Una profecía de los cielos
Draco Dormiens Nunquam Titillandus
0000000000000000000000000000000000000
23.- El libro del destino.
A veces pensamos que el destino está escrito y hagas lo que hagas lo que tenga que pasar pasará, pero es mejor olvidarse de eso y seguir adelante intentando hacer cosas nuevas. Lo que tenga que pasar pasará y ya habrá tiempo de plantarle cara.
- ¡Malfoy, quítale las manos de encima!
Hermione sintió como el cuerpo del rubio se apartaba bruscamente de ella. Se dio cuenta de cómo Harry lo había jalado de manera violenta casi estrellándolo contra la cama que estaba a su espalda. La castaña tomó el brazo del pelinegro cuando se repuso de la impresión, segura de que el chico estaba a punto de golpear a Draco.
- ¡Harry! – Exclamó escandalizada e interrumpió el contacto visual de ambos con la voz bastante sorprendida.
- ¡Hermione! ¡Estabas besándote con Malfoy! – Reprochó el pelinegro con un enojo contenido que asustó a la castaña. Se giró para mirarla de manera fulminante y pareció reprimir bastantes improperios.
- ¡Yo-
- Deja de comportarte como el novio celoso, Potter, porque ya no te queda. – La interrumpió Draco con su voz altanera. Su postura despreocupada y arrogante no estaba ayudando mucho a calmar la evidente furia del pelinegro, y Hermione se lo dijo frunciéndole el ceño. El rubio le sonrió.
Harry lo fulminó con la mirada al verse incapaz de contestar a su acusación, Hermione miró sus puños entrecerrados y tragó saliva reteniendo su brazo con mayor fuerza.
- Y tú no tienes derecho de tocarla. – Susurró con los dientes apretados.
- ¡No me hagas reír, Potter! Tú no decides cuándo o quién puede tocarla... Yo no la vi quejarse en lo absoluto. – Sonrió de medio lado al decir eso y la miró con las cejas levantadas. Por primera vez en mucho tiempo, Hermione pensó que su sonrisa era absurdamente molesta.
- ¡Eres un-
- ¡Draco, no estás ayudando! – Exclamó la castaña mientras se interponía entre el camino del pelinegro quien estaba dispuesto a callar al otro a golpes. El rubio ensanchó su sonrisa cruzándose de brazos y estaba segura que se estaba burlando de ella. - ¡Harry, estate quieto!
- ¿Todavía lo defiendes? ¡Pensé que te había importado nuestra relación, Hermione! – Exclamó frustrado. Parecía no entender la situación y la acongoja de su mirada esmeralda revolvió las entrañas de la castaña.
- ¡No es lo qu-
- ¿Pensabas acaso que ella se iba a quedar esperándote todo este tiempo, cara-rajada? ¿Pensaste que iba a pasar lo mismo que con la enana Weasley? ¡Qué iluso eres, Potter! – Se burló el rubio de nuevo golpeando con sus palabras un punto sensible del pelinegro. Hermione lo miró con toda la frialdad que fue capaz de expresar y regresó sus orbes miel al rostro de Harry cuando lo sintió tensarse de manera inesperadamente violenta.
- Nunca esperé eso. – Susurró con el aliento agitado y los dientes apretados. - ¡Nunca le pedí que me esperara!
- ¿Entonces qué te importa que se meta conmigo? – Exclamó el rubio perdiendo los estribos. Hermione lo miró con aire ofendido dejándole muy en claro que esa insinuación había estado fuera de lugar. Por su mente pasó el fugaz pensamiento de dejar seriamente que Harry lo golpeara. – Lo siento, Granger, pero tu amigo me está poniendo de malas...
- Ante todo, Malfoy, Hermione es mi amiga. – Dijo Harry tratando de zafarse de las manos de Hermione para acercarse al rubio. – Mi mejor amiga, hurón.
- No parece, Potter. Romperle el corazón no es muy considerado de tu parte. Yo no sabía que eso era el significado de la amistad. – Se burló con una sonrisa incitante. En ese momento Hermione ya no quería sólo dejar que Harry lo golpeara, ahora también ella quería borrarle a golpes la brillante sonrisa del rostro.
- ¡Dra-
- ¡Cállate, Malfoy! ¡Trato de protegerla, idiota! Pero sé que no lo entenderías... – La interrumpió de nuevo el pelinegro. La voz le tembló de manera ahogada y la chica estuvo segura de que la conversación estaba incomodándolo más de la cuenta.
- Ya deja d-
- ¿De esta manera la proteges? ¿Lastimándola? – Dijo arrastrando las palabras de manera profusamente arrogante. Está vez, la mueca burlona se había sustituido por una mirada tan seria que le puso la carne de gallina. En ese momento, Hermione se planteó sinceramente el hecho de que los chicos se habían olvidado de su presencia. – No puedo creer que ni eso sepas hacer bien, elegido.
- Yo no quería-
- Tú nunca quieres nada, Potter. – Susurró con frialdad. - Pero no voy a permitir que la lastimes de nuevo. Ahora merezco mi oportunidad de hacerla feliz.
- Nada me asegura que sepas hacerlo, hurón. ¿Cómo sé que no estás jugando con ella? ¿Crees que te voy a dar la posibilidad de la duda? ¡No! – Increpó el pelinegro mientras se apartaba de su amiga de un rápido movimiento. Quedó a unos pasos del cuerpo del rubio pero pareció contenerse de golpearlo. Lo miró con odio mientras respiraba agitadamente.
- Nada te lo asegura, pero ambos sabemos una cosa: ella se merece lo mejor... y da la casualidad de que yo soy el mejor. – Siseó con una seguridad implacable.
- ¡Eres idiota! – Soltó con brusquedad mientras sus ojos echaban chispas de rabia. Draco endureció de nuevo la mueca de su rostro y la seriedad de ambos tensionó la estancia de manera alarmante. – Hermione no te dará una oportunidad, Malfoy. ¡Sobre mi cadáver!
- Ya lo vere-
- ¡Basta! – Exclamó la castaña mientras extendía las manos y se interponía entre sus cuerpos. Los miró de manera fulminante y el enojo que sentía se comparaba con un volcán en plena erupción. Apretó los puños y cerró los ojos tomando una gran bocanada de aire.- ¡¿Ustedes dos que se creen?! ¿Por qué tengo que soportar esto? ¡Estoy aquí, frente a ustedes! ¡No tienen derecho de decidir qué es o no mejor para mí! Parecen dos niñitos inmaduros peleándose por un dulce, no soy un trofeo... ¿Pero, saben qué? – Espetó de repente, furiosa. - No me interesa, rómpanse la cara sí eso los hace felices. Yo me largo.
- ¡Hey! ¡Espera, Hermione! ¡Haz malentendido las cosas, yo no me refería a eso! ¡Yo no qui-
- No Harry, detente ahí, no es lo que yo piense, es lo que ustedes demuestran. En primera debo decirles que nunca me imagine en este papel... ¡Por Merlín, chicos! ¡Soy la antítesis de todas las chicas que a ambos les han interesado! ¡No soy modelo, no soy nada interesante, no soy bonita! – Expresó sinceramente acongojada y confundida. - ¿No pueden hacer las paces por unos minutos y dejar de molestarme de esta forma? ¡Me asfixian...! ¡Y no pongas esa cara Draco Malfoy, que ahora si estoy furiosa!
Se alejó mirándolos con una frialdad que los sorprendió dejándolos momentáneamente paralizados. Harry se planteó alejarla un tiempo de ese castaño que le estaba enseñado esas frías expresiones.
Se giró furiosa zanjando la discusión es ese momento. En cuanto cruzó el marco de la puerta – o cortina, dependiendo el punto con el que se viera – los chicos reaccionaron del efímero momento de ensimismamiento y salieron tras ella aunque posiblemente no fuese buena idea.
Harry fue el primero que estuvo a punto de atravesar la salida, pero un brazo que apareció de su lado derecho tapó su camino y lo detuvo.
