Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

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8.- Demonios

"In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen."

Los demonios son simples ángeles caídos.

Afueras de Londres, Inglaterra.
9:50 a.m.
Casa Granger

Un tintineo en la ventana la despertó de su largo y agradable sueño. Se desperezó un poco y levantó su cabeza para ver la hora.

9:55 a.m.

Abrió los ojos abruptamente y se levantó de un brinco. Dios era muy tarde, donde había quedado aquella chica que madrugaba por inercia cualquier día del año. Volteó a mirar a su amiga que estaba tendida sobre su cabeza en la parte de arriba de la litera y notó su respiración pausada, signo de que permanecía dormida. Estornudó levemente.

Se relajó un poco y restregó sus ojos. Oyó de nuevo ese toqueteó en la ventana y volteó a ella. Una lechuza color canela se encontraba fuera de su casa, trayendo consigo una carta. La castaña se levantó desganada y fue a abrirle al animal. Dejó pasar al ave y esta voló hasta posarse en su escritorio; se sacudió un poco las plumas y extendió su pata a la castaña, ofreciéndole el pergamino.

Hermione lo tomó, para luego acariciar la cabecita de la lechuza, esta se inclino un poco hacia ella gustosa de la caricia, luego la miró ladeando su cabeza y extendió sus alas volando de regresó a la ventana. La castaña la observó perderse entre las nubes y luego desvió su mirada a su carta.

La carta de Hogwarts.

Miró de nuevo a la ventana y una lechuza color dorado se posaba en el marco. Esta confundida miraba en todas direcciones inspeccionando su habitación. Luego voló dentro de ella y se poso en la cabeza de su amiga pelirroja.

- ¡ahhhhh!

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Bajo riéndose sonoramente, aún escuchando los insultos de su amiga hacia la lechuza que la había despertado.

Brincó los últimos dos escalones de la escalera y se dirigió a la cocina. Antes de pasar el marco de la puerta, estornudó de nuevo.

- salud- le dijo su pelirrojo amigo que, junto con Harry, se encontraba sentado en la barra comiendo pan y huevo con tocino.

- gracias, y buenos días

- buenos días- respondieron ambos. La castaña volvió a estornudar.

- creo que me estoy enfermando.- dijo sorbiéndose la nariz. Ron le paso una servilleta.

- no me extraña, con el tiempo que pasaste ayer bajo la tormenta, más bien me extraña que estés tan... sana... ya te esperábamos con gripe y en tu cama...

- antes de dormirme tomé una pastilla, por si acaso- le respondió a su amigo pelirrojo sentándose a su lado, frente a Harry.- aunque aún así me agripé un poco... — acercó su rostro al plato que tenía su amigo pelinegro y olió- mmm... esto huele bien... ¿Quién lo preparó?

- pues Haggy- le respondió Ron con la boca llena, la castaña hizo una mueca de asco.

- eso es repugnante Ronald- Harry le pasó un plato.- gracias Harry.

- de nada, sólo es un desayuno.

- supongo que aprendiste a cocinar en casa de tus tíos ¿no?- el asintió con la cabeza. Ella se llevó una cucharada a la boca y cerró los ojos degustando la comida. Se la pasó y aún saboreando su excelente sazón le dijo al ojiverde.- sabe exquisito Harry, de veras que sabes cocinar.

El pelinegro asintió cohibido y comentó para cambiar el tema:

- nos ha llegado la carta de Hogwarts, y Ron y yo estábamos pensando que sería conveniente que fuéramos al Callejón Diagón lo antes posible.

- pues si, Ginny y yo también recibimos la carta del colegio, y quizás hoy podemos ir a comprar los útiles y las cosas necesarias para Hogwarts; después podemos pasar el resto del día ahí, comer, dar una vuelta; de hecho podemos visitar a tus hermanos Ron... ¿Qué les parece?

- es una buena idea- le sonrió Harry.

- bien- dijo devolviéndole la sonrisa a su amigo- entonces terminemos de desayunar para cambiarnos y trasladarnos al callejón Diagón.

Sus otros dos amigos asintieron. Oyeron una exclamación que provenía del segundo piso y Hermione sonrió.

- creo que iré por Ginny y le diré que se de prisa. Sino me acabaré su desayuno- el pelirrojo se levantó y salió rumbo al segundo piso.

Harry y Hermione quedaron solos en la cocina y ambos se miraron por un segundo que los puso algo incómodos.

- y... esto¿tu no te sientes mal Harry?, es decir, tu también te mojaste- le dijo removiéndose en su silla.

- pues no, al parecer no tengo ningún síntoma- ambos se quedaron callados tras el intercambio tan pobre de palabras que realmente los hizo que se sintieran como unos tontos. ¡Eran amigos por Merlín!

- eh... ¿y como te fue en tus calificaciones?- preguntó Hermione mordiéndose la lengua por preguntar algo tan tonto para sacar algo de conversación; no podía creer que hubiera tanta tensión e incomodidad entre ellos.

- pues bien, si bien, ya sabes Snape me puso un aceptable aunque el año pasado me hubiera esforzado más por pasar su materia... realmente Ron y yo sufríamos con tu ausencia... - Hermione frunció el ceño.

