Una profecía de los cielos
DracoDormiens Nunquam Titillandus
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15.- Draco Malfoy mi ¿amigo?
La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
Hermione despertó sobresaltada emitiendo un sonido gutural de pánico, puro e intenso pánico.
Jamás a lo largo de su vida había sentido algo similar a lo que en esos momentos estaba experimentando. Una combinación de sentimientos devastadores que le oprimían el pecho, dificultándole el respirar.
Desesperación, miedo, dolor... todo a la vez. Todo agónico.
Su respiración era entrecortada, se llevó las temblorosas manos al rostro y pudo sentir la liquidez de sus lágrimas en sus palmas.
Se intentó tranquilizar, aunque temblaba de pies a cabeza. En esos momentos agradeció el hecho de dormir sola.
Todo aquello había sido un sueño, si. Le dijo su subconsciente.
No. Le dijo su corazón. Aquello no había sido un sueño, aquello había sido real.
Sacudió la cabeza mientras se liberaba de las sabanas que la cubrían. Cerró los ojos mientras todo le daba vueltas cuando se puso de pie, y sin encender la luz, se encaminó con torpeza hasta la puerta de su habitación.
Por favor, que aquello no fuese real. Adam no podía... no.
Lloraba, no podía evitarlo, hubiese sido un sueño o no, aquello había sido horrible. Dolor, muerte, gritos de agonía. De solo pensarlo un escalofrío la recorrió entera.
Su guardián matando... Adam asesinando con sangre fría. Sin titubeos.
Los niños muriendo, los padres llorando, las maldiciones volando por todas partes, los gritos... y ella encogida en la nieve llorando, sufriendo por el sufrimiento.
Bajó las escaleras con temblorosos movimientos. No veía nada, todo era oscuridad, pero realmente no le importaba, ya no quería ver nada. Ya no más.
Estaba por bajar uno de los últimos escalones, cuando tropezó, y hubiera ido de bruces contra el suelo, y se hubiera hecho mucho daño porque no estaba en condiciones de reaccionar, pero alguien la tomó de los hombros para estabilizarla.
Aún con las lágrimas silenciosas bajando por sus mejillas, levantó el rostro con esperanza, con ilusión, encontrándose con unos profundos ojos azules que la miraban con preocupación.
- Hermione... ¿estas bien? – preguntó él con voz diferente, contenida... casi triste. Ella lo miró profundamente, cerró los ojos y volvió a llorar. Aferrándose a su camisa.
Porque no era él. Porque no era ese ser que la protegía de todo, porque no era ese castaño que la intimidaba con su mirada, no era ese joven frío que solía regañarla... no era esa persona que se había ganado un espacio en su corazón por más indiferente que fuera con el mundo.
No era Adam.
- Hermione...- susurró Ryan.- tranquila, ya pasó todo...
- ¿D-dónde e-esta A-adam? – Articuló en un murmullo.- ¿D-dónde? – Lloró. Tembló de nuevo.
Sintió como Ryan la sujetaba con fuerza, pero no le respondía. ¿Por qué? Se preguntó. ¿Por qué no me dice la verdad?
- Yo-
- A-aquí estoy, castaña. – Apenas había escuchado el breve murmullo, pero por Merlín. Eso si había sido real. Levantó la cabeza y se separó un poco del rubio, que también había girado el rostro para ver al dueño de la voz.
Y ahí estaba, parado en medio de la sala común, mientras se sostenía con dificultad de uno de los sillones. Hermione, que aunque no veía muy bien por la oscuridad y las lágrimas, corrió con torpeza hacia él y lo abrazó.
De nuevo.
Sintió como Adam le pasaba un brazo por la cintura y con el otro, se sostenía fuertemente del sillón.
Siguió llorando, esta vez con alivio. Estaba vivo, por Merlín, estaba bien.
El castaño sintió algo en el pecho cuando la vio en esas condiciones. Aunque le dolía con todo su ser la herida que ella presionaba sin mucha delicadeza, algo que vibraba en su pecho, y que se sentía condenadamente bien, le decía que ella estaba, por una parte, en esas condiciones por su culpa. Por que ella estaba preocupada por él.
Y experimentó algo cálido, que hacía siglos no había sentido. Algo como... alegría.
- Tranquilízate, castaña... – le susurró con amabilidad. Ella no respondió y siguió escondida en su pecho.- que poca fé me tienes... ¿creías que dos inútiles demonios iban a vencerme? - le dijo con un tono de burla, pero la punzada en su espalda le informó que... bueno, algo le habían hecho. Le dio unos leves golpecitos en la espalda para tranquilizarla, pues ya lo estaba poniendo nervioso que Hermione temblara y llorara de esa manera.
Adam sabía que había muchos sentimientos atravesando el corazón de la castaña en esos momentos. Uno era el miedo, y es que ver una masacre de tal magnitud debía ser... perturbador.
Y más para alguien tan sensible como ella.
- Hermione... – susurró de nuevo y le acarició el cabello con delicadeza.- Esa es la realidad... castaña, tienes que afrontarla... en el mundo hay mucho dolor, y no todo es tan rosa como lo pintan... vamos, tranquila. Ya pasó todo...
Empezó a perturbarse de verdad, odiaba verla sufrir.
Dios, ya no podía negarlo. Porque había estado estúpidamente preocupado. Había dejado morir a muchos inocentes, había bajado la guardia, provocando que lo hirieran.
Suspiró y levantó el rostro hacía Ryan. Tenía una mueca indescifrable en el rostro y lo miraba fijamente.
Se dio cuenta entonces que era lo que estaba haciendo y carraspeó incomodo. Separó a su protegida con amabilidad y la retuvo de los hombros a unos centímetros de su cuerpo.
- Ya, tranquilízate... no me pasa nada ¿ves?– rió. Aunque sus ojos no demostraban alegría. – creo que está noche no ha resultado muy bien la poción... tu no deberías haber visto eso...
- No entiendo...
- No lo hagas¿de acuerdo? – la castaña asintió sin fuerzas y sin mirarlo. Estuvo tentado a levantarle el rostro, como siempre lo hacía por que odiaba que no lo miraran a la cara. Pero temió parecer demasiado... cursi.- Lo siento...
Ahí, la castaña levantó el rostro con brusquedad y lo miró. Hasta Ryan se había sorprendido de sus palabras.
- ¿Qué?
- No debí dejarte sola, niña... mira como te pones... – se burló, intentando hacerla reír. La castaña sonrió levemente y asintió.
- No, creo que no debiste hacerlo... – respondió. Adam la ayudó con dificultad a que se sentara en el sillón y luego él se dejó caer a su lado con cansancio.
Hermione, que estaba un poco más tranquila, se secó las lágrimas con las manos y lo examinó.
- Estás herido...- se horrorizó.
Adam la ignoró.
- Ryan, ve a... ya sabes a donde – dijo mirando de reojo a la castaña que lo miraba con preocupación. – y tráeme la poción somnuscon dosis más fuerte... – el rubio le asintió sin decir nada y con los brazos cruzados pasó junto a ellos sin decir palabra. Antes de salir por el retrato de la Dama Gorda, le dijo al castaño:
- Deberías venir conmigo para que te revisen...