- Déjala en paz, Potter. – Susurró la tétrica voz de Adam a su lado. El chico ladeó la cabeza hacia ellos en su posición despreocupada, permitiéndoles ver sólo su perfil arrogante. – Necesita estar un tiempo a solas para pensar en las estupideces que hacen.
- Quítate, Hellsing, esto no te incumbe. – Demandó el rubio con la mirada helada y seria.
Adam se giró completamente sin dejar de taladrarlos con esa mirada sin vida que poseía. Se plantó frente a ellos cruzando sus brazos impidiéndoles el paso de una manera provocante.
- Me incumbe más de lo que te imaginas, rubio. Más de lo que entiendes. – Susurró con una sonrisa torcida llena de frialdad. – Y no te estoy preguntando. Te estoy diciendo que la dejes en paz. Conociéndola, los va a perdonar demasiado rápido.
Ninguno de los dos chicos pudo replicar ante la pose amenazante del castaño. Ambos asintieron en silencio sintiéndose obligados a obedecer. Adam los miró produciéndoles escalofríos y se giró con una lentitud provocativa.
Les dio la espalda alejándose con pasos calmados. Con el autocontrol apretado en su pecho y con las extremidades endurecidas. Sus puños demandando golpearlos, su cabeza pensando miles de formas de castigarlos por las lágrimas que había visto en el rostro de Hermione cuando había cruzado a su lado corriendo.
Pasó tranquilo junto al sillón donde la pelirroja Weasley ya estaba despierta mirándolo. Parecía querer preguntar algo pero Adam le dirigió una mirada severa y cortante. Ginny se tragó las preguntas y cruzó su mirada con un Harry Potter plantado en la puerta de la habitación que había sido asignada para ella.
Adam los ignoró y siguió caminando.
Encontró a Hermione acurrucada y muriéndose de frío afuera de la carpa junto a una fogata que estaba por extinguirse y que él había conjurado. Orgullosa como para volver a adentrarse en la comodidad de su habitación. Muerta de miedo como para volver a enfrentarlos.
Y él lo sabía. Incluso más que ella misma.
- No quiero oír nada, Adam, te lo advierto. – Replicó la chica castañeando los dientes del frío. Se limpió el rostro bruscamente y frunció el ceño de manera furiosa.
El ángel suspiró para tranquilizar sus ansias de golpear algo, mostrando una desidia que realmente no sentía. Se sentó a su lado avivando la llama del fuego con sus ojos.
- ¿Cómo es posible que puedas hacer magia tan poderosa? – Preguntó la castaña con hastío. Necesitaba descargar su enfado con alguien y, aunque probablemente no fuera buena idea, Adam era el más cercano.
- Soy un ángel. – Respondió con simpleza. - ¿Quieres que los golpee? – Preguntó para tranquilizar el mal humor de su protegida.
- Sí. – Respondió ella amargamente.
- Estoy a punto de pararme y aceptar la petición, castaña. – Amenazó sin intenciones de hacerlo. Le resultaba hasta cierto punto gracioso el panorama de ver a Hermione tan enfadada y a esos dos patéticos intentos de humanos muriéndose de la angustia allá adentro, pero sólo hasta cierto punto.
- Tienes mi bendición de partirles a ambos la cara.
El ángel se rió pero no se levantó, por más ganas que tuviera de ir y golpearlos verdaderamente, Hermione lo mataría cuando la furia se disipara de su mente. Miró el fuego por unos segundos y luego se levantó. Le tendió una mano a Hermione y ella lo miró indiferente.
- No quiero entrar. – Replicó con una mueca.
- Vas a dormir. No te molestarán, lo prometo. – Agregó con una sonrisa burlona. Esas que casi no mostraba.
Y entonces, Hermione suspiró sabiendo que haría lo que le pedía.
OoOoO
Cuando Harry se levantó después de lo que calculaba, habían sido unas cinco horas de sueño, no supo si realmente era otro día o no. Seguían suspendidos en el tiempo infinito que se mostraba en Avalón, sin comprender cuando era de día o cuando era de noche.
Para su sorpresa, su amigo pelirrojo ya se había levantado. Draco Malfoy tampoco estaba en su cama, pero dudaba que se hubiese acostado en ella. Suponía que había permanecido en el sillón de la sala o incluso pensó que no había dormido.
Suspiró largamente cuando se acomodó los lentes y se arregló como pudo el cabello.
Salió de la habitación esperando poder tener un momento para hablar con Hermione. Se sentía bastante mal por todo lo que había dicho... por lo que le habían dicho. Él que sólo había tratado de protegerla de la muerte. Él que sólo había tratado de protegerla de Voldemort.
Él sólo había logrado lastimarla...
...Romperle el corazón como lo había hecho con Ginny.
Miró largamente la espada que se había colgado en la cintura y se preguntó por cuánto tiempo podría soportar no poder tocar a su amiga, no verla sonreírle o no sentir el cariño que siempre le demostraba. Cuánto tiempo podría ocultar el miedo que sentía por perderla...
Draco Malfoy había tenido razón en todo lo que le había reprochado. Hermione tenía razón en odiarlo. Pero él no podía demostrar su miedo de otra manera.
Celándola como un niño. Tratándola como un objeto.
Era un estúpido.
- Harry ¡Buenos días, compañero! Bueno, en realidad no estoy seguro de qué horas son... – El pelirrojo lo miró y alzó un ceja al verlo tan ensimismado. - ¿Pasa algo?
- Hermione. – Fue todo lo que dijo y Ron entendió de inmediato. - ¿La has visto?
- Sí, salió a entrenar con mi hermana... Adam está con ellas. – Agregó al ver su ceño fruncido. - ¿Me dirás que ocurrió?
- Me peleé con Malfoy y traté a Hermione como un objeto. – Suspiró sintiéndose doblemente mal al ver la mirada de reproche que su amigo le dirigía.
- Recuerda lo complicadas que son las mujeres, amigo. Hermione es incluso más complicada que las demás. – Recomendó el pelirrojo con una seriedad nada común en él. – Estarte peleando con ella no te servirá de nada. Recuérdame a mí.
- Ya lo sé. Y me siento realmente mal. – Suspiró mientras se sentaba aceptando los huevos fritos que su amigo le ofrecía. Al parecer estar tanto tiempo con su madre le había enseñado algo. – Tengo demasiadas cosas en la cabeza... Y ver a Malfoy besándose con Hermione como si quisiera comérsela... sólo me puso de malas. – Replicó con una mueca de enfado. - ¿Dónde está el hurón, por cierto?
- ¿Malfoy besó a Hermione? ¿Y ella se dejó? – Respondió con una mueca de asco. – Eso está para poner de malas a cualquiera.
Harry se relajó con el comentario de su amigo y le sonrió en agradecimiento por su humor.
- Y no lo he visto. – Agregó después de unos segundos como alguien quién no quiere la cosa. – Pero se supone que tiene que entrenarnos.
- Tienes razón, lo había olvidado. Por cierto... ¿Cómo va la herida? – Preguntó para cambiar a Malfoy de la conversación.
- Bastante mejor. Sólo me molesta un poco.
- ¿Crees poder usar la espada? – Preguntó al ver la venda que Hermione había colocado en el torso de su amigo. Ron suspiró pasando una mano por la herida.
- No lo sé... – Aceptó desanimado. – Probablemente no. Hablé con Adam sobre eso... y me dijo que posiblemente me tendría que quedar cuando fueran a buscar el libro.
- ¿Y aceptaste? – Preguntó bastante sorprendido. Su amigo podía ser incluso más testarudo que él mismo.
- Escucha, Harry. Adam salvó mi vida y estoy seguro de que salvaría la de cualquiera de nosotros. Si él cree que es más seguro que me quede, me quedaré. Sé que puedo resultar un estorbo si ni siquiera puedo levantar el brazo sin que me duela el abdomen. – Dijo con calma pero Harry estaba seguro de que se guardó la impotencia que sentía por estar herido y no poder ayudar hasta que se repusiera.
- Adam sabe lo que hace. – Repitió lo que había dicho su mejor amiga el día anterior. – E incluso es más seguro para ti.