- pues que bueno... eso les pasa por no estudiar...- Harry asintió sonrojado y desvió su vista.- pero bueno, no se le puede hacer nada...

- si la verdad es que estudiar se nos hizo más pesado desde que tu te fuiste, ya no había alguien que nos estuviera poniendo a raya con las tareas... me sorprende que hayamos sobrevivido- el pelinegro le sonrió un poco más relajado, la castaña negó sonriendo.

Tal vez el incidente del día anterior no fuera tan importante después de todo. Su amistad era demasiado importante.

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- es hora muchachos, hoy por fin tendremos un poco de diversión, quiero que apliquen todo lo que se les ha enseñado... nada de piedad... además no muestren su identidad hasta que les de la señal... Hoy El callejón Diagón arderá...

Unas palmadas sarcásticas se oyeron a sus espaldas. Un encapuchado iba entrando a la habitación donde se encontraban un buen número de personas con capas rojas. El encapuchado iba seguido de una docena de personas con túnicas negras y mascaras plateadas.

- bravo, Perseus, veo que estás dando palabras de ánimo a tus "hombres", pareciera que fueras a la Guerra...

Perseus dejo a la vista su espada que colgaba de uno de sus costados, y avanzó hacia Voldemort con los ojos brillantes y una sonrisa macabra.

- pues veras Voldemort, lo único que hacia es, de hecho, entretener a mis "hombres", pues su desesperación se va haciendo más latente a cada momento y tu impuntualidad no les ayudaba, así que si has terminado de hablar; me gustaría irme de este... lugar...- dijo arrastrando las palabras. Voldemort sonrió sarcásticamente.

- ten paciencia, demonio, ten paciencia... aún tenemos que arreglar ciertos puntos...

Perseus arrugó el entrecejo.

- pues tu dirás humano, que la paciencia ya no es mi fuerte en estos momentos, ni mía ni de mis guerreros...

- sólo quiero hacerte un encargo- dijo el Lord poniendo gesto serio- Hoy un traidor irá al callejón Diagón, y por supuesto, quiero que lo mates...

- esta bien, sólo dime quien ha traicionado a la oscuridad y lo estrangulare con el peor de los castigos, hasta matarlo...- dijo desinteresado. Voldemort asintió.

- se llama Malfoy, Draco Malfoy... irá con su madre a comprar los útiles para el colegio, dile de mi parte que su asqueroso padre se esta retorciendo en el infierno como se merece; y que un traidor como él no merece vivir... nadie traiciona a Lord Voldemort...

Perseus hizo un gesto aburrido. Voldemort apretó los puños sabiéndose menospreciado por ese ser repugnante.

- Draco Malfoy, de acuerdo, lo mataré; ahora marchémonos chicos... humanos síganme...

Los mortifagos miraron a su señor no sabiendo si acatar la orden de Perseus o no, su señor les hizo un gesto con la mano y los encapuchados siguieron a los demonios. Perseus dio unas indicaciones más y todos desaparecieron.

- espero que esos malditos seres me sirvan de algo- se dijo Voldemort acariciando a su serpiente Nagini, que se retorcía a su lado.

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Se habían aparecido en la cabeza de Puerco hacía aproximadamente unos 20 minutos. Como la castaña tenía permiso para aparecerse, no les había costado mucho llegar. Se habían dividido para ir por los libros, por los pergaminos y las plumas.

Después de las compras, se habían encontrado y habían decidido ir a la tienda de los gemelos Weasley. Una vez llegaron, escucharon un pequeño estallido en una parte escondida de la tienda, para después ver a Fred que salía desde la parte trasera con unos lentes que apretaban sus ojos y lleno de un polvo negro.

- ¡Hey! Chicos ¿Qué hay?- saludó el pelirrojo y se quitó los lentes y en su cara quedo el rastro de ellos, pues lo único limpio era esa parte donde habían estado anteriormente los anteojos. Abrazó a su hermana y luego fue con la castaña.

- ¿Qué paso aquí Fred?- dijo la castaña mientras le daba un abrazo.

- oh... esto... es que George y yo estamos diseñando un nuevo producto... - estrecho las manos de su hermano y Harry, y luego se dio vuelta y gritó¡George¡Ven, adivina quien esta aquí!

George, que venía con el pelo más revuelto que el de su hermano, con una bata blanca y con una sustancia azul en su cara, sonrió ampliamente al verlos.

- pero miren nada más, si son los enanos- hizo el ademán de acercarse y abrazarlos, pero ellos retrocedieron- ¿no quieren saludarme?

- George, la cosa viscosa de tu cara se ve realmente asquerosa- le informó su hermana por si no se había enterado.

- bueno, gajes del oficio- dijo encogiéndose de hombros. Los presentes sonrieron.

Los chicos se quedaron un rato más platicando de trivialidades, y después de que Harry, Ron y Ginny recibieran una dotación gratuita de Sortilegios Weasley y que Hermione se negará a aceptar cualquier artículo, decidieron que era momento de irse. Se despidieron y se encargaron de reducir sus compras, de nuevo con el hechizo de Hermione, y así cómodos, continuaron caminando.

