Una profecía de los cielos
Draco Dormiens Nunquam Titillandus
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19.- Miedo
El amor es como un violín. La música podrá detenerse ahora y después, pero las cuerdas lo recordarán por siempre.
"Vivir con miedo es vivir a medias. "
- ¡Hey! ¡Harry! – gritó una voz. El chico se detuvo a mitad del pasillo pero no se giró temiendo encarar a su mejor amiga. Su comportamiento evasivo afligía a la castaña más de lo que él mismo quisiera. Suponía que era el momento de hablar un poco.
- Hola - murmuró el chico débilmente. Hermione frunció el ceño.
- ¿Te pasa algo? He notado que actúas diferente... como si algo te preocupara.
Harry desvió su mirada hacia las puertas entreabiertas del gran comedor y suspiró profundamente.
- No me pasa nada... ¿De acuerdo? Estoy un poco atareado, nada más...
- Harry... – suspiró sin convencerse.- ¿Acaso no confías en-
- No sigas, Hermione – advirtió Harry frenándola con delicadeza.- Sabes perfectamente que mi confianza está completamente puesta en ti. No me pasa nada. ¿De acuerdo?
- ¡Honestamente, Harry! Sabes mentir muy mal, sobretodo si intentas mentirme a mí. – dijo con tono cansino. Harry sonrió un poco. Hermione lo miró por unos largos segundos.- Harry yo-
- ¿Vamos a desayunar? Estoy hambriento... – cortó Harry sin mirarla. Las intenciones de cambiar de tema no pasaron desapercibidas para la castaña. Ella suspiró y asintió con resignación.
Entraron en silencio hasta sentarse en su mesa. Hermione frunció el ceño al notar una mirada sobre su espalda, se giró para saber quién la miraba y se llevó una sorpresa al encontrarse con dos ojos grises que la miraban fijamente. Le sonrió nerviosa mientras lo saludaba torpemente con una mano y Draco sólo le dirigió una media sonrisa a modo de saludo.
Tragó saliva al notar su escrutinio y regresó su atención al desayuno percatándose de que sus amigos la habían estado observando. Ron le frunció el ceño mientras Ginny le enviaba una picara mirada. Se sonrojó violentamente al notar sus cejas sugestivamente levantadas.
Harry la miró unos segundos sin expresión aparente y con un suspiró regresó su mirada a su desayuno intacto. Hermione iba a preguntarle algo cuando Adam se sentó a su lado. Excesivamente cerca de su lado.
- Buenos días... – dijo ella en cuanto se giró para mirarlo. Adam se llevó un pedazo de pan a la boca y la miró sin decir nada.
- Hola... - respondió mientras masticaba la comida con elegancia.- Sabes... necesito hablar contigo un momento...
- Tú siempre necesitas hablar conmigo un momento... – suspiró la castaña. Adam sonrió con arrogancia.
- Si, y es importante... y lo sé, siempre es importante... – se adelantó a sus posibles reproches. Hermione suspiró rodando los ojos con impaciencia y agarró su vaso para tomar un poco de zumo de naranja, en eso, Adam le arrebató la bebida y se tomó el contenido de un sólo trago.- Te espero afuera... y no tardes.
Hermione lo miró con la expresión indignada y después dirigió su mirada al vaso ahora vacío que sostenía en su mano, permaneciendo en completo mutismo y con los ojos entrecerrados. Ginny se rió en silencio y Ron frunció el ceño de nuevo.
- Toma... – Harry le tendió su vaso lleno de zumo y luego se levantó sin mirarla. Hermione cambió su expresión a una más preocupada y se levantó ella también.
- Harry...
- Voy por unas cosas a mi habitación... – dijo entonces y le sonrió levemente. La mirada esmeralda pareció brillar por unos segundos.- Nos vemos en clase...
- Te-
- No, está bien. Iré solo. – Harry la miró largamente y le acarició la mejilla dulcemente, apenas tocando su pómulo con un dedo. – Nos vemos en clase - repitió.
- Si...
OoOoO
Adam estaba recargado contra la pared de piedra del pasillo que daba a la puerta principal del castillo cuando Harry cruzó la estancia en dirección a su habitación. Sus ojos, ese día más azules que plateados, brillaron al seguir su silueta por el pasillo. Apartó la mirada al sentir una presencia a su lado e hizo una inclinación, breve y elegante con la cabeza. El chico de ojos grises le respondió de la misma manera y se plantó a su lado.
Se quedaron en silencio por unos segundos hasta que la silueta de Hermione salió de las puertas abiertas del Gran Comedor.
- Adam... ¿Has vis-? ¿Draco? ¿Qué haces aquí? – preguntó con el ceño fruncido. El castaño la miró fijamente hasta que suspiró.
- Viene con nosotros - respondió el ángel con voz neutra.
- ¿A dón- ¡¿Qué?! – preguntó la castaña con un tono alarmado.
- Oye, Granger, antes que nada quiero que sepas que... de alguna manera quiero ayudar para que esta guerra termine... – aseguró Draco arrastrando las palabras con soberbia. Hermione lo ignoró posando toda su atención en su guardián.
- ¿Qué diablos hiciste? – le reprochó enojada. El rubio frunció las cejas y Adam tensó todos los músculos de la cara. A la castaña poco le importó haber cometido un error de vocabulario, pero lo tuvo presente para seguir hablando. - ¿Adam qué rayos hiciste?
- Vendrá con nosotros, necesitábamos a alguien con experiencia en magia negra y él se me hizo el mejor candidato para la tarea... le conté todo...– respondió con tranquilidad y altanería. Hermione le dirigió una mirada furiosa.- Hermione, no espero tu afirmación, te lo estoy informando...
