Draco Dormiens Nunquam Titillandus
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13.- El Nuevo profesor
It's better to die in hope, than to live in despair, let me be your liberator.
(Es mejor morir en esperanza, que vivir en desesperación, déjame ser tu liberador)
Algunas personas no son lo que aparentan ser...
Después de ese día en el cual los pelirrojos se habían enfadado con Harry, ambos hermanos ignoraban al pelinegro cada vez que éste intentaba acercárseles; había algunas veces en las que Harry lograba hablarles, pero ellos, en especial el porfiado de Ron, acababan en una tormenta interior, con un final explosivo. Explosión de furia, peleas y gritos. La castaña estaba en medio de un conflicto que sus mejores amigos parecían no querer dejar, y a cada nueva disputa que tenían, ella estaba perdiendo cada vez más la paciencia.
No soportaba estar un rato con Harry y a veces un rato con los hermanos Weasley. Además Ginny se portaba algo... distante con ella. Sumando al hecho de que estaba sintiendo una extraña atracción por su amigo, pues no mejoraba las cosas estar sola con él demasiado tiempo, era mejor guardar distancias. Además, su guardián castaño no la dejaba en paz ni por un segundo. Siempre se le veía atrás de ella, siendo muy obvia su actitud de vigilancia. Y ella estaba harta de la situación.
Hasta Draco Malfoy, que se portaba insoportablemente amable con ella, parecía mejor compañía que la bola de gente con la que estaba. Insufriblemente molesto, Malfoy se había vuelto una agradable compañía en las rondas de Premios Anuales, insufriblemente amable y galante; y aunque se la pasaran discutiendo por tonterías, ya no se ofendían. Y eso también la frustraba. Parecía que sólo se comportaba diferente con ella.
Maldición.
Lo peor había sido cuando todo había llegado a un límite exagerado, con Harry, con Ron, con Adam y con el desgraciado de Malfoy; sólo una semana atrás, cuando su profesor de Defensa -que se parecía más a uno de sus compañeros- había llegado al colegio.
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Los alumnos de Gryffindor y Hufflepuff se encontraban sentados a la espera de la que sería su primera clase de DCLAO
- Buenos días alumnos — dijo un joven que no sobrepasaba los 23 años mientras entraba a la aula, hizo una leve reverencia cuando estuvo frente al escritorio y dijo con voz suave y elegante: — mi nombre es Ryan Connell, y en este curso seré su nuevo profesor de Defensa contra las artes oscuras...
Los murmullos no se hicieron esperar y los suspiros ahogados de las chicas que estaban presentes fueron todavía más audibles.
- ¡Por Merlín! es guapísimo...- suspiró una chica de los tejones al lado de una Hermione que se encontraba, digamos... gratamente sorprendida. Y es que le daba la razón a su compañera.
Su profesor, que era extremadamente joven para serlo, era de tez blanca, con los ojos de un miel intenso y con el cabello rubio que caía desordenadamente por su rostro. Alto, fuerte, y para que negarlo, con un aura de simpatía increíble.
Sintió como a su lado, que era ocupado por su guardián, algo se sacudía furiosamente. Se sobresaltó un poco y giró la cabeza con los ojos desorbitados. Adam a su lado, apretaba los puños sobre el escritorio, observaba al nuevo profesor con la mirada más temible que jamás le había visto. Se dio cuenta con asombro, que el movimiento brusco que había sentido hacía unos segundos, había sido producido por los temblores que emanaba el cuerpo del castaño. Notó sus mandíbulas firmemente apretadas, y no pudo más que tragar saliva sin ser conciente de lo que pasaba.
Por unos momentos pareció percibir que Adam y su profesor intercambiaban una mirada, pero sólo fueron unos segundos, y no pudo estar segura de si había o no pasado.
La clase fue muy entretenida, lo único que hicieron fue presentarse ante el nuevo profesor y repasar un poco los temas en los que habían quedado el año pasado, qué tanto sabían y lo que verían ese ciclo escolar.
Había resultado ser muy entretenido tener esa clase, el profesor era inexplicablemente simpático, sobretodo con las chicas. Era amable, sabía enseñar y sobretodo era divertido aprender con él. La castaña se sonrojo muchísimas veces por el escrutinio que ese nuevo docente parecía tener con ella, y mucho más por las sonrisas que le dirigía.
Cuando salieron del aula, Adam parecía dispuesto a pararse delante de su maestro y golpearlo, ella, aunque no entendía esa reacción, que consideraba infantil y estúpida, detuvo el camino de su guardián y lo jaló fuera del aula.
Caminaron en silencio, la castaña no se preocupo mucho de si sus amigos la seguían o no, algo de lo que se arrepentiría horas más tarde, pero estaba más interesada en saber el por qué de la actitud del castaño. Estaba apunto de preguntarle algo, cuando su voz siseante la distrajo.
- No te acerques mucho a él - le dijo enfadado. Con su voz tranquila, esa que le ponía los pelos de punta.
La castaña se confundió al principio, pero pasados unos segundos en los que se había quedado mirándolo con la boca entreabierta, un enorme y molesto enfado empezó a recorrerla completa.
- Por si no te has dado cuenta, es mi maestro¿cómo pretendes que no me le acerque?- le espetó con el mismo enfado, en tono como de alguien que explica que los fénix vuelan.
