Hetalia no me pertenece sino a su guapo creador.

Disculpas de antemano si llego a ofender a alguien.

Anti proviene del griego y quiere decir "contrario a" (en pocas palabras)


La Isla

Nuestros protagonistas se encontraban varados en una isla desierta, no había comunicación ni modo de regresar a tierra firme. Como primera acción de supervivencia, decidieron recorrer la isla y ver si encontraban algo de utilidad y en efecto, unas plantas, algunas ramas y frutas, grandes cantidades de fruta.

Pareciera ser que para ambos el quedarse de esta forma era una costumbre que difícilmente pudieran alegrarse de tener. El verse la cara por días, incluso meses podría ser agradable si lo veías bien pero para ambos era lo contrario. A Estados Unidos no le agradaba ver como Inglaterra se la pasaba hablando al aire y regañándolo por no haber aprendido nada de él y a Inglaterra le molestaba lo inmaduro que era la otra potencia y lo poco preocupado que se mostraba ante la posibilidad de que nadie los fuera a rescatar.

Los días y las noches pasaron lentas y anhelantes de contacto con el mundo exterior. Ninguno de los dos se mostraba contento con la compañía del otro. Inglaterra pasaba más tiempo con sus amigos imaginarios, llegando a perderse en esa pequeña porción de tierra durante horas y a veces días. El oji azul por su parte, descubría las hermosas vistas que dicho lugar poseía e ideaba maneras de cómo transformarlas un resort turístico o spa.

A Estados Unidos le parecía romántico como el sol se ponía y la luz se iba opacando, cambiando de matices y calidez y por un instante llegó a desear tener a alguien con quien compartir la vista. Por su parte, Inglaterra veía la puesta del sol desde el otro lado de la isla y suspiró, sus amigos mágicos eran increíbles compañeros pero él quería un ser humano con la misma visión que el poseía sobre ese romántico y cálido atardecer.

Un día en particular, luego de haberse dejado de hablar por casi un mes, los dos se encontraron de frente, lucían desarreglados y bronceados, incluso entre ellos podrían jugarse que se veían apetecibles, sexualmente hablando. Fue imposible que se pasaran de alto mutuamente y se comieron fugazmente con la mirada.

-¿cenamos… juntos?- propuso el oji azul, mostrándole algunos peces que había pescado.

-seguro- respondió el otro, enseñándole las frutas que tria consigo.

Los cenaron en silencio, no tenían mucho que contarse. Las estrellas tintineaban y la luna alumbraba con tenuidad la escena. Las olas parecían música tranquila, ideal para relajarse y dormirse. Miraron hacia el unísono y por instantes deseaban ser rescatados o por lo menos, entablar conversación con el otro.

Al finalizar la noche, con la luna mas en alto y sintiéndose cansados, ninguno puso objeción alguna y durmieron uno alado del otro, con la vista dirigida al lado contrario de su acompañante. El estadounidense intentó mirar a través del rabillo del ojo a su acompañante para ver algún signo de debilidad que pudiera aprovechar y el otro por su parte hacia lo mismo.

Los días siguientes, ambos continuaron con aquella misma acción, se iban por su rumbo, vagaban por toda la isla y cuando se ocultaba el sol, se reunían en el mismo punto donde se reencontraron la primera vez y cenaban en silencio, solo roto por una que otra silaba o frase no mayor a cuatro palabras.

Al cabo de un mes, el silencio terminó por romperse y aunque aún seguían llevándose mal, conversaban de manera un poco más fluida. Las frías cenas de la nada se convirtieron en cálidas y tranquilas y la desolada y hasta triste noche se transformó algo bello y nostálgico, tal y como las describían aquellas novelas llenas de romance que se publicaban en sus respectivas casas.

Sus ojos de manera fugaz se encontraban y con la mirada se seguían, sus manos se acercaban y volvían a alejarse y sus sonrisas eran leves y sus corazones palpitantes y acelerados se convertían en una novedad pasada. Cuando llegaba la hora de dormir, se giraban, aun no tenían el suficiente valor para hacerlo de frente. Ambos esperaban a que el otro mostrara señales de estar dormido y finalmente cuando se cercioraban de ello, cerraban sus ojos, deseando que al despertar todo fuese un sueño, un hermoso sueño. Sin darse cuenta, se fueron enamorando o eso creían que estaba pasado.