Adam negó.
- Es algo superficial, Ryan... con unas vendas estará bien...- dijo sin expresión alguna. Se giró de nuevo a la castaña, mostrando una expresión cansada que ella nunca le había visto.
Ambos oyeron como el cuadro de la entrada se cerraba con sigilo. Hermione supuso que la Señora Gorda no deseaba hacer ruido para no despertar a los alumnos. Se restregó los ojos con cansancio y se preguntó qué horas serían.
- Me asusté mucho cuando te miré llegar a la batalla... – dijo ella de repente, rompiendo el silencio que se había formado entre ellos. Adam se tomó unos segundos para pensar en el comentario de la castaña. Sabía que había un doble significado en sus palabras, sabía que le había tenido miedo a él, y sinceramente no sería la primera vez que alguien se lo dijera.
Pero algo en su interior le dijo que no debería tenerle miedo. Ella no.
Levantó una de sus manos y produjo una esfera pequeña de color rojo. La dirigió hacia la chimenea y la esfera salió disparada hacia esa dirección. Luego, la habitación se iluminó por el calor de las llamas. La castaña miró todo el proceso con los ojos desorbitados.
- Esa es mi naturaleza – susurró fríamente. Un intenso enojo lo invadió de repente.- deberías saberlo, yo mato a esas bestias...
- Los hombres lobo no tienen la culpa de su condición – le susurró con tristeza mientras dirigía su mirada hacia el fuego crepitante. Recordó a Remus Lupin, y se estremeció.
- No... – coincidió con ella.- pero tuvieron la oportunidad de escoger qué bando seguir... deberías saber que yo mataré al que me estorbe... al que intente hacerte daño, ese es mi deber...
Hermione se sorprendió por la frialdad que expresó el castaño en cada palabra dicha. Ella sin duda estaba más que acostumbrada a sus desplantes, pero aquella frase la había dejado sin aliento.
- Mataría a cualquiera de tus amigos si alguno de ellos te llegará a herir... ¿no lo entiendes? En mi naturaleza no está el perdón... sólo está el deber.
- Dicen que los ángeles son perfectos¿no?, Que son seres sagrados y que sólo están llenos de sentimientos positivos... si es así, no te entiendo entonces.- dijo ella con enfado. La perspectiva de que sus amigos fueran heridos por su guardián, no le agradaba mucho.
- Dicen, pero la realidad es que no somos perfectos... – aceptó no sin cierto egocentrismo.- y somos seres sagrados que basan su poder en sentimientos positivos, eso no quiere decir que no podamos sentir odio... y yo estoy lleno de él... y de venganza, por eso no me importan los demás, sólo el hecho de cumplir mi misión... por eso soy diferente a todos...
- ¿Por qué? – preguntó la ojimiel con cierta tristeza.
- Porque no tengo nada que agradecer... – respondió con simpleza y se levantó. Hermione supo que no iba a decirle nada más y suspiró sin lograr entenderlo. Pero esa respuesta le había dado por lo menos una pista. Adam tenía agonía en su interior. Algo... había hecho de él un ser frío, y desde ese día ella se propuso el ayudarlo.- necesitas descansar... – le dijo después de unos segundos cambiando de tema.
La castaña se removió incomoda en su lugar y miró el fuego.
- No creo poder hacerlo... – se avergonzó. La realidad era que le daba miedo volver a cerrar los ojos.
- Tienes que ser más fuerte, Hermione... – suspiró.- necesito ir por unas vendas y luego... creo que necesito descansar... si no te vas a dormir creo que no podré hacerlo...
La castaña se sintió culpable.
- Perdóname por no ser tan fuerte como tú...- dijo ella y bajó la cabeza.
- No sabes lo débil que puedo llegar a ser... hasta hace unos días yo pensaba lo mismo que tú... pero ahora lo estoy dudando seriamente...- Hermione levantó la cabeza y lo miró fijamente. Adam parecía no haberse dado cuenta de que había dicho aquello en voz alta... o tal vez si.
El castaño le devolvió la mirada. Ella descubrió que estaba llena de resignación, se descolocó un poco y se paró con dificultad.
- Está bien... lo intentaré - prometió ella. Adam le sonrió de medio lado y le dio unos golpecitos amables en la cabeza.
Después, cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones.
Lo que ninguno de los dos sabía y que nunca supo, fue que el sueño no alcanzó a ambos esa noche...
...y con los ojos abiertos, acostados en sus camas, y con rostros descompuestos, alcanzaron el amanecer más frío que hubiesen presenciado jamás...
... y en la oscuridad, una castaña se dijo: Feliz cumpleaños, con tristeza... y...
... con dolor.
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- ¡Feliz Cumpleaños, Hermione! – fue lo primero que escuchó la castaña cuando bajó hacia la sala común, el sábado diecinueve por las horas de la mañana. Hermione le regresó una débil sonrisa a su amiga pelirroja, no tenía muchas ganas de salir ese día, pero sabía que si no quería preocupar a sus amigos, tenía que mostrar algo de fortaleza.
- Gracias, Ginny... – le respondió. Ella le dio un gran abrazo que casi logró derrumbarla.
- No pareces muy contenta... – le comentó su amiga en cuanto se separaron.- ¡Oficialmente tienes 17 años¡Animo mujer, que luces como un zombi!
- No dormí muy bien... - le confesó. En esos momentos escuchó pasos detrás de ellas, y antes de poder darse la vuelta, unas manos cubrieron sus ojos y la sala común quedó a oscuras.
- ¿Quién soy? – preguntó una voz traviesa muy cerca de su oído. Se estremeció por el roce del suave aliento de su amigo junto a su oreja, pero sonrió. Su voz era inconfundible.
- ¡Harry! – rió la castaña. El ojiverde se rió también pero sin alejarse, suspirando en la nuca de su amiga.
Retiró las manos del rostro de su castaña amiga, y las bajó hasta su cintura, rodeándola con los brazos y apretándola contra su cuerpo. La abrazó por detrás sin ningún tipo de vergüenza, sonriendo y al mismo tiempo besando su nuca. Hermione se quedó muda y completamente sorprendida por la muestra de cariño tan explicita que su mejor amigo le estaba mostrando...
... y que sin duda le encantaba. Harry no solía ser tan cariñoso.
- ¡Feliz Cumpleaños! – le dijo al oído y la ojimiel volvió a estremecerse. Harry la soltó con lentitud y cuando ella lo miró, él tenía una bella sonrisa delineada en el rostro.
Ella le devolvió la sonrisa y se sintió feliz. Llena de alegría.
Ron procedió a apretarla en un abrazo asfixiante, y varios de sus compañeros la felicitaron igualmente.
Recibió varios regalos, que subió a su habitación prometiendo abrirlos en la noche. Cuando iba de regresó a la sala común para encontrarse con sus amigos, se topó de frente con Adam, se veía agotado y somnoliento. Se preguntó si así de deplorable luciría ella...
- Buenos días... – le dijo cortésmente. Adam la miró y le hizo una seña con la mano mostrando despreocupación. Frunció el ceño.