Adam la miró detenidamente y luego suspiró.
- Pues tendrás que acostumbrarte a que este año no te sentarás con nadie más que conmigo en clases, no te dejaré ni un minuto sola con ese engreído - le dijo con tono amenazante y sereno, extremadamente escalofriante, mientras se adelantaba unos pasos.
La castaña apretó los labios y olvidando las confusiones de hacía unos momentos, le espetó con furia:
- ¡¿Quién demonios te cre-
Adam bufó frenándola y se volvió a ella con ojos amenazantes.
- Te he dicho miles de veces que no digas eso enfrente de mi, como es posible que uses esa expresión tan... tan, tan rastrera...- siseó con cara de asco.
Hermione rodó los ojos desesperada, ya no dispuesta a pelear más y ya resignada se puso a caminar en dirección a su sala común. No entendía la actitud de ese... ángel y no estaba de humor para hacerlo.
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- ¡Ay! No puedo creer que comparta mí tiempo y mí vida con alguien como él, es demasiado..., demasiado¡manipulador¡Un prepotente y controlador compulsivo!, pero un día de estos.- refunfuñaba enojada Hermione, todavía le quedaba latiente la plática que había tenido con Adam hacía unos días, y no paraba de pensar que se estaba excediendo en su comportamiento como "guardián", giró descuidadamente en una esquina.- como si pudi... ¡ahhh!- en ese momento se fue de espaldas al chocar contra otro cuerpo, tirando todos sus útiles al suelo, pero antes de que ella tocará el frío piso de mármol, dos fuertes brazos la detuvieron justo a tiempo, rodeándola por la cintura.
Abrió los ojos tras haber pasado el susto y se choco contra dos orbes grisáceas que brillaban como un témpano de hielo y una sonrisa divertida, seductora y prepotente plasmada en su rostro.
- Malfoy...- susurró incomoda y patéticamente nerviosa.
- Granger, lo siento.- le respondió él aún con la sonrisa en la cara y la expresión divertida.
- No, Malfoy, yo lo siento, iba...
- Hablando sola...- completó él por ella, levantando ambas cejas en tono sugerente.
- Si, bueno... este... si- balbuceó sonrojándose ligeramente.- esto... ¿podrías soltarme Malfoy? Y-ya estoy bien, sólo, bueno - se mordió el labio inferior tratando de pronunciar una palabra coherente y no verse como una descerebrada enfrente del rubio, en ese instante el blondo la soltó y se agachó a recoger sus cosas. Ella reaccionó un poco y se inclinó para ayudarle.
Cuando ambos se levantaron, el blondo le entregó sus cosas a la chica y le sonrió de lado. Desubicándola. De nuevo.
- ¿Sigues nerviosa Granger, o ya se te paso?
- ¿Qué?... yo, mmm, no estaba nerviosa Malfoy, solo, bueno, solo estaba incomoda. - le comunicó con el ceño fruncido y en tono convincente - bueno, ya me tengo que ir, gracias por esto - levantó sus brazos intentando que se diera cuenta que hablaba de sus libros y luego continuó - nos vemos...- y con paso algo más apresurado de lo que habría querido demostrar, dobló la siguiente esquina y se perdió de vista.
- Nos vemos, Granger - sonrió el rubio mirándola hasta que se perdió, para después continuar él mismo su propio camino.
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Harry Potter se encontraba sentado en un taburete de la sala común, tenía el ceño ligeramente fruncido y su mirada se perdía en la chimenea que tenía al frente, mientras, inconscientemente, de vez en cuando miraba el gran reloj de la pared con insistencia.
Todavía recordaba la discusión que había tenido con su amiga castaña la noche pasada, y no podía evitar sentirse como un estúpido egocéntrico al recordar aquello.
La castaña y en algunas veces Luna, eran las únicas amigas que seguían hablándole. Ron aún estaba enfadado y Ginny seguía evitándolo. Ninguno tenía las intenciones de escucharlo y aunque sabía que no podían estar así para siempre, se sentía muy angustiado. Y ahora era un tonto, la única que no estaba enfadada con él, ahora estaba herida por sus inútiles palabras y arrebatos de furia¡Pero es que no lo soportaba!, no soportaba verla con ese... tipo, que cada vez le caía peor. Se sentía como un egoísta, pero estaba preocupado, no confiaba en Adam, y por más que se lo hubiera prometido a su amiga, no podía hacerlo. Era tan... tan misterioso.
¿Y si tenían algo? Si realmente era eso, no entendía por qué la castaña no se lo podía decir, o por qué no aceptaba que por lo menos le gustaba. Y por eso había peleado con ella, comportándose como un estúpido e insensible.
Y lo que más le dolía, era recordar su rostro anegado de lágrimas.
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El pelinegro miraba el fuego de la chimenea sumido en sus pensamientos. No había podido dormir, y la culpa aún estaba presente en su pecho cada que veía a sus pelirrojos amigos.
Escucho como la puerta de la sala común se abría con un sonido silencioso y miró con curiosidad a la persona que aún estaba despierta y vagando por los pasillos a esas altas horas de la noche. Se sorprendió de sobremanera al comprobar que esa persona era nada más y nada menos que Hermione. Revisó el reloj de la pared nuevamente y frunció el ceño al notar que era la una de la madrugada.
- ¿Harry? — le preguntó la castaña extrañada y se acercó hacia él. — ¡Harry¿Qué haces aquí?
