Una profecía de los cielos.
Draco Dormiens Nunquam Titillandus
0000000000000000000000000000000000000
Recomendación Musical: "Hero" – Nickelback
26.-Heróe
La sensibilidad del ser humano no se mide por las lágrimas que derrama.
- Kalyo Hellsing. Años han pasado desde la última vez que te vi. – El castaño no bajó su espada cuando el anciano mago se acercó con tranquilidad hacia él. – Me complace ver en el poderoso guerrero que te has convertido, ángel. Tienes la fuerza y habilidad que tu padre tuvo durante su vida.
Adam hizo una reverencia con la cabeza pero apretó las mandíbulas cuando lo miró a sus ojos verde claro.
- Usted sabía sobre la profecía que envolvía mi vida... ¡¿Por qué no me lo dijo?! – Exigió con la voz endurecida y bajó su arma un poco.
- Lo único que no me complace de ti, pequeño ángel, es tu eterna repulsión por las razas más débiles a la tuya. – Dijo con voz tranquila mientras ignoraba sus exigencias furiosas. Extendió una de sus manos hacia él. – Has matado a un amigo mío, hijo.
Adam sonrió con arrogancia mezquina.
- El Leviatán estaba estorbando. Me la debía, anciano. Lo sabes. – Respondió con voz altiva. El anciano mago negó con la cabeza un poco decepcionado.
- El rencor te ha cubierto mucho más de lo que me temía, Kalyo. – Suspiró. Su larga túnica blanca se meció cuando el anciano giró su cuerpo y caminó alejándose del ángel.
- El me atacó primero. Atacó a una persona que me importa, no iba a dejar las cosas así. – Respondió el castaño con el rostro endurecido.
- Hace años creí enseñarte lo correcto, sin mentor que te guiara, yo creí haberte mostrado la gentileza del mundo. La venganza no estaba entre ellos. - Le dijo con esa voz tranquila y serena. Esa voz que con tan sólo escucharla se percibía una sabiduría y gentileza inmensa. – Me duele, Kalyo, de verdad me duele verte con tanto odio y poca compasión. ¿Acaso no me esforcé tanto en mostrarte las grandes virtudes de ser un ángel?
- Lo hiciste, anciano. Lo hiciste y yo confié en ti hasta el día que me enteré que fuiste el mejor amigo de mi padre. – Respondió con esa voz escalofriante y aguda. – Entonces entendí que no podía confiar en nadie.
- Tú sabes que yo apreciaba a tu familia. No entiendes el gran sacrificio que tu padre hizo por ti, de lo que sufrió por evitarte este destino. Y de la gran responsabilidad que me encomendó. Ahora siento que le he fallado. – Suspiró y giró su rostro para verlo. El castaño sólo pudo ver su perfil. – Desprecias a la raza humana que tanto te empeñas en proteger.
- Yo nunca he peleado por la salvación de los humanos. Nunca he peleado por la justicia. Sólo he peleado por honor y orgullo. Pero sé que usted ya sabía eso. – Habló con tono sin vida. Sus ojos plateados brillaron. El anciano suspiró de nuevo.
- El orgullo no es más que una máscara de tu sufrimiento. – El ángel se tensó. – Peleé al lado de tu padre y sé que él era la representación de la justicia en persona. Era honrado y noble. Algo que debiste ser tú.
- No me vengas con sermones, anciano. La visión despreciable que tengo de Zeles jamás se borrará de mi mente. – Rebatió el castaño con hastío. – Perdiste tu credibilidad cuando me mentiste con respecto a mi futuro. Has puesto en mi camino más trabas de las que necesito. Estoy consciente de que me lo advertiste, pero jamás me imaginé que me quisieras ver muerto. – Profirió con rudeza. El mago sonrió con tristeza.
- Yo jamás desearía tu muerte, Kalyo. Has sido el discípulo más reconocido que he tenido. Eres el ángel encargado de procrear un universo desprovisto de adversidades. Eres el hijo de mi mejor amigo. – Susurró con voz tranquila. – Yo he puesto en tú camino obstáculos que te harán un mejor guerrero. Avalón tiene sus propias defensas y hay muchas que no puedo controlar. Si Harry Potter es el elegido, entonces el destino aguarda. En cambio, si él no es el próximo propietario de la Excalibur, entonces se tendrán que marchar de esta isla sin la espada.
- ¿Por qué no me dices si lo es o no? Sabes que pelearé hasta el final por conseguir esa arma si ese niño no resulta ser el elegido. – Manifestó con voz fría.
- No todo puedes saberlo. Hay cosas que tienes que descubrir por ti mismo, hay cosas que el chico tiene que descubrir por sí mismo, enfrentar adversidades solo. Pelear contra sus propios sentimientos solo. – Respondió el anciano con tranquilidad y sabiduría. Lo miró intensamente a los ojos.
- No estoy en condiciones de escuchar tus estúpidos acertijos. Si no tienes intenciones de ayudarme, entonces aléjate de mi camino. – Pronunció despacio y amenazador. Se dio la vuelta para subir las escaleras y llegar hasta la siguiente planta pero algo lo detuvo.
Algo parecido al humo, pero de color azul-plateado empezó a salir del suelo marmóreo. Se enredó en sus piernas y en sus brazos y lo atrajo al suelo con brusquedad. Kalyo quedó arrodillado en el piso. Trató de zafarse de sus ataduras pero el humo empezaba a paralizar sus extremidades, la herida que se había hecho por la esfera encantada del Leviatán ardió en su brazo de manera dolorosa. Su espada desapareció de su mano y el humo empezó a expandirse por su torso hasta rodearle el cuello con fuerza.
- ¡¿Qué haces?! – Preguntó el castaño con la voz enfurecida. Sus ojos brillaron de color dorado y las marcas de su cuello, brazos y cara comenzaron a aparecer con fulgor.
- Dime, Kalyo ¿Has dejado de pensar que los humanos merecen sufrir por su imperfección? – Preguntó el anciano parándose delante de él. Sus ojos lo miraron fijamente con una intensidad suplicante.
- ¡Por supuesto que no! ¡Nunca dejaré de pensar que ellos merecen todo el mal que les rodea! ¡Ellos tienen tantas opciones para vivir con una plenitud inmensa, pero no lo hacen! – Exclamó con voz ahogada.
Su cuerpo empezó a desprender una especie de rayos que relampaguearon a su alrededor. Impactaron contra las paredes y el techo y comenzaron a destruir la habitación. Pedazos de cristal y roca empezaron a explotar a su alrededor y los bañaron a ambos por varios segundos.
- No puedes atacarme, ángel. Estoy muerto ya. – Suspiró y su expresión parecía derrotada. – Me duele lo que tengo que hacer, Kalyo y lo lamento enormemente por esa chica. Pero ha sido tu decisión y es mi deber darte una nueva lección, es mi deuda con tu padre. Tienes que aprender... no importa que tan dura sea la enseñanza. Y algún día lo entenderás.
Kalyo dejó de forcejear y lo miró con una expresión totalmente horrorizada.
- ¡No! – Rugió con voz quebrada. - ¡Ella no tiene nada que ver con esto!
