Una profecía de los cielos
DracoDormiens Nunquam Titillandus
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21.-La puerta de la eternidad.
Lo que hagas en la vida, tendrá eco en la eternidad.
El tiempo es el mejor director de cine, siempre encuentra el final perfecto.
- ¿Podríamos descansar?
- Descansamos hace media hora, pelirrojo.
- Bueno, pero creo que esta maldita montaña está lo suficientemente empinada como para quejarme... y no soy el único que está agotado.
- Eres el único que se queja. – Volvió a responder Adam sin realmente ponerle atención. Iba más concentrado en, prácticamente, arrastrar a la castaña para evitar que cayera del cansancio. La jalaba de una mano mientras a su espalda llevaba una mochila que contenía la casa de acampar.
Como él bien había dicho, todas sus cosas habían quedado limpiamente guardadas dentro de ésta, por lo cual, ninguno de los chicos cargaba nada. Claro, exceptuando una botella que a cada hora la rellenaban de agua. Y su varita, claro.
Hacía aproximadamente dos horas que habían empezado a subir la dichosa montaña, y el camino parecía infinito. Además de estar extremadamente empinada, lo que los obligaba a recorrer el camino casi con pies y manos, el sol de ese día, a pesar de estar a principios de diciembre, era bastante agobiante. Adam les había dado una soga para que se la amarraran a la cintura y así poder evitar accidentes. Y por supuesto, él iba a la cabeza, seguido de Hermione, luego Harry, Draco, Ron y al final había quedado Ginny, quien lucía un rostro pálido y cada vez tropezaba más a menudo.
- Soy el único capaz de hacerlo... – Espetó el pelirrojo de nuevo.
Hermione se detuvo de repente, y jaló con muy poca fuerza al castaño.
- Creo que Ron tiene razón, Adam... deberíamos descansar. Estoy a punto de regresar el desayuno... – Advirtió con el rostro igual de pálido que Ginny.
Lo que Hermione más odiaba es nunca haber sido buena para el deporte, que no le gustaba en absoluto. Quizás la equitación y el Tenis se le habían dado, pero condición física sí que no tenía.
Y en esa ocasión lo odiaba todavía más, por supuesto que haber recorrido casi diez kilómetros de una subida con un ángulo de casi 50 o 60 grados, no era nada agradable. Por supuesto, su mareo, su palidez y sus ganas de regresar lo poco que había ingerido esa mañana antes de partir, era a causa de una enfermedad llamada: Sobre esfuerzo. Era tal el cansancio, que apenas Ron y Harry (que eran de los presentes los que hacían más deporte y entrenaban mucho más tiempo que Draco) eran medio capaces de seguir el paso. Además, claro, de su guardián que tenía una fuerza demasiado... increíble.
El ángel miró con detenimiento la cara de cansancio de los presentes, sin duda tendrían que parar, esa empinada montaña estaba causando la debilidad de todos. Vio como el pelirrojo ayudaba a su hermana a caminar mientras él mismo respiraba con dificultad. El rubio se había encorvado hasta recargarse sobre sus rodillas y el sudor de su frente demostraba el agotamiento de su cuerpo. El niño pelinegro estaba intentando nivelar su respiración mientras se tocaba el costado derecho del estómago con insistencia.
Y Hermione... ella había tenido que sentarse en el suelo y esconder su rostro entre las rodillas porque parecía mareada. Suspiró y asintió con la cabeza de manera derrotada.
Miró de nuevo al frente y se revolvió el cabello, ignorando que esa expresión corporal era demasiado humana.
- Está bien... ¿Miran ese árbol de allá...? – Señaló unos diez metros más arriba con un dedo y los miró. Harry, Ron y Draco asintieron. Hermione y Ginny estaban demasiado mareadas para mirar.- Llegaremos hasta ahí y descansaremos un rato...
- Por lo menos una hora...
- Tal vez... – Respondió el ángel con recelo.- Hermione, levántate...
- No puedo... – Jadeó la chica. No miró como Adam se arrodilló a su lado pero sí sintió como le quitaba la soga de la cintura. Luego sintió sus grandes y fuertes brazos rodearla por la cintura e incorporarla con delicadeza. Bajó su rostro hasta su oído (Ignorando la mirada fulminante de dos chicos a su espalda) y le susurró con delicadeza, aunque Hermione oyó un matiz de burla en su voz. – Te voy a cargar... Me encantaría cargarte con los dos brazos, pero supongo que se vería muy extraño que no me afecte tu peso de ninguna manera, sobretodo que no necesite de las manos para subir... así que agárrate de mi espalda...
La castaña estaba demasiado mareada como para sonrojarse de la posición en la que se encontraban, así que asintió torpemente y se agarró de su cuello cuando Adam se dio la vuelta y se agachó ante ella.
- Hellsing, vas a tirarla y los dos se van a caer... – Murmuró entre dientes el ojiverde. Draco hizo una mueca a su lado.
- Por más que me cueste estar de acuerdo con Potter, él tiene razón... van a caerse... y te voy a matar si se lastima... – Murmuró eso mismo para él, ignorando que el castaño podía oírlo.
Los miró con una sonrisa tan arrogante, que hizo que ambos apretaran los puños.
- Ustedes tienen que cargar a la pelirroja, estoy seguro que son demasiado débiles como para llevar a Hermione... – Harry y Draco apretaron la mandíbula de pura impotencia.
- Déjalos en paz, Kalyo... – Le susurró la castaña al oído mientras apretaba los dientes.
Aunque Harry estuviese un poco flaco, la musculatura de su cuerpo era bastante decente. Sus antebrazos estaban duros como su plano y marcado abdomen y su perfecto pecho... y para vergüenza de la castaña, ella lo sabía de muy buena fuente.
Draco era diferente, pues sus hombros eran más anchos y sus músculos se marcaban de manera perfecta en sus brazos, su abdomen y su pecho. Siendo más marcado que Harry. Era un poco más alto que el pelinegro pero más bajo que Ron, y Hermione se sintió mucho más avergonzada al percatarse que también sabía eso de muy buena fuente. Hasta podía presumir de saber cómo había conseguido ese cuerpo porque una vez, el rubio le había dicho que su padre lo había sometido a duros entrenamientos desde niño.
