Una profecía de los cielos

DracoDormiens Nunquam Titillandus

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22.- Avalón

A ti, que pensaste alguna vez en la magia de lo espiritual, que lloraste por amor, que creíste en un sueño. A ti, que sabes lo importante que es compartir con otros el brillo de tu estrella... A ti te invito a olvidar las palabras que no entienden el dolor que no se expresa y a no olvidar que las mejores almas están hechas de cosas imposibles.

Cuando atravesaron el mágico y cristalino grosor plateado de La Puerta de la Eternidad, la sensibilidad del material acuoso color mercurio se adhirió a sus cuerpos de manera sorprendente. Hebras de humo de color blanco flotaban sobre sus cuerpos como si acabasen de salir de un horno. Lo curioso es que sus cuerpos tenían la temperatura de un iceberg.

El ambiente al cruzar la entrada a Avalón estuvo tan helado que Hermione refugió sus manos en su chaqueta. La sensación de haber cruzado la puerta había sido escalofriante, como si cruzaras un río congelado y al instante siguiente salieras completamente seco pero con la sensación de dolor y frío recorriendo tu cuerpo. Los dientes le castañearon sin poder preverlo y el cuerpo sorprendentemente caliente de su guardián estuvo detrás de ella al instante. No la abrazó, simplemente puso sus manos en sus hombros y un escalofrío gratificante recorrió su cuerpo.

Cuando el agradable calor regresó a su cuerpo se sintió capaz de centrar su mirada en el hermoso, pero extremadamente escalofriante y solitario lugar.

Dio un paso al frente mientras sentía el cuerpo estático de su guardián a su espalda. Entreabrió la boca de la sorpresa al ver el panorama tan esplendoroso, tan increíble.

Habían salido a las afueras de lo que parecía un bosque... frente a sus rostros los árboles de diferentes tamaños, pero sin duda asombrosamente altos, enmarcaban sus cuerpos con soberbia hermosura. De sus ramas colgaban flores de diferentes tonalidades de rojo y amarillo, sus troncos eran de un café muy claro y su informe figura se alzaba con elegancia frente a sus ojos.

Las ramas de sus copas eran de un verde intenso, como si su propia alma se reflejase a través de ellas, y lo más fascinante era que aunque nadie de ellos sintiera el viento soplar, las ramas se mecían de un lado a otro con insistencia, como si les estuviesen dando la bienvenida. Los frutos de sus hojas relucían de mezclas de colores exóticos y surrealistas. La oscuridad que atravesaba el bosque le daba el toque espeluznante al ambiente. Se hundía a metros y metros de distancia, sin tener fin y al parecer sin tenerlo.

El sonido se percibía nulo y de repente del suelo esferas de diferentes tamaños adornaron el lugar. Eran iguales a las que habían visto con anterioridad y resplandecían en la poca oscuridad que reinaba a sus alrededores.

Hermione siguió con la mirada una de esas esferas plateadas que brillaban hipnóticamente y cuando llegó al cielo, su mirada se clavó en él de manera fascinada.

Las esferas se deshacían al instante de pasar las copas de los árboles, convirtiéndose en arena brillante que volaba a lo largo del cielo completamente oscuro. No había estrellas... no había luna en el cielo, estaba completamente negro... pero colores de humo se esparcían por los rincones escondidos de la lejanía. Tonalidades rojas, amarillas, azules, moradas y verdes que se mezclaban formando senderos de belleza sobre sus cabezas. Iluminando el cielo de manera alucinante.

- Por Merlín...

La castaña se dio la vuelta sin ser consciente de quién habría hablado y se llevó las manos a la boca ante la visión a su espalda.

Había encontrado la luna...

... Y también el sol.

No pudo creer lo que sus ojos veían hasta que se acercó un poco y palpó la textura del líquido brillante frente a sus ojos. Se agachó para sentir la textura del líquido que se asemejaba al agua pero que el color verde y morado le negaba esa conclusión. Era como tocar agua de verdad pero bajo ésta, su mano se coloreaba de un verde desfigurado y brillante.

Se levantó sin dejar de ver las olas que se removían frente a ella como si estuviese en una playa, las esferas brillantes no dejaban de ascender hacia el cielo en una danza peculiar y sobrehumana. Las olas tenían un tamaño que cualquier surfista desearía, pero cuando estaban a punto de llegar a la orilla, éstas se deformaban en gotas que explotaban sobre su superficie.

Y cuando, al seguir una de ellas, sus ojos contemplaron la transfiguración de la ola en una manada de unicornios, no pudo evitar retroceder y soltar una exclamación ahogada de la sorpresa. Los unicornios se estrellaron contra la superficie seca de la orilla y desaparecieron en el mismo instante. Hermione miró a sus amigos y vio en sus expresiones la misma sorpresa que seguro tenía ella en el rostro. Incluso su guardián parecía fascinado con la visión espectacular de la deslumbrante tierra de Avalón.

El sol estaba sobre la superficie del agua del lado derecho, iluminando el espacio de un color anaranjado. Y la luna sobresalía del lado izquierdo, mezclando su brillo plateado con el naranja reflejado del sol. Ninguna opacaba a la otra, y la imagen parecía totalmente asombrosa.

