Una profecía de los cielos

DracoDormiens Nunquam Titillandus

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2.- Ángeles

La llegada anunciada será negada pero jamás escondida.(Ángel Gabriel).

Siglo XX

Londres, jueves 07 de agosto de 1997

9:00 a.m.

Hermione se encontraba sentada en el comedor de su casa desayunando, esperaba a que sus padres bajaran a hacer lo mismo. Mientras tanto, pensaba y jugaba con su plato de cereal, viendo un punto indefinido por la ventana.

Cuando recién había llegado a su casa, sus padres le propusieron una idea maravillosa, le dijeron que si deseaba podía ir a pasar las vacaciones a la casa de campo que tenían y que se encontraba a las afueras de Londres. Ese lugar era bellísimo, y era cierto que hacía mucho tiempo que no lo visitaban, sonrió con cierta tristeza al recordar la razón.

- Hermione, hija, buenos días... ¿Ya has decidido que hacer en estas vacaciones? - preguntó su madre cruzando la puerta del comedor sacándola de sus pensamientos.

- Supongo que sí, creo que me haría bien un poco de calor y buen tiempo - Contestó la castaña con una sonrisita recordando el clima templado con el que había convivido los últimos meses - Además ya me tocaba a mí invitar a mis amigos a pasar las vacaciones con nosotros.

- Si, supongo que tienes razón, la verdad es que sólo conozco a tus amigos de vista, y eso sólo de vez en cuando.

- Mamá, por Dios, si te los presenté cuando fuimos a comprar mis cosas en mi segundo año.

- Oh, sí, creo que tienes razón... - La señora Granger hizo una extraña mueca y miró a su hija. - Pero eso no cuenta, tenían 12 años. - Alegó sentándose en a la mesa y sirviéndose un café.

Hermione rodó los ojos medio desesperada.

- Sí, pero ya los conocerás, verás que te caen de maravilla.

- Me parece bien y ¿Cuándo los piensas invitar? Supongo que quieren aprovechar los días que quedan de vacaciones, te recomiendo que lo hagas de inmediato.

- Creo que tienes razón, estaba pensando en mandarle una carta a Ron y Ginny, estoy segura de que los gemelos no podrán ir por su trabajo... Y bueno, Harry, yo quería darle una sorpresa y pasar por él a su casa.

- También podrías pasar por tus otros amigos, así tu padre y yo nos iríamos desde esta tarde para preparar la casa y supervisar todo, ustedes podrían llegar el fin de semana, al fin y al cabo que tú ya tienes licencia y podrás utilizar tu automóvil.

Hermione se llevó una mano al mentón en pose pensativa, para luego asentir con la cabeza.

Y es que en su cumpleaños pasado sus padres le habían regalado un automóvil, pero le habían dicho que no lo podría usar hasta sacar su licencia, y cuando estuvo en Canadá había tomado unas clases de manejo a petición de una de sus amigas, y lo había conseguido. Aún recordaba lo feliz que se había puesto cuando le entregaron su credencial de conductora oficial. Sonrió feliz y volvió a concentrarse en su madre y su recién llegado padre.

- Entonces por fin probarás tu auto ¿Eh?, bueno, no está muy lejos la casa, así que creo que está bien... - Le dijo su padre sentándose a un lado de ella.

- Perfecto. Todo está arreglado, iré a escribirle a Ron, para decirle que iré a su casa el viernes por la tarde y que si yo y Harry podemos pasar la noche allá. Así podremos salir el sábado temprano... Espero que no tengan nada planeado y que no piensen que es algo apresurado. - Tomó un pedazo de pan y salió corriendo a su habitación. - Creo que tendré que escribirle a Dumbledore para pedirle permiso... - susurró para sí misma.

Los señores Granger se sonrieron y siguieron conversando sobre los planes de su hija.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- ¡Mamá! Ha llegado nuestra salvación... digo... ¡Ha llegado una carta de Hermione!

- ¿A si? ¿Y qué dice Ron? ¿Cómo esta? Por cierto, deja de gritar.

- Sí, lo siento. Bueno ¡Pero no lo vas a creer! Llegó a Londres ayer por la tarde, la muy insensible no nos avisó, no puedo creerlo, nos dejó a un lado, seguro ya se había olvidado de nosotros. - dijo Ron con fingido enfado entrecerrando los ojos.

- Hay Ron, no seas tan melodramático, seguro se le pasó. - Le reprochó su madre mientras picaba unas verduras en la cocina.

- Sí bueno. - dijo el pelirrojo recobrando la compostura. - El punto es que nos invitó a mí y a Ginny a pasar estas tres semanas que quedan de vacaciones a la casa de campo que tienen sus padres.

- Pero Ron, se supone que vamos a ir a visitar a la tía Tesy. - Dijo su madre mirándolo duramente.

- Mamá, por favor, yo y mi hermana la podemos visitar luego, es nuestro último verano antes de entrar a Hogwarts, además va a ir también Harry. - Le suplicó el menor de los Weasley.