Y aunque Ron no tenía tanta musculatura como Draco, sí tenía tanta como la de Harry. El pelirrojo les ganaba en estatura y sus hombros eran mucho más anchos. Sin duda, el fuerte de Ron eran los brazos. Por suerte para la castaña, no se sintió tan avergonzada por saber eso de su pelirrojo amigo.
- Ya, ya... – Le respondió su guardián con indiferencia.
Ron fue el que cargó a su hermana sobre sus hombros. El pelirrojo agradeció infinitamente que su hermana fuera bastante delgada y menudita, pues su peso no significó ninguna dificultad para él. Pensó de inmediato que había sido bueno que su novia no los hubiera acompañado, pues ella tampoco hubiera resistido subir esa montaña, y a pesar de que la extrañaba horrores, sabía que estaba a salvo en su casa y con su padre.
Caminaron los siguientes diez metros en silencio y cuando llegaron, bajo la sobra de los árboles, todos se dejaron caer con cansancio. Adam permaneció de pie mientras estudiaba el camino, fácilmente les faltarían unos seis kilómetros de camino y se dio cuenta que serían muy difíciles gracias a la condición que todos mantenían.
Se agachó junto a la castaña y la miró.
- ¿Puedes aparecerte en la cima? – Le preguntó con voz suave.
- Supongo que sí... pero dijiste que podrían localizarme... – Respondió contrariada.
- Para mí es mejor que nos localice Voldemort a que nos localice Perseus. Y sin duda, ese maldito demonio ya está tras nosotros... porque sólo me siente a mí y a mi magia.
Hermione asintió en silencio y miró a sus amigos.
- Comemos algo y nos vamos, ¿Está bien?
- Perfecto. No quiero quedarme mucho tiempo en esta montaña.
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- ¡Maldición, Albus! ¿Dónde están? No es posible que hayan cambiado el destino del traslador...
- Cálmate, Alastor, no vamos a conseguir nada exaltándonos de esa manera... Sabemos que la Srta. Granger posee una inteligencia envidiable...– Respondió el anciano profesor con tranquilidad. Una que realmente no sentía.
- Dumbledore tiene razón, Moody. Debemos concentrarnos en localizarlos... – Comentó Remus Lupin al otro lado de la habitación.
- Ese maldito escuincle, seguro fue su estúpida idea la de fugarse... – Escupió Severus Snape mientras se apretaba el puente de la nariz con enfado.
- No. Estoy seguro que ese joven nuevo tiene mucho que ver... Dinos, Albus, ¿Tú sabes quién es ese chico? – Preguntó Minerva McGonagall desde el extremo contrario del despacho del director.
- No sirve de nada saberlo, Minerva. Lo único que puedo asegurarles es que ese chico es nuestra única esperanza... tengo fe en que los protegerá si no los encontramos a tiempo. – Suspiró el anciano mientras recargaba su espalda en el sillón de su escritorio.
- Cre-
Un fuerte portazo interrumpió la réplica del profesor de Pociones.
- ¡Por las barbas de Merlín! ¡¿Dónde están?! – Rugió Hagrid mientras su enorme cuerpo traspasaba la puerta del despacho. – Esos niños... ¡Escaparse del colegio en plena guerra! ¿Cómo se les vino a ocurrir? – Se lamentaba el guarda bosques y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
- Arthur está en el Ministerio intentando localizar el paradero de los chicos, Hagrid. Pero parece que no han hecho magia hasta el momento... Si siguen así, será casi imposible encontrarlos.
- ¡Por Merlín! ¿Y cómo está Molly, profesor Dumbledore?
- Devastada. Bill y su esposa Fleur están en su casa como compañía. Los gemelos también están con la brigada de búsqueda... Charlie está por regresar de Rumania.
- Creo, señor, que Potter es mucho más irresponsable de lo que imaginábamos... – Siseó Snape con el rostro descompuesto de furia.
Albus Dumbledore se levantó mientras suspiraba. Oyó los murmullos a su alrededor y él mismo pensó que Harry ya no parecía confiar en ellos.
- Aunque no lo creas, Harry... yo también cometo errores... – Susurró. Pidió que Adam se diera cuenta del peligro y abortara su misión.
Aunque algo adentro de él estuvo seguro que eso no pasaría.
- ¡Están en Glastonbury! ¡Hermione Granger se apareció en esa zona hace una hora! – Profirió la voz de Arthur Weasley entrando con desesperación a la reunión. Las cabezas de los presentes se giraron a verlo sorprendidos.
- Es hora de partir, estoy seguro que Voldemort sabe lo mismo que nosotros... – Dijo la voz de Dumbledore con una seguridad admirable. Sus ojos reflejaron una valentía que rejuveneció su rostro por unos segundos.- Debemos ayudar a que los chicos lleguen a su destino a salvo... y sí se aparecieron, estoy seguro que están cerca...
Todo el mundo lo miró con los rostros contorsionados de sorpresa y cuando los ojos azules del Director legendario de Hogwarts brillaron, nadie se atrevió a replicar.
- Debemos confiar en que están haciendo lo correcto.
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- Te cuidado, Granger... – Le susurró la voz del rubio a su oído. La sujetó de la cintura por más tiempo de lo que a ella le habría gustado y cuando sintió que la apretaba contra su pecho un temblor invadió su cuerpo.
- G-Gracias, Draco... – Susurró mientras se intentaba separar de su cuerpo sin conseguir mucho. Draco parecía disfrutar de tenerla así y eso para ella solo le ponía los pelos de punta de puro nerviosismo.