En medio de esas dos esferas astronómicas, una enorme isla se presentaba de manera magnificente. Sobre ella, un enorme y oscuro castillo se posaba ante su visión. La parte que parecía terrenal de la isla, se elevaba a unos cincuenta metros sobre el agua luciendo la apariencia de un remolino. Estaba totalmente vertical y parecía no tener ruta de subida. El castillo totalmente negro se perdía sobre la oscuridad deslumbrante del ambiente. La isla parecía perdida sobre el mar verde y la apariencia era escalofriante y tétrica.

- La isla del fin del mundo. El castillo donde yace el cuerpo de Arturo. Y donde las reliquias sagradas son guarecidas por la magia antigua de Merlín. Estamos en Avalón, el continente de fantasía. – Murmuró el castaño con paciencia. El silencio era total... que incluso su voz había sido... agobiante.

- ¡Por Morgana, esto es fascinante! – Exclamó la pelirroja rompiendo el silencio analítico en el que estaban inmersos.

- Y que lo digas... – Susurró su hermano mientras intentaba mantenerse de pie. Soltó un quejido que sacó a los demás de su ensimismamiento.

- ¿Estás bien? – Preguntó su amiga castaña cuando salió de su ensoñación.

- Sí, sólo me dolió un poco. Me siento como algo débil.

- Harry, sujétalo bien... – Dijo la castaña con el ceño fruncido. Se tocó la mejilla y vio sangre sobre su mano.- A decir verdad, Ron, yo también me siento débil...

- No eres la única, castaña. La isla está debilitando la magia de nuestros cuerpos, por eso se sienten débiles, en un par de días se van a acostumbrar.

- ¿Un par de días? – Preguntó el rubio de manera incrédula. – ¿Sabes qué? Olvídalo... ¿Granger, crees que podrías hacer algo con mi brazo? Me está matando... – Pidió de manera resignada.

Hermione asintió y se reunió con él de inmediato. Su magia, como era de esperarse, no surtió efecto de manera totalmente exitosa. El rubio pudo mover su brazo de nuevo pero Hermione tuvo que ponerle un trozo de camiseta alrededor de la herida.

- Tenemos que movernos... – Susurró el castaño.

- Yo creo que este lugar es perfecto para quedarnos... es decir, ahí está la tumba de Arturo, donde están las reliquias, el castillo. ¿Para qué movernos? – Dijo la pelirroja mientras se sentaba en la arena dorada de la superficie.

- Ese mar oculta más misterios de los que te imaginas. Es más peligroso quedarnos aquí... ese lugar está repleto de criaturas... – Musitó sin mirarlos.

- ¿Entonces? No me digas que quieres internarte en el bosque, Adam, porque, bueno, además de ese... inmenso mar verde y fantástico... lo único que tenemos es este bosque terriblemente escalofriante... – Refutó el pelirrojo. Adam les envió una mirada seria que confirmo la respuesta.

- ¿Te preocupas de las criaturas en ese... mar? Pero, no te has puesto a pensar en las cosas seguramente desagradables que habitan esa oscuridad tras nosotros... – Exclamó el rubio mientras lo miraba igual de serio.

- Las criaturas que habitan el bosque no tienen nada que proteger, rubio. Las criaturas, sin embargo, que habitan en el mar tienen resguardado el mayor tesoro de toda la historia... y no hablo de la historia humana... hablo de toda la historia del universo. Además, suponiendo que llegamos a la Isla, es casi imposible llegar al castillo... la magia nos repelerá al instante.

- ¿Y qué vamos a hacer entonces...? - Preguntó el pelirrojo medio histérico.

- El libro no está en esa isla... Primero el libro, después la espada. – Le dio una última mirada al castillo que parecía oscurecerse a cada segundo y se giró hacía ellos evaluando sus expresiones.- Buscaremos un lugar seguro para quedarnos... entrenaran un poco mientras aseguro el perímetro... y, escúchenme bien, tienen dos días para acostumbrarse a este ambiente que les quita fuerzas, sólo dos días. Después, iremos por el libro.

- ¿Cómo sabes que el libro no está ahí? – Preguntó Harry mientras lo miraba con el ceño fruncido. Recordó vagamente eso de preguntas, no respuestas, pero lo ignoró.

- Arturo murió con esa espada... porque él vivió con ella toda su vida y en ese castillo está su cuerpo. Pero el libro era de Merlín. Enterró sus cosas en esta isla para protegerlas... pero las separó porque casi nadie sabe de la existencia del libro. Entonces... sólo hay dos panoramas... un bosque tétrico y oscuro que parece llegar a los límites del infinito... o un mar igual de inmenso con la tumba de Arturo protegida por él. ¿Dónde crees que está el libro, niño? – Explicó mientras avanzaba. No los miró, pero todos estuvieron satisfechos con la explicación. – Las criaturas del bosque no protegen el libro... sólo protegen su territorio.

No dijo más, pero nadie esperó que lo hiciera.

Harry ayudó a su mejor amigo a caminar y el pelinegro estuvo seguro de que no fue el único que tragó saliva antes de ingresar a la oscuridad del bosque. Echó una última mirada a las olas transfiguradas en unicornios y con todo el valor que pudo sacar de sí mismo, siguió a su amiga en la inmensa oscuridad de un panorama lleno de soledad sombría.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- Eso fue una masacre... – Murmuró la voz grave de Remus Lupin.

