Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

0000000000000000000000000000000000000

17.- La primera cita

"Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso."

Caminaba apresurada. Iba tarde a su clase y lo sabía. Snape iba a matarla, ¡Por Merlín! ¿Y se suponía que era Premio Anual?

Negó con la cabeza mientras suspiraba intranquila.

Ni siquiera el desconsiderado de su guardián pudo haberla despertado a tiempo. Y pensar que su desvelo se debía a su insistente enfado. Estaba enojado con ella, y parecía que su humor estaba bastante grave, pues en ese momento iba completamente sola. Por ese pasillo solitario y lúgubre, completamente peligroso. Así como pensaba él.

Sonrió.

Pensar que su falta de sueño la anoche anterior había sido por su causa. La había regañado con sus palabras frías y prepotentes. La había taladrado con su mirada gélida y dura. Le había advertido con su voz siniestra y oscura. La había hecho temblar de mil formas diferentes.

Y ella le había dicho que parecía un niño. Y eso lo había enfurecido más.

Sonrió de nuevo.

Agitó su cabellera de un lado a otro, negándose a aceptar la actitud tan infantil que Adam estaba tomando. Quizás había muchas cosas que estaban en contra de que ella tuviera una relación con un chico... pero si ella no salía sana y salva de esa guerra, entonces se arrepentiría de no haber hecho algo por disfrutar su vida.

Se estremeció de sólo pensar en ese hecho, el hecho de "su posible muerte". Entonces, la sonrisa que tenía en su rostro, desapareció. El corazón le dolió y los pulmones se le apretaron por la repentina falta de aire que la embargó.

Parpadeó fuertemente e intentó alejar los malos pensamientos de su mente.

Se quedó parada delante de la puerta de la clase de pociones, divagando en sus pensamientos y perdiendo su mirada en la opaca madera de la misma.

Era tarde. Tenía pociones, lo que significaba que Snape le bajaría puntos a su casa y la dejaría en ridículo frente a toda la clase... y en ese momento se dio cuenta también que si el profesor se atrevía a insultarla, ahí dentro habría dos personas dispuestas a golpearlo o... tres. Y eso significaba menos puntos y problemas... muchos problemas.

Titubeó un poco, pero al fin, dio media vuelta y regresó con pasos torpes hacia su habitación.

Al fin y al cabo, ella podría decir que se había sentido mal... y eso no distaba mucho de la verdad.

Ni siquiera tocó anticipando su presencia cuando entró. Y ella sabía que era él, incluso antes de cruzar el marco de la puerta.

Era el único que creía tener ese derecho.

- ¿Y bien? ¿Puedes explicarme el hecho de haber estado solo en una clase donde supuestamente tú deberías estar? – preguntó alterado. La verdad es que había estado toda la clase de pociones pensando que algo le había ocurrido a esa castaña.- Y si estas enfadada conmigo por lo de anoche, te advierto que no tienes ni derecho ni...

- Adam... – lo interrumpió ella mientras levantaba su cabeza con gesto somnoliento de la almohada.

El castaño se limitó a mirarla atentamente.

- Estoy bien...- aseguró con voz rasposa a causa del sueño.- Sabía que iba a llegar tarde a la clase, así que decidí faltar...- explicó mientras se restregaba los ojos y se incorporaba en la cama.- En dado caso, tú eres el culpable por no despertarme... – lo acusó, aunque su tono de voz estaba tranquilo.

- ¡Ja! Mi culpa... – susurró hastiado. Hermione sonrió y lo miró por unos segundos.

- Así que... ¿Ya no estas enfadado?

- Mmm...

- Me asombran tus palabras tan extensas... – ironizó con la boca torcida. Adam suspiró.

- No, Hermione, ya no estoy enojado... ayer estaba, sólo un poco... exaltado. – Suspiró de nuevo y se sentó en la cama.- Lo único que realmente me molestó fue el hecho de que desobedecieras mis órdenes, ya te dije que puedes hacer lo que quieras mientras no interrumpas mis planes... ¿De acuerdo? – La castaña rodó los ojos pero asintió con cansancio.- Y si quieres tener alguna relación con Potter, allá tú. – comentó con indiferencia.

- Si, ya lo se... me lo has repetido hasta el cansancio.- ahora fue su turno para suspirar. Lo miró mientras ella recogía su mochila y se la acomodaba en el hombro.- Y espero que estés conciente de que este sábado saldré con él... – Adam se levantó y se cruzó de brazos.- Así que te comportarás, ¿verdad?

Adam gruñó algo inteligible y se dirigió a la salida. La castaña lo observó hasta que le abrió la puerta y esperó a que ella saliera primero.

- Y Adam... no salgas hasta después de unos minutos, ya de por sí es difícil explicar porque me sigues a todas partes... no me quiero ni imaginar si alguien te ve saliendo detrás de mí de mi propia habitación...

Adam no contestó, pero él se encontró con ella cinco minutos después en el centro de la sala común.

- ¡Granger!

Hermione paró en seco y giró su cabeza para mirar de frente a la persona que había gritado su nombre. El tono cínico y prepotente que utilizó, le hizo saber de inmediato cual era la identidad de la voz que la llamó. Sonrió mientras lo esperaba y levantó una ceja al verlo encantadoramente despeinado.

- Hola, Draco...

- Draco, Draco... todavía no soy capaz de llamarte por tu nombre, pero tú lo haces con el mío de una manera tan sencilla que hasta me da envidia... – suspiró el rubio. Le devolvió la sonrisa que ella tan amablemente le dirigía y normalizó su respiración entrecortada en breves segundos.

- Dime, ¿me llamaste por algún motivo en especial? – preguntó la castaña mientras ambos caminaban hacia el gran comedor. Hermione notó un leve temblor en los labios del rubio que hasta pensó haberlo imaginado.

- No... bueno en realidad sí... – titubeó y desvió su mirada, de repente se sintió patético y muy cursi. Además no sabía como pedírselo. Hermione esperó a que prosiguiera, pero frunció el ceño al verlo tan nervioso, algo escasamente común en esa figura narcisista y rubia.