- Lo mismo debería preguntarte yo¿no? — le dijo con la voz acusadora mientras regresaba su vista a la chimenea.
- Me entretuve en la ronda... ¿te pasa algo? — preguntó de nuevo mientras se sentaba a su lado y lo miraba con insistencia y preocupación.
- No...- gruñó. No sabía por qué se sentía molesto con ella pero no quería encontrarse con su mirada.
- Harry, sabes que puedes confiar en mi... ¿Qué te pasa? — lo apremió con insistencia.
Estaba apunto de contestar cuando la puerta de la Señora Gorda se volvía a abrir y lo interrumpía la elegante figura de un joven, el cual cada día le caía más mal.
Adam pasó apenas echándoles una rápida examinada y con su habitual pose arrogante y egocéntrica, pasó de ellos con dirección a su habitación.
Harry volvió a fruncir el ceño, esta vez con más aprensión que las demás y le dirigió a Hermione una mirada llena de enfado.
- ¿Estabas con... ese¿Adam era tu distracción? — soltó enfadado y se levantó.
- Pues... pues si, estábamos... eh... hablando — respondió ella confundida por su reacción y también se levantó. — Harry, enserio... ¿Qué tienes? Estas... muy extraño...
- ¿Te gusta? — preguntó con rudeza mirándola fijamente e ignorando su comentario. La castaña se puso nerviosa por su escrutinio.
- ¡Que no! — respondió hastiada, empezaba a perder los estribos. Harry no tenía que pagar su mal humor con ella. — Te lo he repetido hasta el cansancio...
- ¿Por qué no lo aceptas? Nos ahorramos esto... ¿o me vas a negar que se la pasa pegado a ti? — espetó elevando la voz. Lo aceptaba, estaba enojado con el mundo y estaba irritado por sus problemas, sólo se estaba desquitando con Hermione, pero por más que trataba no podía evitar tomársela contra ella.
- No — aceptó ella con tono firme aunque sus labios emitieron un leve temblor. — no te lo voy a negar...
- ¡¿Entonces¡Me pides que confíe en ti, pero tú no confías en mí!
- Claro que confío en ti, Harry... sólo que lo que dices son puros disparates... — susurró con amargura. Harry sabía que le había dado un golpe bajo, poner en duda la confianza de Hermione era como un... como un sacrilegio. Imbécil, se reprendió.
- Hermione, sólo me preocupo por ti ¿de acuerdo? Adam no me da buena espina... no quiero que te pase nada. — suspiró. Intentó calmarse.
- Creo; Harry; que soy lo bastante grandecita como para cuidarme solita... además te aseguro que de Adam es de la última persona en la que tienes que preocuparte...- le respondió con dureza.- jamás me haría daño...- terminó con mucha seguridad. El pelinegro se enfureció.
- ¡¿Cómo lo sabes¡¿Cómo puedes estar tan segura de ello?!
- Porque confío en él...- dijo mientras se giraba para darle la espalda y ocultar sus ojos aguados.
Harry apretó los dientes y de repente la imagen de Ginny entristecida se le vino a la mente. Cerró los ojos mientras se masajeaba las sienes.
- No seas tan ingenua, Hermione... Adam se ve tan frío y hasta cruel. No quiero imaginarme lo que es capaz de hacer... ¿Qué tal si está del bando contrario¿Qué tal si te está usando para obtener información? Hace mucho que no lo veías... no sabes nada de él...- le espetó con dureza.
Oh. Oh.
Confianza, jamás debía dudar de ella. No tenía ningún derecho.
Algo tronó en su cabeza.
Hermione se giró bruscamente hacia él y lo miró con ira. Al pelinegro le partió el alma ver las lágrimas que se derramaban por sus mejillas y se sintió, no sólo el estúpido más grande del mundo, sino el peor amigo del universo.
Sintió como la castaña rechinaba los dientes mientras lo miraba. Pero no dijo nada. Cuando lo hizo, el dolor solo se hizo más intenso, y los latidos acelerados de su corazón se detuvieron por la soledad que le causaron sus palabras.
- Si, Harry, quizás si sea muy ingenua...- lo miró de arriba abajo, con un gesto sugestivo, y limpiándose las lagrimas con una manotazo, se alejó de él viéndolo con desilusión.
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Ahora sólo quería disculparse con ella. Decirle que sólo le había hablado así por un tonto arrebato de furia. Que él no pensaba así de ella. Que él confiaba en ella, porque hasta su vida dejaría en sus manos. Sin dudar. Nunca.
Pero había tantas cosas que decir, y ella no llegaba. Sabía, y estaba gratamente conciente de ello, que Hermione no lo evitaría, que lo encararía, y para él era mejor que lo golpeara a que siguiera enfadada con él.
Enterró su cabeza entre sus manos, cuando unos segundos más tarde, escuchó la puerta de la Dama Gorda abrirse. Se levantó de un salto dispuesto a arrodillarse frente a su amiga si es que era necesario, pero lo que encontró cuando levantó la cabeza, no le agradó en lo absoluto.
Adam estaba de pie, delante de él, con la expresión dura, mirándolo fría y fijamente.
- Te buscaba, niño...- le comentó con la voz suave y pausada.
- ¿Para qué?- le contestó de mala manera. — Que yo sepa, tú y yo no tenemos nada de que hablar...