- Draco, déjanos solos... – susurró la castaña con voz fría.
- Granger, también quiero que escuch-
- ¡Draco, déjanos solos, por favor! – exclamó. Draco se mantuvo impasible pero asintió con la cabeza y pasó entre ellos en dirección a su sala común. Antes de alejarse completamente de ellos, tomó a Hermione por un brazo y la acercó a él. El ángel entrecerró los ojos mientras su rostro demostraba frialdad intensa.- Está bien, pero quiero que me concedas tu tiempo después... yo también quiero hablar y dar mi aportación en esta discusión...
La chica apretó la mandíbula pero asintió. Draco la soltó sin dejar de mirarla y luego se alejó con arrogancia.
Cuando su silueta se perdió de vista, Hermione tomó al castaño de un brazo y lo llevó a los terrenos del colegio. Se acomodaron cerca de un árbol junto al lago y la castaña soltó su brazo con brusquedad.
Cuando estuvieron de frente nuevamente, los ojos miel de la castaña desprendieron rabia e indignación.
- ¡No puedo creer que hicieras eso! ¡Deberías haberme preguntado! ¡Maldición! – profirió con desagrado. Se masajeó las sienes con las puntas de los dedos y se mantuvo lo más prudentemente alejada del cuerpo de su guardián. Temía golpearlo.
- Para hacer mis decisiones no necesito de tu consentimiento, castaña...
- ¡NO! ¡No para TUS malditas decisiones! ¡Sí para las que me involucran a MÍ y a MIS amigos!
- No me interesa lo que pienses, necesito a Draco Malfoy de NUESTRO lado... – susurró Adam con voz trémula y una mueca de desagrado cruzó su rostro.
- ¡Draco Malfoy está de nuestro lado, imbécil! ¡Dime la maldita verdad, Adam Hellsing, ¿Por qué quieres que vaya?! – gritó fuera de sí. Su guardián no comprendía la situación. No podían exponer a más gente a una posible muerte. Con ellos era suficiente, ya no necesitaba más. Por Merlín. – No te has puesto a pensar en absolutamente nada... ¿verdad? ¡¿No te has puesto a pensar que mis amigos no se llevan bien con él, que se pelean y agraden todo el tiempo?! ¡NO! ¡Por supuesto que no!
- Cálmate...
- ¿Cómo quieres que me calme? ¡Eres un ángel, maldita sea! ¡Te crees superior a todos! ¡Te crees perfecto! ¡Y acabas de cometer una estupidez! – reprochó enojada. Respiró profundamente tratando de alejar el malestar que le había causado la noticia pero no dejó de mirarlo con furia.
- Castaña, tranquilízate... – le respondió sin alterarse pero contorsionó los músculos del rostro para mantenerse pasivo.
- Adam... por Merlín... ¿No te es suficiente arriesgar a las personas que más me importan? ¿Tienes que agregar a más? – susurró. Su respiración era irregular pero profunda.- No puedes jugar con la vida de todo el mundo, Adam... por Dios. Dime por qué quieres llevarlo...
Adam la miró con el rostro descompuesto. Sintió que ese arrebato de furia tenía un mensaje oculto, un mensaje pidiendo ayuda, pidiendo comprensión. Ella no quería involucrar a nadie en su situación. A nadie.
Su debilidad lo aturdía y sintió el pesó de la culpa caer sobre sus hombros. Sintió la atrayente tristeza que el cuerpo de la castaña emanaba. Sintió su preocupación, sus sentimientos confundidos. Su dolor. Y no le gustó.
Pero era tarde y no le iba a mentir.
- El día que te atacaron los demonios en ese lugar para magos... Perseus... él quería matarlo...- susurró. Se acercó a ella y levantó su turbada mirada para que encarara sus ojos plateados.
- ¿Por qué querría hacer eso? – preguntó ella preocupada y con la voz temblorosa.
- No lo sé, pero quiero saberlo... y no te mentí, Hermione, Avalón es una isla llena de magia negra... mi magia es más que una simplicidad como esa, y temo decir que necesito estar preparado para cualquier cosa... siento la magia, pero muchas veces no comprendo la que es humana... – la miró a los ojos mientras hablaba en susurros y suspiró.- Te prometí que nada te dañaría... ahora te prometo que nada dañará a tus amigos, no permitiré que sufras por nada...
- Adam... no lo entiendes, tú también me preocupas... incluso más que ningún otro, eres el que más riesgo corre...
- No seas tonta, Hermione... preocúpate por ti misma. No estoy solo. – aseguró con una sonrisa torcida.
- Pero...
- Tus amigos estarán bien, tú estarás bien... pero no te puedo prometer no poner en riesgo mi vida por cumplir eso... necesito que lo entiendas. – le susurró limpiando con un dedo una lágrima que se deslizo por su mejilla. Miró la gota salina por un momento y la deshizo entre sus dedos hasta hacerla desaparecer. – Lo siento...
Le acarició el rostro, bajando por su brazo hasta enlazar su mano con la de ella. La miró directamente a los ojos por unos segundos hasta que se separó de su cuerpo y caminó pasando por su lado sin separar sus manos. Hermione no se volvió ni intentó detenerlo, sólo esperó. El castaño se fue alejando con paso tranquilo, con la mirada impasible, sintiendo la tensión de sus dedos unidos cuando sus manos tuvieron que soltarse. El brazo de la castaña cayó a su costado pero la chica no se volvió.