- Hermione Granger sufrirá todo lo que quieres que padezcan los humanos. En ella recaerá ese aborrecimiento y asco que le profesas a la raza humana. – El anciano suspiró de nuevo. Lo miró con cierta tristeza. – Si quieres que sufran, griten, lloren... Lo lamento. – Dijo y el anciano que vestía con una túnica elegante y blanca, que tenía los ojos verdes claros y el cabello largo y plateado como su barba y bigote. Ese mago poderoso que tenía un aura de bondad y gentileza extrema, un poder invencible otorgado por los dioses y una sabiduría más grande que cualquiera, él, se desvaneció envolviéndose en llamas rojas frente a sus ojos, llevándose con él el último vestigio de su existencia y poder. Llevándose con él una parte de la entereza del castaño.
- ¡Merlín! – Gritó el ángel y todo a su alrededor comenzó a temblar por su mismo poder y enojo. - ¡NO!
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
- ¡Malfoy! – Exclamó el pelirrojo al ver que uno de los minotauros se estrellaba contra el rubio y le hacía un corte profundo en el brazo. Hubo un nuevo temblor y Ron se tambaleó. – Maldición... – Susurró con la voz entrecortada. – ¡Bombarda!
El hechizo impactó en la cabeza de la bestia que estaba atacando al rubio y uno de sus cuernos explotó con fiereza. Draco se levantó con dificultad y apuntó con su varita al otro minotauro que estaba aturdido por la serie de explosiones que ambos chicos habían conjurado.
- ¡Weasley, sostente de algo! – Rugió el rubio con voz profunda.
- ¡¿A qué te refi-
- ¡Deprimo! – Exclamó el rubio sin dejarlo continuar. Un rayo de color dorado salió disparado de la varita de Draco y dio de lleno contra el suelo. Al instante, los bloques de cristal que formaban el piso empezaron a destrozarse formando un agujero enorme bajos sus pies.
Ambos minotauros lanzaron rugidos de sorpresa y furia mientras caían junto con los bloques hacía una planta más baja. El polvo y el ruido aturdieron los oídos de ambos chicos. Se lanzaron hacia los costados y se sostuvieron justo a tiempo de uno de los laterales del suelo que no había sido destruido, quedando colgados con un abismo oscuro y profundo bajo sus cuerpos. Cuando el ruido cesó, los quejidos y las respiraciones de ambos muchachos fue todo lo que se escuchaba a su alrededor.
- ¡Malfoy, casi nos matas! – Regañó el pelirrojo con dificultad intentando sostenerse de lo que anteriormente había sido el suelo. Giró su cabeza hacia abajo y vio todo negro en una caída bastante larga. Le dolían los brazos por su posición y apenas podía sostener su varita con la punta de sus dedos. La espada que tenía colgada a un costado se le resbaló de la vaina y cayó hacia aquel abismo profundo. Maldijo entre dientes mientras se golpeaba la frente contra los bloques de cristal de los que estaba colgando. – ¡Malfoy! – Gritó sin obtener respuesta del Slyterhin.
- ¡Cállate, Weasley! Esas malditas cosas nos hubieran matado en un par de minutos... – Susurró el rubio con la respiración entrecortada e intentó alzar su cuerpo que seguía colgando en una posición peligrosa. Uno de sus brazos sucumbió al dolor y cayó laxo a su costado. Draco cerró los ojos y sintió sus músculos entumecidos y lastimados. Tenía sangre escurriendo de su brazo herido y la cara estaba peor, además de las costillas rotas y la frente perlada por el sudor. Supo que no podría resistir mucho tiempo así.
El pelirrojo tomó viada y se empujó hacia arriba mientras una de sus piernas se ayudaba contra uno de los límites del suelo destruido. Se quedó quieto boca abajo cuando estuvo libre de peligro y cerró los ojos sintiendo un dolor profundo y martirizante arremeter contra su cuerpo. Tenía la ceja y el labio partido y rasguños cubrían sus brazos y torso. Otro temblor sacudió el castillo y removió a Ron de manera dolorosa.
Draco sintió que no podría sostenerse por más tiempo y cuando estaba a punto de soltarse y dejarse caer a su suerte, algo lo tomó de la camiseta rota y lo alzó en el aire de manera ágil. Hubo un brillo frente a sus ojos y después sintió que volaba. Bajó sus ojos y vio como el agujero que él había provocado en el suelo se alejaba de su cuerpo. O más bien... el rubio se estaba alejando de él. Sintió vértigo y todo a su alrededor le dio vueltas.
Apenas pudo percibir que una mano lo aferraba con brusquedad y al minuto siguiente sólo fue consciente de un dolor bajo su cuerpo al chocar contra el cristal de un piso diferente.
El pelirrojo dejó escapar un quejido de protesta cuando cayó al lado de él, y ambos vieron con asombro el cuerpo resplandeciente del ángel que los había conducido hacia ese nuevo nivel del castillo. El ángel apenas se volteó a mirarlos y el perfil escalofriante y sombrío que vieron los dejó totalmente conmocionados. Las alas de Adam se desintegraron tras su cuerpo y de nuevo, esa capa elegante que colgaba de sus hombros quedó meciéndose en su espalda.
Ambos chicos se incorporaron y trataron de seguir a Adam que avanzaba con rapidez a través de un pasillo que estaba alumbrado por una serie de antorchas a sus costados. Hubo un extraño ruido a uno de sus lados y un movimiento brusco lo siguió. Draco y Ron se detuvieron –ya demasiado adoloridos y cansados- y aguardaron con cautela a algún otro ser que pudiera aparecer.
Adam, sin embargo, siguió caminando con una postura fría y calculadora. Cerró los ojos y de su cuerpo empezaron a producirse relámpagos que azotaron a su alrededor con la fiereza que él sentía. Las enredaderas que habían estado a punto de atacarlos se retorcieron en el suelo y se paralizaron después de unos instantes.
Kalyo siguió avanzando sin que los extraños relámpagos azules dejaran de brotaran de su cuerpo y cuando llegó a la enorme puerta de madera la hizo explotar de manera furiosa con un movimiento de sus ojos. Después, se internó en ella, y aunque mostraba una frialdad y calma terrorífica, lo cierto era que su pecho y garganta se apretaban con cada paso que daba.
Ron vio desaparecer al castaño a través de la puerta que se había destruido y cuando estaba a punto de salir corriendo en su dirección, un quejido lastimoso se escuchó a su derecha. Vio a su hermana hecha un ovillo en una esquina y no lo pensó ni un minuto cuando se acercó a ella y se arrodilló a su lado.
- ¿Ginny, estás bien? – Preguntó su hermano con preocupación. Al no obtener respuesta, el pelirrojo sacó su varita y susurró un leve ennervate que la trajo de regresó a su consciencia.
La pelirroja abrió los ojos y pareció confundida y dolorida cuando quiso incorporarse.
- Tranquila, Ginny. – Le susurró el pelirrojo con preocupación y la ayudó a quitarse unas lianas verdes que envolvían su cuerpo y que ahora estaban paralizadas.
