Draco Dormiens Nunquam Titillandus
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14.- El reinado de las sombras
El Dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
And there are many paths to tread
Through shadow to the edge of night
Until the stars are all alight.
Mist and shadow
Cloud and shade
All shall fade
All shall fade"
(El hogar está detrás del inicio del mundo,
Y ahí hay muchos caminos por seguir,
A través de las sombras hasta la orilla de la noche,
Hasta que todas las estrellas bajen.
Niebla y oscuridad,
Nubes y sombra
Todo desaparece,
Todo desaparece.)
The lord of the rings and the return of the king. Pippins Song.
Tierra
Afueras de Edimburgo, Escocia.
10: 51 p.m.
La oscuridad de la sombría noche se alzaba por sobre las cabezas de tres figuras iluminadas por los tenues rayos de la Luna Nueva. Sin emitir algún sonido, las tres figuras se miraban entre sí, examinándose con porte altivo y señorial. Ninguno rezagado, ninguno con temor, en cambio, los tres sentían una extraña sensación de poderío ante sus presencias. La mirada maligna y centelleante se iluminaba con esplendor en sus rostros, compartiendo un mismo vacío interno y un mismo fin, sangriento y malvado.
La alianza estaba completa, y Lord Voldemort saboreaba la victoria con ansias depredadoras. Sus ojos relucían la gloriosa sensación de altivez, y un escalofrío de excitación muy humano, le recorría la espalda. Su túnica negra y elegante, eclipsaba su rostro pálido y liso, haciendo que sus rojos ojos brillaran con una maldad sangrienta.
Al lado del Lord, sin dejarse intimidar ni un ápice, estaba Perseus, señor de las tinieblas y amo del inframundo. Con su porte anegado de una señoría imparcial y de excelencia. Miraba al... ser que tenía al lado con un claro deje de desprecio pero a la vez satisfacción, simplemente por esa esencia de maldad que irradiaba, tan parecida a la suya, tan parecida a la de Voldemort.
Esas ansias de sangre y de carne fresca que él mismo profesaba. Las ansias de matar, saciarse para llegar a un final victorioso y reinar en dolor y desesperación. Ningún otro ser podría ser el indicado para una alianza de tal magnitud.
Su atuendo rojo como la sangre le producía escalofríos incesantes a su acompañante, rojo vivo y muy ejemplificado, ese color que tanta satisfacción le causaba. Su tez pálida como la luna, su cabello negro electrizante y sus ojos blancos como la nieve, dejaban paso a la elegancia típica de un demonio perfecto. Un ángel negro, un ángel caído, con un corazón lleno de maldad, que hasta el mismo Lord Oscuro llegaría a envidiar.
Fenrir Greyback los observaba sediento e impaciente. Su aspecto, aunque harapiento y sucio, lo hacían parecer un ser temible y voraz. Un ser sin piedad con ansias de la sangre, con pensamientos sádicos y de dolor. Sus ojos profundos y negros brillaban con ansias devoradoras. Con impaciencia.
El hombre lobo nunca pudo imaginarse una mejor oportunidad que esa: matar, con demonios y poderosos mortifagos a sus espaldas. Con un ejército de criaturas temibles y oscuras. Todo por un fin oscuro. Y los suyos tendrían su grata recompensa: carne tierna de niños indefensos, de adolescentes desprotegidos y con temblores de pánico esparcidos por sus inocentes cuerpos. Un escalofrío placentero lo recorrió por completo.
Eso era lo único que quería y ansiaba.
Y ellos, le darían más.
- Hombre lobo, has jurado lealtad al ejército de las sombras... tu misión ahora es conseguir seguidores de tu especie... ofréceles todos sus anhelos, y cuando los tengas, impaciéntalos para la batalla... — siseó el demonio con voz de ultratumba. Cruel. Perfecta.
Greyback rugió feroz y con una sonrisa maligna, sus ojos brillaron ante su afirmación.
- Ahora..., llevemos este plan a cabo...
A los tres les brillaron los ojos con un resplandecer delatador y la sonrisa macabra no pudo ser evitada. Los tres tendrían un poco de paga esa noche. Gritos y... terror.
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La mañana del día 18 de septiembre sorprendió a todos como un día inusualmente nublado. Aún así, en el gran comedor relucía la tranquilidad y felicidad con que era acogido siempre el día viernes. Ese día donde el fin de semana, y por lo tanto el descanso, llegaban.
Harry lucía nervioso, sentado frente a su pelirrojo amigo miraba las puertas del comedor con una inusual insistencia. De vez en cuando miraba el techo del gran comedor con los ojos brillosos y anhelantes. Movía sus dedos con insistencia sobre la mesa y parecía ser incapaz de probar su desayuno.
Ron, frente a él, lo miraba entre confundido y divertido. No sabía a que se debía su inusual comportamiento, normalmente el pelinegro solía estar muy relajado y contento con la entrada del fin de semana, pero esa mañana era diferente. Un poco harto, Ron decidió que lo más prudente y como deber de amigo, debía preguntarle qué era lo que le pasaba.
- Nada, Ron... es que pedí algo por correo lechuza y no quiero que Hermione lo vea... — le respondió y desvió su vista de nuevo al techo que en esos momentos relucía un ambiente tranquilo y lleno de nubes.
Ron lo miró mientras se llenaba la boca con un pedazo de pan y sonrió con la boca llena.
- ¿Es pada Hedmione? — tragó. - ¿Acaso olvidaste su cumpleaños? — le preguntó enarcando una ceja.
- Tenía muchas cosas en la cabeza... — susurró avergonzado. En ese momento las lechuzas comenzaron a llenar el cielo del gran comedor. Harry sonrió nervioso y le echó una ojeada a la puerta para asegurarse de que Hermione aún no llegaba.
Un pequeño paquete de color rojo aterrizó frente al ojiverde y éste al fin pudo suspirar tranquilo. Le dio un bocadillo a la lechuza parda que lo miraba con indagación y la observó mientras se alejaba de la mesa de los leones. Regresó su vista al pequeño paquete que sujetaba entre sus manos cuando la pequeña lechuza desapareció, y guardó el obsequio con sumo cuidado en el bolsillo de su túnica. Ron lo miró con curiosidad.
- ¿Por qué no le compraste un libro y ya? Sabes que lo que sea qué le regales, a ella siempre le gusta...
Harry se encogió de hombros sonriente.
- Quería darle algo diferente... ella siempre se esmera cuando nos regala algo a ti o a mi... ¿Por qué no hacerlo una vez nosotros? — le comentó Harry con el ceño levemente fruncido, pero sin perder su buen humor. Tomó su tenedor y con tranquilidad empezó a comer.
En ese momento alguien se sentó con brusquedad a su lado e hizo que brincara levemente. Tuvo que tomar agua porque estuvo apunto de ahogarse. Cuando se recuperó del susto, miró a su derecha encontrándose con el rostro intranquilo de su mejor amiga y dejó de comer mientras la observaba con expresión confundida. Miró que en sus manos traía el diario "El Profeta" y no pudo dejar de observar que estaba absorta en su lectura. Ni siquiera los había saludado.