- ¿Qué llevas ahí? – preguntó, la ojimiel se percató entonces, que el castaño quería evitar hablar de la noche anterior. Lo agradeció internamente.
Entonces Hermione se miró las manos, llevaba dos regalos. Uno era de Ginny y el otro de Ron. Los hermanos pelirrojos le habían, prácticamente, suplicado que abriera sus regalos.
- Pues, son regalos, me los dieron por mi cumpleaños...
- ¿Tu cumpleaños? – le preguntó extrañado. La castaña asintió abochornada por la mirada que le estaba enviando. - ¿Eso debería tener algún significado en especial?
- Ehh... pues, no; digo, no sé... – respondió la castaña confundida.- supongo que cumplir un año más de vida, no es especial... digo, para alguien como tú...
- ¿Un año más de vida¿Celebran por cumplir un año más de vida¡Qué ridículo! – se burló. La castaña frunció el ceño y apretó los obsequios que tenía en las manos.- Nosotros celebramos al seguir con vida después de una batalla... eso sería lógico.
- Por si lo habías olvidado, nosotros no vivimos para siempre... y podemos morir en cualquier momento... – le respondió agriamente. Adam dejó de reírse y la miró. Bien, tenía razón, lo había olvidado.
- Claro... por eso sigo con la idea de que los humanos son imperfectos... – dijo sonriendo de medio lado. Hermione lo fulminó con la mirada.
- Tu también eres un ser imperfecto... – contraatacó ella.
- No más que tu especie, castaña.- Sonrió triunfal al ver el rostro enfadado de su protegida, pero después se arrepintió. Hermione lo empujó levemente, de manera juguetona, pero él no estaba en condiciones de ser tocado... y vaya que le dolió. Hizo una mueca de dolor y se llevó una mano al costado izquierdo.
- ¡Hey¡Ten cuidado!
- Que delicado... – susurró la ojimiel con una sonrisa. Adam la miró fulminante. La castaña soltó una risita.- ya, lo siento...
- Si, si... ¿y a dónde vas? – le preguntó después de unos segundos.
- A Hogsmeade... este, a un pueblo que esta a unos kilómetros del colegio... – explicó al ver la mirada confundida del castaño.
- ¿Sola? – preguntó receloso.
- No, voy con mis amigos... – dijo y dudo por unos segundos.- ¿Vienes?
Adam suspiró y la miró fijamente. No, no quería ir. Pero obviamente, prohibirle que saliera, no iba a funcionar en ningún sentido.
- Estaré cerca por si me necesitas... la verdad no estoy de ánimos para soportar a tus inútiles amigos... – dijo con despreocupación.
- ¡Adam! – lo reprendió, el castaño hizo caso omiso de la mirada fulminante de la ojimiel y se dio la vuelta dispuesto a marcharse. Hermione frunció la boca.
- Feliz cumpleaños, niña... – le dijo sin voltearse y antes de desaparecer por la puerta que daba acceso a la sala común. Ella sólo sonrió.
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Draco Malfoy nunca había soportado al trío dorado, jamás en sus siete años de colegio había hecho algo bueno hacia ellos.
Pero ahora algo había cambiado. Nunca pensó poder entablar una conversación decente con ninguno de los tres, pero ahora era diferente. Ya no tenía los mismos prejuicios que en su niñez.
La muerte de su madre había cambiado de forma radical toda su vida. Ya no seguía los pasos de Voldemort, ya no creía en la pureza de la sangre... todo eso era una estupidez. Así como lo era el "Señor Oscuro". Ahora, de hecho, pertenecía a la Orden del Fénix. Y aunque sabía que nadie confiaba en él, el simple hecho de poder vengarse de ese ser inmundo, lo llenaba de una extraña sensación de regocijo.
Porque se sentía furioso contra el mundo. El mundo había quitado la venda de sus ojos de una manera brusca, sin compasión. Había visto sufrimiento, dolor, miedo. Había presenciado asesinatos, masacres, violaciones... se sentía como un ser repugnante, y lo único que lo mantenía lúcido, era el hecho de poder vengarse. Porque Voldemort pagaría.
Pero en esos momentos él era lo que menos le preocupaba. Y eso... eso ya era decir mucho.
Últimamente había tenido conversaciones "amistosas" con Granger. Ni con Potter, ni con Weasley. No. Con ellos era algo más personal. Era cuestión de rivalidad mutua. Cosa deHombres.
Con Granger era... diferente. Era, y tragó saliva al pensarlo, era... mujer.
Como ambos compartían el cargo de Premios Anuales, el tiempo que compartían era frecuente; y aunque apenas hubiese comenzado el curso, Draco había conocido una nueva faceta de ella.
Y lo odiaba...
... porque no le había desagradado. Al contrario, le había fascinado.
Le intrigaba de una manera alarmante, su personalidad, su inteligencia... su comprensión. Porque debería odiarlo, y aún así le hablaba. Lo enfrentaba con orgullo, le respondía a todos sus sarcasmos, y aunque ya no la agredía verbalmente, ella siempre le respondía con dignidad. Y le encantaba.
A lo largo de su vida, él había tenido a muchas mujeres, podía estar con cualquiera. La más bella, la más sexy, la más atrevida... todas, él podía tenerlas a todas.
Pero no le interesaban. Draco se había dado cuenta que una mujer como Hermione Granger, era una mujer que si valía la pena conocer.
Y debía reconocer que había cambiado. Y aunque no fuera una hermosura con cuerpo de modelo. Hermione era bella por todo lo que le atribuía. Tenía buen cuerpo, nada exagerado, bonita cara, una bella sonrisa... y una personalidad única...
El rubio sacudió la cabeza y se levantó de un salto del sillón en donde estaba acostado.
Debía dejar de pensar en ella. Desde el día en el que se habían topado en el Callejón Diagón no dejaba de hacerlo. La fortaleza y decisión que había mostrado ese día... lo había asombrado. Y debía reconocer que lo admiraba. Todo de ella era admirable.
Sonrió de medio lado y se dirigió al armario. Sacó la ropa que llevaría ese día y se dirigió al baño.
Ese día sería. Y se lo prometió. Ahí, frente al espejo, se lo prometió.
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Ese día el pueblo de Hogsmeade estaba soleado. Eso era agradable, a pesar de estar a un par de meses para entrar a invierno, a pesar de estar en Inglaterra. Ese día estaba caluroso. Perfecto.Hermione pensó que por lo menos su cumpleaños tenía un buen día. Después de la noche que había pasado, la patética cara que traía y el enorme sueño que cargaba, su cumpleaños sería agradable. Estaba con sus amigos, y eso era lo más importante.
Trataban de llegar a Las Tres Escobas, pasando por el gran número de alumnos que rondaba el pueblo. Hermione caminaba sonriente junto a Harry y Ginny, unos pasos más adelante, caminaban Ron y Luna abrazados. Sonrió.
Escuchaba vagamente la conversación que sostenían sus amigos, se sentía feliz por ellos, que por fin hubieran arreglado sus problemas y diferencias. Creyó, de una forma muy egoísta, que así se encontraban mucho mejor.