A unos metros de distancia, Draco –sosteniéndose débilmente de la pared- vio la escena con una mueca indescifrable. Retiró los ojos de esa muestra de cariño y protección que él mismo ansiaba tener y se dirigió despacio tras los pasos del castaño.
Antes de cruzar la puerta, creyó escuchar un murmullo a su espalda que pronunció el nombre de Hermione con preocupación. Sintiendo una opresión en el pecho, entró a la estancia para ver una escena que lo sorprendió en demasía.
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Harry soltó la espada en cuanto sintió aquel dolor profundo atravesar todo su cuerpo. Se dobló hasta caer de rodillas y sintió el sudor y la sangre descender por su frente con premura. Soltó un alarido que lo estremeció cuando una nueva oleada de dolor lo recorrió de pies a cabeza y cerró los ojos sintiéndose a punto de vomitar por un repentino mareo.
- Vaya... ¿Estás bien? – Le preguntó la voz melodiosa de Viviana muy cerca de su oído. – Parece que al fin he encontrado al elegido. – Susurró y le acarició el rostro húmedo levantándole la vista. Harry a penas y pudo mantener los ojos abiertos.
- ¿S-soy...? – Preguntó entrecortadamente.
- Sí. La espada te ha elegido. – Respondió ella con una sonrisa encantadora y le delineó la nariz con la punta del dedo.
- ¿A-así d-de f-fácil? – Preguntó ya incómodo por la cercanía de aquella mujer. Viviana sonrió.
- He esperado siglos por ti, cariño. He matado a cientos de hombres esperando por ti. – Le susurró acunando su rostro entre sus manos y lo miró intensamente. Harry se removió incómodo. – Estás a punto de caer semiinconsciente y has dejado atrás a tus amigos... ¿Quieres que te ponga más obstáculos, encanto?
- No. – Respondió y tragó saliva. Viviana sonrió y se acercó más a su rostro. Harry retrocedió mareado. - ¿Qué haces?
- Eres el pequeño humano más adorable y valiente que he tenido el gusto de conocer. – Susurró y lo soltó. Se incorporó despacio y le tendió una mano para que el chico se levantara. Después, la doncella se agachó y recogió la Excalibur para entregársela. Harry la tomó temeroso, pero esta vez nada pasó. – Tranquilo, Harry Potter, ahora la espada es inofensiva, y recae en tus manos cuidarla del mal de ahora en adelante. – Susurró con voz serena e hipnótica. Harry asintió despacio mientras se sostenía la cabeza con las manos.
Estaba a punto de preguntarle si podría ayudarlo a salir de ese castillo cuando la puerta a sus espaldas explotó produciendo un sonido ensordecedor y profundo.
Viviana sonrió cuando vio aparecer entre los escombros al castaño ángel.
- Kalyo Hellsing. Nunca me imaginé verte de nuevo. – Susurró despacio y flotó hacia él. Adam la miró con furia y sus ojos dorados se inyectaron de odio, la vena de su cuello sobresalió por lo endurecido que tenía el rostro y un extraño humo blanco empezó a desprenderse del cuerpo del ángel. Harry lo miró intrigado.
- ¿D-dónde e-está, odiosa b-bruja? – Preguntó él con la voz temblorosa. Harry lo vio apretar los puños y dar un paso con evidente esfuerzo.
- Siempre tan galante, ángel. Que desperdicio... – Susurró la doncella con una sonrisa. Lo miró de manera burlona. - ¿Te duele estar aquí, Kalyo? ¿No sabes que morirás si no sales de esta habitación que repele la magia que no es humana? Sería una verdadera lástima perderte, encanto. – Le dijo. Adam apretó los puños de nuevo y dio otro paso hacia ellos. El humo empezó a ser más espeso en torno a su cuerpo y Harry por un momento pensó que se estaba quemando.
El pelinegro dio un par de pasos hacia él, temeroso y confundido. De un momento a otro, Kalyo cayó arrodillado al suelo pero levantó la cabeza viéndolos a ambos con una expresión altiva y demandante. Cuando habló, su boca escupió sangre y su nariz derramó el mismo fluido.
- ¡¿Dónde está Hermione, bruja?! – Demandó con voz cargada de dolor. Harry se preocupó de verdad y se acercó más al castaño. Adam lo señaló con el dedo y lo miró con el mismo odio impregnado en sus ojos que habían dejado de ser dorados y de los cuales ahora escurría sangre, como si estuviera llorando. – N-no t-te acerques, P-Potter. – Abrió la palma de su mano y de ella una luz dorada empezó a resplandecer. - ¡Te dije que la cuidarás, imbécil!
El rayo dorado salió disparado y le dio a Harry en el pecho. El pelinegro se retorció de dolor en el suelo y los ojos del ángel se llenaron de sangre mientras el rayo seguía colisionando contra el cuerpo adolorido del pelinegro. Harry soltó un grito.
- ¡Detente, Adam! – Exclamó la voz cansada de Draco Malfoy quien acababa de cruzar la puerta. Apuntó su varita hacia el castaño y, aunque sabía que le iba a costar muy caro, susurró un Expelliarmus que lo arrojó hacia el suelo con brusquedad.
Draco temblaba y estaba paralizado en su lugar mientras miraba la inconsciencia en la que había dejado al ángel. Alguien pasó corriendo a su lado y el rubio apenas y se percató de cómo el pelirrojo se acercaba al cuerpo inconsciente del ángel y le revisaba el pulso.
El rubio permaneció agitado con la varita alzada hasta que la voz melodiosa de una mujer en la que no había reparado le habló.
- Deberías sacar a Kalyo de aquí, encanto. Está a punto de morir. – Les aconsejó la doncella con una sonrisa encantadora.
Ron levantó la mirada y sintiéndose sumamente hipnotizado por la belleza de aquella mujer, asintió y levantó al ángel poniéndolo sobre su hombro.
- ¡Malfoy, ve por Harry! ¡El castillo se está derrumbando! – Le gritó y sólo entonces el rubio pudo reaccionar. Ignorando completamente que la comadreja Weasley le estaba dando órdenes, se acercó al cuerpo del pelinegro y se arrodilló a su lado con esfuerzo.
- ¡P-Potter! – Lo zarandeó bruscamente pero el chico estaba completamente inconsciente. Levantó la varita sintiendo su mano temblar y susurró un Ennervate. El pelinegro no se despertó. - ¡Maldición, Potter! ¡Reacciona!
- Levántalo, cariño y asegúrate de llevar la espada. – Le susurró Viviana muy cerca de su cuerpo. – Déjame echarles una mano, encanto.
Draco asintió no muy convencido y se echó el cuerpo del pelinegro al hombro. Tomó la Excalibur con su mano libre y se sintió extraño. Siguió a la mujer que estaba flotando en frente de él y ambos cruzaron la enorme puerta destruida justo cuando un temblor furioso empezó a mover todo a su alrededor.
Ron y Ginny estaban inclinados hacia el cuerpo de Adam cuando el rubio se acercó a ellos.
