Hetalia no me pertenece sino a su guapo creador.
Disculpas de antemano si llego a ofender a alguien.
Anti proviene del griego y quiere decir "contrario a" (en pocas palabras)
La Propuesta
Luego de haber estado casi un agobiante mes en casa de Estados Unidos, Inglaterra decidió regresar a su patria; no se despidió siquiera de su anfitrión y huyó del lugar como adolescente rebelde. Para despistarlo, tomó un autobús que iba de Washington a Nueva York –un par de horas no le afectarían- y se mezcló entre los pasajeros.
Tomó asiento junto a una joven –seguramente menor de veintiuno- de cabellos y ojos castaños y poso sus esmeraldas sobre la ventanilla, deleitándose con las pocas casas estilo colonial que quedaban por la zona, criticando mentalmente el estilo arquitectónico que Alfred había adoptado recientemente. Dejo fluir sus ideas y terminó por recostar su cabeza sobre el vidrio, sabía que sería un largo viaje.
Sin darse cuenta, en el rato que parpadeo, se había quedado dormido y hacia varios kilómetros que había dejado atrás a la ciudad capital. Enfocó un poco la mirada y sólo vislumbró tierra casi árida y grandes montañas, el típico paisaje estadounidense. Apartó la vista del aburrido paisaje y se acomodó en el sillón, posteriormente miro su reloj y calculó el tiempo que faltaba para llegar a su destino. Hizo un mohín, aún había mucho camino por recorrer y ya no quería ver ese paisaje poco inspirador.
No habiendo más quehacer, se recostó sobre el asiento y cerro sus ojos, intentando volverse a dormir pero el sonido de sirenas se lo impedía. Por instinto, intuyó que seguramente se encontraban persiguiendo a un criminal y a juzgar por lo fuerte que sonaban, la persecución era muy cerca de donde estaban. Evitando moverse de la posición donde se encontraba, miro de reojo a los pasajeros y notó de inmediato sus rostros llenos de preocupación –sólo es una tonta persecución estadounidense- se dijo entre dientes para sí y colocó su brazo derecho sobre su frente en un vano intento para recuperar el sueño.
Las sirenas se fueron intensificando poco a poco, prácticamente podía escuchar las llantas de las patrullas alado del autobús. De pronto, un sonido agudo acompaño al sonido de las sirenas –autobús numero 6852 deténgase, repito, autobús numero 6852 deténgase- se escuchó y de inmediato supo que le hablaban a ellos pero por alguna extraña razón la voz del oficial se le hizo familiar aunque rápidamente lo atribuyo a que todos los americanos eran iguales.
A pesar que les habían pedido detenerse, el autobús continuó avanzando y la gente empezaba a protestar y gritar que se detuviera. La voz a través del megáfono siguió insistiendo mientras que las patrullas ya habían tomado la delantera del autobús. Sin inquietarse demasiado, Arthur maldijo su suerte, lo que menos quería era permanecer más en el país norteamericano pero al parecer tendría que quedarse más tiempo gracias al proceso judicial que se llevaría a cabo en caso que arrestasen a alguien en el vehículo donde iba.
Lentamente el transporte fue perdiendo velocidad y se fue orillando. Los pasajeros enfocaron rápidamente su atención hacia la ventanilla del lado del ingles y vieron a la docena de patrullas rodeándolos. Junto a las patrullas, media docena de motocicletas y ni se diga de oficiales pero había uno que resaltaba por sobre todos los demás, un joven no mayor de los veinte, con su piel casi bronceada y cabellos color miel. Inglaterra palideció al reconocerlo, sabía perfectamente de quien se trataba y disimulando, se escondió entre los pasajeros, no quería ser reconocido, no quería verlo, no quería nada con él.
El joven cabecilla de los oficiales caminó hacia el autobús y se subió a este. En cuanto ingresó, sus ojos recorrieron el rostro de cada tripulante y al no ver al "sospechoso", empezó a caminar a través del pequeño pasillo. Sus ojos azul cielo iban de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Los murmullos de los inspeccionados no se hicieron esperar y rápidamente sacaban conclusiones como "busca a un criminal que se escapo de la cárcel" y "seguramente busca a su novia que le fue infiel".
Por su parte, el de ojos color esmeralda se enterraba en su asiento y fingía ser otra persona, incluso se colocó lentes de sol e intentó improvisar un peinado nuevo, ¡incluso fingiría acento americano si hacía falta! pero no pensaba ser detenido por la representación de los Estados Unidos.
Y a pesar de su intento por pasar desapercibido, parecía ser que la nación americana lo había descubierto. El de cabellos color miel se acercó prácticamente corriendo al asiento de este y se colocó de frente –necesito saber tu respuesta- dijo y la gente empezó a murmurar. Por la manera en que lo dijo, la joven de cabellos castaños pensó que le hablaba a ella y se mostró confusa y apenada. Alfred de nuevo volvió a insistir –tu respuesta, ¿es si o no?-.
Al escuchar aquellas monosílabas, la gente dedujo que se trataba de una propuesta de matrimonio y que seguramente la castaña había huido para no dársela. La chica a pesar de estar roja como un tomate por la "propuesta de matrimonio" tan extraña que había recibido por parte de ese extraño, negó con la cabeza –no sé a lo que se refiere usted joven- atinó a decir y la nación prácticamente la ignoro.
-no era para usted señorita- dijo casi maleducadamente, apartándola del asiento y colocándose frente al ingles –me refiero a él- lo señaló y todos contuvieron la respiración –Arthur Kirkland, me harías el hombre más feliz del mundo si tu…-
El tiempo pareció congelarse y Kirkland no sabía a qué venía todo eso. Su mente empezó a sacar conclusiones, muchas de ellas tenían que ver con el americano queriendo burlarse de él pero otras llegaban a la resolución más impactante e impensable de todas y era que Alfred no estaba mintiendo. Regresando a la realidad y abochornado por la aparente declaración de amor, Arthur vio a los ojos a Jones y aguardó a que terminara de hablar.
-… aceptas compartir este plan de tarifa telefónica conmigo.- terminó de decir mientras le enseñaba un papel multicolor con la imagen de dos celulares y varios signos de dólar en el.
Todas las ilusiones que se habían formado en el corazón de Kirkland se desvanecieron. Los pasajeros miraron perplejos, sintieron que acaban de ver la mayor escena rompe corazones de toda la historia y no faltaron quienes se lamentaran lo despistado de su nación. El ingles, sintiéndose más que ofendido rechinó los dientes y contó hasta mil –Estados Unidos…- inhaló y exhaló -¡eres un idiota!- grito y nadie se atrevió a contradecirlo.
Finalmente, el rubio ojos color bosque abandonó a toda prisa el autobús y le pidió aventón al primer auto que se le atravesó. Sus últimas palabras antes de irse fueron –¡Alfred F. Jones, tú y tu estúpida promoción telefónica pueden irse al carajo!-
¿Pensaron que lo habia abandonado? ¡pues no!. Conseguir ideas antiromanticas es muy dificil y escribirlas aun mas. No crean que me olvido de este proyecto y como siempre, si tienen ideas, animense a decirlas porque son bien recibidas. ¡Gracias de antemano por sus comentarios y por no haberme abandonado!.
