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Capítulo 22
Viernes, 17 de marzo, 19.30 horas.
La herida ya casi no sangraba y no le dolía tanto como al principio. Aun así, necesitaba que le dieran puntos; de otro modo, volvería a abrirse. James estaba a punto de llegar. En cuanto la suturara podría empezar la tortura de Swan.
El camino de entrada a casa de James se divisaba estupendamente desde una manzana de distancia gracias a los prismáticos. Y también el Camaro de suelo bajo que descendía lentamente por la carretera y se encontraba a una manzana de distancia en sentido contrario.
«El coche de Edward Cullen.» Tardó unos instantes en recuperarse de la estupefacción. James Carter se había chivado. «Sospechan de mí.» Imposible. El truco de los zapatos era buenísimo. Tendrían que haber sospechado de Robin Archer, pero aunque la policía había ido a verlo por la mañana, el hombre seguía tan tranquilo en su casa. «Y ahora sospechan de mí.» ¿Cómo era posible?
Y, lo más importante, ¿qué haría ahora? Necesitaba que le curaran la herida. Tendría que hacerlo Swan. Esperaba que el padre siguiera con vida, porque solo apuntándolo con una pistola en la cabeza conseguiría que ella la atendiera en condiciones. Cuando la hubiera suturado, Swan y su padre morirían. Con más rapidez y mucho menos sufrimiento del que había planeado. «Tengo que marcharme.» Muy lejos.
... ... ...
Viernes, 17 de marzo, 20.15 horas.
—Debe de habernos visto. —Edward lanzó el abrigo sobre su escritorio con indignación.
—Hemos esperado cuarenta y cinco minutos —le explicó McCarty a Denali—, pero no ha aparecido.
Denali suspiró y dijo:
—Sabemos de qué forma dispararon a Ángela Webber. Recibimos una llamada justo después de que salierais hacia su casa. Han encontrado muerto al novio de Jessica Stanley en su piso. El chico estaba tendido encima de su propia pistola; el arma había efectuado un solo disparo. Y en el ordenador encontramos fotos. Al parecer Stanley había estado fotografiando a Bella por toda la ciudad.
Otro muerto. «Mierda.»
—Bella dijo que Stanley la había estado siguiendo.
—Bueno, su acoso fue un buen trabajo. Encontramos fotografías de Marge Hooper, de Sylvia Arness y de media docena de personas más con las que Bella se cruzó ese día. Stanley dijo a Anthony y a Mia que sospechaba que alguien había accedido a sus archivos, pero que se había «distraído» con no sé qué artículo. Así que, según parece, Webber anda por ahí con un balazo.
—Stanley se ha acercado demasiado a Webber —masculló McCarty—. ¿De qué iba el artículo?
—No nos lo ha dicho. Mia nos ha explicado que Stanley no dejaba de murmurar «en portada».
—Así que el novio ha pagado con su vida la obsesión que Stanley tenía con Bella y con la exclusiva. —Edward suspiró—. ¿Habéis encontrado algo en el piso de Black?
—Lo alquiló hace dos meses una pareja joven —explicó Denali—. Así que Webber no está allí. Pero antes de eso, estaba alquilado a nombre de Deering, Inc.
«Más cerca.» Pero aun así, no servía de gran ayuda.
—¿Hemos hecho alguna búsqueda de los bienes inmuebles de Deering?
—Lori la está haciendo ahora mismo. Dentro de una hora más o menos sabremos algo. He vuelto a hacer venir a Lauren Mallory. Nos ha dicho que quería llamar a su abogado. Adivinad quién es.
—Destin Lawe —dijo McCarty, y Denali asintió.
—No le ha hecho ninguna gracia saber que está muerto. Él le había dicho que era abogado.
—Por eso lo llamó ayer en cuanto la dejamos marcharse —dijo McCarty.
—Hemos recibido tres llamadas más diciendo que han visto al padre de Danny Morris. Todas falsas.
—Ella sabe que seguiremos cualquier pista. Menuda bruja —musitó McCarty.
Edward estuvo a punto de ponerse a chillar.
—Nada de todo esto nos sirve para encontrar a Bella.
—Tenemos una orden de busca y captura de Webber —anunció Denali pacientemente—. Escucha, Edward, hasta que Lori termine con la búsqueda no podemos hacer nada. Aprovecha el tiempo para recargar las pilas. —Entrecerró los ojos—. Es una orden. En cuanto tengamos el listado de los inmuebles, saldrás disparado. Te quiero bien despejado para entonces.