El castaño siguió caminando.
Alejándose de ella sin girarse. Calmado, sin expresión. Con las manos en los bolsillos.
Hermione miró el lago entonces, el horizonte recién iluminado por el sol que se iluminaba en la turquesa del agua. Su rostro sereno ahora, sin muecas, pero lagrimas resbalando por sus mejillas. Impasibles y cargadas de tristeza. Porque Adam daría su vida si fuera necesario.
Y eso no le gustaba. No quería perderlo a él también.
Y ahí, de pie mientras miraba el horizonte, los ojos azules de su hermano no se borraron de su mente perturbando sus pensamientos de una manera avasallante.
OoOoOoOoOoO
- ¡Harry! ¡Vamos, Harry! – gritó una voz infantil desde las gradas. El pelinegro dirigió su mirada hacía el lugar donde sus amigos los observaban entrenar y sonrió al ver las manitas de Alice y Anthony agitarse torpemente en el aire para saludarlo.
El chico respondió el saludo y le sonrió a Hermione que lo observaba situada en medio de los pequeños gemelos sosteniendo un libro en el regazo.
Ella le respondió al mudo saludo y en su rostro se delineó una sonrisa que acaparó totalmente su atención. Desvió la mirada un poco incómodo y observó de reojo como Adam, unos metros lejos de los demás, estaba medio acostado mirando el cielo con la cara aburrida.
Lo miró unos segundos en silencio y su rostro se tornó serio, después su atención regresó al entrenamiento y dividió al equipo para entrenar.
- Vaya, Hermione... ¡Esto es genial! Gracias de nuevo por invitarnos... me muero de ganas de jugar... – suspiró la pequeña con el rostro iluminado.
- Todavía te falta, Alice, y estoy segura que tu hermano y tú serán grandes jugadores... – comentó la castaña con una sonrisa. Regresó su mirada al libro que leía e intentó concentrarse de nuevo en la lectura. No pudo evitar mirar de reojo a su guardián y sonrió con satisfacción y regocijo al ver su semblante exageradamente hastiado.
- Vaya... ¿Quién es ese, Hermione? – le preguntó el pequeño Anthony. Hermione levantó de nuevo la vista y su cara reflejó una grata sorpresa al ver a su antiguo profesor de Defensa parado en la parte baja de las gradas mirando el entrenamiento con atención.
Adam también lo miró y levantó una ceja con indiferencia, observó como la castaña se levantaba y bajaba las gradas rápidamente. Resopló con enfado y se levantó con pereza caminando tranquilamente hacia donde se dirigía su castaña protegida. Les dirigió una mirada de advertencia a los pequeños gemelos pero ellos parecieron ignorarlo sonriéndole con alegría. Adam rodó los ojos y llegó a la parte baja viendo como Hermione abrazaba al hombre de pelo castaño oscuro, ojos miel con mirada intensa pero con el semblante cansado y algo demacrado.
- ¡Profesor Lupin!
- Hermione, por favor, llámame Remus, creo que hace mucho deje de ser tu profesor... – expresó el licántropo con la voz serena y una sonrisa que se plasmaba en su rostro. La castaña se sonrojó un poco pero se recompuso con una sonrisa.
- ¿Qué te trae al colegio? – Lupin suspiró antes de contestar.
- He venido a resolver unos asuntos de la Orden... vengo de hablar con el profesor Dumbledore. Pensé que sería bueno saludarlos y bueno... aquí me tienes.
- Me da mucho gusto verte, Remus, es una grata sorpresa...
- Lo mismo digo, Hermione, cada día estás más hermosa... Harry y Ron deben tener problemas con tus pretendientes... – le dijo de manera juguetona. La castaña se sonrojó violentamente y desvió la mirada avergonzada, concentrándose en el húmedo suelo del campo de Quidditch. Remus se rió con ganas. Adam carraspeó entonces, levantando una ceja ante tal muestra de camaradería.
- Oh, Remus, te presento a Adam... un amigo... – le dijo nerviosa. El licántropo lo miró largamente frunciendo el ceño de manera desconfiada. Adam no se amedrentó por la mirada, se la devolvió de manera fría luciendo su mueca de arrogancia con orgullo. Hermione carraspeó incómoda por el prolongado silencio, sólo entonces, Lupin tendió una de sus manos y el castaño se la estrechó con prepotencia, regresando el saludo de manera refinada.
- Mucho gusto, Adam.
- Lo mismo digo... – Adam mostró su soberbia de manera tan peculiar que obligó a la castaña a fruncir el ceño con desconfianza. El comportamiento poco amigable de ese maldito ángel, empezaba a irritarla.
- ¡Remus! – la voz de su mejor amigo resonó en sus oídos de manera repentina, los pensamientos escépticos acerca de su guardián pasaron a segundo plano y con una mirada furibunda e indignada le pidió que se retirara. Remus y Harry compartieron un largo abrazo mientras el castaño seguía observando asqueado la escena.
Finalmente, Adam se encogió de hombros de manera odiosamente despreocupada y con tranquilidad regresó a la lejanía de su lugar, se recostó de nuevo, pero está vez, sus ojos desconfiados no se movieron de las siluetas de las personas que, poco a poco, se aglomeraron alrededor de esa criatura no humana.
E ignorando la mirada de advertencia que lucía el rostro de la castaña, realizó una mueca de frialdad intensa demostrando el asco que sentía al ver a un miembro de la especie que en esos momentos estaba en su lista negra.
Licántropos.
Esperando quizás, un desliz en su comportamiento para poder atacarlo con motivos.