- ¿Pasa algo? – preguntó tras una serie de minutos en mutismo.

- Si... es decir, no... yo quería in-disculparme...- carraspeó incomodo haciendo una mueca por lo cobarde que se sentía. Hermione se extraño frunciendo los labios.-...es sobre mi comportamiento del otro día... – musitó con desanimo y se golpeó internamente por no atreverse a pedirle lo que quería.

- Ahh... era eso, no hay problema, Draco, no te preocupes... – dijo la castaña restándole importancia. El rubio asintió y abrió la puerta del gran comedor ingresando tras la castaña.

- Nos vemos... – susurró él mientras la miraba alejarse y sentarse al lado de ese estúpido niño que vivió.

- Quítate de mi camino, rubio... – dijo una voz detrás de él. Se movió un poco y observó con desagrado a ese castaño que le transmitía un aura de hastío muy intenso. Además se la pasaba detrás de Granger como si fuera su guardaespaldas.

Lo miró alejarse y frunció el ceño al ver sus ojos gélidos, fríos y sin expresión, se recordó a sí mismo antes de que su madre muriera y una oleada de estremecimiento se apoderó de su espina dorsal.

Había cosas y situaciones que cambiaban hasta a la peor de las personas. Y nadie lo podía evitar.

- Hola, Hermione... – le sonrió el ojiverde en cuanto ésta se sentó a su lado. La castaña le sonrió de vuelta a modo de saludo y se acomodó en su lugar observando de reojo a su guardián que se acercaba hacia la mesa.- Ahora me puedes explicar, ¿Por qué faltaste a pociones? Snape parecía más contento...

La castaña rió y se sirvió un poco de estofado y verduras.

- Supongo que le he hecho el día perfecto a Snape...

- Si...

- Y con respecto al motivo de mi ausencia, simple: me quedé dormida – murmuró lo más natural que pudo, pero no pudo pasar desapercibido el leve rubor de sus mejillas. Entonces, Ron, con su típico tono burlesco, empezó a reír.

- ¿Tú? ¡Quedarte dormida! – dijo medio entrecortado y se rió más fuerte, Harry se mordió el labio para evitar burlarse de su amiga. Hermione frunció el ceño sintiendo su rostro arder de vergüenza.- Por. Mer-lín. Hermione Granger se quedó dormida. Esto es algo épico.

- ¡Cállate Ron! – murmuró entre dientes.- Que yo nunca lo haga no significa que eso no me pueda pasar, además, tú lo haces todo el tiempo...

- Yo soy un Weasley, eso es genético.- se justificó mientras se llevaba un trozo de pollo a la boca. Hermione gruñó.

- Ya, ya, Hermione estudia más que nosotros, ayer nos desvelamos hasta tarde y debe estar muy cansada, ¿cierto?... – comentó Harry intentando mejorar el ambiente y evitar una pelea. Hermione lo miró fulminante pero no dijo nada, el ojiverde tragó saliva.

- Adam. – saludó en voz baja el pelinegro al ver al castaño tomar asiento al otro lado de su amiga, ese lugar que estaba reservado para él y que nadie se atrevía a tomar. Harry se dijo así mismo que él lo hubiera hecho, pero no había la necesidad.

- Pelirrojo, niño.- saludó de manera arrogante, le revolvió el cabello a Hermione y ésta puso una mueca de fastidio. Adam siempre elegante, altivo. No importaba que creyera que los demás eran inferiores a él. Harry frunció el ceño al escuchar ese mote que tanto odiaba. Adam lo ignoró y en cambio, miró al frente con el mentón alzado, observando, lo que para él, era una comida horripilante, pero necesaria, se justificaba constantemente.

Estaba apunto de servirse algo medio decente, según él, cuando algo tomó lugar a su lado.

- ¡Hola! Adam, Hermione, Harry, Ron, ¿Qué hay? – saludó la voz infantil de la pequeña Alice, a su lado, Anthony los saludó a todos con su pequeña manita.

- Hola, Alice, ¿Cómo están? – preguntó gentilmente la castaña. Adam rodó los ojos con una mueca de hastío difícil de ignorar, aunque parecía que los pequeños no se daban cuenta de ello.

- Bien, bien, esperando con ansías la temporada de Quidditch, ya falta poco, ¿no? – preguntó animada. Su hermano le sirvió un poco de carne y patatas y le pasó el plato. Hermione sonrió.

- Si, espero verlos ahí en los entrenamientos... – comentó Harry mientras miraba a la pequeña devorar su comida. Al pequeño castaño le brillaron los ojos.

- No lo dudes – sonrió Anthony.

- El próximo lunes será, entonces.

Los gemelos asintieron contentos y la conversación inició sobre el tema que más parecía gustarles: El Quidditch.

Hermione sonreía constantemente por las exclamaciones que los pequeños proferían, pero sin llegar a inmiscuirse en el tema que muchos sabían ella no destacaba.

El sábado se acercaba y Hermione parecía estar más nerviosa de lo normal. Adam estaba harto de su actitud y ya habían tenido varias peleas a causa de su nerviosismo y torpeza. El castaño se había limitado a seguirla y no prestarle atención más que la suficiente, y Hermione se había sentido tremendamente indignada por ese hecho.

Su nerviosismo era tonto y ella lo sabía. Era Harry, su mejor amigo, nada malo podía pasar. Se había disculpado con Adam por segunda ocasión ese día, pero el parecía algo enojado.

Harry, en cambio, había notado el extraño comportamiento de la castaña y sonreía con un extraño sentimiento de orgullo masculino al ser el causante del estado de su amiga.

Quería que ella se sintiera bien a su lado, quería que fuera una cita perfecta. No sabía si ella ya había tenido alguna otra, pero él haría de esa la mejor.

Estaba dispuesto a enseñarle que entre ellos algo más que amistad podía surgir, y que eso sólo llevaría a algo mucho mejor de lo que tenían antes.

Porque eso funcionaría, él se encargaría de ello.

