Una profecía de los cielos
Draco Dormiens Nunquam Titillandus
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Recomendación Musical: "Melody of elemia" - Ar tonelico. Música: Harmonius, Artista: Shikata Akiko.
27.- El eclipse prohibido.
* El día que tú naciste todos sonreían y sólo tú llorabas.
Vive la vida de tal manera que el día que tú mueras todos
lloren y sólo tú sonrías.
- ¡No estoy invalida! – Gritó Hermione desesperada. Adam la ignoró. La llevó en brazos hasta la cocina y la depositó delicadamente en una de las sillas que ahí había.
- ¿Qué quieres comer? – Preguntó el ángel ignorando de nuevo su mueca de enfado.
- ¿Vas a cocinar tú, acaso? – Espetó ella ofuscada.
- Si. – Respondió de lo más normal.
Hermione abrió la boca para decir algo pero al final se quedó callada. Le lanzó una mirada furibunda a su guardián y suspiró profundamente.
- Lo que sea... – Aceptó a regañadientes. Lo cierto es que sí tenía hambre. Adam sonrió y se giró dispuesto a hacer su quehacer.
- Hermione, no estés enojada, estás débil y te has roto ambos tobillos... deja que te consintamos un poco. – Le dijo su pelirroja amiga mientras se sentaba a su lado con una sonrisa tranquila y le acariciaba el cabello con ternura. La castaña se cruzó de brazos.
- Tú también estás débil... todos en esta casa están igual de débiles que yo, pero a mi es a la única que le impiden moverse. – Respondió la chica.
- Te estás moviendo... – Tanteó la pelirroja con burla.
- Ginny, no me dejan caminar, ni cocinar, ni pararme. Me sorprende que Adam no se meta al baño conmigo. – Gruñó entre dientes. Ginny se rió.
- Deja de ser tan melodramática, castaña. – Respondió el ángel depositando un plato humeante de comida sobre la mesa. A la castaña le rugió el estómago. Bueno, olía bien.
- ¿Desde cuándo sabes cocinar? – Preguntó Hermione con los ojos entrecerrados, sin embargo, se llevó una cucharada de la comida a la boca. Delicioso.
- Soy observador. – Respondió sencillamente. – Soy perfecto. – Agregó con arrogancia.
- Semi-perfecto. – Corrigió la castaña distraídamente llevándose otra cucharada a la boca.
El ángel se sentó a su lado ignorándola y la miró mientras Hermione se terminaba el plato entero. Hacía unas horas que había despertado y Adam aún no entendía por qué la castaña ya quería moverse a todas partes como si nada hubiese pasado.
Ron llegó a la cocina unos minutos después y miró a su amiga con una sonrisa.
- Me alegro que estés tan bien, Hermione. – Dijo con voz amable.
- Lo mismo digo, Ron... fue muy valiente lo que hiciste. – Respondió la chica mirándolo con cariño.
- Bueno... tuve un poco de ayuda. – Aceptó con una sonrisa. Hermione asintió y vio al rubio acercarse hacia ellos. Se dio cuenta de que todos los presentes tenían vendas alrededor de sus brazos y además, Ginny tenía vendado el cuello. Se miró sus propias muñecas encontrándolas en el mismo estado.
- Granger, estás viva. – Dijo Draco con una mueca burlona. Sin embargo, Hermione, conociéndolo tan bien, sabía que un alivio intenso se escondía tras esa faceta tranquila. Sonrió enternecida.
- Tú también, Draco, me alegro muchísimo que todos estén bien. – Susurró con sentimiento. Draco le acarició el rostro.
- Ahora tal vez podrías explicarnos qué fue lo que te pasó, Granger. – Preguntó el rubio sentándose frente a ella. Había una nota de ansiedad en su voz.
- Malfoy, déjala tranquila. – Murmuró el pelirrojo aunque él mismo sentía la necesidad de saber qué le había pasado a la castaña.
- No, Ron, creo que Draco tiene razón, tal vez deber-
- Tranquila, castaña. Ahora no es el momento. Tienes que descansar. – Interrumpió Adam poniéndole las manos en los hombros. Estaba a punto de tomarla en brazos para llevarla a su habitación de nuevo cuando alguien le puso una mano en el hombro. El castaño se giró tranquilo hasta encontrarse con unos ojos verdes y profundos, entonces Harry le dijo algo con la mirada y Adam asintió con gentileza. Se hizo a un lado y el pelinegro se acercó hasta la inválida.
El chico tomó en brazos a su amiga (la cual estaba totalmente sorprendida) bajo la mirada de todos y la llevó a su habitación sin ninguna dificultad.
La depositó delicadamente en la cama y se sentó a su lado. La miró intensamente a los ojos y sonrió apenado. La vio abrir la boca para decir algo pero Harry negó con la cabeza impidiéndoselo.
- Lo siento tanto, Hermione... – Susurró abatido.
- ¿Qué?
- Lo siento, Hermione, si no te hubiera dejado sola nada de esto hubiera pasado. – Le dijo despacio.
- Sí, yo sé que si no me hubieras dejado nada de esto hubiera pasado. – Harry desvió la mirada pero Hermione hizo un esfuerzo y –aunque le doliera y no pensara aceptarlo- se estiró y le acunó las mejillas al pelinegro. – Si no hubieras atravesado esa puerta en este momento no tendrías esa espada en tu poder. – Sus ojos se dirigieron a la espada envuelta en un pedazo de tela que tenía colgada a su espalda y sonrió. – Si no hubieras cruzado esa puerta entonces nada de lo que hicimos hubiera valido la pena...
Harry suspiró profundamente y asintió enterado.
- Pero tal vez... – Titubeó tratando de decir algo coherente y que lo hundiera en la culpa. Necesitaba que Hermione lo odiara aunque sea un poquito por haberla dejado sola. De verdad necesitaba que alguien reconociera que él había tenido la culpa. Porque nadie lo hacía. Ni siquiera Adam.
Pero Hermione lo interrumpió y le puso un dedo en los labios. Negó con la cabeza mientras sonreía con tranquilidad y le acarició el cabello (tenía que admitir que le había dolido el brazo de nuevo cuando lo alargó hacia la cabeza de su mejor amigo, pero no le importó).
- Tranquilo, Harry. Ahora estoy bien. – Susurró la chica. Harry no pudo contener el impulso y acercándose hacia ella, la besó. Fue un beso tierno, lento y demasiado corto pero ambos lo disfrutaron con anhelo. Harry se separó despacio de ella y le acarició el rostro con melancolía.
- Lo siento, no debí hacer eso. – Se avergonzó, pero paradójicamente, no la soltó. – Y no debo hacer esto tampoco... pero no puedo evitarlo.
Hermione cerró los ojos y entreabrió los labios por el placer de la caricia de su mejor amigo. Ella misma tomó las manos que le recorrían el rostro y entrelazó sus dedos con los suyos.
- Yo... – Esta vez, Hermione no pudo contenerse y, haciendo una mueca de dolor, juntó sus labios con los del pelinegro.
Harry se quedó paralizado al principio pero poco a poco le rodeó la cintura con los brazos y la pegó a su cuerpo mientras le respondía el beso. El contacto ya estaba dejando de ser tierno cuando Hermione gimió de dolor y el chico, asustado, se separó de ella mirándola con preocupación.