- Bueno, si es así, pues pueden ir, además ya le hacía falta a Harry salir... Con eso de que Dumbledore le dijo que se tenía que quedar encerrado con sus tíos hasta empezar las clases, lo perturbo mucho... Pero espero que lo deje ir con Hermione para que se distraiga un rato.

- Yo también lo espero. Hermione me dijo que ya le había escrito y que estaba esperando su respuesta. Bueno, gracias mamá, iré a decirle a Ginny. - Con eso salió corriendo, casi saltando de alegría.

- ¡Hey, Ron, espera! ¿Cuándo se van? - Gritó su madre antes de que el pelirrojo subiera las escaleras.

- Ah, cierto, lo olvidé, dijo que vendría pasado mañana por la noche... creo... - Revisó el pergamino que ya estaba arrugado en su mano y luego de unos segundos se volvió a su madre. – Sí, el viernes y además me preguntó que si se podían quedar ella y Harry esa noche, para que partiéramos en la mañana del sábado.

- Está bien, así podré saludarla y de paso a Harry. ¡Oye Ron! ¡¿Cómo se van a ir?! - Le gritó su madre a un Ron que ya estaba por llegar a su habitación.

- ¡No lo sé, no lo mencionó! – Dijo y desapareció por el rellano de la puerta de su habitación.

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Hermione estaba arreglándose en su habitación, se veía en el espejo muy atentamente. Sus amigos se llevarían una gran sorpresa al verla, había cambiado mucho físicamente. Ahora tenía su cabello bien definido en pequeños rizos bien acomodados, su cuerpo el de una chica de 17 años, delgada y muy bonita, no se maquillaba demasiado pues a su gusto se veía bien al natural. Lo único que no le gustaba era que no había crecido demasiado, se sentía muy enanita a lado de sus amigos.

- ¿O será que Harry y Ron tienen genes de gigante? - Se dijo a sí misma mientras bajaba las escaleras, rió un poco antes de llegar al salón donde estaban sus padres.

- Papá, mamá, voy a salir, iré hacer unas compras a la plaza que está aquí cerca - Les dijo tomando sus llaves de una mesita.

- ¿Y qué vas a comprar, Jane?

- Ropa, papá.

- ¿Ropa? - Preguntó su padre extrañado.

- Sí, bueno, aunque no me guste mucho ir de compras... - Hizo una mueca extraña. - Tengo que conseguir ropa de verano, la mayoría que tengo en este momento es de invierno y no me gustaría andar en pleno sol con una bufanda, con eso de que me fui a Canadá y no había más que nieve...

Sus padres soltaron una risita y divertidos le dijeron que se marchara y que lo mejor era que comiera fuera. Así solo la esperarían para despedirse de ella y después podrían marcharse a la casa de campo para preparar todo.

Antes de poder salir, en la ventana de su casa picoteó animada una pequeña lechuza gris que tenía atada a su pata una carta. La castaña fue a abrirle y cuando el pequeño animal entró, voló como loca por toda su sala, sus padres la veían extrañados y la castaña con un hábil saltito agarró a la pequeña lechuza por las patitas y le quitó la carta antes de que decidiera volver a huir.

- ¡Pig!

La castaña tomó un pedacito de pan y se lo dio como premio a la diminuta criatura. Ella, gustosa por el regalo, lo aceptó para luego salir volando de nuevo hacia fuera y regresar a casa.

La chica la observó alejarse y sonrió divertida al verla volar en zigzag. Tomó la carta y la abrió, sonrió mientras la leía.

Querida Hermione:

Eres una total desconsiderada, como es posible que ¡Tú! Nuestra amiga, no nos hubiera dicho que regresaba tan pronto de su dichoso viaje, y nosotros pensando que te ibas a quedar el último año a estudiar allá, ¿puedes creer que la profesora McGonagall no nos quisiera decir nada? Bueno, pero espero que me hayas traído algo por lo menos, así al menos puede que te perdone.

Y ya hablando de la invitación, nos has salvado a mí y a mi hermana de unas terribles dos semanas con la tía Tesy, esa señora es un poco efusiva, muchas veces he dudado de su salud mental. No le he dicho nada a Ginny porque no la encuentro, así que yo pienso que de todos modos te mandaría saludos. La buscaré, no creo que se oponga, de hecho creo que buscaba escapatoria o un escondite para no ir con mi tía.

Bueno, te esperamos entonces el viernes en la tarde, por cierto mi madre ha dicho que no hay problema en que se queden a dormir, y así salir el sábado en la mañana.

Te mandan saludos los gemelos y lamentan no poder verte cuando vengas.

P.D.- Espero que hayas convencido a Dumbledore de que te de el permiso para Harry.

Muchos saludos

Ron Weasley.

La castaña divertida por la carta de su amigo, salió feliz de su casa, por lo menos a Ron le había gustado la idea. Ahora sólo esperaba el permiso de Dumbledore para poder llevar a Harry.

Se dirigió a su auto, un precioso Volkswagen beetle azul cielo, se subió y emprendió el camino para llegar lo antes posible a la plaza. Mientras tanto, en el camino pensaría todo lo que podrían hacer en el campo, sonrió de tan sólo imaginarlo.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- ¡Ginny! ¡¿Dónde estas?! ¡No me voy a pasar todo el día buscándote, tengo mejores cosas que hacer!