- Buenos días a ti también, Hermione...- la saludo el pelirrojo con voz rasposa e irónica. La castaña lo ignoró y bajó el diario mirándolos fijamente. Ambos notaron el leve temblor de sus labios antes de hablar.
- Ha habido un ataque... — comunicó con voz perturbada. Se miraron por unos segundos y escucharon claramente las exclamaciones ahogadas de sus compañeros que al parecer acababan de leer el artículo. Harry cerró los ojos trastornado y suspiró sonoramente antes de formular la pregunta.
- ¿Cuántos muertos?
- Atacaron un poblado entero... no hay un número exacto... — suspiró derrotada. Miró de nuevo a sus amigos y bajó la vista al periódico que estrujaba con sus manos.
Harry le arrebató el diario con delicadeza y comenzó a leer.
Ataque en el Reino Unido.
A las afueras de Edimburgo, en un poblado muggle que está ubicado a 57 kilómetros de la Ciudad, se ha encontrado la marca tenebrosa sobre la masacre esparcida sobre este pequeño poblado. Al parecer esta inusual actividad ha sido causada por hombres lobos y mortifagos. El Ministerio se ha puesto en marcha y la búsqueda ha iniciado, al igual que se ha inicializado el contacto con el primer ministro muggle. El Departamento De Regulación De Criaturas Mágicas también se ha empezado a movilizar, y aunque no se ha comprobado con exactitud, parece que el Señor Oscuro tiene nuevos aliados... y se especula que los Hombres Lobo no son los únicos que han accedido a luchar en esta Guerra...
Más información en la página 4.
Harry tragó saliva al recordar su tercer año en el colegio, donde por primera vez había visto un Hombre Lobo. Recordó también con temor, aquellos inusuales seres que los habían atacado en El Callejón Diagón. Un escalofrío lo recorrió por completo y se llevó la mano a la cabeza, desordenando con nerviosismo su cabello azabache.
- El Ministerio tiene miedo... parece que los... los d-demonios han atacado junto con Voldemort de nuevo... — susurró sin poder evitar el estremecerse al pronunciar la palabra que tanto se le había prohibido.
- Maldito Voldemort... quiere asustar a los muggles y mucho más a los magos, lo peor es que lo está logrando... esto está comenzando... — susurró Harry con voz contenida. Se sentía tan impotente.
- Lo que Adam dijo se está haciendo realidad... al parecer los hombres lobo decidieron ya que bando tomar... — masculló Ron entre dientes.
Hermione le acarició el brazo a Harry tratando de consolarlo. Suspiró al sentir una punzada de dolor en la cabeza y se preguntó cuánto duraría esto.
La sangre derramada, lo muertes inocentes. Esto la afectaba más de lo que podía imaginar. Se mordió el labio inferior ordenándose no ser tan débil, ordenándose el no llorar. Recargó la frente contra el hombro de Harry y sintió como él se inclinaba hacia el frente ocultando su rostro entre sus manos.
La castaña sabía que se sentía de cierto modo... culpable. Lo peor era que ella no sabía como ayudarlo. No podía.
Y eso la perturbaba de manera avasallante.
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Adam nunca se había considerado como un ser comprensivo. Jamás. En cambio, se sentía como un ser frío y duro de corazón y alma. Desde la muerte de su padre, jamás había sentido debilidad por nada. Nunca había titubeado por matar a alguien, por más que le rogara, por más que suplicara, y aunque él no mataba al que no se lo merecía, nunca había tenido compasión por sus enemigos, por sus rivales, ni por el dolor ajeno.
Sin embargo, en ese momento, justo delante de las puertas abiertas del Gran Comedor de ese colegio, sintió algo, algo nuevo descender por todo su cuerpo, viajar por sus sentidos y almacenarse en su estómago. Se sintió removido, débil, pero permaneció impasible, recargado contra la pared y clavando su dura y fría mirada sobre el trío más famoso de ese colegio.
¿Sería... podría... podría ser compasión?
No lo comprendía, ni siquiera lo asimilaba. Estar rodeado de tantos humanos lo estaba afectando.
Se irguió lentamente mientras observaba con detenimiento y frialdad, como todos los alumnos que estaban en esos momentos en el gran comedor tenían los rostros descompuestos y la mirada pérdida, seguramente compadeciendo a las familias enteras que fueron asesinadas, a la gente inocente. Y auque a él no le removía nada ese hecho, el ver a Hermione Granger con los ojos cristalinos por los recientes acontecimientos le causaba retortijones en las entrañas.
Adam sabía con veracidad quienes habían hecho tal crueldad, tal sandez para su gusto. Y hasta podía palpar en el ambiente lleno de penumbras, el regocijo que en esos momentos estaba sintiendo Perseus por su victoria. Una. Porque él no dejaría que tuviera otra.
Y aunque le costara admitirlo, la compasión estaba presente en ese momento, pasaba por su cuerpo al sentir tanto sufrimiento. En su mundo solía haber tranquilidad por largas temporadas, y cuando solía haber algún tipo de desequilibrio, él sonreía y disfrutaba de su "limpieza", de su victoria.
Pero el planeta tierra parecía jamás estar en armonía.
Y entonces se preguntó de nuevo por qué los humanos eran tan débiles e imperfectos.
No dejó de mirar a la castaña mientras se acercaba a ella. Sus ojos centellaban furia y frialdad, no hacía ella, ni siquiera al estúpido de Potter que la estaba abrazando en esos momentos. No. Era furia y verdadero odio hacía Perseus, hacía los demonios porque eran los causantes de su sufrimiento. Y unas ganas terribles y hasta escalofriantes de matar, se apoderaron con furia imparcial de su ser en completo. Se detuvo en seco y levantó la mirada hacia el techo mientras apretaba los puños y la mandíbula con fuerza. Cerró los ojos sintiéndolos calientes y... dorados, resplandecientes. Se convulsionó por unos segundos y respiró con fuerza intentando tranquilizarse.
Eso jamás le había pasado así. ¿Por qué ahora?
Regresó su mirada hacia el frente y sintió un par de miradas sobre él. Las ignoró. Caminó hacia la castaña con parsimonia y aunque tenía la respiración agitada, estaba tranquilo.
Pero debía salir de ahí lo más pronto posible.
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- Harry... — susurró la castaña mientras le respondía el abrazo. Ron los miró con el semblante triste. — por favor... tu no tienes la culpa...
- Hermione... gracias, pero creo que ambos debemos de aceptarlo ya... quizás no tenga la culpa, pero puedo hacer algo... y no lo hago...- dijo con desanimo mientras se separaba de su amiga. La miró a los ojos y no pudiendo soportar la compasión palpable en ellos, se levantó. Sin mirarla ni a ella ni a Ron, se alejó de la mesa de los leones con paso cansado y derrotado.
- Espera... ¡Harry! — La castaña se levantó de un salto pero Ron, incorporándose un poco sobre la mesa, la tomó de la mano y la detuvo. Hermione lo miró confundida pero el pelirrojo le respondió negando con la cabeza.
- Creo que es mejor que lo dejes solo, Hermione... — le respondió a la muda pregunta de la castaña, y ella incapaz de no hacerlo, pensó que Ron había sonado bastante maduro. Y se preguntó entonces, cuándo lo había hecho.