Se acomodó mejor la chaqueta azul claro que llevaba puesta - regalo de Ron - y la pulsera de plata - regalo de Ginny - resonó de forma graciosa en su muñeca.
- ¿Tú que crees, Hermione? – le preguntó repentinamente el ojiverde. Ella lo miró por unos segundos y se mordió el labio inferior. Además de pensar que se veía extremadamente atractivo con esa camiseta verde que portaba, no le estaba prestando la mínima atención.
- ¿Eh? – preguntó tontamente. Harry frunció el ceño.
- ¿No estabas escuchando nuestra conversación? – le preguntó extrañado. La castaña se sonrojó.
- Pues... la verdad, no... – Harry le sonrió y le pasó un brazo por los hombros de manera cariñosa.
- Estás muy despistada está mañana, Hermione. – Ella asintió sonriente. Antes de que alguno de los dos pudiera seguir con la conversación, la voz de su pelirrojo amigo los distrajo.
- ¡Hey, chicos¡Dense prisa, ahí hay una mesa! – exclamó Ron a punto de entrar al establecimiento de Madame Rosmerta. Apresuraron sus pasos y entraron. Mientras, el pelirrojo seguía sosteniendo la puerta abierta para ellos de forma caballerosa. Al pasar a su lado, Hermione le apretó la mejilla de manera juguetona.
Ron frunció un poco los labios de manera graciosa, luego fue hacia la barra y se dedicó a pedir las bebidas.
- Y... ¿Qué quieres hacer, Hermione? – le preguntó el pelinegro en cuanto tomaron asiento. La castaña le sonrió.
- Me gustaría pasar a Honeydukes, Alice me ha pedido esta mañana que le lleve unos cuantos dulces.
- Entonces, lo que tú digas. – Ron se acercó con las bebidas y tomó asiento a un lado de su novia, le pasó un brazo por los hombros, y les sonrió a sus amigos repartiendo las bebidas.
Estuvieron conversando animadamente de trivialidades, hasta que una hora después, la pelirroja dejó su botella vacía sobre la mesa.
- Buenos, chicos, me voy – dijo la pequeña Weasley y se levantó.- He quedado de verme con Colin en un rato y no quisiera dejarlo esperando... No te importa ¿verdad, Hermione? – La castaña negó sonriendo. Ron, a su lado, frunció el ceño. Luna le acarició el brazo y le sonrió a su pelirroja amiga.
Unos minutos más tarde, la pareja se despidió de ella y de Harry. Ellos decidieron caminar un rato y curiosear por las tiendas, pasaron a comprar los dulces de los gemelos y Hermione aprovechó para comprar tinta y pergaminos que le hacían falta.
Cuando iban saliendo de una tienda de Quidditch, a la cual habían accedido a petición del pelinegro, Harry la detuvo.
- Hey, espérame un momento¿de acuerdo? – la castaña le asintió extrañada y mientras su amigo desaparecía por una especie de callejón, ella se dedicó a mirar los estantes de una tienda que presentaba revistas de todo tipo.
Sintió unos ojos sobre ella, y levantó la vista para encontrarse con unos témpanos de hielo a unos cinco metros de distancia. El castaño le sonrió condescendiente y mientras miraba a unos niños que correteaban por las calles, metió sus manos a los bolsillos de su pantalón negro y caminó en dirección contraria a la de la castaña.
Ella negó con la cabeza y suspiró.
Su amigo llegó junto a ella a los pocos minutos.
- Toma... – le dijo y le pasó una linda rosa de color rojo. – Se que ya te lo dije, pero aún no has recibido mi regalo... así que, Feliz Cumpleaños.- Harry sacó una cajita del interior de su chaqueta café y se la tendió a la castaña. Ella la tomó con los ojos brillosos y le dirigió a su amigo una sonrisa complacida.
- Gracias... – dijo y olió primero la rosa, era hermosa. Comenzó a desenvolver el papel rosado de la cajita y notó como su amigo se removía nervioso a su lado. Volvió a sonreír.
- Ohh, Harry, es precioso... – del interior de la caja, una cadena fina de plata sobresalía, tallada con símbolos que ella jamás había visto, pero que tenían una exquisita forma. La luz del sol hizo que brillara de diferentes colores. La castaña sacó la cadenita de su envoltorio y apreció el increíble dije en forma de rosa que colgaba en diagonal, era pequeño y tallado en cristal, la parte de los pétalos brillaba de un intenso rojo y el tallo, de un increíble verde.
Al ver aquello, a la castaña se le vinieron a la mente, unos ojos que no la dejaban en paz por las noches. Sacudió la cabeza imperceptiblemente. Se dedicó a admirar su regalo y Hermione quedó asombrada por la belleza de la cadena.
- Vaya, Gracias, Harry... wow, es, es hermosa... – miró a su amigo con los ojos desorbitados y le tendió la cadena.- ¿Me la pones?
Harry asintió cohibido y colocándose a la espalda de su amiga, le abrochó la cadenita de plata alrededor del cuello. No pudo evitar el rozar con sus dedos la suave piel del cuello de su amiga.
Hermione se estremeció al contacto, pero se recompuso y se dio la vuelta para mirar a su amigo con una sonrisa radiante.
Siguieron caminando un rato más, mientras degustaban una paletas que habían conseguido en Honeydukes.
Regresaron al colegio pasadas las tres de la tarde y ya en él, se encontraron a sus amigos. Disfrutaron del banquete que los elfos domésticos habían preparado ese día, y después de una hora se dirigieron a la torre de Gryffindor para descansar un rato y hacer deberes.
Cuando llegaron a la sala común, la castaña se sorprendió por el gran pastel que la esperaba dentro de la misma.
- ¡FELICIDADES! – escuchó como gritaban muchas voces. Distinguió a los pequeños gemelos entre ellos y a otros niños de primero que se acercaron para felicitarla.
- Feliz Cumpleaños... – le susurró Ginny a su espalda. Se giró para mirar a sus amigos y les sonrió abochornada por tantas sorpresas.
- ¿Ustedes...? – preguntó, dejando la cuestión cortada de manera sugerente. Los pelirrojos y el ojiverde se limitaron a encogerse de hombros de manera inocente, pero la castaña levantó una ceja al ver sus sonrisas delatadoras.
La idea de estudiar se le borró de la cabeza en cuanto la avalancha de niños se le aventó encima. Atrás de ella, sus amigos se rieron por la visión de una castaña rodeada de niños con regalos en lo alto de sus cabezas.
- ¡Por nuestra Premio Anual favorita! – gritaron. La castaña torció el gesto y pensó que ella era la única que conocían.
A lo lejos, en una esquina oscura, un castaño sonreía de medio lado mientras la miraba.
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Draco Malfoy caminaba rumbo al séptimo piso del castillo, con dirección al cuadro que custodiaba la casa de los leones. Esa noche tenían ronda nocturna y pensando en su plan, quería impresionar a la castaña yendo por ella.
Se sentía vulnerable haciendo eso, pero la verdad es que quería arriesgarse.
El era Draco Malfoy, príncipe de Slytherin, y siempre conseguía lo que deseaba.
