Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

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16.- Un poco de Historia

"Hoy es el primer día del resto de mi vida. Lo enfrentaré con serenidad, valor y sabiduría, pues el Gran Arquitecto del Universo me acompaña en cada instante". (Merlín)

Harry giró su cabeza sin soltar a su amiga, se sorprendió al encontrarse de frente con un par de ojos plateados que en esos momentos desprendían frialdad intensa. Se separó lentamente de Hermione sin dejar de mirar al castaño, y le acarició los brazos a la chica sin dejar de tocarla. Ella, roja de vergüenza, se separó lentamente, deslizando sus manos por el pecho de su amigo.

No levantó la vista, pero tampoco era necesario, Adam no la miraba a ella.

- ¿Podríamos hablar unos momentos, Hermione? – preguntó. Su voz sonó rasposa, tranquila... amenazante. Y su pedido había sonado más a una exigencia, por ello, Harry apretó la mandíbula. Orgulloso.

- C-claro... – murmuró débilmente, y muy nerviosa. Levantó la mirada para observar a Harry, pero éste también miraba al castaño. Parecían tener una lucha de miradas donde ninguno parecía ceder. Se removió incomoda. – H-Harry ¿m-me s-sueltas, p-por f-favor? – balbuceó. Se sentía mareada, y tener el aroma refrescante del ojiverde a escasos centímetros de distancia, no le ayudaba en nada.

Harry la miró por fin, y esa mirada que antes reflejaba orgullo, amenaza y un silencioso reto, ahora le reflejaba a ella una infinita ternura, cariño... ¿felicidad? Se mordió el labio inferior y trató por todos sus patéticos medios el no temblar.

El pelinegro asintió despacio, se inclinó un poco hacia ella, y Hermione se inclinó brevemente hacia atrás, temiendo recibir un nuevo beso. Eso nunca llegó, pues Harry, luciendo una sonrisa seductora que ella jamás le había conocido y que la había deslumbrado, le acarició la mejilla con los labios y depositó un largo y delicado beso en su mejilla, provocando que ella se quedara sin aliento por unos segundos.

Antes de separarse, le susurró suavemente al oído:

- Hablaremos más tarde... – un escalofrío la recorrió por completo, y se sintió estúpida por reaccionar así de patético. Asintió torpemente con la cabeza, confundida por el desenlace del encuentro... del maravilloso encuentro. Harry le volvió a sonreír, por un momento creyó ver un brillo diferente en sus ojos, pero lo desechó abruptamente al sentir el calor humano de otra persona muy cerca de ella.

Vio como el pelinegro se alejaba con paso tranquilo, se mordió el labio inferior antes de atreverse a voltear y enfrentar a su guardián.

- H-hola... – saludó torpemente en cuanto giró su rostro y conectó sus ojos con los fríos de él. Adam alzó el mentón delineando en su rostro una expresión sin reflejo y la miró evaluadoramente. En ese momento, ella se sintió sofocada.

- Hola, castaña... – susurró tranquilamente, su voz sonaba suave y... escalofriante. Por segunda vez en esas dos semanas, pensó que no era necesario estar tan cerca para mantener una conversación decente.- ¿Me lo explicas ó te obligo a hacerlo? Ya es la segunda vez que tengo que observar una escena tan empalagosa... – sentenció él conservando su rostro endurecido.

- Y-yo-

- Te lo advertí, castaña... no puedes jugar en estos momentos... no me importa lo que hagas con tu vida sentimental, pero no estoy dispuesto a que metas obstáculos en mi camino... no quiero que mantengas una relación con Potter... menos con él... – advirtió ferozmente. Hermione sintió su cuerpo estremecerse, pero frunció el ceño.

- Yo no estoy jugando... – susurró. Tampoco quería que él se metiera en sus asuntos.

- ¿No? – preguntó irónico. Hermione apretó la mandíbula y dejando a un lado su vergüenza, se enfureció por el tono burlón que ella tanto odiaba.

- Jamás jugaría con algo así... – musitó entre dientes.

- Está bien, entonces me dirás que lo amas, ¿verdad? – afirmó más que preguntó. Su voz suave y aterciopelada la sacó del mundo por unos instantes.

No respondió, pensó con aflicción unos segundos y no supo la respuesta.

¿Amor? No, ella... eso no era amor, y muy en el fondo se entristeció por ello.

Negó con la cabeza y sintió un picor en sus ojos. Adam suspiró mientras la miraba.

- No quise decir que estuvieras jugando con él, castaña... es un buen chico, pero no creo que en estos momentos sea prudente entrar en su vida de esa manera... creo que ambos necesitan un desahogo por la tensión en la que viven, y tal vez está bien... pero no me gustaría que te enfocarás en otra cosa que no sea la profecía... – murmuró, Hermione no lo miró y desvió sus ojos al frío suelo de mármol.

- Entiendo... – susurró entristecida. Adam apretó la mandíbula y supo que ella estaba mintiéndole. No lo entendía, y muy en el fondo, sintiéndose débil de nuevo, eso no lo tranquilizó en lo absoluto.

- Hermione... no quiero meterme en tu vida, no me interesa hacerlo... pero no voy a consentir que me pongas mas impedimentos de los que ya tenemos, ¿me has entendido? – ordenó fríamente. La castaña estaba tan inmersa en sus pensamientos que apenas pareció darse cuenta de la orden, sin embargo, y para aflicción del castaño, ella asintió distraída.

- Castaña... ¡Ponme atención, maldita sea! – la tomó de los hombros y la zarandeó con delicadeza, se sintió más estúpido de lo que ya se sentía.