Suspiró viendo como su mejor amigo se alejaba por el gran comedor mientras Ron la soltaba y también miraba en la misma dirección. Sólo una mano helada que se posó sobre su hombro la distrajo de labor.
Dio un respingo al notar la gélida pero tersa piel de la mano de su guardián sobre su hombro, se volteó para mirarlo, y le sorprendió verlo con el rostro contraído y una mueca de enfado surcando sus facciones.
- Sácame de aquí, castaña... — le susurró con voz extremadamente contenida, lo vio cerrar los ojos por unos segundos y sintió como le apretaba el hombro con la mano, sin llegar a lastimarla.
- ¿Qué te pasa? — preguntó preocupada.
- Sácame de aquí — le repitió sin responderle.
La castaña no insistió de nuevo y jalándolo por el brazo lo sacó de la vista de los alumnos curiosos.
Caminaron en silencio hasta los terrenos del colegio, Hermione tenía dividida la cabeza entre Adam y... Harry. Por un lado le preocupaba que su amigo estuviera solo, culpándose cuando el no tenía nada de culpa, por otro lado, le preocupaba la extraña actitud de Adam, de cómo apretaba los puños con fuerza y cerraba los ojos con frecuencia mientras avanzaban.
Sin embargo no se atrevió a preguntarle nada hasta que no estuvieron a unos pasos del lago, mientras observaban como el Calamar gigante jugaba salpicando con sus tentáculos a unos niños de segundo.
- ¿Me vas a decir que te pasa? — le preguntó la castaña y se agachó para tomar una roca entre sus manos. La lanzó en dirección al lago y observó como rebotaba dos veces en el agua. Adam siguió el recorrido de la roca hasta que se hundió, parecía más tranquilo.
- ¿Cómo estas? - le preguntó ignorando su pregunta y sin mirarla.
- ¿De que hablas?
- Parecías triste por el ataque... sólo pregunté qué cómo te encontrabas... — dijo con simplicidad y se encogió de hombros. Su arete brilló con fuerza y majestuosidad debido a los brillantes rayos del sol y Hermione, examinándola con detenimiento por primera vez, pensó que la arracada era muy extraña.
- Estoy bien... — le aseguró y miró de nuevo al frente.- ¿Y tú?
- ¿Yo qué? — preguntó mirándola con el ceño fruncido, mientras sus ojos brillaban fríamente.
- ¿Cómo estas? — preguntó la castaña mientras sonreía con burla. Adam suavizó su expresión y suspiró.
- Me voy por unos días... — le dijo después de unos segundos y regresó su vista hacia el lago. Hermione se giró a él muy sorprendida.
- ¿Qué¿Cómo que te vas?
- Si... estoy teniendo problemas con mi autocontrol y necesito... ehh... saciar mi humor, por así decirlo... necesito saldar unas cuentas... — le respondió con la voz tranquila y suave. Hermione lo miró con suspicacia.
- ¿A... a qué te refieres?
- Nada, castaña, nada... — respondió suspirando. - ¿crees poder arreglártelas sin mi por un par de días?
- Me las he arreglado sin ti por diecisiete años, Kalyo, creo que podré hacerlo por 48 horas... — se burló y también suspiró. Hermione observó como los niños que jugaban con el Calamar Gigante hacía unos minutos, se dirigían entre risas y completamente empapados hacía el colegio. Miró su reloj.
- Ya es tarde, Hermione... es mejor que vayas a clases... — le dijo mientras sacaba un par de guates de su abrigo de cuero negro y se los ponía.
- ¿Cuándo te vas?
- Hoy mismo... voy a dejar instrucciones — dijo de último minuto y la castaña no comprendió su comentario. Adam se giró para marcharse pero antes de dar un paso le dijo:
- Tu amigo pelinegro está con el semi gigante... — Después de echarle una última mirada, simplemente se marchó con elegancia, dejando parada y muy confundida a la castaña.
Lo vio hasta que se perdió por la majestuosa estructura del castillo y se mordió el labio. Sin pensárselo dos veces fue a la casa de Hagrid, buscando a Harry.
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- El plan fue un éxito... — dijo una sombra mientras se recargaba contra un árbol con prepotencia.
- Me gustaría ver la cara de Kalyo en estos momentos, se debe de haber enfadado tanto, y el placer que me causa ser el responsable de ese hecho es bastante complaciente — dijo sonriendo mientras arrastraba las palabras con regocijo y sus dientes brillaron escalofriantemente a la sombra del árbol en donde se encontraba.- ya quiero que llegué nuestro encuentro, ángel... no sabes cuanto lo espero... — susurró al viento.
- Esta noche será mejor... — dijo la voz rasposa de Fenrir Greyback mientras observaba a Perseus con una sonrisa maliciosa. — la carne inocente llama por nosotros... y ahora gracias a que tenemos a los gigantes de nuestro lado... todo será increíblemente placentero...
Perseus se acomodó su abrigo rojo y lo miró con una tétrica sonrisa que causó escalofríos en la espalda del Hombre Lobo.
- Placentero... más que eso, hombre lobo... extremadamente placentero... porque percibo que esta noche habrá más acción de la que estas acostumbrado a presenciar...
Un sonoro estallido interrumpió la conversación de los dos seres, y sin sorprenderse se giraron hacía el mortifago que venía con su mascara puesta y su capa ondeando con elegancia.
- Bellatrix Black... un placer volver a verte — le dijo Perseus en cuanto la bruja estuvo a su lado, se inclinó con elegancia y la miró con ojos fríos y sin expresión.
- No puedo decir lo mismo, demonio... — respondió ella con desplante. Lo miró egocéntrica y se quitó la mascara de mortifago. Se notaba por su expresión que no le agradaba estar con esas dos criaturas.
- Humana, pareces descontenta... deberías alegrarte con el éxito que vamos a tener esta noche...
- Con criaturas tan inferiores como ustedes nunca voy a estar de buen humor, Greyback.- le dijo arrastrando las palabras.
Perseus ignoró su insulto y la miró con una media sonrisa.
- Veo que Voldemort ha mandado a sus esclavos para que hagan el trabajo sucio.- miró como a veinte metros de distancia percatándose de los mortifagos que iban apareciendo. — Siempre supe que era un cobarde... — susurró con frialdad. Bellatrix lo escuchó y apretó los dientes con furia. Levantó la varita que tenía fuertemente apretada y lo amenazó con fiereza.
- Jamás vuelvas a insultar al Señor Oscuro... ni siquiera posees el derecho de llamarlo por su nombre, asqueroso demonio... — Perseus permaneció impasible, con la media sonrisa pero con los ojos centelleando de furia y frialdad. Dio un paso hacía Bellatrix mientras tenía los brazos fuertemente cruzados, hasta que la varita se le incrustó en el pecho.
- No me amenaces, estúpida... — le dijo con una tranquilidad abrumadora inclinándose un poco hacía adelante. Greyback miraba todo con burla.- podría matarte sin que te dieras cuenta... y no soy un esclavo de Voldemort, ni siquiera su igual, yo estoy por arriba de él... y no le debo respeto... a nadie.- susurró con frialdad escalofriante. Bellatrix se estremeció al escuchar la voz amenazante. Bajó la varita y le dio la espalda, no quería desatar una pelea.
