Una profecía de los cielos
DracoDormiens Nunquam Titillandus
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20.- La búsqueda empieza
A ver amigos, quiero un viaje lleno de sonrisas.
El dolor como la dicha se exalta y amplifica cuando pasa de una mente a otra.
- Granger, levántate...
- Déjame en paz, Adam. Te juro que si pudiera, cerraría la puerta para que dejes de molestarme por las mañanas... – El castaño rodó los ojos mientras caminaba hacia la ventana. Sin importarle el mal humor de su protegida, tomó las cortinas y las apartó de un rápido movimiento. La luz dorada iluminada por el brillante sol, golpeó el rostro adormilado de la castaña con fuerza. Ella se quejó mientras se tapaba con las sábanas en un vano intento de seguir durmiendo.
- Levántate... No seas ridícula, niña. Tenemos asuntos que atender. – espetó el castaño con fastidio. Le arrebató las mantas de encima provocando el enfado de Hermione que se removió en la cama.- Nunca pensé que fueras tan perezosa, castaña.
- Adam... sólo quiero dormir. Déjame por favor.- dijo entonces. Y el castaño se desconcertó de manera visible al percibir la súplica en su voz. No lo miró a pesar de haberse incorporado en la cama. El ángel reconoció el motivo de inmediato.
Hermione había resultado más lastimada de lo que ella misma hubiera querido. Se sentía verdaderamente mal. No sólo por ella, sino también por el sufrimiento de Ginny y Harry. Sabía que su mejor amigo había pasado un momento muy difícil al tomar esa decisión, y aunque se sintiera muy enojada con él, nunca podría ignorar sus sentimientos.
Ginny era otra cosa. Había estado tan emocionada por su situación con Harry, que no se había parado a pensar en las emociones de su mejor amiga... ella todavía seguía muy enamorada del pelinegro y sólo aquella vez que la había visto salir de la habitación, se había logrado percatar de ese hecho.
Ahora mismo se sentía como una persona egoísta, pero tremendamente desdichada. Si no se hubiera emocionado tanto por el pensamiento de una relación con un hombre increíble, tal vez no se sintiera de esta manera. Porque aceptaba que ella tenía mucho de culpa. Si le hubiera hecho caso a Adam... quizás...
- Nunca te he dicho, Hermione. Pero debes saber una cosa... – El ángel se acercó lentamente a la chica y se colocó a su lado con delicadeza. Su mirada se dirigió de una manera diferente hacia ella. Y si la castaña lo hubiese mirado, se hubiera sorprendido por su expresión derrotada.- Lo que más odio de los humanos son las lágrimas... – Sus dos manos se dirigieron hacia su rostro y lo acunaron de una manera extremadamente tierna. Por lo menos para tratarse de él.
Limpió una lágrima de su mejilla y hasta ese momento, Hermione se dio cuenta de que lloraba. Se había encerrado en su habitación, y una vez estando con la compañía de la soledad, había descargado su tristeza. A veces odiaba ser tan débil.
- Tú odias todo de los humanos... no me sorprende. - medio rió. La sonrisa la traicionó de un segundo a otro. Adam no cambió la expresión seria de su rostro. La miró de una manera tan diferente, que la castaña tuvo la necesidad de cerrar los ojos.
- Odio las lágrimas porque los humanos las derraman de una manera falsa. Nunca podrías saber si son verdaderas o falsas. Ustedes pueden derramarlas cuando quieran... aún a pesar de no sentirlo necesario. Nosotros los ángeles no podemos derramar lágrimas así de fácil. Si alguna vez vieras a un ángel llorar... seria incluso un suceso épico. Nuestras lágrimas son tan sagradas y puras, que quizás vivan ángeles que terminan su existencia sin llorar. ¿Cómo sé que realmente sufres? Eres humana y aún así no te trato como una... no llores, castaña. Aunque no lo creas, y puedes estar segura de que jamás volveré a pronunciar estas palabras, siento algo que tortura mi pecho cada vez que te veo tan desdichada...
- Adam...
- No me veas de esa manera. No estoy siendo tierno, Hermione, estoy siendo sincero. Le rompería la cara a Potter si no supiera que estarías mucho más triste si lo hago.- Levantó su rostro hasta que encaró su expresión seria y sincera. Hermione se vio en la necesidad de abrir los ojos y se sorprendió al mirar los ojos brillantes de su guardián. Desprendían un color dorado extremadamente precioso y deslumbrante. Sus grisáceos y gélidos ojos se habían convertido en dos esferas doradas que parecían oro puro. En su cuello y el dorso de sus manos un símbolo extraño del mismo color iluminaba su pálida y hermosa piel.
Se sintió en la necesidad de tocar para comprobar si era real, y se sorprendió al sentir lo aterciopelado de su piel.
- Ya casi son vacaciones, Hermione... – Susurró mientras apretaba la mano que tocaba su rostro.- Y quiero que me ayudes a empacar algunas cosas... además necesito planificar los lugares... ¿Me ayudarás? – Pidió con voz tranquila y afable. Sus ojos empezaron a disminuir la brillantez y los símbolos de su cuello y manos se desvanecieron lentamente.
Hermione asintió con la cabeza sin sentirse competente de hacer o pronunciar algo más.
El sentimiento de tristeza se había alejado momentáneamente de su cuerpo y sus extremidades temblaron de manera perceptible al comprobar la verdad del tiempo. Ya casi era hora de partir, y ella estaba sufriendo un colapso de menor importancia cuando su realidad era mucho más importante.
- Te dejaré dormir un rato más. La verdad es que tienes unas ojeras terribles. Y tus ojos están extremadamente hinchados. – Se levantó de la cama y acarició su rostro con algo parecido a la admiración. – Pídele al cielo que no vea a Potter, porque el golpe que le espera podría ser incluso mortal.
Hermione supo que exageraba con su amenaza, pues él mismo había aceptado no poder hacer algo que la lastimara. Aún así le dirigió una mirada que esperaba fuera de advertencia.
Adam salió de la habitación si mirar atrás, sólo entonces, la castaña se dejó caer en la cama con cansancio, y a los minutos, y sin habérselo propuesto, cayó en un profundo sueño que no había tenido el placer de disfrutar por varios días.
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Los días habían pasado incluso más rápido de lo que ninguno podría haber previsto. Hermione se había mantenido incluso demasiado ocupada como para pensar en sus problemas amorosos. Se comportaba con Harry lo más indiferente que podía, pues a pesar de aceptar la situación, seguía enfadada con él por sus pobres argumentos y su miedo sin sentido, puesto que a él no lo perseguía una banda de Demonios sádicos y sangrientos, sedientos de su sangre y sufrimiento.
Los preparativos del viaje habían sido exitosamente terminados, y aunque ella no hubiera participado activamente en los planes, se sentía aliviada de no haber tenido contratiempos.
Habían decidido viajar hacia la Isla escalando la legendaria montaña de Glastonbury Tor, por lo cual decidieron viajar en Traslador hacia la zona sur de Gales. Por precaución era mejor no aparecerse mucho, ninguno de ellos quería que la Orden o peor, Voldemort, sintieran la presencia mágica en esa región. Sólo harían apariciones en caso extremo. Lo bueno era que ella y Adam podían aparecerse... bueno, por lo menos ella lo podía hacer, la situación de su guardián era un poco diferente.