Ella pareció reaccionar y lo miró con el ceño fruncido.

- Si, si... lo siento, estaba pensando... – murmuró afligida.- ¿Decías? – el castaño contuvo una mueca de desesperación y la miró.

- Quiero que investigues algo... – aclaró con la voz calmada. Observó sus ojos y le pareció detectar un brillo diferente en ellos.- Supongo que conoces al mago Merlín, ¿verdad?

- Claro que si, el mago más poderoso que ha existido... – respondió ella extrañada por el cambio tan abrupto que había tomado su conversación. A la vez, estaba aliviada por el hecho.

- Investiga su vida, sus creaciones, sus poderes... he descubierto algo nuevo... – le dijo con simpleza.

- ¿Qué-

- No, no te diré nada, también tus patéticos amigos tienen que saber esto... – la cortó antes de que ella empezara con su interrogatorio.- Sólo necesito que investigues a fondo lo que he pedido... ¿me has entendido?

Ella asintió intimidada. Ahora estaba más confundida que antes.

Adam la miró tranquilamente, asintió complacido y la soltó suavemente, se llevó una mano a uno de los bolsillos de la chaqueta negra que portaba ese día, y extrajo lo que parecía ser "El Profeta". Hermione lo observó intranquila por unos segundos, hasta que el castaño se lo tendió con cierta aflicción.

Hermione lo tomó temerosa, miró atentamente los ojos plateados de su guardián, pero no encontró nada, esa barrera que tanto odiaba se impregnaba con rudeza y majestuosidad en sus orbes azules. La castaña abrió el diario con intranquilidad, y cerró los ojos al leer el encabezado de la portada.

Un escalofrío la recorrió completamente y apretó con fuerza el diario. Su cabeza empezó a dar vueltas, e imágenes poco agradables impregnaron su mente dejándola sin respiración.

Dejó caer el diario "El profeta", no miró a su guardián, perdiéndose por completo la expresión endurecida de su rostro. De su expresión descompuesta.

Pero a ella poco le importaba eso, porque la masacre se había publicado, y ella había recordado el suceso que había marcado sus sueños. Sus sueños que ahora eran pesadillas nocturnas y matutinas.

Y Adam miró con aprehensión el encabezado. Ese que habría querido no leer, aquel que habría querido no mostrar, aquel que lo hacía sentir extraño, débil... arrepentido. Porque en el fondo sabía que él podría haberlo evitado. Y apretó los puños al sentir que a ella le afectaba más que a él mismo.

Ese maldito encabezado que dictaba la sentencia de su estupidez.

"Masacre en Europa: Mortifagos y Hombres Lobo, unidos"


El mes de septiembre se estaba pasando muy rápido, la noticia de la nueva alianza estaba corriendo con rapidez en el colegio. Los profesores estaban inmersos en un ambiente intranquilo que ningún alumno podía pasar inadvertido.

Al pasar los días el ambiente cambió, algo parecía haber sucedido, pero nadie sabía bien lo que eso significaba. Para el trío dorado, en especial para el ojiverde, no le pasaba desapercibido el extraño ambiente que se estaba formando fuera. Todo estaba tan tranquilo que... era mucho más preocupante que vivir entre ataques.

Ya no había señales del mago tenebroso, ya no había ataques, ni señales... y eso los ponía nerviosos y en alerta.

Adam y Hermione no habían vuelto a hablar de la conversación que habían mantenido aquel día. Ella estaba segura de saberse de memoria la historia de Merlín, pero no entendía la relevancia que concebía eso en su situación.

Le había dado muchas vueltas, pero no lograba encontrar nada que les ayudará, bufó mientras cerraba de golpe el libro que estaba empeñada en leer. Nada.

Todos los libros decían lo mismo, Merlín era un gran mago que inventó muchas cosas... bla, bla, bla... Adam sólo la mantenía en suspenso, pues sabía que él poseía más información que era mucho más importante.

Suspiró largamente mientras se rascaba los ojos con el dorso de la mano, se estiró en su lugar e inspeccionó a su alrededor. La biblioteca estaba vacía, Madame Pince era la única que revisaba con parsimonia las estanterías, en busca de un desperfecto.

Miró por la ventana, el sol resplandecía, opacado débilmente por las nubes que se reflejaban en el horizonte. El clima estaba más frío que la semana anterior, y eso sólo significaba que el invierno estaba pronto a llegar.

Sintió un movimiento a su derecha y un aroma conocido la embriagó. Se puso rígida en su lugar y se miró las manos con nerviosismo.

Desde aquel día donde se había encontrado con Harry en el pasillo, ellos no habían podido hablar de lo sucedido. Aunque sus amigos sabían que algo había pasado entre ellos, Hermione les rogó a sus amigas que no la dejaran a solas con su amigo pelinegro y que no hicieran preguntas. Ellas habían aceptado poco convencidas, y por más que el ojiverde intentara acercársele, siempre había alguien más presente.

No se sentía capaz de afrontar el encuentro, no estaba convencida de saber reaccionar a la respuesta. Ella misma había sido advertida de no poder llevar ninguna relación, pero en el fondo sabía que Harry no la veía de esa manera, e intentaba no preocuparse.

Pero no podía. Sabía que ese sentimiento era algo nuevo... pero interiormente reconocía que aquello no era tan profundo.

Ladeó ligeramente la cabeza y lo miró. La observaba de una manera diferente.

Con aflicción, había notado algo diferente en su forma de hablarle, de rozarla en el comedor o en la sala común, de sonreírle. Y no estaba segura de lo que eso producía en ella.

