Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

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7.- La pesadilla en la realidad

El sufrimiento es permanente, aislado y oscuro, y posee la naturaleza de lo infinito.

Afueras de Londres, Inglaterra.
10:04 p.m.

Lejos de la luz, lejos del día, lejos del bien. Así era como se encontraba un pequeño grupo de personas, que parecía hablaban de algo sumamente importante. Ese grupo estaba conformado por, alrededor de 15 o 20 personas, un mínimo 10 por ciento de lo que normalmente eran.

En el centro se hallaba una silla con el respaldo grande tallado en madera fina y oro, digna de un mismísimo Dios. Un encapuchado se encontraba sentado en una posición elegante y superior. Alrededor suyo había diversos encapuchados, unos con un simple traje oscuro que estaban a las espaldas de su señor; y otros más enfrente del encapuchado con ropas extrañas, que mezclaban el color rojo sangre con el rojo vino y el negro. Todos con la cabeza alzada y con un vestigio de sonrisa en el rostro.

- tu mundo es bastante entretenido Tom, los humanos son tan inferiores, tan débiles e ingenuos. El olor del miedo eterno se percibe en cada uno, esa sensación de desespero y soledad; me encanta el sufrimiento.

- no me llames Tom idiota, para ti soy y seré siempre Lord Voldemort.

- lo lamento Tom, pero no soy un maldito y despreciable súbdito humano tuyo, como para que tu me impongas algo. Yo te llamaré como se me pegué la gana. Nosotros no nos inclinamos ante nadie que no sea nuestro señor.

- Tom Riddle dejo de ser mi nombre hace mucho tiempo

- no discutamos eso en estos momentos, tenemos un mismo fin y un mismo legado, compartimos una misma ambición y sabes que me necesitas, así que mejor dejemos de pelear Tom- dijo recalcando su nombre con gesto burlón, mientras Voldemort apretaba los puños impotente- sabes -continuó cambiando de tema inspeccionando un objeto redondo con indiferencia- me vendría bien un poco de acción y esto de estar escondidos no les gusta a los míos.- miró fijamente a Voldemort por unos segundos esperando su reacción.

- tienes que ser paciente, en este momento no podemos dar ningún paso en falso, si fallamos nos costará caro.- respondió el Lord oscuro levantándose de su trono y caminando hacia ese individuo que consideraba despreciable.

- la paciencia no es mi fuerte, pero si no queda de otra- se encogió de hombros indiferente- es tu mundo, haz con él lo que se te plazca.

- no lo tienes que decir- se acercó y le arrebató bruscamente el objeto poniéndolo de nuevo en su lugar, una mesa redonda decorada con un estilo antiguo; el encapuchado levantó una ceja divertido- ahora apártate de mi vista.

- seguro Lord Voldemort, para mi, nada sería más placentero que apartarte de mi vista, me repudia este lugar, es demasiado sombrío y oscuro.- respondió analizando su entorno.

Voldemort sonrió. - ¿Qué esperabas¿Un lugar lleno de margaritas? — preguntó irónicamente

- más rojo, eso es lo que necesitas, fuego; lo único que representas con el color negro es la soledad y la tristeza; si lo sabes utilizar podrías representar el miedo, la desesperación, el sufrimiento, el dolor, eso sería lo correcto; pero vamos nadie en este mundo es perfecto.

- ¡sal de mi vista ahora!

- lo que usted ordene, larguémonos de aquí muchachos- se despidió con un gesto de la mano nada correcto, que solo logró enfurecer mas a Voldemort, y luego desapareció.

- esos estupidos, para la otra no voy a tener tanta paciencia con sus idioteces- gruño regresando a su trono- ahora ustedes bola de inútiles váyanse de mi vista también- sus súbditos temerosos por su reacción, obedecieron sin chistar, casi corriendo salieron del lugar- ¡colagusano, necesito que hagas algo importante!- el aludido paró su camino y se volvió haciendo una reverencia exagerada a su señor.- ve con el maldito de Perseus y dile que necesito hablar con él.

- c-claro m-mi lord, e-enseguida cumpliré con su mandato.

- perfecto¡ahora sal de mi vista!