Se habían aparecido en la cima de la montaña como lo habían previsto antes del almuerzo. Cuando habían llegado, el ambiente sombrío los había abrazado con un escalofrío. A pesar de que la altura dejaba al descubierto el sol luminoso con las nubes de tormenta como escolta, el verde de la montaña lucía solitario y sin vida. Las acostumbradas flores de primavera habían desaparecido de la vista y en cambio el verde y café hacían presencia con un tipo de soledad opaca. Tenían bastante suerte como para no encontrar esa cima nevada... la nieve apenas empezaba a caer a lo largo del continente y al parecer ese pequeño poblado aún no la recibía.
Hermione pensó que tenían algo de suerte... si hubiese habido nieve las cosas se hubieran complicado desfavorablemente.
Y a pesar de todo... ahí arriba todavía faltaba lo más difícil de su camino... encontrar la entrada. La Puerta de la Eternidad.
Según les había explicado el castaño, la puerta emanaba una magia antigua muy difícil de percibir... esa magia sólo la encontrarían invocaban un hechizo antiguo que sólo el ángel sabía realizar. Así que se había hincado en la tierra con las manos juntas mientras susurraba palabras incoherentes para todos los presentes. A simple vista parecía que estaba rezando, pero Hermione sabía que era algo mucho más poderoso que eso.
Y los cinco lo sintieron unos segundos después. La magia que sintieron fue increíble.
Cuando su guardián había terminado, ya todos eran capaces de sentir la presencia de una magia poderosa y antigua. El castaño parecía agotado, por lo que les había pedido buscar la puerta mientras él descansaba.
Así habían comenzado a buscar hasta que la castaña había tropezado por el cansancio de sus piernas... y Draco le había evitado la caída.
- Yo podría cargarte sí estás cansada... – Susurró con tono sugestivo. La giró para mirarla y la castaña colocó sus manos de manera inmediata en su pecho para tratar de separarlo. Draco sonrió de manera burlona diciéndole con la mirada que no podría hacerlo tan fácilmente. – Yo podría haberlo hecho allá abajo... – Le susurró seductoramente mientras la apretaba en un abrazo que hizo sudar las manos de Hermione. Su cara quedó completamente pegada a su pecho y la castaña pensó que eso estaba yendo por un camino muy peligroso. Su respiración empezó a agitarse y está vez intentó separarlo con más fuerza.
De repente, había entendido su comentario y se dijo que no tenía tiempo para arrogancia machista.
- N-No l-lo d-dudo... – Su voz salió demasiado temblorosa para su gusto. Draco empezó a recorrer su cuello con los labios, y un escalofrío tembló en su cuerpo.
El estúpido de Malfoy sonrió orgulloso de ello.
Decidió intentar separarlo de ella definitivamente cuando sintió sus labios en su mandíbula, aunque no estaba muy segura si hacer eso o derretirse, porque, bueno no lo hacía nada mal. Agitó la cabeza para borrar esos pensamientos de su mente y decidiendo la primera opción empezó a poner más fuerza por empujarlo, sintió como el rubio se separaba de ella con un poco de brusquedad. Se sorprendió de su propia fuerza, se preguntó sí los entrenamientos con su guardián estarían dando resultados. Una voz la distrajo.
- Me alegra que estén poniendo tanto empeño en la búsqueda... – Susurró la voz fría de su guardián a su lado, quien había jalado a Draco. Le lanzó una mirada fulminante a ella, y Hermione se confundió de sobremanera. ¿Y ahora qué había hecho? ¡Malfoy la estaba acosando! ¡A ella!
La castaña miró al rubio y lo vio con una sonrisa arrogante. Parecía no importarle la frialdad en los ojos del castaño. Hermione le hizo una mueca.
- Hermione estaba cansada... – Susurró el rubio hablando con su tono sugestivo. Adam apretó las mandíbulas y lo miró con furia. Hermione decidió tomarlo de la mano y lo jaló un poco para evitar que hiciera una tontería. Para su sorpresa Adam no se resistió y la siguió.
– Sigue buscando... – Le ordenó mientras ellos se alejaban. El rubio sonrió y se dio media vuelta caminando con su típica elegancia.
Se alejaron lo suficiente como para mirar que todos seguían buscando a su alrededor. Sólo entonces, Adam se soltó de su agarre bruscamente y la encaró con una mirada furibunda.
- ¿Ahora con el estúpido de Malfoy? – Preguntó bruscamente. Hermione parpadeó confundida por unos segundos y luego sonrió.
- ¿Acaso estás celoso?
- No digas, tonterías, Granger... Sabes muy bien porque me pongo de esta manera. – Susurró con una voz inundada de frialdad. A la castaña se le borró la sonrisa y lo miró seriamente. Por primera vez la había llamado por su apellido de una forma extrañamente tétrica. – No puedes jugar...
- En todo caso, yo no he hecho nada... ha sido él quien se me acercó. – Dijo mientras se encogió de hombros. – Y no estoy jugando...
- Hace unos días estaban que te morías porque el estúpido de Potter te había dejado... ¿Ahora con Malfoy? – Espetó con brusquedad mientras parecía ignorarla. Hermione entreabrió la boca mientras lo miraba y no pudo evitar sentirse mal por su comentario. – Parece como si jugaras con lo hombres...
PLAF.
Si Kalyo Hellsing tenía planeado decir algo más, la bofetada de su protegida lo impidió.
Hermione se tomó la mano con dolor. Estuvo segura que aunque su guardián hubiese ladeado la cara por el golpe, el dolor únicamente lo había sentido ella.
- ¿Qué rayos te pasa, Hermione? – Preguntó cuando la miró. Su voz sonó temblorosa y Hermione estaba segura que evitaba gritarle.
Bajó sus ojos para impedir que ese estúpido viera sus lágrimas.
- Acabas de agredirme verbalmente, estúpido... ¡Me trataste como una cualquiera! ¡Eres un idiota! – Exclamó. Se giró para marcharse pero la mano del castaño se lo impidió, y aunque la tomó con fuerza del brazo, Hermione sintió que lo hacía con mucha delicadeza. Incluso más que de costumbre.
- Espera... – Susurró a su oído. Apretó los dientes y sintió un agujero en el estómago sin saber muy bien la razón. Miró sus ojos cristalinos y algo en su pecho se rompió de inmediato. Cuando volvió a hablar, su voz denotaba un tono completamente ahogado. – Espera... Lo siento. No era mi intención llamarte... bueno, eso.