- ¿Dónde está Hermione, Weasley? – Preguntó Draco preocupado. Viviana se inclinó hacia los pelirrojos y miró el cuerpo inconsciente de Adam con una sonrisa.
- No lo sé... Se la llevó una especie de liana que nos atacó... – Murmuró la pelirroja con lágrimas en los ojos. El rubio se horrorizó.
- Ella está en las profundidades de este castillo... ahora, si no quieren morir entre escombros, toquen mi mano. – Susurró la doncella con su voz melodiosa y extendió su mano hacia ellos.
- ¿Por qué deberíamos de confiar en ti? – Preguntó el pelirrojo con un vacío en el pecho. - ¿Quién eres?
- Soy su única alternativa de salir de este palacio. – Respondió con sencillez y volvió a sonreír con sus blancos dientes brillando en su rostro. Ginny hizo una mueca. Un pedazo de bloque de cristal cayó a sus espaldas y todos supieron que no tenían mucho tiempo para decidir.
- ¡No! No podemos irnos sin Hermione... – Exclamó el rubio escandalizado y dejó caer el cuerpo de Harry al lado de ellos pero no soltó la espada.
- Él vendrá por ella. – Aseguró Viviana mientras señalaba al ángel con la cabeza.
- No podemos hacer nada... – Susurró el pelirrojo mientras una lagrima caía de su ojo. Tomó la mano que la mujer les tendía, tocando a Harry con la suya y su hermana, llorando, hizo lo mismo. La mujer de ojos profundos tocó al ángel con su otra mano. – Malfoy...
- ¡No! – Gritó apretándose el brazo herido con fuerza. Señaló a la doncella. – ¡Tú sabes dónde está, sácala de ahí!
Viviana negó y el piso a unos metros de ellos empezó a derrumbarse.
- Yo no sé cómo sacarla, yo no la he puesto ahí. – Respondió con voz serena. – Cariño, Kalyo es el único que puede salvarla. Merlín no la matará antes de enseñarle a este ángel una lección importante.
Draco miró directamente los ojos azules de aquella mujer y se sintió hipnotizado. Se vio a sí mismo acercándose a ella y tocándola, la doncella sonrió y justo cuando el piso se desplomaba bajo sus cuerpos, desaparecieron.
OoOoO
El castaño se despertó con un dolor agudo atravesando todo su cuerpo. Sintió el viento golpear su rostro con fuerza y levantó la mano para limpiarse la sangre de los ojos y la boca.
- Adam, que bueno que te has levantado. Por un momento pensamos que... – La pelirroja se calló y lo miró. El ángel vio vestigios del llanto en sus ojos avellana.
- ¿Qué pasa? – Preguntó algo desorientado.
- Esa mujer nos ayudó a salir del castillo. – Le respondió el pelirrojo señalando algo a sus cabezas. Adam se incorporó y apenas se dio cuenta de que estaban sobre una balsa. Los dos chicos -Draco y Ron- estaban remando duramente y por algún motivo, el rubio parecía furioso al hacerlo. El pelinegro estaba inconsciente mientras la pelirroja trataba de curarlo. Por un breve momento, Adam se sintió culpable al verlo. – Luego... hizo aparecer esta balsa... y nos bajó. – Terminó en un murmullo.
El ángel levantó la cabeza y vio en una de las torres a Viviana, mirándolos con una sonrisa, a su alrededor, el castillo empezaba a desmoronarse poco a poco. El castaño se tocó la cabeza y cerró los ojos por unos minutos.
Hubo un temblor y el ángel casi cae de nuevo sobre la balsa de madera.
- ¿D-dónde está Hermione? – Preguntó con una opresión en el pecho.
- No lo sabemos, esa mujer dijo que estaba en las profundidades del castillo... tienes que ir por ella, Adam, te lo ruego... – Suplicó la pelirroja. Draco apretó la mandíbula.
El castaño no esperó a saber más y tragándose el dolor que recorrió cada partícula de su cuerpo, hizo aparecer sus enormes alas blancas y los símbolos de su cuerpo empezaron a brillar de nuevo. Sus ojos cambiaron a dorado y se elevó por los cielos mientras los chicos en la balsa se quedaban completamente preocupados y sorprendidos a partes iguales.
Kalyo llegó rápidamente a la torre donde estaba Viviana observándolo. Entró velozmente a la habitación –destruyendo parte de la pared- y sus alas se desvanecieron al instante pero el color de sus ojos y los símbolos de su cuerpo permanecieron brillantes. Sintió una nueva oleada de dolor recorrerlo en cuanto toco el suelo de cristal pero lo ignoró.
Miró a Viviana intensamente y el odio irracional que lo había embargado anteriormente ahora estaba disipado en su mente.
- Pensé que te demorarías más en venir, Kalyo. – Le murmuró la doncella mientras levantaba una mano y le acariciaba la mejilla. El castaño retiró el rostro. – De verdad te importa esa niña.
- ¿Dónde está? – Demandó con frialdad. Viviana le sonrió y se mordió el labio. Se escuchó una explosión a su lado pero ambos la ignoraron.
- En los calabozos. La parte más profunda del castillo. – Respondió. Adam asintió y se giró dándole la espalda. – Recuerda las reglas, pequeño ángel. Cuando las esferas luminosas se alineen... la puerta para que regresen a su mundo se abrirá.
- Gracias. – Susurró él con la voz apagada. Después, levantó su mano y una esfera de energía color negro brotó de ella estrellándose contra el suelo y haciéndolo pedazos al instante. – Y... Viviana... destruiré este castillo.
- Lo sé, cariño. – Dijo con voz apacible y con una última sonrisa, se desvaneció como Merlín lo había hecho. Adam no mudó su rostro inexpresivo al mirar ese detalle. Invocó sus enormes y majestuosas alas de nuevo y se lanzó hacia el agujero que él mismo había creado.
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Cuando el ángel se perdió de su campo de visión, Draco se giró de nuevo al camino y remó con fuerza y enfado.
Estaba sinceramente preocupado, ni siquiera recordaba muy bien cómo había llegado a esa balsa de madera. Había mirado los ojos de aquella mujer y se había hipnotizado con ellos. Después, todo había sido borroso.
Hermione estaba en peligro y él no podía hacer nada, y por más que le costara aceptarlo, la comadreja Weasley tenía razón.
- No podemos hacer nada, morir tal vez. El castillo está a punto de derrumbarse. – Le había dicho con el tono tan jodidamente razonable.
El rubio cerró los ojos de nuevo y se apretó el puente de la nariz.
- ¿Estás bien, Malfoy? – Preguntó la voz de alguno de los dos Weasleys a su espalda. Él asintió despacio sin humor de burlarse porque algún Weasley estuviera preocupado por él. – Harry no despierta... no funciona el Ennervate.
- Ese maldito ángel. – Susurró Ron con los dientes apretados. – Está bien que le debamos la vida, pero no puede atacar a cualquiera nada más porque sí.