- ¿Estás bien? – Preguntó ansioso. Hermione se llevó una mano al costado del estómago pero asintió. La castaña quiso acercarse de nuevo a su amigo pero Harry reculó y se levantó de la cama con un salto ligero. – Hermione... – Acusó apenado. La chica suspiró.
- Ya entendí... – Se quejó ella sonrojada y se dejó caer en la cama. Au, maldición. Esa había sido mala idea.
- ¿Quieres que te traiga algo? – Preguntó el pelinegro preocupado. Hermione lo miró y negó con la cabeza.
- No, pero quiero que me ayudes a salir de esta habitación. – Dijo despacio.
- ¿Qué?
- Eso, Harry, llévame afuera... o donde sea. – Respondió como si fuera lo más obvio. – Si estoy aquí un minuto más estoy segura que me voy a volver completamente loca.
- Tienes que descansar... – Respondió él inseguro. Hermione le dirigió una mirada furibunda.
- ¡Honestamente, Harry! He estado aquí acostada más de veinticuatro horas. – Murmuró entre dientes. - ¡No estoy inválida!
- Pero...
- ¡Harry! – Advirtió. El chico asintió rápidamente y se acercó de nuevo. La tomó en brazos y la castaña no pudo evitar rodar los ojos.
- Dije que me ayudaras... – Se quejó de nuevo y se removió en los brazos de su amigo. Harry no la soltó.
- Estate quieta, Hermione, no puedes caminar... – Indicó el chico sin inmutarse.
La castaña le golpeó el hombro frustrada pero supo que había sido mala idea cuando un dolor insistente se agolpó en su mano.
Bufó y se dejó llevar por su amigo con renitencia y enfado caprichoso.
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- ¿Cuándo nos iremos? – Preguntó el pelirrojo mientras se sentaba en un tronco viejo y se frotaba los hombros con las manos. Aunque llevaran ahí un tiempo indefinido, bastante a decir verdad, los chicos seguían sin acostumbrarse al clima cambiante y helado que los rodeaba.
Adam, los dos pelirrojos y el rubio estaban sentados alrededor de la fogata junto a la casa de acampar. El cielo parecía más oscuro de lo que había sido antes pero nadie prestó demasiada atención en ese detalle.
- Deberías preguntar el cómo, hermanito. Esa es una buena pregunta. – Comentó la pelirroja mientras arrojaba unas cuantas ramitas a la fogata que estaba enfrente de ellos. Ambos Weasley miraron con interpelación el rostro impasible de Adam. Draco sólo tenía los ojos fijos en las llamas crepitantes.
- En cuanto Hermione se sienta un poco mejor, entonces nos iremos. – Respondió el ángel con voz fría.
Ron y Ginny asintieron y, pronto, todos se sumieron en un oscuro silencio que los envolvió con incomodidad.
- Ah, por cierto, Adam... he perdido la espada. – Susurró el pelirrojo un poco avergonzado y sin realmente querer que lo escucharan, pero por supuesto que sí lo escucharon. Adam lo miró sin expresión alguna.
- No importa realmente, las armas que les he dado desaparecerán cuando crucemos el portal para salir de esta dimensión. – Respondió el castaño impávidamente.
- ¿Qué? ¿Cómo es eso? – Preguntó la pelirroja curiosa y lo miró con perspicacia.
- He creado las armas especialmente para que ustedes pudieras estar en este mundo, las espadas nacieron de acuerdo a sus habilidades y necesidades. – Dijo sin inmutarse.
- Vaya... ¿Cómo has hecho eso? Yo no me percaté de que hicieras magia. – Señaló la pelirroja con interés. Draco también lo miró.
- Soy un ángel, pelirroja. – Respondió como si eso lo explicara todo. Ginny tuvo que darle la razón. – En cuanto al cómo nos iremos... cuando el eclipse se complete.
- ¿Un eclipse? – Preguntó Draco irguiéndose. En ese momento, Harry llegó con Hermione en brazos. Adam los miró y se hizo a un lado cuando el chico depositó a la castaña a su costado, después, el pelinegro se alejó para sentarse hasta el otro extremo de ellos.
Adam se quitó su abrigo blanco y se lo puso a Hermione sobre los hombros. Se levantó y sintiendo las crepitantes llamas de la fogata muy cerca de su cuerpo, comenzó a caminar mientras pasaba su mirada sobre los presentes.
- El castillo era una especie de... candado. Era una separación necesaria de la luna y el sol. – Comenzó con la voz fría. – Algo que los mantenía en equilibrio. Después de un tiempo, ambas esferas cambiaban de lugar y había un momento en que esta tierra se cubría de una profunda oscuridad. Claro que, al destruir el castillo, el eclipse se ha agilizado y entonces, el portal para salir de esta dimensión se abrirá.
- ¿Y cuándo pasará eso? – Preguntó Harry mientras posaba sus verdes ojos sobre el andar despreocupado del castaño.
El ángel señaló el cielo sin lógica aparente y lo miró con inexpresividad.
- Unas diecinueve horas, según indica el cielo. – Respondió despacio. Hermione hizo una mueca, a ella claramente el cielo no le decía nada. – Pero tenemos que partir antes de que el eclipse comience. El portal abre su camino cada vez en diferente lugar e ignoro su ubicación exacta, sólo sé que será en algún lugar por la playa.
- ¿Estamos contra el tiempo, entonces? – Preguntó Hermione aferrándose al abrigo de su guardián. Adam negó con la cabeza y la cadena que colgaba de su cuello dio un par de rebotes sordos.
- El eclipse es más eterno ahora que no existe el castillo para fungir de división que equilibre al sol y la luna, lo cual nos proporcionará mayor tiempo para cruzar el portal. – Explicó con calma y se sentó a un lado de su protegida.
Todos asintieron entendiendo el asunto y cada uno se sumió en diferentes preocupaciones y pensamientos.
Hermione rompió el silencio largos minutos después.
- ¿Cómo creen que este todo por... el colegio? – Preguntó con voz somnolienta. Las flamas danzantes empezaban a adormilarla.
- Esperemos que bien... las cosas no quedaron del todo resueltas cuando nos marchamos... – Respondió el pelirrojo mientras partía una rama a la mitad. - ¿Creen que Voldemort haya atacado en nuestra ausencia? – Preguntó un poco preocupado.
- No lo creo... es demasiado pronto y saben que aún están débiles en fuerzas... conociendo a Perseus, esperará hasta sentirse capaz de enfrentarme... – Razonó el ángel sin mirar nada en concreto.
- ¿Quién es Perseus? – Preguntó la pelirroja Weasley.
- Un demonio. – Respondió. – Un letal, calculador y arrogante demonio que es mi peor enemigo.
- ¿Tienes... de hecho, un ejército, entonces? – Preguntó Draco mientras lo miraba.
- Sí. Si atacaran Hogwarts en mi ausencia, mi general está bajo orden estricta de contraatacar. Y Perseus sabe que pierde en poder.
- Esto se ha convertido en una guerra más allá de sólo Voldemort y los Mortífagos. – Comentó Harry decaído. – Lo que me recuerda... que aún nos faltan cosas que hacer...
- Los Vampiros. – Corroboró Ginny.
- Los Dragones. – Agregó Ron. Adam asintió pero no dijo nada al respecto.