Hermione no le contestó y seguía sin mirarlo. Adam se preocupó de verdad está vez. Se sintió estúpido por eso pero no le importó.
- ¡Hermione! – La tomó de los hombros y la zarandeó un poco.- ¡Maldita sea, no era mi intención ofenderte! ¡Tú lo sabes! – Con impotencia tomo su rostro entre sus manos y la obligó a mirarlo. – Hermione, no me hagas decirlo, por todos los cielos... – Suspiró y la miró con turbación.- No quiero que te vuelvas a... atontar con alguien, no quiero volver a ver como sufres... no lo soportaría. Dios, Hermione, no sé lo que me hiciste, pero tú felicidad me está importando demasiado... y necesito que escojas a alguien que no te lastime...
La castaña intentó desviar la mirada pero Adam se lo impidió de nuevo. Cuando sus ojos chocaron, los plateados del castaño le aseguraron que no mentía. Se abrazó de él fuertemente y escondió sus lágrimas en su pecho. Lo que más le dolía era que sus seres queridos la agredieran.
- Lo que menos deseo es jugar con alguien... – Gimoteó. Adam apretó los puños sin regresarle el abrazo.
- No, no... Maldición, lo sé. Me enojé porque no quiero que jueguen contigo, Hermione.
- No quiero jugar con nadie... – Repitió la castaña acongojada.
El rostro de Adam se descompuso y la tomó de los hombros fuertemente.
- Ya lo sé, Hermione, ya lo sé... Perdóname, lo último que quiero hacer es lastimarte. Sí tú decides en este momento que perdonas al niñito ese, te juro que hago lo que sea para que no te vuelva a lastimar. Sí eliges cambiarlo por Malfoy te juro que hago algo para que nunca te lastime... Dios, castaña, eso es todo lo que quiero... ¿Cuántas veces crees que he pedido perdón sinceramente, castaña? – La apretó un poco más y contrajo sus mandíbulas fuertemente. – Lo siento...
La chica no respondió pero siguió pegada a su pecho unos minutos más. Se separaron cuando la voz de Harry a lo lejos sonó con júbilo.
- ¡Chicos, encontré una cueva! – Adam limpió una última lágrima de su rostro antes de separarse de ella y tomarla de la mano delicadamente para dirigirla con sus amigos. Hermione sonrió antes de darse cuenta que Adam realmente se agobiaba por su vida.
Se arregló el rostro con la varita y lo siguió.
OoOoOoO
(Atención, el siguiente pedazo contiene violencia un poco sangrienta, si amaban a Kalyo por ser tan tierno, quizás su verdadera faceta sádica las deslumbre un poco. Están advertidas.)
- Algo... se siente por ahí abajo... no estoy totalmente seguro, pero creo que ahí podría estar la puerta... – Dijo el pelinegro mientras miraba a los demás. Todos sentían la presencia mágica de algo muy poderoso y Adam estaba completamente seguro que Harry Potter había encontrado "La Puerta de la Eternidad".
La cueva se encontraba en uno de los costados de la montaña. Estaba escondida entre árboles, rocas y matorrales que impedían su visión a simple vista. Varias rocas de diferentes tamaños, pero especialmente grandes, bordeaban alrededor de ellos. Esa zona parecía ser totalmente ajena a la superficie de la montaña. En los bordes de la cueva, cientos de florecillas crecían con magnificencia, como si el invierno no las afectara nunca.
Se miraron entre ellos antes de asentir con la cabeza y empezar a caminar hasta el pequeño agujero que parecía entrar directamente en la superficie de la montaña, como si fuera descendiendo con un camino casi vertical. Por la oscuridad que reinaba en el interior, no se podía apreciar que había dentro de ella, por lo que nadie estuvo muy seguro de qué es lo que encontrarían.
Adam iba caminando a la cabeza de grupo, cuando de repente sintió algo a su derecha y se detuvo. Los demás se detuvieron al mismo tiempo y antes que ninguno pudiera pronunciar palabra alguna, una explosión a su derecha los alarmó de inmediato.
Los sucesos siguientes aparecieron tan rápido que apenas tuvieron tiempo de sacar sus varitas.
Aproximadamente unas 20 nubes de humo líquido se aglomeraron alrededor de ellos.
Un cuerpo humano se formó de repente en cada una de las nubes y los Mortífagos aparecieron con una exclamación que hizo que la castaña se estremeciera.
Vestían su típica e histórica capa negra, sus rostros estaban cubiertos por la máscara blanca que los caracterizaba pero Hermione estaba segura que sonreían de puro placer. Levantaron sus varitas y pronto, los seis estuvieron rodeados.
Adam extendió su mano derecha hacia su costado y sonrió con arrogancia a pesar de tener a más de una docena de encapuchados apuntándolos con las varitas. Una luz proveniente de su brazo los cegó por unos momentos y una espada empezó a formarse como hebras de fuego dorado que relució con esplendor sobre la palma de su mano.
Se les quedó mirando por unos segundos, y Adam vio perfectamente el terror implantado en los ojos de sus contrincantes cuando su espada estuvo en posición de ataque y sus ojos brillaron como esferas de oro luminoso.
Los chicos a su espalda aprovecharon los titubeos de los Mortífagos y atacaron con peligrosos hechizos y poderosas maldiciones que dejaron a una parte fuera de combate.
- ¡Depulso!
- ¡Expelliarmus!
- ¡Confundus!
- ¡Diffindo!
- ¡Everte Statum!
Adam sonrió mientras su cuerpo se movía con voluntad propia. Casi como reflejo.
Cuando su espada se clavó entre las entrañas de uno de aquellos asquerosos humanos, sintió un placer ardiente recorrer su cuerpo entero. La máscara del encapuchado desapareció como fuego y su cuerpo sin vida cayó a los pies del ángel con un golpe ahogado por el barullo. Su mano se roció de sangre y sus ojos no pudieron sino arder aún más.