El pelirrojo salió de su casa en dirección a un árbol cercano en donde solían descansar unos cuantos gnomos y que de una rama colgaba una soga, que tenía atada una vieja llanta de auto, a forma de columpio.

- ¡¡¡Ginnyyyy!!! – Exclamó ofuscado.

- Shhh, Ron, deja de gritar como loco. - Susurró una voz, Ron dio un leve respingo y se volteó asustado.

- ¿Gin? - Volteó en todas direcciones buscando a su pequeña hermana, pero no encontró nada. - Ahora no me lo creo, me estoy volviendo loco, escucho voces... - Se dijo temeroso.

- No seas sonso Ron, estoy acá arriba. - El pelirrojo dirigió su mirada hacia arriba encontrándose a su hermana sentada en la rama del árbol. - ¿Para qué me buscabas?

- Ahh... - Suspiró aliviado - Bueno lo que pasa es que... ¿Gin que haces allí arriba y así? - Preguntó al percatarse del estado en que estaba su hermanita, tenía toda la cara pintada de verde con manchitas negras y su ropa era completamente café, parecía como si se hubiera revolcado en lodo.

- A, bueno, esto - Dijo la pelirroja mirándose la ropa - lo que pasa es que tú sabes que odio ir con la tía Tesy, y bueno intentaba esconderme en unos arbustos, ya sabes con eso del camuflaje muggle para evadir a mamá... - Sonrió ante sus propias palabras. - Sólo estaba probando, pero entonces unos gnomos me atacaron por la espalda y salí corriendo y me subí al árbol, quién sabe cómo, por cierto... – Murmuró llevándose una mano al mentón. - Y pues ya no supe como bajarme. - Explicó con total naturalidad.

- Ahh, pues bueno - Comentó Ron extrañado y levantó una ceja. - Sólo venía a avisarte que Hermione ya regresó y que nos invitó a su casa. Además vendrá el viernes para recogernos, así que no tendremos que ir a ese viaje a visitar a la tía Tesy... - Resumió su hermano feliz y con una sonrisa radiante.

- ¡¡AHHHH!! ¡No puedo creerlo! ¡Soy completamente feliz! ¡Hermione regresó! ¡Además nos salvó de las garras de esa vieja loca! - Exclamó Ginny prácticamente aventándose encima de su hermano, quien cayó de espaldas por el golpe y el susto causado por la efusividad de su hermana.

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La castaña caminaba en los pasillos de la plaza que a esa hora estaba repleta de personas, tenía en sus manos seis bolsas de diferentes tiendas. Al caminar sentía los empujones de la gente que pasaba y en sus pies las punzadas de cansancio ya eran bastante molestas, en su rostro se reflejaba un claro agotamiento por estar en ese lugar tanto tiempo.

Buscó con la mirada una banca para sentarse y en cuanto la divisó fue casi corriendo a ella. No podía creer como es que las chicas de su edad, a quienes les encantaba ir de compras, pudieran soportar el cansancio de los pies. Además, cada vez que entraba a una nueva tienda, siempre tenía que haber un encargado que la estuviera mareando de tanto que le ofrecían cada tipo de ropa, gracias a eso, había tardado más de la cuenta en la plaza y aún no había comido. Ya estaba un poco entrada la tarde y tal vez no podría llegar a despedirse de sus padres.

Ya un poco descansada decidió levantarse y dirigirse a casa, tal vez podría pedir algo para que se lo llevasen ahí y comer allá tranquilamente.

Cuando hubo salido de esa abarrotada plaza, se dirigió al estacionamiento en busca de su automóvil. Llegó hasta él con expresión cansada, metió sus cosas en el asiento trasero para luego acomodarse en el suyo propio y encaminarse a casa.

OoOoO

Llevaba a lo menos una media hora de camino y es que la plaza a la cual había ido se encontraba bastante alejada, por eso el hecho de que sus padres le dijeran que comiera fuera.

Como ya estaba algo entrada la tarde y estaba oscureciendo, tal vez ya no llegaría a tiempo a su casa. Sin duda era lo más probable, sus padres no viajarían tan tarde.

Maldijo mentalmente a la estúpida plaza, a las condenadas tiendas y sus empleados tan asfixiantes. Y ¡Sí! lo que le faltaba, el maldito tráfico también estaba en su contra, y es que cuando llegaba a un semáforo tenía que hacer una fila de demasiados autos y cuando se ponía el verde ¡Ella no pasaba!, se le ponía el rojo y tenía que volver a esperar varios minutos para que el dichoso artefacto tricolor se dignara a cambiar al verde para ella.

Ya muy frustrada decidió cambiar de ruta, se metió por una zona habitada donde no hubiera más de esos malditos semáforos que habían hecho complot en su contra.

Siguió su camino ya un poco mas tranquila, las lámparas se habían encendido indicando que la noche había llegado y ella ahogó un grito de frustración.