El rubio suspiró y se desligó de la conversación que habían empezado los hermanos pelirrojos. Sintió todo su cuerpo entumecido y adolorido, los músculos del cuerpo se le tensaban cada vez que movía el remo. Además, la cortada del brazo le escocía dolorosamente. Miró un momento a su costado y su vista se fijó en esa espada plateada que lo llamaba hipnotizando su cuerpo con esa extraña aura majestuosa. Sacudió la cabeza.
Estaba a punto de cerrarse la herida del brazo con la varita, cuando de repente, la balsa se movió furiosamente meciendo el mar a su alrededor. Los tres chicos se pusieron alerta y de repente, de uno de los costados, una mano oscura y asquerosa se aferró del bote meciéndolo peligrosamente.
Draco se levantó rápidamente y apuntó a la criatura con su varita.
- ¡Expelliarmus! – Gritó y la mano negra regresó al fondo del océano con un alarido lastimoso.
Enseguida, y sin darles tiempo a reaccionar, otras seis manos con sólo tres dedos se aferraron alrededor de la balsa e intentaron romperla.
Ginny soltó un grito de terror cuando una de las manos se aferró a su ropa y la jaló. Ron la tomó del brazo y tiró de ella para evitar que su hermana fuera a dar directamente al agua. Pero -no pudiendo evitarlo- una de las criaturas sacó la cabeza del mar verdoso y rugió abriendo su boca al máximo y tomó a Harry –que era el más desprotegido- y lo arrastró hasta llevárselo a las profundidades del océano.
Ron y Ginny gritaron su nombre levantando sus varitas al mismo tiempo, pero Draco, como acto reflejo y casi sin proponérselo, ya había saltado detrás del pelinegro sumergiéndose en ese mar oscuro y lleno de bestias que parecían querer comérselos.
El rubio apenas recordó algo sobre la luz e inmediatamente pensó en un Lumos Máxima y las bestias a su alrededor se alejaron frenéticas de él. Sintió que el agua se le metía por las fosas nasales pero no se detuvo. Se impulsó hacia abajo viendo el cuerpo del su némesis de la niñez sumergirse con fuerza y no lo pensó mucho antes de seguirlo con rapidez y tomarlo de un brazo con fuerza.
Sintió que tragaba agua y que el oxigeno empezaba a faltarle pero se obligó a nadar lo más rápido que su cuerpo adolorido le permitía. Levantó la varita sintiendo que todo empezaba a nublársele y pensó en un Ascendio.
Al instante, ambos chicos salieron disparados hacia la superficie. Draco aferró el brazo del pelinegro y después sintió un golpe en su costado. Comenzó a toser frenéticamente mientras unas manos le ayudaban a ladear su cabeza para expulsar el agua ingerida y abrió los ojos con un dolor de cabeza insoportable mientras tomaba bocanadas de aire con desesperación.
De reojo vio al pelirrojo del otro lado de la balsa presionando las dos manos en el pecho del pelinegro y después de tres apretones, Harry comenzó a toser expulsando agua por la nariz y la boca.
Ron suspiró aliviado y se dejó caer reposando su espalda en uno de los costados del bote. Harry abrió los ojos levemente y se incorporó hasta quedar sentado. Vio a su alrededor con evidente confusión e iba a decir algo -aunque su garganta le ardía dolorosamente y su cuerpo apenas le respondía- cuando los cuatro chicos escucharon una explosión a sus espaldas.
Giraron sus cabezas alarmados y con sorpresa vieron a lo lejos el palacio de cristal derrumbándose con fervor mientras la base se sumergía en las profundidades del océano. A penas se percataron de que el sol y la luna parecían estar más grandes de lo que anteriormente habían visto y que al caer el castillo, la cercanía entre ambos astros se hacía más evidente.
Segundos después, sorprendidos aún por la destrucción de aquel castillo legendario, la balsa que los llevaba chocó contra la superficie terrenal de la playa.
Aún así, nadie se movió.
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
OoOoO
Recomendación Musical: Nickelback – "Savin' me"
OoOoO
Hermione abrió los ojos sintiendo un dolor agudo por todo su cuerpo. Se sentía extremadamente débil y no podía mover su brazo derecho. Se encontraba empapada y lastimada y la oscuridad en la que estaba inmersa no le permitió revisar sus heridas.
Trató de gatear hasta poder topar con alguna puerta o salida pero en lo único en lo que reparó fueron en un centellear de cadenas y un dolor ascender por sus piernas desde sus tobillos. Se tocó la parte afectada y se percató de que estaba encadenada contra la pared. Intentó moverse de nuevo y el dolor le provocó escalofríos. Trató de jalar las cadenas que la apresaban con la poca fuerza que tenía pero nada sucedió.
Agotada, se recostó contra la pared sintiendo un dolor intenso punzar en su cabeza y se llevó la mano izquierda a ella. Sintió humedad en su frente y trató de retirarse el sudor sin mucho éxito. Abrió los ojos de nuevo y apenas reparó en el espantoso olor fétido y a muerte que la rodeaba. Una arcada de asco la embargó y escupió saliva y sangre a uno de sus costados, la garganta le ardió brutalmente y se mareó de nuevo. Tanteó su ropa buscando su varita y sólo provocó que el brazo derecho le doliera horriblemente, soltó un alarido de dolor y se retorció contra la pared.
Tragándose un poco su mareo, Hermione dirigió su mano a su bolsillo, se llevó una sorpresa al encontrar su varita entre sus ropas –ella no recordaba haberla guardado- y más porque había estado mentalmente convencida de que buscarla era una pérdida de tiempo. La mano le tembló demasiado cuando conjuró una débil luz y supo entonces que estaba tan mental y físicamente agotada que ya no podría ni realizar el hechizo más sencillo.
Dejó caer la varita cuando la luz se le apagó tras unos segundos de parpadeos y cerró los ojos de nuevo al sentir el olor de su propia sangre envolverla.
Gimió de dolor cuando sus músculos se relajaron y la adrenalina empezaba a desaparecer de su cuerpo dejando que el dolor fuera más latente en su cuerpo. Intentó incorporarse olvidándose de las cadenas que la apresaban pero al hacerlo sintió sus piernas de gelatina y cayó de rodillas de inmediato. Soltó un nuevo alarido de dolor mientras sentía que un pánico intenso le llenaba el pecho y su respiración se le dificultaba a momentos.
Escuchó unos pasos a uno de sus costados e inconscientemente se hizo un ovillo contra la pared. El tobillo que anteriormente se había lastimado crujió bajo su cuerpo y Hermione gritó de dolor.
Gritar.
Entreabrió los ojos y vio una luz acercarse a ella. Se percató entonces que estaba encerrada en una especie de celda, frente a ella, a unos dos metros había unos barrotes de metal oxidado que le impedían cualquier tipo de escape. Se vio los brazos y las piernas y gimió de terror al verlos ensangrentados.
Los pasos y la luz llegaron frente a los barrotes y unos ojos rojos la observaron. Hermione apretó los dientes del pánico y se pegó más a la pared que había a su espalda. Hubo un temblor a su alrededor y la criatura que estaba frente a ella desvió su atención al fondo del pasillo por el que había aparecido. Hermione lo pudo observar mejor y se dio cuenta de que la figura frente a ella tenía una túnica larga y negra que lo cubría por completo, la capucha le protegía el rostro pero cuando se giró de nuevo hacia ella, la castaña se horrorizó no sólo por ver de nuevo esos ojos rojos brillantes y profundos sino por ver una serie de colmillos brillando en su boca en una sonrisa que le puso los pelos de punta.