- No te equivocas, pero yo si tengo algunas cosas que decirte...- dijo amenazadoramente y dio un paso hacía él. Harry se quedó en su lugar mirándolo fijamente.
Antes de que pudiera darse cuenta, un puño se estrelló contra su rostro. Sintió como algo crujía en su ojo izquierdo y cayó al suelo sin poder evitarlo. Se golpeó la cabeza y la mitad de su cuerpo contra el sillón y pronto sintió un líquido caliente bajar por su rostro. Cuando abrió los ojos tras reponerse un poco del impacto, se sintió tan mareado y dolorido, que tuvo la necesidad de apretar los labios con fuerza para evitar el alarido de dolor que quería escurrírsele.
- No quiero que vuelvas a lastimarla...- advirtió el castaño en un susurro. Tenía los ojos fríos y el mentón alzado. Estaba a un lado suyo. Muy cerca. — Tus palabras la hieren más que un golpe físico... y te voy a romper la cara si vuelves a herirla... además quiero que sepas que ella dejó de ser algo insignificante en mi vida... nunca le haría daño, idiota...- siseó. Se inclinó para acercarse un poco más a su rostro y con la voz tan lenta y suave le dijo. — jamás vuelvas a insinuarlo...
Al escuchar esa voz, a Harry lo recorrió un escalofrío involuntario. Nunca había escuchado tanta frialdad y sinceridad en una amenaza. Intentó acomodarse en el suelo, pero sólo logró que todo le diera vueltas con insistencia. Escuchó los pasos elegantes de Adam en un leve susurro, y supo que se había ido. Internamente sabía que se lo merecía.
- ¡Harry! — escuchó la voz preocupada de su amiga llamarle. Abrió el ojo derecho sin poder hacerlo con el izquierdo y vio todo borroso. Sus gafas estaban rotas y por el golpe, unos vidrios se le habían enterrado en la ceja izquierda.
Se preguntó cómo es que Adam no había tenido indicios de algún daño físico. Estaba seguro de que se había lastimado con los vidrios desprendidos de sus gafas. Como él.
- ¿Estas bien¿Harry¡Harry! — sintió una sacudida en su hombro, pero no estaba totalmente conciente. - ¿Qué te paso? ¡Oculos Reparo!
Lo acomodó contra el respaldo del sillón y Harry sintió como le quitaba las gafas. Si ella no hubiera tenido ronda, probablemente se hubiese quedado ahí tirado hasta el día siguiente.
- Harry, necesito que te pongas de pie... necesitas ir a la enfermería...
- Hermione, perdón... — susurró sin hacerle realmente caso. Trató de incorporarse pero una mano en su pecho se lo impidió.
- Shhh... Tranquilo, estas mareado... despacio. — le dijo con cariño. Lo ayudó a sentarse en el sillón y con la varita hizo aparecer un paño y un recipiente con agua tibia.
- Auu...- se quejó el pelinegro mientras su amiga le limpiaba la sangre con suma delicadeza. — creo que me golpeé la cabeza...
- Si, por eso estas mareado... tienes los vidrios incrustado en la ceja, necesitas ir a la enfermería, se te hinchara muy feo...- le dijo con voz suave y le acarició la mejilla con la mano, intentando tranquilizar el dolor. — vamos, te ayudo...
Se levantó torpemente y caminaron muy lento hacía la enfermería. El camino fue silencioso, y aunque Hermione no le hubiera dicho nada, el pelinegro sabía por sus atenciones que lo había perdonado. Se apretó un poco más contra ella y sonrió.
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Al día siguiente, la castaña, que había estado cuidando a su amigo en la enfermería, entró a su sala común como un vendaval. Estaba furiosa, o más que eso.
¿Cómo se atrevía¡Lo había golpeado¿Por qué? Simplemente no lo entendía. Harry no se lo había dicho, pero era bastante obvio. Adam había entrado primero que ella.
Divisó a su amigo pelirrojo al otro lado de la sala común y apretó el paso al ver que éste se acercaba a ella. No estaba dispuesta a presenciar otra escena de sobreprotección por parte de su amigo. Qué si Adam esto, qué si Adam aquello. Bufó. No, definitivamente no.
Subió rápidamente las escaleras que conducían a su habitación, y dando un portazo entró con decisión en ella. Sabía que estaría ahí.
- ¡Tú! — le gritó en cuando lo vio recargado en la pared, con esa pose despreocupada y arrogante que poseía. Que ella tanto odiaba. - ¡¿Cómo te atreves¿Te das cuenta que pudiste herirlo mucho más¿Eres bestia, o qué? — le espetó plantándose frente a él.
Adam la miró sin decir nada. Ni él mismo sabía por qué había actuado así.
- Te prohíbo que vuelvas a lastimar a uno de mis amigos¿oíste? — le advirtió con el ceño fruncido. — mis problemas personales se queda en eso¡Personales! — dijo con furia y lo empujó en el pecho.
- ¿Terminaste? — preguntó con la voz calmada. Hermione gimió con frustración y se dejó caer a su cama.