La excusa para Dumbledore y los demás miembros del profesorado y los Weasley, habían sido unas vacaciones en la casa de campo de la castaña. Claro que todos ignoraban que ellos nunca iban a llegar ahí, en cambio tomarían camino hacia la Isla.
Incluso sus padres, poco informados de su situación y en pleno viaje hacia América, pensaban que su hija pasaría las vacaciones de navidad con sus amigos como era de costumbre.
No pudo evitar suspirar por ese hecho y se restregó los ojos con cansancio.
Ahora ella estaba en la Biblioteca. Sus amigos entrenaban en el campo de Quidditch y ella no podía estar más aliviada. Adam había estado tan entretenido con los preparativos, que le había proporcionado un respiro de su presencia y cercanía constante. Estaba afinando los últimos detalles de la seguridad con respecto a su estadía, por lo tanto tendría unos cuantos minutos más de tranquilidad. Incluso si tenía suerte podría tardar horas.
Se recargó contra la palma de su mano mientras miraba con desagrado su pergamino – tarea incompleta de pociones – mientras pensaba seriamente si terminarla hoy o mañana.
Un peso cayó cerca de ella, y como era de costumbre no se sobresaltó por la nueva presencia. Últimamente tenía a ese rubio aristocrático como compañía y la verdad es que no le molestaba en absoluto. Draco Malfoy sabía conservar un ambiente tranquilo mientras estaba con ella. Ya no sentía esa opresión en el pecho al pensar que él los iba a acompañar, incluso podría decirse que estaba un poco aliviada. Su presencia empezaba a agradarle incluso más de lo que esperaba.
- ¿Estudiando, Granger? Deberías concentrarte en cosas mucho más creativas... – dijo a modo de saludo. Hermione lo ignoró como siempre lo hacía y siguió escribiendo mientras pensaba en como preguntarle algo que venía rondando su cabeza desde que había conversado con Adam acerca de su persona.
- Draco... dime una cosa... ¿Sabes que los demonios, los seres que atacaron el Callejón Diagón, te estaban buscando para matarte? – Si, definitivamente ser directa con él desde el principio iba a ser lo mejor.
Draco la miró fijamente por unos segundos y luego sonrió con algo de arrogancia.
- No lo sabía pero no me sorprende... Voldemort quiere matarme, supongo que esos asquerosos monstruos estarán detrás de sus mismos objetivos. – Se encogió de hombros de manera indiferente y sacó un libro de pasta café de su mochila. Hermione lo miró largamente antes de suspirar y doblar su pergamino.
- ¿Y se puede saber por qué? – preguntó tratando de sonar indiferente. El rubio la miró por unos segundos para luego suspirar y él mismo cerrar el pequeño libro que no había podido empezar a leer.
- Granger, definitivamente no sabes disimular... si querías saber por qué soy miembro de la Orden, sólo deberías haberlo preguntado... Además tienes suerte de que yo sea tan poco curioso y no quiera saber de dónde conseguiste la información...– Hermione se sonrojó por su patética actuación y desvió la mirada fingiendo estar guardando sus cosas en la mochila. Draco suspiró de nuevo y la observó detalladamente.- Te diré lo que quieras si aceptas venir conmigo a los terrenos del colegio...
Hermione se extrañó por la petición, principalmente porque el clima no tenía ni una pisca de agradable, aún así aceptó con un gesto de cabeza y se levantó dispuesta a seguir al rubio.
Draco, mostrando su peculiar y aristocrática caballerosidad, le arrebató la mochila de las manos y se la colgó al hombro sin esfuerzo alguno. La castaña estuvo a punto de rebatir, pero el rubio le dirigió una mirada de recelo. Hermione suspiró sabiendo que si discutía con él sería una batalla perdida. Siempre perdía en ese asunto.
Caminaron en silencio hasta salir del castillo. Hermione se sentía tranquila. No importaba que sus compañeros los miraran de manera extrañada mientras cruzaban los pasillos, estos últimos días así había pasado siempre. Draco Malfoy y Hermione Granger juntos sin tener responsabilidades como Premios Anuales. Sólo llevándose bien. Para mucha gente eso era completamente extraño y ella lo entendía.
Llegaron al árbol más cercano al lago, congelado en esos momentos, y Draco dejó caer las mochilas en la tierra húmeda que se mezclaba con la nieve. Hermione se escandalizó de inmediato, preocupándose más por los libros que por su mochila.
- Draco Malfoy, levanta eso ahora mismo... – ordenó ofuscada. El rubio le sonrió condescendiente y de manera tranquila colocó las mochilas sobre una roca de tamaño adecuado.
- Te comprare otra, Granger, no te enfades. – Le dijo de manera despreocupada. La castaña se contuvo de fulminarlo y tomó asiento sobre un tronco que estaba doblado de manera peculiar. Al instante, el rubio quedó a su lado y ambos se sumieron en un silencio que pronto puso nerviosa a la castaña.
Se acomodó mejor la bufanda pues en esta época el frío era agobiante. Miró de reojo al rubio y se preguntó cómo seguir la conversación. No hizo falta que empezara, pues el chico levantó un pedazo de madera del suelo semi-congelado y empezó a hablar.
- El año pasado estuve a punto de convertirme en Mortífago. – dijo en un suspiró. La castaña no pudo evitar sorprenderse aunque siempre se lo hubiese imaginado. Ahora que conocía de mejor manera a ese rubio, le era increíble que alguna vez se hubiera planteado la idea de ser un servidor de Voldemort.- Pero... Voldemort traicionó a mi familia. Mató a mi Padre antes de mi iniciación y para alegría de mi Madre, decidí buscar ayuda con Dumbledore. El viejo me aceptó sin ninguna duda... pero después me arrepentí de haber acudido con él...
Una sombra oscureció el rostro de Draco, parecía haber recordado algo que le había costado mucho superar, como si esas palabras desgarraran su garganta por el esfuerzo de pronunciarlas en voz alta.
- Draco...
- Voldemort se molestó conmigo, por supuesto.- Continuó interrumpiendo a Hermione. El rubio no deseaba más compasión de la que la orden le había demostrado.- Fue a mi casa a buscar reprenderme... pero en vez de encontrarme a mí... encontró a mi Madre.
El rubio se calló de repente y la castaña supo de inmediato qué era lo que seguía. No necesitaba que él se lo dijera. No sabía que decir para aliviar la tristeza de sus ojos. Le tomó de la mano sin ser capaz de hacer otra cosa, y cuando Draco la miró, no vio compasión en sus ojos... era algo más, una combinación de ternura con tristeza. Por él.
- Por eso me uní a la orden. Era seguir a un asesino o a un viejo loco que buscaba la paz para el mundo. Y por primera vez en mi patética vida de Sangre Limpia, la respuesta fue demasiado obvia. – Hermione le acarició la mano lentamente y Draco la miró entre agradecido y sorprendido. Le apretó la mano en retribución a su acción y le sonrió de medio lado.- Por eso me intrigas Granger, a pesar de todos estos años, estás aquí dándome consuelo... escuchándome y comportándote como si fuera la mejor persona del mundo. Como si realmente me lo mereciera.
- Todo el mundo merece segundas oportunidades. – Respondió ella sonrojándose. La mirada gris de Draco era tan intensa, que la hacía sentirse desnuda frente a él.