Desde ese día, todo había cambiado, parecía que una brecha se había abierto entre ellos, ahora temblaba cada vez que él la tocaba, o se sonrojaba cuando él le susurraba algo. La profunda amistad que tenían, había sido influida por otro sentimiento que ella no sabía diferenciar.

Lo quería, ella lo sabía. Era su amigo y eso jamás podría cambiar, y como Luna le había dicho, era un hombre perfecto... casi. Su único defecto era el encierro que llevaba encima, el miedo de demostrar sus sentimientos.

No sabía si sentirse feliz o triste por el nuevo cambio, ni siquiera cuando creyó estar enamorada de Ron le había pasado algo similar. Harry era tan diferente...

Suspiró y observó su rostro sonriente, parecía victorioso de poder estar con ella a solas, sintió un retortijón en el estómago. No pudo evitar pensar en lo guapo que se veía, su cabello estaba totalmente despeinado y sus ojos brillaban a través de sus anteojos de una manera encantadora. Hermione se mordió el labio.

- ¿Qué haces? – preguntó él, parecía nervioso. La castaña supo que no sabía muy bien como comenzar la conversación. Sonrió un poco.

- Leo, creo que es una de las pocas cosas que se hacen en las bibliotecas – respondió con una media sonrisa, Harry le sonrió también y la castaña tragó saliva - ... Y tú ¿Qué haces por aquí? – dijo y se arrepintió al instante. No quería saber la respuesta.

- Te buscaba... – dijo y su expresión se transformó en una seria. La castaña tragó saliva de nuevo y se removió incómoda en su lugar.- Has estado evitándome... – susurró con seguridad. La castaña abrió la boca para decir algo, pero Harry la detuvo con una mano.- Desde aquel día he querido hablar contigo... pero no me dejas hacerlo...

- Harry, no-

- No, Hermione, escucha tú. Se que estás confundida... yo... yo me siento igual. Pero creo que no estamos tomando muy bien la situación... – dijo y de repente su voz sonó nerviosa.

- ¿Tú... tu no estás arrepentido? – preguntó la castaña a media voz. Harry la miró confundido.

- ¿Qué? No, no, claro que no... – respondió rápidamente al ver el brillo temeroso en los ojos de su amiga. El rostro de Hermione se descompuso.- A decir verdad, m-me gusto m-mucho... – titubeó un poco y preguntó con la voz ahogada.- ¿A-acaso t-tú estás a-arrepentida?

Hermione negó con ganas, pero no dijo nada al respecto. El pelinegro pareció suspirar aliviado.

- Bueno, ehhh... la verdad es que he estado pensando un poco al respecto... – dijo no muy seguro, y se guardó para él mismo, el decir que absolutamente todo su tiempo se había dedicado a pensar en ello.- Y c-creo que deberíamos intentarlo...

Hermione, que estaba jugando con la portada de su libro, se giró bruscamente a mirarlo. ¿Había oído bien?

- ¿Qué?

Harry se removió incómodo en su lugar y se pasó una mano por el cabello, despeinándose.

- Digo, que deberíamos intentarl- intentar salir... juntos... – respondió esto en un casi inaudible susurró. Casi, porque Hermione logró escucharlo.

¡Rayos! Estaba hablando enserio. La castaña abrió mucho los ojos y se quedó sin habla. ¿Acaso la estaba invitando a salir o algo así? No, no podía... ella... Adam se lo había advertido. No.

- ¿Hermione? – Preguntó asustado.- Yo, y-yo no quiero incomodarte... sólo que pensé que podríamos, no se, probar... – dijo abrumado. Se levantó de su lugar y se acercó a la castaña. Ella lo miró con cierta tristeza.

- Harry, no creo que est-

- No te preocupes, lo siento, solo era una sugerencia.- la cortó sabiendo su negativa y su voz pareció salir triste. Se arrodilló a su lado y la miró a los ojos. Le acarició lentamente la mejilla y una tímida sonrisa delineó sus labios. Hermione parecía embobada.- No quiero que nada cambie entre nosotros... – susurró. Y en ese momento, las defensas de Hermione se derrumbaron.

No le importó Adam, no le importó su estúpida obligación. Simplemente no le importó nada.

Porque, ¡Maldita sea! Harry era un amor.

Ella también le acarició la mejilla y le sonrió.

- Yo tampoco, Harry... pero, podríamos intentarlo, ¿no? – Harry pareció confundido al principio pero luego, sonrió abiertamente y se incorporó hasta quedar sentado sobre la mesa, frente a ella.

- ¿Enserio? – La castaña sonrió más abiertamente y asintió con la cabeza. Sorpresivamente, Harry acercó su boca a su oído. Hermione borró su sonrisa y se estremeció, nerviosa. El cítrico aroma de Harry, volvía a embriagarla, invadiendo sus fosas nasales con desvergonzada energía.

- Entonces todo con calma... desde el principio... este sábado hay salida al pueblo, ¿Te apetece, Hermione Granger, salir conmigo ese día? – dijo de una manera descaradamente seductora. Y lo peor era que... parecía orgulloso de ello. Hermione se mareó y asintió torpemente.

- Pensé que no sabías hacer eso... – susurró débilmente. Se sentía... agotada de su cercanía.

- ¿Hacer qué? – preguntó de manera inocente y pegó sus labios entreabiertos totalmente a su mejilla. Su aliento golpeó a la ojimiel de manera embriagante. Ella cerró los ojos.- ¿esto...? – dijo y la besó suavemente bajo el oído. Hermione se sonrojó de manera patética.- me incitas a hacerlo... – se rió entre dientes y se separó con tortuosa lentitud.

