pero sí sentía las ganas de detener el auto y obligar a Kyle a que regrese con él a cambio del dinero que necesite para salvar la vida de Boyett.

El judío, por su parte, sentía cómo el gordo le observaba. Su instinto le pedía que desconfíe totalmente del bastardo ante la posibilidad de que podría estar arriesgando muchas cosas al pedirle la cantidad de dinero necesaria para salvar a Trent.

Sin aguantar más, Cartman fue directo al grano:

- Te prestaré la cantidad de dinero que necesites… Si terminas tu relación con Boyett una vez que se termine este asunto.

Kyle se volvió hacia su ex amante muy sorprendido.

- ¿Qué?

Cartman se estacionó a un lado de la carretera y apagó el motor de su auto; Kyle, adivinando lo que argumentaría el bastardo, espetó:

- No tienes ningún derecho a pedirme eso, Cartman.

- Lo hago por tu bien, Kahl. Tipejos como Boyett sólo te traerían desgracia y tragedia a tu vida.

- ¿Cómo tú lo has hecho… Eric?

Cartman calló abruptamente.

Kyle, sonriente, añadió:

- Tú no conoces a Trent, Eric. No lo conoces y no sabes de lo que ha sido capaz con tal de protegerme.

- Kahl…

- Es un buen chico, Eric. Un buen chico con un gran corazón debajo de esa maldita coraza de hijo de perra. ¿Sí sabes que él conocía de tus acostones con Wendy, eh? ¿Sí sabes que él te había descubierto con anterioridad, gordo de mierda? Él lo sabía… Y no quiso decírmelo porque sabía que no iba a creerle.

Cartman se sintió acorralado.

¿Boyett sabía de lo suyo con Wendy? Increíble… Increíble e indecible.

Kyle, al notar la falta de respuesta por parte de Cartman, concluyó:

- No sabes las cosas que ha hecho por mí y lo que yo he hecho por él. No sabes qué grande es el amor que nos tenemos el uno al otro… Mucho más grande y lleno de vida que el sentía por ti.

Lo último provocó una punzada de dolor en el culón.

Un amor grande… Un amor dispuesto a arriesgarlo todo… Un amor que estrecha y fortalece los lazos entre dos seres totalmente distintos… ¡Carajo! ¡El propio Eric Cartman realmente no había conocido esa faceta del amor!

Más bien, hasta ese momento no conocía esa clase de amor que creía que era inexistente e imaginario… Pero cuando Kyle le describió en pocas palabras su amor por Trent, realmente sintió las ganas de llorar.

- Mucho más grande que el que sentías por mí – repitió Cartman sombríamente -… ¿Acaso él te hace el amor mejor que yo, judío?

- Sí – respondió el joven pelirrojo con decisión.

- ¡¿Entonces lo que tú y yo tuvimos no fue nada? – exclamó el pelicastaño con furia.

Kyle asintió la cabeza y añadió:

- Lo nuestro fue un vacío, Eric. Fue una relación más sexual que sentimental.

- ¡Pero yo te di amor, Kahl! ¡Yo te di mi corazón en bandeja de plata!

- ¡Tú no me diste amor, Eric! ¡Yo te estaba ofreciendo mi corazón sin saber que me lo destrozabas al revolcarte con Wendy!

- ¡Lo mío con Wendy era lujuria y pasión!

Kyle miró en el espejo retrovisor y sonrió para sus adentros; a pocos metros de ellos se acercaba un autobús con dirección a Denver. Sin temor, bajó del automóvil a pesar de las protestas de Cartman y, acto seguido, corrió hacia el autobús haciendo señas para que se detenga.

Cartman salió también del auto dispuesto a regresar a Kyle al vehículo aunque fuera a rastras, mas el pelirrojo ya había abordado el autobús, no sin antes hacerle el gesto del dedo medio con una sonrisa.

El autobús partió, dejando a Eric Cartman en medio de la carretera con la furia a punto de explotar y con una sed de venganza en contra de Trent.

- ¡Maldito seas, Boyett! – exclamaba mientras entraba a su automóvil - ¡Juro que te mataré el día que te vea, maldito hijo de puta!


Ok, estuvo cortito, escrito al trancazo y lo que sea... pero me gustó como quedó... Y prefiero saber qué iensas ustedes que sucederá en el siguiente capítulo ^_^.

Un abrazo!