La Orden del Fénix estaba reunida alrededor del escritorio de Albus Dumbledore. Las miradas de la mayoría de ellos estaban perdidas, la batalla que se había llevado hacía unas pocas horas todavía residía en sus expresiones y vestiduras maltrechas. Las heridas permanecían impregnadas en sus cuerpos y los rasguños de sus rostros ensangrentados daban la apariencia del cansancio evidente y la depresión preocupada que sentían por lo recién vivido.

Aurores del ministerio estaban bajo el rastro del asesino desconocido de tantos Mortífagos juntos. La sangre y los rastros de los cadáveres habían alarmado al Ministerio de inmediato. El trabajo del ministro Kingsley Shacklebolt estaba siendo aumentando por minuto, y como reconocido miembro de la Orden, prescindía de información valiosa que para su desgracia no podía desvelar por la lealtad que tenía hacia esa asociación oculta.

Los presentes sentían la opresión de sus gargantas al recordar lo fácil que había sido su victoria, Voldemort había perdido a una parte considerable de sus Mortífagos y los sobrevivientes habían quedado tan heridos que no les servían como rehenes. Incluso habían proclamado su incapacidad para ir a la Prisión de Azkaban.

La ausencia de ciertos miembros del ejército del Señor Tenebroso sin duda habían alertado los sentidos de más de uno de los miembros, siendo importantes las identidades de Bellatrix, los hombres lobo y los demonios, además de algunos gigantes amaestrados, siendo los últimos sus nuevos y aterradores aliados, capaces de matar sin ningún tipo de sentimiento a sus contrincantes.

Eso era sin duda una alerta para todos, Voldemort no era tonto y sin duda dejar que matasen a sus Mortífagos tenía un motivo escondido mucho más profundo y aterrador.

- Fueron más de treinta bajas... puedo apostar que quién-ustedes-saben está tramando algo. Matar a Potter es una obligación sólo suya. Y mandar a la mitad de todas sus tropas a atraparlo fue una jugada pre-planeada. – Comentó Severus Snape con el ceño fruncido y la mirada fría.

- Sabía que tenía pocas posibilidades contra el que mató a sus Mortífagos, fuese quien fuese quién los eliminó, estoy segura que sabe de su poder... lo que me preocupa es la identidad de este asesino. – Respondió McGonagall al otro lado de la habitación.

- No deberíamos precipitarnos en las conclusiones. Asesino es una palabra muy comprometedora... estaba defendiéndose, y los más importante, defendió a los chicos. Es algo que sin duda deberíamos estar agradecidos... – Explicó Nymphadora Tonks con calma mientras se sentaba al lado del licántropo.

- Sí, seguro que sí, pero eso no amerita el asesinato. Fue un acto cruel y sin escrúpulos.

- Estoy de acuerdo con Minerva, sí ese chico estuviera realmente ayudándonos no debería ocultar su identidad. Además de que es evidente su desconfianza, puede poner en riesgo todos nuestros planes y estrategias...

- Aunque no esté de acuerdo con su conducta y su manera de querer arreglar todo sin ayuda, Alastor, yo creo que debemos confiar en él primero. No podemos juzgarlo, y como dice la señorita Tonks, le debemos no sólo nuestras vidas, sino también la de Harry y sus amigos. Además de una innegable, pero sin embargo dudosa ventaja sobre Voldemort. – Pronunció Dumbledore mientras detenía la evidente discusión que veía avecinarse. Los planes de Kalyo Hellsing eran un misterio para él pero sin duda alguna su lealtad le era más que evidente. No iba a escuchar la discusión en contra de un personaje que estaba dispuesto a pelear por una causa noble. Proteger una forma de vida que no era la suya y ser capaz de morir en el intento. La lealtad de Kalyo quedaba intachable ante sus ojos.

Estaba seguro que la mayoría de los presentes sabían de antemano la identidad del asesino y sus expresiones e incertidumbre le indicaban al director que la extrañeza de la Orden se debía más a la aparente edad que creían tenía el castaño. La sorpresa además... era sin duda por la fuerza de su magia... él no era el único que la había sentido.

- Voldemort no es tonto, señores. Claro que tiene un plan bajo la manga... Y creo que debemos estar más preparados de lo que nos temíamos. – Y diciendo eso, miró el panorama navideño y totalmente tranquilo que se apreciaba a través de la ventana de su despacho. Ignoró los leves temblores y la incomodidad de sus miembros al escuchar el nombre del ser humano que se había auto proclamado innombrable.

Y cuando su fénix hizo un sonido gutural, Albus Dumbledore se permitió sonreír.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- ¡Maldición! – Pronunció Ron en una exclamación ahogada.

- ¡Ron, deja de maldecir, me estás poniendo nerviosa!

- ¿Hermione, estás escuchando lo que estamos pisando? No poder verlo me está perturbando en exceso...

- ¡Ron! ¡Estás lastimando mi mano! ¡Deja de apretar! – Se quejó su hermana mientras zarandeaba su brazo con recelo.

- Lo siento, Ginny, pero ser el último en la fila me pone los pelos de punta... – Murmuró avergonzado.

- Tu aceptaste el lugar, Weasley, deja de quejarte...

- Ven y relévame, Malfoy, a ver si eres tan machito...- Retó el pelirrojo mientras intentaba mirar vanamente al rubio. La oscuridad era tan agobiante que no podían mirar más allá de sus cuerpos.

- Mira, Weasley, si lo que quie-

- ¿Quieren callarse, mocosos? – Exclamó el castaño con exasperación. Tironeó de la mano de su protegida y la fila que formaban se desarmó ligeramente.