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En otro lugar muy lejano, donde la naturaleza cumplía su faceta perfecta de comodidad y relajación, donde la tranquilidad aromaba el ambiente y la humedad de una tormenta pasada reinaba con su belleza; se encontraban dos jóvenes que, olvidándose de sus problemas y de su identidad, se besaban bajo la luna llena, que alumbraba sus rostros centrando su atención en ellos, siendo su cómplice.

Esos jóvenes se besaban con sentimientos confundidos, con anhelantes sensaciones y tiernos movimientos. Por un momento ambos chicos quisieron detener el tiempo y perforar sus emociones, desahogando sus penas y eliminar todos sus problemas.

En un principio el beso había sido tímido, delicado, con roces suaves y tiernos; después Harry se había olvidado de lo que hacía y arriesgándose había entreabierto sus labios profundizando el contacto.

Hermione por otro lado había respondido el beso de su mejor amigo, al principio sorprendida, pero cuando Harry había embriagado sus sentidos con la ternura y el anhelo que ponía en el beso, había caído rendida y se había olvidado por completo de lo que hacía, con quién, y en dónde.

Harry la atrajo más hacia si, de una manera inconsciente pero aceptada; haciendo que su amiga temblara y echara la cabeza para atrás un poco, mientras él se inclinaba hacia delante, sosteniéndola de la cintura; y ella posicionaba sus manos en su pecho.

Ambos sentían como el agua escurría por sus cuerpos, proporcionando un contacto mas intimo, efímero pero realmente agradable entre ambos.

Sus pulsos en un compás delicado se habían acelerado y su respiración había aumentado. En sus mentes la sorpresa y una extraña sensación había enmudecido sus almas, llevándolas en un viaje etéreo, e iluminando sus cabezas con un solo pensamiento.

¡Estoy besando a Hermione!

¡Estoy besando a Harry, por Merlín!

¡Estoy besando a mi mejor amiga!

¡Estoy besando a mi mejor amigo, santo Dios!

Al pensar eso, ambos chicos abrieron desmesuradamente los ojos, separándose sonrojados y respirando entrecortadamente exclamaron al unísono un ¡Lo siento!

Se miraron por unos segundos, incrédulos por el momento. Sus mentes divagaron en una misma búsqueda por la respuesta a su acción, del seguimiento que le habían dado a ese roce tan íntimo que jamás pensaron, iban a compartir.

- Hermione y-yo lo siento n-no quería... yo... es d-decir... yo...- balbuceó nervioso

- lo se Harry, yo también me deje llevar, no era mi intención... es decir... bueno tu entiendes ¿no?- comentó girándose para evitar que Harry viera su sonrojo.

- si, yo t-te entiendo, m-me pasó lo mismo, sólo fue un impulso... yo... — suspiró para serenarse y dejar de decir idioteces que a él mismo confundían- de veras lo siento

- sabes, creo que es mejor regresar a la casa, ya e-es tarde y b-bueno, seguro están preocupados

- si, creo que si- asintió confundido- vamos

- si, K-Keenan vamos amigo a casa- le hizo un gesto y el animal se acerco a ella. Harry lo miró sorprendido.

- ¡Keenan¡Aquí estabas!- exclamó asombrado, la castaña lo miró contrariada.

- ¿no lo habías visto?- preguntó elevando las cejas.

- no, bueno, no me había percatado de su presencia, t-tu s-sabes por... b-bueno t-tu e-entiendes- se sonrojó de nuevo y se rascó la cabeza, Hermione también se sonrojó comprendiendo a lo que se refería el peliazabache.

- c-creo que d-deberíamos olvidar este incidente H-Harry- logró decir; el chico asintió automáticamente- f-fue sólo u-un impulso, somos amigos- el ojiverde volvió a asentir.

- supongo q-que ahora si deberíamos regresar ¿no crees?- indagó el ojiverde.

- cierto, y c-creo que sería de lo más prudente no comentar nada al respecto ¿no?- corroboró ella. Ambos asintieron.

Luego tomaron el camino de regreso a casa después de que el pelinegro comentará que no sabía como regresar, dicho comentario había sido usado para disipar la extraña incomodidad entre ellos; y por ende ambos olvidaron el "pequeño" incidente por el cual habían pasado. Por lo menos por el momento. Pero una cosa no podía ser olvidada y era el hecho de que ambos podían saborear aún la calida sensación de los labios del otro.