Hermione caminaba algo apresurada hacía la biblioteca, estaba bien que Adam la cuidará, pero eso era un exceso.

- ¡Adam, sólo voy a la Biblioteca! – le gritó de repente y se detuvo. Quería estar sola, mañana era su "cita", tenía los nervios a flor de piel, pero el castaño seguía persiguiéndola. Ya muy claro le había dejado que quería pensar con tranquilidad, y para ella tener a ese ángel egocéntrico a su lado no correspondía un panorama muy tranquilo.- ¡Por Merlín! – Exclamó al observar su indiferencia, la estaba ignorando.- Está bien, hagamos una cosa, no me dejarás a menos que esté acompañada, ¿cierto?, bueno, mira... ¡Draco! – llamó al chico que en esos momentos pasaba por el pasillo contrario.

Adam miró con frialdad al rubio que se acercaba a ellos con una sonrisa torcida, digna de un seductor, sólo dirigida a la castaña. Eso sólo hizo que se enfureciera.

Tomó del brazo a Hermione y la jaló un poco. Acerco su boca a su oído y le susurró:

- Te estaré observando, Hermione... – acto seguido la soltó empujándola débilmente y se dio media vuelta. Cuidar a Hermione Granger, era un trabajo sumamente difícil.

- ¿Pasa algo? – preguntó el rubio en cuanto estuvo a su lado, Hermione suspiró negando con la cabeza. Le sonrió.

- ¿Me acompañarías a la Biblioteca? – pidió. Draco se quedó observándola un momento hasta que una sonrisa torcida apareció en su rostro e hizo una inclinación con la cabeza.

- Sería un placer, preciosa... – Hermione frunció el ceño al escuchar ese tono seductor que sólo lo caracterizaba a él, y no pudo evitar el sonrojarse por la forma en que la miraba. Había un brillo en sus ojos que ella decidió ignorar.

Draco se ofreció gentil y caballerosamente a llevar sus libros y aunque la castaña se negó en rotundo, Draco se los arrebató de los brazos y fingió ojearlos mientras caminaban.

Hermione no pudo sentirse más avergonzada y su rostro lo demostraba. Sinceramente no estaba acostumbrada a que hicieran eso por ella, Harry y Ron jamás se habían ofrecido a cargar sus libros pero a ella jamás le había molestado, por más que pesaran, los libros eran de ella.

Se sentaron en silencio en una de las mesas que estaba hasta el fondo de la biblioteca, a un lado de los estantes de historia.

La castaña fue a buscar uno de los libros que necesitaba y regresó a tiempo para ver como Draco lucía una pose despreocupada y leía uno de los libros de romance que ella había estado leyendo. Hermione se sonrojó al recordar de que trataba el libro y lo cerró, prácticamente, en sus narices.

El rubio la observó con una sonrisa y apoyó un codo en la mesa, recargando su cabeza en la palma de su mano y mirándola fijamente.

La castaña guardó el libro rápidamente en su mochila y se dispuso a hacer sus deberes.

- Y dime, ¿Qué harás mañana en Hogsmeade? – interrogó el chico mientras hacía círculos con su varita en el aire, tratando de demostrar despreocupación, aunque sentía una enorme curiosidad.

- Bueno... – comenzó mientras escribía un par de líneas en un pergamino que tenía entre sus manos.- Pues, tengo una especie de... ehh...- se sonrojó y paró de escribir para mirarlo, había detenido de hacer figuritas en el aire y la miraba atentamente.- una...cita... con Harry...

Draco, en un acto inconsciente, apretó su varita con fuerza y endureció su mandíbula en un gesto de frialdad. A la mierda su plan.

Murmuró algo parecido a un "ah", y no quiso preguntar más. La castaña lo miró por unos segundos pero, entonces, Draco se levantó y tomó un libro de una estantería cercana, y comenzó a leer en silencio, sólo roto por la pluma de ella haciendo apuntes y anotaciones en el pergamino.

Se vio tentada a decirle algo, pero Draco parecía extrañamente enfadado. Decidió no hacer nada y siguió trabajando.

Lo que nunca supo fue que Draco Malfoy no había leído ni una palabra esa tarde.

Ok. Había creído que eso iba a ser fácil. Ella se lo había advertido de todas maneras.

Pero no, maldición, no era nada sencillo.

No había querido discutir más sobre el asunto, temía que su amiga se enfadara con él y por eso se había quedado callado.

Pero eso era suficiente.

Bien. Ese ególatra le caía mal, pero eso no tenía nada que ver.

Bueno, a decir verdad se sentía muy extraño al verlos caminando juntos, y más aún se había enfadado cuando los vio entrar a la biblioteca juntos de nuevo.

Está bien. Lo aceptaba, estaba celoso. Muy celoso.

Camino decidido hacia allá. Nunca en su vida se había sentido tan... posesivo con alguien. Tan allegado.

Pero ella era totalmente diferente, hacía que él se preocupara por ella a cada minuto, cada vez que la veía triste. Se preocupaba por sus expresiones, por como lo miraba. Se preocupaba porque estuviera con ellos, que se divirtiera. Aunque se hubiera planteado todo eso algo tarde.

Pero en ese momento le preocupaba que estuviera con Malfoy.

Y quizás el miedo que sentía no se debía a que el rubio pudiera hacerle daño. Ya muy claro se lo había dejado. Había algo más.

Sintió algo en el estómago al verlos tan tranquilos. Armoniosos. Y sólo estaban leyendo en completo silencio.

Se preguntó si ella se sentiría así de cómoda con él.

Se acercó hasta su mesa y se colocó detrás de ella sin hacer ruido, la chica no reparo en su presencia al estar muy concentrada en el libro que leía con mucho interés. Draco levantó la mirada y lo miró fijamente sintiendo su presencia, su mirada era fría y severa y le dedicó una mueca de fastidio que hizo fruncir el ceño al chico ojiverde.