- Pudiste herirlo de verdad, Kalyo, de veras que podrías haberlo hecho... — susurró. Adam se tensó al oír su nombre.- sé... sé que debes cuidarme y todo eso... pero creo que estas llegando a los extremos... Harry es mi amigo... y sólo peleamos por una tontería... — dijo y se giró sobre su cama para quedar boca abajo y ocultar su rostro en la almohada. Adam la miró fijamente. — piensas que al lastimar a Harry podrás borrar mi dolor, pero sólo lo has aumentado. — se sinceró con la voz sofocada por la almohada. — no me gusta que lo lastimen... por más que me hayan dolido sus palabras...
Adam la escuchó atentamente sin decir nada y desvió su mirada de ella.
Maldición. Se sentía... raro.
- Y luego esta lo de mi profesor... — suspiró la ojimiel y se acomodó para mirarlo.
Adam apretó su mandíbula. No quería recordar a ese imbécil.
- ¿Qué hay con él? — le preguntó con rudeza. Frunció el ceño.
- ¿Por qué te preocupa que este con él? — preguntó ella extrañada.
- Es un idiota. — le dijo simplemente, muy convencido de sus palabras.
- No lo conoces, sólo lo has visto una vez...
- ¿Cómo sabes que no lo conozco? — le contestó con una pregunta. Enarcó sus perfectas cejas hacia la castaña y la miró con intención.
- ¿Lo conoces? — le preguntó sorprendida. Esto era... nuevo.
Adam gruñó y se dejo caer a su lado mirando el techo. Odiaba sentir la necesidad de decirle siempre la verdad. ¡Maldición!
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Adam entró furioso al aula de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Faltaban veinte minutos para que comience la siguiente hora y eso era suficiente para... "hablar".
- "¡Adam!"- exclamó el profesor sorprendido, pero con una sonrisa amigable en el rostro. Había dicho su nombre con un tono irónico, así que lo único que había logrado había sido hacer enfadar más al castaño.
El castaño lo miró con ojos helados y de un rápido movimiento, tomó al profesor de las solapas de la camiseta y lo estampó contra la pared mientras apretaba los dientes con fuerza y furia.
- ¡Hey! No seas tan violento... Kalyo... — dijo arrastrando las palabras.- ¿no te alegras de verme?
- ¡¿Qué haces aquí, imbécil?! — le espetó con furia contenida sin prestarle atención.
- ¡Vaya¡Eres un egoísta, Kalyo! — lo miró sorprendido. - ¡Pudiste pedirme ayuda¡Yo también quiero divertirme un rato! — le reprochó con un gesto infantil.
- ¡Claro! - siseó el castaño con ironía. Lo soltó con un brusco movimiento y se alejó echando chispas. - ¿quién te lo dijo? — Ryan le dirigió una mirada cómplice junto a una sonrisa triunfal.
- No seas aguafiestas, Kalyo, él me mandó a cuidar de ti — sonrió. Adam lo fulminó con la mirada. — o bueno, a cuidar a tu protegida de ti... pero veo que no lo llevas tan mal ¿eh? Te diré que las humanas son bastante atractivas...
- Ni lo pienses, no te atrevas a acercártele... te mataré si lo haces... — advirtió con voz extremadamente escalofriante.
- ¡Hey! Sin llegar a la agresión... no pensaba hacerlo de todas maneras...- hizo una pausa y lo miró sonriente. - nunca me imaginé que tu pudieras ser tan protector. — Adam volvió a fulminarlo. — ya, ya, me callo...
- Aléjate de mi camino si aprecias tu vida...- dijo con tono sombrío.
La expresión de Ryan se puso seria.
- Te estas equivocando de bando, Kalyo... soy de los tuyos...
- ¡Deja de llamarme así, idiota¡Alguien puede escucharte! — le espetó con voz áspera.
- Sólo soy un mensajero, "Adam", vengo a ayudarte en lo que pueda, me han entregado este libro para ti...- se giró a su escritorio suspirando y extrajo un libro de cuero negro de su maletín. Se lo tendió al castaño. — ya sabes, amigo, aquí estoy por si me necesitas... aunque todavía no te perdono que no me ayas avisado. Pero te diré que Dumbledore fue muy amable en aceptarme como profesor...
- Solo aléjate de ella ¿quieres?, Te conozco, Ryan, y sé que sueles ser muy amistoso con la gente... — Adam suspiró. Apretó el libro en su mano y se dirigió a la puerta.
- Adam... tienes que ser más amable con ella, los humanos son... complicados, amigo... son diferentes a ti... — le aconsejó viéndolo marcharse.
El castaño salió sin responderle, pero lo escuchó atentamente antes de abandonar el salón dando un portazo.
Por lo menos no tendría que matarlo a golpes. Lo habían enviado. Bien.
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- ¡Vaya! Es tu amigo...- se sorprendió la castaña.
- Más o menos. — Respondió el castaño haciendo una mueca.- se supone que nadie debía venir conmigo, era algo... demasiado riesgoso.
Se quedaron callados por unos segundos, hasta que la castaña le preguntó algo que la tenía más que confundida.
- ¿Por qué no quieres que se me acerque?
Adam suspiró y se incorporó sobre la cama. Miró a través del cristal de la ventana y se odio de nuevo por la necesidad de sólo decirle la verdad.
- No quiero que te relaciones con gente..., gente que no es de tu especie... creo que conmigo basta y sobra... — le respondió con expresión sombría.
- ¿Por qué?