Estuvieron paseando sin rumbo fijo, observando los estantes y las graciosas tiendas, observaron a los -suponían- nuevos alumnos y los más pequeños comprar sus útiles para el regreso y nuevo ingreso a Hogwarts; y después de sentir un pequeño vestigio de melancolía al verlos y recordarse así mismos, había decidido ir a comer y luego comprarían lo que les faltaba.

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Kalyo se encontraba sentado en el árbol de la casa de la castaña, en donde ya había dado por hecho que era un lugar cómodo para leer.

Entre sus manos tenía un pequeño cuaderno forrado de un extraño material, que era como tipo piedra, y que en su interior tenía hojas amarillentas por lo viejo que era. En la parte frontal de la portada, este libro tenía inscrito el nombre de Zeles Hellsing, era sin duda su diario.

Kalyo chasqueó la lengua y cerró el libro algo enojado, cada vez se enteraba de cosas más desagradables con respecto a ese ser que un día se había llamado su Padre. Ahora resultaba que los humanos eran un gran enigma ¡para él!, los admiraba; Dios que asco.

Decidió no seguir leyendo, pues no estaba consiguiendo nada, más que empeorar su humor. Se miró y sonrió; ya no llevaba su atuendo sagrado, ahora estaba vestido como humano, ja no se veía tan mal, por lo menos había encontrado algo decente que vestir.

Desvió sus ojos de él mismo y miró la casa donde se suponía que debía estar esa niña castaña a la que protegía, y cuando se fijo bien, frunció el ceño... ¿no estaba?, que raro; y no, efectivamente, no había nadie en la casa además de la bola de pelos y los demás animales. Bajo de un salto del árbol y calló elegantemente sobre la tierra.

Se acercó a la casa y al verla tan solitaria algo en su espina dorsal se estremeció. Esa niña porfiada no estaba. Y tuvo un mal presentimiento al respecto. Golpeó el árbol con su puño y maldijo a Hermione. Estúpido.

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Hermione y Ginny caminaban tranquilamente hacia las Túnicas de Madame Malkin; los chicos les habían dicho que querían ver unos nuevos artículos de Quidditch y que en un momento irían con ellas y así probarse sus propias túnicas. Ellas habían estado de acuerdo y la pelirroja había accedido a acompañar a su amiga de buena gana.

- Hermione...

- mmm...- respondió su amiga castaña mientras miraba una colección nueva de plumas y tinteros a través de un vitral.

- hace tiempo que quería preguntarte algo...- su amiga se volteó y la miró- quería saber si... ehh... ¿a ti, a ti te interesa de alguna manera Harry?- Hermione levantó las cejas confundida- es decir ¿te gusta?...

La castaña se quedo callada mirándola seriamente, recordó el beso y enrojeció un poco. Después de unos segundos que a la pequeña pelirroja se le habían hecho torturosamente eternos, la castaña contestó:

- no, no, por supuesto que no... ¿Cómo crees Ginny?, él es mi amigo, mi mejor amigo, nunca pensaría así de él... ¿por, por qué lo preguntas?- respondió nerviosa sin saber por que.

La pelirroja suspiró y la miró.

- no, esto, por nada... mejor vamonos.- jaló el suéter de su amiga y se dirigieron a su destino.

Aunque la castaña sospechaba que ese suspiro había sido de resignación, decidió ignorarlo y seguirla; de todos modos ese asunto no tenía ni principio ni fin... ¿verdad?

Llegaron al negocio de esa bruja experta en túnicas y entraron silenciosamente.

Después de probarse unas cuantas túnicas y escoger las adecuadas, ambas chicas salieron a esperar a sus amigos, se suponía que las mujeres eran las que se tardaban ¿no?, pues esos dos no aparecían.

- sabes Ginny, voy a comprar algo para tomar... ¿quieres algo?- la pelirroja asintió- bien entonces ahora regreso...

Se dirigió a una tienda cercana para comprarse algo cuando una voz la distrajo.

- Granger, mira nada más, pero si has vuelto- la castaña se volteó rodando los ojos al reconocer la voz rastrera- pensé que ibas a darme el gusto de no volver a Hogwarts, pero veo que la sabelotodo no podía estar tan lejos de sus dos patéticos amigos...

- Malfoy...- dijo en tono cansino.

El rubio sonrió de lado. La miró de arriba abajo percatándose de que había cambiado mucho en estos siete meses que no la había visto.

- Malfoy deja de mirarme así- dijo sonrojándose por la mirada escrutadora de su emm... ¿Compañero¿Enemigo?

- no gastes mi nombre sabelotodo, además debo admitir que fue una suerte reconocerte, se nota que no eres la misma monja de antes- le dirigió una sonrisa seductora y se acerco a ella.- de hecho diría que te favoreció el cambio.- dijo tratando de molestarla.

Hermione frunció el ceño sonrojándose de nuevo. ¿Era acaso eso un halago?. El hurón soltó una carcajada por su sonrojo y eso enfureció a la castaña.

- déjame en paz, Hurón, no tengo ganas de discutir con tigo. Si me permites tengo prisa.