Hermione pareció salir de un trance al ver que se alejaba. Le frunció el ceño.

- ¡Por Merlín! y yo que pensé que no se te daba el desenvolverte con las chicas... – gruñó avergonzada. Harry se rió abiertamente y le apartó unos mechones de cabello de su sonrojado rostro. No podía concebir tanta belleza.

- Tú eres diferente... – aseguró. Y Hermione no supo como interpretar aquel comentario.- Tengo que hablar con el equipo para ver el horario de los entrenamientos, nos veremos luego, ¿de acuerdo? – dijo luego de unos segundos, ella asintió mientras lo miraba morderse el labio. - ¿Tenemos una cita, entonces, señorita?

Ella rió por la manera tan dramática que había utilizado al hablar. Quizás no era tan malo el cambio entre ellos. Asintió despacio sin borrar la sonrisa.

El ojiverde borró su sonrisa lentamente y pareció titubear. Se inclinó con delicadeza hacia ella y a Hermione se le cortó la respiración. Harry posó sus labios sobre los de ella, de una manera delicada y tierna.

Y tan rápido como había sucedido, se acabó. Se sonrieron de vuelta, ella sonrojada, él... feliz.

- Adiós... – murmuró y se giró para marcharse. La castaña siguió su trayectoria con la mirada, y cuando él se giró a despedirla con la mano, ella se sintió sumamente completa.

Auque no sabía lo que eran, y no sabía como iba terminar aquello, ni siquiera sabía la reacción de su guardián al enterarse. Prácticamente no sabía nada. Pero ella, se sentía feliz.

E ignoraba los ojos grises que la miraban con frialdad desde un rincón...

...pero nada le importaba en esos momentos.

Harry no la había rechazado.


Entró a la sala común de los leones con su porte altivo y majestuoso. Frunció levemente el ceño al no encontrar a Hermione dentro. Sus ojos brillaron con perspicacia al ver a dos enanos mirarlo fijamente. Los ignoró, y jugando con su pequeño libro de color café, se acercó a dos sillones que estaban alejados de la chimenea.

Miró la hora y frunció levemente los labios, ese era el día, hoy muchos secretos iban a ser revelados. Ellos tendrían ese castigo, ese peso profético sobre sus hombros, así como lo llevaba él.

Sus gélidos ojos recorrieron con frialdad la estancia, los enanos parecían haber perdido el interés de acercarse, pues ya no lo miraban.

Suspiró aliviado.

Balanceó el pequeño libro de cuero entre sus manos, y su dedo enguantado delineó las iniciales de color dorado que estaban bordadas con una complexión refinada.

El ruido de la puerta al abrirse lo distrajo y se irguió con elegancia en su lugar. Paseó sus fríos ojos por los recién llegados y una leve sonrisa se delineó en su fino rostro al saber que ya no iba a esperar por más tiempo. La paciencia no era su virtud.

... ese amago de sonrisa que se convirtió en una mueca de frialdad intensa al presenciar la escena más empalagosa de su vida inmortal. Apretó el libro en su mano y redujo sus orbes gélidas a dos esferas sin fondo, con la sombra de la furia bajo ellas.

Esa chiquilla lo había desobedecido.

Y nadie, jamás se había atrevido a hacerlo.


Caminaba con la furia destilando por cada poro de su piel. Lo que había presenciado había sido total y completamente... ridículo, idiota.

Y lo más patético era su estúpida reacción.

Se sentía tan vulnerable, tan enojado, tan impotente, tan...

... celoso.

No pudo soportarlo por más tiempo y estrelló el libro que tenía en sus manos contra la pared de mármol. Uno de los cuadros a su derecha soltó una maldición.

Su respiración se volvió agitada y se recargó contra la ventana, observando el horizonte. Oscuro, sombrío. Así como se sentía.

Ella ni siquiera le había ofrecido algo más que una amistad. ¿Por qué, él, se sentía tan patético entonces?

Cerró los ojos con furia y sus cabellos platinos oscurecieron su rostro.

Era inconcebible, esa mujer lo estaba volviendo loco.

Escuchó unos pasos a su espalda pero les restó importancia. No estaba de humor para nadie.

Sin embargo, la persona que se detuvo a su espalda pareció pensar lo contrario.

- Malfoy...

El rubio se giró lentamente y enfrentó la verde mirada que lo observaba con escrutinio. Pensó con ironía en su suerte. Justo a la persona que quería destrozarle la boca en esos momentos.

Pero se contuvo, porque últimamente andaba benévolo.

... además, a ella no le agradaría mucho.

- ¿Qué quieres Potter? – casi escupió con su típico arrastre de palabras. Se cruzó de brazos mientras lo miraba con frialdad.

- Hablar contigo – respondió con indiferencia.

Draco lo miró con una mueca de desprecio y luego asintió.

- Hablemos, pero sé breve, no pienso perder mi tiempo contigo...

- Seré breve, no te preocupes, sólo quiero advertirte sobre la supuesta "amistad" que tienes con Hermione.- Draco alzó le mentón con arrogancia y frunció el ceño. Harry lo ignoró.- Es mi mejor amiga, hurón, no pienso permitir que la lastimes. Aún no confío en ti, y por más santito que te hayas vuelto, sigues siendo un repudio para mi persona...

- No me vengas con esas estupideces de la amistad, Potter, yo no fui el que dicto está nueva relación entre ella y yo. Por si no lo sabías, fue ella la que me lo pidió, cara-rajada. Y si tienes alguna objeción, ve y lloriquea con tu amiga, no conmigo.- respondió con furia y frialdad. Se agachó para recoger su libro, y estaba apunto de irse, cuando un fuerte empujón lo detuvo.