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- señor- dijo el encapuchado que había estado hace un par de horas con el famoso lord oscuro, inclinándose ante el ser que tenía enfrente.

- Zenith, has tardado demasiado- dijo el ser que estaba de pie al lado de una ventana que enmarcaba el brillo de la luna.

- lo siento mi señor, sólo me estaba divirtiendo un rato- sonrió de lado con maldad.

- no estas aquí para divertirte¡MIRAME!- le ordenó volteándose, dejando ver su rostro gracias al destello emanado de la luna.- ¡Voldemort vino a verme antes de que tu llegaras!.

La cólera se percibía en su pálido rostro, sus labios mostraban una mueca contraída por el enfado, dejando entrever por sobre sus labios una línea de colmillos brillantes y filosos. Su sedoso cabello negro caía por su frente en un fino copete, mientras que en la parte trasera de su nuca el cabello mostraba la ligera forma de picos, fielmente peinados hacia arriba.

Pero a pesar de su tono blanquecino de piel y extraño cabello, lo que más se notaba en ese ser eran: sus ojos; blancos como la nieve, contrastando con su pequeña pupila negra, lo que hacía que se viera tétrico y aterrador. Atravesando su frente había una pequeña e inclinada cicatriz que, a diferencia de las normales esta era de un color rojo sangre, a pesar de ser un poco visible, esta era tapada por el flequillo.

Parecía joven y aunque fuera un ser bastante terrorífico, su presencia emanaba elegancia y belleza.

Su ropa consistía en una especie de abrigo-capa de color rojo vino que llegaba hasta tocar el piso; el material parecía una especie de cuero, pues se adhería a su perfecto cuerpo, sólo las mangas estaban sueltas. Debajo de este tenia una especie de suéter de color negro, que estaba abotonada desde la cintura hasta el inicio de la cabeza, alrededor del cuello tenía una cadena plateada y gruesa de donde colgaba lo que parecía una estrella de seis puntas, con la punta baja más larga que las demás. Llevaba unos pantalones negros y una especie de botas color negro, del mismo material que el abrigo. En sus manos llevaba dos gruesos guantes metálicos de color rojo que tenían el mismo símbolo que el de su collar.

Dos cadenas plateadas hacían un cruce particular en su torso, por arriba de su suéter; tenía puesto un cinturón grueso de color café oscuro, de donde colgaba con cierta elegancia una gruesa y extraordinaria espada.

- m-mi señor no se por que está así, y-yo s-solo estaba jugando con él- respondió un poco atemorizado el encapuchado, aún en su posición de reverencia. No se atrevía a levantar la cabeza y mirar a su amo.

- no estamos aquí para "jugar", no quiero que el respeto entre los seres oscuros se pierda¿qué vamos hacer si Voldemort pierde su confianza en nosotros? No necesitamos otro enemigo... de hecho entre mas seamos mejor. Recuerda Zenith que tenemos un acuerdo, no podemos estarlo tentando tanto.

- P-pero ¡S-Señor! Usted sabe que podemos vencerlos sin la ayuda de otros repugnantes seres- respondió Zenith levantándose agresivamente y dejando ver su rostro.

Al igual que su amo, Zenith tenía la piel extremadamente pálida, su cabello largo tapando parte de su frente y apenas llegando un poco arriba de sus hombros. El cabello era de un color rojo, pero no un rojo común y corriente o como ellos lo llamarían un rojo no humano, sino un rojo vivo, sangriento, profundo. Sus ojos oscurecidos por la indignación, de un profundo negro, que hacía al "hombre" aún más terrorífico, ya que ni el más profundo análisis podría encontrar la pupila. Una cicatriz igual a la de su amo (roja y gruesa, no normal) atravesaba su ojo derecho.

Sus colmillos, finos pero tenebrosos, que se apretaban por su humor, estaban más afilados que los de su señor. Mientras en el contorno de su blanca dentadura, se podía apreciar gotas de sangre cubriendo la parte de las encías. Aún así el ser frente a él no mostró ningún sentimiento.