Faltaba poco para llegar a su casa cuando de repente un sonido infernal la asustó sacándola abruptamente de sus discusiones mentales. Bueno, la verdad es que sólo fue un sonidito que salía de su móvil y que indicaba que tenía una llamada ¡Pero estaba frustrada! Y el que la asustaran no le ayudaba en nada.

- ¿Bueno? - Preguntó en cuanto logró encontrar su teléfono entre sus cosas.

- Hermione, hija, ¿Dónde estas?

- Estoy a 15 minutos de casa mamá, se me complicó la estancia en la plaza esa, además hay un tráfico de los mil demonios... - Expresó fastidiada. Su madre soltó una risita juguetona.

- No te preocupes, sólo te hablo para que sepas que tu padre y yo estamos por llegar a la casa de campo, te estuvimos llamando pero no contestabas, así que decidimos marcharnos.

- Bueno supongo que los veré hasta el fin de semana entonces, siento no haber llegado. - Dijo algo angustiada y reprendiéndose mentalmente.

- Está bien, no pasa nada, tu padre te manda saludos y dice que te cuides al manejar hacía acá, nos veremos entonces el sábado hija, adiós.

- Adiós mamá. - Respondió suspirando y colgó.

Ahora que no tenía prisa en llegar decidió pasar a comprar algo de comer, pues su estómago pedía a gritos algo que le llenará. Dio vuelta en una esquina, cuando de repente, una sombra se interpuso en su camino haciéndola virar brusca y repentinamente.

Cuando se detuvo, pensó en salir y gritarle, pero el verlo ahí parado como si nada, le llamó demasiado la atención. Salió del automóvil sigilosamente, observando atentamente que aquella extraña persona ni siquiera se había movido con el movimiento brusco del automóvil, a pesar de haber estado a punto de ser atropellado.

No lo identificaba muy bien a causa de la oscuridad de la noche, lo único que distinguía a la perfección era que aquella persona era hombre, que vestía con extrañas ropas, y todo blanco, ni siquiera la miraba.

De repente y con un movimiento tan lento y escalofriante que casi le provoca un paro cardiaco, la persona movió la cabeza y la miró intensamente, la castaña tuvo un escalofrío al sentir su mirada azul-grisácea sobre ella, la cual desprendía un brillo algo aterrador. Automáticamente, Hermione se llevó una mano a la bolsa de su chaqueta, donde se encontraba escondida su varita.

- ¿Hermione Granger?- Habló aquella voz, fría, inexpresiva.

- ¿Co-cómo sa-sabes mi no-nombre?- Tartamudeó retrocediendo.

El desconocido la miró durante unos segundos para luego sonreír con macabra soberbia.

- En primera porque eres un poco famosa... La mejor amiga de Harry Potter, además de la mejor estudiante de Hogwarts. - Ante la mención de su mejor amigo y su escuela, la chica lo miró asustada y ya totalmente decidida sacó su varita apuntándolo ¡Era un maldito mortifago!

- ¿Qué es lo que quieres? - Preguntó amenazadoramente y un poco más segura, pues la persona que estaba enfrente de ella... "Que estaba segura, era un mortifago" no tenía su varita a la mano.

- Estamos de malas ¿eh?, no te voy hacer nada si eso es lo que crees... - El chico, ¡Por qué sí! Estaba joven y tenía como su edad, enarcó una ceja examinándola. - Eres muy salvaje...

La castaña dio un respingo ofendida ante aquel comentario y frunció el ceño.

- ¿Perdón? - la chica sacudió la cabeza y agregó - ¡Te hice una pregunta, contesta!

- Te vengo siguiendo desde hace ya varias horas y tú ni enterada ¡Eres despistada también! - Exclamó el muchacho acercándose - Salvaje y despistada, no pudieron asignarme algo mas... ¿Normal? para proteger. - Murmuró para sí mismo.

- ¿Qué? Oye, no te pases y contéstame ¿Quién eres y qué quieres? Y no te me acerques tanto. - le dijo temerosa y apuntándolo decididamente.

- Ya te dije que no te voy hacer nada, sólo quiero hablar contigo ¡Baja esa cosa, niña! - Respondió un poco fastidiado mirando como la castaña aún lo apuntaba con... ese pedazo de madera inservible – Y si tanto te interesa, mi nombre es Kalyo Hellsing.- Replicó con voz fría.

- ¿Hablar de qué? - La verdad y aunque no lo iba a aceptar delante de él, tenía razón en decirle que saber su nombre no le servía de nada.

- De ti, mmm... de mí y de otras cosas... ¿Pero sabes? No me gusta hablar en medio de la calle de algo tan importante, mejor vayamos a tu casa... - Sonrió y entonces, acercándose más, la tomó del brazo con una mano y con la otra guardó su varita en la chaqueta de ella nuevamente. La condujo hasta su automóvil y la dejó parada frente a la puerta, luego él se sentó con toda la normalidad del mundo en el lugar del copiloto esperando a que ella entrara.

Hasta ese momento la castaña se había quedado completamente paralizada, pero al ver el movimiento repentino de aquel joven reaccionó algo confundida. Parecía que después de todo no era un mortifago como ella pensaba. Se metió en su automóvil con un portazo y dirigiéndose al castaño le habló fuerte y serio.