Dobló la última esquina para llegar a su destino, y la vio. Iba saliendo de su sala común, con una sonrisa, y auque tenía expresión cansada, se veía totalmente relajada. Se quedó parado mientras ella avanzaba y metió sus manos a los bolsillos recargándose contra la fría pared de mármol.
Observó con detenimiento como ella se acomodaba correctamente su placa de Premio Anual y se sintió algo patético por observarla tanto.
Como ella iba avanzando sin levantar ni un ápice la mirada, no se percató de que él estaba esperándola. Sonrió de medio lado y poniendo la pose más arrogante que se conocía, la tomó del brazo, sorprendiéndola.
Hermione dio un respingo en cuanto sintió una fría mano presionar su brazo. Miró a la persona que la había detenido y se sorprendió al encontrar un par de ojos grises mirándola con burla.
- ¡Malfoy! – exclamó. Se llevó una mano al pecho y exhalo una gran bocanada de aire. Luego lo miró fulminante.- ¿Acaso intentas matarme del susto? – lo reprendió. Malfoy soltó una risita entre dientes y se cruzo de brazos en pose superior.
- No, Granger, la verdad es que no... – le respondió inclinándose hacia ella. Hermione retrocedió un paso mientras fruncía el ceño.
- ¿Qué haces aquí, hurón? – le preguntó nerviosa, francamente, pensaba que no era necesario estar a cinco centímetros de distancia para mantener una conversación.
- Estaba aburrido, así que decidí venir por ti.- le dijo de una manera seductora, y hubo algo en su tono de voz, que la hizo temblar.
- ¿Ah, si? – preguntó tontamente, empezaba a sentir el empalagoso olor de su perfume, y no pudo dejar de pensar que era bastante agradable. ¡Malditas hormonas!
- Aja... – dijo en un susurro y se acercó más. Pronto, la castaña sintió que el rubio estaba invadiendo su espacio personal de una manera alarmante.
- M-Malfoy... – le advirtió, aunque pensó que su tono de voz amenazante no le había salido muy seguro. Sacudió la cabeza casi de manera imperceptible y retrocedió otro paso.- ¡Malfoy!
El rubio soltó una risita y se irguió en su lugar.
- Granger, deja de temblar... Sé soy irresistible, pero muestra compostura...
- Ja-ja – rió sarcásticamente y lo ignoró. Sus conversaciones en las rondas siempre solían ser de esa manera.- Vamos, hurón, quiero irme a dormir pronto...
El rubio no se movió.
- Hoy es tu cumpleaños¿verdad? – le preguntó. La castaña lo miró dudosamente.
- Pues, si... ¿Por qué lo preguntas? – le dijo aún desconfiada.
- Por nada, Granger, no seas tan patosa... sólo que... ¿Qué clase de caballero sería sino te diera algo para tu cumpleaños?
- Malfoy, serías uno normal... no espero nada de ti.- le respondió de manera irónica. El rubio sonrió.
- Bueno, bueno, nunca me ha gustado ser como los demás...- le dijo y rebuscó algo en su túnica. Luego le tendió un paquete.
Hermione lo miró fijamente.
- Granger, vamos, no muerde... tómalo.- le insistió. La castaña obedeció como niña buena, aunque de cierta manera algo recelosa, ante la insistencia de su compañero.
Una caja de bombones con chocolate, fue lo que la castaña encontró en cuanto se deshizo de la envoltura roja. Miró extrañada al chico y rió de manera divertida.
- ¿Bombones? Qué práctico eres, Malfoy... pero, gracias... – dijo mientras examinaba la caja blanca.
- Son de Suiza, Granger, el mejor chocolate del mundo... y te los doy por que creo que estás muy delgada.- sonrió de manera seductora y se acercó de nuevo. La castaña frunció el ceño y se sonrojó.
- ¿De Suiza? Vaya, ehh... gracias por el detalle, Malfoy, no tenías que hacerlo... – dijo y se alejó de nuevo.
Draco sonrió y se le quedó mirando mientras ella seguía examinando la caja. Ella tenía la culpa de que él fuera tan amable con ella. Siempre sonriente, cordial, amable... ¿Por qué con él? No le entendía. La sonrisa se le fue borrando mientras recordaba cosas que le había hecho, insultos, desprecios, burlas... Y por segunda vez en su vida, se sintió sucio.
La primera vez había sido cuando su padre había matado a su madre, se sintió sucio de ser su hijo, de haber tratado de ser como él, seguir su ejemplo. Ahora, se sentía sucio por haber sido una basura con ella. Desvió la mirada mientras apretaba la mandíbula.
Hermione se percató de que Malfoy había mudado su expresión arrogante por una completamente seria. Se preguntó cual sería la razón, y mientras acariciaba el paquete que tenía en las manos, decidió hacer algo que deseaba realizar hacía tiempo.
- Tú no eres como tu padre, Malfoy.- susurró. El rubio la miró intrigado pero con las facciones serias. – Eres una buena persona y lo sé... sé que tienes buen corazón y que has sufrido mucho a lo largo de tu vida, gracias de verdad por el regalo... – volvió a suspirar y lo miró fijamente, él la miraba sin expresión alguna.- si necesitaras algo alguna vez... yo puedo ayudarte, Malfoy... no dudes en pedírmelo¿de acuerdo?
- ¿Te estás burlando de mi, come-libros? – le espetó de repente y sus grises ojos brillaron de furia contenida. La castaña lo miró confundida.
- N-no, y-yo...
- ¿Por qué siempre crees que todos pueden tener algo bueno en su interior? – la interrumpió bruscamente perdiendo los estribos. ¡Ella no entendía!... Maldición, era él el que no entendía y no podía concebir tal cosa.- ¡Mírame, Granger¡Te he molestado durante seis años!, te he agredido, insultado... ¿y aún así piensas que puedo ser una buena persona¿Me brindas tu ayuda sin ningún reproche¡Explícame, que no logro entenderte!
- Mal-Draco. – se corrigió al instante y lo miró fijamente. – Te miro y me doy cuenta de que has cambiado¡me acabas de dar un regalo, por Merlín! Pienso que podrías ser una mejor persona, y que realmente lo deseas. Sólo te quiero ofrecer una oportunidad, no puedo borrar todos los años de enemistad que hemos compartido, pero me gustaría que, al igual que yo, sólo pensaras en el presente... me gustaría que pudiéramos... eh... s-ser... amigos o i-intentarlo... – susurró eso último mientras se removía incómoda en su lugar. Draco la miraba fijamente con una mezcla entre la incredulidad y la sorpresa.
- ¿Qué? Granger ¿Estás... ¿Estás hablando enserio¿Estás conciente de lo que dices¿Sabes con quien estás hablando? – le preguntó él, acongojado. De repente todo su plan había sido olvidado, su conciencia arrogante y superior se había quedado en blanco. Sus ojos grises brillaban de manera sorprendida; incrédulo, atónito. – Soy Malfoy, tu enemigo, la persona que te ha molestado durante años... – susurró sintiéndose débil. Quería hacerla entender quién había sido él. Quería recordárselo. Porque parecía que ella lo hubiese olvidado.
