Hola y buena noche, gente!

Bueno, aquí les va el penúltimo capítulo. Sé que está algo cursi y escrito a como sea, pero ojalá y les guste :-D.

Un enorme abrazo!

Vicka.


Escapando en el tren.

- Buen experimento para tu teoría, bebé – decía Trent mientras ambos salían del edificio donde se hallaba el casino.

- Gracias – respondió el joven con una sonrisa-. Pensé que era una locura, pero al final obtuvimos al menos un buen resultado…

- Que no llega ni a madrazos a la cantidad deseada – añadió el rubio con frustración.

- Trent… Ya no hay remedio. Tenemos que irnos de aquí. Pidamos un taxi o abordemos un autobús que nos lleve a la estación de trenes.

- Es peligroso ir en taxi o en autobús, Kyle. Algunos gorilas de Rufus rondan mucho en este y en otros puntos de Denver. Si uno de ellos nos ve, entonces nos habrá llevado a la chingada… A menos…

- ¿A menos?

- A menos… Por supuesto…

- ¿Qué cosa, Trent?

- ¡Por supuesto!

- Trent…

- Kyle… Tengo un plan.

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- ¿Estás seguro de esto, Trent? – inquirió Kyle muy preocupado mientras que el rubio marcaba un número telefónico desde una de las cabinas de la estación de trenes de la ciudad.

- Si no quieres hundirte solo en esto, Kyle, pues hunde a un tercer involucrado contigo…

- ¿Pero a Cartman? ¿Por qué no al Cíclope?

- Hundir al Cíclope sería un suicidio… Hundir a Cartman, en cambio, será como hundir al Titanic por enésima vez: El tipo se cree omnipotente e intocable luego de haber ido con el chisme a todo el mundo sólo porque rechazaste su petición de regresar contigo… Pero pronto pagará por su idiotez.

- Espero que resulte… Quedan diez minutos para que parta el tren de las 12:10 a Nueva York.

- Tranquilo… Sé lo que hago…

El teléfono empezó a sonar...

- ¿Diga? – respondió una voz masculina al otro lado de la línea.

- ¿Jefe? Soy yo, Trent.

- ¡¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁS, BOYETT? ¡ BROFLOVSKI Y TÚ DEBIERON HABER LLEGADO AQUÍ HACE UNOS MINUTOS!

- Jefe… Disculpe… Ha habido un serio y jodido problema en la entrega del dinero.

- ¡¿Qué?

- Sí… Verá… ¡Dios! Bueno… Ahmmm… Sucedió que… Cielos, jefe, me da pena decirle esto…

- ¡HABLA DE UNA VEZ, MALDITO CRIO DE MIERDA!

- Bien… Un tipejo gordo llamado Eric Cartman mató al Cíclope y se llevó el dinero hace una hora.

- ¡¿QUÉEE?

- ¡Sí, sé que suena inverosímil e ilógico, pero sucedió! Llegué a donde estaba el Cíclope tal y como se me ordenó; esperé a que checara los diamantes, pero de repente irrumpió ese jodido gordo cabrón acompañado de tres individuos más. Realmente no sé cómo carajo sabía lo de nuestras operaciones, pero a mí me encañonaron un arma y al Cíclope lo tiraron al suelo. Comentó algo así de que el viejo les debía una cantidad grande parecida a la que nos iba a pagar a nosotros. El viejo empezó a suplicar por su vida, jefe. Empezó a suplicar por su vida, explicándole que tenía una deuda acordada con nosotros… Pero el gordo tomó un arma y le dijo que le valía madres, que ese no era su problema; acto seguido, le dio un balazo en la frente, tomó el dinero y se marcharon, no sin antes ordenarle a sus hombres que me dieran un golpe con la culata de una de sus armas.

- ¡¿Y Broflovski?

- Esa es la otra cuestión, jefe. Broflovski está en el hospital Memorial de aquí en Denver…

- ¡CARAJO!

- ¿Qué haremos al respecto, señor?

No hubo respuesta.

- ¿Señor?

- ¿Exactamente en donde estás, Boyett?

- En la estación del metro.

- Bien… Quédate ahí… Mandaré a Bucho y a Cortines a buscarte.

- Sí, señor…

- No te muevas de ahí.

- No, se…

No pudo terminar de decir el "No, señor", ya que Kyle interrumpió la llamada y, con señas, le pidió a Trent que se volviera discretamente a su derecha y mirara a lo lejos.

Éste obedeció las instrucciones de su pareja y se quedó pálido como la nieve al ver que, a unos 40 metros de ellos, estaba nada más y nada menos que el propio Rufus Stevens, quien estaba acompañado de unos hombres fuertemente armados...

Y de Eric Cartman.

- ¡Maldita sea! – susurró Trent mientras tomaba a Kyle de la mano y ambos caminaron disimuladamente para mezclarse entre las personas.

Mirando el reloj, Trent le dijo a Kyle:

- No nos podremos ir a Nueva York con Rufus y Cartman rondando por aquí.

- ¿Qué haremos?

- No lo sé. Debemos idear un plan para abordar ese jodido tren… ¡Maldición! ¡Jamás nos imaginamos que ese culón tenía negocios con él!

- Y dudo mucho que se haya tragado lo del Cíclope.