Harry lo tomó por las solapas de la camiseta y lo estrelló bruscamente contra la pared. Lo miró a los ojos con la mandíbula apretada.

- Yo se quién inició esto, idiota. Sólo quiero que sepas que ella no está sola, y que si llegas a hacer algo que la lastime, ahí voy a estar para partirte la cara... no pienso perdonarte ni una, Malfoy, ni una...

El rubio se soltó bruscamente del ojiverde y lo empujó con enfado.

- No me amenaces, ten por seguro que está de más hacerlo, no pienso dañarla de ninguna manera...

- Eso espero, hurón... porque es demasiado especial como para relacionarse contigo...

- Lo se.- aceptó fríamente.- Y ve a quejarte con ella, Potter, porque yo se lo advertí...

Harry pareció sorprenderse, pero recompuso el gesto al ver la mirada de desprecio y arrogancia que se ceñía con fiereza en el rubio.

- Malfoy si te-

- ¿Harry? – preguntó una voz al final del pasillo. Harry interrumpió su frase y se acomodó el cabello para relajarse. Estaba muy enfadado.- ¿Draco?

Draco se alejó del ojiverde sin dejar de mirarlo con frialdad. Se acomodó la camiseta que estaba toda arrugada y levantó el libro que se le había vuelto a caer.

Ambos fijaron sus ojos en las orbes desconcertadas que los miraban alternadamente. Harry dio un par de pasos hacia ella.

- ¿Qué hacen? – preguntó con recelo. Harry, portándose demasiado cariñoso con ella, se acercó y le dio un beso en la mejilla. Extrañada, observó su expresión tensa.

Entonces, miró a Draco, y pudo percibir lo frívolo de su expresión. Frunció el ceño con perspicacia.

- Hola... – respondió Harry con una leve sonrisa. La castaña entrecerró los ojos.- No hacíamos nada, bueno, charlar solamente...

- Granger... – saludó el rubio con un gesto de la cabeza.- No te preocupes, solo hablaba con tu noviecito... – dijo, y su voz sonó excesivamente calmada. Tanto que pareció contenida. Sus ojos relucieron con una mezcla de furia y tensión.

Ambos chicos se miraron una vez más, y con toda la altivez que lo caracterizaba, Draco dio media vuelta y se marchó. Hermione se desconcertó de nuevo. No se había despedido de ella.

Se volvió para mirar a Harry, y lo sorprendió mirando la espalda del rubio con la expresión pensativa.

- ¿De qué hablaban, Harry? – el pelinegro la miró por unos segundos, y sus facciones se suavizaron.

- De cosas sin importancia...- respondió e hizo un gesto con la mano, y la castaña entrecerró más los ojos. No le creía.- Bueno, mejor dime... ¿Adonde vas?

- A la sala común... – susurró. Lo miró con desconfianza y prefirió no insistir.

- Yo también, vamos, te acompaño... – dijo y le tomó de la mano instintivamente. La castaña se sonrojó y olvidó por un momento la escena que había visto.

Avanzaron en silencio hacia la sala común. Hermione no era capaz de mirarlo a la cara, sólo lo observaba de reojo. Se sentía muy extraña. Jamás había tenido novio, y eso era lo más parecido que había tenido con respecto a un noviazgo, aunque no lo fuera.

Harry miraba al frente, parecía pensativo, Hermione se mordió el labio y se sonrojó cuando sintió la mano de su amigo acariciar la suya.

¿Por qué a él no le afectaba su cercanía?

Parecía sobrellevar todo de una manera asombrosamente normal, que daba hasta envidia.

Ella se mareaba con su olor, se sonrojaba constantemente y temblaba con cualquier roce entre ellos. Por Merlín, era tan patética.

Merlín.

¡Merlín! ¡Rayos! Lo había olvidado, Adam iba a matarla. Observó su reloj de pulsera y percibió con preocupación que ya eran las siete y media. Media hora de retraso. Su guardián se enfadaría.

Tironeó de la mano de Harry, y lo arrastró a paso rápido hacia la Sala Común.

- ¿Por qué la prisa? – preguntó éste desconcertado.

- Adam quería hablar con nosotros hace media hora... – doblaron una esquina y se toparon con Ron y Ginny que parecían discutir sobre algo.- ¡Chicos! Que bueno que los veo, vengan, síganme...

Los hermanos Weasley pararon de hablar entre ellos, y miraron a su amiga con confusión.

- ¿Para qué? – le preguntó el pelirrojo cuando ella pasó a su lado con rapidez. No obtuvo respuesta y lo único que atinó a hacer fue dirigirle una mirada extrañada a su hermana, que se encogió de hombros, y seguirla.


La miró por unos segundos antes de levantarse y acercarse a ella. Cuando Hermione se percató de la mirada furiosa que poseía su guardián, se soltó repentinamente de la mano de Harry y se alejó de él con disimulo. El pelinegro pareció desconcertado, pero no comentó nada.

Hermione le sonrió avergonzada y se acercó un poco a él. Detrás de ella, pudo escuchar la voz de Ron y Harry que discutían sobre algo con Ginny.

Adam se inclinó un poco hasta quedar a su altura, y la miró sin expresión alguna.

- Siete cuarenta y cinco, castaña... veo que tienes una definición muy peculiar de lo que significa la puntualidad – susurró con la voz tranquila y muy suave. Un escalofrío le recorrió la espalda, eso más que agradarle, le ponía los pelos de punta.