- estamos en su territorio, ellos deben conocer esto; tú sabes perfectamente que Kalyo no va a dejarse vencer tan fácilmente, si hacemos que los hombres de Voldemort destruyan a todos los ineptos que están del lado de ese repugnante ángel, podremos tener más ventaja; Kalyo se centrará en la protección de la escuincla de la profecía, nosotros sin embargo, nos centraremos en la destrucción y el sufrimiento de este mundo. Pero...- le comentó mientras levantaba su brazo y acariciaba el rostro de Zenith- debes recordar que nuestro deber es hacer que la oscuridad reine en todo el universo- bajo de su rostro a su cuello y apretó suavemente levantando su mirada, mientras Zenith sudaba frío tratando de mantener su respiración balanceada- después, nosotros gobernaremos a la oscuridad y mataremos a todo aquel que se oponga a nuestro reinado...

Con la gruesa y afilada uña de su pulgar, perforó la piel pálida del cuello de su servidor, mientras que este dejaba salir un aullido de dolor casi imperceptible y cerraba los ojos con fuerza. Lo levantó unos centímetros del suelo para clavar sus gélidos ojos sobre él, mirando con adoración el rostro contraído por el dolor y la sangre derramada debido a la perforación de la piel. De sus ojos blancos y penetrantes un rayo plateado salió disparado hacia el cuerpo que tenía enfrente, haciéndolo brillar por un diminuto e insignificante instante, dejándolo repentinamente debilitado y haciendo que Zenith se sintiese muy pesado.

- aquí morimos mi querido Zenith¿lo sabías cierto?- este lo miró desafiante con un solo ojo abierto, no pudiendo moverse- no voy a volver a repetirlo, no quiero deslealtades, no quiero problemas, no quiero rastreros despreciables que no son objetivos; no voy a permitir ninguna falla ¡¿me oyeron?!- gritó a todos los encapuchados que, instantáneamente reverenciaron a su amo atemorizados.- no pienso tener ninguna baja debido a una batalla entre los mortifagos y nosotros, su magia es diferente. ¡Recuérdalo!- de un repentino y estridente momento, clavó todas y cada una de sus garras alrededor del cuello de Zenith, apretando con fuerza, mirando hipnotizado la sangre roja y el dolor reflejado en su rostro, ladeo la cabeza y apretó más, enterrando ahora, dos centímetros de sus largos dedos; oyó como Zenith se quedaba sin respiración poco a poco y apreciaba como su vista se volvía borrosa pues parpadeaba constantemente; mientras tanto el pelirrojo inútilmente trataba de zafarse, aforrándose con la poca fuerza que tenía a la mano que estrangulaba su cuello.

- e-eres u-n t-traidor d-despiadado, a-atacas a l-los de t-tu propia especie ¡PERSEUS!- exclamó con dificultad y furia el ojinegro.

Al ser llamado así, a Perseus le brillaron los ojos de rabia, subió su mano hasta su hombro y con furia apretó uno de los brazos de Zenith y desgarró su piel con un potente rasguño. Zenith profirió un agudo gritó, sintiendo como su sangre corría por su antebrazo adormeciéndose lentamente, sintiendo dolor como jamás lo había sentido.

- si Zenith, aquí el dolor es perforante, desgarrador, cruel; mi hechizo te hizo débil- con un ágil movimiento lo lanzó contra una pared cercana haciendo que su hombro pegará en esta y sus huesos se quebraran profiriendo un agudo sonido.- débil y con perforante sensibilidad...

Desenvainó su espada apuntando a su contrincante.

- esto es lo que les pasa a los que no siguen mis ordenes, aquí mando ¡Yo!, y quiero que sigan mis indicaciones al pie de la letra, no voy a tener compasión por nadie- les habló a los demás que presenciaban el castigo, sonriendo levemente de lado- de igual forma, la compasión no esta en mi naturaleza. En cuanto a ti- se dirigió al cuerpo casi inerte que estaba frete a él- te veré en el infierno.

Levantó su espada dispuesto a castigarlo, cortarle la cabeza sería lo más apropiado.

- s-señor, por favor, no...- susurró débilmente como última oportunidad el pelirrojo.

- demasiado tarde para pedir clemencia- y mientras sus ojos se oscurecían, su espada llegó a su cuerpo con furia, matándolo al instante.