- Y me encanta que tú me la hayas dado, preciosa... de verdad.- Dijo mientras sonreía. Le acarició la mejilla con la mano libre y el sonrojo de Hermione se volvió más evidente. La chica pensó que esto se estaba saliendo un poco de control, así que con toda la lentitud que se lo permitía su cuerpo tembloroso, retiró su mano de la del chico para demostrar seriedad y tranquilidad sobre todo. No quería verse brusca ni nada por el estilo.
Le sonrió de manera nerviosa.
- Gracias por contarme esto, Draco, de verdad que quería saberlo.
- Pues sí, ahora sabes que Voldemort busca venganza sobre mí. Imagínate, un traidor en el bando contrario. Varios aspectos, pocos a decir verdad, fueron revelados. Secretos y planes que fueron estropeados. Voldemort merece eso y más.
Se quedaron callados mientras el viento ondeaba sus bufandas. Miraron el horizonte, donde la brisa y las nubes se mezclaban en el cielo, signo de una tormenta, quizás ventisca. Los rayos del sol, tenues y opacos, se reflejaban cada vez menos y el frío de invierno provocó el estremecimiento de sus cuerpos.
Entonces, regresaron al colegio.
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- ¿Cuántos días nos iremos? – preguntó el pelirrojo mientras esperaban la llegada de Adam a la habitación de la castaña.
- No lo sé, Ron. Adam no suele contarme eso.- respondió la castaña de manera cansina. Terminó de empacar su maleta y la colocó al lado de las demás. Decidió esperar a su guardián y a... Draco - cuya presencia era aún ignorada por sus amigos - para reducir las maletas.
Cabía destacar que era la primera vez que estaba con Harry y Ginny en la misma habitación desde que había hablado con el pelinegro aquella tarde. No los miró a los ojos y agradeció la presencia de su pelirrojo amigo para aminorar la incomodidad de la habitación. Les hablaba de manera formal y aunque con Ginny estuviera actuando un poco más abierta, su actitud no podría ser diferente.
Agradeció enormemente cuando el toqueteó de la puerta interrumpió el silencio de la habitación. La abrió con un suspiró y se sorprendió al no encontrar a nadie detrás del marco de la misma. Frunció el ceño y estuvo a punto de cerrar cuando algo tomó su mano. Se sobresaltó de manera brusca y profirió una exclamación de sorpresa cuando sintió un jalón de su brazo.
- ¡Rayos! ¿Qué...?
- Hola, Granger. – siseó una voz cerca de su oído.
- ¿Malfoy? – preguntó con una pizca de temor en la voz. Un escalofrío la recorrió cuando el aliento de su risa golpeó su rostro de manera profusa.
- Vaya, me has reconocido. Me sorprendes, Granger. – dijo mientras el hechizo desvanecedor desaparecía de su cuerpo. Sus amigos estuvieron tras su espalda de inmediato.
- ¿Qué haces aquí, Malfoy? – Harry fue el primero en preguntar. En un rápido movimiento, él y Ron ya tenían listas las varitas para atacar.
- ¡Harry! – Exclamó la castaña con el ceño fruncido.
- Yo lo invité, niño. Baja la varita... tú también, pelirrojo. – pronunció lentamente la voz de Adam quién iba entrando a la habitación. Les dirigió una mirada de frialdad y cerró la puerta tras de sí antes de colocarse al lado de la castaña. Se cruzó de brazos de manera desafiante y los miró uno por uno.- Draco Malfoy irá con nosotros en este viaje. ¡Silencio! – profirió con voz fría en cuanto se empezaron a escuchar las quejas de Harry y de Ron. Ginny se mantenía mirando a Draco con el ceño fruncido y al juzgar por su expresión, parecía bastante desconfiada.
- ¡Malfoy no puede ir con nosotros, Hellsing! ¡No voy a aceptarlo! – rebatió el pelinegro con los puños apretados.
- ¿Qué harás para impedirlo, mocoso? – preguntó el castaño de manera desafiante. – Si quieres quedarte, por mi está bien... pero Draco Malfoy vendrá.
- ¡No pue-
- ¡Harry! – lo frenó la castaña. – Basta. Draco viene porque necesitamos sus conocimientos en magia negra.
- Claro, tenía que ser eso... – murmuró el pelirrojo. Harry miró a la castaña por primera vez desde que había llegado a esa habitación. Y odió ver esa determinación tan propia de ella reflejarse en sus orbes miel. La decepción calló ante él de manera dolorosa.
- Escúchenme bien. Si alguno de ustedes tres está en desacuerdo con esto... puede retirarse. No me importa que cualquiera de ustedes quiera quedarse. Si estás lo suficiente enfado como para seguir tu berrinche, Potter, adelante, eres libre de quedarte. Lo mismo va para ustedes, pelirrojos. – Explicó Adam con voz amenazante. Los miró de nuevo de manera arrogante y su rostro serio y gélido hizo callar a todos en la habitación. Draco miró al pelinegro y al pelirrojo de manera burlona. Adam esperó unos segundos pero nadie se movió de su lugar y el castaño sonrió internamente de pura satisfacción.- No quiero perder más tiempo... Hermione, ¿puedes? – señaló las maletas con la cabeza y la castaña captó el mensaje de manera inmediata.
Conjuró el hechizo de reducción hacia ellas, y las repartió a cada uno.
- Escuchen... partiremos en una hora. Tenemos todo preparado. No quiero peleas. Necesitamos ser un grupo... no una bola de chiquillos busca pleitos. Estoy seguro que ninguno de ustedes quiere morir o ver morir a alguien durante el viaje. – Ante esto, a los presentes les recorrió un escalofrío.- Les repito... esto es sumamente peligroso... necesitamos ayudarnos. Ahora... iré por el traslador.
- ¿Nos iremos en traslador? – preguntó Ginny de repente. Los demás presentes, exceptuando a la castaña, fruncieron el ceño.
- Claro... nos ahorrará tiempo. Nadie de la Orden se preocupa demasiado en qué Hermione ha estado estudiando como cambiar el destino de un traslador. Los que esperan en la casa de Hermione para nuestra "protección", se llevarán una sorpresa al ver que no llegaremos está tarde como estaba planeado.- Draco, Harry y los hermanos pelirrojos, le enviaron una mirada entre divertida y sorprendida a la castaña. La aludida se sonrojó visiblemente y balbuceó cosas inteligibles. Adam no la dejó hablar.- Ahora niños... despídanse del lugar.
Adam atravesó la estancia y cruzó la puerta sin girarse. En la habitación se formó un silencio abrumador. Harry se sentó en la cama de manera derrotada. Se pasó una mano por el cabello.
- Escucha, Potter. Te propongo una tregua. Sé que no te caigo bien... tú no me caes bien. Pero esto es importante.- le tendió una mano de manera pacífica, pero la altanería no se borró de su expresión.
- Si intentas algo, hurón...
- Tú y Weasley me castigarán... lo capto. – Se estrecharon las manos de manera orgullosa y aunque se miraron con renitencia, ambos aceptaron internamente que eso era lo apropiado.
- Acepto eso también, Malfoy... pero ni se te ocurra tocarme. – advirtió el pelirrojo cuando el rubio se giró hacia él. Draco sonrió con arrogancia e inclinó la cabeza de manera aceptada. Ginny le frunció el ceño cuando se giró hacia ella.
- Por favor, Malfoy, ni se te ocurra.
- De acuerdo, pelirroja.
- Ginny. – Corrigió con recelo.
- Lo dejaremos en pelirroja.