- Somos diferentes, Hermione... eso es todo lo que necesitas saber. — Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.- escucha, no quería lastimarte, pero no voy a dejar que ese niño te hiera de nuevo...- le avisó sin mirarla. Abrió la puerta y salió con porte elegante y prepotente... muy prepotente.
Hermione suspiró cuando lo vio cerrar la puerta. No lo entendía, de veras que no lo hacía.
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Harry estaba acostado en una de las camas de la enfermería. Después de que la castaña se fuera, él había intentado persuadir a Madame Pomfrey con respecto a dejarlo ir, pero había sido completamente inútil.
Ella insistía en retenerlo ahí, aunque el chico ya se sintiera mejor. Sólo había sido un mareo¡Por Merlín!... Bueno, varios mareos, pero eso no venía al caso.
Suspiró frustrado mientras veía por la ventana, y se preguntó a qué horas regresaría Hermione. Le había dicho que le llevaría un resumen de las clases en cuanto éstas acabaran, pero no había rastros de ella.
Se removió incomodo en su cama cuando sintió como alguien se paraba a su lado izquierdo. Se giró esperando ver a su castaña amiga, pero se llevó una sorpresa que le revolvió las entrañas cuando se topo con el par de ojos azules de su mejor amigo.
- ¡Ron! — exclamó. Se incorporó rápidamente produciéndose un nuevo mareo, pero no le importó.
- ¿Cómo estas? — le preguntó el pelirrojo mientras tomaba asiento junto a su cama.
- Bien, gracias... ¿qué haces aquí?... — le preguntó intentando no sonar muy ansioso. Pero como que no le salió muy bien.
- Bueno me enteré de lo que te había pasado... — dijo nervioso y desvió la mirada. — y pensé en pasarme por aquí, y también creí que era el mejor momento para disculparme... ya, ya sabes... creo que me porte como un idiota...
- ¡Vaya¡Hey!, enserio, Ron, yo no quería lastimar a tu hermana... creo que él que te debe disculpas soy yo...
- No... Interiormente sabía que tú jamás lastimarías a mi hermana a propósito... además... ustedes ya habían terminado su relación...
- Bueno... — carraspeó el pelinegro. — entonces todo olvidado... ¿amigos? — preguntó dudoso y le extendió la mano.
- Jamás dejamos de serlo, hermano... — respondió el pelirrojo con una sonrisa y estrechó la mano que le ofrecía el pelinegro. Harry suspiró aliviado y se dejó caer de nuevo en su mullido colchón. — entonces... ¿qué te pasó?
- Pues recibí lo que merecía por tonto... me había peleado con Hermione y pues, alguien me dio mi escarmiento por lastimarla... — suspiró. Ron entendió que no le iba a decir nada más así que se limitó a asentir con la cabeza. - ¿Has visto a Ginny? — preguntó entonces.
- Está en la sala común — dijo una voz a sus espaldas.- ¿cómo estás?
- ¡Hermione!
- ¿Ron¿Qué haces aquí? — le preguntó con los ojos entrecerrados y los vio a ambos alternativamente, buscando algún indicio de que hubiesen discutido.
- Hacíamos las pases... — explicó el ojiverde. A Hermione le brillaron los ojos.
- ¡Eso es genial! — exclamó feliz. Se acercó a la cama de su amigo y le dejó varios libros en la mesita de noche.- y... bueno¿cuándo te dejaran salir?
- No lo sé, pero espero que pronto... no se para que hacen tanto escándalo... fue sólo un pequeño golpe...
- Supongo que a madame Pomfrey le gusta tenerte aquí... — comentó Ron con una pícara sonrisa.
- Muy gracioso señor Weasley, y Potter, puedes irte cuando quieras... — les dijo la enfermera a sus espaldas. El pelirrojo se puso rojo como su pelo y se encogió en su lugar. — Señorita Granger, tenga, es la poción que debe tomar su amigo para el dolor... creo que usted si se la podrá dar... — le sonrió calidamente a la castaña y le entregó una botellita con un líquido morado.
- Claro, Madame Pomfrey... bien, Harry, te esperamos afuera... — se mordió el labio inferior para evitar reírse de la cara del pelirrojo y lo jaló del brazo para salirse.
- Potter, espero que para la próxima no sea tan torpe y miré bien las escaleras... no quiero que se mate por una caída... — escucharon antes de salir. La castaña se rió por lo bajo.
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Todo, relativamente, había vuelto a la normalidad entre el trío. Aunque Ginny seguía sin hablarle a Harry, las cosas estaban empezando a calmarse. Ron intentaba persuadir a su hermana para que charlara con Harry y pudieran arreglas sus dificultades, pero ésta, terca como su madre y orgullosa como la mayoría de sus hermanos, no lo quería hacer.
El pelinegro estaba con un sentimiento impotente cada vez que miraba a Ginny alejarse de él, como si tuviera una especie de enfermedad o como si él mismo fuera el parásito.
Para Hermione las cosas también estaban empezando a mejorar, bueno sólo en algunos aspectos. Kalyo seguía muy al pendiente de ella y Malfoy era insoportablemente amable. Por lo menos el castaño era un poco más precavido cuando la vigilaba; la castaña había notado un cambio significativo en su guardián, se comportaba de manera diferente... como más amable, tal vez sólo un poco.
Era bastante extraño tener la clase de DCLAO, ya que debido a la tensión que profesaba Adam contra el profesor, le era muy difícil estar al cien por ciento en la clase.