- Recluten a sus insufribles ejércitos, criaturas asquerosas... esta noche, la victoria será nuestra... — recitó y se dirigió hacia dos gigantes que acababan de aparecer con un par de mortifagos.
Perseus sonrió con trémula alegría y se irguió con prepotencia. Esta noche sería suya. Y esperaba que Kalyo la presenciara.
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Hermione llegó a la cabaña de su amigo con la respiración entrecortada y tuvo que detenerse a tomar aire antes de tocar la gran puerta de madera.
La gran figura de Hagrid le abrió la puerta con alegría, la castaña recibió al instante un apretado abrazo del semi gigante y hasta que con un quejido le dijo que la estaba dejando sin aire, fue cuando su gran amigo la bajó.
- ¡Es un gusto tenerte por aquí, Hermione¡Pasa, vamos! — ofreció con alegría. La castaña entró aún recuperándose del fuerte apretón y cuando lo hizo, vio a su mejor amigo sentado junto a la gran mesa de madera. Suspiró aliviada.
- Muchas gracias, Hagrid, siento no haber venido antes...- se disculpó tomando asiento junto a su amigo. Hermione lo miró de reojo y se percató de que el ojiverde evitaba mirarla a la cara.
- ¡No te preocupes! — exclamó con una sonrisa mientras le hacía una seña despreocupada con la mano, y le ofreció un pastelillo. La castaña negó moviendo su extensa cabellera de un lado a otro.
- Sólo venía de paso, Hagrid... muchas gracias por el café y por escucharme, me retiro... — dijo Harry sin mirarla y sonriéndole a Hagrid se levantó y se dirigió a la puerta. El semi gigante miró a la castaña con una mueca confundida y ésta suspiró intranquila. Se levantó también y se despidió de su amigo con una seña silenciosa.
Afortunadamente Hagrid entendió perfectamente las razones de su corta estancia, comprendió con total sensatez que ellos dos necesitaban hablar y sobretodo que Harry necesitaba a su mejor amiga para que lo escuchara. Entendió entonces que él no era suficiente y sonrió para sus adentros.
- ¡Harry¡Espérame! — gritó la chica inútilmente. La castaña dio dos zancadas hasta alcanzar a su amigo que iba con un paso apresurado, y se tuvo que colocar frente de él para frenarlo.- ¡Harry, detente!
El pelinegro se detuvo sin mirarla. La penetrante mirada de su amiga le decía que lo hiciera, pero simplemente no podía. No se sentía capaz de hacerlo.
- ¡Mírame! — le exigió la castaña y el pelinegro lo hizo a regañadientes. — Escucha, se que te sientes culpable por todo lo que está pasando, pero no puedes encerrarte en una burbuja para desahogarte tu sólo...- le dijo con cariño.- quizás no te pueda convencer de que tu no eres el culpable de las muertes que ha habido... pero por lo menos déjame... déjanos estar contigo en estos momentos... — se corrigió.- por favor, Harry... me duele verte así... déjame ayudarte...
A Harry se le encogió el corazón al ser sabedor del dolor que le causaba a su amiga. Se sintió pequeño pero cómodo al saber que pasara lo que pasara, ella jamás lo dejaría solo. Y era un estúpido porque Hermione siempre se lo demostraba, y él parecía no corresponderle.
En ese momento Hermione le echó los brazos al cuello, sabiendo que para él ese gesto era de lo más confortante. Porque lo tranquilizaba, lo hacía sentir querido. Harry le respondió el gesto con delicadeza y aspiró el dulce perfume de su cabello.
- Es sólo que... quisiera hacer algo, evitar tanto dolor... pero a la vez me siento tan incapaz de hacerlo, siento que no lograría nada... no soy nada excepcional, no tengo ningún poder sorprendente ni particular, Hermione... nada, pero aún así cargo con la responsabilidad, la llevó sobre mis hombros sin saber lo que va a pasar y... y... y tengo miedo... — susurró. Se sintió aliviado al poder desahogarse con alguien, de expresar sus temores y sentir que esa persona no lo juzgaría.
Hermione no le dijo nada por unos minutos, pero luego con la voz tranquila y suave le aseguró:
- No te preocupes... algo haremos... juntos... — le sonrió y se separó tranquilamente de él. Harry la miró con agradecimiento y también sonrió.
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Aunque Harry y Hermione habían perdido una hora de clases, ninguno de sus compañeros pareció percatarse de su ausencia. Sólo un pelirrojo que desde el desayuno estaba impaciente porque sus mejores amigos llegaran, había estado mas distraído de lo normal en la clase del señor Binns, auque pensándolo bien siempre estaba distraído mas de lo normal en esa clase. Ron frunció el ceño.
Estaba recargado contra el aula de DCLAO, faltaban 20 minutos para que empezara, pero estaba tan ansioso que no le importaba esperar, sólo quería que sus amigos llegaran. Dejó en el frío suelo la pesada mochila que colgaba de su hombro, y distraídamente comenzó a jugar con su corbata. Golpeaba el piso con insistencia, mientras veía el corredor solo, de cualquier ángulo que se le mirase.
Se pasó una mano por su rojo cabello, mientras inútilmente intentaba ponerlo en su lugar. Frustrado, se lo revolvió y al instante se sintió estúpido. Debería estar con Luna... bueno, no. Ella estaba en clase. Bufó. Ya se había aburrido.
Se dispuso a sentarse en el piso, cuando una sombra que doblaba el pasillo derecho lo distrajo. El sol entró por las rendijas, como si las nubes se hubieran movido exclusivamente en ese momento para brindarle iluminación a él, sintió como el sol lo alumbraba, seguramente reluciendo su gran cantidad de pecas, y luego, lo notó.
Era Adam.
Venía tranquilo, frío, inexpresivo, arrogante. Como si todo el mundo fuera inferior a él. Hasta Malfoy parecía mejor tipo que él. Sacudió su cabeza, horrorizado por tal pensamiento, y mientras el castaño se acercaba, el pelirrojo se dedicó a espantar sus excéntricos pensamientos.
Pasó a su lado sin mirarlo, mientras el pelirrojo no le quitaba la vista de encima, pero a Adam no pareció afectarle. Se adentró en el aula de Defensa sin siquiera tocar y Ron gruñó por sus evidentes aires de grandeza.
Tuvo la tentación de ir y escuchar, pero su cabeza le dijo que era mejor quedarse ahí, sentado y esperar, tranquilito. De todas maneras... le daba flojera levantarse.
Siguió jugando con su corbata mientras la deshacía, una y otra vez, pensó seriamente en pedirle a su hermana o a Hermione que la volvieran a acomodar, porque ahora si lucía mal. ¡Rayos!
Así estuvo por otros quince minutos en los cuales ideó unas quince formas diferentes de excusas para darles a los profesores sobre la ausencia de sus amigos, hasta que escuchó claramente a dos personas que se acercaban. Levantó la vista esperanzado y con una reluciente sonrisa se levantó de un salto.