La criatura dejó caer la antorcha que iluminaba la estancia y dejando escapar un sonido gutural y profundo, golpeó la celda con fuerza desquiciada y los barrotes metálicos y oxidados cedieron ante el golpe con un sonido seco doblándose al instante. La criatura golpeó la celda de nuevo y los barrotes cayeron al suelo muy cerca del cuerpo de la chica.
Hermione cerró los ojos y tanteó el suelo en busca de su varita pero el dolor volvió a recorrerla y se retorció cuando una punzada atravesó su espalda con brutalidad. La criatura se acercó despacio a su cuerpo y ladeó la cabeza mientras sus dietes se separaban y sus ojos brillaban con fuerza.
La castaña gritó cuando la bestia la tomó por el cuello y la estampó contra la pared, sus tobillos crujieron brutalmente por las cadenas que la apresaban y sintió las lágrimas recorrer sus mejillas junto con un jadeó de puro sufrimiento. No pudo mover los brazos y se sintió temblar con fuerza mientras la sangre seguía brotando de su brazo y su rostro.
Llorar.
La criatura acercó sus colmillos hasta quedar a escasos centímetros de su rostro y abrió la boca dejando salir un gruñido aterrador y escalofriante. Hermione se convulsionó mientras lloraba con fuerza y el dolor de su cuello comenzó a resultarle insoportable.
- N-no... – Rogó con la voz quebrada. La criatura apretó más su cuello y la chica comenzó a quedarse sin respiración. Alzó su mano herida con una dificultad dolorosa y la puso sobre la huesuda de la criatura que la estaba estrangulando. La criatura dejó salir otro alarido terrorífico y la estampó contra la pared de nuevo. Hermione gritó cuando sintió el dolor en su espalda y lloró con un sufrimiento ahogado e insoportable.
Hubo otro temblor a su alrededor aunque ella no se percató de eso.
Su respiración se hizo más irregular y todo en su cabeza comenzó a darle vueltas. Sintió que estaba a punto de vomitar pero entonces la criatura la dejó caer con tosquedad y ella ni siquiera se movió para sacar su brazo lastimado de debajo de su cuerpo. Ya no podía moverse.
Tosió con desesperación y sintió que la garganta se le desgarraba con dolor. Las lágrimas seguían cayendo de su rostro y en un momento de efímera lucidez pensó en su guardián y en sus amigos y suplicó en silencio por ayuda.
Sufrimiento.
La criatura intentó arrastrarla del cuello de la camiseta pero algo explotó de ésta y Hermione quedó tendida en el suelo con un golpe seco. La castaña levantó un poco la cabeza sólo para darse cuenta de que el collar que su guardián le había dado estaba frente a su rostro. Trató de levantar su mano para tocarlo pero la pierna podrida de aquel ser se adelantó y mientras dejaba salir otro alarido desgarrador, rompió el collar que brilló por unos segundos y se deshizo al instante como arena brillante frente a sus ojos.
Hermione sollozó de nuevo mientras la criatura seguía gruñendo con fuerza. Sintió como ésta volvía a levantar su brazo huesudo y la chica atinó a hacerse un ovillo en el suelo esperando un golpe que seguro la sumergía en un estado de inconsciencia que ya rogaba tener. Sin embargo, eso no pasó, pero sí escuchó un golpe potente contra la pared, un alarido y sintió otro temblor bajo su cuerpo, aunque no estuvo muy segura si no era ella temblando.
Escuchó otro golpe y un grito desgarrador y entonces ladeó la cabeza tratando de ver qué era lo que pasaba.
Un brillo surgió entre las sombras y Hermione lloró con más fuerza, esta vez de puro alivio al ver la espalda de su guardián frente a su cuerpo semiinconsciente.
Adam dejó salir toda su rabia contra esa bestia esquelética que apretaba contra la pared. Le tomó el cráneo fuertemente y lo apretó con toda la rabia y dolor que sentía cruzarle el pecho. Lo estampó de nuevo contra el concreto de la pared y la bestia soltó un alarido escalofriante. Los ojos del ángel brillaron con más fulgor y la bestia se removió frenéticamente contra su agarre. Una de sus manos huesudas arremetió contra el hombro del ángel y le enterró las garras con un potente golpe. Adam no se movió y aunque sintió la sangre correr de su hombro derecho no cambió su expresión de odio contra la bestia. Adam apretó con más fuerza y comenzó a sentir y a escuchar el resquebrajar de la cabeza de la criatura.
El cuerpo del ángel comenzó a emanar de nuevo esos relámpagos azules y se dirigieron con potencia contra el cuerpo convulsionante de la criatura que tenía enfrente. La capucha que tenía en su esquelético cráneo comenzó a quemarse pero el castaño no lo soltó.
El ángel soltó un grito de furia y estampó de nuevo a la criatura contra la pared, esta vez, el concreto a su espalda se hundió y los huesos de la bestia crujieron. La criatura se quedó paralizada pero Adam siguió estampándola contra la pared de manera furiosa, una y otra vez, el concretó cedió tras un par de golpes y el ángel finalmente lanzó el cuerpo inerte de la criatura hacia la otra celda que había aparecido enfrente. Cerró los ojos sintiéndose rabioso, descontrolado, cansado, pero sobretodo sintiendo una opresión en el pecho que le dolía emocionalmente con una brutalidad avasallante. Escuchó un gemido lastimoso a su espalda y entonces se giró con urgencia.
- Hermione... – Susurró con la expresión de su rostro cubierto de agonía. – Tranquila... ya estoy aquí. Ya estás bien... – Tranquilizó y levantó la palma de su mano para curar sus heridas, pero su cuerpo temblaba tanto que apenas y pudo cerrarle los cortes que tenía. Apretó las cadenas que la apresaban de los tobillos y éstas se rompieron fácilmente bajo sus manos. Su mano brilló de nuevo sobre sus tobillos y reparó los huesos rotos. Su mano tembló de nuevo y se sintió incapaz de curarla. La tomó en brazos e hizo que recargara su cabeza contra su hombro, atinó a tomar la varita de la chica entre sus manos y guardarla entre sus ropas con una torpeza que lo martirizaba.
- A-Adam... – Murmuró la chica con esfuerzo y tembló entre los brazos del ángel. Sus brazos estaban laxos y débiles en sus costados y el castaño apretó las mandíbulas con el rostro totalmente descompuesto. – G-grac-cias.
- Tranquila... Todo está bien. – Le susurró mientras extendía sus alas con potencia. Los ojos le brillaron y de ellos un rayo brotó estrellándose contra la pared a su derecha. Un hoyó se formó rápidamente y el agua comenzó a cubrirlos. Adam invocó la esfera que los protegió del agua de inmediato y se alegró de que la magia de ese castillo se estuviera derrumbando junto con él.