- No puede ni decir mi nombre, Ginny. Déjalo. – dijo la castaña sonriendo. Ron frunció el ceño y Draco sonrió a la castaña.
- Tengo mejores apodos para ti, Granger.- murmuró de manera sugerente. La castaña lo fulminó con la mirada y Ron abrió mucho los ojos. Ginny, al contrario, se rió con ganas.
Harry, en cambio, se tapó la cara con las manos incapaz de escuchar más esa conversación.
Sería un viaje largo. Y esperaba que la tregua le durase por unos días.
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- Pasa...
- Dumbledore...
- Hola, Kalyo. – respondió el anciano mientras acariciaba la espalda de su ave Fénix. Se giró ante su visitante y le envió una cálida sonrisa. – Veo que has llegado bastante puntual...
- Claro qué sí, estoy deseando desaparecer de este colegio. – dijo de manera fría. Uno de los cuadros a la espalda del director soltó una exclamación de sorpresa.- Así que si pudiera hacer de esta una reunión rápida, se lo agradecería.
- Muy bien, muchacho. Aquí tienes el traslador, no está de más decir que los miembros de la Orden los estarán esperando... – comentó el director mientras le entregaba una vieja bota de color negro. Lo miró intensamente antes de soltar completamente el objeto. Luego caminó tranquilamente a su escritorio y se sentó.
- Claro, claro. – Respondió el ángel de manera indiferente.
- Kalyo... – El castaño lo miró con una ceja alzada deteniendo sus pasos a mitad de la habitación. – No sé que pretenden... pero te pido de favor que los cuides...
Adam frunció el ceño mientras se giraba para mirar la espalda del director, éste giró su cuerpo y su expresión parecía cansada e incluso mucho más vieja. Como si los años que no se le habían notado, hubiesen sido aglomerados en su cuerpo durante el último mes.
- No hay necesidad de mentir, joven. Sé que no puedo impedirlo.
Kalyo le dio la espalda de nuevo sin responder. Tomó el pomo de la puerta y apretando el traslador en la mano, salió de la habitación sin mirar atrás.
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- ¿Listos? – preguntó en cuanto entró en la habitación. De cierta manera se sorprendió al ver la mirada de seguridad y valentía que se reflejaba en cada rostro del quinteto que tenía enfrente.
- Espera, Adam... Creo que no soy el único que quiere saber a dónde iremos... hace una semana nos dijiste que nos preparáramos y estamos listos, como dijiste. Sé que Hermione incluso no conoce todos tus planes, pero ahora te pido que nos digas cuál es tu estrategia en todo esto... – Reclamó el pelinegro. Para sorpresa de todos, incluida la castaña, Adam le sonrió a Harry de manera condescendiente.
- Para serte sincero, niño, esperaba esa pregunta desde el principio... – Cerró la puerta a su espalda y se cruzó de brazos recostándose sobre ella. Los miró de nuevo. Dejó la bota a un costado de su cuerpo y sonrió con arrogancia. – Iremos a una isla... Avalón, la mitológica isla de las Hadas. Se cree que los restos del Rey Arturo descansan en las profundidades de esa isla. Los humanos... ehm, muggles, descubrieron un ataúd que aparentemente tenía los restos del Rey. Por supuesto eso es mentira... pero no están tan lejos de la realidad. El Rey Arturo fue uno de los mejores discípulos de Merlín... y para encontrar la espada que está en posesión del cuerpo de Arturo, tenemos que entrar al místico mundo de Avalón. La leyenda de la Puerta de La Eternidad, que es la entrada a la verdadera fortaleza mística de las hadas, es catalogada como una fábula inalcanzable... sin embargo, me tienen aquí, niños, y esa puerta existe. La isla es, sin embargo, una montaña legendaria en la ciudad de Glastonbury. Está rodeada de pantanos y parece una isla en medio de la tierra, habrá que subirla y buscar la magia de la puerta. Después entraremos sin mirar atrás.
- ¿Por qué no nos trasladamos hasta la cima de la montaña, Hellsing? ¿Cuál es la necesidad de subirla? – preguntó el rubio con recelo.
- Es completamente peligroso y estúpido, Malfoy. Deberían saberlo. – les dijo a todos. – En estos momentos no podemos darnos el lujo de que nos detecten. Voldemort e incluso Dumbledore pueden sentir nuestra fuerza mágica. No podemos permitir que nos sigan. Nos trasladaremos al sureste de Gales, a los límites del mar. Navegaremos una hora por el Canal de Bristol y llegaremos de nuevo a Inglaterra, después caminaremos a la ciudad, la cual está relativamente cerca, y subiremos la montaña.
Aunque más de uno quiso rebatirle el viaje, los ojos gélidos e inexpresivos del ángel, denotaban cuanto le importaba la opinión de los demás. El castaño dirigió su vista hacia el reloj de mesa que tenía Hermione en su habitación, se volvió a la vieja bota y la tocó.
- Tres minutos y contando, todavía pueden retractarse, mocosos. – advirtió. Miró a Hermione y le sonrió de medio lado.- Obviamente, castaña, tú no puedes hacerlo.
Hermione le sonrió, intentando simular su sonrisa sarcástica. Se acercó hacia él y tocó la bota.
- Obviamente, "castaño", no pensaba hacerlo de todas maneras.
Cuando el ángel sintió a tres manos más tocando el traslador, supo que los demás pensaban lo mismo que su protegida.
Su primer viaje en esa porquería mágica, ocasionó el fuerte movimiento de su estómago. Odió más aún esos inventos mágicos y aunque se conservó de pie al tocar tierra firme, el mundo a sus pies dio una gran sacudida.
Todos, exceptuando a Malfoy y a él mismo, cayeron de un golpe seco en la tierra mojada. De dos zancadas estuvo cerca de la castaña para ayudarla a levantarse. Inspeccionó el lugar con la mirada y no muy lejos de donde estaban, el enorme océano se reflejo ante ellos. Hermione había hecho buen trabajo al cambiar la dirección del traslador. Aunque interiormente se preguntó si el viejo habría hecho algo para que fuera más sencillo.
Al no sentir nada de peligro cerca, esperó a que todos estuvieran de pie y comenzó a caminar en silencio. Giró la cabeza asegurándose de que lo seguían y jaló a la castaña posicionándola a un lado de él.
- No quiero que te separes de mi, Hermione, ahora somos blanco fácil para Perseus. No quiero perderte de vista. – le susurró. La chica lo miró por un momento y luego asintió de manera resignada.
Llegaron a la costa de manera silenciosa y el castaño agradeció lo desierto que se veía el panorama. Se acercaron a uno de los faros que estaban por encima del mar y Adam observó con alivio la fila de lanchas que se estacionaban debajo de ellos.
El canal marino se veía realmente hermoso desde su posición. La tierra de Inglaterra al otro lado del canal, se miraba apenas con cierta nitidez. Tal vez el viaje sería de menor tiempo.
- Hermione.- La miró por unos segundos que incluso le produjeron malestar. No quería dejarla, pero tenía qué. Aunque fuera únicamente por una hora, Adam se preocupó de lo difícil que le estaba costando separarse de su protegida.
Sabía que debía dejarlos. Perseus podía percibir su magia si no estaba en su verdadera forma y estaba seguro que no tardaría en llegar a su posición. Debía despejar el área y por ello debía transformarse en su modo sagrado. Por supuesto, no podía permitir que ellos lo vieran, así que debía separarse de ellos, por lo menos hasta llegar del otro lado.