Ese día no era diferente.
Era miércoles e iba con sus amigos hacia la clase de defensa, tenían todavía veinte minutos libre, por lo que iban con calma. Hermione estaba tratando de hacer entrar en razón a sus amigos con respecto a la tarea de pociones; la clase pasada, habían hecho un desastre con su poción y Snape les había dejado como castigo, el realizar una nueva para el viernes.
Claro, Harry y Ron no la habían hecho y por lo que veía la castaña, no tenían intenciones de hacerla, estaban bastante enrabiados con Snape. Trataba de convencerlos de que realizaran esta noche la poción, y que ella misma les ayudaría.
- Entiende, Hermione, no la vamos a hacer...
- ¡Pero sólo causaran que los vuelvan a castigar¡Harry! — dijo la castaña y se giró al ojiverde buscando ayuda.
- Está bien... esta noche — suspiró el ojiverde derrotado, el pelirrojo lo fulminó con la mirada pero se reservó sus comentarios. Quizás fuera mejor así.
Al doblar una esquina se toparon de frente con tres personas, Hermione sonrió ante la visión que se presentaba frente a ella.
- ¡Hermione¡Hola! — le gritó una voz infantil y agitó su pequeña mano hacía ella. El trío les respondió el gesto a la niña y a su hermano, que también los saludaba. Adam estaba frente a ellos con rostro hastiado y expresión aburrida. Alice le jalaba la mano con insistencia y Adam torcía la boca de una manera tan infantil, que a la castaña le dio hasta pena el verlo así. Pero no le ayudó.
- Hola pequeños¿cómo van con sus clases de Transformaciones? — les preguntó la castaña cariñosamente. Adam se apartó de los niños con disimulo.
- ¡Muy bien! Es fantástico... aprender todos esos hechizos es alucinante... — dijo el pequeño Anthony moviendo las manos de una manera exagerada. Hermione sonrió.- Le estábamos contando a Adam sobre las clases de vuelo... ¡Son sensacionales! Nos hemos enterado por la maestra McGonagall que la temporada de Quidditch empieza a mediados de octubre y le preguntamos a él qué si le gustaba volar... — dijo con una sonrisa y miró al castaño provocando que se detuviera en seco a mitad de su escape.
- ¿Y¿te gusta volar? — le preguntó la castaña con una sonrisa maliciosa. Casi podía ver los ojos en cuadritos del castaño. La miró fijamente sin esa habitual frialdad que lo caracterizaba y también sonrió. A ella. Y la deslumbró. Como siempre lo hacía.
La castaña bufó a lo bajo.
- Volar es mi segunda naturaleza... — dijo con intención. Ahora fue el turno de la castaña de quedarse a cuadritos.
- ¿Y juegas Quidditch? — le preguntó Ron receloso.
Adam lo miró fijamente por unos segundos y luego negó con la cabeza.
- Pérdida de tiempo... — agregó con frialdad.
- ¡Que mal! — se lamentó la pequeña Alice.
- Bueno... — empezó la castaña.- en dos semanas empiezan los entrenamientos del equipo de Gryffindor¿qué les parece si vienen conmigo a verlos? Ellos juegan y me gusta observarlos... — les sonrió señalando a sus amigos. A su lado el castaño hizo una mueca de desagrado.
- ¡Sería grandioso¿También vendrás tú, Adam? — le preguntó la pequeña. Adam rodó los ojos.
- Claro, enana...
- ¡Fantástico¿Nos avisarás entonces? — preguntó esta vez Anthony. La castaña asintió sonriente.
- Bueno chicos... ya es tarde, será mejor que vayamos a nuestras clases... — les informó la castaña mirando su reloj de pulsera. Los gemelitos dieron un respingo y pusieron cara de espanto.
- ¡Rayos! Nos toca con Snape... — se lamentó la pequeña. Se acomodó mejor la pesada mochila y se despidió de ellos con la mano.
- Van a llegar tarde... — susurró la Premio Anual. Sonrió con malicia y se acercó a su guardián, ante la atenta mirada de sus amigos.- ¿Por qué no los acompañas?
- ¿Qué¿Estas demente? — le preguntó frunciendo el ceño. - ¡Claro que no!
- Por favor... — le dijo con una sonrisa. Sabía que no se negaría. Siempre era lo mismo. Había descubierto que Adam tenía cierta debilidad con ella, la castaña simplemente la aprovechaba.- Llegarán a tiempo si corren... pero no pueden por las mochilas... ayúdalos... — dijo y se mordió el labio inferior para evitar reírse de la cara descompuesta de su guardián.
Adam se dio media murmurando cosas a lo bajo y apretando los puños de manera impotente. Harry y Ron lo observaron con asombro.
El castaño llegó con los gemelitos y les arrebató la mochila a ambos, cargándolas sin ningún esfuerzo.
- ¡Corran, enanos! — Alice y Anthony dieron unos saltitos claramente contentos, y luego echaron a corre como su gran admiración se los había ordenado.
Hermione sonrió con ternura y se giró hacia sus amigos.
- Bueno, vamos...
Ambos asintieron y siguieron a su amiga en silencio. De repente, Ron se puso a su lado y le rodeó los hombros con el brazo que no sostenía la mochila.