Al seguir observando, se dio cuenta con desilusión que quizás eso no ocurriría...
OoOoOoOoOoO
- ¡Hermione! Necesitas hacerlo más rápido... ¡Vamos, de nuevo! ¡Mantén los pies separados, el brazo extendido y...! ¡Ahora! – ordenó Adam con voz autoritaria. Hermione envió una estocada temblorosa contra la hoja de la espada contrincante y su cuerpo vibró por el golpe, trastabilló un poco hasta chocar con la pared y respiró rápidamente para recuperar el aliento.
- ¡Adam! ¡Espera...! Espera, espera... estoy agotada, muy agotada... – la castaña se dejó resbalar por la pared hasta caer al suelo con un sonido seco y la espada que anteriormente estaba en su mano, descansó junto a ella con elegancia. Se abanicó la cara con ambas manos y se secó la frente perlada de sudor con una toalla.
El castaño la observó en silencio mientras él mismo dejaba su espada sobre el cofre en el cual las armas reposaban tranquilamente y se cruzó de brazos sin tener signos de cansancio, sudor o apariencia agitada.
- Si sigues haciendo eso cada vez que entrenamos nunca estarás en forma... – le advirtió con tranquilidad.- Apenas eres capaz de mantener la espada firme...
- Jamás en mi vida había tocado una espada, señor perfecto, lamento no ser apta para el esfuerzo físico, pero esa siempre ha sido mi debilidad... – le respondió la castaña con acidez.
- Me doy cuenta de eso... – dijo mientras suspiraba cansinamente.- Es todo por hoy. Te veré en la ronda... – le dijo con despreocupación. Recogió su abrigo de cuero negro y se acomodó su arete y su collar de forma elegante. La miró de reojo antes de salir y atravesó el marco de la puerta con su andar orgulloso y arrogante.
La pregunta sobre el comportamiento de hacía un rato quedó sepultada en su cabeza al mirarlo alejarse.
En cuanto se hubo retirado, la habitación fielmente arreglada para su entrenamiento empezó a desvanecerse lentamente, al final, el salón con pocas bancas y un viejo escritorio de madera apareció frente a los ojos de la castaña. Ella lo miró por unos segundos para luego dejar caer su cabeza de manera repentina y cansada hacia atrás. Se golpeó levemente en la nuca e hizo una mueca de dolor...
OoOoO
Cuando por fin hubo regresado a la sala común después de haber tomado una larga y placentera ducha, su cuerpo pareció relajarse un poco, adolorida como estaba se sentó frente a la chimenea que parecía haberse encendido recientemente y se acomodó en el sillón de manera confortante.
En ese momento, Neville pasó a su lado con una maceta en la mano y Hermione lo saludó con la cabeza. El sonido chirriante y distorsionado de los alumnos que estaban por bajar a cenar era el único ruido que sus oídos escuchaban. Su mente estaba concentrada en relajarse en esos momentos. La tentación que había tenido de ir a la biblioteca se había disipado por completo. Movió sus ojos por la sala común, revisando el ambiente a su alrededor.
- ¡Seamus, Dean! ¿Han visto a Harry o a Ron? – preguntó la castaña a sus compañeros al verlos jugar una partida de ajedrez mágico en el rincón contrario de la sala común.
- Si, Ron estaba con Luna hace un rato, y Harry está en nuestra habitación ehh... hablando con Ginny... – respondió el moreno algo incómodo. Regresó la vista al tablero y Hermione escuchó una exclamación sorprendida por parte de su compañero al observar su... interesante derrota.
La chica se levantó con pesadumbre y se preguntó de qué estarían hablando Harry y Ginny.
Decidió subir a buscarlos y estaba a punto de tomar el pomo de la puerta cuando ésta se abrió repentinamente. La castaña dio un respingo sorprendida por el brusco movimiento y cuando estabilizó su cuerpo logró ver los rostros de sus amigos. Harry tenía el ceño fruncido y Ginny la miraba extrañada.
- Vaya... me asustaron... – murmuró la castaña al verlos.
- Hola, Hermione... ¿Qué hacías?
- Vine a buscarlos, quería saber si me acompañan a cenar...
- Claro, pero antes creo que tú y yo necesitamos hablar... – dijo Harry con un tono alarmantemente serio. Ginny arqueó ambas cejas.
- Es aquí donde sobro, con permiso.
Ambos guardaron silencio al verla atravesar el marco de la puerta. Harry miró a su mejor amiga invitándola con un gesto a que tomara lugar junto a él en la cama. Sin embargo, ella pareció darse cuenta que lo más prudente sería situarse frente a él para poder mirarlo a la cara de una manera más sencilla.
- Y... ¿de qué hablaban? – preguntó la castaña de manera despreocupada y con el tono más tranquilo que pudo encontrarse. Harry sonrió de lado esperando desde el principio esa pregunta, la miró directamente a los ojos, pero suspiró.
- Aún le intereso...
- Oh... – la castaña no supo qué decir. Había llegado a pensar que su amiga estaba realmente interesada en Colin, nunca le había dicho nada con respecto a su ruptura definitiva con Harry y en ese momento se sintió culpable por interponerse entre dos personas que habían sido muy unidas y que habían parecido ser el uno para el otro.- Yo... no sé que decir... nunca pensé que ella...
- Pero no hablamos de eso precisamente... – interrumpió Harry. Sus ojos color esmeralda brillaron intensamente tras sus gafas redondas.- Hablamos sobre ti...
La castaña se sorprendió ante la mención de su persona y le dirigió una mueca confusa.