Harry y Ron se aseguraron de que nadie los viera cuando soltaron una de las lanchas que estaban atadas a un lado del faro. Se subieron en ella seguidos de Draco y ambos chicos ayudaron a Ginny y a Hermione a subir.
La castaña miró a su guardián, sabiendo de antemano que sería una despedida momentánea.
Al no ver intenciones en el castaño de subir a la lancha, los demás fruncieron el ceño de manera evidentemente molesta.
- ¿Podrías subir?
- No. Yo los veré del otro lado. – Dijo con la voz tranquila y pausada. Demostrando así, la seriedad de sus palabras.
La sorpresa fue muy evidente en sus expresiones.
- ¿Qué? ¡Está es la única manera de cruzar! – Se exasperó el pelinegro.
- ¿Qué piensas hacer, Hellsing? Tú mismo dijiste que nos mantuviéramos unidos...
- Es por su propia seguridad, Malfoy. Si dije que los veré del otro lado, es porque los veré del otro lado. Váyanse ya, están perdiendo el tiempo.- Con una de sus piernas, empujó la lancha dándoles un poco de ventaja. Se dio la vuelta sin mirarlos y se apartó rápidamente a otro lado de la costa. Caminó por unos minutos hasta asegurarse de que nadie lo observaba, y mirando el canal marino, su cuerpo comenzó a brillar.
Como anteriormente lo habían hecho, los símbolos de sus manos, brazos, cuello y cara, brillaron de un intenso dorado. Su cabello se decoloró, adquiriendo un tono casi rubio. Las pupilas de sus ojos lucieron como dos esferas de oro. Sintió la fuerza recorrer su cuerpo y apretó los puños mientras estiraba su cuerpo adormilado.
La espalda comenzó a dolerle por unos segundos. Ese dolor al que ya se había acostumbrado lo sorprendió de manera que tuvo que apretar los dientes un poco. Hacía más de dos meses humanos que no había revelado sus alas y en ese momento sentía las repercusiones.
Se encorvó un poco hacía enfrente y las majestuosas alas blancas de su espalda lo enmarcaron de manera esplendorosa.
Sonrió mientras movía su cuello de un lado a otro y miró el canal marino que tenía enfrente. Se volvió a cerciorar de que no había nadie a su alrededor, y con la nueva fuerza de su transformación, corrió hasta la costa y de una manera totalmente perfecta, entró con un clavado totalmente lleno de elegancia hacia el mar.
Sus alas le dieron velocidad suficiente como para adelantar la lancha donde estaban los demás, que ya lo aventajaba como por medio kilometro de distancia. Pasó debajo de ellos y su rostro demostraba perfectamente que eso de mantener la respiración no le costaba nada de trabajo. Su nariz dejó escapar un par de burbujas cuando se giró quedando de cara a la parte inferior de la lancha.
Sonrió. Esto se sentía perfecto.
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- ¿Sintieron eso? – preguntó la pelirroja de repente. La lancha se meció de manera inestable por unos momentos y pasados unos segundos regresó a la normalidad.
- Vaya... parece como si algo hubiera pasado muy rápido bajo nosotros... – Comentó el pelinegro. Movió el remo que sostenía con la mano y la lancha se movió de nuevo. Malfoy y Ron lo ayudaron, cada uno con un remo. Hermione inspeccionó el agua.
- ¿Creen que fue una ballena o algo así?
- No estoy muy segura de que haya ballenas por esta zona, Ginny. – Retribuyó la castaña. Ginny frunció la boca en una mueca graciosa.
- No puedo creer que estemos navegando con este clima.- Comentó el pelirrojo con desdén.- Y claro, tu amiguito no quiso acompañarnos.
El cielo levemente nublado oscurecía el ambiente de ese día. La lluvia no tardaría en caer, como era costumbre en aquella época, pero la castaña estaba segura de que los aproximadamente veinte kilómetros que debían recorrer, serían suficientemente rápidos como para que no les tocara la tormenta.
Se acomodó mejor en su lugar mientras se arreglaba la bufanda en torno al cuello. El clima templado de la zona y el viento helado golpeaba su cuerpo con fuerza provocándole escalofríos. Daba gracias de llevar una chaqueta gruesa, sino estaría temblando en esos momentos.
- ¿Tú sabes a dónde fue, Adam, Hermione? – La chica miró a su pelirrojo amigo por unos segundos antes de suspirar.
- Estará ahí cuando lleguemos, es lo más importante.
- Siento que Adam Hellsing nos oculta demasiadas cosas... Y tú sabes mucho de ello, Hermione. – Harry la miró intensamente por unos segundos. Draco le gritó de repente, pues habían perdido el rumbo por su culpa.
Harry se recompuso de inmediato y le lanzó al rubio una mirada de advertencia.
- Quizás sé algunas cosas sobre él, Harry, pero incluso es un misterio para mí. – respondió la castaña pronunciando su nombre de una manera extraña. El pelinegro sintió un pinchazo en el pecho al oír su tono.
- Bueno, ya estamos a la mitad del camino, parece que esto no tomara tanto tiempo... – pronunció la pelirroja percatándose del ambiente incómodo que se había formado entre Harry y Hermione. El rubio y Ron los miraban alternadamente.
El lugar incluso se veía bastante solitario. Hermione se preguntó si sería a causa de lo tarde que era, casi las seis de la tarde, o simplemente por ser día no laboral. Como esta zona era considerada más de trabajo que de otra cosa, quizás la gente se sentía reacia a visitarla los fines de semana. Incluso, sospechó que el clima influía con la falta de personas.
Quedaban por lo menos unos diez kilómetros para llegar a la otra orilla. Se alcanzaban a ver apenas un reflejo de lo que eran las montañas y la línea de la costa contraria, por lo menos más nítidas que hacía un momento.
Las olas habían empezado a sentirse un poco más bruscas, pero nada de qué preocuparse. Hermione estaba segura que ese estrecho camino servía de carretera para cientos de cayacs. ¿Por qué habría problema con ellos?
Aunque se notaba que ninguno de los chicos había hecho eso antes. Los tres parecían expertos en el arte de remar.
Harry, que estaba del lado izquierdo de la lancha, era el que hacía más esfuerzo, ya que estaba remando solo. Draco y Ron estaban del lado derecho sincronizando sus movimientos con una precisión que extrañó a la castaña. Ese par se llevaba bastante mal como para ponerse de acuerdo en algo, pero al parecer, Draco estaba poniendo más empeño de lo que ninguno hubiera imaginado.
La marea empezó a picarse un poco, la tormenta habitual parecía a punto de caer, pero el cielo indicaba lo contrario.
- ¿Creen que nos toque la tormenta? – preguntó la pequeña pelirroja mientras miraba el cielo y se cubría su cabellera pelirroja con una gorra de lana.
- Parece que no. Pero el mar está un poco brusco. – respondió su hermano mientras seguía moviendo su remo. Harry miró la distancia que los separaba de la costa y suspiró.
- Hermione podría aparecernos si las cosas se complican... – comentó de manera casual. Hermione frunció el ceño por el comentario.
- Adam dijo qu- ¡Ahhh! – Hermione lanzó una exclamación ahogada cuando sintió el tirón de la lancha. Los tres chicos dejaron de remar con las expresiones un poco preocupadas y la pelirroja se sostuvo del asiento con fuerza.- ¿Qué rayos fue eso? – preguntó mientras respiraba con rapidez. La lancha comenzaba a tranquilizarse cuando otro movimiento brusco los hizo tambalearse peligrosamente.