- Bien, Hermione... el sábado es tu cumpleaños... y es salida a Hogsmeade¿a dónde iremos? — le preguntó y la castaña sonrió. A su lado Harry casi se estampa contra una armadura. Abrió los ojos con una mueca de pánico y se mordió el labio inferior.
- Nada, realmente...
- ¿Entonces no te molesta que te deje un rato con Harry? — preguntó éste esperanzado. La castaña negó sonriendo.- Gracias, gracias... es que saldré con Luna y pues... — intentó explicarse pero la castaña lo freno.
- No importa, de veras, Harry estará conmigo¿Verdad, Harry? — el pelinegro le asintió nervioso. - ¿Ves? No hay problema, puedes estar con tu novia todo lo que quieras... — le aseguró.
Llegaron al aula de defensa y tomaron asiento en sus respectivos lugares. Hermione se sintió extraña al contemplar su lado y no ver a nadie. Si Adam no llegaba esta clase sería diferente.
- Bueno, alumnos... — empezó el profesor escribiendo algo en el pizarrón, muchas chicas suspiraron tontamente.- Hoy, empezaremos con un tema que me agrada mucho... hechizos antiguos... — dijo con una voz que suponía muy seductora. Por unos segundos la observó fijamente y luego sonrió.- Señorita Granger... ¿Podría decirme algún hechizo antiguo?- le preguntó mientras se acercaba con una sonrisa torcida. Colocó sus dos brazos en su mesa y la miró enarcando una ceja.
La castaña se inclinó un poco hacía atrás y tragó saliva. Escuchó perfectamente el gruñido de Harry detrás de ella, y estaba apunto de contestar, cuando la puerta se abrió de golpe y un malhumorado castaño entró por ella. El profesor se alejó rápidamente de su mesa y por unos segundos le pareció ver como Adam lo taladraba con la mirada.
- Ehh... — balbuceó desconcertada.- si, esto... el hechizo sanctus libertatis, con él se puede producir una esfera de energía que libera destellos dorados y que es capaz de encerrar al enemigo con su poder "sagrado", si llegará a tocarlo puede dejarlo inconsciente en cosa de segundos...- dijo sin tomar aire y con su tono de sabelotodo que jamás la abandonaría. Adam la miró con los ojos desorbitados¿cómo rayos conocía ese hechizo?
- Muy bien, señorita Granger, 15 puntos para Gryffindor... ahora, la señorita Granger ha hablado sobre uno de los 7 hechizos antiguos que se utilizan para la defensa, estos hechizos poseen un extraordinario poder y son muy difíciles de realizar... se dice que el mismo Merlín los ha creado y que sólo un mago muy bondadoso y con un corazón poderoso podrá realizarlos... Son siente, pero sólo existe información sobre cuatro de ellos... — miró significativamente al castaño y luego sonrió con autosuficiencia.
- ¿Profesor? — Preguntó un alumno de Ravenclaw.- si no podemos realizar estos hechizos... ¿para qué los vamos a estudiar?
- Es importante saber sobre ellos, señor Goldstein... además, nadie dice que aquí no este presente algún mago poderoso que lo pueda realizar... — los alumnos se quedaron callados y escucharon atentamente el tema impartido por el profesor.
La clase pasó sin mayores complicaciones y fue muy entretenido saber sobre ese tema. La castaña fue conciente de cómo Adam, a su lado, prestaba más atención a la clase que de costumbre. Se le quedó mirando por unos segundos hasta que el castaño la miró también y la castaña se descolocó de sobremanera al verlo sonreírle de esa forma.
Parecía tramar algo.
o
oo
ooo
oooo
ooooo
oooooo
¡Hola a todos!
Bueno, espero que no se hayan desesperado con mi ausencia de... mmm... ¿dos semanas? Verán, la escuela es obligatoria y no me llegaba la inspiración. Pero bueno, ahí está y espero que les haya gustado. Hay cosas escondidas que son importantes para más adelante, pero no les diré nada.
Ahora¿Qué les pareció? Que opinan del nuevo profesor¡Otro ángel!
Y habando de ángeles, Kalyo empieza a actuar diferente con la castaña... ¡le dio un golpe al pobre Harry!, pero bueno el chico se lo merecía. El castaño ya aceptó que la castaña ya no es algo insignificante para él... pero ¿qué tanto? Jaja, no se los voy a decir.
Los gemelitos siguen haciendo de las suyas y Kalyo se esta resignando a escucharlos. Pronto sabrán más de ellos. Y bueno, el siguiente capítulo tendrá información importante sobre los Demonios y Voldemort, y luego veremos como será el cumpleaños de la castaña... además, les tengo una sorpresa, sé que les gustará como a mi me ha gustado escribirlo.
¿Por qué Harry se puso nervioso al oír que ya casi era el cumpleaños de Hermione? Esperen el próximo pedazo y lo sabrán.
Bueno, si notan algo raro en los cálculos de las fechas y eso, pues... ignórenlo XD. Fue de último momento.
El próximo capítulo lleva como título: "El reinado de las sombras" y no se asusten, que no pasará nada malo... o bueno, no se. XD.
Muchísimas gracias por todo su apoyo, cada comentario es una gran influencia sobre mi, y me animan a seguir escribiendo. Me halagan con todo lo que me dicen, sea mínimo. Así que espero su opinión con ansias.
Un gran saludo y un abrazote.
Su amiga DarkGranger.