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Voldemort salía satisfecho de la cueva donde se hospedaban sus "aliados". Dos de sus mortifagos iban cada uno de sus lados, escoltándolo.

Le había advertido a Perseus que la incompetencia de su especie no le estaba favoreciendo en nada y que no iba a estar soportando la arrogancia de ellos. El le había asegurado que haría algo. Y había cumplido su palabra.

Tras haberse quedado un poco, presenciando como su demanda de castigo a ese desgraciado arrogante se cumplía mejor de lo que imaginaba, decidió regresar a su cuartel general; tenía que preparar el próximo ataque. Pues Perseus le había advertido que él tampoco esperaría mucho tiempo para pelear, quería derramar sangre. Y aunque jamás le tendría ni una pizca de temor a ese ser, coincidía con él respecto a que necesitaban acción, pues casi un año llevaban de no hacer nada.

Estaba apunto de desaparecer cuando un desgarrador gritó que provenía de la cueva se hizo sonar por todos los alrededores, asustando a los animales que reposaban tranquilos y poniendo de buen humor al lord oscuro, este, sonriendo con maldad, chasqueó los dedos y desapareció de ese lugar. Zenith tenía lo que se merecía.

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A pesar de que la tormenta hubiese pasado, el frío y húmedo ambiente se colaba entre el cuerpo de dos siluetas que silenciosas, avanzaban por el sendero rocoso de un pequeño bosque.

Ambos chicos sentían frío e internamente sabían que después de esto se iban a resfriar. Harry algo nervioso miró la espalda de su amiga, que iba unos pasos delante de él, y frunció el ceño.

- ¿De quién es esa chaqueta Hermione? Es demasiado grande para ser tuya ¿no?- pregunto el ojiverde para romper el tenso e incomodo silencio que había embargado el ambiente.

La castaña se miró unos segundos, notando que aún tenía el abrigo de Kalyo. Se encogió de hombros.

- lo mismo te digo Harry, esa chamarra que traes puesta es de mi padre; yo simplemente agarre lo primero que vi.- dijo sin voltearse a mirarlo, entonces el peliazabache se sonrojó.

- bueno...

Se quedaron en silencio en lo que restaba del camino, el único sonido que había entre ellos, era el de sus zapatos al chocar con la húmeda tierra, y uno que otro ladrido de Keenan. De vez en cuando se lanzaban miradas de soslayo, pero luego la apartaban rápidamente.

El ambiente era incomodo, Hermione se sentía extraña, casi nunca se había sentido así al lado de su mejor amigo, en realidad siempre le gustaba mucho su presencia, se sentía a gusto y en confianza, pero en ese momento ambos sabían que algo entre ellos había cambiado.

Vislumbraron a lo lejos el final del camino y a Keenan corriendo hacia la casa. Ginny en la puerta agitaba una mano hacia ellos, dando saltitos de alegría y sonriendo feliz de saber que ambos chicos estaban bien.

Harry miró de reojo a su amiga y la vio con una media sonrisa en el rostro mientras seguia avanzando. Vislumbró una silueta que reconoció como Ron, que a un lado de su hermana, lo fulminaba con la mirada; sostenía una taza humeante entre las manos y se tapaba con una manta gruesa, que se arrastraba por el piso. Se reprendió mentalmente por olvidarse de echar chispas rojas para avisarle a su pelirrojo amigo que había encontrado a la castaña; pero es que bueno, había estado pensando en otras cosas.

Miró de nuevo a su amiga e hizo nota mental de que así, con el pelo mojado y pegado a su rostro, con los ojos un poco hinchados por haber llorado y su rostro surcado con pequeñas gotitas de la lluvia, se veía completamente adorable. Sacudió su cabeza alejando sus pensamientos y volvió su vista a Ginny que venía corriendo hacia ellos.

Le echo los brazos a Hermione y la estrujó con fuerza a punto de derribarla.

- ¡¿sabes lo preocupada que me tenías mujer¡¿Cómo te atreves a irte sin avisar y con este clima?!- la reprendió la pelirroja separándose un poco de ella.

Harry se colocó atrás de la castaña y la sostuvo por los hombros evitando que se cayera por la fuerza de la pelirroja.