- Si, yo lo siento, estaba en la biblioteca y-

- Ya, ya lo se, se te olvidó... no importa, aprovechemos de que casi no hay alumnos, llama a tus amigos... – volvió a susurrar. Apenas y despegaba los labios, y a Hermione le costaba un poco seguir el hilo de sus palabras.

- Clar-

- Después, tú y yo tendremos una larga conversación...- la cortó de nuevo y su voz sonó amenazante, aterradora y extremadamente aterciopelada. Hermione se mareó unos segundos al sentir el aliento embriagante sobre su rostro, y estaba segura de percibir una mirada verde que la taladraba por la espalda. Adam seguía sin entender que para mantener una conversación, no se necesitaba estar tan cerca.

Asintió torpemente mientras tragaba saliva, y se alejó de él unos cuantos pasos. Se giró a sus amigos y les susurró unas cuantas palabras.

Adam regresó a su asiento en el sillón mas apartado de los alumnos, y observó sin expresión a los amigos de la castaña, que en esos momentos lo miraban con desconfianza, y no pudo evitar sonreír de medio lado al observar la mirada fulminante de niñito pelinegro.

La castaña estuvo a punto de sentarse en la banca que estaba al frente de su guardián, pero éste la frenó con un movimiento de cabeza casi imperceptible, frío y muy amenazante. Ella tragó saliva y se sentó a su lado.

Sus amigos lo hicieron frente a ellos, y los miraron alternadamente. Estaban muy confundidos, pero en sus mentes una idea se formó con repentino temor. Harry miró los ojos de Adam con expresión interrogante, pero el castaño lo ignoró, mirándolo casi con indiferencia.

- Los he citado aquí porque quiero decirles una cosa... – empezó él, con su voz suave y tranquila.- Tengo nuevas noticias...

- ¿Sabes ya qué día nos iremos? – preguntó la pelirroja repentinamente.

- No es sobre "ese" tema, pelirroja, es sobre otro que ha tomado mucha importancia... – dijo y en ese momento giró un poco la cabeza para mirar a su alrededor. Se inclinó hacia delante y suspiró antes de hablar.

- Estuve investigando, y según fuentes confiables, existe una leyenda sobre dos reliquias sagradas... – susurró apenas moviendo los labios. Los chicos tuvieron que acercar sus rostros para entender lo que estaba diciendo.

- ¿Y eso qué tiene que ver con Merlín? – Preguntó Hermione repentinamente ceñuda.- ¿Para qué rayos investigué sobre él?

- No seas impaciente... – le advirtió y ella se sonrojó un poco. Harry y Ron observaron eso con una ceja levantada. Ginny sonrió.- Esas reliquias fueron creadas por Merlín... y esperó que anden bien en Historia, porque la vida de ese mago es sumamente importante...

Los chicos hicieron una mueca, ¿Qué no simplemente había sido un gran mago?

Adam sonrió con arrogancia, miró a la castaña y la incitó a comenzar.

Ella sonrió y se aclaró la garganta antes de empezar.

- Me saltaré cosas insignificantes, ¿De acuerdo? – dijo, y nadie estuvo en contra de eso.

Merlín era un mago sumamente poderoso, confecciono los mejores hechizos que se podrían utilizar y los más poderosos que a la fecha sólo son recuerdo; ninguno de ellos podría usarse para el mal.

…l, un hombre sabio, bondadoso, confiable y consejero, ejemplo a seguir de miles de magos jóvenes y viejos, humanos y otros seres. Al igual que Tom Riddle cambió su nombre, para que la humanidad al escucharlo sintiera el poder sagrado, la verdadera magia, el aura de tranquilidad; que sintieran su pasado, su presente y su futuro.

Desgraciadamente nadie supo su verdadero nombre.

Adam la interrumpió con un movimiento de la mano. Miró los rostros ceñudos de sus acompañantes y continuó él mismo.

- Se cree que nació de la fuerza mágica de la antigüedad, varias versiones más, cuentan que fue engendrado por un demonio y una humana, y déjenme decirles que hay muchas más historias bastante patéticas, a decir verdad.

En realidad él nació en un siglo desconocido, como un niño sobrenatural y poderoso, que a su temprana edad emanaba un aura bastante pacifica, además era un sabio conocedor; a lo largo de su vida desarrolló habilidades sorprendentes que asustaban en incontables veces a los pobladores, él acepto su vida, podía hacer todo, conocía el universo entero, podía cambiar de forma, controlar el clima y los elementos.

Hablaba con los animales, conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación, conocía el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar.

Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres, y predecía todas las cosas que sucedían después. En fin, eso y mucho más.

Se decía que Merlín tenía contactos con las hadas, los gnomos, e incluso con los dragones; se le considera el único humano que se ganó el respeto y la admiración de estos monstruos.

Fue único. Tuvo cierta ayuda, ciertos dones y cierta fuerza que lo convirtieron en leyenda.

Sin embargo, él fue un hechicero extraño, digamos, un caso especial, su descendencia fue poderosa, pero nadie, nunca, lo igualo. Ni hoy, ni en el pasado.

Se calló. Los miró de nuevo y sólo percibió incertidumbre en sus rostros. Hasta Hermione parecía sorprendida por muchos de los nuevos datos.

- Lo que acabo de contarles no lo encontrarán en los libros, es información que ha sido ocultada, y que ahora tienen la suerte de conocer... cierren las bocas porque aún hay más...

Merlín tuvo grandes contribuciones a la magia, aparte de los grandes secretos del universo, Merlín contó fascinantes historias con respecto a la guerra más legendaria de nuestra existencia, aquella lucha de poderío y soberanía que sólo pocos tuvieron la suerte de relatar...

Merlín fue uno de ellos, fue uno de los sobrevivientes...