El pelinegro se incorporó un poco mientras veía hacia las profundidades del mar. El rubio hizo lo mismo pero del lado contrario, y lo que vieron los extrañó de sobremanera. Una enorme sombra negra pasó justo debajo de ellos. Cuando intentaron decir algo, un tercer movimiento los sacó de balance de forma repentina.
La lancha, está vez, al no soportar el golpe, se volcó de manera violenta.
Todos cayeron al mar en un torrente de exclamaciones.
Y antes de hundirse, la castaña pudo ver una enorme y esquelética ala grisácea sobresalir de la profundidad. Se tocó el collar con rapidez, y por el movimiento, fue incapaz de impedir el ingreso del agua salina por su boca y nariz en un respiro desesperado.
De repente y sin poder preverlo, la lancha golpeó el agua de manera extremadamente violenta. Alcanzando un costado de su cuerpo con fuerza, hundiéndola de manera salvaje. El dolor la recorrió con un temblor desesperado. Tragó más agua sin poder impedirlo y fue incapaz de salir a flote para respirar.
Su mano se debilitó en torno al collar y su vista se nubló por un momento. Antes de caer en la inconsciencia, miró cuatro alas mezclándose en las oscuras profundidades hasta desaparecer. Dos de ellas...
Blancas.
OoOoO
Harry respiró una gran bocanada de aire en cuanto su cabeza salió del océano de manera desesperada. Miró en todas direcciones tratando de ubicarse un segundo. Su cabeza daba vueltas y el vaivén del mar lo mareó de manera furiosa. Se acomodó los lentes (que había sostenido con fuerza antes de caer) por sobre el agua mientras notaba que estaban rotos.
Cuando sus ojos se acostumbraron al oleaje del mar, comprobó que la corriente lo había arrastrado unos cuantos metros lejos de sus amigos y la lancha.
Ron y Ginny se encontraban sostenidos junto al bote. Al verlo, le hicieron señas con la mano que al principio no entendió. Ron respiró profundamente, y tomando una bocanada de aire se hundió de nuevo en las profundidades del mar. Ginny siguió haciéndole señas y entonces entendió por su expresión que alguien se estaba tardando mucho en salir. No vio a Malfoy en ningún lugar, y para afligir de su corazón, su mejor amiga tampoco estaba.
Se hundió si pensarlo y cuando abrió los ojos, lo único que divisó fue oscuridad.
No alcanzaba a ver muy bien desde su distancia. Buscó su varita a tientas en su pantalón, y con un suspiro - interior - de alivio, la extrajo de su bolsillo con éxito. Pensó rápidamente en un ilumos/i, y rogó que sus habilidades con la magia no verbal surtieran efecto.
La luz frente a él le respondió de manera inmediata. Tuvo que buscar la superficie debido a la falta de aire, rogó que su amiga ya estuviera fuera, pero su consternación creció cuando vio a Malfoy y a Ron gritarse cosas sin sentido para sus oídos. La expresión de Ginny, aferrada a la lancha, estaba totalmente aterrada.
Harry se hundió de nuevo y al poco tiempo vio dos luces bajo el agua. Nadó lo más rápido que su cuerpo le permitió, buscando un cuerpo con desesperación. Una de las luces se acercaba lentamente a él, pero el pelinegro apenas reparaba en ese detalle.
Se quedó suspendido notando punzadas en su cabeza. Sin importarle la falta de aire y el dolor de cabeza, se giró repetidas veces en búsqueda del cuerpo de su mejor amiga. Algo chocó contra él bruscamente y se sorprendió al ver al rubio a un lado de su cuerpo. La vista se le nubló indicándole que necesitaba oxigeno, el rubio le indicó, con un movimiento de cabeza, que algo se encontraba a su espalda y olvidándose un momento de su necesidad de respirar, giró su cuerpo horrorizándose de ver el cuerpo de su amiga, suspendido y sin movimiento a unos metros de ellos dos. Nadó rápidamente y su mano la alcanzó al mismo tiempo que la del rubio.
Ambos comenzaron a nadar con fuerza y desesperación hacia la superficie. La cabeza de Harry retumbaba fuertemente y un tremendo dolor en el oído izquierdo lo separó del cuerpo de su amiga. Tragó agua de manera repentina y soltó su varita con brusquedad. La vista empezaba a fallarle cuando algo lo jaló del brazo. Tomó su varita antes de ver la luz desaparecer, y cuando su cabeza saltó a la superficie, respiro con dificultad, tosiendo repetidas veces y expulsando el agua que había ingerido su cuerpo.
Su vista era nublada y se dio cuenta de que había perdido los lentes, aún así, notó con cierta sorpresa que Malfoy los jalaba, a él y a Hermione, hacia la lancha. Ron y Ginny ya estaban de nuevo sobre ella, al parecer la habían regresado a su lugar, y cuando Ron, remando con desesperación, llegó hasta ellos, los jaló bruscamente ayudándolos a subir.
Escuchó como Hermione comenzaba a toser violentamente y sintió un tremendo alivio al comprobar que estaba bien.
Alguien le puso los lentes y de repente vio la cara húmeda e impresa de miedo de la pelirroja.
- ¿Harry, estás bien? – Preguntó con desesperación. El pelinegro, aún mareado y con la respiración entrecortada, movió afirmativamente la cabeza.
- ¿Hermione está bien? – Fue lo primero que pronunció.
- Si, está reponiéndose de la caída, pero va a estar muy bien.- Le respondió Ron. Malfoy se medio acostó en la lancha y cerró los ojos con cansancio. El mar estaba violento, y Harry rezó porque la marea no los hubiera alejado de su destino.- Ginny, necesito que me ayudes, Harry y Hermione están heridos y Malfoy parece que en cualquier momento se va a desmayar... ayúdame a remar...
Harry quiso incorporarse para ayudarlos, pero su cuerpo lo traicionó con un mareo.
- Eh, compañero, tranquilo, ya me encargo yo, estamos muy cerca...
El pelinegro cerró los ojos mientras el punzante dolor de la oreja lo martirizaba con fiereza. No fue consciente de nada hasta que Ron prácticamente lo cargó hasta la tierra de Inglaterra.
Habían llegado.
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Adam había visto algo a su espalda cuando estaba nadando a una profundidad bastante alejada de la lancha. Algo negro había cruzado rápidamente a su costado, y su cuerpo se había contraído cuando había sentido lo que era.
Todo pasó muy rápido ante sus ojos. La lancha había sido derribada violentamente, y apenas le había dado tiempo de llegar hasta ese demonio, que al parecer venía solo, y jalarlo para apartarlo de los demás.
Rogó que Hermione saliera ilesa de la caída, pero no podía acudir a su ayuda en esos momentos, además de que se delataría, lo cual le hubiera importado muy poco, le daría la oportunidad a ese demonio de un contraataque.
Lo lazó lo más profundo que pudo y de un rápido movimiento de sus alas, lo siguió, tomando con fuerza su cara desfigurada con una mano. Gracias a su vista privilegiada, lo guió hasta un arrecife que estaba bastante profundo. Estampó la cabeza de ese ser que tanto asco le producía contra una roca que se alzaba frente a ellos y vio sus rojos ojos brillar en la oscuridad.