- Lo sé. – Aceptó el pelirrojo con la expresión derrotada.
- ¡Vaya! ¿Holgazaneando, acaso? – Preguntó Malfoy arrastrando las palabras con desdén mientras entraba a la sala donde ellos estaban conversando. Harry lo miró fulminante y se levantó despacio para encararlo. Se sorprendió de lo despierto que se mostraba, con su sonrisa burlona y el cabello desordenado cayéndole por la frente. Totalmente fresco. Y entonces se preguntó qué tan mal se vería él.
- De hecho, Malfoy, no. Parece ser que el que rehúye de las responsabilidades es otro. – Escupió con el mismo desdén que él había usado. – Tenemos que entrenar. Y por muy en desacuerdo que este con esto, tú tienes que entrenarnos.
- Estoy enterado, Potter. Me doy cuenta que no saben ni agarrar la espada correctamente. – Se burló con una chispa de humor negro en los ojos. Ron farfulló algo a lo bajo mientras recogía los trastes sucios y los llevaba al lavabo.
- ¿A qué esperamos entonces? – Espetó el pelinegro con brusquedad.
- A que dejes de hacerte el tonto, Potter. Es hora de que aprendas a luchar. – Sonrió el rubio con dramatismo. El pelinegro quiso golpearlo pero recordó el trato que habían hecho y utilizó todo su autocontrol para no soltarle una serie de palabrotas que bien se merecía.
Cuando salieron fuera de la tienda, Harry y Ron observaron con sorpresa y admiración los movimientos rápidos y acertados – aunque un poco torpes – que la castaña trataba de enseñar a la pelirroja. Adam las observaba en silencio, dando algún que otro comentario cuando lo creía necesario. La fogata avivaba la luz que rodeaba el ambiente y el pelinegro se sintió algo extraño al pensar que la noche nunca se acababa.
- Vaya, Hermione, no sé cuando aprendiste a usar esta cosa, pero es genial. – Se sorprendió la pelirroja cuando trató de imitar uno de sus movimientos y falló estrepitosamente. La espada se le resbaló de las manos y pronto tuvo la hoja blanca de su amiga apuntándole al pecho en señal de victoria.
- Me ha costado mi esfuerzo. – Se enorgulleció la chica. Adam mostró un amago de sonrisa y se les acercó.
- Has mejorado. – Le susurró.
- He tenido un maestro bastante exigente. – Sonrió ella. Adam recogió la espada de la pelirroja y se la entregó con elegancia. Sacó su propia espada y, separando un poco las piernas, apuntó con ella a la castaña quien lo miró un poco sorprendida.
- Probemos. – Retó el ángel con seriedad. Hermione tragó saliva y de reojo miró el ceño fruncido que lucían los rostros de sus amigos. – No te haré daño.
- Lo sé. – Dijo con una seguridad innata. La castaña se colocó en posición de ataque y también lo apuntó con la hoja de su espada. – Veamos que tanto he mejorado.
Adam no esperó a que dijera nada más, pues lanzó el primer golpe con elegancia y maestría. Hermione lo detuvo levantando la espada a la altura de su cabeza, con un movimiento que tronó los huesos de sus hombros pero mantuvo su posición firme cuando Adam se separó de ella.
La miró unos segundos y volvió a arremeter contra ella, está vez tratando de encontrar el punto débil que tenía por el flanco izquierdo, pero intuyéndolo, la castaña se giró lo suficiente y las espadas lanzaron un sonido sordo al colisionar de nueva cuenta. Trastabilló un poco hacia atrás pero se recompuso dispuesta a mostrar que sus habilidades sí habían mejorado.
Fue su turno de arremeter contra el castaño, pero parecía que él estaba un poco aburrido pues detuvo el golpe sosteniendo su arma con una sola mano sin mostrar esfuerzo alguno. Hermione pestañeó tratando de alejar el temblor que sintió ascender desde sus brazos hasta su cabeza pasando por su torso de manera escalofriante. Adam le sonrió fugazmente y con un movimiento fuerte y ágil, colisionó su espada de nuevo con la suya, impidiéndole el poder mantenerla sostenida.
Hermione sintió sus dedos torcerse y la espada salió disparada de su mano cruzando el lado derecho de su cabeza con una ráfaga de aire veloz y peligrosa. Se estrelló contra un árbol y quedó tendida en el suelo mientras ella intentaba recomponerse de la impresión. Y eso que Kalyo solía pelear contra ella de una manera muy... serena. Según él.
El castaño se estabilizó mirándola fijamente. Sus ojos no mostraban signos de diversión ni de burla. Sólo una seriedad que la preocupó verdaderamente.
- ¡Eres un estúpido, Hellsing! – Escuchó decir a Draco. Pero se perdió de algo más que había proferido Ron y se concentró en sentir algo líquido y caliente que descendía por su mejilla derecha. Se pasó la palma sobre ella y comprobó que ésta estaba manchaba de su propia sangre. Buscó los ojos de su guardián y vio una perturbación y conmoción nada común en esos orbes plateados.
- ¿Cómo te atreves, idiota? ¡La has lastimado! – Profirió Harry acercándose a ella y tocando la mejilla de su amiga con la punta de su varita. La herida se cerró pero la castaña podía sentir el ardor quemándole la piel de una manera soportable.
- Es sólo un pequeño corte. Estoy bien. – Dijo con frialdad y se apartó de su amigo. Recordó que tan enojada estaba con él y se dirigió a paso veloz al lado de su guardián. Harry sintió un retortijón en el pecho pero trató dignamente de no verse afectado. – No pasa nada, Adam. Fue culpa mía, no pude sostener la espada. – Intentó restarle importancia pero el chico parecía tan sorprendido que no pudo dejar de mirar su mejilla. Después de unos segundos el ángel asintió despacio tratando de asimilar lo sucedido pero no dijo nada.
- Es mejor que ustedes tres se pongan a entrenar. Aquí ya pasó nuestra presentación. Ahora es turno de los caballeros. – Dijo Ginny mientras trataba de alejar el ambiente tenso que se había instalando en el ambiente. – Me daré un baño. – Agregó al ver que nadie parecía querer moverse y se alejó con un suspiro.
- Adam, estoy bien... – Susurró Hermione de nuevo al ver la conmoción en los ojos de su guardián. Lo tomó de la muñeca y lo alejó de sus amigos que continuaban reprochándole lo que había hecho.
Recogió la espada que había sido despedida hacia el árbol y encaró de nuevo al castaño al ver que no tenía intenciones de decirle nada. Ignoró el cosquilleo que sentía arder en su rostro y se limpió la mano que se mantenía cubierta de sangre.
- Merlín debió sentirse muy mal al haber venido a esta tierra y perder gran parte de sus poderes. – Comentó para cambiar de tema. De reojo vio como sus amigos empezaban a entrenar, pero no dejaban de lanzar miradas severas en su dirección, en especial cierto rubio que parecía no prestar atención en las réplicas de los otros dos chicos.
- Merlín vino a esta tierra para realizar la magia que debilita nuestros poderes, Hermione. Puedo asegurarte que él creó la mitad de la magia que protege este lugar. – Le respondió sin interés. Se inclinó hasta quedar a la altura de su cabeza y le miró fijamente la mejilla que había estado herida. La castaña volvió a sentir el mareo ante el aliento de su guardián y sintió los escalofríos acostumbrados ascender por su columna. - ¿Te duele? – Preguntó con expresión fría pero Hermione supo leer en sus ojos el arrepentimiento por lo sucedido.
- No. – Dijo tras unos segundos para demostrar la veracidad de sus palabras. – Estoy bien.
Adam suspiró y se alejó de ella mientras miraba un punto inexistente a su espalda.
- Tú amigo pelirrojo se quedará mañana. – Dijo de repente pero no la dejó comentar al respecto. – Y he pensado que sería buena idea que te quedes a acompañarlo.
- Estás loco. – Refutó la castaña de inmediato. – Ron sabe cuidarse solito.
- Está herido. – Trató de razonar él, pero sabía que no serviría de nada hacerlo. Hermione era cabezota.