- Carajo…

Ambos se escondieron en un rincón, siempre con las miradas puestas en el grupo de matones que de seguro les estarían buscando por robarse el dinero de su jefe. Tras un rato de silencio, Trent se volvió hacia el pelirrojo y le dijo:

- Kyle… Creo que debes abordar ese tren tú solo.

- ¿Qué? Trent…

- Shhh… - silenció el rubio con un dedo en los labios del pelirrojo.

- Trent… ¿Qué harás tú?

- No lo sé… Tal vez enfrentarme a Rufus y a su gente yo solo… Pero tú debes irte de aquí.

- No te dejaré.

- Tienes que hacerlo, Ky. ¿O acaso quieres regresar con ese gordo idiota?

- ¡No!

Kyle abrazó fuertemente al amor de su vida y le dijo:

- No puedo dejarte ni pienso irme sin ti.

- Debes hacerlo.

- No… Estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

- Pasajeros del tren de las 12:10 con destino a Nueva York, favor de abordar en el andén número 5 – decía la operadora.

Trent miró el reloj.

Las 12:05 de la tarde; cinco minutos más y el tren partiría.

El joven pelirrojo, por su parte, se echó a llorar, rogándole y suplicándole que se venga con él o, al menos, que le permitiera acompañarle hasta el fin.

- Kyle… Ya están llamando. Debes abordar.

- No… No me voy. Si te quedas, yo me quedo contigo…

- Kyle, vete. Estamos en el andén número cinco y este es el tren…

- ¡No!

- ¡Hazlo por tu vida, con un…!

Dejó de hablar.

La punta de un arma estaba en la cabeza de Trent; Kyle, con rabia y sorpresa, identificó al dueño del arma.

- Cartman – susurró el joven pelirrojo mientras le lanzaba al aludido una mirada iracunda.

El culón sonrió y le dijo:

- Kahl… Te recuperaste muy rápido.

- Maldito…

- Déjalo, Kyle – intervino Trent -. No te dejes provocar por este idiota.

Luego el rubio se volvió hacia su némesis de amores y le preguntó:

- ¿A qué se debe el deshonor de tu presencia? Claro, si no te importa responderme.

- Eso es algo que no te importa, pendejo. Yo vine por Kahl y tú… Tú te vas con Rufus. Él está ansioso de verte.

- ¡Si Trent se va con Rufus, yo me iré con él! – exclamó Kyle.

Eric intentó tomar a Kyle del brazo, pero el pelirrojo se soltó rápidamente y le dijo:

- Yo no me iré contigo a ninguna parte, culo gordo.

- Tendrás qué hacerlo, Kahl. No sabes tú el trabajo que me ha costado convencer a Rufus de que te deje vivir.

- No me importa… A donde Trent vaya, yo iré también… Así que jódete.

Dicho esto, Kyle tomó fuertemente la mano de Trent y le envió una mirada desafiante a Cartman.

Éste sentía que los celos lo carcomían por dentro. Le parecía increíble que, después de la venganza que el rubio había ejecutado contra ellos cuatro años atrás por aquél asunto del pre-escolar, el joven judío tuviera ojos para éste y no para él, Eric Cartman.

Un amor inquebrantable, como lo podrían definir los románticos.

Con un deje de rabia en su voz, le replicó a Kyle:

- Si yo me jodo… Tú también te jodes.

- No lo creo – le respondió Trent con una sonrisa maliciosa.

- ¿Por qué crees que no?

- Voltéate y verás…

Cartman, sin dejar de apuntarle con el arma, se volvió… Y rápidamente sintió un duro golpe en el estómago a la par de que le arrebatan el arma. De un nuevo puñetazo, Trent derribó a Cartman, dejándolo inconsciente; luego, tomando de la mano a su pareja, empezó a correr entre la gente.

Rufus y sus hombres, al ver el incidente, corrieron tras ellos.

Trent y Kyle, por su parte, corrieron lo más rápido que podían para poder alcanzar el tren antes de que se cerrara la puerta y partiera; evadiendo los disparos, los jóvenes lograron entrar al tren mientras que Rufus y sus hombres continuaban disparando como locos ante el terror de los presentes.

No obstante, un grupo de civiles sacaron sus armas y rodearon a los mafiosos ante la sorpresa de éstos.

- ¡ALTO! – exclamó uno de los civiles - ¡FBI!

- ¡¿Pero qué carajo…? - preguntó Rufus muy sorprendido - ¡¿Qué significa esto?

- Rufus Stevens – decía un hombre elegantemente vestido mientras se acercaba al furioso mafioso -, tú y tus hombres están arrestados por tráfico ilegal de estupefacientes, lavado de dinero, tráfico de armas y tráfico ilegal de diamantes.

- ¡¿Qué?

- Llévenselo.

- ¡No! ¡NO! ¡Suéltenme! ¡Ya verán! ¡Llamaré a mi abogado! ¡Saldré de prisión!

- Sí, sí, sí… Cómo sea, pendejo. Llévenselo ya antes de que le dé una putiza.

Los oficiales asintieron y se llevaron a rastras al mafioso y a sus cómplices mientras que el agente, con una sonrisa, se volvió hacia el tren que partía hacia Nueva York con los dos jóvenes amantes adentro.