Paso a su lado empujándolo y si dejar de obviar el hecho de que el Hurón botador no la había llamado sangre sucia, se alejó de él.

- ¡vamos Granger¡Que ya no soy tan malo!- oyó que le gritó a lo lejos, volteó a mirarlo fijamente y se dio cuenta de que le sonreía egocéntricamente. Gruño y apretó el paso.

Tal vez la muerte de su Padre y su participación en la Orden del Fénix como miembro externo, sólo para ayudar a su Madre, lo hubiesen cambiado; pero su actitud "amigable" la había puesto nerviosa; y eso no le gustaba, de todas maneras aún le caía mal, tal vez se debía a que aún no confiaba del todo en él, debía acostumbrarse primero. Bufó.

Volteó de nuevo para cerciorarse de que no la seguía y se dio cuenta de que el rubio estaba hablando con su Madre a una distancia lejana a su posición. Sonrió aliviada y camino un poco más calmada. Pensando.

Iba tan inmersa en sus cavilaciones que no se dio cuenta de que un par de ojos blancos la miraban fervientemente. El dueño de esos ojos plateados desvió su atención del rubio que anteriormente vigilaba y con sigilo se fue siguiendo a la castaña, desviando su camino.

Hermione se paró de repente tratando de recordar cuál era la razón por la que se había separado de Ginny, y fue cuando lo sintió.

Alguien la miraba.

Un escalofrió recorrió su espalda y de repente quiso encontrar a sus amigos. Volteó a los lados fijándose que había perdido el rumbo de su dirección, y que ahí donde se encontraba, casi no había gente. Buscó a la persona que la estuviese mirando, pero nada.

Estaba pasando su vista por el panorama casi solitario que tenía enfrente, cuando unas sombras negras en un callejón algo lejano la distrajeron. Enfocó mejor su vista tratando de confirmar sus sospechas, y cuando lo hizo retrocedió abruptamente. Abrió los ojos como platos y metió una mano a su chamarra encontrando y apretando su varita.

Iba gritar "mortifagos", cuando alguien toco su hombro.

- ¡¡ah!!- dio un respingo y soltándose del agarre, perdió el equilibrio cayendo hacia atrás, dándose un sentón doloroso. Su varita cayó con un sonido seco a su lado.

- ¡Granger¡¿Qué cojones te pasa?!- exclamó el primogénito Malfoy contrariado por la reacción de la chica.

- ¡Malfoy¡Me pegaste el susto de mi vida¡¿Acaso estabas siguiéndome?!- gruñó enojada.

- ¡claro que no sabelotodo, lo que pasa es que tuviste la suerte de toparte de nuevo conmigo!- le respondió enfadado pero con un ápice de humor.

Hermione frunció de nuevo el ceño aún sin levantarse, pensando seriamente si estaba o no diciendo la verdad, pero no pudo llegar a su conclusión; porque aterrada observó como a Malfoy se le desvanecía la sonrisa de la cara al desviar su vista de ella hacia el frente; vio como él saco rápidamente su varita y apretó los labios.

La miró de nuevo con una mezcla de temor y preocupación, que apenas se opacaba en sus fríos ojos.

- sino quieres morir come-libros es mejor que empieces a correr- seguidamente la tiró (muy poco delicado) de un brazo, que apenas dándole tiempo para recoger su varita ya había sentido como la "aventaba" a su lado poniéndola de pie.

Mareada intento ver a los mortifagos que estaba segura había visto a lo lejos. Pero en lugar de eso escuchó como Malfoy le gritaba de nuevo.

- ¡vamos Granger, no trates de hacerte la valiente, he dicho que corras!- le dijo, pero a la castaña más bien le sonó como a una orden.

- ¡yo ha diferencia de ti hurón, no pienso irme!- escucharon varios gritos de las personas que anteriormente caminaban tranquilas por los alrededores y a la castaña se le encogió el estómago al pensar que había mucha gente ese día, muchos... inocentes- ¡vete Malfoy, eres un cobarde¡no puedo creer que seas un miembro de la Orden!- apretó más su varita y salió corriendo en dirección a los mortifagos.

Pero no había dado ni dos pasos cuando una mano le rodeó el brazo con brusquedad jalándola hacia atrás.

- ¡no seas terca sabelotodo, huye de aquí!- un hechizo pasó muy cerca de ellos, y una explosión se dio a su costado derecho. Sin embargo Hermione no pudo apartar la mirada de esos ojos gélidos y fríos. Apretó la mandíbula y se liberó del rubio de un jalón, lastimándose el brazo.

- hay gente aquí que necesita ayuda hurón, no me pienso ir...- susurró, después agarrando todo su valor Griffyndor salió en dirección a su primer destino: los mortifagos.

- ¡Los aurores no tardan en llegar Granger!- esquivó el hechizo de un mortifago que paso muy cerca de su cuerpo y vio como la castaña se alejaba, apretó la mandíbula enojado¡maldita Granger!; pero aya ella, que se muriera si quería, él salvaría su pellejo. Se dio la vuelta dispuesto a irse, pero antes de dar si quiera tres pasos, se quedo parado, tenso, erguido.- ¡maldita come-libros!- se dio de nuevo la vuelta y salió corriendo hacia la castaña, de hecho hacia los mortifagos; él no era un miserable cobarde.