Salió disparado contra la superficie causando un remolino a su alrededor y en cuanto sintió el aire golpear contra su cuerpo la esfera que los rodeaba desapareció. Se quedó suspendido en el cielo mientras una corriente de aire los envolvía y miró el castillo con una furia inmensa. Sus ojos brillaron hasta desprender un fulgor cegador y su cuerpo volvió a emanar los relámpagos azules. Apretó los dientes mientras miraba como su ataque irrumpía contra las murallas de aquel palacio y sintió su mezquina alegría cuando vio que los costados y paredes del castillo comenzaban a explotar con un frenesí avasallante.
Se giró y extendió sus alas para volar sobre ese mar inmenso. Instintivamente, apretó el cuerpo de Hermione contra sí.
- Sigue hablándome, castaña... – Susurró el castaño con un tono preocupado mientras volaba con toda la rapidez que podía.
- ¿S-sabes... sabes q-que... – Murmuró la castaña ahogando su voz sobre su pecho. - ¿S-sabes q-que o-odio v-volar?
- Sí, lo sé. – Dijo en un susurro y la apretó más a su cuerpo. – Pero no te dejaré caer... lo prometo.
- C-confío... e-en ti. S-siempre c-cumples lo que me d-dices... – Se detuvo un segundo y tomó aire. – S-sea para b-bien o p-para m-mal. – Gimió de dolor y se desmayó.
Adam apretó las mandíbulas y vio a lo lejos la playa. Apenas vio dos cabezas pelirrojas y se dirigió hacia ellos de inmediato. Aunque interiormente sólo quería llegar al campamento y curar a Hermione, sabía que ella no lo perdonaría si abandonaba de nuevo a sus amigos a su suerte, sintió un alivio enorme cuando comprobó que estaban vivos. Aunque no le importara.
Se detuvo frente a ellos mientras sus alas transfiguraban en su hermosa y majestuosa capa y los cuatro chicos se giraron a verlo con la expresión atemorizada. Él no les permitió hablar mientras se acercaba a ellos con Hermione aferrada entre sus brazos.
- ¡Agárrense de mi, ya! - Gritó enfurecido pero él fue quien se acercó a ellos. Contó hasta tres y desapareció apenas sintió las cuatro manos sobre su espalda.
El dolor lo recorrió de nuevo cuando llegaron hasta quedar dentro de la barrera que protegía el campamento y el ángel cayó sobre una rodilla apretando los dientes de puro y verdadero dolor. Aferró el cuerpo inconsciente de Hermione contra él y apenas dejó de sentir el temblor furioso recorriendo sus extremidades se incorporó y se adentró a la carpa con rapidez.
Ron, que era el menos herido de los presentes, se incorporó tras haber caído de espaldas y ayudó a Ginny a levantarse.
- ¿Puedes caminar? – Le preguntó preocupado viendo con desconfianza el temblor y la palidez de su hermana. Ella asintió con la cabeza y a paso torpe comenzó a caminar hacia la casa. Ron frunció el ceño pero se giró inmediatamente a los dos chicos que seguían tendidos en el suelo. Levantó a Harry hasta ponerlo sobre su hombro y escuchó un quejido tortuoso salir de sus labios. – Lo siento, Harry...
Se sostuvo con dificultad por sus propias heridas pero miró fijamente la cara del rubio.
- Espera aquí. – Le dijo y se dio media vuelta para llevar a su mejor amigo al interior de la casa.
Draco no podía hacer nada más pues estaba lo suficientemente mareado como para no poder levantarse. Colocó una mano sobre su brazo herido que le había resistido bastante tiempo y cerró los ojos. A los pocos segundos –o minutos, la verdad no estaba muy seguro- sintió como alguien lo incorporaba con facilidad. Se sintió como un vil saco de papas cuando el pelirrojo lo puso sobre su hombro pero le dolía tanto el cuerpo que ya no le importó en lo absoluto.
Lo llevó dentro y después sintió que alguien le pasaba un paño húmedo por la frente y los brazos. No abrió los ojos, y la verdad es que ya no podía hacerlo, y después de dejar de sentir el dolor tremendo recorrer todo su cuerpo, se quedó dormido en el sillón de la sala.
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
El resto de la tarde los chicos la pasaron entre las sábanas, descansando de esa aventura que casi les cobraba la vida. Adam se había apiadado de ellos y tras dejar a Hermione descansando en su habitación –curada y vendada-, había curado las heridas superficiales de los cuatro chicos aunque todos tuvieron que vendar varias partes lastimadas de su cuerpo.
El ángel se había tratado sus propias heridas, no obstante, todos seguían sintiendo dolor recorrer todo su cuerpo pero sabían que estaban fuera de peligro. Adam había tenido que vendarse la herida que le había causado el ataque del Leviatán pues había dañado su brazo con magia y aún lo sentía entumecido y caliente.
El castaño miró a Hermione quien respiraba acompasadamente y no pudo dejar de sentir la culpa atravesar su pecho de manera furiosa. Suspiró y acariciándole la mejilla una vez más, salió de la habitación y se dirigió a la sala.
Se encontró, no sin cierta sorpresa, al pelinegro sentado en uno de los sillones poniéndose un vendaje alrededor de su torso cubierto de moretones. El ángel frunció el ceño y se acercó a él.
- Potter. – Dijo con esa voz fría que nunca podría abandonarlo. Harry dio un respingo y dejó escapar una mueca de dolor. Adam casi sonrió de burla. Casi.
- Adam... – Susurró cuando terminó de abrocharse la camisa. Parecía hasta cierto punto asustado y avergonzado. - ¿Qué quieres?
- Mira, Potter... – Se detuvo y carraspeó. – Lo que pasó en la torre... estaba furioso y no era mi idea lastimarte tanto. – Dijo con el ceño fruncido. Harry podría haber tomado eso como una disculpa pero aún así negó con la cabeza.
- No... Tenías razones para hacerlo... no sé lo que pasó con Hermione, Adam, pero debes tener razones de sobra para odiarme. No debí dejarla sola... ni a ella ni a Ginny. – Susurró bajando la mirada. – Cuando llegaste con Hermione inconsciente y moribunda... yo pensé lo peor. Tú sabes cuidarla mejor que yo... y eso me asusta. – Se avergonzó. – Sí no puedo cuidarla a ella que es mi mejor amiga y la mujer que más me importa... ¿Cómo voy a ser capaz de defender a todos los demás que esperan más de mí? ¿Cómo?
- Ni siquiera fue culpa tuya que Hermione quedara a merced de las fuerzas del castillo, Potter. El mundo no gira alrededor tuyo como tanto lo crees. Fue culpa mía. Y no sabes lo arrepentido que me siento por lo que le pasó a ella... – Respondió despacio y pausado. Recalcando cada palabra con frialdad. - Fue un error. Uno que no se puede volver a cometer. Y punto. No podemos darle más vueltas al pasado. ¿Me oíste? – Lo tomó de la camiseta y lo miró fijamente. Harry permaneció estático. – No me sirve que seas tan trágico, niño... Necesito que seas más fuerte y dominarte por la culpa no ayuda...
