Una profecía de los cielos
Draco Dormiens Nunquam Titillandus
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Recomendación Musical: "My Immortal" - Evanescence
29.-Acepto
La fe es la sustancia de las cosas que se desean.
La vida no es tener lo que quieres, sino querer lo que tienes.
Maldición, ¿Qué estaba haciendo?
- ¡¿Qué haces?! – Preguntó escandalizada mientras empujaba al chico. Draco sonrió.
- Te beso. – Respondió sencillamente y se volvió a acercar. Hermione retrocedió.
- Prometiste no presionarme, Draco... – Señaló ella con el ceño fruncido.
- Yo no te estoy presionando, Granger. – Respondió con una expresión de lo más inocente. La castaña frunció la boca.
- Hermione. – Corrigió y suspiró. – Meterme la lengua hasta la garganta no entra en mi lista de inocente y paciente espera, Malfoy.
- Lo estabas disfrutando, acéptalo. Además... – Agregó al ver que la chica iba a rebatir. - ...besarte es mi método de conquista. Es para que tú decisión sea favorecedora y acertada.
- Lo único que vas a causar con tanta arrogancia es que diga un rotundo no. Además... Esta discusión es ridícula. No puedes besarme así porque sí, somos amigos. – Puntualizó enfadada.
- En tus manos está el poder para cambiar eso, Granger. – Señaló el rubio con burla.
- Hermione. -Corrigió de nuevo. - Escucha, Draco, esto me confunde mucho. Yo soy una chica normal que no está acostumbrada a estas situaciones, una chica que pasa desapercibida para los hombres y ahora... esto. Mi mejor amigo se fija en que existo... y tú... – Susurró y un color rosado cubrió sus mejillas. – Tengo miedo de lo que pueda sentir por ti.
- Y por primera vez, Hermione Granger no sabe que responder ante una pregunta. – Se burló el rubio mientras se cruzaba de brazos y levantaba una ceja. Hermione rodó los ojos.
- Sí, es verdad. Ahora, sal de mi camino. – Exigió ofuscada por la burla de su compañero. Draco soltó una risa entre dientes y retuvo a la castaña por el brazo.
- Ya, Granger, no te enojes. Me gusta besarte y no puedes impedir que lo haga. – Dijo sencillamente. Hermione suspiró.
- Eres imposible. Y es Hermione. – Murmuró entre dientes. Lo miró fijamente. – Pero tienes razón, Draco, te he hecho esperar mucho tiempo y creo que es hora de darte una respuesta. No es justo para ti... ni para mí.
Algo brincó en el estómago del rubio. Sorprendentemente, se puso nervioso. Claro que no lo demostró.
- ¿Y? – Preguntó algo ansioso.
- Lo he estado pensando y yo... y-yo creo que... – Se detuvo a tomar aire y lo miró fijamente. – Creo que sí. Sí quiero intentar algo contigo. – Se sonrojó de nuevo.
Una sonrisa –demasiado arrogante la verdad- se formó en el rostro del rubio. Hermione no tuvo tiempo de hacer nada porque Draco ya la estaba besando de nuevo. La levantó del suelo y la dejó a la altura de su rostro para poder besarla al antojo. Hermione se rió entre el beso y entrelazó sus manos alrededor del cuello del chico.
La castaña aceptaba que esto de besar a Draco era bastante placentero.
- Draco... – Susurró como pudo. El rubio la acalló de nuevo. – Draco...
- ¿Qué? – Dijo y se separó unos centímetros, sus respiraciones entrecortadas se mezclaban y sus narices estaban rozándose. Al parecer el chico se impacientó por la espera pues la besó de nuevo. Hermione sonrió.
- Tengo una condición que imponerte. – Murmuró la castaña en cuanto el chico la devolvió al suelo. Draco frunció el ceño pero no dejó de abrazarla por la cintura.
- ¿Qué, Granger? – Preguntó con desinterés. Demasiado embobado para darse cuenta de que parecía un quinceañero enamorado.
- Eso exactamente. – Recalcó mientras se cruzaba de brazos y echaba la cabeza hacia atrás para verlo fijamente a los ojos. – Deja de llamarme Granger... es Hermione.
- Me gusta tu apellido... – Susurró con la voz acaramelada y seductora. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la castaña. El chico inclinó la cabeza para alcanzar sus labios pero Hermione se recobró a tiempo y se echó para atrás de nuevo.
- Eso no es justo. Yo quiero que me digas Hermione. – Respondió ella con una sonrisa.
- Tengo otras formas de llamarte, cariño. – Otra vez ese maldito tono empalagoso. Hermione no pudo resistirse esta vez a besarlo. Draco sonrió respondiendo su beso con intensidad.
- Hermione. – Corrigió la chica en cuanto se separaron. Draco no dejó de sonreír y Hermione supo que esa sonrisa arrogante le encantaba.
- Está bien... Hermione. – Dijo y para sorpresa de la castaña, Draco pronunció su nombre con demasiado esfuerzo. – Esto es extraño.
- Sí, incluso para mí. – Aceptó emocionada. Se puso de puntitas para besarlo de nuevo –ahora aceptaba que esto de besarlo se estaba volviendo medio obsesivo- cuando reparó en algo al final del pasillo en el que estaban medio abrazados. Se separó del rubio automáticamente. Incluso pensó que para una persona menos fría (Draco no entraba en esa categoría) hubiera herido sus sentimientos con tan brusco movimiento. Y aunque supo que ni siquiera le había afectado su brusquedad, Hermione le dirigió al chico una mirada de disculpa y una sonrisa resignada.