Despacio y sin dejar de mirarlo, Draco se levantó cerrando el libro de un golpe seco y calculador. Hermione se sobresaltó por la acción repentina y pegó un respingo al sentir una mano en su hombro. Se giró para mirar el abdomen de una persona, y levantó la vista comprobando con una mueca que se trataba de Harry.

Harry.

El chico que no dejaba de rondar por su mente.

- ¿Podemos hablar? – le susurró Harry cerca de su oído. La castaña se sonrojó y asintió con la cabeza cerrando su libro torpemente.

Le dirigió a Draco una mirada de disculpa y éste sólo comenzó a recoger sus cosas para marcharse.

- Nos vemos, preciosa... – le dijo con la sonrisa seductora que siempre utilizaba. Hermione se encogió en su lugar sintiendo su rostro arder, y a su lado, sintió como el ojiverde apretaba la silla con más fuerza de lo normal. Estuvo segura, aún sin atreverse a mirarlo, que el chico tenía la mandíbula apretada y el ceño fruncido.

- Nos vemos, Draco, gracias por acompañarme...- murmuro avergonzada y con un hilo de voz. Draco sonrió enseñando todos sus blancos dientes e inclinó la cabeza a modo de despedida. Hermione no le perdió la vista de encima hasta que éste hubo cruzado la puerta de la biblioteca.

Harry carraspeó y tomó lugar en la silla que estaba a un lado de su amiga.

- Si querías compañía debiste perdérmelo a mí... – dijo tras unos segundos de haberla observado. Su voz tenía un ligero tono de reproche. Hermione frunció el ceño.

- Bueno, pues no andaban por ahí cerca y me encontré a Draco, no le veo el problema...

- Pero, Hermione, e-

- Harry, no empecemos de nuevo, por favor, no quiero pelear... – dijo con voz cansina. Se levantó y comenzó a guardar sus cosas.

- ¿A dónde vas? – preguntó extrañado.

- No lo sé, tú quieres hablar conmigo ¿no?, supongo que querrás salir de aquí, sé que no les gusta la biblioteca... – dijo de una manera indiferente y despreocupada.

- Si tú quieres nos podemos quedar aquí, no me molesta... – rectificó entre dientes. Con Malfoy si podía estar ahí pero con él no, ¿eh?.

Hermione rió entre dientes.

- Vamos Harry, no te molestes, no me importa salir, ya llevo un rato aquí, mejor vayamos a la sala común... – dijo y recogió sus libros. Dio media vuelta pero la mano de su amigo reteniéndola por el brazo la detuvo.

- Hablo enserio, no me importa estar aquí si estoy contigo... – dijo sinceramente y sus ojos brillaron. La castaña le miró tiernamente y besó su mejilla con delicadeza.

- Gracias, Harry... pero no te preocupes, enserio, mejor vayamos a caminar, ¿está bien? – le dijo con una sonrisa, de repente se sintió... emocionada.

- Está bien, si tú insistes... – respondió no muy seguro.

Antes de salir, la miró pensativo. ¿Era su imaginación o...? ¡¿Malfoy le había cargado los libros?!

Sí, tenía que ser eso, la había visto entrar con menos cosas... y a Malfoy lo había visto salir con prácticamente nada. Entrecerró los ojos y frunció los labios.

¡Eso le correspondía a él!

¡Maldito hurón!

- ¿Te ayudo? – preguntó gentilmente, intentó forzar una sonrisa, pero como que no le salió del todo bien. Hermione lo miró extrañada.

- No, gracias, estoy bien... – respondió confundida. Ese día algo raro le pasaba al mundo. Harry apretó la mandíbula sintiendo el desagradable ardor en el estómago que producían los celos.

- ¿Hay algún problema con que te ayude?

- No, precisamente por eso, no tengo problema en cargarlos...

- Si, pero son muchos para ti...

- No, son menos de la mitad de lo que normalmente cargo...- respondió indiferente. Harry la miró sorprendido.- Lo he hecho sola por siente años, Harry, no entiendo cual es la diferencia ahora...

Harry la detuvo de nuevo.

- Si, hay una diferencia muy grande, ahora no soy tan estúpido como para no darme cuenta de que mi mejor amiga necesita mi ayuda... – respondió entre dientes.

- ¿Acaso estamos peleando por esto? – preguntó ella desubicada. Harry parecía extrañamente enojado. Definitivamente algo le pasaba al mundo ese día.

Había tranquilizado su humor en la biblioteca, con la tranquila y silenciosa compañía de Draco, incluso estaba a un lado de Harry sin sentirse nerviosa por lo que iba a ocurrir el día siguiente. Pero ciertamente, Harry no ayudaba con su estado de ánimo.

- No, no estamos peleando, estamos analizando el hecho de que me restriegues en la cara lo mal amigo que soy, sólo es eso... – respondió con desagrado.

- Yo no te he dicho nada, jamás te he recriminado nada, Harry, ¿Qué te pasa? – espetó enojada.

Harry suspiró. Eso no era bueno, ya la había hecho enojar.

- Lo siento, Hermione, es sólo que ví como hace rato Malfoy cargaba tus libros, y entonces me pregunté si alguna vez yo lo había hecho.- suspiró de nuevo y la miró directamente a sus ojos miel.- me sentí mal al reconocer que jamás lo he hecho, ni siquiera se me había pasado por la cabeza hacerlo... y entonces, Malfoy lo hace, cuando llevan un par de semanas siendo "amigos" – dijo e hizo una mueca de desagrado.- y tú y yo llevamos siendo amigos por más de seis años... creo que me sentí algo, bueno, algo celoso... yo- lo siento.

Hermione se rió. Harry la miró ofendido.

- No seas tonto, Harry, nunca me he quejado, te lo juro, no me molesta llevar mis cosas... ¿de acuerdo? Todos estos años me has ofrecido tu amistad, y creo que eso es más que suficiente... – dijo con ternura. El pelinegro le sonrió agradecido y tomó los tres pesados tomos de las manos de su amiga. Se inclinó hacia enfrente y la besó dulcemente en los labios.

Hermione acarició su mejilla y sonrió en medio del beso. Se separaron lentamente y Harry le sonrió.