- Mira... No tengo la más mínima idea de qué es lo que quieres hablar conmigo, pero analizando que sabes acerca de mí... identidad como bruja, dejaré que vengas conmigo. Pero quiero dejarte clara una cosa, si intentas algo en contra mía, lo pagarás caro. Te voy a estar vigilando, Kalyo. - Ella pronunció tan segura su nombre que el joven no pudo más que sorprenderse, esa humana sí que prestaba atención, tal vez no era del todo despistada.

- ¿Es eso una amenaza, niña? - Claro que él nunca se lo diría.

- Si lo pones así, pues sí, es una amenaza. Y Deja de llamarme niña, tengo un nombre. Ahora dime... ¿Eres mago? ¿Verdad? - Preguntó un poco más calmada mientras encendía el motor.

- No exactamente. - Ella lo miró extrañada. - A decir verdad tengo magia, pero no de la que tú posees.

- ¿Y no eres mago?- El chico negó con la cabeza con una mueca que denotaba lo aburrida que le resultaba la conversación. - ¿Entonces?

- ¿Entonces que? – Enarcó una ceja y la miró burlonamente.

- ¡¿Entonces que eres, imbécil?! - Exclamó la castaña ya comenzando a enfadarse. Mientras tanto, el chico sonrió de lado, esa niña podría no ser despistada, de hecho era muy inteligente, pero lo salvaje nadie se lo quitaba.

- Sin llegar a las agresiones ¿Quieres? - La castaña sólo gruñó enojada y el chico amplió su sonrisa. - No deberías confiar tanto en la gente, mira que subir a un desconocido a tu automóvil... - Hermione lo miró echando chispas por los ojos. Lo hubiera golpeado de no ser porque el aura desprendida del cuerpo de ese... muchacho, era desconcertantemente atrayente.

- No has contestado a mi pregunta ¿Qué se supone que eres?

El castaño cambió su expresión de repente y se puso serio.

- Cuando lleguemos te digo lo que quieras saber, por ahora concéntrate en llegar. - Le dijo retomando su voz fría y siniestra.

El camino se hizo silencioso, ni siquiera sabía por qué había dejado que aquel extraño subiera a su automóvil... ¿Y si era una trampa? Menos mal que sus padres ya se habían marchado de su casa.

De vez en cuando, lo miraba de reojo analizando su expresión, analizándolo a él, pero éste parecía como pensativo y lo que más le molestaba era su expresión que no demostraba nada.

- Deja de mirarme. - Susurró de repente, asustándola con la voz fría y casi hipnótica que poseía.- No me gusta que me analicen tanto, ya te dije que responderé a lo necesario cuando lleguemos a tu casa. - El castaño ni siquiera la miró. La castaña se sonrojó levemente ante el hecho de ser descubierta e intentó concentrarse en el camino, lo cual funcionó, ya que después de cinco minutos de trayectoria ya habían llegado.

Entraron a la casa y Hermione le ofreció sentarse en los sillones de la sala. El joven se negó y se acercó a la ventana contemplando con un rostro inexpresivo el frío clima que se apreciaba a través del vidrio.

Por unos instantes, la chica observó la espalda de su acompañante, estaban sumidos en un silencio total, uno bastante incómodo para ella. No sabía como romper aquella pausa silenciosa, y cuando estaba a punto de hacerlo un picoteo en la ventana la distrajo.

- ¿Una lechuza? ¿De quién será? - Comentó para sí algo extrañada, pasó de largo de donde se encontraba Kalyo, y abrió la ventana dejándole acceso a la lechuza para que ésta pudiera pasar.

El chico la miraba intensamente, la vio abrir entusiasmada la carta, como olvidándose de su presencia. Pasaron un par de minutos así, cuando de repente, Hermione soltó un gritito de júbilo y empezó a dar saltitos de emoción por la sala de estar.

- ¿Quieres dejar de hacer eso, Hermione? Me mareas - Comentó el castaño molesto. No comprendía por qué algunas personas demostraran tan abiertamente sus emociones, y de una forma tan... tonta.

La castaña lo miró un poco sonrojada y asombrada de cómo ese desconocido, bueno más o menos ya que sabía su nombre, se atreviera si quiera a llamarla por su nombre... ¡La había tuteado sin conocerla!

- Si bueno, es que me emocioné - Guardó silencio por un momento y aprovechando la vuelta de palabras entre ellos se atrevió a preguntar. - ¿Quién eres?

- Ya te lo dije... Me llamo Kalyo Hellsing.

- Si lo mencionaste, pero... ¿Qué es exactamente lo que eres, qué quieres de mí? – le preguntó intrigada mientras dejaba la carta en una mesita que estaba en la sala.

Kalyo volvió a mirarla de esa manera tan intensa, como estudiándola, examinando cada gesto y comportamiento que pudiese hacer en esos momentos. Se cruzó de brazos y se recargó contra la pared a un lado de la ventana. Dejó de mirarla y posó sus ojos en la luna, que en ese momento estaba llena y brillante.