- ¿Crees que podamos... vencer? – Preguntó Hermione a su guardián. – Es decir... si nos llegaran a atacar por sorpresa, si nos superaran en número. Si no consiguiéramos la ayuda de los Dragones o los Vampiros... Entonces... ¿Crees que venceríamos? ¿Habría esperanza?
Adam la miró intensamente por unos segundos y sonrió.
- Por supuesto que sí. – Aseguró con voz fría. - Ganaremos... y hay esperanza, porque mientras exista humanidad en la tierra, la esperanza jamás morirá. – Respondió con solemnidad. Los cinco chicos lo miraron sorprendidos, ese comentario podría tomarse como un halago hacia su especie –la cual estaba bien claro que el ángel despreciaba-.
- ¿Y si no pudiéramos aliarnos con los Dragones o los Vampiros? – Susurró la castaña de nuevo. El ángel se acercó hasta su oído y escalofríos dolorosos recorrieron su espina dorsal.
- Tienes a un ángel a tu lado... y el error es sólo humano. – Murmuró con arrogancia para que sólo ella lo escuchara. Hermione se encogió.
De repente, cambiando su estado de buen humor, Adam levantó la cabeza abruptamente y dirigió sus orbes plateadas hacia la espesura del bosque que los rodeaba con el rostro contraído de seriedad. Los chicos se quedaron quietos y en silencio. Evitaron respirar para escuchar o ver algo a la distancia y cuando el silencio total empezaba a atemorizarlos, el ángel se levantó de un movimiento rápido y calculador, desenvainando su gruesa espada en el proceso. Apuntó con ella hacia el bosque y miró fríamente a su alrededor.
- Sal de ahí, Viviana. – Los chicos dieron un respingo ante el silencio roto y Ron casi cae hacia atrás. Hermione intentó levantarse pero Adam extendió su mano hacia ella y la detuvo –aunque la castaña no estaba muy segura si hubiera podido mantenerse en pie-.
Harry se levantó también, seguido del rubio y el pelirrojo, y miró ansioso la distancia. Pronto, la figura de una mujer se materializó frente a ellos flotando desde un humo blanco hasta quedar a la vista. Como el pelinegro recordaba, la hermosura de aquella mujer que parecía ninfa era hipnótica y hasta cierto punto agobiante. Se sintió afectado por su presencia y parpadeó fuertemente para no caer al suelo por su encanto. A su lado, Draco y Ron sintieron exactamente lo mismo, aunque en el caso del rubio, un grueso nudo se instaló en su garganta.
La túnica blanca que vestía la mujer ondeó al ritmo del aire y sus cabellos azabaches le cubrieron parte del rostro. Sus ojos brillantes y profundos miraban a los presentes con una especie de burla. La mujer dio un paso hasta quedar frente de Adam y se mordió el labio inferior dirigiéndole una pícara mirada.
- Me debes una grande, amor. – Le susurró la mujer con la voz empalagosa. Adam no cambió su postura de frialdad pero bajó la espada hasta guardarla. El castaño no parecía para nada afectado con la presencia de esa... exuberante mujer. – De hecho, me debes varias...
- ¿Qué quieres? – Espetó. Viviana miró sobre su hombro y le sonrió con ternura a la castaña que se encogía en su lugar.
- Tú debes ser Hermione... – Susurró ignorando al castaño. Pasó a su lado –lo más correcto era decir que flotó- y llegó hasta instalarse frente a la castaña. La miró con una sonrisa encantadora y se arrodilló junto a su cuerpo. Hermione la miraba expectante. – Has hecho un buen trabajo con este ángel, pequeña. Te felicito. – Le susurró sólo a ella. La miró profundamente y, de repente, sus ojos se desviaron hacia Harry y duraron sobre él tan sólo unos segundos. Después, su vista regresó a la castaña y la mujer amplió su sonrisa.
- Déjala, Viviana y responde mi pregunta... ¿A qué has venido? – Demandó el ángel tomando uno de sus brazos e incorporándola. Hermione no dejó de notar que lo hizo con bastante delicadeza.
- Bueno, amor, he venido a cobrar tus deudas. – Sonrió. Le acarició el rostro con un dedo y se detuvo en sus labios. Hermione ahogó una sonrisa al ver la cara asqueada del ángel. – Tú sabes lo que quiero... – Susurró seductoramente.
Una seducción tan profunda que los chicos se quedaron medio embobados mirándola. Ginny rodó los ojos y Hermione frunció el ceño ahogando una exclamación de sorpresa ante tal descaro.
- Sé lo que quieres, humana. Y sí es lo que tanto ansías, pagaré mi deuda. – Se inclinó hacia ella –Hermione pensó por un momento que iba a besarla- pero sólo se acercó a su oído y le susurró algo que nadie pudo escuchar. Viviana lo miró con los ojos brillantes y en un acto bastante rápido, le estampó un beso en la mejilla. Adam retrocedió mirándola con asco.
- Gracias, encanto, no eres tan malo como pensaba. – Le susurró pero esta vez, todos podían escuchar su melodiosa voz rebosante de alegría. Hermione se preguntó de qué se había perdido.
Viviana se rió ante la expresión que continuaba plasmada en el rostro del castaño, y su risa se apagó de una manera suave y elegante. Miró a los demás presentes y su vista se concentró más profundamente en el pelinegro. Harry sintió un escalofrío atravesarlo.
- Harry Potter, una alegría verte tan despierto y vivo después de recibir un hechizo de un ángel enfadado... – Susurró mientras se acercaba a él. El chico se sintió incómodo y buscó los ojos de su mejor amiga con desesperación.
Hermione lo miró sorprendida y alarmada a partes iguales. Posó su mirada en su guardián y éste la miró dignamente y con una inexpresividad agobiante.
- ¿Qué has hecho qué, Adam? – Preguntó con ira.
- Nada, Hermione, ahora estoy bien y es lo que importa... – Se apresuró a aclarar el pelinegro. Dio un respingo cuando sintió a alguien acariciándole el cabello. Miró a Viviana muy cerca de su cuerpo y sintió su rostro arder.
Hermione se olvidó de su enfado y miró la escena contrariada. Iba a decir algo cuando sintió que alguien la levantaba del suelo. Miró los ojos de su guardián con un nudo en la garganta y éste la cargó para llevarla a su habitación.
- Descansen, mocosos, nos iremos en unas horas... – Dijo el ángel con frialdad antes de atravesar la puerta de tela. Lo último que vio Hermione fue una mirada pícara que le dirigió Viviana y que la dejó con un vacío interior que no supo identificar.
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Harry miró con congoja el rostro descompuesto y confundido de su mejor amiga cuando ésta se alejó. Miró el rostro de Viviana –que tenía plasmada una sonrisa que empezaba a incomodarlo- y se alarmó al ver algo... raro en sus ojos azules.
Apenas se dio cuenta de la mirada embobada que tenía Ron en el rostro y como su hermana se levantaba con el ceño fruncido y jalaba al pelirrojo lejos de esa mujer de cabellos negros.
Apenas se dio cuenta de cómo el rubio lo miraba con furia y se adentraba en la casa dejándolo solo con esa mujer.
Apenas se dio cuenta de que alguien le acariciaba el brazo.
- No hagas eso... – Le susurró con voz temblorosa cuando sintió una de sus manos viajar hasta su pecho. – E-escuchaste a Adam, tengo que irme.