- Señorita, deje que este humilde siervo la consienta un poco... – dijo caballerosamente, la castaña rió de nuevo.- Enserio, Hermione, te mereces más que esto de mi parte...

Ella se sonrojó por la admiración que brillaba en los ojos de su mejor amigo. Se puso de puntitas y lo besó brevemente a modo de agradecimiento.

En ese momento, la castaña pensó en por qué se había preocupado de salir con su mejor amigo. Su relación era tan normal y espontánea que no habría problemas.

O eso pensaba ella.

Había llegado el sábado, más rápido de lo que él mismo pensaba. Y más nervios de los que esperaba tener.

Estaba parado frente al espejo esperando encontrar algún desperfecto con su figura. Habían pasado más de treinta minutos desde que se había vestido, pero la incertidumbre y preocupación consumían su cabeza impidiéndole sentirse seguro de su aspecto.

Se acomodó los anteojos y suspiró. Esperaba no parecerle feo a su amiga.

Se arregló por cuarta vez la chaqueta café que tenía puesta y con un largo asentimiento de cabeza, se giró y salió de la habitación.

Caminó perturbado hacia la sala común, eran veinte minutos antes de lo acordado y sabía que aún tenía largo tiempo para comerse la cabeza de los nervios.

Cuál fue su sorpresa al encontrarla de pie frente a la chimenea consumida. Le daba la espalda a los dormitorios, y por un momento, y uno muy cobarde, quiso dar media vuelta y huir alegando sentirse enfermo. Temía no ser bueno en las relaciones y echar a perder la amistad cómplice que poseía con esa castaña.

Pero no pudo. Una vez más, la imagen espectacular de su mejor amiga lo dejó sin aliento y con los ojos abiertos de la sorpresa.

Ese día se veía particularmente hermosa. No llevaba su acostumbrado uniforme impecable sino una falda larga de color café claro y una hermosa blusa de tirantes blanca. Lucía en sus pies unas sandalias de color ocre y su cabello lo traía agarrado en una coleta baja que sobresalía por su hombro derecho.

Y aunque el clima no era especialmente cálido, su amiga parecía fresca y cómoda de esa manera.

Le tocó el hombro un poco ensimismado y cuando sus ojos esmeralda chocaron con los avellana de ella, la sonrisa de su rostro le pareció insuficiente.

- Supongo que ambos bajamos temprano... – murmuró la castaña con un rubor en las mejillas. Harry la miraba con tal admiración que la avergonzaba. Se mordió el labio inferior y fue su turno para admirarlo.

Su cabello algo menos despeinado que siempre, sus ojos brillosos tras esas gafas redondas, sus labios perfectamente curvados en una sonrisa. Su camiseta blanca con un estampado negro y sus pantalones oscuros que caían perfectamente por sus atléticas piernas.

Ambos se quedaron en silencio por unos minutos y Hermione se sintió muy nerviosa al notar la piel de la mano de su amigo en su hombro.

- Te ves hermosa, más que de costumbre... – susurró muy cerca. A la castaña se le aceleró el corazón y pensó que ese chico pelinegro era alguien extremadamente tierno.

- G-gracias, tú también luces genial... – comentó mientras mordía su labio con nerviosismo.

Harry soltó una risa juguetona, y el cálido y fresco aliento de su amigo le golpeó el rostro con delicadeza.

- ¿Bajamos a desayunar? – preguntó la castaña removiéndose incómoda y separándose un par de pasos del pelinegro.

- No

- ¿No? – preguntó tontamente- ¿Por qué no?

- Porque desayunaremos en Hogsmeade... – respondió con una sonrisa.- ¿Está bien?

- Claro, no hay problema...

Ninguno de los dos mencionó a sus otros amigos durante el trayecto a los carruajes. Harry abrió la puerta de un carruaje que estaba detenido y supuso que casi ningún estudiante salía tan temprano al pueblo, generalmente desayunaban en el castillo.

En el trayecto a su destino, ambos jóvenes intercambiaron pocas palabras pues, para intriga de los dos, el nerviosismo se hacía presente una vez más y las dudas de llevar más lejos su relación, perduraron en sus mentes hasta entrar en la enorme cafetería.

- Las Tres Escobas luce más solitaria por las mañanas...

- Es verdad... – dijo examinando el lugar, casi no había nadie y gracias al gran tamaño del lugar éste lucía algo sombrío. Iba a comentar algo para comenzar una conversación, pero la voz amable de Madame Rosmerta lo distrajo.

Ordenaron algo ligero para desayunar y esperaron callados y distraídos a que llegaran sus órdenes. Harry se sintió incómodo durante el lapso silencioso y estrujó sus manos sobre sus piernas.

- Y... ¿A dónde te gustaría ir?

Hermione se mordió el labio inferior y desvió la mirada. Sus ojos se posaron en la ventana y a través de ellos alcanzó a mirar la silueta de una persona merodeando por ahí. Frunció el ceño y sus ojos se volvieron a conectar con los de Harry.

- Me han dicho que las bebidas de Madame Tudipié son especialmente buenas... – dijo no muy segura.- Nunca he ido...

Harry la miró horrorizado. Su experiencia aterradora de quinto año con Cho Chang nunca se le borraría de la memoria.

- Ehh... no creo que sea buena idea... – dijo algo incómodo.- Porque mejor no vamos a caminar por ahí y luego venimos a comer aquí... ¿te parece?

Harry se sintió algo mal al ver la mirada decepcionada de su mejor amiga, quiso decirle que si ella realmente quería visitar ese cursi y horripilante lugar estaba bien para él. Pero no fue capaz de hacerlo.

Cuando sus pedidos llegaron, ninguno de los dos fue competente de hablar por un rato. La castaña desvió de nuevo su atención a la ventana sin percatarse que las grises nubes se esparcían por el cielo.

Harry se ofreció a pagar los desayunos en cuanto terminaron, y después de una breve discusión sobre el tema, la castaña terminó aceptando la amabilidad de su amigo.