Hermione siguió corriendo y lanzo un Expelliarmus a un mortifago que estaba muy cerca de una señora con un niño.

- ¡señora salga de aquí, es peligroso!- la señora le asintió asustada y agarrando a su hijo se perdió entre el abrumante humo que se había alzado por ese lado del callejón Diagón. Volteó su cabeza para mirar el campo de batalla, y observó con asombro como muchos magos que estaban de compras peleaban contra los mortifagos sin mucha suerte, le asombró ver a Malfoy batiéndose a duelo con un mortifago a unos seis metros de ella. Pero sonrió.

Una explosión la saco de sus pensamientos, devolviéndola a la realidad. Tenía que encontrar a sus amigos. Empezó a correr, teniendo muy poca visibilidad, por lo que no pudo evitar chocarse contra alguien, o algo.

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Harry y Ron habían llegado corriendo hacia la tienda de Túnicas donde se habían quedado de ver con Hermione y Ginny. Sostenían fuertemente sus varitas y estaban llenos de tierra y uno que otro rasguño. Harry tenía un rastro de sangre en el brazo y Ron en la nariz. Se habían enfrentado contra tres encapuchados y después de vencerlos en una dura batalla, habían ido preocupados por sus amigas.

Ambos apretaron sus mandíbulas al comprobar que ni Ginny ni Hermione estaban ahí. Dos explosiones sonaron cerca de ellos, mientras veían como la gente trataba de resguardarse en las negocios, otros huían sin dirección fija y muy pocos luchaban contra los mortifagos.

Harry aspiro una bocanada de aire tratando de serenarse, estaba preocupado, que tal si les pasaba algo, sería su culpa, no debió haberlas dejado solas... Hermione... Ginny... por Merlín.

- ¡Harry cuidado!- sintió un empujón que lo arrojo contra el duro suelo, su varita se deslizó de su mano por lo menos a un metro de distancia y una luz amarilla paso a uno de sus costados, estrellándose contra una ventana, haciéndola añicos. Se protegió de los vidrios que volaron y sintió como un pedazo se enterraba en su brazo. Apretó las mandíbulas para aplacar el dolor y arranco el vidrio de su brazo, viendo como le dejaba una severa rajada y la sangre corría por su brazo. Volteó a ver a Ron, que lo había empujado, y observó con horror como dos encapuchados se acercaban a ellos.

Se levantó de un salto y fue a recoger su varita. Suerte que su brazo lastimado había sido el izquierdo.

- ¡¡Ron tenemos que buscar a tu hermana y a Hermione!!- pero al parecer Ron no lo estaba escuchando puesto que estaba viendo hacía el frente como hipnotizado- ¡¡RON!!- se acercó a él y lo agitó de un brazo.

- Harry mira eso...- susurró señalando a lo lejos. Harry siguió la dirección de su brazo y abrió los ojos desmesuradamente. Un encapuchado, pero no uno normal, era un encapuchado vestido de rojo, que no peleaba con varita, sino con una espada de hoja larga y plateada. Mataba a los magos e inocentes que se encontraba, con frialdad, sin piedad, rajando sus cuerpos y salpicando de sangre a su alrededor, al parecer disfrutándolo. Los miró, o eso pareció, pues traía la capucha encima. Pero a pesar de eso, Harry, estaba seguro de haber visto su sonrisa resplandecer en la oscuridad de su cara, una sonrisa tan macabra y siniestra que lo hizo temblar.

Jaló a Ron alejándose de otra explosión y de ese ser encapuchado. Volteó a ver a los mortifagos que estaban a punto de atacarlos y lanzó un impedimenta, lanzando a uno de ellos por los aires. Ron sacudió su cuerpo aterrado y ayudando a su amigo, esquivó con destreza el hechizo del otro mortifago y luego lo atacó con un depulso, dejándolo fuera de combate.

Harry apreció como unos veinte encapuchados salían de las sombras, con espadas en mano y sin la característica máscara de los mortifagos. Sintió un tirón de Ron y salieron corriendo en dirección a ellos, más por encontrar a sus amigas, que por enfrentarse a esos seres.

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Hermione había vuelto a caer al suelo por el choque que había sufrido, en su cuello el collar que llevaba rebotó en su pecho. Levantó su mirada esperando ver a Malfoy o a algún mago, pero su respiración se paralizo al ver a un encapuchado rojo, de pie frente a ella, sosteniendo una enorme espada y mirándola. Esos ojos, brillaban de maldad, sus dientes afilados, llenos de sangre, en una sonrisa tétrica. Tembló. De miedo, de desesperación, de terror.

- humana- habló él, levantó su espada dispuesto a matarla, y la castaña no pudo moverse, estaba paralizada del miedo- es un honor matarte, Hermione...- un escalofrío recorrió su espalda al oír su nombre y cerró los ojos esperando el golpe. Porque internamente sabía que era ese ser que tenía enfrente.