- Adam, estamos muy contentos de que tú puedas ver a dónde nos dirigimos, es perfecto. Pero sin duda, no significa que nosotros no reaccionemos al no poder ver ni a treinta centímetros de distancia. ¿Me oíste? – Exclamó la castaña con la voz temblorosa. Dieron un par de pasos - de la misma manera silenciosa y precavida con la que habían caminado durante casi una hora - y Hermione ahogó una exclamación en la garganta cuando sintió perfectamente como a sus pies algo crujía de manera desagradable.- No quiero saber que estamos pisando, pero estoy completamente segura de que es algo vivo...

- Son insectos...

- ¡No quiero saberlo! – Adam se rió entre dientes y jaló a la castaña más cerca.

- Tranquila, Hermione, son inofensivos...

- Y gigantes... ¿Seguro que no podemos usar el hechizo Lumos? – Preguntó mientras apretaba la mano de su guardián.

- ¿Debo asumir entonces, que deseas ver a estos insectos a los que tanto asco profesas? – Preguntó sin dejar de caminar, siguió escuchando murmullos de parte de los pelirrojos hermanos y sintió un escalofrío por parte de Hermione. La miró y se rió de nuevo al ver su cara descompuesta por el horror.

- No, está bien, sigue conduciéndonos con tu implacable orientación... – Murmuró ofuscada.

- De todas maneras, castaña, si alguien de este lugar llegara a vernos... sin duda desencadenaríamos una batalla para la que tus amigos aún no están listos. – Esquivó otro arbusto y escuchó claramente una maldición por parte del pelinegro.- Bajen la voz...

Siguieron caminando durante unos minutos que les parecieron eternos. La luz seguía escaseando y por un momento, Hermione temió que en ese lugar nunca hubiera amanecer. Le planteó sus preocupaciones a su guardián sin dejarse oír por sus amigos y el castaño le apretó la mano mientras seguía conduciéndolos entre las penumbras del bosque.

- Pronto llegaremos a un lugar iluminado... pero sí, el bosque siempre está en penumbras, por eso lo mejor es mantenerse unidos.

Hermione empezaba a sentir el cansancio recorrer todas sus extremidades. Los músculos le dolían y el esfuerzo de caminar después de una batalla empezaba a mostrar en ella los estragos.

Estaba segura que no era la única con el peso del cansancio encima, sin embargo aún no miraba señales de luz a la distancia y temía que todavía faltase mucho. Sincronizó su paso de nuevo con el de su guardián y guardó silencio mientras se concentraba en ignorar el dolor y entumecimiento de sus piernas. Sentía que si no fuera por la mano de Adam y la de Harry, posiblemente hubiera caído de un momento a otro.

- Falta poco... – Dijo la voz del castaño como si le estuviese leyendo los pensamientos. Hermione asintió en silencio mientras ignoraba nuevamente el crujido asqueroso de algo vivo bajo sus pies.

Bajó la cabeza mientras cerraba los ojos para alejar el mareo que le producía tanta oscuridad y cuando los abrió con un suspiro, pegó un respingo al notar la iluminación del suelo bajos sus pies.

Aunque la luz era poca, su alrededor empezaba a alumbrarse un poco, y aunque estaba segura que nunca llegarían a estar completamente iluminados como cuando estaban bajo el resplandor del sol, se alegró al ser capaz de mirar a sus compañeros de nuevo.

Adam se detuvo cuando a su alrededor parecía que los árboles se habían abierto, parecía un agujero en el centro del bosque y el brillo de la luna y del sol que habían dejado unos kilómetros atrás era la única fuente de luz que tenían.

- ¿Esto es tu concepto de luz? – Preguntó la pelirroja medio histérica. Harry ayudó a su pelirrojo amigo a sentarse en la hierba y ambos vieron a su alrededor con desconfianza.

- Esto es el concepto que tiene esta tierra sobre la iluminación... – Respondió con arrogancia.

- Bueno, Ginny, debes de aceptar que por lo menos es lo suficientemente grande para no sentir la angustia de las criaturas que habitan el bosque... – Intento tranquilizar la castaña aunque miró todo con desconfianza, el espacio que iban a utilizar tenía como mínimo unos veinte metros de diámetro, sin embargo, los árboles que los rodeaban hacían que los chicos sintieran escalofríos con solo mirarlos.

El ambiente se asemejaba a cuando estaba con sus amigos en los terrenos del colegio y la noche los alcanzaba entre juegos y bromas, pero la luna les proporcionaba una iluminación lo suficientemente eficaz para ver todo de manera perfecta.

- Claro... – Suspiró Ginny y también se dejó caer en la fría y húmeda hierba. Un cien-piés de por lo menos veinte centímetros de largo, subió por su brazo y la pelirroja dio un brincó quitándose el animal de encima, estuvo a punto de gritar cuando sintió una mano aferrándose a su boca para que se callara.

- Guarda silencio... – Susurró la voz del castaño mientras miraba por entre los árboles.- Nos están asechando...

Harry se levantó de inmediato desenvainando la espada que Adam le había entregado, miró en todas las direcciones tratando de ignorar los latidos desenfrenados de su corazón y observó como el rubio también se colocaba en posición defensiva. Sin embargo, Adam parecía más tranquilo de lo que todos esperaban.