- Sí quieres deshacerte de mí... No lo estás consiguiendo, voy a ir te guste o no. – Gruñó la chica con el ceño fruncido.
- Hay cosas allá afuera que no puedo explicar. Me preocupas. – Aceptó él a regañadientes.
- Una vez me dijiste que pensabas que si estaba contigo estaría más segura. – Dijo la castaña ablandando su expresión y mirándolo con cariño. - Iré, Adam y estaré bien. Le diré a Ginny que se quede con su hermano.
Adam no tuvo opción más la de asentir con la cabeza. Dio media vuelta y se internó en la oscuridad del bosque que bordeaba sus costados sin decir nada más. Hermione le miró desaparecer y alzó los ojos al cielo sin estrellas. Los senderos de colores que lo cruzaban, apenas iluminaban sus cabezas. Se giró hacia sus amigos y al verlos discutiendo de nuevo, suspiró.
OoOoO
Música recomendada: Anime.- Elfen Lied- "Lilium (Full Version)"
OoOoO
Cuando Hermione habló con su amiga, ésta no estuvo muy segura de la decisión que habían tomado por ella. Sabía que había un cambio de planes gracias a la herida de su hermano pero se sintió bajo una injusticia al no haberle permitido el ir con ellos al día siguiente.
Ron habló con ella después de lo que había sido el peor entrenamiento de su vida, y la había convencido de quedarse en el campamento alegando sobre su seguridad. El chico estaría más aliviado sí ella se quedaba a hacerle compañía. Ginny no pudo negarse ante la mirada y la voz preocupada de su hermano, así que había terminado aceptando la situación a regañadientes.
Y después de varias discusiones, cinco escasas horas de sueño en una noche eterna y un aperitivo silencioso y tenso preparado por el menor de los Weasley, los cuatro chicos estaban listos para partir.
Adam; con su vestimenta completamente blanca resaltando sus ojos de manera escalofriante, acaparando las miradas extrañadas de los presentes y la mirada sorprendida de su protegida. Hermione; con la espada blanca colgada elegantemente de su cintura. Harry; con la mirada verde brillante y la valentía desprendida de sus facciones. Y Draco; con la decisión en el rostro y el sable plateado fuertemente apretado en su diestra.
Los últimos tres iban casi completamente vestidos de negro.
Para camuflaje, había asegurado la castaña. Aunque Adam la había mirado con una ceja levantada burlándose descaradamente de ella.
Ginny los había abrazado - aunque lo había hecho más reservadamente cuando se había acercado a Malfoy y Adam la había mirado desinteresadamente - y les había susurrado que regresaran. Ron había estrechado fuertemente a Harry y había ahogado a Hermione bajo sus brazos, diciéndoles, pidiéndoles que regresaran.
Había estrechado la mano de Adam y le había pedido que los cuidara. Se había girado a Draco y le había dicho, tragándose ese orgullo masculino del que siempre alardeaba más de la cuenta, que aún le faltaba demostrarle correctamente cómo se usaba la espada.
El rubio había sonreído burlonamente pero se había guardado los comentarios respetuosamente.
Aunque la magia que debilitaba sus cuerpos no hubiese menguado, los cuatro se sentían mucho más seguros que en un principio. Harry había estado entrenando más de diez horas seguidas y ya podía protegerse de los ataques del rubio con una maestría ya no tan principiante.
Cuando llegaron a las orillas de la barrera que protegía el campamento, Adam los miró seriamente. Este era el principio de una misión peligrosa y aterradora.
- ¿Listos? – Preguntó sin sentimiento.
Hermione contestó por los tres.
- Desde el principio. – Aseguró.
Cuando quedaron fuera de la barrera, comenzaron a caminar entre las penumbras del bosque con cautela. Adam giraba constantemente su mirada para revisar el perímetro y asegurarse de que los insectos esos no los seguían, sabía que era cuestión de tiempo el verse rodeados de esas criaturas y no quería estar desprevenido. Sus sentidos estaban totalmente despiertos y sentía la adrenalina recorrer por sus venas.
- Algunas veces pienso que ya has estado en este lugar. – Comentó la castaña con desidia mientras volteaba en todas direcciones. Lo miró por unos instantes y se sorprendió al ver como sus ojos brillaban repentina y efímeramente mientras le enviaba una sonrisa sugerente. - ¿Has estado en este lugar antes? – Susurró sorprendida.
- Merlín ha sido el único humano que se ha ganado mi respeto. – Respondió en un murmullo para que sólo ella lo escuchara. Draco iba cerrando el grupo y no parecía poner atención más que en sus propios pasos cautelosos. Harry parecía pensativo y apenas se enteraba de lo que estaba pisando. – No hagas más preguntas.
Hermione entendió entonces el por qué sabía tanto de ese lugar y de la magia, como sabía sobre las reliquias y seguramente sabía lo referente a su locación. Se sintió un poco patética al no haberse dado cuenta antes, pero decidió no pensar mucho en el asunto. Algún día, todas las incógnitas de ese castaño le serían respondidas.
O eso esperaba.
La oscuridad volvía a envolverlos y en esta ocasión, Hermione no tenía intenciones de ir a ciegas. Levantó la varita dispuesta a conjurar un lumos pero de inmediato sintió la mano de su guardián impidiéndoselo.
- Espera. – Pidió en voz suave. Desenvainó su espada con la mano surda de una manera totalmente elegante y, aunque Hermione no pudo verlo, sonrió con arrogancia mientras recargaba la hoja de su espada contra su hombro izquierdo de manera altiva. Se frenó un momento y los tres chicos se detuvieron mientras, sorprendentemente, apreciaban su perfil a pesar de la oscuridad. Sus ojos comenzaron a brillar con un resplandor hermoso de color dorado. El cabello castaño le ensombrecía el rostro, pero los ojos luminosos alumbraban su pálida figura con esa sonrisa arrogante y superior.
La chica ahogó una exclamación en su garganta y estuvo a punto de detener su imprudente transformación, pero la espada recargada en el hombro de su guardián comenzó a brillar y esa repentina situación hizo que Hermione detuviera su avance de pura sorpresa. Los símbolos, que ella estaba segura eran angelicales, se encendieron de un brillo igual de dorado que el de sus ojos anteriormente plateados.
Lenta y pausadamente, la historia del universo que estaba escrita en la metálica hoja comenzó a percibirse con esplendor. El proceso se completó después de unos instantes y la luminosidad se mantuvo en torno a ellos.
Draco y Harry no fueron capaces de proferir palabra alguna y aunque Hermione quería regañarlo ante tal imprudencia, mantuvo la boca sellada hasta que el ángel les habló.
- Síganme. – Fue todo lo que dijo. Mantuvo su arma recargada contra su hombro y por primera vez, los tres chicos pudieron apreciar el camino por el que anteriormente habían transitado.
Las preguntas que tenían en mente con respecto a la luz desprendida de la espada pasaron a segundo plano cuando sus ojos, horrorizados, observaron a su alrededor.
- Estén preparados y no se separen... estos... seres, no tienen compasión por nadie. – Susurró el castaño.
Hermione se pegó a la espalda de su guardián y apretó su abrigo con las dos manos. La respiración se le agitó y apretó los dientes mirando la nuca de Adam para no observar a su alrededor. Sintió la mano de alguien sobre su espalda y supo que Harry tenía la misma sensación de pánico que ella.
La espesura del bosque no era ni remotamente bonita. Los árboles eran enormes, desfigurados y llenos de agujeros oscuros y tenebrosos.
Agujeros repletos de Ojos.
Ojos amarillos y brillantes que sobresalían por esa oscuridad, reluciendo por la escasa luz que desprendía el castaño. Manos huesudas y verdosas que se veían en las orillas de los troncos. Respiraciones, pausadas y casi mecánicas. Vaho del aliento caliente. Criaturas asechándolos a la distancia.
Insectos arrastrándose por todas partes... gigantes, babosos y asquerosos. Oscuros como el cielo, sin piernas ni brazos. Enrollándose entre las raíces sobresalientes de los árboles, encajando sus dientes, filosos y enormes, sobre la superficie. Las púas que sobresalían de sus colas, meneándose con cada movimiento.