Sin embargo no llegó a sentir nada, pues sólo logro escuchar como alguien pronunciaba un Expelliarmus, y abriendo los ojos pudo ver como el demonio que estaba por matarla, salía volando hacia atrás y chocaba contra una pared. Vio a Ginny acercarse a ella y la ayudó a pararse.

- ¡Hermione por Merlín¡¿Por qué no te defendiste¡Pensé que iba a matarte!- internamente la castaña pensó lo mismo.- ¡dios Hermione ¿que es eso¡Ni siquiera parece humano!- volteó al lugar donde el ser estaba tendido y vio como su capucha se había corrido, dejando ver su rostro. Pálido, muy pálido. Pelo blanco, dientes filosos, vestigios de sangre en su boca, sus ojos estaban cerrados, pero hubiera jurado que eran negros, totalmente negros. Tembló de nuevo.

- son...

- ¡Ginny, Hermione!- gritó un pelirrojo a lo lejos, interrumpiendo a su amiga, su cara era de preocupación y alivió mezclados. Detrás de Ron venía Harry igual de asustado. Llegó primero el pelirrojo y abrazó a su hermana. Luego llegó Harry e hizo lo mismo con su amiga.

- ¡Dios ¿están bien¡Nos tenían muy preocupados!- exclamó Harry estrechando a su amiga, que le correspondió aliviada. La separo para mirarla y llevó sus manos a su cara.- ¿están bien?- repitió.

- si...- su amiga miró el brazo de su amigo alarmada- ¡Harry tu brazo¡Esta sangrando!

- no es nada Hermione- la miró de nuevo buscando alguna herida, pero lo único que logró encontrar fue un leve rastro de sangre que bajaba de la comisura de su labio. Lo acarició suavemente borrando todo rastro de ese líquido rojo y su amiga hizo una mueca.

- auhh... no sabía que me había golpeado.- se separó lentamente de su abrazo, sintiéndose desprotegida de momento. Miró como Harry observaba a Ginny y esta se lanzó a abrazarlo.

Sintió algo raro al verlos, pero lo desechó rápidamente. Vio como Harry la abrazaba tímidamente y le acariciaba la espalda.

- chicos, no creo que sea el momento- Hermione siguió la mirada de su pelirrojo amigo y comprobó con terror que unos diez encapuchados rojos, se acercaban a ellos, mirándolos, mirándola. Harry y Ron se pusieron frente a ellas en gesto protector, con las varitas en mano, pero Hermione tenía el presentimiento de que sus hechizos no iban a servir de mucho pues el guerrero derribado por Ginny estaba levantándose lentamente.

Escucharon como la gente gritaba de júbilo porque, al parecer, los Aurores habían llegado, pero todo alrededor de ellos estaba tenso.

- ríndanse, los aurores llegaron, no tienen escapatoria- dijo Harry con voz firme y sin bajar su varita. Ginny y Hermione levantaron las suyas por si acaso.

Un encapuchado soltó una carcajada que les heló la sangre. El encapuchado que estaba al frente de ellos y que llevaba una espada diferente a la de los demás, llevó una mano a su cabeza y se quito la capucha, dejando ver su rostro. Pelo negro en puntas hacia arriba con un copete que le tapaba un poco su ojo derecho, ojos blancos como la nieve, con una expresión soberbia en el rostro. Con una cicatriz extraña que atravesaba entremedio de sus cejas.

Levantó su mano e hizo una seña a todos sus seguidores. Ellos obedecieron y sus rostros quedaron al descubierto, algunos con el pelo negro y ojos negros, otros con el pelo rojo sangre, y muy pocos con el pelo blanco, dientes afilados. Sólo él tenía los ojos blancos. Esos ojos que la miraban, haciéndola retroceder, titubear.

Los Aurores venían corriendo hacia ellos junto con Malfoy que venía un poco más atrás sucio y maltrecho, a su lado Tonks, Remus y Moody venían corriendo, al alcanzarlos quedaron tan asombrados por ver a sus atacantes que se paralizaron, quedando de frente a ellos.

Lupin se acercó al cuarteto y les preguntó si estaban bien. Una tensión invadió el lugar.

- ¿quiénes son ustedes?- preguntó Moody viendo a los extraños sin intenciones de atacar.

Uno de ellos sonrió. Ojoloco se tensó ante su sonrisa.

- quedan detenidos por asesinato...

- nadie nos detiene asqueroso humano...- Hermione se tensó al oír su voz y de repente recordó algo, recordó que tenía un guardián. Apretó la cadena que traía puesta, la cruz que él le había dado, recordó como usarla y presiono el diamante. Nada.

- ¡¿quienes son ustedes?!- repitió otro Auror.

- Tanta rata hiere mi sensibilidad estética...- dijo el que estaba al mando, hizo un movimiento con ambas manos, como si lanzara algo y sintieron como una corriente de aire se extendía por sobre todos ellos, haciéndolos volar y caer estrepitosamente contra el suelo. Una sola persona permaneció de pie, sin saber que había ocurrido.