- lo siento Ginny, me perdí buscando a Keenan.- mintió, no quería hablar de su repentino arrebato y no quería que se preocuparan mas por ella.- No quería preocuparlos chicos. A ninguno.- ladeó un poco la cabeza y miró a Harry por unos segundos, sabiendo que él no le había creído. Luego volvió su vista a la pelirroja e intento sonreírle, sintiéndose como una traidora por haber besado a Harry. Cerró los ojos unos momentos y luego los abrió para ver a sus amigos mirándola fijamente.

- el caso Hermione, es que lo hiciste, ahora déjame consentirte un poco y darte una toalla, ropa seca y un humeante chocolate.- le dijo Ginny sonriendo, mientras Ron asentía a su lado.- y tu Harry sería bueno que te cambiaras.

El pelinegro asintió a Ginny y soltando a su amiga se encaminó a la casa para cambiarse. Mientras era seguido por los hermanos pelirrojos y su mejor amiga.

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Después de haber pasado por una interminable revisión por parte de Ginny y una exhaustiva atención por parte de Ron y Harry, los cuales hacían que se sintiera inútil e invalida; por fin se había podido zafar e irse a su habitación a cambiar, ya que aunque ya estuviera seca, aún estaba llena de lodo; subió las escaleras y se metió al baño para lavarse los dientes. Se miró en el espejo y se reprendió mentalmente por lucir tan deplorable. Sus ojos hinchados y con ojeras, su pelo mas desordenado de lo que recordaba haberlo tenido, sus mejillas sonrojadas por el frío, su nariz levemente rojiza¡Dios! estaba horrible. Apartó la vista de su reflejo y decidió darse un largo baño, así que se dirigió a su habitación para sacar un poco de ropa.

Pero de nuevo en ese día, se sorprendió enormemente pues nunca se hubiera imaginado lo que había dentro de su cuarto.

Ahí dentro de su habitación, una silueta iluminada por la luna llena, se encontraba elegantemente recargada en la pared, viéndola con su mirada plateada, fría, calculadora, penetrante; la estaba esperando. Suspiró rendida y cansada, ya ni siquiera valía la pena preguntarle como había entrado a su habitación, lo miró fijamente por unos segundos, donde sintió como sus orbes plateadas la penetraban con frialdad. La castaña carraspeó incómoda.

- es-esto, esto es tuyo- se quitó el abrigo blanco que aún traía puesto y se lo extendió al chico- muchas gracias por prestármelo.- Kalyo no hizo ningún movimiento ni amago de tomarlo, sólo la observaba.- ¿vas a tomarla o que?- le preguntó algo crispada.

- ¿qué fue lo que paso en el bosque Hermione? — le preguntó él ignorando su pregunta y acercándose cautelosamente a ella.

- ¿a-a que t-te re-refieres?- le dijo nerviosa, recordando que él estaba presente cuando ella y Harry... pues... cuando eso había pasado.

Kalyo se acercó hasta quedar frente a ella y tomo su abrigo lentamente, como torturándola con su elegancia, desesperándola con sus movimientos pausados.

- sabes a lo que me refiero... tu no puedes tener nada con él, estamos en guerra, no puedes dejar tu responsabilidad a lado, no puedes desviarte de lo importante... no puedes involucrarte sentimentalmente con Potter, eso podría ser nuestro peor error... recuerda que tienes una misión que cumplir...

- l-lo que vi-viste fue un error, f-fue un impulso, nada más ¿de acuerdo?, además Harry es mi amigo, mi mejor amigo y nunca había pensado en tener nada con él, y no se porque te estoy dando estas explicaciones a ti... es sólo mi problema- se volteó enfadada y fue a cerrar la puerta.

- no es que me importe castaña, pero no quiero estar persiguiéndote todo el tiempo.- Hermione lo miró fulminante. El levantó las cejas.

- y según tú ¿cuáles son mis responsabilidades?

- la primera vez que te deje en tu casa, te dije que te relajaras mientras pudieras, y eso es lo que harás.- La ojimiel abrió la boca para rebatir pero el castaño la interrumpió.- Aunque ruegues no te diré absolutamente nada, no hasta llegar a tu colegio... ahora si nos centramos en lo que importa en estos momentos...- Hermione gruñó dándose por vencida, este... ángel, era demasiado porfiado.