- Tranquilos, tienen miedo a la luz...

- Claro... con tanta luz que hay en este lugar... – Murmuró Ginny con sarcasmo ubicada junto a su hermano, pero estaba temblando mientras se aferraba a su espada.

Hermione respiró entrecortadamente cuando escuchó aquello, sacó su varita con cuidado y pronunció un lumos mientras apuntaba a los árboles.

Escucharon los movimientos apremiantes de entre los árboles sin poder distinguir muy bien lo que había estado ahí hacía unos segundos. Harry, sin embargo, había estado seguro de ver una especie de cola puntiaguda de grandes proporciones internarse entre los matorrales. Tragó saliva.

- Es mejor que te apresures en armar la casa, Adam... creo que había decenas de c-cosas ahí. – Murmuró la castaña aún con la varita en alto.

El ángel asintió mientras se apresuraba en sacar lo necesario de la mochila.

La carpa estuvo lista en menos tiempo de lo que Hermione se imaginaba, ver su refugio la reconfortó de sobremanera. Entraron enseguida sin esperar alguna otra visita inesperada. Ron decidió ir directamente y tomar una ducha para limpiar sus heridas. Draco y Harry se sentaron en la salita que había en la estancia y sus expresiones eran de completo cansancio. Ginny se relajó mientras se refugiaba al lado del pelinegro en el sofá. A Hermione le desagradó la visión pero pensó que se estaba comportando como una novia celosa... que ni a eso llegaba.

Salió buscando a su guardián sin poder soportar mucho esa opresión en el pecho al verlos tan compenetrados y tranquilos. Así como debió ser pero como ella lo había arruinado.

Suspiró tratando de concentrarse en otra cosa que no fuera pensar en Harry. Vio a Adam examinando los límites del bosque y fue a su encuentro viendo a su alrededor con desconfianza.

Se abrazó a su cuerpo notando como la temperatura estaba más fría que unos minutos atrás y miró al cielo preguntándose que les deparaba en esa extraña tierra.

- Deberías estar descansando... – Susurró el ángel sin mirarla.

Hermione se asustó por el repentino comentario que profirió su guardián. Dio un respingo pero se acercó despacio y miró atentamente el lugar que él parecía inspeccionar con interés.

- Entonces tú también deberías descansar... fue un largo viaje para todos. – Susurró encarando sus ojos que la miraban con un extraño brillo. Algo dentro de ella reaccionó alarmado ante su mirada. - ¿Pasa algo?

- Tengo que revisar el perímetro... – La castaña no supo interpretar sus palabras en un principio, pero después de unos segundos mirando sus ojos plateados, entendió su oración a la perfección.

- Puedes proteger el área desde este lugar... – Alegó disconforme con la idea.

- Sería mucho más seguro para todos si lo protejo más allá de los límites del bosque... – Dijo con voz seria y se dio la vuelta huyendo de los ojos preocupados de su protegida.

- ¡Puedes salir lastimado!

- Castaña, estaré bien... hoy tuvimos suerte de que esas criaturas tuvieran miedo de la luz... pero no puedo asegurar que todas las bestias reaccionen de igual manera... ¿Me entiendes? Necesito asegurar un perímetro mucho más extenso, mientras, ustedes podrán descansar. – Explicó con la voz tranquila, pero no la miró.

- Eso no me tranquiliza, Adam... Te acompañaré. – Aseguró con voz temblorosa. No estaba segura si su guardián le daría unos minutos para recomponerse y luego ir a asegurar el perímetro juntos.

- Estás loca. Te quedarás, no tardaré mucho, Hermione. ¿Quién los cuidará sino? – Está vez la miró a los ojos y sonrió de medio lado. Su arrogancia a veces la molestaba demasiado.

- No tardes. – Suspiró derrotada.

- Te lo prometo. – Dijo. La miró de manera dudosa y se estrujó las entrañas para entender el por qué le costaba tanto trabajo despedirse de ella. Y eso que sólo la dejaba por unas horas. – Cuídate.

- Mhmm... – Refunfuñó ella poco convencida. Adam soltó una risa ahogada y le acarició levemente la mejilla para darse media vuelta y desaparecer entre los árboles.

Hermione tuvo la extraña idea de seguirlo, pero cuando intentó cruzar hacía la profunda oscuridad del bosque, una barrera invisible se lo impidió rápidamente. Parpadeó confundida y de inmediato frunció el ceño maldiciendo mentalmente a su guardián. ¡Claro! ¿Cuándo, en su sano juicio, el castaño la dejaría sin cerciorarse de su seguridad?

Se dio media vuelta suspirando y aunque caminaba con un agujero en el estómago que estaba carcomiéndole los nervios de preocupación, pensó fríamente cuando ingresó de nuevo a la tienda y trató de no reflejar sus perturbaciones frente a sus amigos.

Ya no había rastros de Draco alrededor y los ronquidos de Ron llegaban hasta la salita de estar de una manera bastante vergonzosa.

Ginny estaba dormida en uno de los sillones, y al parecer Harry le había colocado una manta encima. El pelinegro estaba a punto de caer en los brazos de Morfeo en el instante en el que ella ingresó a la estancia. Y aunque la miró somnoliento, se levantó para hablar con ella en cuanto Hermione estuvo cerca.

- ¿Y Adam? – Dijo mientras bostezaba. Hermione tragó saliva mientras lo miraba. ¿Cómo decirle que había ido solo a poner protecciones por el interior del bosque?