- ¿Y sobre qué, exactamente? – preguntó sin rodeos. Un sentimiento confuso se aglomeró en su estómago y por primera vez en mucho tiempo, no supo distinguir la mirada que su mejor amigo le dirigía.
- Te va a sonar muy repetitivo pero... Hermione, sea lo que sea esto que tenemos, noviazgo, amistad abierta, lo que sea... debe terminar...
Por unos instantes creyó firmemente que aquello era mentira, pero el semblante serio e intranquilo de Harry advirtió a su cerebro que eso no era ninguna treta.
- ¿Qué? ¿Pero por qué? ¿P-paso algo malo? – preguntó la castaña con nerviosismo, por un momento creyó que ella había hecho algo mal.
- No pasó nada, Hermione... es siempre lo mismo... es siempre Voldemort... – murmuró tristemente. Se revolvió el cabello con las manos y su mirada turbada se desvió de sus ojos castaños.- Por un lado estoy feliz de no haberte pedido que fueras mi novia de manera oficial... hubiera sido más difícil...
- ¿De eso estaban hablando tú y Ginny? – preguntó ofuscada. Se levantó de la cama y se movió a la ventana con el rostro afligido pero enojado. En ese momento entendió la angustia que su mejor amiga debió haber pasado y se reprendió internamente por haberse dejado llevar y aceptar el intento de formar una relación con él.- Es estúpido Harry, y lo sabes...
- Para mi no es estúpido, Hermione... tengo miedo de perderlos, de perderte... – refutó con la voz apagada. Permaneció sentado sintiéndose como una escoria por hacerle eso a ella, pero sólo pidió comprensión a su situación.- Ponte en mi posición, Hermione, por favor...
- ¡Lo hago! – Exclamó girándose para encararlo.- Y lamento decirte que no lo entiendo... ¿Qué ganas con eso, Harry Potter? ¿Alejarme? Discúlpame si te digo que no lo lograste... ¿Intentas que corra menos riesgo? Entérate, Potter, te voy a acompañar hasta el final, seas mi novio o mi mejor amigo... incluso si en estos momentos me dices que me odias... Voldemort sabrá que te importo...
- Hermione, por favor... – repitió con un tono angustiado.
- ¡Harry, por favor! Ojala hubieras sido un estúpido desde el principio, entonces no te hubiera querido tanto... pero lamento bajarte de la nube, porque no es así.
El pelinegro se quedó callado. No sabía qué decir y sinceramente no quería decir nada. No la miró a los ojos y Hermione supo que no cambiaría de opinión, sintió como si alguien hubiera estrangulado lentamente a su corazón y quiso gritarle que ella corría peligro también y de una manera más peligrosa... pero no lo hizo. Sintió las lágrimas en los ojos pero no se permitió derramar ni una. Sería fuerte por los dos, porque en esos momentos su mejor amigo la necesitaba de esa forma, porque él estaba débil y perdido y ella debía ser la guía en su camino.
Salió de la habitación con paso tranquilo pero en cuanto lo perdió de su vista, una sola lágrima bajó por su mejilla perdiéndose entre sus labios.
OoOoOoOoOoO
- ¡Granger! – la castaña retrocedió sus pasos para encontrarse de frente con el rubio aristocrático y arrogante que se había convertido en un buen amigo para ella. Aunque lo cínico, manipulador y creído nunca se le iba a quitar.- Te he estado buscado... creo que necesitamos hablar sobre lo ocurrido el otro día.
- Todos necesitan hablar conmigo y con nadie he tenido una buena conversación, Draco... no creo que sea el momento – dijo entre suspiros. El rubio enarcó una ceja y la miró con los brazos cruzados.
- ¿Qué te hace pensar que conmigo será igual? – preguntó de manera arrogante.
- ¿Qué te hace pensar a ti que será diferente?
- Soy Draco Malfoy.
- Por Merlín, eso me brinda mucha tranquilidad, gracias Draco.- comentó con sarcasmo. El rubio frunció el ceño falsamente ofendido.
- Vamos, preciosa, te mueres por hablar conmigo...
- Estoy hablando contigo Draco, no seas tan soberbio, por Dios... – le dijo la castaña mientras rodaba los ojos.
- Me encanta tu actitud... hablemos... – dijo de manera resuelta. Su sonrisa torcida y muy seductora se dirigió directo hacia la castaña. Hermione sonrió mientras negaba de forma derrotada.
- Está bien, Draco... ¿Quieres saber la verdad? No me molesta tanto el hecho que vengas... Me molestó el hecho de que Adam no lo consultara conmigo, además tú aún no te llevas muy bien con mis amigos, le veo muchos problemas a está decisión.
- Pero te mueres de ganas, Granger, te encanta tenerme a tu lado...
- Pero... – continuó mientras lo ignoraba.- Creo que también encuentro muchas ventajas a tu presencia... dominas los hechizos de magia negra y serás de utilidad. Además, confío en que te comportarás con madurez y sabrás llevarte de forma adecuada con los demás... – finalizó con una sonrisa no muy convencida.
- Y tú te mueres de ganas de que yo vaya... – completó de nuevo mientras le sonreía de manera seductora.
- Dios mío Malfoy, tu ego está más alto de lo que yo pensé... – suspiró resignada.
- Aceptarás que vaya entonces...
- Si te comportas...
- Y me usarás porque me necesitas...
- Eso no fue lo que dije.
- Ahora no sé si aceptar su propuesta, no me agrada ser usado.- agregó mientras la seguía ignorando y un tono exageradamente melodramático brotó de sus labios.