Harry y Hermione por fin se acercaban a retomar sus clases.
- ¡Vaya! Por fin regresan... ya me estaba pensando la manera de disculpar su ausencia... — exclamó el pelirrojo con tono irónico pero sonriendo, sus amigos le regresaron el gesto y se percató de que Hermione lo miraba de una manera extraña. - ¿Dónde estaban? — preguntó ignorándola.
- Por ahí... Ron ¿Qué te paso? Parece que hubieras estado corriendo por todo el castillo. — dijo la castaña mientras intentaba no reírse.
- ¿Eh? — preguntó éste confundido.
- Estas todo despeinado y tu ropa esta terriblemente desacomodada... ¡Estas horrible! — rió la ojimiel. Ron se sonrojó mientras se examinaba.
- Bueno... estaba aburrido... — se excusó. Harry, que tenía una sonrisa en el rostro, estaba apunto de comentar algo, cuando una figura los distrajo. El trío giró la cabeza enfocando a la persona que salía del aula y observaron con detenimiento como Adam se alejaba de la puerta dándoles la espalda. Ninguno comentó nada, a pesar de que los tres habían sido concientes cuando incluso el castaño giró su rostro y los observó por unos segundos.
Entraron al salón y notaron a su profesor un poco diferente. Parecía perturbado e... intranquilo. En toda la clase estuvo como ausente y mientras les explicaba los movimientos de varita para el hechizo antiguo número siete, no quitó su vista de la castaña.
Cuando la hora del almuerzo llegó, los alumnos salieron impacientes y hambrientos del aula. La castaña se retrasó al estar guardando unos cuantos pergaminos en su mochila mientras era apurada por dos impacientes jóvenes desde la puerta. Su profesor seguía en su escritorio sin levantar la mirada de los resúmenes que calificaba, pero antes de abandonar el salón, ahora vacío, la voz simpática del castaño la detuvo.
- Señorita, Granger... ¿Puede quedarse un momento? Necesito hablar con usted... — le dijo mirándola fijamente con una sonrisa en los labios. La castaña descolocada, asintió torpemente y dirigiéndoles una mirada a sus amigos, les indicó que se marcharan. Colocó sus cosas encima de una mesa y se acercó con precaución al escritorio.
- Dígame profesor... — susurró mansamente.
- ¡Hay, humana, por favor! Dime Ryan — le dijo simpáticamente mientras se levantaba. Hermione dio un respingo.- Creo que no esta bien que nos hagamos los que no sabemos nada, porque tu sabes que soy, y yo se que eres tú... así de simple...
La castaña se quedo callada mientras lo miraba con la expresión sorprendida. Ryan se acercó a la puerta y la cerró con cuidado.
- Bueno, quiero aprovechar este momento para conversar contigo... ahora que no esta Kalyo o Adam como sueles llamarlo, pues quiero comentarte unas cuantas cosas... ¿Qué dices, Hermione? Te puedo llamar Hermione¿no? — le dijo con una sonrisa reluciente.
- Este... si, si claro...
- Bueno.- empezó mientras la examinaba.- ¿Cómo te trata? — le preguntó mientras se acomodaba despreocupadamente sobre su escritorio. La miró.
¿Qué?
- ¿Perdón? — preguntó confundida.
- Adam... ¿Cómo se porta contigo? — repitió sin alterarse y conservando su sonrisa.
- Ehh... bien, muy bien...
- ¿Enserio? — Preguntó sorprendido, la castaña asintió cohibida.- Vaya... me sorprende... — dijo y se quedó pensando por unos segundos con la expresión concentrada. Hermione lo miró y no pudo evitar preguntarle:
- Tú... ¿Lo conoces mucho?
Ryan salió de sus cavilaciones reaccionando abruptamente, la miró y le sonrió de nuevo.
- Se puede decir que si... es mi amigo... y si tu intención es preguntarme algo acerca de él o su vida, debo decirte que me matará si te lo cuento — la frenó antes de que siguiera — es demasiado suspicaz para intentar ocultarle algo... — aseguró. La castaña no tuvo que pensarlo mucho para darle la razón.
- Ohh...
Ryan la inspeccionó por un rato y suspirando le dijo:
- Mira, es muy difícil para él abrirse con los demás... lo único que te puedo decir es que probablemente sienta miedo por volver a preocuparse por algo o alguien... la verdad es que muchas veces he pensado que ya no tiene sentimientos, pero siempre me demuestra lo contrario... — la miró de una forma sugestiva y ensanchó su sonrisa. Hermione se sonrojó.- Es una creencia popular el decir que los ángeles no sienten... ni amor, ni cariño, nada... pero tengo que argumentar a nuestro favor que este mundo es cambiante... este mundo es extraño...
La castaña se quedó callada mientras procesaba sus palabras. Desvió la mirada de su imponente figura y la dirigió a la ventana, la cual iluminaba el salón con el resplandor majestuoso del sol. No comentó nada porque sabía que Ryan no iba a decirle más. Y lo aceptó en silencio aunque ahora tuviera más incógnitas nadando por su cabeza.
- Sólo vine a ayudarlo... mi deuda con él es muy grande y su ejército necesita un comandante... — sonrió. Hermione se confundió un poco pero pareció reponerse. — Además se que hay cosas que pasaran... y quiero divertirme un poco...
Se quedaron callados unos minutos hasta que la castaña lo miró de nuevo.
- ¿Sabes a donde fue?
- No... — Negó impasible — solo me dijo que te cuidara durante su ausencia...
Hermione arqueó una ceja.
- Mira, Hermione... creo muy seriamente que el destino los escogió a ambos por una razón... sólo es cuestión de tiempo para averiguarlo... por lo pronto espero que se lleven bien...
- Nos llevamos bien... — corrigió frunciendo el ceño. Ryan levantó ambas cejas.- Bueno... solo algo, tal vez...
El rubio soltó una carcajada limpia.
- No sabes lo que me alegra escuchar eso... pero bueno, antes de que te vayas, necesito que sepas algo... se que me he comportado contigo de una manera un tanto... mmm... pues, seductora estos últimos días — le dijo y Hermione cerró los ojos avergonzada.- Y no te ofendas, pero auque las humanas son especialmente lindas... pues no son mi tipo, realmente lo hago porque me gusta hacer enfadar a Kalyo... y contigo cerca es muy fácil... — se rió de nuevo.- se que te incomoda, así que dejare de hacerlo... Kalyo me matara si no me detengo de todos modos... — soltó una risita y Hermione agradeció internamente el que se lo prometiera.
- Mmm... Gracias, supongo — susurró pero el ángel no la escuchó y siguió riendo, parecía como si hubiese recordado algo muy gracioso. ¿Era ella o los ángeles eran especialmente raros?
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Albus Dumbledore siempre se había considerado como una persona sensata,
tranquila. A lo largo de su vida había tomado decisiones
trascendentales con calma y tranquilidad, sabía manejar sus
obligaciones con un razonamiento envidiable, pensaba las cosas antes de
hacerlas y siempre planeaba todo con anticipación.