- Ehh... a proteger el perímetro. – Como lo supuso, Harry despertó de inmediato y la miró sorprendido.

- ¿Solo? – Ella asintió sintiéndose incapaz de decir nada apropiado para defenderlo. – Está loco.

- Sabe lo que hace... – Murmuró ella aunque muy poco convencida.

- ¿Sabes qué es lo peor? – La miró por un momento y luego suspiró de manera resignada.- Que estoy consciente de ello, siempre sabe lo que hace.

La castaña se permitió sonreír con cansancio.

- ¿Y Draco? – Preguntó cuando se le empezaba a hacer un poco incómodo el silencio. Ignoró el ceño fruncido de su amigo y ella misma levantó las cejas de manera interrogativa.

- No lo sé, descansando supongo... – Respondió de manera indiferente. Hermione se obligó a no sonreír por la actitud de su mejor amigo. Podría jurar que estaba celoso.

- Entonces haré lo mismo, creo que Ginny estará bien por un rato.

Harry la miró y parecía que quería decirle algo, pero la castaña no estaba en condiciones de hablar con él en esos momentos. Se acercó de repente y le dio un rápido beso en la mejilla diciendo un "Descansa" bastante apresurado. Se alejó sin girarse, temiendo ver que la seguía. Eso, sin embargo, no sucedió, pues entró a la habitación que estaba asignada para ella- y cuya puerta estaba hecha por una cortina bastante gruesa que separaba la habitación con la sala y la cocina- y no miró rastros de nadie a sus espaldas.

O eso creyó ella, porque de repente sintió unas manos en sus hombros que la sobresaltaron abruptamente.

- Harry... – Suspiró mientras se giraba para encararlo. Cuál fue su sorpresa al encontrarse a un rubio aristocrático que le sonreía con recelo.

- No me confundas con Potter, preciosa, porque me ofendes... – Le dirigió una de sus sonrisas que hacían suspirar a muchas chicas, pero ella sólo rodó los ojos estando completamente acostumbrada.

- Creí que eras él, Draco. En todo caso, ¿Qué haces en mi habitación? – Cuestionó mientras se separaba del rubio y examinaba los libros que estaban sobre el escritorio maltrecho que estaba en una esquina de la improvisada habitación.

- Es obvio que necesito hablar contigo...

- Era obvio que Ginny podría entrar... – El rubio soltó una risa entrecortada y sólo en ese momento, Hermione se dio cuenta de lo cerca que tenía a Draco de sí misma. El mentolado aliento del rubio rozó su oreja produciéndole escalofríos.

Tomó un libro que reposaba tranquilamente sobre el mueble que observaba y lo ojeó tratando de parecer desinteresada en la cercanía de Draco.

- Yo mismo vi lo dormida que estaba, así que supuse que sólo podrías entrar tú.- Dijo cerca de su oído. Más cerca de lo que a ella le hubiera gustado. Cuando las manos del rubio rodearon su cintura con exasperante lentitud, su cuerpo tembló. Dejó el libro de nuevo en su lugar y se preguntó si el nudo que tenía en la garganta iba a dejarla hablar.

- Ahh... ¿D-de q-ué querías h-ablar?

Draco no dijo nada pero aferró sus manos en torno a su cintura. A la castaña de nueva cuenta le recorrió un escalofrío.

- Para ser la bruja más inteligente de Hogwarts... eres bastante distraída.

- Mhmm... – Balbuceó sin saber que decir.- ¿A q-qué te refier-

En ese momento, Draco cortó su pregunta al instante de girarla y abrazarla con fuerza por la espalda. Antes de lo previsto por Hermione, Draco había bajado la cabeza hasta la altura de la suya y la había besado sin que ella pudiera evitarlo. Aunque después de unos segundos... no supo si quiso separarlo de verdad.

Sus ojos estaban abiertos de par en par y aunque el rubio parecía pedir demasiado del beso, a tal punto de abrirle la boca con la lengua y profundizar el contacto, la castaña estaba demasiado sorprendida como para moverse. Sus manos estaban suspendidas en el aire y en cuanto Draco ponía más ímpetu en el contacto, ella abría y cerraba las manos de manera casi impotente y desubicada.

El rubio pareció darse cuenta de ello, pues inmediatamente, y sin dejar de besarla y casi aplastarla contra el escritorio, rodeó sus manos con las suyas y las llevó alrededor de su cuello, logrando que Hermione se aferrara a él en medio de un jadeo ahogado.

Ella cerró los ojos cuando sintió al rubio subirla sobre el escritorio de un movimiento casi brusco y gimió sin preverlo cuando Draco empezó a acariciarle la cintura por sobre la ropa.

Bajó sus manos hacía sus hombros y trató de zafarse definitivamente de él, este jueguito parecía estarse yendo de sus manos y lo que menos le gustaba era que... en efecto, le estaba gustando demasiado.

Draco pareció entender su petición, pues se separó de su boca pero sin separarse de su cuerpo, Hermione jadeó de nuevo y Draco sonrió respirando sobre su oreja.

- Me encantas... y necesitaba decirlo antes de que me volviera loco. – Dijo, y comenzó a besar el lóbulo de su oreja mientras seguía aferrando su cintura. Hermione tuvo que esconder su gemido y su sonrojo en el hombro del rubio. Siguió apretando los hombros del chico como si de un momento a otro eso le ayudara para separarse totalmente de él.