- ¡Malfoy! – exclamó ofuscada.
- Ya entendí, iré, no te preocupes... – le guiñó un ojo de manera juguetona y le pasó un brazo por los hombros.- ¿Te acompaño?
Hermione suspiró largamente, pero sonrió mientras avanzaban por el pasillo.
- ¿Así es tu comportamiento con todas? – preguntó la chica enarcando una ceja.
- No me comporto así con nadie... pero tú eres especial. – le dijo de manera despreocupada. Su mirada se clavó al frente y su perfil perfecto la hizo parpadear varias veces de manera algo incrédula.
Hermione se sonrojó de repente y no supo definir la verdad tras las palabras dichas por el rubio.
OoOoOoOoOoO
- ¿Cuál era el asunto que trataste con Dumbledore, Remus? Has dicho que era con respecto a la Orden... – preguntó el ojiverde mientras caminaba a un lado del castaño observando el cielo levemente oscurecido.
- Así es... pero es algo de lo que no debes preocuparte... – respondió el licántropo con tranquilidad. Sus ojos de un intenso color miel examinaron el rostro del pelinegro para poder descifrar algún vestigio de molestia.
- Y decidieron no contármelo...lo sé, Remus... – respondió Harry con seguridad mientras se cruzaba de brazos y se recargaba sobre el árbol que tenía a su espalda. Su silueta tranquila sin alteración aparente hizo que el licántropo frunciera el ceño. – Y lo entiendo...
- ¿Te sucede algo, Harry? Tienes la misma cara pensativa que James solía exponer cuando estaba preocupado por algo... – cuestionó el castaño mientras tomaba una pequeña roca y la examinaba entre sus manos.
El pelinegro dirigió su vista al lago provocando que su cabello oscureciera levemente su rostro. Un amago de sonrisa apareció en su cara y él también tomó una roca entre sus manos.
- En mi vida todo me preocupa... – dijo y lanzó la roca hacia el lago. Rebotó dos veces con dificultad y luego su informe figura desapareció en el reflejo cristalino del agua.
- Eso no debería ser así... Además, debe haber algo que en estos momentos realmente te preocupa, y dudo seriamente que Voldemort esté implicado en tu actitud... – comentó el ex profesor mientras él mismo lanzaba la roca hacia el lago, ésta rebotó cuatro veces sobre la superficie dejando a su paso círculos hipnóticos que parecían danzar sobre el agua. Harry entrecerró los ojos.- Todo lo que necesitas hacer es seguir tu corazón, Harry, todo lo que hagas debe salir de ahí... él te guiará, no importa si es correcto o no, ese será tu camino... todo ser humano puede hacer lo que sea, por más lejos que esté la meta, siempre existe un camino para llegar a ella...
Remus le dio una palmada en la espalda y se alejó.
- Bueno, debo irme. Piensa lo que te dije... Adiós...
- Adiós... – se despidió el chico y miró alejarse a la silueta de la única figura patena que le quedaba.
- Harry... – el pelinegro dio un respingo ante la voz que pronunció su nombre y se giró para encontrarse frente al par de ojos castaños que rondaban su cabeza constantemente.
Se quedaron en silencio mientras ambos miraban el lago y Harry suspiró profundamente antes de coger otra roca entre sus manos y observarla atentamente.
Desvió su vista de nuevo, esta vez hacia el rostro de su mejor amiga y sonrió al ver el perfil encantadoramente adorable que tanto le gustaba de ella. Arrojó la roca de nuevo al lago y sonrió al observar la gracia del triple rebote que obtuvo sobre el agua cristalina.
Escucha a tú corazón...
Miró el atardecer que se presentaba ante ellos mezclando sus colores en un extraño conjunto que le pareció muy deslumbrante. El rojo y el amarillo se dividían eclipsando el azul intenso del cielo que se reflejaba aún. El sol se fue ocultando lentamente mientras las nubes blancas se cruzaban sobre las lejanas montañas. El leve brillo dorado de su último suspiro fue alucinante y el soplo del viento se llevó el último vestigio del día. El color naranja se reflejo sobre ellos y fue entonces, cuando el crepúsculo se expuso ante sus ojos, que decidió hablar.
- Cuando Ginny fue a mi habitación preguntándome por qué había buscado una excusa tan falsa para terminar con ella no supe qué pensar... ¿De verdad había sido falso? No... tenía mucho miedo de que le pasara algo, aún lo tengo... lo tengo por todas las personas a las que amo...
Hermione no lo miró pero bajó la cabeza clavando su mirada en la tierra húmeda sobre la que estaban parados.
- Entonces pensé en ti... de nuevo. Me pregunté lo mismo que cuando estaba con Ginny... ¿Y sabes una cosa? Fue peor...
- Harry... – suspiró la castaña sin amago de querer continuar.
- Supe que si te perdía sería mucho más doloroso... Y tuve miedo...
Se quedaron en silencio nuevamente y el silencio los abrazó con una tranquilidad confortante.
- ¿Qué es lo que viste? – preguntó la castaña de repente y al instante, Harry supo a lo que se refería.
- Mi peor temor no dista mucho del temor de Adam... son prácticamente lo mismo... – susurró y la miró intensamente.- Sólo que yo te miré sufrir, luego morir, a ti, a Ron, a Ginny... a todos, uno por uno. Pero tú... por Merlín, me dolió hasta el alma. Entonces no pude protegerme...
Hermione se acercó hasta quedar a unos centímetros de distancia y luego lo abrazó con fuerza.