Los atacantes reaccionaron ante los ataques y sus maldiciones volaron de un lado a otro.
Con una pierna, el ángel se echó para atrás y con su espada detuvo una maldición que iba directo hacia el pelirrojo. El chico no pudo sino verlo con mucha sorpresa, y Adam le sonrió con arrogancia y con un corte de su espada dirigido al aire, tres de los encapuchados salieron disparados contra las rocas de su espalda. Sin estar contento con eso, sus ansias sádicas y vengativas, lo obligaron a arremeter contra ellos de una manera violenta.
Corrió hasta ellos mientras clavaba su espada contra la tierra y la dejaba ahí por unos segundos. Estrelló sus dos manos abiertas contra los rostros descompuestos de los Mortífagos que habían quedado más o menos en pie y sus mismas máscaras fueron sus verdugos al enterrarse en la piel con un macabro quejido ante la presión que imponía el castaño sobre ellos. Los ojos desorbitados empezaron a llenar de sangre las manos de Adam, quien asqueado, se separó de ellos viendo los cuerpos caer como dos sacos vacíos y sin importancia.
Se giró al otro encapuchado que se retorcía de dolor con los brazos y las piernas en una posición bastante extraña, y con el acopio de su rostro inexpresivo y su frialdad, pateó su rostro con tal fuerza que hasta escuchó el crujido de su cráneo al romperse en pedazos bajo su pierna.
Recogió su espada al momento que vio como su protegida lanzaba una maldición que dejaba inconsciente a uno de sus contrincantes. Sonrió satisfecho por ella pero la mueca le duró poco cuando vio el asecho de un Mortífago tras su espalda desprotegida.
Formó una bola de energía verde en la palma de su mano y la lanzó con violencia en su dirección. Cuando el Mortífago dejó caer su varita mientras la pequeña esfera de fuego verde se adhería a su cuerpo, Adam no pudo dejar de apreciar el suceso que arremetió contra su cuerpo.
El veneno de su hechizo recorrió al ser humano mientras éste se convulsionaba de manera frenética. Cayó al suelo sin detener sus convulsiones y el castaño observó con deleite como su piel se cubría por sus propias venas inflamadas, derramando sangre por sus ojos y boca. Quedó estático después de unos momentos y el inerte cuerpo le aseguró la muerte inmediata.
Hermione lo vio horrorizada y se desprotegió durante ese lapso de tiempo, Adam estuvo a su lado rápidamente y la cubrió de una maldición de intenso resplandor que se dirigía hacia ella.
La castaña dio un grito ahogado cuando el rayo verde impactó contra el cuerpo que la protegía. Un dolor intenso recorrió el cuerpo del ángel de manera descendente, pasando varias veces por sus extremidades, cayó sobre una rodilla clavando la espada en la tierra mientras la apretaba con su mano derecha. Apretó los dientes y cerró los ojos mientras las venas de su frente sobresalían por el esfuerzo. Gotas de sudor perlaron su frente por primera vez en la tierra.
Cuando abrió los ojos aún con los dientes y mandíbulas apretadas, lo único que hizo fue enfurecerse mientras los ojos le brillaban con mayor fuerza. Se levantó lentamente mientras observaba con frialdad el rostro confundido de su atacante. Con su rapidez prodigia estuvo a su lado en un abrir y cerrar de ojos y tomó su mano con fuerza, la apretó hasta sentir los huesos destrozados y el Mortífago dejó salir un chillido de dolor. Con la insensibilidad desatada por los poros de su rostro, Adam le clavó su espada en la mandíbula, traspasando su cráneo sin piedad, lo llevó hasta elevarlo por sobre su cabeza y de un brusco movimiento arrojó el cadáver contra el suelo y estiró los músculos de su cuello.
Varias sombras oscuras aparecían a cada minuto y el ángel deseó matarlos de una sola estocada.
Observó a su alrededor y vio lo malheridos que estaban sus acompañantes. Potter y Weasley tenían cortes en sus rostros, y el pelirrojo mostraba una herida profunda en uno de sus costados que intentaba ser atendida por su hermana que sólo tenía rasguños y una herida en su rodilla.
El pelinegro parecía muy capaz de luchar todavía, aunque de su cabeza un hilillo de sangre se derramaba con insistencia. Se sorprendió de sus rápidos y calculadores movimientos que dejaban inconscientes a sus contrincantes.
Desvió la mirada para ver que el rubio tenía su cabello lleno de suciedad y su brazo derecho colgaba de su cuerpo como un miembro inútil. Aún así, le sorprendió la destreza de su ataque y la rapidez con la que se movía en cada estocada de su varita.
Y por último, vio a su protegida. Se enfureció al ver un corte en su mejilla y el rostro sucio con el cabello alborotado. Parecía no tener ninguna herida más pero Adam supo que no quería esperar a que las tuviera.
La espada que sostenía con su mano se desvaneció con lentitud y luego abrió su palma para extenderla hacia el frente. Se colocó un poco de costado y cuando recitó el hechizo con su voz angelical, sus cabellos castaños se elevaron con la corriente de aire que desprendió su cuerpo.
Una barrera invisible explotó de su mano extendiéndose a lo largo de la zona. Golpeó a los Mortífagos llevándoselos consigo hasta que chocaron contra la pared de roca que los rodeaba. Los demás se quedaron parados y confundidos mientras las respiraciones cansadas eran el único eco que sonaba dentro de la barrera. Harry vio a su alrededor para percatarse de cómo los Mortífagos estaban siendo estrujados contra las rocas, y cómo algo invisible los presionaba de manera violenta.
Adam seguía con la mano al frente y los ojos se le oscurecieron al tiempo que la ráfaga de viento remató con brusquedad. Hermione cerró los ojos mientras se tapaba los oídos en cuanto los gritos escalofriantes de los Mortífagos aullaron con dolor cuando los huesos de sus cuerpos se enterraron en sus pieles. Las extremidades explotaron como gelatina por la presión, y la sangre quedó marcada sobre las rocas cuando la barrera desapreció, mientras lo que quedaba de los cuerpos caía sin piedad en el suelo.