Harry bajó la mirada. Adam lo soltó.
- Tú y yo tenemos destinos diferentes... y debes concentrarte en eso. – Susurró mirándolo con la expresión fría. – Hermione está bien. Pero te necesita, Potter y aunque te cueste admitirlo... tú la necesitas a ella.
Después, se marchó.
(*)_.::.)::.(::..::.)::.(::./ |*| \.::.)::.(::..::.)::.(::._(*)
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Horas más tarde, incapaz de dormir, Harry salió de su habitación y vio al rubio sentado en la sala. Aunque aún se sentía débil y cansado, no tenía nada de ganas de dormir. Dio dos pasos hacia donde estaba Draco Malfoy sentado y se detuvo mirándolo fijamente. Se quedó hasta quedar frente al cuerpo del rubio y lo encaró. Estuvieron unos minutos en silencio hasta que el pelinegro suspiró.
- ¿Estás bien? – Preguntó desviando la mirada. El rubio apenas lo miró.
- Si. – Respondió secamente. Harry asintió enterado. Titubeó unos segundos pero finalmente habló.
- ¿Por qué me salvaste, Malfoy? – Susurró.
Draco lo pensó un momento y se encogió de hombros.
- Yo no soy un héroe trágico como tú, Potter, pero Hermione me importa demasiado y no estoy dispuesto a que derrame más lágrimas por ti. – Respondió con frialdad y lo miró con el mentón alzado. – Yo no me arriesgaría así por nadie. Si protejo tu trasero es específicamente por ella. Por algo no quedé en Gryffindor.
- Gracias... supongo. – Respondió el pelinegro con incomodidad.
Draco suspiró.
- No soy un valiente heroico, cara-rajada. Lucho está guerra por cuentas pendientes, odio a Voldemort por una razón y sí tú eres la única forma de poder verlo caer, entonces tendrás mi lealtad hasta el final. Pero jamás moriré por ti. – Replicó el rubio.
Aunque en esos momentos, ahí, sentado frente a la chimenea, viendo al niño-que-vivió exigiéndole respuestas, supo que estaba mintiendo. Porque Draco Malfoy, por muy sangre pura y arrogante que fuera, sabía que sí moriría por Harry Potter. El héroe que la comunidad mágica necesitaba.
El único héroe que vengaría la muerte de sus padres y acabaría con el maldito que le había quitado todo y lo había sometido a una vida de agonía.
- Hermione es lo mejor que he conocido, Malfoy. Y he sido muy ciego al no enterarme de eso antes. Sí ella te elige a ti, entonces me apartaré de su camino. – Susurró el pelinegro sin mirarlo. Porque ahí, viendo la sinceridad en la expresión de su némesis de la niñez, supo que él también moriría por Draco Malfoy.
Porque aunque le costara admitirlo, él sí era un héroe trágico.
- Aunque me cueste admitirlo, ella es lo único que tenemos en común, ambos la queremos.- Dijo y el rubio no podía rebatirle esa afirmación. - Y sí muero después de esta guerra, entonces tendrás que cuidar de ella, Malfoy. Júrame que lo harás. – Pidió sin cambiar la expresión endurecida de su rostro.
- No tienes que pedirlo, Potter, lo haría de todas maneras. – Expresó con la mirada fija en el suelo. Sabiendo muy dentro de él que esas palabras demostraban lo jodidamente convencido que estaba Harry Potter de su muerte. – Sí pasa al revés y yo soy el que muere... Cuídala ¿De acuerdo?
- Tú no vas a morir…- Susurró el pelinegro un poco incómodo. Lo vio a los ojos y la intensidad de ellos le demostró que el rubio hablaba enserio.
- ¡¡Solo júralo!! – Bramó entonces con frialdad y se levantó. Aunque la respuesta no faltaba. Porque los dos sabían que ambos cuidarían de ella hasta la muerte.
Porque ambos compartían ese sentimiento por ella.
Porque en este mundo, existía más de un héroe.
Y ellos comprendían eso.
OoO
OoOoO
OoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoOoOoO
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo
*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
¡Hola! Lo prometido es deuda y pasados seis días, hoy se publica otro capítulo más de esta historia.
Bueno, antes que nada debo agradecer a todos lo que me apoyan y siguen constantemente, como saben, esta historia no sería nada sin ustedes.
Debo decirles que la próxima actualización todavía está un poco confusa, como siempre intentaré que sean sólo dos semanas de espera, si me paso de tiempo, realmente lo lamento. Eso de regresar a mi país todavía está en veremos pues aún no tengo permiso de salida y obviamente no tengo papeles todavía. Así que, chicos/cas aún no se si mi tiempo se va a limitar o no, ya sabrán la próxima actualización.
Bueno, hablando de este capítulo, ¿Qué les pareció? Ya sé que regresé a la sangre, pero creo que está vez no fue mucha. Me dolió en el alma torturar a Hermione de esa forma, y debo confesarles que lo había escrito mucho peor, pero me dije a mí misma que me había extralimitado está vez y lo edité. Así que, espero que no estén molestos por como traté a nuestra castaña favorita. El pobre Kalyo ya está bastante arrepentido.
Merlín. Y no es exclamación, (amiga, he robado tu idea pero es que me encantó) ha aparecido y a penas se conocen datos de la relación que llevó con el ángel. Fue su "mentor" y aunque todavía no esté muy claro, el próximo capítulo sabrán uno que otro dato más. La lección que le han dado a Adam lo ha dejado arrepentido y adolorido, estuvo a punto de morir en la torre que resguardaba la espada, (que por cierto ya ven que he sido buena y he hecho que Harry sí sea el elegido, es que tampoco quería matar a Viviana, me gusto escribir de ella.) Ahora tienen la espada y el ángel estuvo pensando seriamente destruir Avalón, ya ven lo rencoroso que es, pero sólo destruyó el castillo. Además, estaba tan enojado que casi nos mata a Harry, si no fuera por el heroico acto de Draco ya nos habríamos quedado sin protagonista.
Y como vieron, el título tiene muchos significados, hay varios héroes y por eso es la frese del final. Todos resultaron héroes valientes y han terminado la búsqueda con éxito pero con un dolor físico inmenso.
Por cierto, la criatura que atacó a Hermione es una representación de algún esqueleto con túnica y capucha... algo así como la muerte pero con ojos rojos y dientes filosos y chuecos. Y claro, con olor fétido.
Bueno, creo que eso es todo lo que tengo para decir, el próximo capítulo se llama: El Eclipse Prohibido y a lo mejor les suena el por qué, he dejado dos pistas o tres, una fue el anterior capítulo pero fue demasiado sutil. A ver si se imaginan qué es. Seguro que sí.
Muchas gracias a todos/as de verdad cada día me sonrojó más por cada comentario de apoyo, cada palabra que dice que le gusto de verdad. Eso es toda la inspiración que necesito. Nos vemos el siguiente capítulo. Ahh, cierto, ya he regresado a los capítulos normales. Ya este no es tan largo.
¡Mágicos Saludos y un beso!
Su amiga que los quiere, DarKGranger.