- ¿No quieres saber que me ha prometido? – Le susurró con voz empalagosa. Harry sintió un escalofrío intenso viajar por todo su cuerpo.
- ¿Q-qué? – Preguntó demasiado afectado por su cercanía. Dio un paso hacia atrás.
- Me sacará de esta Isla... me dará mi libertad. – Se mordió los labios.
- Me alegra. – Respondió el chico tragando saliva. Viviana levantó una de sus manos y acarició la envoltura blanca de la espada que colgaba de la espalda del pelinegro.
- Es algo raro deshacerme de Excalibur, ha sido una parte importante de mi vida. – Murmuró sumiéndose en sus pensamientos. Harry aprovechó ese momento para alejarse de ella y se dio la vuelta decidido a internarse en la seguridad de su habitación. - ¿A dónde vas, encanto? ¿Me tienes... miedo?
- Estoy cansado. – Respondió sencillamente sin mirarla. No escuchó sus pasos ni reparó en su cercanía hasta que sintió sus manos rodearle el cuello.
- Eres adorable, cariño. – Fue todo lo que dijo hasta tirar de su cuello y estamparle un beso en los labios que lo dejó mareado y paralizado sin saber qué hacer.
No cerró los ojos de la impresión pero tampoco trató de apartarla por la confusión. Cuando sintió la lengua experta de la mujer sobre sus labios, pensó que estaba a punto de desmayarse, su piel se sintió caliente y algo extraño ascendió por su cuerpo hasta hipnotizarlo. Se vio a sí mismo cerrando los ojos y respondiendo a un beso que él no tenía intención de responder. Le rodeó la pequeña cintura con ambos brazos y por un momento sintió que ese no era su cuerpo. Algo en su cabeza ya no razonaba y la parte más lógica de su cerebro dejó de funcionar sin su consentimiento.
El beso era apasionado. Con intensidad y fiereza. Y él respondía con el mismo ímpetu.
Viviana se separó un poco de él pero el chico sintió sus manos apresarla contra su cuerpo, sin querer soltarla. Sin su consentimiento, no teniendo poder de sus movimientos ni reacciones, sintiéndose como una marioneta en manos de aquella mujer. Comenzó a besarle el cuello y un foco en su cabeza se encendió con sorpresa. Pero no pudo hacer nada.
- Eres totalmente encantador... – Susurró la mujer con la voz acaramelada e hipnótica. Le acarició el cabello mientras el pelinegro seguía en su estado seducido y Viviana sonrió. – Sólo que es un poco injusto que no seas tú mismo, Harry... me siento culpable. – Susurró pero lo besó de nuevo sin ningún reparo.
Harry empezó a bajar las manos por el cuerpo de la mujer de manera peligrosa cuando sintió que algo lo jalaba de la camiseta y lo tiraba al piso con brusquedad. Se golpeó la espalda con el frío suelo y sintió que despertaba de un sueño largo y de un estado desconocido. Parpadeó fuertemente tratando de que su cabeza dejara de dar vueltas y sintió los labios hinchados y el rostro caliente.
Vio con dificultad el cuerpo de Adam parado frente de sí y sintió un tremendo dolor de cabeza martirizarlo.
- ¿Qué haces, Viviana? – Preguntó el ángel con la voz tranquila. Pero no la miró, su vista estaba clavada en el pelinegro que se levantaba del suelo con la interrogación plasmada en sus ojos. Tenía el cabello revuelto y su respiración era entrecortada. Cuando el chico lo miró, Adam le dirigió una mueca inexpresiva. – Vete a descansar, niño...
Harry no lo pensó dos veces, y con el andar torpe y el cabello despeinado, huyó de un lugar que le oprimía el pecho con culpa que no sabía identificar.
- Has terminado con mi diversión, Kalyo. – Reprochó burlonamente la mujer. Adam se giró y la miró con frialdad.
- ¿Qué pensabas, Viviana? – Espetó.
- No hubiera llegado tan lejos con él, ángel, despreocúpate. Sólo me apetecía besarlo. – Respondió con descaro. El ángel rodó los ojos. – Pero lo has arruinado. – Se mordió el labio inferior.
- Déjalos, humana, a todos. ¿Dónde ha quedado tu respeto hacia la memoria de Merlín? – Preguntó sin importarle realmente.
- Oh, Kalyo, tú sabes que Merlín es el único hombre al que he amado. Nuestros destinos han sido trágicos e injustos, ahora no hay nada que hacerle. Algún día me reuniré con él... y tendremos nuestra eternidad de recompensa. – Murmuró Viviana afectada. – Ambos lo aceptamos y ambos vivimos pagando el precio de nuestra vida.
- Mientras, te acuestas con cualquier humano... – Se burló con la voz fría.
- Está en mi naturaleza. – Respondió ella sin inmutarse. – Pero sólo con alguien que valga la pena, cariño. Harry Potter lo vale, lo único malo es que es prohibido. – Sonrió con su gesto encantador.
- Aléjate de él entonces, has puesto incómoda a Hermione. – Advirtió el ángel con demanda.
- Oh, el amor y los celos. Peligrosas combinaciones. – Susurró sin borrar su sonrisa. Después, suspiró soñadoramente. – Pero tu pequeña niña tiene una confusión de sentimientos tremenda, ángel. Ama a Potter aunque ella se lo niegue... pero el pequeño elegido le bloquea cualquier oportunidad de resolución. Te dará problemas.
- Habla claro, Viviana. – Susurró con frialdad sin entender muy bien sus palabras.
- Hermione tendrá que pasar por una prueba de cariño dolorosa, amor. – Dijo sin responder a la demanda del castaño. Adam levantó el mentón con petulancia.
- Pero el destino siempre llega a su final. – Respondió. Viviana asintió despacio.
- Así es... pero ¿A qué precio? – Preguntó con los ojos brillantes.
Adam no supo que responder a eso.
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- ¿Hermione? – Preguntó Harry despacio mientras asomaba la cabeza a la habitación del ángel donde la castaña estaba recostada en la cama principal.
- Pasa... – Susurró la chica con la voz gangosa. Frunció el ceño al ver el aspecto desaliñado de su mejor amigo. - ¿Qué te ha pasado? – Una idea se le cruzó por la cabeza repentinamente y un nudo se instaló en su garganta. - ¿Qué estabas haciendo?
El pelinegro no respondió de inmediato y se acercó a su amiga con nerviosismo. Se aplastó el cabello lo más que pudo y se sentó a su lado.
- No lo sé realmente... c-creo que... creo que besé a Viviana... – Dijo con voz inteligible. Se corrigió de inmediato. – Bueno, no, de hecho ella me besó a mí. – Se removió incómodo sin atreverse a mirar a su amiga a la cara.
- ¿Y lo disfrutaste, no? – Preguntó Hermione con resentimiento. No entendió muy bien su humor pero lo único que sabía era que no le gustaba el fuego en su estómago y garganta. – Pues deberías irte con ella.
- ¡Hermione! – Exclamó sorprendido. – Me hechizó o... no lo sé, no era yo. – Se justificó parpadeando fuertemente.
- Claro, ahora así le dicen. – Murmuró la chica con frialdad. A Harry se le salieron los ojos de las órbitas.
- ¿Estás... celosa? – Preguntó el chico con un sentimiento cálido en el pecho. Se le delineó una sonrisa en el rostro.