Cuando Adam vio más sombras descendiendo a su alrededor, su furia se desató de verdad.
Apretó los puños y los dientes de rabia cuando el humo seguía transformándose en humanos. Iba a sacar su espada cuando el humo empezó a ser blanco.
La Orden del Fénix se integró rápidamente a la batalla. Adam se quedó estático y sorprendido por un momento pero Hermione lo jaló del brazo para llamar su atención.
- ¡Tenemos que entrar ya! – Supo inmediatamente que ella tenía razón. La jaló hasta llegar a los demás que seguían confundidos y llamó su atención.
- ¡Vayan, corran hacia la entrada...! – Les ordenó con voz autoritaria. Golpeó a un encapuchado que se acercaba hasta ellos y lo clavó contra el tronco de un árbol. La sangre le corrió por la boca y los oídos de inmediato. El cuerpo comenzó a convulsionarse y estaba a punto de rematarlo cuando una mano en su brazo se lo impidió.
- Adam... – Suplicó la castaña con ojos cristalinos. Solo pudo asentir ante su suplica y corrió hasta la entrada de la cueva. Estuvo a punto de regresarse cuando vio que Dumbledore había aparecido en la batalla y había tomado a Harry por un brazo, pero cuando le dijo algo y él escuchó claramente su comentario, no pudo sino sentir cierta sorpresa por ese mago que parecía mucho más perspicaz de lo que demostraba.
- Tienes que ser fiel a ti mismo, si confías en ti, lograrás lo que te propongas...Tienes queregresar... – Le dijo, y lo soltó. Le dio la espalda y Harry se quedó parado y confundido. El rubio que pasó a su lado corriendo lo tuvo que empujar para que reaccionara, y cuando lo hizo, Adam vio una determinación increíble en sus ojos.
Atravesaron con rapidez el campo de batalla. Adam pasó junto al pelirrojo y lo ayudó a correr prácticamente arrastrándolo y arrebatándoselo a su hermana. Pasó uno de sus brazos por su hombro y corrió.
Escuchó una explosión a su espalda y supo que Dumbledore había sellado la entrada de la cueva. Las rocas demolidas empezaron a caer sobre ellos mientras seguían avanzando.
Cuando la luz del túnel se extinguió. Sus cuerpos cayeron por una especie de agujero que los succionó hacia abajo con fuerza. La oscuridad se cerró en torno a ellos y sólo sintieron el vértigo de la caída como un viaje infinito y abrumador.
Adam sintió el viaje demasiado largo y esperó un golpe todavía peor. Abrió los ojos y el panorama frente a ellos se mostró brillante y paradisiaco, en ese momento se sintió extrañado de estar en tierra firme y sin signos de un golpe por la caída.
Se levantaron con dificultad e incluso el castaño ángel tuvo problemas para dejar el mareo de lado. Sus ropas estaban húmedas y de inmediato, Adam se dio cuenta de que estaban parados sobre un extraño líquido verde, diáfano y casi brillante. A sus pies, y casi inundada del liquido cristalino que se asemejaba al agua, una extensa y casi infinita llanura de hermosas flores exóticas y de colores alucinantes se extendía con magnificencia.
Miró hacia arriba y las luces brillantes a su alrededor lo sorprendieron. La oscuridad bordeaba a su alrededor y era casi como si el espacio gigantesco en donde estaban no tuviera un final concreto.
Desde el cielo lejano y sombrío del lugar donde estaban parados, esferas suspendidas de brillo intenso caían como si fueran copos de nieve sobre sus cuerpos, eran transparentes pero parecían tener una luz propia. El techo a sus cabezas parecía una especie de laguna gigante que mostraba sus reflejos extendidos y desfigurados.
Ginny se acercó a una de las brillantes luces que caían suspendidas a su alrededor, intentando tocarla, pero comprobó con sorpresa que la brillante luz se desintegraba al contacto con su mano, pareciendo arena que volaba con el aire que entraba en la estancia. Incluso Ron, que soportaba un enorme dolor, se quedó estático a la hermosura afrodisiaca del lugar.
Lo más impresionante del asombroso pero fantasmagórico pasaje era una abertura que se formaba en el centro de la llanura de flores. Su forma desfigurada se asemejaba a la complexión de un ojo gigante. La textura parecía mercurio líquido y brillaba rodeado de un dorado luminoso, derivando colores mezclados como el amarillo y el plateado. Ofrecía una atrayente danza casi hipnótica, meciendo su estructura a la par del aire. Se balanceaba pausadamente a unos treinta centímetros de la planicie sumergida y su brillo atraía a los chicos a acortar su distancia hasta poder tocarla y comprobar si era real.
El ángel frunció el ceño ante el poder mágico que esa estructura desprendía. Era más poderosa de lo que se había imaginado y, aunque le costara aceptarlo, más alucinante de lo que había leído en el diario de su padre.
Los chicos reaccionaron cuando se dieron cuenta de lo qué significaba esa extraña abertura suspendida a unos metros de ellos. La Puerta de la Eternidad los esperaba como si se tratase de una invitación a otra dimensión.
- Esto... siento interrumpir la magnífica escena, pero... ¡Es que si no me ve alguien me voy a desangrar! – Exclamó el pelirrojo en cuanto una punzada de dolor recorrió su cuerpo. Se dejó caer con pesadumbre y sintió de nuevo la humedad de la superficie mojar sus ropas.
En cuanto el pelirrojo dijo eso, su hermana y sus dos amigos estuvieron a su lado enseguida. Draco se quedó rezagado a su lado mientras miraba la escena.
Adam permaneció con la vista fija en la entrada, se sintió débil cuando estuvo a un metro de distancia y se retiró de nuevo. La fuerza volvió a correr por sus venas y se preguntó el por qué.
- Episkeyo... – Susurró la castaña sobre la herida de su amigo. La herida se cerró, pero los chicos miraron con sorpresa como ésta no se cicatrizaba por completo. Hermione frunció el ceño y repitió el hechizo con un vacío en el estómago. La herida no cedió, y entonces Harry intentó su parte.