Su cuerpo empezó a convulsionarse y sus alas se movían con frenesí. Pero la fuerza del ángel lo superaba.
El demonio lo golpeó en el rostro, haciéndole una perforación con sus garras en la parte baja de la mejilla. Aún así, el ángel no perdió su posición y siguió apretando el cráneo de ese ser. Sus cabezas estaban a la misma altura y Kalyo percibía el forcejeo que producía el cuerpo grisáceo del demonio. Las ranuras de sus dedos le permitían ver los ojos, rojos e hinchados que parecían querer explotar de su cráneo. Sintió un retortijón en su mano y los espasmos de dolor de su contrincante cesaron de manera repentina.
Apretó un poco más la cabeza de ese demonio y al comprobar que su esqueleto estaba completamente quebrado, lo soltó a duras penas para ver como su cuerpo se esparcía en cenizas a su alrededor.
Sus ojos dorados brillaron con mayor fuerza en la oscura profundidad. Giró su rostro hacia arriba y apretó los dientes de pura impotencia al ver a su protegida siendo jalada por el rubio y el niñito ese.
Cuando se aseguró que todos estaban ya arriba de la lancha, hizo un rápido y elegante movimiento con las alas y cruzó el mar de manera violenta.
Llegó a la orilla con rapidez y así como sus alas, los símbolos angelicales de su cuerpo desaparecieron por completo. Se estiró un poco, sintiendo la marea sobre sus pies mojados, mezclándose con la arena de la playa. El cielo empezó a derramar finas gotas de agua que no tardarían en convertirse en fieros estruendos de tormenta.
Esperó a que llegaran más a la orilla y sólo vio a los pelirrojos que remaban con cierto esfuerzo.
Apretó los labios preocupándose por su protegida y se introdujo de nuevo al mar hasta que el agua rozo su cintura. Empujó la lancha en cuanto estuvo a su alcance y de reojo miró a su protegida que estaba con los ojos cerrados semi acostada sobre uno de los asientos. Cuando la lancha ya no avanzó más, Adam se subió sobre la ella y, cargando a la castaña, salió de la balsa y la llevó hasta la orilla.
La recostó en la arena y la observó fijamente. Su hombro estaba en una posición muy extraña y estaba seguro que estaba dislocado. Miró rápidamente hacia atrás y al ver a los pelirrojos tratando de sacar a los otros dos chicos, se giró de nuevo hacia Hermione y poniéndole una mano a unos escasos centímetros de su hombro, la empezó a curar con una extraña luz que brillaba saliendo de su mano. Hizo lo mismo con la herida de su mejilla y se detuvo para ver a la chica.
Ella entreabrió los ojos lentamente y le sonrió.
- Gracias. Realmente dolía.
Adam suspiró.
- Para eso estoy aquí, castaña.
Se quitó su abrigo negro y aunque estuviera mojado, cubrió a la chica con él y se levantó.
Ayudó a la pelirroja a cargar al rubio y ambos lo recostaron sobre la arena. En poco tiempo, el pelirrojo depositó al pelinegro junto al cuerpo de Malfoy y fue entonces que ambos abrieron los ojos y se incorporaron. El pelinegro con un poco de dificultad.
- ¿Están bien? – preguntó el castaño sin estar realmente preocupado. Miró a ambos atentamente y sólo vio un hilito de sangre que escurría de la oreja de Potter.
- Estoy mareado… - Respondió el rubio tocándose la cabeza.- Me punza la cabeza...
- A mí se me reventó el oído... – dijo el pelinegro con una mueca.- Y creo que voy a vomitar...
Sin embargo, no lo hizo, y ambos se levantaron no sin tambalearse.
El castaño se acercó de nuevo hacia la castaña y la cargó antes de que ella pudiese reclamar. Sin embargo pareció aliviada. Le acomodó su abrigó encima de su cuerpo para evitar que se mojara y se sintió patéticamente cursi.
Ladeó la cabeza para comprobar que los demás lo seguían y observó como el pelinegro estaba siendo ayudado por el pelirrojo. El rubio se tambaleaba un poco pero parecía lo suficientemente estable como para no necesitar ayuda.
Ninguno parecía interesado en preguntarle como es qué había llegado antes que ellos y de cierta manera se sintió aliviado.
Hermione pasó sus brazos por su cuello y se recostó sobre la base de su hombro y cuello. El ángel apretó los dientes ante el contacto, como odiaba que lo abrazaran. Rodó los ojos pero no dijo nada ni detuvo su caminar.
- ¿Este momento entra en tus situaciones extremas? – Le susurró la castaña muy cerca de su oído. Su voz sonaba cansada y adormilada. – ¿Podemos aparecernos ahora...?
- ¿Tienes fuerzas para hacerlo?
- Claro qué no. Además ya te dije que no puedo aparecerme a un lugar que no he visto...
- Sabes las coordenadas.
- ... y estoy totalmente mareada. ¿Podrías dejar tu egocentrismo a un lado y aparecernos? – Pidió cerrando los ojos. - ¿Por favor?
- Sujétate entonces, niña. El viaje no te va a agradar. – Hermione se apretó a él y Adam se detuvo para esperar a los demás.
- ¿Por qué te detienes? – preguntó el pelirrojo.
- Agárrense de mí, vamos a desaparecernos.
Los cuatro chicos a su espalda lo miraron confundidos pero acataron la orden en silencio.
El ángel cerró los ojos mientras sentía las manos de todos tocar su espalda. Se concentró en la parte media de la montaña y pronto sintió el familiar destello de la teletransportación.
A diferencia de aparecerse, con este método una ráfaga de viento los envolvió. Sus cabellos danzaron al ritmo del aire que los rodeaba. Sintieron una sacudida en sus pies y el ambiente a su alrededor empezó a mezclarse de formas y color variados, sin poder ninguno de los chicos, darle una forma definida a su visión.
Cuando todo se detuvo, los cuatro chicos se soltaron del castaño rápidamente. La lluvia ya no caía sobre ellos, en cambio, la luna se reflejaba sobre sus siluetas oscuras.
Adam caminó hasta un lugar plano sin prestar atención a las caras sorprendidas de todos a su espalda. Hermione murmuró algo sobre su mareo, pero la ignoró.
- ¿Qué fue eso?
- ¿Qué rayos pasó?
El ángel sacó algo de su bolsillo y lo tocó con la punta de uno de sus dedos. La bolsa se agrandó de repente y el castaño extrajo de ella una especie de lona.
La colocó sobre el suelo y viendo a los chicos que aún estaban con los rostros sorprendidos, extendió su mano y con la luz dorada que desprendía, la lona se convirtió en una enorme casa de acampar.
- Supongo que no debo explicarles que esta casa es mágica y que adentro tiene lo necesario para todos... pelirroja, ayúdame a acostar a Hermione. – Ordenó más que pidió el castaño. Cargó de nuevo a su protegida e ingresó a la casa.
El interior sólo le recordó a Ginny aquella vez que fueron a los Mundiales de Quidditch. Era muy parecida. Tenía cocina, una salita, un comedor, un baño y tres habitaciones, cada una con una litera. La habitación de en medio, tenía, además, una cama a un lado de una mesita de noche. El castaño ingresó a una de las habitaciones y depositó a Hermione sobre una de las camas.
- ¿Le ayudas a cambiarse?
La pelirroja lo miró con los ojos entrecerrados mientras se acercaba a su amiga.