Edward tuvo que hacer un esfuerzo para abandonar la sala. De camino al ascensor, se topó con Rick.
—Te he estado buscando —dijo Rick—. Tengo algo. —Al ver que Edward lo miraba perplejo, Rick frunció el entrecejo—. Te hablo del CD que Poston rompió. Tengo algo.
Una oleada de energía renovada le dio el empujón que necesitaba.
—Vamos a verlo.
... ... ...
Viernes, 17 de marzo, 20.15 horas.
Bella estuvo a punto de echarse a reír. Era una petición de lo más ridícula.
—¿Que quieres que haga qué?
Ángela no sonrió.
—Aquí tienes una aguja esterilizada y un poco de hilo. —Se descubrió el brazo y le mostró la piel desgarrada—. Sutúrame.
—Sostenía la pistola con la mano izquierda, con el cañón apretado contra la sien de Charlie—. No me hagas daño; en la mano izquierda no tengo el pulso muy firme.
Bella se puso seria al instante.
—Muy bien, pero no le hagas daño.
—Me matará de todas maneras; no la ayudes. —El hombre gruñó cuando Ángela le dio una patada en el estómago.
—Cállate, viejo.
—No te preocupes, papá —susurró Bella, y miró a Ángela a los ojos—. No puedo ayudarte con las manos atadas. —Después de una hora de contorsiones, había conseguido extraer la navaja del bolsillo de su padre. Como tenía las manos atadas a la espalda, el único sitio donde había podido ocultar la navaja era en la parte trasera de la cinturilla de sus tejanos. Por el momento seguía teniendo la funda puesta, y no servía para nada, pero cuando Ángela la desatara...
Ángela tomó su cuchillo, uno grande de carnicero, y cortó las cuerdas que le sujetaban las manos.
—Un movimiento en falso y tu padre no tendrá que volver a preocuparse por su corazón.
—Te dolerá —le advirtió Bella—. Aquí no tengo nada para mitigar el dolor.
Ángela esbozó una sonrisa de satisfacción mientras sus ojos examinaban los estantes de la pequeña habitación donde se encontraban presos.
—Yo sí, pero por nada del mundo dejaré que me lo apliques.
Bella se esforzó por controlar las náuseas que hacían que el estómago le diera tantas vueltas como le daba aquel cuchitril; acababa de reparar en la cantidad de plantas y botes que se alineaban en los estantes. La mayoría eran setas. Otra pieza del puzle encajó en su sitio.
—Alucinógenos. Los utilizaste con mis pacientes.
Ángela extendió el brazo.
—Cállate y cose.
Bella negó con la cabeza.
—Me estoy mareando aquí dentro. No me veo capaz de hacerlo bien.
—Estoy dispuesta a correr ese riesgo —dijo Ángela en tono seco—. Empieza.
Bella enhebró la aguja.
—¿Les administraste drogas a mis pacientes?
Ángela dio un resoplido de impaciencia.
—Sí.
Bella dio la primera puntada y Ángela silbó de dolor.
—¿Y en mi sopa?
—Pues claro. Era el momento ideal para apartarte de Phil.
Bella dio unas cuantas puntadas más.
—¿Te acostaste con Phillip?
La sonrisa de Ángela denotaba crueldad.
—Pues claro. Y tomé unas cuantas fotos del gran momento. Con eso bastó para convencer a Phillip de que te dejara. No podía dejar que os casarais.
—¿Por qué no?
—Porque habríais sido felices. Lo de Green y lo del estrangulador no habría salido mejor ni aunque lo hubiera planeado expresamente, y me ocupé de que tuviera repercusiones.
—Creía que me estaba volviendo loca —musitó Bella, acordándose de las semanas durante las que se había sentido demasiado débil para ir a trabajar y se preguntaba si su subconsciente estaría rechazando la profesión.
Ángela soltó una risita cordial.
—Ya. Por cierto, cuando el domingo te dije que parecías una putilla hablaba en serio.
Bella tensó la mandíbula.
—Me lo imagino. Eleanor tenía razón; nunca le caíste bien.
Bella notó que el brazo de Ángela se tensaba.
—Qué bruja. También ella se llevó su merecido.
Bella levantó la vista.
—¿Qué?
—Siempre te estaba ayudando, siempre te regalaba cosas.
Bella recordó la conmoción que había causado la repentina muerte de Eleanor.
—Tú mataste a Eleanor y te las arreglaste para que pareciera que le había dado un derrame cerebral.