Había considerado todas sus posibilidades cuando había enfrentado a
Gellert Grindelwald en su juventud. Ahora lo volvía hacer con Tom
Riddle. La única diferencia radicaba en que él no era el indicado para
vencerlo, y eso solo lo preocupaba en demasía.
Desde que había conocido a James Potter y a Lily Evans sintió un
especial cariño hacia ellos. Y cuando conoció al pequeño Harry de
brazos, había sentido tanto o más cariño que por sus padres, como si
fuese de su propia sangre.
Ahora, algo le impedía dejar de protegerlo. Había formado un lazo con
Harry Potter, tan fuerte que no podía defraudarlo. Cada día se sentía
más cansado y viejo, y constantemente pensaba que no llegaría a ayudar
a Harry de manera debida, pero todos esos pensamientos los quitaba de
su mente y sólo pensaba en el futuro. El futuro.
Y por eso se sentía intrigado, la incertidumbre podía con él en esos
momentos, y sentía que todo se le estaba yendo de las manos. Que muchas
cosas estaban pasando muy rápido, y aunque siempre tratara de pensar
con serenidad... no podía evitar preocuparse.
Su hermoso fénix revoloteó sobre su oficina y se posó sobre su hombro con delicadeza, admirando el cielo por la ventana en forma de ovalo, con admiración analítica, sorprendida. Y como su rostro, las facciones de su mascota se transformaron en algo sombrío.
Por que el cielo a lo lejos se veía rojo... y eso era un mal presagio, la sangre sería derramada esa noche, como la anterior; y de nuevo... ellos no podrían hacer nada.
Y sólo un pensamiento pasó por su mente: llega. Por favor, llega.
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Ginny Weasley jamás había sentido furia contra alguien, de cierta manera nunca se había sentido así de defraudada, traicionada. Pero en esos días que había estado sola, se había puesto a pensar en todo lo que había ocurrido. Ron ya había perdonado a Harry, y de cierta manera ella lo había hecho desde el primer día. Ese cuando se pelearon. Porque sabía que ellos ya no tenían nada, y que aunque ella lo amara con toda su alma, Harry nunca lo podría hacer. Y ella no podía obligarlo a que la amase.
Y simplemente eso le partía el corazón.
Estaba dolida, y muy confundida, durante los meses que había durado su relación, su corazón había albergado las esperanzas de que la mirada del pelinegro cambiara, que brillara embobada cuando la mirara, así como le pasaba a ella. Pero el tiempo había pasado y junto con él sus esperanzas se opacaron. Hasta el día de su rompimiento.
Una lágrima silenciosa se deslizó por su mejilla y ella la borró de un manotazo. Se levantó de la banca en donde estaba sentada y miró hacia el castillo por uno segundos antes de avanzar.
Ya no quería sentirse tan mal, extrañaba a Harry, aunque no fuera su novio de nuevo, añoraba su compañía, y aunque sabía que cuando se reconciliaran ya nada podría ser lo mismo, ella lo intentaría... por que extrañaba a su amigo.
Y en el fondo ella sabía que Harry jamás deseó lastimarla y eso solo incrementaba el aprecio que le tenía a ese ojiverde, porque era dulce, tierno y comprensivo. Aunque a veces fuera un completo estúpido. Sonrió. Nunca lastimaría a nadie.
Con una leve sonrisa se encaminó hacia la sala común, donde él, seguramente, estaría.
Porque era mejor recordar los buenos momentos y disfrutar de ellos, que sufrir por los malos y nunca poder borrarlos, como una herida que jamás cierra. Y ciertamente era mejor cicatrizar esa herida para que ya no moleste, para no sufrir más, aunque el proceso sea lento y doloroso.
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Hermione estaba sentada en una de las butacas de la sala común, leía un libro de esos que ella misma denominaba como: "lectura ligera" mientras sus amigos conversaban en una de las esquinas de la habitación. Todavía tenía muy presente la conversación sostenida con Ryan, y no podía dejar de darle vueltas al asunto, jamás se había preguntado porque había sido ella la elegida para llevar la tarea de proporcionarle poder a Harry, pero ciertamente no le había tomado importancia al principio... pero ahora¿Por qué el destino los había escogido a ellos?
Adam, que parecía reacio a aceptar la profecía, llevaba el asunto muy bien. Aunque siempre se estuviera quejando, parecía tener una razón muy importante para cumplirla. Además su vida... su forma de ser... toda su aura la intrigaba, quería saber sobre él, ayudarlo de alguna forma. Porque ella sabía que le estaba tomando afecto, mucho. Y es que no era muy difícil que ella lo hiciera con las personas.
Suspiró pensando que debía hablar con él en cuanto llegara, sobretodo quería saber a dónde había ido. Miró por la ventana preguntándose dónde estaría. Cerró el libro que tenía en sus manos y pensó que lo mejor sería dormir, ese día había sido largo y sabía que el día siguiente lo sería también.
Se acercó a sus amigos y se despidió de ellos. Estos le asintieron con la cabeza y le desearon buenas noches. Antes de subir por las escaleras que conducían a las habitaciones femeninas, pudo ver vagamente la figura de su amiga pelirroja acercarse con timidez hacía Harry, frunció el ceño intrigada, pero no se regresó, lo mejor sería dejarlos hablar con tranquilidad y sin presiones. Sonrió y un poco más relajada se cambió y se metió entre las sabanas.
O
OO
OOO
OOOO
OOOOO
OOOOOO
Hermione abrió los ojos sobresaltada. Estaba acostada en medio de un prado que se encontraba a unos metros de distancia de lo que parecía ser un pequeño pueblo. Todo estaba oscuro y lo único que se escuchaba era el leve silbido del aire y el canto de los grillos. De fondo el susurró del agua invadía de manera profunda y armoniosa. El sitio estaba tranquilo, pacífico, y la vista era maravillosa. El cielo repleto de estrellas, la luna llena brillando con un hermoso resplandor.
Pero lo más sorprendente del cielo, era el fenómeno que ocurría sobre su cabeza. Además de la hermosa luna, en el cielo brillaba en un sendero de color rojizo y leves tonalidades de verde. El cielo parecía un manto de diferentes colores, y los resplandecientes fulgores rojizos se elevaban como llamas a través del oscuro color negro del cielo, que se opacaba con las estrellas. Una increíble Aurora Boreal.
Confundida y maravillada a la vez, se levantó con cuidado de no caerse, pues sentía que estaba diferente, como si hacía mucho tiempo que no caminaba. Se tambaleó ligeramente y se sostuvo de un árbol cercano... pero cuál fue su sorpresa al percatarse de que no podía tocar el tronco, su mano había pasado de él, haciéndola caer. Traspasándolo. Se percató horrorizada de que debajo de ella, una capa de más de diez centímetros de nieve, adornaba el maravilloso lugar. Ella sólo llevaba la delicada tela de su pijama... sin embargo, y para horror suyo, no sentía nada, ni frío, ni calor. Nada.
Se levantó torpemente y se miró las manos. Parecían algo decoloradas... como más transparentes. Abrió los ojos como platos... parecía una especie de fantasma.
Intentó vanamente palpar su cuerpo, pero era inútil, a pesar de que parecía tocarlo, ella no sentía nada. Se asustó. Intentó gritar pero le fue imposible, era como si fuera un espectro vagando por la tierra.