- tu... humana...- Hermione permaneció ahí sin saber que hacer, escuchó los quejidos de sus compañeros que trataban de incorporarse.- estas en el lugar equivocado... pero nos haces el trabajo más sencillo, ya sabía yo que ese estúpido ángel no podría protegerte.- Hermione retrocedió un poco.- ¿me tienes miedo?, haces bien...- la castaña retrocedió más.

- ¡Hermione¡Corre!- escuchó como le gritaba Harry, ella volteó a verlo. No sabía que hacer, sus amigos estaban fuera de combate.

- mátenla- un escalofrío la recorrió completamente, trato de irse, pero tropezó con un mueble que estaba tirado y cayó de nuevo. Ahora ni siquiera tenía su varita.

- ¡NO!- oyó que gritó alguien. Vio como a uno de esos demonios le salían alas de la espalda, macabras y rasgadas alas grises, huesudas; observó como el rostro de ese ser, mutaba volviéndose gris, sus ojos se oscurecieron completamente, sus afilados dientes crecieron. Desenvainó su espada y elevándose unos centímetros, voló hacia ella con un potente movimiento. Cerró los ojos, oyendo como algunos de los magos a su espalda lanzaban hechizos contra su atacante. Pero sabía que los demás demonios también habían alzado el vuelo contra los aurores y sus amigos.

Se cubrió el rostro con sus brazos, en un vano intento de defenderse, pero sabía que no iba funcionar de nada. Esperó apretando los ojos, esperando a que ese ser la atacara, pero el golpe nunca llegó. En cambio un golpe seco se escucho delante de ella. Abrió los ojos para ver que ocurría; y su rostro se iluminó al ver ahí delante de ella a su guardián. A Kalyo deteniendo el ataque del demonio con su propia espada.

Kalyo había estado desesperado, esperando a esa castaña, pero no llegaba, y no tenía ni idea de cómo encontrarla. Después de pasar alrededor de dos horas esperándola, había sentido como ella lo llamaba, de inmediato había desaparecido y sabiendo donde estaba gracias a ella, había llegado justo a tiempo para detener el ataque de un demonio.

Hizo un hábil movimiento con su cuerpo y golpeó al demonio en el rostro con el mango de su espada. Este se desoriento un poco y trastabillo por la fuerza del golpe, su sangre tapo la mitad de su rostro. Kalyo aprovechó su distracción y con un rápido movimiento hundió su espada en el tórax del enemigo. Su sangre manchó la mano del ángel al sacar la espada de su cuerpo; luego con una furiosa mirada golpeó la boca del demonio rompiendo su mandíbula y tirándolo al suelo.

Hermione vio con horror como ese ser, se retorcía y convulsionaba su cuerpo por unos instantes, y luego sus manos empezaron a desintegrarse, hasta que todo su cuerpo se volvió cenizas ante sus ojos. Tembló de pánico y se levantó, quedando atrás de Kalyo. Este, en un acto inconsciente la protegió con su cuerpo de Perseus.

Una batalla se daba a sus espaldas, eran diez demonios contra más de treinta aurores, y aún así ninguno de sus amigos podía pasar hacia donde ella estaba. Vio como maldiciones imperdonables salían de la boca de los aurores cansados y ensangrentados, vio a sus amigos tratando de librarse de un demonio sin mucho éxito; sintió miedo por ellos. Observó con dificultad como lanzaban un hechizo a la vez, dándole al ser demoníaco que salió volando. Suspiró aliviada y regresó su vista hacia Kalyo y el jefe de los demonios, que permanecía implacable frente a ellos, como si no estuvieran matando a sus tropas.

- los demonios se convierten en ceniza cuando mueren, los ángeles en esferas de luz...- dijo Kalyo, no supo bien, pero pareció que se lo decía a ella.

- vaya Kalyo, pensé que rechazarías el trabajo de cuidar a una humana, veo que me equivoqué un poco... pero vamos, tu no cuidas a nadie, nadie más a parte de ti te interesa... me es inconcebible que tú, seas capaz de rebajarte a este mundo...-dijo Perseus arañando las palabras con un tono rastrero.

- y tu Perseus, te rebajas a aliarte con magos, con humanos... eso es verdaderamente vergonzoso- Perseus sonrió.

- Kalyo, algún día aprenderás que si quieres una victoria asegurada, tienes que manipular... pero bueno que tal si terminamos con esto y dejas que mate a la chica...

Kalyo apretó su espada.

- estas loco Perseus, no voy a dejar que le toques ni un pelo...

- ¿ahora me vas a decir que te importa? Acaso tu corazón se ablando... ah lo olvidaba, tu no tienes corazón Kalyo... — el ángel entrecerró los ojos enfurecido.

- es mejor que te largues Perseus, vuelve a tu mundo, porque no voy a dejar que ganes esta batalla, porque yo peleo por venganza y por orgullo, y no sabes lo peligroso que soy ahora. Además, mira a tu alrededor, eres patético, tus guerreros perdieron contra una bola incapacitada de hechiceros humanos¿así me piensas ganar?- se burló.- sabes que yo solo, soy suficiente para derrotar a tu patético ejército.