Nada ocurrió e incluso Ginny y hasta Malfoy tuvieron que probar sin obtener resultados positivos.
- ¿Qué pasa? – Preguntó la castaña confundida. Miró en dirección a su guardián y lo sorprendió mirándola. - ¿Adam...?
El ángel no desvió la mirada cuando los cinco pares de ojos se posaron sobre él. Vio la incertidumbre en la cara de Potter y Malfoy. Pero para su sorpresa no encontró rencor en la de los pelirrojos.
- Nuestra magia disminuyó su poder porque estamos cerca de la Entrada a Avalón. – Respondió de manera autómata. Harry se levantó mientras los demás se miraban confundidos y asustados. Hermione se giró a su amigo y sacándose la sudadera morada, apretó la herida del estómago del pelirrojo para mermar la hemorragia qué no parecía muy peligrosa.- Quizás dentro de Avalón nuestros cuerpos pierdan un poco de poder... la magia que usemos podría disminuir de intensidad.
- ¡Estoy harto de ti! – Exclamó Harry de repente y se acercó hasta quedar frente a él. Aunque fuera un poco más bajo que el castaño, su expresión seria y decidida se plantó a la defensiva.- No quiero entenderte, Hellsing, pero ya me cansé de que nos ocultes las cosas... ¡Maldición! Lo que pasó allá afuera... Tus malditos conocimientos de todo... – Se revolvió el cabello con frustración y una mano se posó en su hombro para detener cualquier tontería que quisiera hacer. Cuando el pelinegro se giró esperando ver la cara de su mejor amiga, se sorprendió de sobre manera al ver el rostro pálido de su enemigo de la infancia. El rubio tenía una expresión igual de seria que sí mismo y sintió una extraña gratitud cuando se percató de que el rubio lo apoyaba.
- ¿Cómo mataste a todos esos Mortífagos tan fácil? – Preguntó con su voz glacial.
Adam se cruzó de brazos y mostró una actitud completamente altiva. Hermione lo miró con la súplica clavada en sus ojos pero el castaño no cambió su expresión.
- Me preguntaron por qué no utilizaba varita... Esa espada que vieron es mi varita. Con ella puedo crear magia sumamente poderosa. En el colegio al que asistía la magia que se enseñaba era completamente poderosa y hasta mortal. Tenían a lo mucho diez estudiantes por semestre... por eso el colegio estaba oculto entre los glaciares de Groenlandia.
Se quedaron callados asimilando sus palabras. La castaña pensó que mentía muy bien. Se preguntó cuánto tiempo le había tomado el idear aquella mentira.
- No tenías por qué matarlos a todos... – Susurró la pelirroja a sus espaldas. Adam no la miró pero se sintió extraño al saber que quizás sí se había extralimitado.
- Son mis enemigos. No tengo compasión por ellos. – Respondió con voz de ultratumba. Los chicos tragaron saliva al sentir un escalofrío recorrer sus columnas con esa voz tan macabra.
Harry se calmó un poco pero lo siguió mirando con rudeza.
- ¿Cómo regresaremos? Este lugar parece no tener un final...
- Eso es algo de lo que nos preocuparemos al regreso. – Harry y hasta Draco fruncieron el ceño de manera disconforme pero ambos asintieron.
- Entonces... ¿Crees que nuestra magia no servirá dentro de... Avalón? – Preguntó la castaña mientras le pasaba una botella de agua a su pelirrojo amigo.
- No. Pienso que funcionará con menos poder. Quizás no lo suficiente como para depender de ella por completo, pero lo necesario para defendernos. – Respondió con seriedad. Se descolgó la mochila que llevaba al hombro, y que no había soltado durante la batalla y extrajo una bolsa. Con la palma de su mano hizo que la bolsa creciera hasta quedar frente a ellos. - ¿Saben usar una arma blanca? – Les preguntó mientras miraba el interior de la bolsa y extraía unas cuantas espadas afiladas y largas y un sable.
- Yo sí. – Respondió Draco mientras miraba la hermosura del arma que el ángel le había entregado. Era el sable que el castaño había extraído de la bolsa. Su hoja plateada se curvaba en la parte superior y el único filo que tenía quedaba aún más expuesto, se veía extremadamente filosa y el material parecía de muy buena calidad. Para sorpresa de Draco, no era tan pesada como aparentaba y las extrañas grabaciones de la empuñadura parecían talladas a mano en el acero brillante. – Mi Padre me enseñó.
- Entonces les enseñarás a Potter y a Weasley como usarla. – Le dijo mientras les entregaba una a cada uno. A diferencia de la de Draco, estas espadas eran completamente verticales. La de Ron era más grande que la de Harry y su hoja era de color plateado, pero la del pelinegro tenía la hoja de color negro brillante. El material de la empuñadura no era reconocible ante sus ojos, pero era exquisito y estaba elegantemente diseñado. Ambas eran de doble filo y las puntas eran agudas y afiladas.
Se acercó a su protegida y le entregó una espada de color dorado brillante. La empuñadura era lisa y blanca. Era de doble filo y a diferencia de las demás, las grabaciones de ésta estaban en la hoja celeste. Eran símbolos hermosos y Hermione pronto se dio cuenta que eran angelicales.
- Hermione te enseñará a ti... – Dijo mientras le entregaba a Ginny una espada más delgada que las demás. También era de doble filo y su hoja era plateada. La pelirroja hizo una mueca mientras miraba su espada y miró a la castaña con un poco de confusión.
Cuando el castaño conjuró su propia arma, los demás quedaron completamente maravillados ante su esplendor. Y sólo Hermione recordó aquella descripción de la Divine Sword que sólo era usada por los ángeles.
El poder de esta espada es tan grande, que en su hoja tiene escrito la historia de los principios del universo...
Tiene la capacidad de atrapar la oscuridad y convertirla en luz, para que así su portador la utilice para sí mismo o la expulse como ataque hacia sus enemigos.