- D-Draco... – Susurró al entender que tendría que suplicar para separarlo. Sentía los labios hinchados y lo caliente de su cara como algo demasiado vergonzoso. Se preguntó si podría mirarlo de nuevo sin sonrojarse.

- Mhmm... – Balbuceó sobre su hombro sólo para que ella se diera cuenta de que la estaba escuchando.

- P-por favor... – Suspiró. Draco ahogó su risa en su cuello. Se separó de ella y la miró directamente a los ojos. El brillo que desprendían casi logró enternecerlo, pensó en ese justo momento que era demasiado bella como para no haberla tomado en cuenta antes.

- Me encantas... – Repitió y la volvió a besar. Hermione ya no tenía fuerza de voluntad para negárselo pero tampoco tenía tanto descaro como para responderle. Parecía que Draco había comprendido eso, pues esa vez él la besaba con menos fuerza que antes. Llevó las manos a su rostro y acarició sus mejillas con algo parecido a la admiración. Conectó sus ojos de nuevo y le sonrió de medio lado. La castaña parecía demasiado avergonzada como para negarle la conexión con sus orbes castañas. – Sé que posiblemente suene demasiado cursi, pero me encantas y creo que me estoy enamorando de ti...

Ella pensaba que en esos momentos ya no podría estar más sorprendida. Su rostro lo reflejó en cuanto lo miró fijamente y la sangre se volvió a aglomerar en sus mejillas cuando él simplemente le sonrió. No supo que decir pero sus palabras le había producido un sentimiento inesperado. Se sintió terrible al pensar que esas mismas palabras le hubiera gustado escucharlas de otra persona y no fue totalmente consciente de ello hasta que ella besó al rubio a modo de disculpa silenciosa.

Era verdad que él había sido una gran ayuda en su estado de depresión mal expresada cuando había terminado su relación con Harry (aunque la verdad no estuviese segura si habían terminado algo que nunca había empezado) y lo que más le calaba era el hecho de sentirse cómoda y tranquila a su lado, pero estaba segura de que no en la forma que él quisiera. Ya lo había considerado un gran amigo y además de caballero, su personalidad y carisma tan peculiares le habían interesado desde un principio.

Está vez su cabeza llena de culpabilidad pudo más que sus deseos carnales, y poniendo toda la fuerza de voluntad que tenía, lo separó de su rostro para mirarlo. Intentó separar sus manos de su cintura antes de hablar, pero el rubio no se lo puso muy fácil.

- Draco, por favor...

Y cuando la voz que escuchó responder a su petición no fue la de Draco, su mundo se paralizó de manera espantosa.

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Adam caminaba con lentitud por aquel espacio que parecía ser demasiado oscuro para su protegida y los humanos inútiles que se hacían llamar sus amigos. Su vista le permitía ver más allá de lo evidente y más profundo de lo que podía hacerlo cualquier otra criatura.

Un paso lento tras otro... Sin prisa, con cautela.

Su vista se clavaba a su alrededor como un cazador con los sentidos más despiertos que nada. Contados los cien pasos, invocó la barrera que les daría ventaja sobre ese oscuro sendero en penumbras. Extendió la mano frente a su cuerpo y caminó con la palma abierta durante unos minutos más. La luz brillante que desprendía su mano le permitió ver el panorama tétrico y sin vida que poseía el lugar con los destellos de la luz sobre sí.

Bajó la mano lentamente y su vista se volvió rápidamente hacia atrás cuando el ruido de un arrastre lo alertó. Empuñó la espada que llevaba colgada en la espalda y caminó con sigilo por las penumbras.

Se acercó lentamente a unos arbustos que parecían muertos y los miró fijamente mientras los apartaba con la mano.

Dio una larga y energética estocada cuando una criatura de dimensiones extrañas y con una boca repleta de dientes lo atacó. La criatura salió disparada hacía atrás y cayó con un sonido seco en la humedad del suelo. Adam la miró retorcerse de dolor y como siempre, la expresión de su rostro era fría y hasta cierto punto aterradora.

El ser que estaba frente a sus ojos era completamente extraño. Su cuerpo, baboso y con la complexión de una oruga gigante, era de un color gris pálido. Medía por lo menos medio metro de largo y no parecía tener ojos. Su boca, que estaba abierta dejando escapar quejidos lamentosos, estaba repleta de dientes filosos y brillantes. Al final de su pegajoso cuerpo, la cola le colgaba de manera asquerosa, ésta estaba repleta de púas filosas y de tamaño demasiado grande para su complexión diminuta.

Adam guardó su espada y se arrodilló junto a la criatura que aún parecía querer morderlo. Levantó una mano sobre su cuerpo y una luz amarillenta se desprendió de ella. El cuerpo torturado de la oruga gigante comenzó a brillar de un tono rojo, tomando tonalidades oscuras por diversas partes de su cuerpo.

Y cuando Adam se levantó, la criatura terminó incinerada por el intenso fuego que él mismo había invocado para matarla.

Las cenizas eran lo único que quedo después de unos segundos y un asqueroso olor se propago por la estancia. Ni siquiera eso logró perturbar la expresión fría del ángel.

Su vista paseó a su alrededor, se preguntó cuántas criaturas como aquella estarían dando vueltas por el lugar y después de unos momentos, supo que era mejor no saberlo.