Caminaron durante un par de horas por las calles del pueblo que ya empezaba a tener más gente por los alrededores, curioseando por las tiendas y hablando de cualquier cosa, hasta que una de las tiendas le dio una idea al pelinegro.

- Vamos a Honeydukes, ¿si? – la castaña asintió con una media sonrisa y juntos caminaron hacia la entrada. Divisaron a un par de compañeros y supusieron que los alumnos ya habían llegado.

Harry se adelantó un poco para abrirle la puerta a su amiga y volteó a verla con una sonrisa que al instante se borró para transformarse en una mueca de fastidio.

- Que hay, niño, Hermione – saludó la voz que en esos momentos se le hizo la más rastrera y molesta que podía existir.

- ¿Adam? – preguntó la castaña desconcertada. El castaño se acercó a ella y le pasó un brazo por los hombros desestabilizándola.- ¿Qué haces aquí?

- Bueno, era salida al pueblo, me apetecía tomar un respiro... – respondió con simpleza. Algo en su manera de hablar encendió el foco de alerta interior de la castaña.- Espero que puedan acompañarme, no conozco muy bien, así que...

- Adam...- rebatió Hermione de repente. Lo miró con el ceño fruncido y el ángel acrecentó su sonrisa a algo sumamente malicioso.

- Bien, gracias...- dijo sin dejar que ninguno de los dos hablara. Se adelantó a la tienda con una mueca de satisfacción y al ver que ninguno lo seguía, se giró.- ¿Vienen o qué?

Entonces la castaña pensó que esa noche iba a matar a alguien.

Y no fue la única.

oOoOo

En cuanto estuvieron adentro, Hermione, disculpándose con Harry un momento, fue directamente y tomó el brazo del castaño con brusquedad, lo llevó detrás de una estantería y lo encaró con el ceño completamente fruncido.

- Me puedes explicar ¿qué de-rayos haces? – preguntó alterada. Adam la miró con indiferencia.- Estás arruinando mi cita, salida o lo que sea esto... lo prometiste, Adam, dijiste que te comportarías...

- De hecho, Hermione, yo no dije nada... tu asumiste mi silencio...- se inclinó hacia ella un poco y la castaña inclinó su cabeza hacia atrás.- Además, se supone que no debo dejarte sola...

- N-no estoy sola...- aseguró. Hubiera querido que no le temblara la voz. Pero su maldita cercanía. ¡Dios!

- El niñito no cuenta para mí...

- Adam, no es-

- Sólo un rato, Hermione, luego desapareceré... – prometió.

- Eso no es cierto, te vea o no siempre estás escondido espiándome...

- Bueno, lo intenté. Además no te espió, te vigilo.

La castaña bufó y lo empujó con el hombro débilmente. Se encontró con Harry y le susurró unas palabras, el pelinegro asintió desganado y la ojimiel se disculpó con la mirada.

Adam endureció su expresión y miró las estanterías. Se suponía que la iba molestar TODO el día.

¡Rayos, se sentía tan patético!

Volteó a verlos y sonrió de medio lado al ver lo cursi que se veían.

El pelinegro, a pesar de su enfado (y él lo sabía por el relampagueo de sus ojos), le estaba regalando a la castaña una rosa de dulce. Y los dos, patéticamente, sonreían con cursilería.

Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro y a paso firme y arrogante se acercó a ellos. Se colocó entre los jóvenes que lo miraban confundidos y dirigiéndole al pelinegro una sonrisa burlesca se giró hacia la castaña.

- Mira, ¿qué es esto? – le arrebató el dulce a la castaña y antes de que ninguno pudiera hacer algo, se lo llevó a la boca y se lo comió rápidamente. – Puaj, esto sabe horrible... – y no mentía.

Hermione tuvo que cerrar los ojos para no golpearlo. Tomó el brazo de Harry, que tenía el rostro contorsionado, y se lo llevó antes de que él perdiera la cordura y golpeara a su guardián.

- Salgamos de aquí...- murmuró entre dientes.

Cuando el clima otoñal les golpeó el rostro, ambos pudieron relajarse.

Harry jaló la mano de su amiga y se alejaron de ahí a paso firme.

El castaño se quedo parado en la entrada mientras los observaba irse. Se metió las manos a los bolsillos y escupió el pegajoso dulce que tenía en la boca. Su mirada estaba seria y sus facciones arrogantes se percibían elegantemente en su rostro.

Hermione giró la cabeza temiendo que los siguiera y le pareció extraño verlo parado sin intenciones de hacerlo. Entonces, Adam la miró intensamente a los ojos y se marchó. Y Hermione pudo suspirar tranquila. Agradeció internamente el cambio de actitud del ángel.

- Harry, ya no nos sigue... y sin ofender, tienes las manos pegajosas...- El pelinegro la soltó rápidamente y le dirigió una mirada de disculpa.- Siento lo de Adam, no se qué le pasa...

- ¿No se te ha pasado por la mente el que este celoso de mí?

- No, claro que no... él es así, algo especial... – Harry la miró no muy convencido y se encogió de hombros.

- Bueno... ¿Te parece si vamos a comer? – le preguntó mientras miraba su reloj.- Es casi la una...

- Vaya, ¿Tan rápido? – Harry asintió.

Caminaron hasta regresar a Las Tres Escobas y grande fue su sorpresa al encontrarse a la menor de los Weasley parada en la entrada.

- ¡Ginny! – saludó la castaña al verla. Ginny se giró al escuchar su nombre y frunció el ceño al verlos juntos. Hermione notó algo extraño en su mirada y quiso, vanamente, ignorarlo.

Cuando llegaron a su lado, un ambiente incómodo se formó entre ellos.

- Hola, chicos... veo que era cierto lo que decían...

- ¿A sí? ¿Y qué decían? – preguntó el pelinegro con los ojos entrecerrados.

Ginny los miró con una extraña mueca y suspiró largamente. Evitó mirarlos y jugó descuidadamente con su cabello.

- Que eran novios... – murmuró. Hermione abrió los ojos impresionada y se sonrojó visiblemente. Harry chasqueó la lengua.