—Sí. —Apretó los labios—. Tenía la piel del cuello tan arrugada que el forense ni siquiera se dio cuenta de la pequeña marca de la aguja.
—Pero no encontraron drogas en el análisis.
—El aire es milagroso, Bella.
Bella, confusa, bajó la vista a los puntos.
—Le inyectaste aire.
—Supuse que el viejo te daría una patada en el culo.
—Pero no fue eso lo que ocurrió —musitó Bella. Ahora muchas cosas cobraban sentido.
—Las cosas te salieron bien —dijo Ángela con amargura—. Siempre te salen bien. —Sacudió la cabeza con fuerza—. Bueno, te salían —rectificó—. Porque tu afortunada vida terminará esta noche.
Bella estaba acabando con los puntos y aún tenía los pies atados.
—¿Qué piensas hacer con nosotros?
—Os pegaré un tiro. Es como cerrar un gran círculo. Empecé yéndome a vivir con vosotros porque maté a mi padre y ahora terminaré matando al tuyo.
Bella dio un punto en falso que hizo sudar a Ángela. Charlie levantó la vista, apenas podía abrir los ojos.
—¿Mataste a tu propio padre? ¿Por qué?
El semblante de Ángela se endureció.
—Iba a casarse y yo no quería. Ella tenía cinco hijos, y habrían invadido «mi» casa, se habrían apropiado de «mis» cosas. —Soltó una carcajada inquietante—. Valiente idea: fui a parar a tu casa, con «tus» cinco hijos. No me sirvió de nada.
—Le tendiste una trampa a Leon —masculló Bella, tomándose su tiempo con los últimos puntos.
—Fue muy fácil. —Su rostro se ensombreció—. Y creía que tendértela a ti sería igual de fácil, pero no.
—¿Por qué no? —quiso saber Bella.
—Tenía miedo de que la policía no descubriera las pistas importantes y he tenido que dejar demasiadas.
—Lo has hecho muy bien —musitó Bella, siguiéndole la corriente.
—Sí —respondió Ángela complacida—. Tenderte la trampa del viejo ha sido pan comido.
Bella apretó los dientes. También eso había sido cosa de Ángela.
—Me lo tragué.
—La gran psiquiatra. Pues no eres mejor que los demás; solamente ves lo que quieres ver. —Ángela flexionó los dedos—. Tú sí que lo has hecho bien, y por eso el viejo va a morir ahora mismo.
Bella sabía que era entonces o nunca. Se sacó la navaja de su padre de la cinturilla y, mientras Ángela examinaba los puntos, la clavó con fuerza en su brazo sano. Con un chillido penetrante, Ángela desvió la pistola hacia arriba y entonces Bella le hizo lo mismo que a Clayborn. Ángela gritó y la sangre empezó a brotar a chorro de su nariz. Bella se abalanzó sobre ella y la estampó contra una pared. Los botes de los estantes se agitaron y Ángela se quedó aturdida unos instantes.
Con una mano Bella le arrebató la pistola y con la otra serró las cuerdas que le sujetaban los tobillos. Se plantó delante de Ángela, pistola en mano, y Ángela la miró con desdén.
—No te atreverás.
Bella sabía que Ángela tenía razón. La chica había sido su mejor amiga, pero durante todo aquel tiempo los sentimientos no habían sido recíprocos. Aun así, no se veía apretando el gatillo y quitándole la vida. La chica a quien había querido como a una hermana era una enferma mental. Había absuelto a Harold Green. ¿Acaso no merecía Ángela el mismo trato?
—No quiero matarte, Ángela, pero si tengo que hacerlo, lo haré. Levántate y no toques a mi padre o te juro que te mataré.
Ángela se puso en pie.
—Esto es un cuchitril, Bella. Seguro que te falta aire.
Bella apretó los dientes.
—No me está yendo nada mal a pesar del pánico. —Y, para su sorpresa, era cierto—. Ahora, muévete. Apártate de mi padre. —
Ángela se desplazó unos centímetros hacia la puerta, con la mirada vigilante. Bella sabía que la chica estaba esperando a que pestañeara—. Ya está bien. Papá, no puedo quitarle ojo de encima para desatarte.
—No te preocupes, Bella. —Estaba muy débil—. Ve a buscar ayuda.
—Muévete, Ángela. Vamos a llamar por teléfono, pero esta vez hablaré yo.
... ... ...
Viernes, 17 de marzo, 20.20 horas.