Había Cadáveres.
Docenas de cadáveres animales. Algunos con la sangre aún fresca sobre las mordidas asesinas. Algunos huesos, cráneos y demás, esparcidos por todos lados.
El olor a muerte, a miedo. Algo que gracias a la oscuridad con la que habían cruzado la primera vez, nadie había percibido.
Una mano huesuda se movió y Hermione cerró los ojos para no ver como la criatura había asomado su cabeza por entre los árboles y los había mirado. Fijamente.
Con un solo ojo, totalmente amarillo y vacío. Inyectado de sangre. Con su rostro desfigurado que tenía una especie de tela cruzándolo, como si tapara la mitad de su cara con algún propósito, sellando su otro ojo de color negro intenso. Su boca estaba cosida con algo parecido al metal y aún se apreciaba la sangre corriendo de entre sus dientes, filosos, irregulares y amarillosos.
Había evitado ver como la criatura se había retorcido en su guarida. Como su nariz se había inflamado, oliendo algo a la distancia. Había ignorado como los seguía mirando.
Pero no había podido evitar escuchar el agudo chillido que había proferido la criatura. No había podido evitar voltear en ese instante para ver como abría el hoyo que tenía como boca, partiéndose con fuerza los labios con el propio fragmento metálico que se cosía en ellos.
Se tapó los oídos bajando la guardia de manera espantosa. Adam se había puesto rápidamente frente a la criatura en posición defensiva. Su espada seguía brillando y repentinamente expulsó una honda de luz que les permitió observar mucho mejor a la bestia que parecía querer atacarlos.
Los brazos los tenía deformes, sudados y manchados de sangre, con tres garras enormes y filosas. Su piel verde-grisácea cubierta de alguna tela que hacía el papel de venda. Tenía algo parecido al cabello sobre su cráneo, pero eran muy pocas hebras de color blanco. Con sus piernas, separadas y flexionadas. Su aliento irregular y los dientes sobresaliendo por entre la sangre que su boca derramaba. A Hermione le hubiera recordado a una momia - mucho más sádica y tipo muerto viviente - si no hubiera tenido tanta piel al descubierto.
Y lo peor de todo, es que no era la única que los rodeaba.
La espada volvió a desprender la onda expansiva de luz al ver que más bestias habían salido de sus guaridas en una posición agresiva.
Harry, Draco y Hermione habían sacado sus varitas mientras sostenían las espadas con fuerza. La chica temblaba pero no podía dejarse invadir por el miedo en esos momentos. El ataque era innegable, la pregunta era cómo derrotar a tantos rivales que parecían... hambrientos.
Las ondas de luz seguían expandiéndose a través de la Divine Sword y eso parecía detener un poco el ataque de las criaturas que cada vez enseñaban más sus filosos dientes.
- Hermione, escúchame con cuidado. La espada que tienes en tu posesión actúa como una especie de varita. Con ella puedes invocar magia... Van a correr y después de unos segundos tienes que utilizar el hechizo de orientación pensando en el libro y la espada te guiará... – Susurró Adam retrocediendo un solo paso. – Sigue la luz que salga de ella. Y no mires hacia atrás, castaña.
- ¿Tú que harás? – Preguntó ella horrorizada.
- Distraerlos. – Respondió con seriedad. Su rostro se tensó y evitó mirar a su protegida. Una nueva onda luminosa brotó de la espada y las bestias retrocedieron cegadas por la intensidad de la luz. Sin embargo, el castaño se dio cuenta de que estaban completamente rodeados por esas bestias sanguinarias. Los insectos gigantes - que Adam había decidido apodarlos orugas asquerosas - retrocedieron atemorizadas y doloridas por el brillo.
- Estás loco. – Respondió Harry que había estado escuchado la conversación. – Nunca lograrías vencerlos.
- Nos quedaremos a luchar, Hellsing. – Aseguró Draco mientras se preparaba para pelear.
Los ojos del ángel brillaron con más intensidad y los miró fríamente. Harry y Draco parecieron amedrentarse y supieron que Adam estaba hablando seriamente. A su vez, Hermione estaba cada vez más horrorizada.
- Tienen treinta segundos para correr. – Dijo sin posibilidad de negación y apretando su espada con las dos manos dio una potente estocada hacia el aire, invocando una ola de fuego que despidió los cuerpos de las bestias hacia atrás dejándoles el camino libre. - ¡Ahora!
Al principio los tres chicos no supieron reaccionar por el asombro. Los árboles y varios insectos y animales que habían estado rondando por los alrededores, empezaron a consumirse en las llamas del fuego que Adam había conjurado. Los chillidos de las criaturas brotaron en el ambiente perforando sus oídos dolorosamente.
- ¡Maldición, dije AHORA! ¡Corran! – Explotó el ángel mientras clavaba su espada en el torso de una bestia que se había recompuesto del ataque y se había lanzado en su contra. La sangre, de un color rojo oscuro, empezó a brotar de la herida rápidamente.
Harry reaccionó a tiempo e inició a correr conjurando un lumos con su varita. Tuvo que jalar a Hermione pues ésta parecía paralizada en su lugar. Draco los siguió a los segundos lanzando un Confringo que creó una explosión – no tan potente como a él le hubiera gustado - a sus espaldas y les dio unos segundos de ventaja.
Cuando la castaña reaccionó tras la conmoción de las explosiones, forcejeó con Harry para que la soltara. Quería regresar ya. No iba a dejar a su guardián solo para que arriesgara su vida tan fácilmente. El pelinegro tuvo que dejar de correr para poder evitar que su amiga retrocediera, Draco también se detuvo de golpe con la respiración acelerada viendo como Hermione forcejeaba con lágrimas en los ojos.
- ¡No podemos dejarlo! ¡Harry, suéltame! – Gimoteó la chica.
- Hermione, por favor... – Trató de razonar el pelinegro sin soltarla aunque él mismo sentía una opresión en el pecho que le rogaba que regresara.
- Granger, si regresas ahora Hellsing intentará protegerte. Sólo lograrías que lo lastimen... incluso puedes causar que lo mat-
- ¡Cállate, Draco! – Lo cortó la chica con aprensión. Comenzó a llorar de pura impotencia pero se dejó arrastras por los chicos, ambos tomando cada uno de sus brazos. Giró su rostro para mirar como las criaturas se lanzaban contra su guardián de manera furiosa, algunas incendiadas por el fuego que los había impactado, otras completamente cubiertas de sangre. Una de ellas abrió la boca arrancándose las bandas metálicas que cosían sus labios... y enterró los filosos y amarillentos dientes en uno de los hombros del castaño. Hermione soltó un sollozo cuando se giró para mirar el camino por donde corrían y vio un destello de luz que explotó a sus lados, seguramente de un ataque del ángel.
Siguieron corriendo y como les había dicho Adam, no miraron atrás mientras seguían evadiendo los obstáculos, ignorando los ruidos e incluso arrollando a algunos animales. Los chillidos de las criaturas ya habían cesado, pero Hermione no se sentía nada aliviada por eso. Recuperaron el aliento por unos segundos pero inmediatamente volvieron a correr, ninguno de los chicos con la intención de soltarla.
Su mano tembló cuando conjuro el hechizo brújula y por un momento tuvo miedo de no haberlo hecho bien. Se sintió algo aliviada al reparar como la espada comenzaba a vibrar en su mano y estuvo a punto de caérsele por su propio temblor pero sintió como Harry envolvía su mano con la suya para reforzar el agarre.
Las lágrimas aún salían de sus ojos pero no quiso hacer nada para detenerlas.
La espada brilló por unos segundos y un rayo violeta salió despedido de ella chocando contra el suelo y creando un camino del mismo color frente a sus ojos. Hermione se colgó la espada a la cintura con dificultad y miró el camino con cierta indecisión. Harry le apretó la mano.