- Pues, oficialmente no somos nada... ehh...- tragó saliva incómodo.- Ya sabes como son los chismes... ¿Por qué mejor no entramos? – preguntó para cambiar de tema. Eso, definitivamente, era algo que no quería discutir todavía.

Ingresaron en un silencio incómodo y buscaron una mesa disponible. El lugar a esas horas estaba lleno y les costó trabajo acomodarse.

- ¿Vienes sola? – preguntó la castaña para iniciar una conversación. Ginny frunció los labios algo ofendida.

- No, espero a Colin, ¿te había dicho que estamos saliendo?- dijo con un extraño tono de voz. Harry se removió nervioso en su lugar. La castaña frunció el ceño e hizo una mueca indescifrable.

- Si, me lo comentaste... – observó de reojo al pelinegro y suspiró. Eso no estaba yendo muy bien. Miró alrededor buscando a la cantinera y cual fue su sorpresa al encontrarse a un rubio observándola. Le saludó con la mano y él respondió el gesto con una media sonrisa.

Harry se dio cuenta de eso y el extraño pero conocido ardor en el estómago se hizo presente.

- Voy por las bebidas...- murmuró entre dientes. Hermione intentó sonreírle pero el pelinegro se levantó tan rápido que no alcanzó a mirarla. Lo siguió con la mirada hasta que llegó a la barra pero la voz de su amiga la distrajo.

- ¿Cómo va la cita? – preguntó con una sonrisa forzada, Hermione ni lo noto.

- Creo que bien... – dijo suspirando. Observó de nuevo hacia la barra pero no lo vio. Sintió que alguien la observaba y desvió su mirada para toparse con unos ojos grises. Draco parecía tener intenciones de acercarse y ella rogó internamente que no lo hiciera.

Entonces, Harry se acercó con las bebidas, pero antes de que llegara, chocó contra uno de los meseros y todo lo que llevaban ambos cayó sobre él.

Cerró los ojos mientras escuchaba el quebradero de vasos cuando éstos chocaban contra el suelo y sintió su cabello y camiseta mojados. A su espalda escuchó la risa de alguien y de inmediato quiso romperle la cara a ese rubio oxigenado.

Su, sólo por ese día, decente peinado se convirtió en algo pegajoso sobre su cabeza. Alguien lo jaló de la mano, él supuso apartándolo del desastre, y le quitó las gafas. Harry escupió algo de líquido que había ingerido y el amargo sabor del Whisky en combinación del dulce sabor de la cerveza le quemó la lengua.

- ¿Estás bien? – le preguntó la voz de su amiga.

- Estoy completamente mojado y huelo a borracho...- le contestó mientras se pasaba una mano por los ojos. Alguien a su lado estaba repitiendo muchos: "Lo siento". Y la risa de Malfoy sonaba a través del silencio formado. Suspiró mientras abría los ojos y se chocaba con la mirada preocupada de la castaña.- Creo que iré al baño... – dijo sin realmente verla. Se sentía patético. Esto definitivamente estaba arruinado.

La castaña quiso decirle algo pero no supo qué.

El pelinegro se lavó la cara mientras se miraba en el espejo. Se secó con enfado el cabello y notó que éste quedaba tieso y seco. Se pasó la mano por él intentando peinarlo pero fue inútil.

Suspirando, se quitó la camiseta y la lavó en el lavamanos, la secó con cuidado pero el olor a alcohol dulce no se le quitó.

Se la colocó con brusquedad y notó que la mancha café no se había borrado. Secó sus pantalones con su varita y agradeció a todos los dioses que conocía el no haber traído puesta su chaqueta.

Cuando salió torpemente del baño tuvo la intención de decirle a Hermione que salieran de ese lugar, se disculparía y le diría que era mejor marcharse al castillo. Eso ya no iba a mejorar de ninguna manera. Y estuvo completamente seguro de ello cuando la miró.

Estaba sentada conversando animadamente con Malfoy, reían por algo que él había dicho y Ginny ya no estaba en la mesa.

Se pasó de nuevo una mano por el cabello y decidió marcharse él solo.

Caminó hacia la salida enfurecido con él mismo y creyó escuchar como alguien gritaba su nombre pero lo ignoró olímpicamente.

Se dirigió a los límites del pueblo sin ser conciente que sus pies lo guiaban hacia los inicios de la casa de los gritos y se detuvo frente a ella cuando finalmente se percató de ello. Había más escombros de los que recordaba y todo en el alrededor estaba cubierto por matorrales secos que ocultaban el suelo. Algo crujió bajo sus pies, pero él se encontraba tan ensimismado que no se percató de este pequeño hecho.

oOoOo

- ¡Harry! – gritó, pero el pelinegro pareció ignorarla. Se giró con el rostro descompuesto para disculparse con Draco pero éste ya estaba de pie.- Draco, lo siento, tengo qu-

- Lo sé, preciosa, lo sé... y cuando veas a Potter...- Levantó una mano y le acarició el rostro. Borró una traviesa lágrima que rodó por la mejilla de la castaña y sonrió.- Rómpele la cara de mi parte...

Hermione soltó una risita que se ahogó con el nudo que tenía en el pecho y salió corriendo tras su amigo.

No fue difícil saber donde estaba. Ese lugar que tantos recuerdos les traía y que tantos secretos guardaba.

De reojo vio como su guardián la vigilaba y levantó una ceja burlona al verla sola. Un relámpago tronó en el cielo y ella aceleró el paso.

No fue difícil reconocerlo parado frente a la estructura abandonada. Su silueta estaba relajada observando con añoranza aquel lugar. Aminoró su paso hasta quedar a un par de metros de distancia y también observó la Casa de los Gritos.

Suspiró brevemente y lo llamó suavemente.

- Harry...

El pelinegro se giró sabiendo desde un principio que ella lo había seguido. Otro relámpago sonó con furia en el cielo.

- Creo que este día no salió muy bien... ¿verdad? – musitó sin mirarla.