- Yo sé quien eres, Draco... no necesitas recordármelo – le afirmó. Sintió lástima por él, parecía que ninguna persona había actuado así con él antes, y se sintió mal.
Draco se rió de manera amarga y retrocedió dos pasos.
- No tengo amigos, Granger...
- Lo sé
- No soy agradable y me siento superior a los demás...
- Lo sé... y si eres agradable.- le dijo de manera amable. Draco la miró de nuevo.
- Soy arrogante y vanidoso... – parecía que la quería convencer de algo que ni él mismo entendía. La castaña sonrió.
- También lo sé.- dijo entonces y Draco supo que no la iba a convencer de ninguna manera. Sonrió, y pensó que algo de compañía no le haría mal. Además¿ese no había sido su plan inicial?, Acercarse a ella... tratar de comprender el corazón de una buena persona... ¿acaso él no quería aprender de eso?
- Soy condenadamente sexy y muy guapo... – dijo de manera narcisista y con la sonrisa seductora surcando su pálido rostro. La castaña se rió con ganas, pero no respondió. Le tendió una mano de manera amigable.
- ¿Amigos, entonces? – le preguntó con una sonrisa.
- Espero que no te estés burlando de mi, come-libros... – le dijo de manera burlona mientras estrechaba su mano. Sin embargo, Hermione notó que bajo esa burla había un tono de... preocupación implícita y muy real.
- No lo hago y no lo haré, Draco... - aseguró. Porque ya se trataban con sinceridad, sin desdén. Y ella no quería deshacer eso. Draco volvió a sonreír.
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Era fin de semana, otro sábado había arribado, y el famoso trío de Hogwarts, acompañado de Ginny y Luna; se encontraban disfrutando del agradable clima que iluminaba los terrenos de su amada escuela; después de que los dos muchachos tardaran menos tiempo de lo imaginado en convencer a su amiga de salir y tomarse el día.
El cielo libre de nubes con el resplandeciente sol brillando con intensidad, consumiendo el frío que, extrañamente, había aparecido recientemente; el lago reluciente y transparente, reflejando el cielo; en una de las orillas del lago, donde las aguas estaban cristalinas y tibias, era donde alumnos de primero y segundo disfrutaban de un delicioso chapoteo, jugando entre ellos y relajándose ante sus primeras responsabilidades.
El viento, acopio de la propia estrella luminosa, se encontraba tibio y armonioso, y se dedicaba a apagar el estrés en los alumnos de séptimo curso que, con sólo pocas semanas de ingreso a clases, se veían envueltos en montañas de deberes. Afuera estaba la mayor parte del alumnado, pues, perderse ese magnifico clima después de una tempestad, sería un verdadero sacrilegio.
Así, los cinco amigos, sentados sobre el césped, verde y aterciopelado; se encontraban conversando de trivialidades en un principio, pues después, los dos muchachos decidieron comenzar una partida de Ajedrez Mágico. Se oyó un "ahora si te voy a vencer" de Harry y un "ya lo veremos" de Ron, y así la castaña había aprovechado para adentrarse a un placentero y merecido descanso; mientras tanto, sus otras dos amigas se habían acercado al lago donde los pequeños jugaban, aprovechando para meter sus pies descalzos al agua.
La muchacha acostada, con sus brazos extendidos y los ojos cerrados, escuchaba atentamente la "discusión" entre sus dos amigos. Pues Harry se quejaba de que nunca podía ganarle a su pelirrojo amigo, y éste, orgulloso, se alardeaba de que nunca podría hacerlo, que se resignara. Sonrió.
Se incorporó hasta pararse y mirando cariñosamente a sus amigos les comunicó:
- Voy al baño, chicos, ahora regresó.
- ¿Quieres que te acompañemos?- preguntó distraídamente el pelirrojo mientras hacía un movimiento y sonreía triunfal.
- Claro, por supuesto.- respondió ésta con tono sarcástico, pero sin dejar de sonreír.
- De acuerdo, ya vamos.- corroboró Harry mientras veía con tristeza a su Rey, siendo atacado por el caballo de Ron. Viendo enfadado el tablero, como si él tuviera la culpa, se levantó despacio.
- ¡Harry!- lo tomó de la cabeza y lo volvió a sentar, el pelinegro se quejó.- sólo voy al baño¿cómo me van a acompañar ahí?, ahora regreso...
Y diciendo esto último se dirigió con rumbo al castillo. Sus amigos la siguieron con la mirada por unos momentos, para después regresar su mirada hasta el tablero de ajedrez. Ron delineó en su rostro una sonrisa maliciosa y miró al pelinegro.
- ¿Quieres la revancha? – Harry lo miró enarcando la ceja y mirándolo desconfiado le asintió con la cabeza.
La castaña caminó hacia los baños con una sonrisa en el rostro. La semana se había pasado muy aprisa y sus amigos estaban relajados por el fin de semana. Ella había decidido despejar su mente un poco y se había permitido darse un respiro por unas horas. Aunque llevaba siempre su libro en la mano, eso no quitaba el hecho de estar disfrutando del día.
Viró en el último de los pasillos, y a lo lejos vislumbró a un chico de cabello rubio. Sonrió de lado y caminó erguida hacia él. Desde que habían tenido la conversación el día de su cumpleaños, los dos se mostraban más amigables en los pasillos, aunque no llevaban una amistad muy cercana, se saludaban y se trataban con respeto en todos los lugares en los que se cruzaban. A veces intercambiaban palabras u opiniones, y en las noches, mientras daban las rondas, conversaban de cualquier trivialidad, de gustos, ambiciones, incluso llegaban a tocar el tema de sus hogares. Sólo un poco.
Y Hermione había empezado a conocer la verdadera faceta de Draco Malfoy. Y le agradaba, porque no era tan malo en el fondo. Arrogante, creído, prepotente, pero de buen corazón.
Sonrió y lo saludó con la palma de su mano. El chico le respondió al gesto y se acercó a ella.
- ¿Qué tal, Granger? – le dijo cuando estuvo a su lado. Empezaron a caminar por los pasillos.- Toma... me sirvió mucho, gracias...– dijo, y entonces le entregó un libro de cuero café.
- De nada, Draco... ¿y tú que tal? – el rubio se encogió de hombros de manera despreocupada. La castaña sonrió.- ¿Algún día me llamarás por mi nombre? – le preguntó entonces, ceñuda. Esa era una de las conversaciones más comunes entre ellos.
- No lo se, Granger, es bastante difícil... – dijo levantando una ceja y torciendo la boca de manera graciosa. Hermione rió y negó con la cabeza. - ¿A dónde vas?
- Al baño... – contestó simplemente. Malfoy no respondió, pero la acompañó en el trayecto. Caminaron durante unos minutos sin decir nada.
- Bueno, entonces te dejo, nos veremos luego...- comentó el rubio mientras llegaban hasta la puerta de los baños de chicas. Malfoy hizo una reverencia con la cabeza y dirigiéndole una sonrisa torcida a la castaña, desapareció por el pasillo.
La castaña sonrió y movió su cabeza de un lado a otro.