Estaba apunto de echar a correr, cuando un movimiento en el horizonte la detuvo.
En el cielo que se iluminaba por distintos colores, unas siluetas oscuras irrumpieron con majestuosidad. Ella sólo podía ver las sombras, pero pudo distinguirlas formas de personas... personas con... alas.
Abrió los ojos horrorizada al ser conciente del la identidad de esas figuras. Empezó a retroceder con la respiración entrecortada y se llevó las manos a la garganta al sentir la impotencia de no poder gritar y alertar a la gente inocente que se hallaba dormida.
Unas explosiones se escucharon alrededor de ella y Hermione se dio la vuelta con un escalofrío recorriéndola por completo. De la oscuridad varios mortifagos comenzaron a aparecer, dos de ellos lo hicieron con una enorme criatura que ocasiono una sacudida en el suelo. La castaña cayó hacía atrás por lo aterrorizada que estaba al darse cuenta que los magos encapuchados traían un gigante con ellos. Cerró los ojos pensando que iban a matarla, pero durante varios momentos sólo escucho breves murmullos y silenciosas apariciones.
Abrió los ojos de nuevo, y se percató, no sin cierto alivio, como parecía que nadie la miraba, que nadie parecía poder hacerlo, se preguntó de nuevo cómo había llegado ahí, pero no pudo cavilar por mucho tiempo, ya que las figuras que volaban descendieron limpiamente junto a los mortifagos. Se estremeció de puro temor al mirar el rostro demoníaco de esos seres. Parecían bestias salvajes salidas de las peores pesadillas de los hombres.
Sus rostros grisáceos que relucían dos orbes negras o blancas, sus hebras negras o rojas, los colmillos ensangrentados y las venas salidas de sus cuellos. Vestían completamente de rojo con una vestimenta extraña, casi... hermosa, y llevaban brillantes cadenas a su alrededor. Cada uno llevaba una gran y majestuosa espada colgada de la cintura.
Tembló del pánico al no aguantar el ver a esas criaturas horripilantes. Se tomó las piernas con los brazos y ocultó su rostro entre ellas mientras siniestros espasmos la recorrían. Si estaba soñando, sólo quería despertar.
Escuchó claramente el alarido de alguien, y obligándose a mirar, se quedó paralizada al observar a su alrededor. Tembló de nuevo y unas ganas terribles de llorar la invadieron.
Muchos de los encapuchados que habían aparecido, ahora se estaban transformando en bestias temibles y sanguinarias. Frente a sus ojos los hombres lobo transfiguraban su forma humana con sacudidas potentes y horripilantes. Los colmillos afilados y el cabello en sus cuerpos, aumentaban de una forma espeluznante.
Miró a sus espaldas evitando el no mirar a todas las criaturas que dejaban escapar sonidos terroríficos, junto a alaridos de excitación por lo que estaban apunto de hacer. Observó la aldea y una nueva oleada de temor la recorrió... no, ella no quería verlo.
¡No! Rogó para sus adentras... por favor. Y a pesar de no poder llorar o emitir sonido alguno, sintió como de sus ojos caían lágrimas que se transformaban en hielo apenas se deslizaban de sus orbes miel.
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Para un ser superior como él, jamás había tenido problemas para conseguir lo que deseaba. Aceptaba que esa tarde había perdido completamente el control de sus acciones, se había mostrado débil... de nuevo.
Y de nuevo lo estaba siendo en esos momentos. Al principio había atribuido esa búsqueda al simple hecho de estar furioso y sediento de venganza, después y con todo su pesar había comprendido que se estaba mostrando débil al verse furioso porque esos estúpidos la hicieran sufrir y deseaba vengarse de ellos por eso.
Aún así él era un ángel... uno poderoso que quería vengarse.
No había sido ningún problema el encontrarlos, parecía que Perseus deseaba que él estuviera presente, y jamás había estado más de acuerdo con él que en ese instante.
Los observó en silencio mientras todas sus tropas se aglomeraban en posiciones de ataque, vio sin ningún sentimiento las transfiguraciones de esas bestias sanguinarias, los hombres lobo, y sólo sonrió a medias al verse ansioso por partir sus asquerosas quijadas.
Tres ángeles lo acompañaban... Ryan, que lo había alcanzado, y dos de sus mejores guerreros. Eran suficientes, ni siquiera había más de diez demonios ahí abajo.
Les hizo una seña a los otros tres que estaban dispersos en diferentes puntos, y luego, como un sediento depredador se acercó con cautela hacía sus víctimas.
Sus ropas ondearon con el viento, y no pudo sentirse mejor al apreciar la suave tela de su glorioso uniforme. En ese momento sus ojos brillaron, ahora no lo detuvo y sus orbes plateadas cambiaron de color, brillando de color dorado.
Escuchó gritos aterradores que llenaron sus oídos con súplicas ensordecentes. Luces empezaron a volar en todas direcciones y llantos y lamentos se esparcieron por la zona. Apretó la mandíbula y sus ojos brillaron con más fuerza entre la oscuridad.
Desenvainó su espada y les indicó a sus guerreros que ese era el momento.
Se acercó con rapidez y golpeó a la primera silueta que vio: un mago. Nunca tendría piedad al eliminar a su enemigo, él no dejaba a nadie inconciente, el no tenía clemencia con nadie, ya no. Lo mató con un golpe rápido y avanzó hacía otro.
Se movía con asombrosa agilidad, daba golpes con poderosos estruendos y su espada atravesaba los cuerpos de varias siluetas, parecía no hacer esfuerzo, su vista estaba en un punto fijo, justo delante de él y aún así nada lo pudo tocar.
Pronto los atacantes se percataron de la presencia de los intrusos, los hombres lobo lanzaron alaridos de furia, pero al castaño no pareció afectarle. En cambio, se detuvo por unos momentos y guardó su espada. Esperó con tranquilidad y soberbia a la primera bestia, y cuando ésta saltó con el hocico abierto en dirección a su cuello, el ángel puso una mano al frente y formó un escudo que golpeó a la bestia y la sacó volando. Sus cabellos se removieron por el aire y le partió la mandíbula a un demonio que se dirigía a él, desenvainó la hoja plateada y majestuosa de su espada una vez más y la clavó en el tórax de su enemigo, convirtiéndolo de inmediato en cenizas.
Los ojos brillantes de los espectadores se quedaron congelados, viéndolo con intenso odio.
Guardó de nuevo su espada y sus ojos dorados brillaron intensamente. Sintió una sacudida y entonces giró la cabeza y vio tres siluetas en lo alto de una colina.
Con un ágil movimiento, pareció flotar en el aire y se dirigió hacía ellos.
- Perseus... — escupió con odio cuando tocó tierra firme.
- Kalyo... te esperaba. — Respondió el demonio con una tranquilidad innata.- me complace verte de nuevo...
- A mi no, demonio... — entonces desenvainó su espada y se colocó en posición de ataque.- Te mataré...