- me das miedo, de verdad que si...- sonrió sarcásticamente el señor de las tinieblas.- pero de acuerdo, me iré, pero ten en cuenta que nos volveremos a ver, y la próxima, la suerte será mía. Tanta arrogancia solo es digna de mí, Kalyo, y aprenderás de la peor manera que eso a veces no es prudente...

Extendió las alas, que, a diferencia de las demás eran completamente negras, como de un ángel. Antes de irse miró a Kalyo y a Hermione y dijo:

- esto es para que no olvides que te enfrentas a un demonio niña- Kalyo frunció el ceño y vio como su rival desenvainaba su espada, arrojando un golpe al aire con ella; al tiempo que dejaba salir llamas de la espada que se dirigían hacia ellos, luego desapareció por el firmamento. Kalyo detuvo las llamas con su hoja plateada, pero con una leve explosión, el ángel salió disparado contra el piso, produciendo un hoyo en él y causando que su sangre corriera por su frente. A Hermione le llegó un suave golpe, que la hubiera hecho caer sino hubiera sido alcanzada por alguien.

Kalyo hizo desaparecer su espada entre sus manos, mientras el polvo por la explosión lo ocultaba, después en pose elegante se levantó, cerciorándose de que no quedara algún demonio que matar. Observó su alrededor y luego vio como Hermione estaba siendo agarrada por un chico moreno y alto. Levantó una ceja y se acercó a ellos.

- ¿estas bien castaña?- preguntó lo más calmado que pudo, aunque todavía tenía presente la preocupación que había sentido por ella, pero lo ocultó.

- s-si muchas gracias por venir...- volteó a mirar a Harry y lo abrazó. Este aún algo aturdido la recibió con gusto y alivio.

- que bueno que estas bien Hermione, me asuste mucho...- ella asintió.- ¿Qué fue lo que paso?- Hermione vio por sobre el hombro del ojiverde como Ginny, Ron y un poco más atrás Malfoy, venían en su dirección.

- no estoy muy segura...

- ¡Hermione, me alegro que estés bien!- Ginny abrazó a su amiga y Kalyo hizo una mueca de desagrado. Empalagándose con tanto cariño.

- ¿Qué eran esas cosas?- preguntó el pelirrojo, Malfoy se había quedado a hablar con Lupin. Mientras, observó como Tonks llevaba unos cuantos mortifagos encadenados con magia.

- se llaman Demonios pelirrojo, y les dieron una paliza...- dijo Kalyo mirando fijamente a la castaña.- esto no es ni la mitad de su ejército y aquí hicieron una masacre... y de veinte solo lograron matar a siete... es patético-murmuró para si. La castaña se colocó a su lado.

Los chicos dieron un vistazo al campo de batalla y observaron como había centenares de cuerpos tirados por todos lados, ya había llegado una brigada de medímagos, para ayudar a los heridos; y los Aurores que acababan de arribar llevaban los cuerpos tapados con mantas.

- ¿y tú como sabes tanto?- dijo Harry en tono defensivo.- además estoy seguro que tu hiciste algo extraño cuando te estabas defendiendo...

- yo me informo, leo e investigo acerca de las criaturas que existen en el mundo y en el universo... y por si no lo recuerdas eso "extraño" que hice, se llama magia, una magia que en tu país no entienden... o quizás seas tú el que no comprende- dijo arrastrando las palabras como sólo había oído hablar a Malfoy.

Harry apretó los labios. Hermione vio a los gemelos que ayudaban a unos cuantos heridos y sintió alivio por ellos. Regresó a la pequeña discusión que tenía su amigo y su guardián y agarró la manga de Kalyo tratando de calmarlo.

- ¿pero estaban con los mortifagos¿Eso quiere decir que son aliados de Voldemort?

- así parece Ron- respondió la castaña para no levantar sospechas. Vio como Kalyo limpiaba la sangre de su rostro con su manga y por primera vez se fijó en él. ¿Estaba vestido cómo humano? Abrió la boca sorprendida y lo miró a los ojos olvidándose de que estaba apunto de regañarlo.

- ¿y tu quien eres?- preguntó Harry bruscamente. Ese tipo tenía algo que no le agradaba. Además parecía conocer a Hermione.

- soy su amigo- señaló a la castaña y esta se encogió en su lugar al sentir la mirada de sus amigos escrutándola fervientemente.

- ¿es verdad eso Hermione?- preguntó Ron un poco receloso.

- esto... si, él es un amigo...- miró al castaño y le frunció el ceño.

- ¿y cómo se llama?- la castaña se puso nerviosa.

- Me llamo Adam, pelirrojo, Adam Hellsing.- dijo con tono demasiado altanero.- no tienes por qué interrogarla a ella...

Lo miró desafiante y luego miró a la castaña. Hermione le regresó la mirada confundida¿Adam¿Había algo de lo que no se había enterado? Miró a sus amigos y luego a Kalyo y pensó que no le gustaba en los absoluto esa situación, tuvo el presentimiento de que algo malo se avecinaba, tal vez una discusión... bueno...por lo menos estaban bien todos... ¿o no? eso valía ¿cierto?. Caray, por que tenía que pasarle esto a ella ¿por qué?

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