Respiraron profundamente antes de seguir la dirección que se les marcaba en la informe superficie del suelo, e incluso Harry se obligó a no mirar hacia atrás. Corrieron con ganas ignorando todo a su alrededor. El pelinegro rozó la rama de un árbol y una cortada poco profunda se abrió en su mejilla pero ignoró el escozor de la herida y siguió avanzando jalando a Hermione de una mano y sosteniendo la varita con la otra.
El agotamiento físico que la isla les ofrecía pronto empezó a hacer mella en ellos. Las respiraciones se entrecortaron rápidamente y sus cuerpos empezaron a sentirse pesados y agarrotados.
La luz de sus varitas ya no era realmente necesaria. La luz violeta que brillaba en el suelo era suficiente para iluminar el camino. No supieron realmente cuanto tiempo había pasado, pero el camino parecía no tener final y sus músculos no iban a aguantar tanto.
Hermione agradeció a toda la magia existente cuando la luz violeta llegó hasta el límite de lo que parecía ser una puerta de madera podrida y se extinguió. La puerta era horrible, escalofriante y estaba enterrada por grandes y gruesas raíces de una infinidad de árboles muertos que la protegían.
Estaba semi-abierta, pues estaba partida a la mitad y con las dos mitades caídas a los lados. Había una especie de construcción a su alrededor, bordeando un pequeño espacio oscurecido. Había dos gárgolas con forma de arpías a los costados de la entrada y, algo que le puso los pelos de punta a Hermione, fueron dos muñecos de trapo que permanecían colgados de un árbol. Tenían dos ojos negros, demasiado profundos para ser simples pedazos de plástico, que parecían mirarlos con intensidad.
Tragaron saliva y se acercaron despacio.
- Espero que lo qué sea que partió la puerta se haya ido ya. – Susurró el pelinegro mientras movía la madera podrida hacía un lado. La puerta hizo un chirrido molesto que se expandió como eco en la profundidad de esa construcción de piedra. No parecía especialmente grande, pero los daños en las paredes y demás, producto de los años de descuido, hacían de ese lugar algo terriblemente lúgubre.
Entraron con sigilo sosteniendo las varitas con fuerza. Olía a humedad y notaron como el suelo estaba lleno de algún líquido que llegaba a mojarles los pies completamente. Siguieron arrastrándose sin importarles que sus pantalones se mojaran con cada paso mientras decidían mantener sólo una varita encendida.
Harry los guió a través de ese espacio pequeño y sofocante. Algunas gotas de agua caían del techo ahogando su estruendo contra la humedad del suelo. Trataron de no pensar en lo que había sumergido bajo el agua que pisaban, en lo que seguramente había en las paredes o en el mismo techo. Sólo se movieron concentrados al frente que era donde la varita alumbraba.
Caminaron unos pasos más y entonces, Harry lo vio.
Ahí posado sobre un pedestal de concreto, cubierto de telarañas y polvo, estaba un grueso libro color café oscuro y sellado con un pedazo de cuero negro que lo rodeaba.
Era hasta cierto punto hipnótico, simple como cualquier otro libro pero algo tenía que evitaba poder quitarle la vista de encima. Harry sintió la tentación de acercarse y tocarlo para comprobar que era real. Sus ojos no se movieron de ese libro que los ayudaría a terminar con la dictadura que Voldemort quería imponer contra la comunidad mágica. Se fue acercando lentamente sintiendo que todo a su alrededor se esfumaba, levantó la varita para ver nítidamente y subió los dos escalones que lo separaban del Libro del Destino.
Hermione permaneció alerta escondida detrás del cuerpo de Draco. El chico parecía igual de hipnotizado que el pelinegro por la vista de ese libro que poseía un aura de poder sorprendente.
La chica giraba constantemente su cabeza hacia atrás esperando sentir algún movimiento. Hasta cierto punto pensaba que Adam pronto los iba a alcanzar y haber encontrado el libro no la tranquilizaba en lo absoluto. Aunque no miraba nada dentro de esa construcción de concreto sofocante y con olor a viejo, algo en su cabeza le advertía que debían estar alerta en todo momento. Sus piernas empezaban a dolerle con lo helado del líquido que las cubría por lo que empezó a titiritar cuando una ráfaga de aire la alcanzó.
Ladeó un poco la cabeza y entonces, lo miró.
Dos brillantes ojos de color rojo. Inyectados de desesperación. Estaban en una esquina observándolos, asechándolos. Un horrible escalofrío recorrió su cuerpo de manera tétrica y retrocedió dos pasos chocando contra la espalda de Draco.
- Maldición... – Susurró con las extremidades entumidas y el corazón agitado. - ¡Corran! – Apenas pudo gritarles a los dos chicos y rápidamente levantó la varita en dirección a la criatura. - ¡Confringo! – Un rayo rojo salió disparado directamente contra la esquina donde se suponía estaba la criatura de ojos rojos. Hubo una gran explosión y la pared de concreto se desintegró produciendo un enorme agujero en la pared.
Alguien la jaló del brazo y se dejo arrastrar a la salida, cegada y aturdida por el ataque. Salieron corriendo al momento de sentir como la construcción de concreto se reducía a ruinas en segundos. Los tres encendieron las varitas rápidamente y se alejaron hasta chocar con el árbol que anteriormente había tenido dos muñecos de trapo colgados pero que ahora ambos habían caído por la fuerza de la destrucción.
Harry mantenía el libro fuertemente agarrado, Hermione vio con horror como éste comenzaba a brillar cegándolos, a ella y a Draco, y su mejor amigo lanzó un alarido de dolor cuando al parecer el propio libro había expulsado un repelente contra su mano. Harry se sostuvo contra el árbol mientras cerraba los ojos con la expresión contenida. Sin embargo, el libro dejó de brillar a los pocos segundos y Harry lo mantuvo apretado contra su cuerpo. Sus ojos y el sudor de la frente demostraban cuanto había dolido el ataque protector, pero él se veía completamente seguro de no soltarlo.
- ¿Harry, estás bi-
Un pedazo de concreto se movió repentinamente y el susto cortó su preocupación. El líquido que antes habían pisado salió despedido hacía los costados salpicándolos en el trayecto. Una enorme serpiente con cabeza gigantesca se arrastró atemorizada, los ojos le brillaron, rojos, cuando los miró abriendo su boca al máximo y enseñando dos largos y filosos colmillos que escurrían un líquido pegajoso que Hermione pudo asegurar era veneno. Uno mortífero.
A diferencia de lo que alguna vez habían visto, esta serpiente tenía dos piernas que la ayudaron a levantarse y pronto tuvieron a una gigantesca criatura frente a sus ojos. No tenía brazos pero al parecer no los necesitaba para mantener el balance de su cuerpo.
Se pegaron contra el árbol a sus espaldas y los tres levantaron las varitas con decisión.
- ¡Petrificus Totallus!
- ¡Desmaius!
- ¡Flipendo!
Los tres rayos de diversos colores iluminaron brevemente la zona e impactaron contra la criatura de inmediato. Para el asombro de los tres, la enorme serpiente se desequilibró retrocediendo unos pasos, pero nada más ocurrió. Los miró de nuevo con esos ojos malignos cuando se hubo recuperado y abrió de nuevo la boca expulsando el líquido viscoso contra ellos.
- ¡Cave Inimicum! – Exclamó Hermione con agilidad y una barrera los cubrió del veneno rociado que se esparció por sus costados quemándolo todo a su paso y desprendiendo humo negro. - ¡Expulso! – Profirió seguidamente y lanzó un pedazo de concreto contra la serpiente. La cabeza se le ladeó por el impacto pero se recompuso rápidamente y furiosa arremetió contra ellos. Dejó caer sus enormes colmillos hacía su posición, y los chicos apenas tuvieron tiempo de lanzarse a los costados evitando que la serpiente se estrellara contra ellos. El árbol que había estado a sus espaldas quedó reducido a escombros y la criatura se aturdió por unos segundos.
Hermione sintió como la levantaban rápidamente y vio a Draco frente a ella protegiéndola con su cuerpo. Harry había caído del lado contrario a su posición y Hermione apenas pudo verlo. Escuchó una estocada de espada golpear contra el aire y luego, un chillido, largo y desgarrador que ensordeció sus oídos.