- Eso es ridículo, no somos nada. Puedes revolcarte con quien te vega en gana. – Lo corrigió medio escandalizada. – Además no sé por qué has venido a contarme eso a mí.
- ¡Yo no me revuelco co- Se detuvo un momento y la miró largamente. - ¡Estás celosa!
- ¡No lo estoy! ¡Déjame en paz! – Advirtió ella con una mueca bastante infantil. Harry sonrió y se acercó a ella. Hermione lo miró cautelosa.
- Te cuento esto porque quería que me ayudarás a entenderlo... – Le susurró en el oído. – Sólo tengo ojos para ti, Hermione, recuérdalo. – Unos escalofríos placenteros recorrieron la nuca de la castaña cuando escuchó esas palabras.
Su amigo le dio un beso en la frente y se levantó. Ella estaba a punto de decir algo pero se calló al ver la sonrisa petulante y soñadora que portaba su amigo.
- Buenas noches, Hermione, descansa. – Susurró y se dio media vuelta. La castaña se quedó con el ceño fruncido hasta ver la espalda de su amigo desaparecer. Segundos después, su guardián entró a la habitación.
- Por tu expresión adivino que te has enterado del... encuentro. – Dijo con una ceja levantada. Hermione le lanzó una mirada fulminante.
- Tu amiga es una... – Hermione cortó la frase y se tapó con las mantas sin dejar el ceño fruncido de lado. Adam se rió.
- Lo sé. – Sonrió. – Le he concedido su libertad... nos acompañará de regreso. – Hermione hizo una mueca. Adam se acercó un paso. - ¿Cómo te sientes?
- Igual que siempre. – Susurró con amargura recordando ese tema. – Bien.
- ¿Puedes caminar? – Preguntó con la ceja levantada. Hermione titubeó unos segundos.
- Sí. – Respondió finalmente, orgullosa. El ángel sonrió de lado.
- No es cierto.
- Si no vas a creerme entonces no me preguntes. – Resolvió frustrada. La verdad es que dudaba poder caminar, pero su parte orgullosa ya estaba harta de que la trataran como lisiada. – Cambiemos de tema, Adam, por favor.
- Está bien, castaña. – Sonrió de nuevo ya teniendo como costumbre hacer esa mueca frente a ella. - Para mí sería mejor que descansaras.
- Ya no quiero dormir. – Se quejó. – Quiero saber de Viviana... y de Merlín.
- ¿Cuándo no quieres saber algo? – Preguntó burlándose. Hermione frunció el ceño de nuevo. Adam se sentó en la silla del escritorio y la miró cruzándose de brazos. – Tal vez debí decirte esto hace tiempo... pero las cosas no fueron como deberían. Merlín fue mi mentor, Hermione.
- ¿Tu mentor? – Preguntó sorprendida. Se incorporó en su lugar e ignoró el molesto dolor que recorrió su tórax. – ¡Eres un desconsiderado, podrías haberlo dicho antes! – Regañó ofuscada.
- Bueno... no se dio el momento. – Dijo sin ápice de culpabilidad. Levantó el mentón y la miró firmemente.
- ¡¿No se dio el momento?! ¡Qué excusa! – Regañó con demasiado ímpetu. Adam sabía que la castaña estaba deshaciendo su frustración de todo el día con él y no se molestó en detenerla. – ¡Hemos tenido cientos de momentos! ¡Esto es importante, Adam!
- Lo sé. – Respondió sin inmutarse.
- ¿Cuándo pensabas decírmelo? – Preguntó con cautela. El ángel suspiró.
- Te lo he dicho ya.
- No juegues conmigo, Adam. Si no te hubiera preguntado, posiblemente jamás me lo hubieras dicho. – Acusó con lentitud para acentuar cada palabra pronunciada.
- Castaña...
- ¡Conoces las malditas locaciones! ¡¿Por qué no le has pedido ayuda a tu mentor, ángel arrogante?! - Preguntó con hastío. – Nos hubiera ahorrado muchos problemas...
- Hermione ya te-
- ¡En este momento no estaríamos aquí si hubieses dic-
- ¡Hermione! – La frenó levantando una mano. – Merlín no me puso las cosas más fáciles. Esa era su idea... ponerme pruebas. – Desvió la mirada por unos segundos aunque la miró de regreso rápidamente. – Los obstáculos fueron colocados por su mano.
Hermione lo miró sorprendida.
- ¿Y por qué haría eso? – Preguntó cautelosa.
- Porque sigo odia-despreciando a los humanos. – Se corrigió. – No aprendí la lección hace muchos años.
- ¿Y no la aprendiste por...? – Continuó interrogando ella mientras lo miraba perspicazmente. Adam sonrió por ese hecho.
- Porque descubrí que Merlín me había traicionado. – Respondió y su voz sonó fría y sin vida. Hermione ya se estaba acostumbrando a eso así que sólo rodó los ojos algo desesperada.
- Adam, no puedes contarme las cosas a medias... ¡Es insoportable! – Exclamó con una mueca frustrada. Adam sonrió de nuevo. - ¿Por qué te traicionó Merlín? – Preguntó con la voz seca. Sintió la garganta rasposa y Adam le pasó un vaso con agua.
- Merlín me entrenó y dio su tutoría bajo la promesa de no mentirme. – Comenzó despacio. – Un año después... cuando él tenía toda mi confianza y lealtad, me enteré que me había aceptado como discípulo a expensas de una promesa hecha a su mejor amigo años atrás...
Se detuvo y Hermione lo miró dándole confianza para que continuara.
- Mi... Zeles le pidió que me cuidara cuando él muriera. Merlín aceptó el mandato resguardando una amistad hecha entre la desesperación y la guerra. Merlín no aceptaba discípulos, jamás tuvo alguien poseedor de sus enseñanzas... Arturo fue elegido para portar la espada y Merlín lo guió en su camino al trono... – Dijo al ver la mirada interrogante y confundida de Hermione. La chica se mordió los labios tragándose exactamente esa pregunta. – A mí, sin embargo, me enseñó su magia.
Permaneció callado y la miró con esos ojos que a cada momento, a Hermione le parecían más y más profundos.
- ¿Sabes su... sabes conjurar su magia? – Preguntó incrédula.
- No, claro que no. Hay magia que sólo los de tu... que sólo los humanos pueden hacer. – Respondió como si fuera lo más obvio. – Sé los movimientos... el poder de los hechizos, la intensidad del ataque. Pero no puedo conjurar la gran mayoría. – La castaña asintió comprendiendo. – Sé secretos de Merlín. Conozco su vida. Conozco lo vil que fue Morgana. Conozco lo tentadora que puede ser Viviana... conocía al Leviatán, una de las criaturas del universo que le guardaba lealtad mortal a Merlín.
- Murió por él. – Comprendió la castaña. Adam asintió con aire orgulloso. – Protegiendo su legado.
- Merecía morir... – Susurró despacio tocándose el brazo que se había dañado y que aún sentía ausente. – Era un ser contaminado de oscuridad.
- ¿Cómo?
- Olvídalo. – Hermione hizo una mueca. – Cuando traicionó mi confianza... supe que odiaba a los humanos. Se dejan llevar por los sentimientos. Los inútiles sentimientos. – Murmuró. Hermione no dijo nada, sabiendo que no quería comenzar otra de esas discusiones.