- Harry, por Dios, sabes que todos corremos riesgos al pelear en esta guerra... – le susurró al oído.- No puedes intentar alejarme sólo por el miedo, eso es lo que quiere Voldemort, ¿sabes?
- Hermione... – susurró mientras desviaba sus ojos esmeraldas que en esos momentos brillaban con intensidad.
- Entiendes que no me voy a separar de tu lado, ¿verdad? – Se apartó levemente de él y lo miró a los ojos con la misma intensidad con la que él lo hacía.- No es suficiente con que te des por vencido... – una lágrima cruzó su mejilla pero la castaña se obligó a ser fuerte y no derramar más.- De verdad me estaba gustando esto... – sonrió con tristeza mientras se alejó de su cuerpo un poco más.
- Hermione...
- Creo que te entiendo... pero no puedo estar de acuerdo contigo, ¿me oyes? Estoy muy enojada en estos momentos, pero no me voy a apartar de tu lado, ante todo eres mi mejor amigo... – murmuró en un hilo de voz. Deseó con todas sus fuerzas que la voz dejara de temblarle tanto.
- Te quiero. – dijo entonces y la castaña lo miró sorprendida.- Y de verdad lo siento... – entonces, con el pesar de su destino y la angustia de un futuro incierto, la besó. Fue un beso dulce, tranquilo. Poseedor de muchos sentimientos.
Quizás el último beso que podría darle.
Y una sola lágrima resbaló de su mejilla mientras se separaba de ella.
- Pero si muero entonces será mejor así... – susurró. Hermione estuvo apunto de golpearlo pero estaba tan sorprendida que no tuvo las fuerzas para hacerlo.- Lo siento...
Le limpió el rostro mientras pensaba que había vuelto a fallarle... como amigo y como algo más. Pasó junto a ella sin atreverse a mirarla y rozó su mano en un último esfuerzo para disculparse, mezclando en el tacto su muda petición de una comprensión necesaria y llena de... agonía.
Y mientras Hermione miraba el anochecer, pensando en la ironía del momento, sintiendo el corazón atravesado y las lágrimas secas bajando por sus mejillas, el primer copo de nieve de ese año cayó sobre su mejilla confundiéndose con el líquido que brotaba de sus ojos. Cerró los ojos y el viento meció su cabello
Cuando sus ojos se abrieron nuevamente, el brillo desprendido de ellos era diferente.
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- Algo traman, a Harry parecía no importarle el hecho de que se le ocultara algo... ¿Sabes algo, Albus?
- No, pero creo que tiene que ver con el joven Adam. Pero te aseguro que con él ninguno de ellos corre peligro... o eso espero.- respondió el anciano mientras miraba la primera nevada de invierno a través de la ventana.
- Ese chico me pareció muy extraño... es diferente, su aura es dura, poderosa... – comentó el castaño mientras recordaba su encuentro de la tarde.
- Cuando llegue su momento lo comprenderás, Remus... te aseguro que ese joven esconde más cosas de las que ni siquiera yo soy sabedor. – le aseguró el anciano mientras lo miraba a través de sus anteojos de media luna. Remus lo miró también y decidió no hacer preguntas. Hasta el gran Albus Dumbledore tenía misterios entorno a su persona.
- Espero que sepas lo que haces, Albus. Aunque sabes que todos en la Orden confían en ti. – Dijo con firmeza y suspiró.- Bueno, debo irme, sólo pase a despedirme, así que me marcho, te mantendré informado sobre la misión en Escocia.- El castaño salió del despacho con una inclinación de la cabeza y el anciano se volvió de nuevo a la ventana.
- Yo también espero no equivocarme... porque a pesar de todo, también soy humano... – susurró a la noche y acarició a su ave fénix mientras admiraba la luna que estaba levemente oculta tras una nube.
El reloj postrado en la pared comenzó a sonar indicando las ocho de la noche y el eco del silbido fue lo único que se escuchó en esa habitación.
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- Bravo, Potter... – aplaudió Adam mientras utilizaba el tono más frío que poseía.
Harry y Ron se giraron para mirarlo y el pelirrojo dio un paso al frente al percatarse de la mirada amenazante que el castaño portaba.
- Ron, te alcanzo en clase, ¿de acuerdo? – pidió el pelinegro.
El pelirrojo lo miró por unos segundos enviándole una mueca confundida, pero acató la petición acomodándose la mochila al hombro y perdiéndose al final del pasillo. Harry dejó su mochila en el suelo y suspiró largamente mirando al castaño con tranquilidad.
- ¿Qué quieres, Adam? – preguntó sin alterarse.
El castaño sonrió con frialdad.
- Estaba llegando a pensar que no eras tan estúpido, niño... – comentó mientras se cruzaba de brazos.
Harry frunció el ceño y respiró profundo para permanecer sereno.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Cómo puedes ser tan cobarde como para hacer una cosa así? ¡Dios santo! Esperaba más de ti, mocoso... – comentó con burla, arrastrando las palabras de forma sarcástica y molesta.
Harry entendió de inmediato a lo que se refería y desvió la mirada mientras apretaba las mandíbulas con fuerza.
- No entiendes... de hecho pensé que te alegraría... – dijo entre dientes.
Adam se acercó hasta tomar su rostro con una mano y estrelló su cuerpo contra un pilar de mármol sin mostrar ninguna dificultad. Harry soltó una exclamación sorprendido y se removió bruscamente intentando liberarse de la fuerza del castaño.