- No, creo que no...

- Y-yo lo siento, Hermione, quería que fuera especial y creo que lo arruiné...

La castaña se rió levemente.

- No seas tonto, Harry... nadie tuvo la culpa... – le aseguró.- sólo pasó y ya...

- Supongo que tengo mala suerte...

- Tenemos...

Harry sonrió y otro relámpago sonó.

- Hasta el clima está en nuestra contra... – dijo mirando el cielo levemente nublado. Hermione avanzó lentamente hacia él.

- Supongo que tendremos otras oportunidades para probar que podemos tener una buena cita...

Harry la miró sorprendido y le sonrió.

- Vaya, admiro tu valentía...- dijo con una mueca graciosa. Hermione avanzó otro paso hacia él.

- Por algo estoy en Gryffindor.

- Supongo que sí. Pero me gustaría llevarte a algo más normal... ¿tú crees que si vamos al cine la suerte esté de nuestra parte?

- Posiblemente no...

- Si, yo también lo creo.- dijo suspirando y la castaña avanzó uno de los dos pasos que le quedaban por llegar al ojiverde. Se miraron a los ojos y otro relámpago tronó sobre ellos.

Entonces, sin esperarlo siquiera, debajo de ellos crujió la madera desgastada y vieja de la entrada y con el último relámpago antes de la tormenta, los sucesos siguientes ocurrieron casi en cámara lenta.

Ambos cayeron a un pequeño hoyo que se formó por la madera rota y la lluvia los alcanzó con la fuerza de algo que estaba clamando por salir.

Hermione cayó sobre el ojiverde sacándole el aire de inmediato. El polvo se mezcló con la lluvia y ambos se llenaron de barro espeso y viscoso.

- ¿Estás bien? – preguntó la castaña en cuanto se recuperó del susto. Harry asintió levemente con la cabeza y se acomodó los lentes que se habían corrido hacia un lado. La lluvia impedía que visualizara el rostro de su amiga con algo de nitidez, así que colocó una mano sobre su cabeza como vano intento de hacerlo.

- ¿Qué rayos era esto?

- Parece como el camino de madera que dirige a la puerta de entrada, como no es muy profundo supongo que sólo lo construyeron por estética... – dijo mientras se incorporaba lentamente e intentaba quitarse el barro de la cara.

- Si... – ambos se incorporaron con dificultades y salieron del hoyo de medio metro que se había formado.

Harry giró su rostro al cielo y maldijo de nuevo al percatarse que ya nada podría arruinar más ese día. Se quitó su chaqueta y aunque estaba completamente empapada, la puso sobre los hombros de su amiga.

- ¿Qué dices si nos vamos de aquí?

- Me parece la mejor idea de este día... – gritó para hacerse oír sobre la lluvia. Una de sus sandalias se había roto y tuvo dificultades para caminar.

Sin embargo, al llegar a los carruajes y ver que no había ninguno disponible, ambos rieron.

Porque en ese día ya nada podía ser peor.

- Harry me comentó que les había ido muy mal... creo que se tuvieron que venir caminando o algo así...

- No lo parece... – gruñó entre dientes.

Ron observó a su hermana con el ceño fruncido pero regresó rápidamente su vista hacia sus amigos.

Eran las once de la noche y ambos estaban sentados en el sillón de la sala común con una manta encima y la chimenea crepitante frente a ellos.

Y aunque las sonrisas eran casi imperceptibles, parecían felices.

Y no es que Ronald Weasley fuera ciego o algo por el estilo como para no ver sus rostros. No. Era simplemente que sus amigos parecían querer comerse el uno al otro, pues parecían no tener la necesidad de respirar para vivir.

Y cuando dejaron de besarse por unos segundos, el pelirrojo pudo oír perfectamente sus risas ahogadas. Hizo una mueca de asco al comprobar lo empalagosos que eran, y mientras, miraba a su amigo abrazar a la castaña para besarla de nuevo, y sólo fue conciente de todo lo demás cuando su hermana salió como un vendaval hacia su habitación.

Les dirigió una última mirada a sus amigos y subió perezosamente las escaleras.

Quien diría que los estragos de una cita tuvieran resultados tan... recreativos.

o

oo

ooo

oooo

ooooo


¡Hola!

Bueno, les debo la disculpa más grande de toda mi vida. Y aunque no tengo muchas excusas, tengo que reconocer que uno de los tantos obstáculos para actualizar fue los horrores que pasé para escribir este capítulo.

Además, la escuela, Dios. Mió.

Parece como si no quisieran que saliéramos. Estamos a menos de una semana de salir de vacaciones y los maestros creen que somos máquinas para hacer tareas. Mañana tengo una presentación en San Diego representando a mi escuela (a la cual por cierto no quería ir) y me estoy muriendo de los nervios por que debo presentar una mini empresa el próximo lunes y debo entregar un proyecto de química. Ah, súmenle mis exámenes parciales del último mes. Y mis exámenes finales si gustan agregar.

He estado verdaderamente ocupada y debo decir que lo estaré para el próximo capítulo. Se me viene encima mi graduación y todo lo que ésta conlleva.

Y bueno, el capítulo. Sé que me salió horriblemente cursi, pero ya me había cansado de alargarlo tanto. Y la verdad no me gustó mucho, no pasa nada interesante, sólo breves actitudes de los personajes. Draco más lanzado. Adam enojado. Harry y Hermione patéticamente torpes. Ginny celosa. Ron asqueado. En fin.

El próximo capítulo tiene algo sumamente impactante-importante, y supongo que muchos esperan eso. Además hay miedo por parte de dos personajes. Más relatos. Sólo les diré que el capítulo se titula: "Lazos".

Bueno, espero y me comprendan. Si gustan mandarme un vociferador, lo entenderé. Si me regañan, lo entenderé. Lo juro. Gracias a los que me esperan. A los reviews anónimos y a las personas que siguen apoyándome, no saben todo lo que eso significa para mí.

Muchos saludos, un abrazote y muchos besos.

Su amiga: DarkGranger.