- Pero... – La chica se detuvo un poco titubeante. - ¿En qué momento te traicionó?
Adam la miró largamente antes de contestar.
- Conocía a mi... a Zeles. Estaba bajo su tutela por él, Hermione. – Le dijo con un mueca indescifrable. – Me mintió. Yo odiaba a Zeles en esos momentos, era la causa de mi huida y de mi soledad. Pero estaba ahí, en cada paso que daba, aún muerto me seguía.
- Si me dijeras que Merlín te trató mal, entonces estaría de acuerdo contigo, Adam. – Rebatió la castaña con precaución. – Merlín te aceptó como discípulo, te cuidó y te enseñó cosas que el mundo entero desearía aprender. Yo no le veo la traición a eso. Diría más bien que te ayudó a formarte como lo que eres... un poderoso guerrero. – Le susurró despacio y levantó una mano para acariciarle el cabello castaño.
- No espero que entiendas lo que sentí. – Murmuró el castaño con frialdad. – Nadie entendería.
- Mhjm. Pensé que habías dicho que no sentías nada... – Le dijo para cambiar un poco de conversación. Sentía que el tema le dolía a su guardián más de lo que demostraba.
- A diferencia de los humanos, los ángeles no nos dejamos consumir por los sentimientos. – Respondió sin dejar su frialdad de lado. A Hermione la recorrió otro escalofrío y sus dedos le dolieron. Se cubrió más con las mantas de la cama y lo miró.
- ¿No puedes... amar? – Preguntó con titubeo.
- Claro que sí. – Asintió. – Puedo odiar. Pero el sentimiento siempre va a ser más profundo. – Explicó con calma. Hermione levantó la mano y le tocó la mejilla.
- ¿A qué te refieres? – Susurró.
- Yo no amo a una persona con el deseo carnal que ustedes materializan en los demás. Mi amor es más profundo, más interior, es lo que me forma como ser sagrado. Mi odio es más intenso que el que tú pudieras tener, es un sentimiento insoportable y agónico. – Dijo sin expresión alguna.
- ¿Es decir que... sufres odiando? – Preguntó ella horrorizada.
- Algo así. – Dijo tratando de no quedar muy expuesto. El ángel sentía que esta conversación se estaba volviendo muy íntima.
- ¿Y quieres decir que no puedes tener... pareja? – Preguntó con algo de incomodidad.
El ángel sonrió.
- No. Yo no amo como tú, Hermione. – Retiró la mano que seguía acariciando su mejilla y la colocó sobre el regazo de la castaña. – Mi especie no necesita ese tipo de amor... no necesita ese tipo de relaciones.
- Nada es igual que en los humanos, entonces. – Murmuró mirándolo a los ojos. – Ni siquiera el ámbito familiar.
- Una vez te dije que yo nazco de la esencia de otro ángel. Yo podría procrear un heredero de mi familia con un poco de mi naturaleza. – Le explicó. – Nos une sangre y materia. Lo sentimental es bastante subjetivo y exterior. Es sólo para proteger el legado de cada uno.
- Tu padre te amaba. – Aseguró la chica. Adam no respondió. – Estoy segura que tu hermano también lo hacía...
- Eso es pasado ahora. No tiene sentido hablar de ello. – Cortó con frialdad y se levantó. – Descansa, Hermione, en unas horas nos vamos.
- Adam... – Lo detuvo de la mano cuando el castaño ya le había dado la espalda. – Yo te quiero como mi familia.
El ángel no se volteó ni mostró expresión en su rostro.
- Lo sé, castaña. – La soltó y salió de la habitación.
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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Dos horas más tarde, los chicos estaban casi listos para partir. El cielo cada vez estaba más oscuro y todos se dieron cuenta de que no quedaba mucho tiempo para el eclipse.
Cuando Adam regresó a su habitación para despertar a Hermione, ambos se miraron a los ojos y el ángel supo que Hermione aún no podía caminar y por su expresión, se percató de que el cuerpo aún le dolía. Llamó a la pelirroja para que la ayudara a cambiarse y miró con mala cara a Viviana que se había ofrecido también. La mujer –que parecía más joven de lo que era- le acarició el rostro antes de entrar e ignoró su expresión fría.
Hermione entrecerró los ojos al verla y se cruzó de brazos tratando de aparentar indiferencia.
- Hola, pequeña. – Saludó con regocijo y esa sonrisa encantadora que ya empezaba a molestar a la chica.
- ¿Y Ginny? – Preguntó Hermione mirándola con mala cara.
- Ahora viene, estaba alistándose. – Respondió Viviana sin inmutarse. - ¿Te molesta algo, cariño?
Tú quiso mascullar sin razón aparente pero sólo negó con la cabeza.
- Claro, pequeña, te entiendo. – Le sonrió. Hermione quiso decirle algo pero en ese momento, su pelirroja amiga cruzó el marco de la puerta.
Ambas la ayudaron a levantarse y Hermione se sorprendió por el dolor recurrente que presentaban sus extremidades. No comentó nada y cuando estuvo cambiada y arreglada, esperó a su guardián sentada en la cama mientras las otras dos salían dejándola sola.
Empezaba a desesperarse pasados algunos minutos y en un acto imprudente, se levantó y quiso probar su suerte al dar un paso. Supo que había sido mala idea cuando desde la planta del pie un dolor agobiante ascendió por su cuerpo y se instaló en su cabeza mareándola inmediatamente. Vio el piso muy cerca suyo y sólo atinó a cerrar los ojos. Unos brazos la detuvieron antes de dar de bruces contra el frío suelo y la chica suspiró sonoramente.
- Gracias... – Susurró sin mirar su cara, segura de que su guardián iba a regañarla.
- ¿Qué crees que hacías, Granger? – Preguntó una voz altanera. Hermione se sorprendió al ver a Draco muy cerca de su rostro.
- ¡Draco! – Exclamó asombrada. Ella había estado segura que su guardián iba a ir por ella. - ¿Qué haces tú aquí?
- Yo he preguntado algo primero, Granger. – Alegó el rubio sin soltarla.
- Intentaba caminar, obviamente. – Respondió con el ceño fruncido.
- Y yo intento llevarte fuera, obviamente. – La arremedó él. Le pasó un brazo por debajo de las rodillas y la tomó en brazos.
- ¡¿Qué haces?! – Preguntó escandalizada. - ¿Dónde está Adam?
- Sé que te pone nerviosa mi presencia, Granger, pero hoy me toca llevarte... – Se burló. Miró el rostro indignado de la chica y sonrió. – Tu angelito necesita quitar el campamento y los hechizos de protección que había conjurado, Granger. Me ha pedido que te sacara.
Hermione quiso golpear su rostro y borrar esa maldita sonrisa que ya le estaba sacando de quicio. Aunque aceptaba que a veces le encantaba y la derretía. A veces.
- ¿Qué esperas, entonces? – Preguntó irritada por su sonrisa burlona y porque no se habían movido.
- Me encanta tu rostro, Granger. – Susurró Draco seductoramente.
Hermione se sonrojó violentamente y su cuerpo se tensó dolorosamente.
- Muévete. – Ordenó avergonzada y se aferró a su camiseta roja con ambas manos. Draco amplió su sonrisa y acató la orden saliendo de la habitación.