La batalla de los siete milenios, donde las razas peleaban por el poder, por una victoria inalcanzable, por una fuerza suprema que gobernaba el alma de las mentes siniestras de cada especie... aquella guerra donde reyes temerarios y poderosos estuvieron cara a cara, compartiendo el sufrimiento de sus pueblos, la sombría proyección del sol, las tinieblas que regían a su comunidad...

Fue en esa guerra donde se crearon las reliquias, llamadas "Armas legendarias".

Cada pueblo construyó su fortaleza, alejada y perdida de los demás, oculta entre su elemento. También cada pueblo forjó un arma capaz de eliminar al enemigo de toda su existencia...

Merlín, en esa época, fue uno de los representantes humanos, soberano y líder, creador de la espada humana más poderosa de todos los tiempos, capaz de combatir la espada maligna o la espada divina... sus dueños, los demonios y los ángeles, los seres que lideraban la victoria de la guerra.

Una muestra de su poder fue esa espada, fue tan poderoso, que al crear esa reliquia, la guerra terminó.

Se levantó de su lugar y recorrió la estancia hasta llegar al lado de la chimenea, recargó un brazo en la base y se dejó embriagar por los recuerdos. El fuego crepitante que estaba a pasos de extinguirse, lo llevó a un lugar lejano y una memoria pasada, enterrada en el olvido, regresó al él con sombría energía.

- No puedes ir... y es mi última palabra.- rugió la voz aguda de un varón.

- ¡Padre, estoy capacitado para esa lucha, y lo sabe!

- No vas a ir... – dijo y los ojos azules del capitán brillaron con decisión. El pequeño niño que apenas le llegaba a la cintura lo miró con el ceño fruncido.

- ¡Eso es injusto, Alexiel si va a luchar!

- Ya cállate, tu hermano es mucho más fuerte que tú, el no morirá al inicio de la batalla.- rugió. La voz parecía harta. La imponente figura del capitán se arrodilló frente a su hijo, su cabello rubio calló frente a sus ojos, y su faceta se volvió sombría. Tomó los pequeños hombros del niño y lo miró intensamente.- Necesito que te quedes aquí, hijo mío, si perdemos está batalla, tú serás el único descendiente vivo de nuestra familia... eres muy pequeño, Kalyo, y no quiero perderte tan rápido.

Apretó la mandíbula sin pretenderlo. Alguien le colocó una mano en el hombro y lo sacó de sus amargos pensamientos.

- ¿Adam? – preguntó la castaña mientras lo zarandeaba un poco del brazo.- ¿Estás bien? Parecías como en trance...

El castaño la miró intensamente y negó con la cabeza. Sus ojos plateados parecían más oscuros y sombríos de lo habitual.

- Estoy bien... – observó a su alrededor y notó con alivio que la sala estaba vacía exceptuando a los dos pelirrojos, el niñito y la castaña. Era tarde.- Las armas que me interesa que sepan son las siguientes, las dos espadas más poderosas que existen aparte de la Espada Sagrada creada por Merlín...

La Divine Sword, (Espada Divina), pertenece a los ángeles, el poder de esta espada es tan grande, que en su hoja tiene escrito la historia de los principios del universo, el cual fue creado por los seres de la luz. Esta espada, tiene la capacidad de atrapar la oscuridad y convertirla en luz, para que así su portador la utilice para sí mismo o la expulse como ataque hacia sus enemigos. Es bastante ligera e incrementa la fuerza de quien la posea al doble, se dice que tiene vida propia, pues es capaz de defender a su poseedor, cubriendo y absorbiendo los ataques oscuros que vayan dirigidos hacia él, rebotándolos contra el quien los lanzó.

Y la Evil Sword, (Espada Maligna), pertenece a los demonios, y es la contraparte de la Espada Divina, posee sus mismas habilidades, pero en vez de absorber oscuridad, absorbe la luz, y en vez de defender a su portador, la espada ataca a los enemigos de su amo cuando éste se lo ordene.

Ya no hay una para cada amo, en cambio, cada guerrero posee una, y así tener el poder de acabar con su enemigo, pero si hay una más poderosa que todas las demás. Muchas fueron destruidas en la guerra... pero es necesario que toda esta información la tengan muy en cuenta.

Y la espada humana es la que vamos a buscar.- sentenció al final, y miró fríamente el rostro sorprendido de los presentes.

- ¿Qué? ¿Estás hablando enserio? Armas Legendarias, ¿No te suena a algo? ¡Esto es más que una estúpida leyenda! – rugió el pelirrojo con el ceño fruncido. Su hermana lo tomó del brazo, aunque mantenía la vista perdida.

Los ojos plateados del ángel, brillaron con la fiereza de un ser aterrador. Sus mandíbulas se tensaron y la cabeza se alzó con una mueca de desprecio. Avanzó un paso pero la castaña se colocó frente a él con los brazos extendidos hacia su cuerpo.

- ¡Basta! ¡Ron, no seas patético, si leyeras un poco, sabrías que esa guerra no es ninguna mentira! Los magos más poderosos y confiables de nuestra historia, afirman esa batalla... ¡Así que no seas ridículo!

- ¡No lo defiendas! ¡Todo lo que nos ha dicho sale de las normas de la naturaleza normal! ¡Ni siquiera confía en Dumbledore!

- Ron, ya basta... – dijo la voz de Harry y lo tomó de un hombro.- Yo le creo... todos estamos tensos, pero no es para que pongas en duda la palabra de Adam, él sólo quiere ayudarnos... – terminó con la voz extremadamente tranquila. Adam lo miró un poco sorprendido.- Además, Dumbledore me ha mentido muchas veces...