- Si te salieras... – Pronunció la pequeña pelirroja con el ceño fruncido.
Adam torció la boca en una mueca burlona y salió de la habitación sin prisa.
Los otros tres ya estaban recostados en los sillones que tenían la sala.
Lo miraron pero el castaño les envió una expresión de advertencia. iNo pregunten nada./i Les dijo. Y ellos decidieron que lo más prudente sería no saber.
Salió de nuevo y con la mano en dirección a la casa, la hechizó con su magia angelical para que desapareciera a la vista de todos y no pudiera ser detectada. Entró de nuevo sin dificultad y se encontró a todos sentados en los sillones. Incluso Hermione, ya con su pijama puesto, estaba ahí.
- Nadie puede salir. Puse un hechizo sobre la casa y si salen de ella no podrán mirarla. Aquí hay todo lo necesario, lo único que ustedes mismos traen son su ropa y cosas personales. Hay comida, cobijas. Incluso hay un aparato para la calefacción del lugar... cortesía muggle de parte de Hermione... – Dijo de manera automática. Todos asintieron pero no dejaron de mirarlo.
- Siempre me he preguntado porque no usas varita... y hoy sigues siendo una caja de sorpresas, Hellsing.
- Cuando usas la magia y eres lo suficientemente poderoso... la varita queda como utilería vieja...
- Pero aún así... – siguió el pelinegro con un suspiro. La sangre seca y su cabello húmedo contrastaban su rostro totalmente cansado.
- No hay preguntas. Es tiempo perdido, no voy a responderlas. – Atajó bruscamente. El tono serio y gélido de su voz ocasionó un escalofrío en la espalda de los presentes. – Verán cosas que no explicaré... váyanse acostumbrando.
- Lo de hace rato...
- Se llama teletransportación. Es para que no me ubique nadie. – Soltó bruscamente. Harry suspiró.
- Adam... Dios, no entiendo nada.
- Pueden dejar sus cosas aquí, en cuanto guardemos la casa todo se guardará con ella. La última habitación es mía. Ustedes tres duermen en la de en medio. – Dijo mientras ignoraba el comentario del pelinegro. Los ojos de Draco se desorbitaron.
- ¿Qué?
- Lo que oyeron. Es mejor que vayan a cambiarse y a descansar. Queda media montaña que subir y no quiero a nadie cansado. No quiero retrasos. – Ordenó con la voz autoritaria. Hermione sonrió de medio lado. Su guardián nunca cambiaría.
Desapareció, como bien dijo, en la última habitación.
- Voy a matarlo... – murmuró Ron al lado de la castaña.
- No lo entiendo... pero creo que no quiero ni hacerlo.
Harry se dejó caer hacia atrás y se tocó el oído.
Hermione, aunque seguía un poco mareada y le dolía el pecho, se levantó y fue por unas cosas a la cocina.
Nadie habló del incidente en el mar. Parecía que ninguno tenía la suficiente fuerza como para recordarlo. Todos tenían los rostros cansados y en lo que respectaba a Harry, Ron y Draco, todavía llevaban las ropas completamente mojadas.
Cuando regresó, Ron había desaparecido y Ginny dormitaba en uno de los sillones. Se acercó a Harry y se sentó a su lado. Draco se levantó y mirando a la pelirroja con una mueca, le movió el hombro y la despertó. Ambos desaparecieron hacía sus habitaciones con un "Buenas noches" demasiado flojo. Hermione los miró hasta que desaparecieron y luego se giró hacia su amigo.
- ¿Te duele?
Harry se sorprendió del tono preocupado que usó su amiga para hablarle. Hacía mucho tiempo que no estaban los dos solos que hasta se sentía patético.
- S-Sí... un poco.- Admitió. La voz le salió ronca y sintió la garganta seca.
- Gracias. – Dijo ella mientras le pasaba un paño húmedo sobre la herida, el pelinegro soltó un quejido y luego la miró.
- ¿Por qué? – Preguntó confundido.
- Tú y Draco me salvaron... – Respondió encogiéndose de hombros. Harry hizo una mueca.
- De hecho Malfoy también me salvó a mí... – murmuró malhumorado. La castaña sonrió.
- Lo sé... – Le tocó el oído con delicadeza y Harry sintió una corriente electrizante viajar por todo su cuerpo. Ella estaba caliente, en cambio, su cuerpo estaba helado.- Pero trataste de salvarme y también te heriste en el proceso...
Después de unos minutos en silencio, Hermione terminó de curar a su amigo y ambos se levantaron.
Suspiraron antes de entrar a sus respectivas habitaciones...
Y cuando la oscuridad y el sueño los alcanzó esa noche. Todos tuvieron el mismo pensamiento...
El viaje... apenas había empezado.
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¡¡Hola chicos, chicas!!
Dios, sé que me había perdido por mucho tiempo, pero ya saben mis razones... la verdad es que apenas hace como un mes conseguí la compu... pero la inspiración como que no me venía... Además me he comprado un par de juegos... y bueno, tienen toda mi atención. XD. Sorry.
Finalmente les traigo un extenso capítulo y les prometo no tardarme mucho con el que sigue. Ya lo tengo a la mitad y ahora que tengo bastante tiempo libre puedo escribir. Ando en vacaciones extensas, pues tuve que inscribirme para febrero en la Universidad, así que estoy en un lapso de tiempo no recreativo... Les prometo ponerme a escribir más, ¿ok? Sigo perdida en los Estados Unidos y pues ya sabrán.
Bueno, gracias por esperarme todo este tiempo, espero que no se hayan olvidado de mi y aunque sé que la página de potterfics anda medio mal, pues espero que puedan leerme.
Este capítulo, como verán, tiene de todo. Por fin el viaje ha comenzado y comienza la acción. El próximo se llama: "La puerta de la Eternidad" y por lo que se puede ver, los chicos llegarán a la puerta que divide al mundo real del mágico mundo de Avalón. Espero que la historia de la Isla no los haya confundido, me base en el cuento popular del mundo de las hadas. Como pueden ver, se supone que la montaña parece una isla al estar rodeada de pantanos y entonces la leyenda de la tumba del rey Arturo y la famosa Avalón se conectaron de esa forma. Bueno, espero no haberlos confundido más. XD.
Antes de que se me olvide, he comenzado a editar la historia. Ya tengo los primeros capítulos medio arreglados y aunque realmente no cambié nada del contexto general, pues nada más les aviso, las faltas de ortografía me están matando.
Por último, Salesia, amiga, si me estás leyendo quiero agradecerte todo el apoyo que me brindas, sobre todo en los extensos comentarios que sueles dejarme y sin embargo yo no he podido responder... quiero decirte principalmente que la razón es que como entras como anónimo, yo no puedo regresarte el comentario, que ganas no me faltan, te lo aseguro. Como potterfics anda fuera de la tierra, me gustaría saber si tengo tu correo... para comunicarme contigo, soy medio despistada en eso de recordar correos y sus propietarios y sí ya me lo habías dado, me gustaría que me lo recordaras. Muchas gracias de nuevo y te recuerdo que todo lo Draco/Hermione es dedicado a ti. Aquí no había mucho, pero sin duda lo escribí pensando que te gustaría.
Sin más me despido, espero recibir sus comentarios, ya saben que los adoro a todos.
¡Les mando un abrazote y un beso!
Muchísimas gracias... Son mi ánimo de seguir.
Bye, bye.
Su amiga DarkGranger.