Los chicos y Viviana miraron desaparecer el campamento que había albergado a seis de los presentes entre un silencio discreto y casi nostálgico. Esta era la despedida del lugar que los había hospedado por tanto tiempo... ¿Una semana? ¿Un mes? Ninguno lo sabía con exactitud pero sabían que aquel lugar tétrico y sombrío, pero con una hermosura única, se quedaría en sus recuerdos para siempre.
Emprendieron su marcha de regreso entre un silencio pensativo. Atravesaron el bosque oscuro notándolo más apagado que antes, sintiendo el camino más largo y sin final. Miraron a su alrededor reparando en aquellos ojos que se ocultaban entre los árboles y seguían sus pisadas con cautela, ahechándolos a la distancia pero temiendo acercarse más de lo prudente.
Cuando atravesaron los límites del bosque tratando de ignorar a todos los insectos pegajosos que había en el suelo –Hermione aceptaba que esa parte si la estaba disfrutando, es decir, no pisar a los insectos-, la chica giró la cabeza para observar por última vez la majestuosidad de aquel bosque negro. Los brillantes ojos rojos y amarillos desaparecieron poco a poco, regresando a sus guaridas en las profundidades de aquel frondoso escondite. La castaña sintió un escalofrío recorrerla por completo pero sonrió con inaudita alegría ante un adiós demasiado deseado.
Se detuvieron cuando las olas estuvieron apenas a un metro de distancia de sus cuerpos. El panorama que se les presentaba los sorprendió en demasía. El castillo estaba ruinas, quedando de él los vestigios de una construcción anteriormente maravillosa y majestuosa. La oscuridad y soledad se cernían alrededor de los escombros del castillo y el sol y la luna estaban el uno sobre la otra a punto de consumar el eclipse. El cielo se tiñó de colores derivados del rojo sangre hasta el rojo vino y el morado. Las olas se mecían con mayor fuerza y el viento sopló con potencia meciendo todo a su paso.
Draco apretó el cuerpo de Hermione contra sí y la chica levantó la mirada para ver su expresión concentrada. Iba a decir algo cuando la voz de su guardián (a unos pasos frente a ellos) habló con seriedad.
- Estén preparados. Se acerca el eclipse. – Susurró lentamente.
Hermione no pudo evitar el aferrarse a la camisa de Draco y pronto, sintió como sus amigos se acercaban a ellos posicionándose a sus costados. Harry la miró con una mueca indescifrable y Adam les dio la espalda.
La chica se fijó que Viviana se mantenía impasible mientras miraba el esplendoroso fenómeno astrológico y se preguntó que estaría pensando. Aunque no tuvo mucho tiempo para analizar eso.
La luna y el sol se movían con rapidez, acercándose la una a la otra con expectante ansiedad. El cielo cambió de rojo a morado y de morado a unas leves tonalidades de azul. La luz brillante se estaba apagando a su alrededor y ahora apenas notaban las ruinas del castillo que les había dado la bienvenida a esa dimensión.
Pasaron unos segundos en silencio, expectantes por lo inesperado. Nerviosos por lo desconocido. Hermione apenas vio que sus amigos sacaban sus espadas (a excepción de Ron) y cuando giró su cabeza de nuevo hacia el horizonte perdido, la oscuridad abrumadora los envolvió.
Los colores vivos que flotaban en sus cabezas desaparecieron del cielo sin estrellas. Hermione sintió una sensación abrumadora embargarla, la ceguera a la que se veían sometidos los golpeó horriblemente, por primera vez, los presentes entendieron lo que era no poder ver nada. Draco la aferró contra sí y la castaña entendió que estaba temblando y no sabía por qué.
A unos pasos de ellos dos, Harry aferraba con fuerza la espada que Adam les había proporcionado antes de descender hacia Avalón. De repente, y sin sentido aparente, sintió que la espada entre sus manos se desvanecía. Abrió la boca sin poder dar crédito a lo que pasaba preguntándose qué había ocurrido cuando sintió que algo fino acariciaba sus manos, como arena que se meció entre ellas hasta desaparecer. Escuchó una exclamación de sorpresa a su lado y supo que a Ginny probablemente le había pasado lo mismo que a él.
El pelinegro sacó su varita rápidamente y conjuró un lumos casi con desesperación. Cuál fue su sorpresa al reparar que el hechizo no iluminaba nada a su alrededor. Sintió una opresión tremenda en el estómago y dio un respingo asustado cuando alguien le puso una mano en el hombro.
- Tranquilo, niño. – Susurró la voz del ángel con imperturbabilidad.
En el silencio, las respiraciones agitadas de los cinco magos se escuchaban como atormentadas exclamaciones de expectativa. Una ranura de luz se coló entre la oscuridad y Harry se tapó los ojos con una mano cuando el intenso cambio de brillo le provocó un dolor de cabeza abrupto.
La luz aumentó en intensidad y con un suspiro, los presentes se miraron entre ellos con alivio. Adam y Viviana eran los únicos impasibles ante los acontecimientos.
Una enorme ranura en forma de óvalo se materializó frente a sus ojos. El intenso brillo blanco se desprendió con fulgor y Adam dio unos pasos al frente, se giró hacia ellos y los observó con frialdad. La entrada para cruzar a su mundo se había abierto frente a sus ojos.
Harry, saliendo de su estupor ante semejante visión de aquella ranura que se abría en el aire, se dio cuenta de que una especie de arena plateada le mecía los cabellos creando un remolino a su alrededor. Ésta se alejó con premura y el chico parpadeó fuertemente cuando la vio alejarse sobre el cielo oscuro. A Draco, Hermione y a Ginny algo similar les ocurrió. Sus espadas se habían deshecho entre sus manos y ahora habían desaparecido con apremio en el horizonte.
- ¿Listos, niños? – Preguntó Adam sacándolos de sus pensamientos. Todos giraron sus cabezas hacia el ángel, pero sólo Hermione contestó.
- Por supuesto que sí. – Susurró con voz segura. El ángel asintió despacio y los repasó con la mirada.
- Despídanse de Avalón, mocosos. Regresamos al mundo real. – Murmuró con voz serena. Harry apretó la varita y Draco, con el cuerpo de la castaña entre sus brazos, avanzó hacia el castaño. Ron y Ginny los siguieron. El pelinegro echó una última ojeada a su espalda y también avanzó con la varita levantada y con una luz parpadeante sobresaliendo de ella.
Viviana fue la última en cruzar. Miró la playa con melancolía, el horizonte oscuro enmarcó su último recuerdo de esa isla perdida, de esa dimensión desconocida a la que llamó hogar durante tanto tiempo. Se giró hacia la ranura de luz y cruzó sin pensar más en Avalón. Suspiró un adiós pesado y sin felicidad. Después, la tierra sagrada se sumió en renovada oscuridad.
Cruzar el portal luminoso los llenó de un torrente de sensaciones. Sus cuerpos cansados y doloridos parecieron quitarse un peso de encima cuando vieron la luz del otro lado.
Se sentía como si hubiesen atravesado a otro mundo donde la gravedad era menos pesada y el ambiente menos agobiante. Pudieron respirar a todo pulmón, llenándose de oxigeno y aire puro sin apremio ni dolor. Sus cuerpos se relajaron al sentir el brillo de la luna sobre sus cabezas. Sus heridas ya no molestaron tanto como antes y sus cuerpos se sintieron repentinamente ligeros.