- bien- contestó ella.- ¿Qué va a pasar?

- en primera me presentaré a tus amigos como un viejo amigo tuyo de la infancia, hace mucho que no te veía y punto. Te veré en el andén, en el camino no me despegaré de ti, el tren es un buen blanco de ataque y a mi parecer bastante sencillo. Tus amigos no sabrán absolutamente nada de mi, tal vez en un futuro tendrán que saberlo, pero por el momento soy un humano- hizo una mueca- entraré como un alumno de supervisión, ósea que no trabajaré como ustedes, sólo tengo que estar en clase y observar (observarte sería más apropiado), se supone que tu jefa de casa me acogerá como un miembro mas de Gryffindor, por lo tanto compartiremos clases.

Hermione se sintió incómoda¡por merlín¡Estaría vigilada día y noche!

- en las noches revisaré los alrededores de tu escuela para cerciorarme de que todo está en orden. Lo único que pido de tu parte, es que te abstengas de hacer algo estúpido, se que tú y tus amigos tienen reputación de meterse en líos; no puedes hacer nada sin antes avisarme- la chica abrió la boca sorprendida- y si notas algo sospechoso tendrás que informarme... habrá muchas cosas que haremos este año pequeña castaña, cosas que no te imaginas, así que espero que estés preparada mentalmente para esta misión...

La castaña estaba mareada¡prácticamente él sería su sombra!, iba rebatirle muchas cosas, cuando de repente ambos oyeron pasos que venían de la escalera, exactamente en dirección a la habitación de Hermione. La chica supuso que sería Ginny. Oyeron como la puerta del baño se cerraba y eso le dio unos segundos más a Kalyo para hablar.

- antes de irme tengo que decirte que ahora que se ha desatado la profecía, algunas de tus noches ya no serán tranquilas- Hermione lo miró confundida- verás cosas que aunque intentes evitarlo, no podrás hacerlo, verás guerra, verás dolor, verás tortura, pero eso es la clave para saber los planes del enemigo; tus "sueños", aunque no serán todos los días, te darán pistas de los que mis enemigos están haciendo; es una cualidad que la profecía te brindo... algunas veces te sentirás mal, pero tienes que aprender a afrontarlo, tienes que empezar a ver la realidad- Kalyo la miró con algo de compasión, aunque intentará esconderla, pues él sabía que esos sueños en muchas ocasiones iban a ser más que desagradables, lamentablemente él no podía defenderla de eso.- Sueños proféticos, eso es lo que tendrás, sueños que no se pueden evitar, es menos doloroso si no luchas contra ellos.- terminó mordiéndose la lengua.

Hermione se mantuvo callada con la mirada gacha, tratando de procesar toda la información; un miedo increíble viajo por todo su cuerpo, produciéndole leves temblores. ¡Ella no quería ser participe de eso¡Ella no quería ver más sufrimiento¡Sólo quería ayudar a Harry¡Quería que esa guerra terminara! Sus ojos se llenaron de lagrimas que no dejo caer, no, no lloraría; tenía que ser fuerte por sus amigos, para sus amigos, tenía que ser capaz de afrontar lo que esos sueños le mostrarían; tendría, como había dicho su ángel, afrontar la realidad. Miró de nuevo a Kalyo y este sintió una leve pulsación en el pecho que no supo identificar, cuando miró la tristeza impregnada en el rostro de la chica.

- buscaremos una solución, esto todavía no empieza, no creo que los tengas aún- mintió sin saber porque, ya le había asegurado que no podían hacer nada¿por qué le había dicho eso?, sólo sabía que no quería verla llorar, se sentía incómodo.

Hermione le sonrió levemente y asintió, ambos escucharon la puerta del baño cerrarse de nuevo y los pasos de la pelirroja se sentían más cercanos.

- bien, tengo que irme, si tienes dudas, pues pobre de ti- le dijo burlonamente para romper el ambiente triste e incomodo, abrió la ventana y antes de salir se volteó hacia la castaña y a modo de despedida le dijo- por cierto, soy una persona bastante desagradable, no pienses jamás que me llevaré bien con alguno de tu especie.- dicho esto salió con un salto, desapareciendo en la oscura y penetrable noche, en el instante en que la puerta se abría. La cara de la castaña olvidó atrás el semblante triste y se contrajo en una mueca de enfado.