Harry había cortado el cuello de la aturdida serpiente. La sangre brotó a chorros y Harry cayó de espaldas con agitación sin soltar el libro que parecía adherido a su piel. Hermione conjuró un lumos rápidamente y lo vio sucio y agotado.
- ¿Está muerta? – Preguntó con horror al ver el cadáver desangrado de la enorme criatura.
Estaba a punto de acercarse al pelinegro cuando el cuerpo de la serpiente comenzó a convulsionarse de manera furiosa.
- Maldición, está viva. – Exclamó Draco mientras levantaba su espada al ver que los hechizos apenas funcionaban contra ella. Hermione tembló cuando vio que del cuello de la enorme serpiente empezaba a sobresalir más carne. Dos cabezas salieron de repente de la carne que aún estaba empapada de sangre y ambas soltaron alaridos escalofriantes. Harry se incorporó rápidamente y apuntó con su varita de nuevo mientras mantenía la espada fuertemente sostenida con el brazo que apretaba el libro a su pecho.
- ¡Por Merlín, es una Hydra! – Exclamó la castaña totalmente aterrorizada. Jaló a Draco de la camiseta negra que portaba y retrocedieron dos breves pasos. – Tenemos que irnos... ¡Harry! – El pelinegro asintió y realizó un movimiento con su varita.
- ¡Immobilus! – Exclamó y la criatura se inmovilizó antes de poder incorporarse. Hermione estaba segura de que el hechizo no dudaría mucho tiempo, y cuando vio el rostro del pelinegro supo que él tampoco lo pensaba. – ¡Corran!
Draco y Hermione no esperaron más palabra y salieron corriendo en dirección contraria a la de la serpiente. Harry los alcanzó rápidamente y jaló a la castaña cuando ésta estuvo a punto de caer. Con la nula visibilidad que tenían, sus piernas se atoraban constantemente en la superficie informe que pisaban.
Los tres encendieron sus varitas con el único propósito de escapar de la mitológica serpiente que multiplica sus cabezas conforme éstas se fueran cortando. No sabían ni siquiera si iban en dirección correcta pero eso no les importaba mucho. Harry no había soltado el libro en todo el trayecto y el chico cada vez sentía más ardor en su mano. El agotamiento y cansancio ya estaban demasiado latentes en sus cuerpos. Hermione no supo cuánto tiempo más aguantarían tanta debilidad, pero supo que no iba a ser demasiado.
Las piernas las sentía entumidas y heladas, los brazos los sentía adoloridos y pesados a sus costados. Y sabía que ni Harry ni Draco estaban mejor.
Un alarido de la bestia resonó por el ambiente y supieron que el hechizo había cesado.
- Sigan corriendo y no se detengan. – Dijo Harry mientras tomaba la mano de Hermione y tironeaba de ella con fuerza.
Después de unos minutos que parecieron eternos, los chicos distinguieron a la distancia los límites del bosque. La luz empezaba a cegar sus ojos que tanto tiempo habían pasado en las penumbras y cuando cruzaron los últimos árboles, se detuvieron y se quedaron sin respiración cuando sus ojos recorrieron a su alrededor.
- Maldición. – Profirió Draco con la respiración sumamente agitada. Apretó la varita con fuerza y susurró un nox para apagar la luz que ya no les servía de nada.
Al parecer habían salido del mismo lado por el que habían entrado aquella primera vez. El mismo panorama hipnótico y surrealista se les presentaba con elegancia y esplendor. La luna y el sol ubicados a los costados de la Isla del fin del mundo. Las olas que transfiguraban y que parecían furiosas estrellándose contra la playa. La magnificencia y lo tétrico del castillo donde reposaba el cuerpo de Arturo. Todo el panorama de Avalón volvió a sorprenderlos.
La única diferencia es que ahora estaban a más de veinte metros del nivel del mar, parados sobre una especie de barraco que ascendía en la espesura del bosque. Era imposible bajar por ahí y si regresaban, seguro se toparían con la Hydra que los había atacado. O peor, con las bestias sanguinarias que habían atacado a Adam. Por un momento no supieron que hacer y Harry se revolvió el cabello con frustración.
- ¿Están bien los dos? – Preguntó la castaña mirándolos fijamente. Ambos estaban sucios y mojados. Draco tenía varios rasguños en la cara pero todo lo demás parecía en su lugar. Harry, por otra parte, tenía un corte poco profundo en su mejilla, su cara y brazos estaban cubiertos de rasguños y la ropa estaba un poco magullada. Y lo que más horrorizó a Hermione, fue la mano que sostenía el libro. Estaba quemada, cubierta de algo negro y sangraba a borbotones. Pero Harry no parecía querer soltar el libro. – Harry, tú mano...
- Estoy bien. – Tajó el pelinegro. La mano le dolía y ardía a partes iguales, el escozor era bastante insoportable y sabía que estaba sangrando. Pero no le importaba, aunque el libro pareciera adherido a su piel, no lo iba a soltar por nada. – Búsquemos una manera de bajar de aquí.
- ¿Crees que es prudente andar por los límites de la playa, Potter? – Preguntó el rubio con un tono insoportablemente irónico. – Recuerda lo que dijo Hellsing, cara-rajada.
- ¿Tienes una mejor idea, hurón? – Casi escupió el pelinegro.
- Chicos, no creo que sea el mom-
Un chillido ensordecedor la interrumpió de repente. Vieron asomar la cabeza de la Hydra por la espesura del bosque y se quedaron paralizados por unos momentos.
Reaccionaron cuando una de sus escamosas piernas salió fuera del Bosque, los dos chicos se posicionaron frente a Hermione tratando de protegerla con sus cuerpos. Ambos levantaron las varitas y apuntaron. La castaña retrocedió un paso.
- Aún lado los dos... ¡Fiendfyre! – Exclamó el rubio con voz aguda. Harry no tuvo tiempo de reaccionar cuando una onda de calor lo golpeó y la potencia del hechizo lo hizo caer de espaldas.
El fuego invadió los alrededores y dio de lleno en el pecho de la Hydra. Dragones, quimeras y serpientes fueron invocadas en las llamas del hechizo y atacaron con fuerza a la otra criatura. Los árboles empezaron a arder en flamas y el fuego se extendió hacia el cielo en forma de remolino con una potencia ensordecedora. Draco sintió las llamas golpearlo y él mismo salió disparado contra un árbol, se golpeó la cabeza con fuerza pero entreabrió los ojos para ver como el fuego consumía lentamente a la Hydra. La criatura dejó salir quejidos y chillidos que lastimaron sus oídos. Sintió un temblor bajo su cuerpo cuando ésta empezó a azotar sus piernas escamosas contra la superficie y se mareó levemente.
Entreabrió los ojos y se incorporó sintiendo el líquido viscoso que era la sangre descender por su nuca. Vio como Potter se incorporaba rápidamente y antes de mirar hacia el lugar donde debería estar la castaña, ambos se vieron a los ojos y el mismo brillo horrorizado resplandeció por ellos.
Alcanzaron a ver como Hermione retrocedía hasta el final del barranco, vieron como la criatura se tropezaba hasta perder el equilibrio y como caía retorciéndose por el dolor causado por las flamas del fuego que casi nada podía apagar. El suelo se sacudió bruscamente y el temblor furioso casi los arrojó al suelo de nuevo. Entonces... Hermione cayó por el barranco.
Ambos vieron su caída en una especie de cámara lenta. Salió disparada hacía atrás por la fuerza del temblor y su cuerpo sucumbió a la profunda gravedad. Ahogó un grito y la varita se le escapó de las manos cayendo más lento que ella.
Harry salió corriendo en su dirección sabiendo que saltaría si era necesario, pero de repente una fuerza expansiva lo golpeó y lo empujó contra un árbol a su espalda, se aporreó la cabeza sintiendo la sangre descender por su nuca rápidamente. Al parecer a Malfoy le había sucedido algo similar, pues lo vio tendido en el suelo con la varita a un lado de su cuerpo y con el aspecto semiinconsciente. Y cuando giró su cabeza para tratar de reconocer qué lo había golpeado, la visión de unas alas gigantescas y blancas desapareciendo por el barraco fue todo lo que alcanzó a ver.