Se detuvo unos momentos y cerró los ojos concentrado en oír a su alrededor. Fuera de la barrera que había invocado para su seguridad, sonaban cientos arrastres desesperados y hasta cierto punto asustados. Dentro de ella, parecía estar todo en calma.

Abrió los ojos, que por unos momentos le brillaron del intenso dorado que los caracterizaba, y se encaminó directamente al campamento para informar del estado seguro que había convocado.

Y cuando se dio la vuelta, a sus espaldas cientos de criaturas pegajosas y asquerosas como la que había matado, se aglomeraron en los límites de la pared transparente que les evitaba el paso, dando alaridos que se ahogaron de su lado y moviéndose frenéticamente como si quisieran seguirlo y atacarlo. Abriendo y cerrando la boca de manera amenazadora, uno que otro dando estocadas contra la pared y estrellándose contra ella de manera furiosa.

Kalyo las ignoró y caminó tan tranquilo como siempre.

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- Fuiste tan estúpido de sangrar, Kalyo. Eso amerita una ventaja sobre ti. – Sonrió el ser mientras miraba el recipiente de su mano que contenía un líquido espeso mezclado de manera informe con un poco de agua. La espesa viscosidad de la sangre derramaba gotas suspendidas entre la liquidez del agua que se observaba. El demonio enseñó sus dientes afilados mientras una satisfacción evidente denotaba en sus rasgos sombríos. – Pero fuiste más estúpido al no darte cuenta de mi verdadera intención al mandar atacar a un solo demonio...

Su risa resonó en ese lugar cubierto por fuego y agonía. El infierno a sus espaldas enmarcó su figura de manera aterradora. Su boca cubierta de colmillos blancos y perfectos brilló de manera escalofriante en su rostro pálido y salvaje. Sus cabellos negros como la noche abrumaron sus ojos dándoles el brilló rojo de la desesperación que él mismo reinaba.

Se recargó cómodamente en su apogeo y miró su reino infernal con los ojos impregnados de excitación terrorífica. Los gritos a su alrededor no hicieron sino ensanchar su sonrisa y la desesperación emitida fue placentera para sus sentidos.

La pesadilla estaba por comenzar y su diversión ahora estaba al alcance de sus manos.

Sus ojos brillaron más intensamente y la cicatriz que atravesaba su rostro resplandeció del rojo sangre que él alababa. Volvió a sonreír y apretó el contenedor de la sangre que permanecía en su mano derecha. El recipiente explotó al instante y la sangre de su némesis resbaló a lo largo de su mano. Se llevó un dedo a la boca y absorbió el líquido con placer. La boca y sus colmillos blancos quedaron cubiertos de sangre cuando terminó su festín salvaje. Entonces, con ansias y rapidez, las venas de su cuerpo comenzaron a sobresalir por su rostro y brazos...

... Y aunque el dolor comenzaba a ser abrumador para sus extremidades, se permitió sonreír con macabra alegría mientras la silla real en donde descansaba comenzaba a destrozarse en pedazos bajo su cuerpo convulsionante.

"La esperanza excesiva es lo opuesto a la desesperación. Un amor abrumador puede consumirte hasta el final..."

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Hola... Bueno, yo debo muchas disculpas. Principalmente a una amiga a la que le prometí actualizar la semana pasada pero que sin embargo no pude hacerlo, sabes quién eres y de verdad, sorry. Y claro, a todos ustedes porque creo que me tarde demasiado. El capítulo en sí no me convencía y me tarde eternidades en terminarlo. Le borré algunas cosas y otras más las traslade al siguiente pedazo. El titulo me salió hasta el último y puse el más obvio y el que pudo abarcar todo lo que había.

Otra razón importante se debe a la restauración de una página a la que adoro, pero sin embargo me ha decepcionado mucho. Potterfics, para los que la conocen, me ha traído toda la semana con dolores de cabeza y estrés inimaginable. Me quejé por bastantes cosas que me desagradaron y bueno, otras disconformidades mías que son mejor no discutir aquí.

Pero ya la mande muy lejos, ya les dije a los administradores con los que hablé que regresaría después de un tiempo y que se olvidarán de mí por el momento. Así que regreso para centrar mi atención a mi historia y en publicarla aquí sin problemas.

El capítulo en sí, abarco muchas cosas. La relación y los problemas de Draco/Hermione apenas van a comenzar, y como bien sabemos, el rubio parece ser demasiado calculador con lo que hace. Y ahora que Hermione está medio vulnerable, pues Draco tiene que aprovechar su momento. La tierra diferente que es Avalón, mágica y peligrosa. Oscura y con cosas diferentes. Si no se imaginan a las criaturas que Adam encontró al final, pueden buscar las que salen en la película de "Dreamcatcher". Me base en esas cosas sangrientas y que tanto miedo me causaron.

Y bueno, el verdadero plan de Perseus. Sé que aún no está completamente resuelto, pero ya dimos un paso en su descubrimiento. ¿Qué le pasará al beber la sangre de Kalyo? Lo verán después, y no estoy muy segura sí es o no en el siguiente capítulo.

Bueno, el siguiente se llama "El libro del destino" y marca principalmente la aventura para encontrarlo... los problemas entre este nuevo trío amoroso y la batalla contra una criatura mitológica.

Pienso que es todo, y les mando mágicos saludos. Un beso y un abrazo.

Su amiga:

DarkGranger.