Edward, McCarty y Denali se quedaron mirando las fotos que Rick había esparcido sobre la mesa.
—Las pistas que faltan en el CD se corresponden con las franjas que faltan en la imagen —explicó Rick.
—¿Fotos? —preguntó Edward—. Pensaba que era un CD de audio.
—Ah. —Rick sacudió la cabeza para aclararla—. Me he pasado demasiado rato pendiente de esto. He encontrado un archivo de audio pero está fragmentado, como si durante una conversación por el móvil se perdiera de vez en cuando la cobertura. De todos modos, es suficiente para descubrir a Poston; eso está claro.
Mientras trataba de recuperar los fragmentos de la conversación, he encontrado algunos archivos de imagen, muy ocultos. Ángela debe de haber intentado borrar el CD con el Government Wipe. Con eso los datos solo desaparecen si se borran siete veces y aun así se sabe que han estado grabados. A ver si le encontráis el sentido a la imagen.
En la foto aparecía una pared, con cuadros. Eran dibujos a pluma de una playa. Edward los había visto y el corazón le dio un vuelco.
—Es el salón de casa de Bella.
McCarty tomó una de las fotografías.
—Bromeas, ¿no?
Edward levantó la cabeza para mirarlo.
—Ha hecho lo mismo con Bella que con Black. La fotografía ha sido tomada desde fuera. Allí es donde ella actúa.
McCarty asintió, excitado.
—En el edificio de enfrente. Pero hay veinte pisos que dan a la calle. ¿Podrías saber cuál es a partir del ángulo de la foto?
—Es posible —dijo Rick—. La resolución no es nada buena, pero puedo intentarlo.
Denali dio un golpe en la mesa para captar su atención.
—Necesitamos saber seguro qué piso es para conseguir una orden de registro. No me sirven las conjeturas.
Edward llamó por teléfono.
—Lori, ¿tienes ya la lista de inmuebles que son propiedad de Deering?
Al cabo de dos minutos Lori aparecía con el listado y Edward lo repasó de arriba abajo.
—Hay veinte pisos, pero solo uno queda enfrente del de Bella. Vamos.
... ... ...
Viernes, 17 de marzo, 20.45 horas.
—Detente —ordenó Bella, y Ángela la obedeció con una sonrisa burlona en el rostro.
—¿Y si no lo hago?
Bella disparó el arma y una bala pasó casi rozando la cabeza de Ángela.
—Te pegaré un tiro.
El rostro de Ángela enrojeció.
—Eres una bruja, siempre lo has tenido todo.
—Y ahora tendré el placer de verte en la cárcel, adónde tú querías mandarme.
—Y te habría mandado de no ser por los putos policías.
—Pareces uno de los malos de Scooby-Doo —dijo Bella, y el ceño de Ángela se acentuó—. Demasiado cine clásico. —Miró alrededor, pero para su desgracia no vio ningún teléfono.
—No hay ningún teléfono —dijo Ángela con suficiencia—. Solo hay internet. ¿Y ahora qué?
—Ven conmigo. Llamaremos a unas cuantas puertas, seguro que algún vecino tiene teléfono. —Hizo una señal a Ángela para que siguiera avanzando hacia la puerta—. En marcha.
Pero Ángela la atacó. Bella retrocedió y se quedó atrapada contra el cristal de la puerta del patio y Ángela le arrebató la pistola. Sangrando y magullada, Ángela apuntó a Bella en el corazón.
—Ahora muévete tú. Sal a la terraza. Cerraré el círculo con tu padre, y también contigo. Todo esto empezó cuando tu paciente se tiró por el balcón. Ahora en los titulares también saldrás tú. Abre la puerta.
—No. —Bella sabía que en el momento en que saliera a la terraza estaba muerta.
Ángela quitó el cierre de seguridad y abrió la puerta, y el frío aire nocturno se coló por ella. Con una mano agarró a Bella por el pelo y con la otra apretó la pistola contra su sien.
—He dicho que te muevas. Muévete ya. —Arrastró a Bella hasta la terraza y le empujó hasta que quedó inclinada sobre la barandilla. Bella gritó al notar la culata de la pistola contra la región lumbar. Instintivamente, se adelantó para evitar el dolor y perdió el equilibrio. Ángela aprovechó para empujarle.
Y Bella cayó.
Es cortito.. lo sé, pero era necesario porque si no hubiese quedado demasiado largo!
Solo queda un cap y el epílogo!
Besos! Cata...