Se dice que tiene vida propia, pues es capaz de defender a su poseedor, cubriendo y absorbiendo los ataques oscuros que vayan dirigidos hacia él, rebotándolos contra quien los lanzó.
La empuñadura era de un color dorado brillante. Era grande y tenía forma de alas, exquisitos símbolos recorrían su mango y grandes grabaciones se ceñían con elegancia. Su hoja era informe, tenía lados curvos y protuberancias finamente diseñadas, parecía extremadamente filosa y su tamaño era de longitud admirable. A lo largo de su hoja, por todo el centro, símbolos angelicales se grababan con elegancia. Eran pequeños pero había muchos. Parecía incluso tener luz propia y por un momento sintió el poder que desprendía.
Adam les entregó unas vainas de cuero para que se colgaran las espadas a la cintura.
- Este momento es el último en la tierra... por lo menos en una temporada. La decisión fue tomada por ustedes... es hora de entrar. ¿Están listos? – Preguntó con la seriedad de su rostro. Harry ayudó a su pelirrojo amigo a caminar mientras Ginny y Malfoy se ponían a sus lados. Hermione se acercó a su guardián y suspiró cuando tomó su brazo para llenarse de un poco de su fuerza. – Cuando lleguemos buscaremos un lugar seguro, prepararemos un campamento y cuando descansemos exploraremos los alrededores.
- Aún pueden arrepentirse. – Pronunció Harry a sus amigos y a Malfoy.
- Siempre se toman decisiones difíciles en la vida, niño, tú no eres el único en peligro... Si ellos se arrepintieran, el peligro los acecharía aunque estén en Howgarts. – Murmuró con voz fría y escalofriante.
Harry se quedó callado ante eso y miró la abertura hipnótica que se formaba ante ellos.
- Entonces... Aquí vamos.
- Esto apenas empieza.
Y juntos, alzaron las armas con valentía y cruzaron a la dimensión que cambiaría su destino...
... Para siempre.
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- ¡Maldición!
- Te dije, Tom Riddle, que cuando peleas con Kalyo Hellsing nada es sencillo.
- ¿Por qué diablos no fuiste a la batalla, Perseus? Tú y tus miserables bestias podrían haber impedido está masacre. – Reclamó con furia.
- Que seas tan estúpido como para exponer a tantos de tus Mortífagos no es mi culpa. Te advertí que la verdadera batalla está por llegar y para ese entonces tú necesitarás al verdadero ejército. – Le respondió con frialdad. Sus ojos rojos brillaron en su rostro pálido pero el Señor Oscuro no se amedrantó. – Además no fuimos por la misma razón de que no enviaras a GreyBack o a Bellatrix. Los peones siempre van primero, Voldemort. Y tú lo sabes. Mi verdadera victoria sería derrotar al ejército de Kalyo... no a él y a cinco chiquillos. Además... ¿La diversión dónde queda?
- Cuando mi ejército esté listo ese miserable me las va a pagar.- Pronunció Lord Voldemort mientras apretaba los puños con fuerza.
- Kalyo es mío. Su hora de morir está próxima... y no tendré piedad con él.
- Eso espero. Pero tienes razón, la masacre con incertidumbre de la victoria es más divertida...
Voldemort se recargó en la silla donde se encontraba sentado. A su lado, Perseus sonrió con maldad. Sus dientes blancos y filosos sobresalieron de manera escalofriante por su rostro.
Pensó que Kalyo se llevaría la sorpresa de su vida cuando descubriera su plan. Ese estúpido ángel estaba tan concentrado haciendo otras cosas que no había sospechado que en el infierno un ejército innumerable se expandía reinando las profundidades de la tierra...
... Y ese podría ser su peor error.
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¡Hola Gente!
¿Cómo están? Muy bien, espero, perdidos pero bien.
Esta vez no me tarde tanto y me complace informarles que ya tengo el siguiente capítulo escrito. Me falta retocarlo, pero si me dan sus ánimos lo subo en una semana. Y no es por chantajearlos, pero me gustaría saber su opinión con respecto a la historia, sino la espera se verá un poco alargada. XD.
De todas maneras, muchas gracias a los que leen este fic. A las personas que me apoyan sin importar qué, y los comentarios y correos que me llegan con sus opiniones. Muchas gracias.
Debo presumirles mi mayoría de edad, este fin de semana por fin me hice adulta, no muy legalmente en Estados Unidos, lugar en el que estoy viviendo en estos momentos, pero al fin y al cabo adulta.
Por lo mismo tuve la motivación de subir este capítulo, que aunque no es tan largo como el anterior, es bastante interesante. Por fin una lucha, por fin el viaje... más incógnitas... más misterio, y les diré que aún falta muchooo...
Draco Malfoy empieza a demostrar su evidente atracción por Hermione, el próximo capítulo, que para horrores míos aún no he decidido un nombre (Lo cambié, gente, no se alteren), esa atracción será un poco problemática para Hermione.
Quiero que tengan sus mentes abiertas ante el próximo capítulo, se vienen descripciones y espero que entiendan el nuevo mundo que creé, me esforcé en describirlo. Deben saber que intento, dije intento ¿ok?, hacer los siguientes capítulos un poco oscuros... he estado viendo videos y leyendo relatos de terror para lograrlo... y les diré hasta ahora sigo con los escalofríos de algunos videos totalmente aterradores... ¡Y los veo en la noche, para mi conmoción! Escribí algunas cosas oscuras, pero aún no es el momento, no sé si me salieron, pero lo verán en el próximo capítulo. Aún así, debo decir que aún faltan como dos capítulos para demostrarme si puedo escribir terror.
Bueno, no sé que más agregar... si tiene dudas no teman en preguntar. Cualquier cosa que no entiendan, cualquier cosa que quieran saber... (Que obviamente no revelaré mucho) Pero sólo avísenme. La historia y las escenas se representan mejor en mi mente.
Muchas gracias de nuevo, les mando un abrazote y un beso.
Muchísimos saludos...
Su amiga y compañera:
DarkGranger.