- Nunca me alegraría de que ella estuviera triste, imbécil... ¡Mírame cuando te hablo, niño! – exclamó con la mirada turbia y apresó su rostro con firmeza. El pelinegro empezó a sentir la falta de aire y dejó de moverse.- Una vez te advertí que no la lastimaras, Potter... y lo hiciste. Lo hiciste pero no te haré nada, ella se ha vuelto demasiado importante para mí y tú eres demasiado importante para ella... – lo soltó bruscamente y el pelinegro cayó al suelo de forma repentina y brusca. Tomó una bocanada de aire de manera desesperada y se tocó el cuello y las mandíbulas con aprensión.
- M-me l-lo m-merezco... – susurró con dificultad.
- No seas egoísta, niño. Ella no está en menos peligro si no estás cerca de ella. La unión hace la fuerza, pequeño humano... – murmuró mientras lo miraba con asco.- Ella te quiere, tú la quieres...
- S-si V-voldemort se entera de e-eso...
- La querrá matar. Dime algo que no sepa, Potter. Dime algo nuevo. Ella está en peligro. Es una hija de muggles, es tu mejor amiga... ella está en peligro todo el tiempo, y lo sabe. Sólo falta que tú lo sepas.
- Pero ella...
- Si no regresas con ella en estos momentos, no dejaré que lo hagas después. La estás lastimando, mocoso. Y deberías ser conciente de la oportunidad que te ofrezco. – espetó con la mirada muerta. Harry respiró con dificultad y desvió la vista de sus ojos.
- Tengo miedo... – susurró con aprensión. Adam no suavizó su expresión a pesar de sentirse identificado con sus sentimientos.
- El miedo es la excusa para no intentarlo... – susurró el ángel con una frialdad intensa. El ambiente se volvió de ultratumba y Harry sintió escalofríos recorrer todas sus extremidades.- Es como si vivieras una vida con inseguridades, el miedo limita tus deseos... si quieres vivir de verdad, hay muchas cosas que debes arriesgar...
Harry no supo que responder a eso y se tomó confundido la cabeza con las manos y cerró fuertemente los ojos.
- Escúchame una cosa, Potter... – susurró con más delicadeza.- No le pasará nada... no voy a permitirlo. No puedes tener miedo a fallar... Tienes miedo a no poder protegerla. Pero te digo esto: eso déjamelo a mí.
Y sólo hazla feliz... ambos lo necesitan.
Pero Harry no dijo nada, y sólo entonces, Adam supo que su corazón estaba perforado y que, para pesar suyo, la decisión había sido tomada.
Y por un momento, lo entendió...
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No sé hacia donde vamos, sólo sé que quiero ir contigo...
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¡Hola! Dios santo, no vayan a matarme... primero quiero decirles una cosa... bueno dos excusas.
1.- ¡¡ME GRADUE!! ¡Dios! Estoy muy feliz por ello... triste también, pero realizada.
2.- Me fui una temporada y hace unos diez días regresé. Y pues, bueno, son vacaciones... jeje. Malo, malo.
Bueno, espero que sean tan comprensivos como siempre. Saben que este capítulo lo estaba esperando con ganas. Quizás quieran matarme, no lo sé. Sólo espero que compense un poco la espera.
Bueno, ahora algunas preguntas que dejó el capítulo anterior se han resuelto. Pero ahora seguro surgieron muchas más. ¿La autora será cruel y sacrificará a Adam? ¿Algún día Harry y Hermione serán novios? ¿Qué onda con Ginny? ¿Y Draco que pinta en la historia?
Bueno, lo sé. Demasiadas cosas, pocas respuestas. Pero sean pacientes conmigo y entenderán todo, lo prometo.
Quiero agradecer a todo el mundo que lee mi fic, los que me han apoyado desde el principio y los que aún no me dejan comentarios pero siguen la historia de manera anónima. A los anónimos, a mis amigas que me apoyan. Muchas gracias a ti por leer mi trabajo.
Y ahora he de dar una mala noticia. Bueno, resulta que mi familia quiere hacerme una gringuita, entiéndanse por nacionalizada americana, estadounidense (me desagrada mucho, pero bueno). Y bueno el proceso es algo complicado, la semana pasada me picaron para sacarme sangre (en los dos brazos porque las muy... se equivocaron), me pusieron la inyección para la prueba de tuberculosis, y además me pusieron siete, sí SIETE vacunas, ¡¡VACUNAS!! Dios, me dolió hasta el alma, pero bueno a la tercera vacuna ya ni sentía el dolor. XD.
Y bueno, ahora lo último del papeleo: Vivir allá por un tiempo... T.T, quizás seis meses, aún no lo sé muy bien. El caso es que mi historia se queda... CAYERON, jeje. No bueno, se va conmigo, pero el problema será lo del Internet, ya que bueno, saboteare las cosas para que me compren mi laptop, y no sé con seguridad cuando pueda actualizar. Perderé un semestre de la Universidad, pero de algo me ha de servir (por ejemplo para desarrollar mejor mi ingles) y por supuesto tendré más tiempo libre ya que sólo tomaré unas clases extras, y estudiaré física y química por mi cuenta (ya saben para no perder el hilo de la escuela), entonces ahí está la situación. Estoy triste chics, de verdad que sí. Voy a extrañar mi casa y todo y de verdad quiero poder hacerme mi tiempo para escribir y sacar adelante este proyecto.
Espero que me entiendan.
El próximo capítulo se llama: La búsqueda empieza, y el título lo dice todo, así que espero que me esperen con paciencia.
Muchas gracias a todos y nos vemos hasta que pueda, ¿ok? No me odien.
Les mando muchos saludos, un abrazo y un beso.
Su amiga:
Darkgranger.