Se quedaron callados por unos segundos, el eco de las llamas era el único repiqueteo que sonaba en la estancia. Al final, el pelirrojo suspiró.

- Lo siento, pero estoy un poco nervioso.- Se disculpó el pelirrojo. Harry le sonrió de medio lado. Guió a su amigo hasta los sillones y ambos se sentaron pensativos, Ginny los siguió. Hermione suspiró aliviada y miró a su guardián quien lucía más tranquilo. Aún había muchas incógnitas en todo el asunto.

- Dijiste que había dos reliquias, y la espada sólo es una... – Adam volvió a sorprenderse de la inteligencia de esa chiquilla, pero le sonrió.

- Así es... la otra reliquia es: "El Libro del Destino", donde se encuentran todos los hechizos de Merlín, los hechizos más poderosos que poseen el poder de la destrucción, y ese libro se encuentra enterrado en la misma isla donde esta congelada la espada. Y las reliquias de Merlín están antes de los vampiros o los dragones. Ese viaje será más difícil que el otro, es una prueba mucho más arriesgada...- Terminó. Ya no había más que decir. Se concentró de nuevo en las llamas de la chimenea y sus ojos danzaron con el brilló crepitante. La decisión dependía de ellos.

- ¿Cómo sabes todo eso? – preguntó Harry y se levantó. La castaña se acercó a él.- ¿Cómo sabremos donde está la isla?

- Sé cosas más aya de tu imaginación, conozco seres más poderosos de lo que llegarías siquiera a pensar... conozco el mundo más de lo que me gustaría, y para llegar a la isla del fin del mundo, tenemos que atravesar una pasaje llamado La puerta de la eternidad. Sólo les queda confiar en mí... y no les puedo ofrecer nada más.- respondió con la voz seca. No lo miró y sus ojos relampaguearon con frialdad.

Harry miró a su mejor amiga, le preguntó en silencio que es lo que debía hacer. La espada, el libro. Sentía que esa guerra se había salido de las manos de la humanidad, y la mirada tierna que le dedicó su amiga antes de abrazarlo, sólo le dijo la verdad.

Ya no era cuestión de magos. Era cuestión de Universos.

Y debía hacer hasta lo imposible para lograr la victoria.

Debía confiar en Adam Hellsing.

Debía darle vida a la esperanza, porque no todo estaba perdido.

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¡Hola!

Bueno, yo lo se, me tarde bastante, pero por lo menos tengo una gran y valiosa excusa: Examen de la Universidad. Y para que no se enojen mucho: Lo pase, con un buen puntaje.

Bien, verdaderamente no se que decir, éste capítulo tiene mucha información nueva, y me agradó de verdad, ¿ustedes que opinan? Espero recibir muchos comentarios porque quiero enterarme de su opinión. Ya regresé a mis normales 7000 palabras. No quiero consentirlos con capítulos tan largos, ni aburrirlos.

El próximo capítulo todo va a estar más relajado, y trataré de hacerlo un poco más cómico, pues la situación se presta. No diré como se llama para que sea sorpresa. Juro que no tardaré tanto, ahora estoy casi libre, a no ser por la escuela, por lo menos mi vida está un poco más calmada.

Antes de despedirme, he de aclarar unas cuantas cosas, primero, algo que muchas personas lectoras me han pedido, una relación Adam-Hermione. Bueno, a cada persona que me pedía eso, solía contestarle por separado, tratando de aclarar un par de cosas sobre esos dos. Pero como que no funcionaba. Bien, tanta insistencia me ha agobiado.

Debo decirles que jamás pensé en hacer eso. A mi mente el fic se daba sin ninguna clase de acercamiento entre ellos. Pero me he puesto a pensar mucho la situación y tal vez podría resultar. Aunque mi mentalidad siempre ha sido algo más de hermanos, ambos comparten una historia muy similar y sólo faltan dos capítulos para saber el por qué.

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Pero ahí va la incógnita. ¿Cómo separarlos? La mayoría de ustedes está de acuerdo que este fic es 100 Harry y Hermione. Nadie va a cambiar eso, sea feliz o triste el final, así lo he decidido. Por lo tanto si Adam y Hermione tienen alguna relación... pues obviamente se van a separar para el final. Claro puedo hacer algo como que Hermione se confunda y eso, pero ¿Y Kalyo? ¿Hago que se enamore y luego le rompo el corazón? No quiero hacer una relación ambigua y aburrida en donde, burdamente, los dos hubiesen estado confundidos. No es mi estilo, y sinceramente no me agrada la idea, es algo aburrido y muy repetitivo. ¿Por qué creen que no me puse a relatar la historia entre Ron y Hermione?

Esa es mi opinión, y si quieren un poco de tensión entre la relación Harry y Hermione, pues ahí hay un personaje que se va a interponer MUCHO en sus vidas. Se que ya se imaginan quien es. Bueno expresé mi opinión ante la insistencia de esa pareja, espero que comprendan mi punto de vista.

Ahora una última cosa, para los que piensen que Harry y Hermione van a tener las cosas tan dulces y fáciles, y que van a terminar juntos desde ya, sólo les digo una cosa: Equivocación.

Falta mucho para eso, de hecho los siguientes 4 o 5 capítulos, sólo le dan sabor al asunto. Nada más. Además, jamás he dicho que sea amor... todavía no.

Bueno, espero su opinión.

Por cierto, agradezco a Wikipedia por tan valiosos datos sobre Merlín. .

Les mando muchos saludos, un abrazo y un beso.

Su amiga:

DarkGranger.