En esos momentos, así como estaba de lado, Hermione pudo estudiarlo mejor... el brillo de la luna reflejaba mejor su figura, no había notado todo lo que traía puesto. Ya sabía ella que eran ropas extrañas hasta para un mago, pero no se había percatado de las marcas que estaban en la vestimenta, la cara del lobo que tenía grabada en uno de sus hombro se le hacía tan familiar, pero no recordaba de dónde. Además, y probablemente lo que más le sorprendía, era el hecho de que tenía una espada colgando de su cintura como si fuera una especie de guerrero. Y como bien dijo, no era mago pues no tenía varita. ¿Quién era exactamente Kalyo Hellsing?

Todo estaba sucediendo muy rápido y su mente estaba completamente confundida.

Tras un breve silencio en el cual los dos muchachos se enfrascaron en un mar de pensamientos, el castaño decidió que era hora de, por lo menos, contar parte de la historia.

- Hace bastante tiempo, en los siglos V y VI, en la edad media para ser exactos... Empezaron a hacerse comentarios acerca de unas extrañas apariciones que rondaban los pueblos en el momento de las guerras que abundaban por esos tiempos. Mucha gente solía decir que eran espíritus, que venían en venganza por las muertes tan sanguinarias que tuvieron. La culpa fue de la gente que corrió el rumor de la apariencia de esos seres, pues mencionaron que emanaban un bello resplandor blanco, como si fuera algo sagrado, celestial e incluso con tanta belleza que su apariencia podía ser aterradora y siniestra.

Muchas personas nunca creyeron en eso, e incluso hubo un tiempo en el cual los mismos reyes mandaban matar a los que blasfemaban en contra de todo lo espiritual, tachándolos como traidores por la sarta de mentiras que decían.

Pero lo que nadie sabía era que la gente no estaba tan equivocada, porque era verdad que espíritus no eran, pero seres celestiales sí.

- Eso lo leí en un libro de Historia Antigua. - Susurró Hermione. No entendía a lo que quería llegar el joven, pero este relato llamó mucho su atención.

- Esos seres espirituales como los llamaban ellos, estaban a cargo de un alineamiento entre el mundo terrestre y el sagrado, Estaban encargados de crear un equilibrio para la seguridad de los humanos, y estaban ahí evitando el desastre de sus enemigos.

Pero desgraciadamente para ellos, no lo consiguieron. Y como consecuencia de sus actos, la guerra y el desastre reinó, no sólo en la tierra, sino también en su mundo. Las guerras en la tierra incrementaron y el odio entre las personas se intensificó de tal manera que un caos profundo se hizo presente. Dolor y sufrimiento albergó a este planeta y desdicha en el de esos seres espirituales. Magos y brujas intervinieron ante tal desastre por temor al agravamiento.

Y fue en ese momento que la identidad de esos seres se hizo presente.

Kalyo guardó silencio y observó a la castaña atentamente. Hermione le regresó la mirada animándolo a continuar, ahora estaba más confundida, pero quería escuchar más, quería saber más, quería comprender sus palabras. Y lo más importante... ¿Qué tenía que ver todo esto con ella?

- Ángeles. - Hermione lo miró asombrada, con la boca entreabierta ¡Lo recordaba! - Esos seres poderosos, invadidos de magia poderosa, de magia sagrada, de positivismo, con un aura purificada, perfeccionismo en todo sentido. Ellos, los ángeles, confiando más en el juicio y comprensión de los magos ante los sobrenatural e ilógico, confiaron en ellos, revelándoles su misión secreta.

- Fue en ese momento de la historia de la magia, que los ángeles realmente existieron, al igual que... que los demonios y fue en esa época que se hizo un pacto con ellos... - continuó Hermione ahora más sorprendida, eso quería decir, significaba que... es decir ¿él?...

- Sí, tienes razón... – Dijo y no pudo evitar el sorprenderse por unos segundos.

El pacto que hicieron con ellos fue que si los magos conseguían restaurar la paz entre los humanos, aquellos seres sagrados volverían en una situación crítica para brindarles ayuda realmente necesaria y los magos, dispuestos a enmendar el error de los ángeles, aceptaron la oferta. Así la humanidad comprendió que aunque eran seres perfeccionistas, no podían contra algo que no estaba en sus manos cambiar.

Pero no sólo lo dejaron así Hermione, esos Ángeles fueron desconocidos, nadie sabía acerca de su identidad, ni los propios magos, porque nunca dijeron sus nombres.

Y para sellar el pacto, lo escribieron, en una roca terrestre, prediciendo un futuro incierto para magos y brujas, ese pequeño artefacto se perdió en el mar, prometiendo que aparecería en las manos del verdadero elegido cuando llegara el momento.

Porque es lo que decía aquella predicción, que sólo uno podría hacer aquel equilibrio, que sólo él podría dirigir al ejército para la verdadera guerra, y que él era el único portador del verdadero poder. Y todo eso fue, durante años, una simple leyenda. Llamada entre ángeles como una profecía, escrita por el mismísimo oráculo, Una Profecía de los Cielos.

- ¿Tú...?

- Sí... yo soy un ángel. Un arcángel, el elegido.