Una tarde, cuando el sol amenazaba con ocultarse y los colores naranjas empezaban a asomarse de manera traviesa, los dos rubios se encontraron y se sonrieron algo apenados. Estados Unidos le hizo un gesto con la mano a Inglaterra, indicándole que se acercara y este sólo se limitó a asentir y caminar hacia donde se encontraba el otro.

Se sentaron sobre la arena y miraron hacia el sol. Mantuvieron su mirada fija sobre el y contemplaron como los naranjas se iban transformando en rosas y azules. Vislumbraron la primer estrella de la que sería una hermosa noche y dentro de sus cabezas desearon que ese momento nunca acabase. Inglaterra apoyó su cabeza sobre el hombro del estadounidense y este posó su mano derecha en el hombro del oji verde. Ninguno de los dos pronunció palabra alguna, el momento era mágico y no deseaban arruinarlo de forma innecesaria.

Ambos suspiraron y cerraron sus ojos, despidiendo así al día que había finalizado y saludando de frente a la abrigadora noche. Luego de unos minutos en la misma posición, ambos se separaron y se pusieron de pie.

-vamos por algo para cenar- propuso el ingles y el otro se mostro de acuerdo.

Empezaron a caminar tranquila y pausadamente, no deseaban dejar atrás el atardecer mas hermoso que habían visto o quizás solo no deseaban dejar atrás el sentimiento que pesaba en sus respectivos corazones.

Recolectaron algunas frutas, era muy tarde para arriesgarse a salir a pescar. Regresaron al lugar donde había empezado todo y dejaron caer las frutas sobre la arena. Entre los dos encendieron una pequeña fogata y contemplaron el vaivén del fuego.

-Arthur…- rompió el silencio el de anteojos, era la primera vez que lo llamaba así luego de siglos.

-¿si, Alfred?- decidió responderle de la misma manera.

Los ojos azules que antes habían estado perdidos en el fuego se posaron el rostro del otro, delineándolo indirectamente, contemplando como los colores naranjas y azules se acoplaban perfectamente con el –tengo algo que decirte- dijo sin perder de vista al otro.

El ingles giró su rostro, encontrándose de lleno con los intensos ojos azules del chico, perdiéndose por segundos en ellos. Rápidamente recobró la compostura –yo también tengo algo que decirte- atinó a decir.

-te parece si lo decimos al mismo tiempo- propuso el estadounidense y el otro se mostro de acuerdo.

Los dos hicieron un conteo mental mientras veían el rostro del otro, sabían que lo que dirían marcaria la diferencia del antes al ahora y del ahora al después. Por sus mentes paso el tres, seguido del dos y se detuvieron antes de llegar al uno, el miedo y la incertidumbre les impedía avanzar de numero. Se sonrieron apenados y se rascaron la nuca, reanudando de nuevo el conteo final.

En sus cabezas el tres, dos, uno resonó fuerte y claro, no había ya vuelta atrás y lo que pasara dependía de lo que dirían. Al terminar de decirse mentalmente el "uno", ambos abrieron la boca y dijeron en voz alta lo que sus respectivos corazones habían estado ocultando desde hacía meses o incluso siglos.

-¿te vas a comer eso?-

-acepto salir contigo-

Fue incomodo, estaban más desconectados que nunca. La intención tan seria del estadounidense se trataba de comida mientras que el ingles pensó que le pediría una cita. Inglaterra era el que se sentía más apenado de los dos y sabiendo que había hecho el ridículo por haber malpensado la situación, se levantó de la arena y corrió lo más lejos que podía del chico, ahora sabia que el resto de su estancia en la isla seria una pesadilla. Por su lado, el estadounidense al no tener respuesta del otro, asumió que este le había cedido las ultimas bananas e ignorando los sentimientos ajenos, las tomó entre sus manos, se recostó en la arena y mordió un trozo de esta al tiempo que apreciaba la estrellada noche –ahh, que románticas se ven las estrellas, ojala tuviera con quien compartir esta vista- dijo antes de meterse nuevamente la banana en la boca.


¡Otro capitulo mas! ¡muchas gracias por seguirme por otro año mas! espero me sigan leyendo asi como lo han estado haciendo hasta ahora y me disculpo anticipadamente porque habran ocaciones que pasen incluso meses para que actualice pero se que mientras las tenga a ustedes aun esperandome por una continuacion, me pondre las pilas y no dejare estos drabbles de lado. Les deseo un Feliz Año Nuevo lleno de amor y felicidad y muchas gracias a Genevieve-Choiseul por haberme dado la idea, se que no la segui al pie de la letra pero la esencia se quedo ahi ¡gracias!