- Hermione, pensé que ya estabas dormida- le dijo Ginny a su amiga al verla parada en medio de la habitación. Ella la miró con la cara contrariada y expresión molesta, que confundió a la pelirroja. La ojimiel agarró un poco de ropa y diciéndole a Ginny un casi inaudible "me voy a bañar", salió de la habitación hecha una furia, dejando a la pelirroja bastante contrariada.

Por lo menos, momentáneamente se había olvidado de su tristeza.

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En una cueva, que estaba rodeada por la oscuridad de la noche, una noche sin estrellas y un frío abrumador. Dentro de la estancia, igualmente oscurecida y alumbrada levemente por el lento crepitar de las antorchas que rodeaban el sombrío escondite, dos siluetas conversaban en un tono bastante neutral.

Uno sentado en una silla de piedra, el otro parado observando los ojos de su interlocutor.

- ya tienes lo que querías Voldemort. He castigado a uno de los míos. Ahora debo decirte que es necesario que movilices tus ataques, Zenith no era el único impaciente, aunque era un idiota impaciente, tenía algo de razón; mis súbditos están cansados de esperar, YO estoy cansado de esperar. Y auque puedo ser más paciente, también empiezo a desesperarme, y tendrás que ser conciente que yo no volveré a castigar a nadie. Entonces, tal vez, empiece a moverme por mi cuenta, y eso, sabemos ambos, que no nos beneficia.

Voldemort lo miró ferviente, frío, calculador.

- no podemos romper el pacto Perseus, sabemos que el bando de la luz y los seguidores de ese viejo; ahora están reuniendo más aliados.

- entonces debes ser más rápido Voldemort- los ojos del pelinegro brillaron con un toque maligno- ataquemos, démosles a esos ineptos un susto, así al mismo tiempo nosotros saciaremos nuestra sed de lucha y de sangre. Evitaste aparecer pos casi un año, debes hacerles saber que: aún, El señor de la oscuridad esta vivo, y ahora comparte una alianza con el señor de las tinieblas- en su rostro surcó una maniaca sonrisa, que dejo entrever sus blancos y sangrientos colmillos, sus ojos llameaban de un color plateado, que aunque sus ojos fueran blancos como la nieve, parecían dos témpanos de hielo que estaban fundiéndose de maldad; este conjunto hacían de su rostro un elegante reinado de sombras y terror, puramente tétrico, que le provocó a el Lord una repugnancia momentánea.

Voldemort se levantó de su asiento y extendió la mano, dejo ver su marca y con su otra blanca y huesuda mano tocó con fuerza la calavera con la serpiente.

Miró de nuevo al ser maléfico que tenía al frente y sonrió con arrogancia.

- si tanto deseas pelear, lo haremos- Perseus levantó el mentón con elegancia- tenía planeado atacar el callejón Diagón en unos días, pero debido a la ferviente insistencia de parte de los tuyos; esto se adelantará. Mañana la mitad de tu ejército y diez de mis mortifagos atacarán ahí donde todos los magos van a pasar su vida como si una amenaza no los asechara. Mañana harás morir a los magos y brujas que más puedas, mañana plantarás la desesperación y el miedo en toda la comunidad mágica... no quiero nada de rehenes... quiero que les enseñes que la pesadilla esta por comenzar, que ya no es un sueño terrible, que esto ya es realidad.

Pero lo más importante, quiero que les demuestres mañana a todos, que los DEMONIOS existen y que están del lado de Lord Voldemort, dispuestos a matar a sangre fría...

El demonio demostró su satisfacción enseñando de nuevo sus colmillos, extendió sus alas negras con un desgarrante movimiento y se elevó por unos centímetros del suelo.

- ten por seguro que este ataque será la noticia de todo el mes...- dicho esto voló fuera de la cueva y envuelto en sus elegantes alas oscuras, desapareció con una leve luz plateada del bosque donde la húmeda guarida se alzaba.

El futuro aún no está decidido, pero es impredecible.