OoOoO

La castaña de intensos ojos miel y de expresión ausente, se encontraba en la cocina de su casa, comiendo de un recipiente de comida china un poco de arroz, verduras y carne roja.

A unos cuantos metros de ella, se encontraba de pie, recargado contra la pared, un joven de no mucho más de 18 años, observando a la chica detenidamente. Tras su entretenida charla, la chica alegó que tanta información la estaba confundiendo, no porque no la entendiera, sino que no podía comprender que es lo qué tenía que ver con ella. Así que le dijo al chico que pediría comida, porque su cuerpo se lo pedía a gritos, y si no lo hacía rápido menos procesaría información nueva.

Tras otros momentos de silencio, la castaña hizo a un lado su recipiente de comida y aún sentada en la silla, miró los ojos plateados del chico y le habló.

- Estaba realmente buena... ¿Seguro que no quieres?- El ángel negó imperceptiblemente con la cabeza. – Bueno Mhmm... Retomando la conversación que teníamos...

- ¿Qué es lo que quieres saber? Aún no puedo responder a todas tus dudas, pero si me haces preguntas intentaré responderlas.

- ¿Exactamente cuántos años tienes? - Era tonto, pero tenía demasiada curiosidad por saber y la incertidumbre de tener a un ángel legitimo en su sala la desubicaba.

- Siglos, pero los ángeles somos perfectos, hermosos y únicos, por lo cual siempre lucimos jóvenes, aunque entre nosotros sí se diferencía quien es el mas viejo, de hecho hay niños. Y en cuanto a mi, yo aún soy joven, aquí en tu mundo tengo la apariencia de un chico de 18 años o algo así.

"En tu mundo" eso sonaba muy extraño.

- Simple curiosidad.- Respondió la castaña ante la mirada del ángel. - Antes mencionaste que eras un ¿Arcángel? ¿Qué es eso?

- Los Arcángeles o ángeles súper lumínicos son los que manifiestan el liderazgo de Dios. Ellos se ocupan de las zonas más amplias de la experiencia humana. Es como un rango más alto que el de los ángeles, tenemos más poderes y más obligaciones, nos ocupamos de transmitir fuerza y entrenar al ejército de ángeles, y más que nada somos guerreros, encargados de destruir a los demonios. Un claro ejemplo son los cuatro arcángeles más importantes, en tu mundo conocidos como Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel. De los cuales uno fue mi padre y otro mi hermano.- Le contestó como un autómata, su voz parecía aburrida y arrastraba las palabras de una manera egocéntrica.

- Sí... Creo haber leído algo así, pero dime ¿Quién es tu padre y tu hermano? - Preguntó más que curiosa.

El castaño sonrió ante tanta atención y decidió relatar un poco más.

- Gabriel fue mi Padre y Miguel mi hermano, como te dije antes, esos son los nombres como son conocidos aquí, en tu mundo. Ambos han muerto ya, mi padre ha sido traicionado hace 20 años y muerto en la guerra de los 7 infiernos y a mi hermano lo mataron en la guerra de centauro, hace 5 años. - Respondió sin una pizca de sentimiento. No supo por qué le dijo eso pero pareció no importarle.

- Lo siento... – Respondió la castaña avergonzada.

- Tú no tienes la culpa. – Le dijo fríamente. Sus ojos plateados, fríos y sin vida, ya empezaban a incomodarla.

- Sí que la tengo, no debí pedirte que me lo dijeras, enserio lo lamento...

- No me afecta ya, pero si no te importa, pregúntame otra cosa, no me apetece hablar de mi vida, tengo prioridades en este momento. - La castaña algo contrariada por la frialdad del chico, decidió preguntar otra cosa. Se dijo a si misma que esto ya lo averiguaría después.

- ¿Qué tiene todo esto que ver conmigo? - ¡Ah! Hermione, la pregunta verdaderamente importante.

- En la profecía dice que yo debo proteger a alguien muy importante para poder llegar a la victoria, es como una conexión importante, y tú eres esa persona. Tú misma desconoces tus propios poderes, y al parecer hay ciertas personas que te buscan para matarte, además ese mago tenebroso al que todos temen no tardará en enterarse.

- ¿Voldemort? - El joven se encogió de hombros. - ¿A mí? – Preguntó en un hilo de voz.

- Sí, normalmente los ángeles son los encargados de fungir el cargo de guardianes, pero en este caso tienes suerte que yo sea el tuyo. - Sonrió el castaño con una sonrisa autosuficiente. Sus ojos, sin embargo, brillaban en desacuerdo.

- Espera, me he perdido ¿Tú serás mi guardián?- El joven asintió - ¿Por qué? Es decir... ¿Por qué yo?

Kalyo rodó los ojos y la miró sin expresión aparente.

- Eres importante en mi misión, y en la guerra. Ya te lo dije, tienes poderes dormidos, que son extremadamente sorprendentes, tal vez no los utilices directamente, quizás tu misión es sólo transmitirlos.

- ¿Qué? Espera, espera, pero en todo caso... ¿No debería ser Harry quien tuviera esta especie de... protección celestial? Yo no tengo nada de poderes impresionantes.