Ron se dejó caer a la hierba sin reparar en su alrededor, tomó grandes bocanadas de aire y se empapó del brillo de la media luna. Se tocó el hombro sintiendo la molestia de sus heridas como algo insignificante. Y sólo cuando su hermana dejó salir una exclamación de sorpresa, el pelirrojo salió de su ensoñación.
Iba a preguntar qué pasaba cuando reparó en el fragmento de luz que alumbraba sus cabezas. No era la luna como habían pensado en un principio, era el brillante sol que estaba a medias no por causas astronómicas patronales. Un eclipse estaba consumiendo a la estrella solar en el cielo, y Ron no fue el único en preguntarse la razón de dicho fenómeno tan repentino en la tierra.
- ¿Tiene algo que ver con... Avalón? – Preguntó la pelirroja mirando el rostro impasible del castaño. Adam la miró por unos segundos y luego asintió.
- El Eclipse de Avalón ha provocado un fenómeno en esta tierra... ha cruzado la dimensión hasta afectarla de cierta manera. – Adam miró a Hermione que seguía aferrada a los brazos del rubio y continuó. – Pasará en unos segundos...
Los presentes se quedaron en silencio admirando el horizonte donde el sol se perdía entre las sombras. Los colores rojizos y anaranjados empezaron a ser más notorios y la luz del día se apagaba lentamente sumiéndolos en una renovada oscuridad.
Harry bajó la vista para inspeccionar el lugar mientras movía sus manos sintiéndolas como si las hubiera tenido entumecidas por mucho tiempo. Frunció el ceño al ver escombros a su alrededor y reparó el lugar en el que se encontraban parados.
- ¿Qué paso aquí? – Preguntó a nadie en específico. Hermione y Draco giraron sus cabezas a él y luego inspeccionaron el lugar con la mirada.
- ¿Puedes bajarme? – Murmuró Hermione a Draco en el oído. – Creo que ya puedo caminar...
El rubio la miró unos momentos y luego, con delicadeza, la depositó en el suelo aunque no la soltó por temor a que se cayera. La retuvo de la cintura y aunque Hermione rodó los ojos frustrada, no replicó nada y dejó que el rubio tomara las precauciones que quisiera.
- Estamos en la cima del monte de Glastonbury. – Susurró ella sin dejar de analizar todo con la mirada. – Este es el lugar por el que entramos a Avalón... está...
- Destruido... – Completó Harry sin dar crédito a lo que observaba.
- Las consecuencias de la batalla que tuvimos aquí. – Murmuró el ángel sin dejar de observar el cielo.
Todos lo miraron y un escalofrío los recorrió al recordar ese momento.
Viviana se acercó hasta quedar frente al ángel y lo miró con intensidad.
- Te pagaré la deuda de Merlín, cariño, es lo menos que puedo hacer por ti. – Le susurró en el oído. El castaño permaneció impasible mirando el horizonte.
La mujer le acarició la mejilla al ángel y sonrió con genuina ternura.
- Fuiste como un hijo para Merlín, Kalyo... y sabes que todo lo que hizo era con el único propósito de tu bienestar. – Le susurró evitando que los demás presentes la escucharan. – Cuida a la chica, amor, se lo merece.
Le dio un beso en la mejilla, intenso y cálido y esta vez el ángel no se separó de ella, permaneció tranquilo, mirando el eclipse que ya estaba por consumarse. No se movió y no la miró.
Cuando el sol desapareció en el cielo, un viento helado los envolvió en un remolino, Viviana retrocedió dos pasos mirándolos con una sonrisa y quedando fuera del alcance de ese extraño fenómeno. Después, con una confusión implantada en el rostro, sintieron el suelo bajo sus piernas desaparecer. Viviana le susurró un adiós al viento y ellos, entre luces de colores y parpadeos a su alrededor, dejaron la torre de Glastonbury y sus ruinas atrás desapareciendo del lugar inmediatamente.
Adam apenas se giró a verla y vocalizó un gracias que nadie alcanzó a escuchar. Viviana no lo necesitaba, ella lo sabía.
Y, la mujer, sintiendo su libertad en el viento, cerró los ojos y disfrutó la tierra que hacía tanto tiempo no pisaba.
Todos...
...habían vuelto a casa.
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¡Hola!
Chicos y chicas...
Este día no tengo excusa válida para mi ausencia.
Lo único que tengo para decir es que mi inspiración se fue volando pero antes se giró y con una mueca sarcástica, se burló de mí. Así como lo escuchan... leen. Este capítulo me ha costado mucho trabajo sacarlo adelante pero lo he terminado al fin, dos días después de ser 14 de febrero.
Por cierto...
¡Feliz San Valentín a todos ustedes!
Bueno, hablando del capítulo, ha salido Viviana otra vez, y se ha mencionado a Merlín nuevamente. Probablemente, esta sea la última vez que veamos a la mujer hermosamente hipnótica. Harry se ha metido en problemas por su causa pero ha sacado beneficios por ese pequeño desliz: celos de Hermione. Ah, estos enamorados.
Ahora mismo les daré un extenso descanso de la sangre, me centraré un poco más en las relaciones entre los personajes y me meteré a analizar profundamente sus sentimientos. Bueno, en realidad son tres capítulos sin peleas ni aventuras, pero algo es algo.
Debo decir también que en este momento estamos a mitad de la historia, estoy impresionada porque aún recuerdo la primera vez que actualicé un capítulo. Me alegra mucho que ustedes la sigan y saben que este fic no sería nada sin ustedes. Les doy toda mi gratitud por seguirme, tenerme paciencia y sobre todo por dejarme sus valiosos comentarios que solo me alimentan la inspiración y las ganas de seguir escribiendo... así que... ¡Muchas Gracias!
Otro aspecto importante de esta historia, ha sido de nuevo la controversia de los sentimientos de Kalyo. Como se han dado cuenta, he dejado claro que el ángel no puede amar de la forma que lo hacen los humanos y entre él y Hermione ha habido una pequeña pero profunda conversación acerca de eso. Chicas, sé lo mucho que algunas de ustedes desean sobre una relación, pero he sido fiel a mi idea original y hasta el momento no he cambiado nada de lo que tenía pensado hacer hace ya dos años atrás cuando esta idea se me vino a la cabeza. De verdad, sé cuanto lo desean, pero en mi cabeza es imposible. Kalyo es un ángel y es la representación del hermano muerto de Hermione.
Bueno, sobre Perseus y Voldemort pronto sabremos, así que no se me desesperen, hay algunas sorpresas por ahí. Los gemelitos, ya mero vienen también. Y todos los demás, nuestros protagonistas ya han regresado.
Bueno, el próximo capítulo tiene un titulo indefinido pero actualmente se llama: "El anhelado retorno." Como digo, este puede cambiar.
Me despido, gente, muchas gracias de nuevo por el apoyo y la paciencia que me tienen, espero que este capítulo que aunque no es extremadamente relevante, les guste. Es lo que ha salido y es el puente para que los chicos regresaran a su dimensión.
Por cierto, aún voy a estar otro poco más en USA, he perdido otro semestre de la universidad pero vale la pena por lo que estoy haciendo. Para alivio de algunos, tendrán actualizaciones-no-tan-tardías y autora descansada para rato.
Que estén bien todos.
¡Mágicos Saludos!
Su amiga que los quiere,
DarkGranger.