Después todo le comenzó a dar vueltas y se sumió en una semiinconsciencia que lo transfirió a la oscuridad.
Una sumamente dolorosa. Emocional y física.
OoOoO
Hermione sintió como el vértigo se apoderaba de ella de manera inmediata. La varita se le había resbalado de las manos cuando había sido empujada por el temblor producto de la Hydra. Había visto las expresiones horrorizadas de Harry y Draco y después ya no había visto nada.
Vio el cielo, oscuro y lleno de los senderos de colores que ya empezaban a marearla. Pensó que esta era una forma muy extraña de morir. Cerró los ojos por unos segundos y apretó las manos contra su pecho.
De repente, cuando empezaba a pensar que la caída se estaba haciendo lenta y agónica, unos brazos la rodearon. Las manos la apretaron contra un cuerpo caliente y mojado. Abrió los ojos y vio completamente rojo.
No supo si sentir sorpresa o alivio cuando se dio cuenta que su guardián estaba ahí, vivo y salvándole la vida. Sus alas hermosas y blancas los envolvieron a ambos, protegiéndolos mientras seguían cayendo de cabeza. Adam la apretó más contra él y las manos de Hermione quedaron encerradas entre sus cuerpos, se sintió sofocada pero extrañamente protegida. La cabeza empezaba a llenársele de sangre rápidamente y se preguntó por qué seguían cayendo.
Después, la única respuesta que recibió fue un golpe seco, su grito, y dolor.
Estuvo segura que se había torcido algo. Ambos habían chocado contra el suelo de manera brusca y frenética. El cuerpo de Adam había amortiguado el daño que posiblemente se hubiera causado por la caída, algo había crujido bajo ella y el castaño la había abrazado más fuerte contra su cuerpo. Había escuchado un casi insonoro jadeo salir de su boca y entonces se había asustado.
Se incorporó para verle la cara, presionó la palma de sus manos contra su pecho y se horrorizó al encontrarlo cubierto de sangre. Las manos que aún la rodeaban dejaron de tener fuerza sobre su cintura y poco a poco resbalaron hasta quedar tendidas a los lados del cuerpo de su guardián. Justo sobre sus alas totalmente extendidas y lastimadas.
- ¿Estás b-bien? – Preguntó el ángel. Hermione se dio cuenta de inmediato como le costaba mantener el sonido de su voz. El castaño cerró los ojos por unos minutos y luego los abrió enseguida. Plateados.
Se movió para dejar de aplastarlo, e ignorando el dolor de su tobillo, se hincó a su lado evitando aplastar sus alas y le levantó la cabeza con delicadeza.
- Gracias a ti estoy viva. – Le susurró acariciándole el cabello cubierto de sangre. Una lágrima resbaló de su mejilla y volteó a ver a su alrededor buscando su varita para curarlo pero no encontró rastros de ella por ninguna parte.
- Lo sé. – Susurró él. Los símbolos de su cuello y brazos productos de la transformación, empezaron a desaparecer lentamente. Las alas blancas se movieron un poco y explotaron convirtiéndose en plumas suspendidas con un movimiento totalmente alucinante, volaron a sus lados por unos momentos y después cayeron al suelo desapareciendo y siguiendo el camino del viento como si fueran arena brillante. Hermione regresó su mirada a la de él totalmente acostumbrada a la magia que lo envolvía y la expresión dolorida de su cara casi le rompe el corazón.
- ¿Estás muy mal? – Preguntó segura de que no quería escuchar malas noticias.
Adam levantó un brazo y recargó su palma contra la mano que estaba acariciando su rostro.
- N-no me voy a morir. – Ironizó él con dificultad. - E-esas malditas criaturas c-casi impiden q-que me transforme.
- Eres un idiota temerario. – Lloriqueó ella mientras sonreía. La chica vio la marca de la mordida sobre su hombro y se mordió los labios para no dejarse consumir por el pánico.
Adam tenía los brazos, las manos, el rostro y la mayor parte del pecho cubiertas de sangre. Hermione se obligó a pensar que la mayoría no era suya.
- Gracias. – Susurró sin poder contener el llanto. Adam sonrió de medio lado y cerró los ojos con un suspiró.
- No hay de qué. – Murmuró. La chica sintió como se relajaba bajo las caricias que le estaba proporcionando y se detuvo de repente, temerosa de que se desmayara ahí mismo.
Adam abrió los ojos de nuevo y se quedó observando un punto fijo tras su espalda. Hermione siguió su mirada que se había quedado repentinamente seria con un sentimiento cargado de alerta y cuando giró su cabeza hacia arriba...
Los dos pares de ojos que los miraban la dejaron completamente horrorizada.
OoO
OoOoO
OoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo
¡Hola! ¿Cómo están chics? Espero que espectacularmente bien, yo sí muchas gracias por preguntar. XD.
He regresado después de casi un mes de haberme perdido. Pero como se darán cuenta, este capítulo ha sido extenso (si mis cálculos no me fallan es el más largo que he escrito) y está cubierto de aventura. Al fin encontraron el libro pero como batallaron para hacerlo.
Quisiera saber que opinan de mi primer y patético intento de terror. No fue mucho, pero me la pasé dos días leyendo, escuchando y viendo cosas sobrenaturales y repletas de terror. Ahora mismo quiero ver una película de esas cursis para que se me quiten los escalofríos. Veré de nuevo Crepúsculo, seguro me enervo (Sí, estoy un poco disconforme si se nota) y se me quita el terror rápidamente.
Para las personas que no han entendido a las criaturas que describí, me he basado en una especie de combinación entre las momias y los zombis. Pero algo un poco más sádico. En fin, espero que lo hayan captado.
Adam es un temerario como ha dicho Hermione, y la debilidad le afectó más de lo que él hubiera esperado. Ahora el final se queda con cuestionamientos que seguro los carcomen con ansias... al parecer al castaño no le importó mucho mostrar su identidad si con eso conseguía salvar a su protegida. Ahora ha quedado magullado y moribundo por lo mismo.
Ginny se puso rabiosa porque la dejaron en la tienda cuidando se hermano, pero si hay alguien aquí a quien esa pelirroja le agrada por lo menos un poco, les diré que pronto llegará el momento de la acción de los hermanos Weasley. Por ahora tenían que quedarse en el campamento. El nuevo trío amoroso apenas se está formando y sólo un spoiler que puedo darles, es que no estoy dispuesta a romperle el corazón a Draco Malfoy. Saquen sus conclusiones con respecto a eso. Hermione ya se empezó a volver loca con la actitud infantil que tiene esos dos chicos y pronto veremos que eso es sólo el inicio.
Si tienen preguntas, por favor, mándenme un correo o déjenme un comentario para poder contestarles. Este capítulo me ha costado bastante y dejando de lado que la inspiración me abandonó por un tiempo, no se sí fui muy clara expresando las situaciones.
Por último tengo que informar que a partir de este capítulo empezaré a dejar recomendaciones musicales. Será música de animes – La música de este capítulo es del anime Elfen Lied y realmente no lo recomiendo porque me apretó las tripas de una manera horrorosa, es demasiado sádico -, también habrá de video juegos (Final Fantasy tenía que ser, hermosas melodías) y de artistas que seguro se les harán conocidos. La mayoría no tendrá letra, así que recomiendo que cada vez que se termine repitan la melodía hasta que terminen de leer el capítulo. Eso me inspira bastante. Así que enterados, serán de animes, de Final Fantasy y de artistas famosos.
El próximo capítulo llevará como título: La Doncella Divina... y no diré nada más.
Bueno no me queda más que desearles unas felices fiestas, aunque trataré de publicar antes de qué el año termine. Si desean leer un Dramione romántico para la época, pásense por mi nuevo one-shoot navideño, Esperanza de Navidad.
Bueno saben que los adoro y les deseo lo mejor. Un beso y muchos saludos...
Su amiga:
DarkGranger.