Cuando regresó con sus dos mejores amigos, Ginny ya se encontraba sentada junto a ellos. Le extrañó que Luna no estuviera ahí.
- Vaya, Hermione, te has tardado... ¿no habrás ido a la biblioteca, verdad?- preguntó el pelirrojo con recelo, mirando el grueso libro que traía la chica en su mano. Hermione rodó los ojos.
- Me lo ha dado Draco, me lo encontré por los pasillos – respondió sentándose junto a ellos y ojeando el libro. Harry y Ron interrumpieron su juego y la miraron, incluso Ginny se giró para verla.
- ¿Has dicho Draco? – se atrevió a preguntar Harry mientras la escudriñaba con la mirada. Hermione cerró los ojos ante su torpeza.
Lo miró por unos segundos, sabiendo lo que se venía a continuación, suspiró bien hondo y le afirmó con la cabeza moviendo su inmensa cabellera de arriba abajo. Pero bueno... algún día se tendrían que enterar...
- Es mi amigo... – dijo y tragó saliva al hacerlo. Sus amigos abrieron los ojos al máximo.- ¿Qué tiene de malo?- cuestionó ella sin inmutarse por su reacción.
Harry la miró extremadamente sorprendido. Explotó.
- ¡¿Qué tiene de malo¡TODO!, es un insufrible, odioso, ególatra arrogante que tiene aires de grandeza, además, si contamos que te ha molestado alrededor de seis años consecutivos llamándote sangre sucia, podría influir un poco. - gruñó el pelinegro perdiendo los estribos y revolviéndose el cabello con las dos manos. ¡NO! Su amiga no podía congeniar con Malfoy ni en sus peores pesadillas.
- Harry. – Susurró la castaña suspirando sonoramente, giró la cara para evitar mirarlo. - él ha cambiado...
- ¿Estás hablando enserio¡¿Acaso no te das cuenta de que estamos hablando de Draco -Soy el rey del mundo- Malfoy?! – exclamó el pelinegro ardorosamente. La castaña rodó los ojos con impaciencia.
- ¿De veras eres su amiga? – Exclamó la más pequeña de los Weasley mientras la miraba de manera sorprendida.- ¿Enserio¡Que suerte! – chilló con una sonrisa radiante. La castaña se rió.
- ¡Ginny! – le regañó su hermano, pero internamente esperaba la respuesta de su amiga.
- Mmm... – musitó Hermione cogiendo de nuevo su grueso libro con cierta dificultad. Evitó la penetrante mirada de sus dos amigos y su mejor amiga, y fingió seguir leyendo.
- ¿Mmm? – Preguntó el pelirrojo sentado a su lado.- ¿Cómo que mmm¿Qué significa mmm¿Harry?
El pelinegro se dejó caer al césped de manera abatida. Sabía lo que significaba el balbuceo de su amiga, pero no entendía. ¿Por qué Malfoy? Gruñó para que Hermione lo escuchara y extendió los brazos a sus costados.
¡Maldición¿Por qué su amiga tenía amigos tan desagradables?
- No sean tan dramáticos por favor... mejor díganme ¿Dónde está Luna? – preguntó la ojimiel cambiando el tema. Sus amigos la miraron con recelo, pero ambos pensaron que ya no querían discutir. El día estaba especialmente bonito como para arruinarlo hablando de Malfoy.
- Dijo que creía haber visto Snorkarks de cuerno arrugado en la otra orilla del Lago... y fue a buscarlos llevándose a unos niños de primero y de segundo con ella... – respondió Ron encogiéndose de hombros mientras recogía el ajedrez del suelo.
Hermione arrugó la frente y giró los ojos. ¿Cuándo entendería Luna que esos animales no existían?
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Esa mañana había amanecido más templada que los días anteriores, parecía que el invierno ya estaba dando sus primeros signos de aparecer. El sol, que apenas se miraba en el firmamento, resplandecía con un brillo opaco. Las nubes cubrían el cielo, y amenazaban con cubrir el castillo con sus prodigiosas lluvias.
El Bosque Prohibido se miraba más tenebroso que de costumbre y las aguas del Lago se movían al compás del viento, que llegaba con potentes movimientos.
Harry estaba sentado frente al aula de pociones, cubierto por una estatua que le hacía compañía, estaba repasando unos apuntes que le había prestado Hermione y miraba de reojo el paisaje nublado que se le presentaba.
Ese día tendrían un pequeño examen de repaso y Snape ya se había burlado lo suficiente de él, así que estaba intentando memorizar unas cuantas cosas que le habían faltado la noche anterior. Se enfrascó ensimismadamente en un párrafo que no lograba entender, cuando escuchó una risa suave. Giró la cabeza e interrumpió momentáneamente su lectura, para mirar que al final del pasillo, Hermione, Ginny y Luna, se acercaban por él, mientras hablaban de manera entretenida. Parecían no haberse percatado de que él estaba ahí sentado.
- ¡No puedo creerlo! ósea¡Es Draco Malfoy!... ¿y te trata bien¿Es tan adorable como su rostro? – preguntó Luna con su típica voz soñadora, mientras seguían caminando. Hermione y Ginny se rieron. Harry apretó el libro que tenía en sus manos sin darse cuenta.
- Es todo un caballero... es como uno de esos príncipes de los cuentos de hadas... – sonrió la castaña. Harry no quería saber de lo qué estaban hablando. Apretó la mandíbula.
- Esto es verdaderamente sorprendente, Malfoy tu amigo... es alucinante... – aplaudió la pelirroja y se detuvieron en medio del pasillo. Seguían sin darse cuenta de que él estaba ahí.
- Pues si... en el fondo me alegro, me cae muy bien y se ve que no es tan mala persona... aunque todavía no logro que me llame por mi nombre... – comentó pensativa. Sus amigas sonrieron.
- Es muy orgulloso¿no? – casi afirmó la rubia. Hermione asintió y suspiró.
Se quedaron cavilando en sus pensamientos por unos segundos. Harry se removió en su lugar y pensó con arrepentimiento que escuchar sus conversaciones no era muy bueno. Si se enteraban lo iban a degollar.
- ¿Y Harry? – preguntó la pelirroja de manera repentina, aunque a Hermione no le pasó desapercibido el ceño fruncido en su rostro. Harry pegó un respingo en su lugar y por primera vez dio gracias a la armadura que lo cubría de la vista de sus amigas.
- ¿Qué hay con él? – preguntó desconcertada. Luna negó con la cabeza y rodó los ojos.
- Hasta yo me di cuenta, Hermione...
- ¿Darse cuenta de qué? – preguntó de nueva cuata, esta vez confundidísima.
- Hermione, no te hagas la tonta, Harry te gusta – soltó la pelirroja de manera seca, aunque ninguna de las otras lo notó. Suspiró para calmarse. – Hasta mi hermano se ha dado cuenta de las miraditas que le envías... – La castaña se sonrojó reprendiéndose mentalmente por eso. Luna sonrió mientras Ginny la miraba. Harry casi bota el libro que llevaba en su regazo.