- Claro que los tienes y tal vez tengas un poco de razón con lo de tu amigo, pero eres igual de importante que él, así que espero que te acostumbres a mi presencia.

- No, no, espera. Tú debes estar equivocado, yo no necesito de la protección de nadie ¡No necesito un guardián! ¿Dime en qué demonios puedo intervenir tan importantemente en esta guerra? Hasta soy sangre impura, tengo menos poder, soy...

- Abstente de nombrar a los demonios ¿quieres? Además no deberías menospreciar tus habilidades, antes de venir directamente contigo, te estudié, investigue algo de tu vida y te observé, sé que puedes ser lo que quieras, pero de débil, no tienes nada. – Dijo con voz monótona. Se arrepintió al instante.

Hermione lo miró y le sonrió sinceramente, tal vez aquel chico no fuera tan frió como aparentaba.

- Gracias...

- No debes darme las gracias, solo digo lo que es verdad. Ahora, que te quede claro que a ti es a la única persona a la que tengo que defender... a nadie más.

- Sigo pensando que te has equivocado. - Alegó tercamente.

- ¡El oráculo no miente, afronta de una vez la verdad! No es que yo lo haya dicho, Hermione, yo no lo escogí, está escrito, tu destino fue predestinado mucho antes de tu nacimiento... - Exclamó exasperado, él lo había asimilado bien ¿Por qué ella no podía hacer lo mismo?

La chica asintió en silencio algo asustada por la reacción tan violenta de ese ángel. Se quedó pensando por unos segundos asimilando la información recibida... Y no lo podía creer. ¡Tenía un ángel guardián! Qué raro sonaba eso, cada vez salían cosas mas extrañas.

- Esto implica muchas responsabilidades, no debe saberlo nadie, todos tienen que pensar que soy un amigo tuyo. Entraré contigo a Hogwarts... Estaré muy al pendiente de ti, ese es mi deber.

- ¿Quiere decir que no te despegarás de mi? – Preguntó alarmada.

- Casi, pero eso hasta que entres a Hogwarts, mientras me quedan un poco de cosas que averiguar, gente con quien hablar, aprender sobre tú mundo, y estas dos semanas servirán. Ahora me marcho, toma esto, estaré al pendiente de ti de todos modos, pero es por si se te ofrece algo. Sólo aprieta aquí...- Dijo entregándole un colgante de plata en forma de cruz que tenía en el centro un pequeño diamante azul mientras lo apuntaba con el dedo.

- ¡Espera! No te puedes ir así... ¡Aún tengo muchas dudas! - dijo la castaña levantándose de su asiento y tomando la cadena para posteriormente seguirlo hasta la puerta de entrada.

- Lo sé, pero no te preocupes, nos veremos muy pronto. Con el paso del tiempo descubrirás todos los misterios que circulan esta situación. Escucha yo tampoco he descubierto todo este misterio pero juro que lo haré... y en ese momento también lo sabrás tú.

- No, por favor, esto es serio ¡Estoy totalmente contrariada!

- No hagas tonterías y tienes que protegerte. Espero que te diviertas en tus vacaciones con tus amigos. - Le dijo de forma graciosa antes de voltearse y caminar por la calle para ir a... quién sabe dónde.

- ¡¿Cómo sabes que...?! - Exclamó antes de verlo desaparecer de la nada. Dio un respingo algo sorprendida por su desaparición, pero pronto suspiró gravemente.

Frustrada entró de nuevo a su casa, a lo mejor y estaba alucinando, tenía sueño y estaba cansada. Mejor que se fuera a dormir, ya mañana sería un nuevo día, no quería pensar en su pequeña conversación. Acarició el colgante plateado con la mano e hizo una mueca.

Antes de subir a su habitación, miró la carta que antes le había llegado, y volvió a sonreír, ya tendría tiempo de pensar en los tantos líos en que estaba metida, en la mentada profecía y en su... guardián. Por ahora disfrutaría sus vacaciones, de hecho no le quedaba de otra.

Y subiendo las escaleras que la llevaban a su dormitorio, con una sonrisa en sus labios y la carta en la mano, desapareció en la oscuridad de la estancia.

Porque algunas cosas, las buenas noticias, eclipsaban las perturbaciones de su mente.

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Hola personas amantes de los fics, ¿Qué hay?, bueno yo aquí reportándome con el segundo capitulo de esta historia, como les ha quedado el ojo ¿eh?. Espero que les este gustando, me estoy tratando de esforzar lo mas que puedo, ahora si me estoy esmerando.

Quiero que sepan que todo mi fic esta basado en bastantes cosas: en animes, mangas, libros, comics, enciclopedias, tiene de todo un poco, hasta en el Apocalipsis me estoy basando (la Biblia).

Todavía no aparece lo bueno, esto es solo las introducciones, presentaciones, es para que se acostumbren a la historia, en lo que se basa y en la relación con los personajes.

¡No se me desesperen, sigan leyendo! ¿Ok?

Bueno basta de tanto hablar, me despido de todos ustedes, no olviden dejar sus comentarios, son valiosos para mi. Anímenme a continuar sí es que les gusta.

Muchos saludos ¡¡Prometo no tardar!!