- ¿Cómo está tu protegida, ángel¿Bien? — le preguntó ignorándolo y dirigiéndole una sonrisa maliciosa. El castaño frunció el ceño ante el tono sugestivo que había utilizado y se enfureció. A lo lejos escuchaba las súplicas de auxilio de los aldeanos, pero aunque sabía que no debía dejar que inocentes murieran, no se movió y siguió observando a su oponente. — Veo que ni siquiera estas seguro...
- Ella esta bien, idiota... deberías preocuparte por tu vida en estos momentos... por que te destrozaré lentamente...
- ¿Realmente estas seguro de que ella está bien? — le dijo y desvió su mirada a un punto fijo. Kalyo se desconcertó por la respuesta e imitándolo, siguió la mirada del demonio. Se horrorizo al ver una sombra a unos quinientos metros de distancia, estaba encogida entre los árboles, temblando y su camisón, que él ya conocía a la perfección, se removía con el viento. Su corazón, que en una época pensó que había dejado de latir, vibró en su pecho aumentando su ritmo con fuerza. Porque aunque esa silueta estaba muy lejos, él la veía perfectamente.
Apretó los dientes con fuerza y de nuevo miró hacia su oponente.
- Está batalla la he ganado de nuevo, ángel... creo que nuestra pelea se postergará para después... ¿o me equivoco? — Perseus sonrió con maquiavélica intención. Adam no lo contradijo ni siquiera comentó nada, sólo guardó su espada y por primera vez desde que su padre había muerto, sintió miedo. Mucho miedo.
Voló poderosamente hacía aquella sombra encogida, y se posó frente a ella con urgencia.
- ¡¿Por qué lo dejaste marchar?! — Le preguntó Bellatrix a sus espaldas.- ¡Podríamos haberlo matado!
Perseus borró su sonrisa mientras observaba la masacre que ocurría frente a él. Los otros tres ángeles había seguido a Kalyo y el campo de batalla volvía a estar libre para sus tropas.
- Cállate, humana... no lo conoces. Kalyo Hellsig ha sido el peor enemigo que he tenido y su fuerza es inmensa... cuando está enfadado es un peligro devastador.
- ¿Acaso le tienes miedo, bestia? — siseó la mortifaga con malicia.
- ¡No me tientes, estúpida! - rugió con los ojos brillantes.- Podría haber destruido a nuestro ejército de un solo golpe... pensé que sería divertido tenerlo por aquí... pero me equivoque, cuando vi sus ojos supe que algo había cambiado en él... para nosotros, los seres oscuros, los sentimientos negativos son nuestra perfección... para ellos, los seres sagrados, los sentimientos positivos son su bendición... y Kalyo solía estar de nuestro lado, siempre con odio en el corazón... pero ahora...
- ¿Piensas entonces que no podremos vencerlo? — Preguntó Greyback mientras, regocijado, observaba la masacre. Perseus observó la figura de Kalyo mientras éste se elevaba con sus majestuosas y señoriales alas blancas extendidas, alejándose de la aldea. Un par de demonios lo siguió.
- No, si podemos vencerlo... yo puedo vencerlo, pero primero necesito matar a esa estúpida chiquilla y luego sólo necesito odio, lo venceré... a su debido tiempo. — aseguró y echándole una última mirada al fuego que arrasaba con las casas y los gritos que estaban empezando a sonar apagados, desapareció entre las sombras, mientras un solo pensamiento cruzaba su demoníaca mente: te mataré. Juró que lo haré.
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Cuando estuvo a dos pasos de distancia de la castaña, Adam se dejó caer a su lado y extendió su brazo llamándola. Intentó tocarla, pero inútilmente, pues su mano atravesó su cuerpo temblante.
Su respiración se agitó y apretó los puños sin saber que pasaba. La siguió llamando intentando que ella lo mirara.
La castaña levantó el rostro y Kalyo pudo observar los cristales que salían de sus ojos.
- ¡Ryan! — gritó sin dejar de mirar el cuerpo de la chica que tenía delante. Hermione abría y cerraba la boca, como si le estuviera diciendo algo, pero él no era capaz de escucharla. - ¡Ryan! — sus tres guerreros estuvieron con él de inmediato y el rubio descompuso su rostro al ver a la castaña. - ¡Ve al castillo, rápido!
- Kalyo, están matando a inocentes... necesitamos ayudar... — susurró.
- ¡No me importa¡Ve¡Vayan los tres! — rugió. Ellos asintieron son objetar y el castaño fue libre de tomarse la cabeza con las manos y observar horrorizado a su protegida.- Despierta, Hermione... vamos... despierta...
La castaña intentó acercarse a él, pero un mareó la invadió y las pocas fuerzas que tenía se desvanecieron de golpe. Cayó al suelo mientras miraba a su guardián cerrar los ojos. Y trató de tocarlo pero no podía ni levantar la mano.
Observó como éste extendía sus hermosas alas y con el rostro descompuesto por la furia y los ojos llenos terror, se alejó de ella murmurando cosas que no logró entender. Empezó a sentirse más y más débil, cansada, estaba triste y aterrada por lo que había visto, todo le dio vueltas.
Y antes de caer en la inconciencia observó con horror como en el aire dos demonios se lanzaban contra su guardián, uno de ellos derribándolo...
... y el otro de ellos enterrándole una enorme espada en la espalda. Después todo fue oscuridad.
Profunda y aterradora oscuridad, donde sólo había gritos y dolor. Mucho dolor.
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..
...
...
...
"Mientras los sueños no tengan fin, el camino será ilimitado; sólo lo bloquea el miedo."
¡Hola!
Bueno primero que nada, espero que ninguno de ustedes quiera matarme en estos momentos. Se que prometí actualizar antes, pero he tenido muchas dificultades con la página y pues la verdad pienso que esta cochinada no me quiere... Pero bueno, fueron dos semanas¿Se les hace mucho?
Ahora debo decirles que espero que este capítulo compense la espera. Es el más largo que he hecho hasta ahora y me siento bien al haberlo terminado. Espero también que no me maten al final... y sobretodo después de decirles que me tardaré un poco más de lo habitual en publicar el capítulo quince, la razón es que estoy en semana de exámenes mensuales y voy a estar especialmente ocupada.
No voy a dejar espoilers del próximo capítulo, porque soy mala, y no se preocupen el que sigue tendrá cosas muy interesantes.
Muchas gracias por el apoyo y el tiempo que gastan todos por leer y dejarme un comentario. Las críticas que he recibido me han ayudado mucho a mejorar mi estilo. Quisiera pedirles un gran favor, alguien me dijo que algunas palabras no las entendía, ahora yo les pido a todos en general, que si no entienden alguna palabra me lo digan... estoy tan acostumbrada a las expresiones y formas de hablar de mi país, que enserio no me doy cuenta cuando lo plasmó de una manera muy exagerada. También tengo la costumbre de poner exclamaciones estadounidenses, se me pega eso por vivir tan cerca. De verdad quiero hacer un fic para todos y me gustaría que me ayudaran en ese aspecto. Muchas gracias a mi crítica, me ayudaste mucho.
Muchas gracias de nuevo y les mando un abrazote y un beso. También miles de saludos.
Por cierto espero que todos hayan pasado un Feliz Día del Amor y La amistad.
Su amiga:
Darkgranger.