- ¿Qué? N-no e-eso... y-yo
- Haber, es comprensible, es tu mejor amigo, tierno, comprensivo y ¡Dios! Es extremadamente guapo – dijo, Hermione y Harry se sonrojaron, la pelirroja frunció levemente el ceño, pero Luna los ignoró a todos - ... es un chico ideal, no hay nada de que apenarse... además, Ginny sale con Colin...
- Bueno, estamos empezando... – aclaró la pelirroja. Harry alargó el oído.
- Si, mira: no hay problema. Aunque para serte sincera ambas creíamos que te gustaba Adam, el otro día te vimos muy cariñosa con Harry... más de lo normal. – aclaró la rubia como si fuera lo mas normal del mundo. La castaña se sonrojó. – y desde entonces te hemos estado observando...
- Y nos dimos cuenta... – continuó Ginny. - ¿Qué me dices, entonces?
- E-ehh, bueno, yo, miren... Harry es guapo, tierno, cariñoso... y si – afirmó sin aclarar muy bien qué, se detuvo unos segundos y tragó saliva.- creo que ninguno de los dos está listo para comenzar una relación, no quiero que se entere, además no se si él-
Se detuvo y miró un punto indefinido a las espaldas de su pelirroja amiga. Se quedó petrificada. Con los ojos como platos y muy rígida.
Ginny y Luna siguieron la mirada de su amiga y se sorprendieron al ver al centro de su conversación parado al final del pasillo, con un libro en el suelo junto a sus pies y la expresión sorprendida.
La castaña parecía que en cualquier momento iba a echarse a correr, por lo cual, el pelinegro se adelantó unos pasos y se colocó frente a ella, ignorando a las otras dos.
Las dos chicas se quedaron con las bocas entreabiertas y miraron a su amiga que estaba petrificada, roja y las miraba pidiéndoles ayuda.
- H-hola, H-Harry... – susurró ella torpemente. El pelinegro no contestó. – Mira, creo que ya llegó Snape... – dijo, y al momento se sintió patética y estúpida. La tierra tenía que abrirse y tragársela. Peor mentira no se le pudo ocurrir. Se percató de que su escape no había funcionado porque el pelinegro no se movió y la observó fijamente.
Entonces, patéticamente, la castaña intento huir por un lado.
- Espera un segundo, oí perfectamente lo que dijiste - le dijo él reteniéndola suavemente de un brazo y acortando la distancia entre ambos. La castaña no supo en que momento, pero cuando se quiso dar cuenta sus amigas habían desaparecido de su vista - y me gustaría oírlo nuevamente... ¿Yo era, qué?
- Estaba... estaba diciendo que eras... que eras - empezó a decir Hermione que nunca antes se había visto reflejada tan de cerca en los lentes de él. Olió el intenso aroma de su amigo y se mareó por unos segundos.
- ¿Qué era...? – sonrió el pelinegro y acortó más la distancia. La sostuvo de ambos codos y la pegó a él. Sentía la acelerada agitación de su amiga, y el tamborileo acelerado de su corazón sobre su propio pecho. Harry se sentía inusualmente feliz. Se le había olvidado que tenía que repasar para el examen, qué estaba celoso de Malfoy, y si, lo aceptaba. Incluso había olvidado que estaba enojado con ella por lo de ese hurón botador.
Hermione estaba, prácticamente paralizada. No quería forzar nada, no quería hacerse ilusiones. Sabía que Harry las había escuchado y ahora le pedía una explicación. Ella no se sentía calificada para ser del agrado de su amigo. No era bonita... ni popular... ella lo sabía... estaba al tanto de su situación, incluso se estaba acostumbrando a llevar el puesto que se le había otorgado en la vida del ojiverde: el de su mejor amiga.
... pero internamente, sabía, que no quería salir lastimada con la respuesta del ojiverde. Y se sintió triste. Así que no respondió a la pregunta de su amigo... y tampoco lo miró.
Harry la observó medio embobado. Sus palabras... habían provocado en él una felicidad inmensa. Se acercó más y en un arrebato de valentía, la pegó contra la pared del pasillo. La castaña se vio obligada a mirarlo entonces.
Y la besó. Porque lo necesitaba...
... lo deseaba.
Y ella correspondió, porque aunque sabía que después él se iba a arrepentir, ella por lo menos probaría de nuevo sus labios.
Y Harry la besó con frenesí. Con una habilidad que no creía poseer. Se quedó sin aliento, y estuvo seguro que ella también lo había perdido. Se embriagaron del otro. Con éxtasis.
La apretó contra su cuerpo y la pared, mientras ella le apretaba la camiseta con sus manos, aforrándose completamente a él. Había sido tan repentino...
Y sus labios sabían dulces, como él los recordaba, y los de él sabían frescos, cítricos, para el placer y deleite de ella.
Comenzaron una danza, abriendo sus labios con ímpetu. Explorando sus bocas y respirando su mismo aliento. Deleitándose con el sabor del otro, chocando sus lenguas y saboreando los labios ajenos que se les presentaban.
Hermione jamás había imaginado que su amigo supiera besar así, con tanta sensualidad, seduciéndola de una manera que la hacía temblar. Se pegó más a él.
Disfrutando, incluso olvidando en donde se encontraban.
Mentalmente, ella agradeció a sus amigas, ellas habían sido las responsables de este momento.
Ahora no había arrepentimiento, ni dudas... solo deleite. Harry sonrió en medio del beso y subió una de sus manos a su rostro, ladeando su cabeza un poco y profundizando el contacto.
Entonces... un carraspeó los distrajo...
... trayéndolos a la realidad de una manera repentina... brusca... abrupta.
Pero no se separaron.
Porque la venda había caído de sus ojos.
o
oo
ooo
oooo
¡Hola!
Primero que nada... siempre digo lo mismo¿no?, bueno, no importa, quiero disculparme de verdad por la tardanza, se que no hay excusa, pero quiero que sepan qué he estado bastante ocupada... ando con mis exámenes de admisión para la Universidad y el papeleo. Además está la escuela... pues ya sabrán... ah y que no se me olvide... la página, uy, me ha traido unos problemas...
Bueno, este capítulo también lo he hecho bastante larguito. Estoy satisfecha... ¿ustedes que opinan? Espero sinceramente que la espera haya valido la pena... aquí hay varias pistas de lo que puede pasar en un futuro... Draco Malfoy aparece para mover un poco el mundo, Kalyo, bueno él está centrándose en sus obligaciones... Harry y Hermione... :P jaja
Espero sus comentarios con muchas ansias, me gustaría saber su opinión, es importante para mí y mi inspiración perdida.
El próximo capítulo se titula: Un poco de Historia y tendrán nueva información que procesar... encuentros, lazos... bien, tendrán que esperar.
Agradezco a toda la gente que se da un tiempo para escribirme un comentario, a todos los anónimos. A mis amigos que se trasladaron de potterfics (porque la página está fallando) sólo para comentarme, a todos ustedes que me leen, muchísimas gracias por el apoyo y los consejos, ustedes son mi fuente de inspiración... así que ya lo saben, vayan y denle al: "go" y este fic tendrá un nuevo capítulo muy pronto.
Un abrazo hacia todos ustedes y muchos saludos.
Se los desea su amiga DarkGranger