- Hermione... – A la chica no le pasó desapercibido el esfuerzo que salió de su voz al pronunciar su nombre de nuevo. Sonrió. – Si quieres que esto realmente funcione, tendrás que dejar que te toque en público. – Suspiró Draco pero no había amargura ni reproche en su voz. Más bien era burla, Hermione se enteró entonces que se había ruborizado.
- No es eso, Draco, de verdad. – Aceptó. – Es Ron... y... Harry.
- Ahh, Potter, claro. – Respondió con hastío mal disimulado. Hermione hizo una mueca. Agradeció que Draco no se girara para ver a sus amigos.
- Necesito hablar con él. – Susurró despacio y trató de ver, sobre el hombro de Draco, si su amigo seguía al final del pasillo. Se fijó que Ron caminaba hacia ellos, contrario a lo que pensaba, no parecía molesto por su situación con el rubio, más bien parecía confundido y resignado.
Y efectivamente, atrás del pelirrojo estaba Harry y la miraba con los ojos cargados entre una mezcla de tristeza y decepción. Eso le encogió el corazón de manera dolorosa.
- Draco... tú sabes que no te amo... ¿verdad? – Susurró ella con tristeza. Draco sonrió. – Te quiero pero no te amo.
- Aún no, Granger. – Murmuró empalagosamente con seguridad y altanería. La chica ni se molestó en rodar los ojos. – Y ve con Potter antes de que me arrepienta. Y déjale en claro que ahora eres mi novia.
La chica se sonrojó y lo miró con agradecimiento.
- Gracias, algunas veces creo que no merezco tanta comprensión de tu parte. – Le dijo y le besó la mejilla con cariño.
Se alejó de su ahora novio y miró que Harry se recargaba contra la pared sin dejar de verla fijamente. Pasó al lado de Ron y éste le dirigió una mirada de incertidumbre, la chica le sonrió con cansancio y se despidió de él con la mano. El pelirrojo continuó su camino y apenas le dirigió un cabezazo al rubio a manera de saludo. Draco alzó las cejas y se cruzó de brazos mientras le echaba una última mirada a Hermione y se perdía al final del pasillo.
Hermione se sintió incómoda y se detuvo a dos metros del cuerpo de su mejor amigo, quería preguntarle cómo se sentía, qué le había pasado esa mañana, pero sabía que era algo de lo que no podrían hablar en esos momentos. Harry bajó la cabeza y se cruzó de brazos.
- Malfoy. – Susurró con la voz monótona. El flequillo pelinegro le ensombreció el rostro y la castaña se mordió el labio inferior, dudando si acercarse a él o no. Al final se quedó donde estaba. – Has elegido a Malfoy.
- No puedes decir que lo he escogido a él sobre de ti, tú ya no estabas en mi lista. – Lamentó sonar tan cruel pero su tono de reproche la molestaba.
- Lo sé, yo deje tu "lista" hace tiempo ¿no? – Preguntó sin mirarla. Hermione respiró profundo para mantener la paciencia.
- Harry, te he dado mi amistad incondicional a pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros. Tú decidiste terminar con lo que quiera que teníamos y me has rotó el corazón. Me has lastimado de verdad. – Murmuró con voz apagada. – Me celaste aún a pesar de que tú mismo me alejaste... ahora, pareces sentirte despechado porque quiero intentar algo con Draco. Y creo que, definitivamente, no tienes ningún derecho de hacerlo.
- Tienes razón. No podía soñar con que me esperaras. – Susurró el pelinegro y la miró con tristeza. - Estamos a mano, entonces... yo te he roto el corazón... y tú... – Murmuró con amargura pero no terminó la frase.
- Harry, las cosas no son así y lo sabes. – Dijo ella algo afligida. ¿Le había roto el corazón? ¿Eso era lo que había insinuado? - ¡Tú me alejaste! ¡Tú fuiste el cobarde! – Exclamó algo que se había estado guardando hacía tiempo. Se arrepintió inmediatamente al ver el rostro descompuesto de su mejor amigo.
El chico sacudió la cabeza con dolor.
- Sí. Yo fui el cobarde que sacrificó su felicidad por la seguridad de la mujer que más amo.- Respondió él con un nudo en la garganta. A Hermione se le encogió el corazón al escuchar aquello. – Y no te voy a reprochar nada, Hermione. No te vengo a impedir nada. Es tu vida y me alegro que encuentres un poco de paz en ella. Sé que él te hará feliz, Draco te quiere... pero no tanto como yo te quiero. – Susurró Harry con tristeza resignada. - Él no te conoce tanto como yo te conozco. Y nunca lo hará.
- No. – Asintió ella. – Tal vez no. Pero lo escogí a él. – De nuevo se lamentó de sonar tan dura. – Lo nuestro se acabó y yo sólo quiero vivir el momento, algo que, precisamente, tú no quieres hacer.
Harry suspiró con tristeza y no la volvió a mirar. Después, se marchó sin decir nada.
Hermione no tuvo las fuerzas para detenerlo. Dos lágrimas corrieron por sus mejillas mientras el amor de su vida se alejaba por aquel oscuro pasillo. Se pasó la mano por los ojos con fuerza.
Ella ya no lloraría por Harry Potter.
Ya no más. Ahora tenía a Draco a su lado.
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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Harry llegó a su habitación furioso consigo mismo.
¿Hermione y Malfoy? Merlín, eso era más de lo que hubiera imaginado.
Él era un tonto. Lo sabía.
Pretender que su amiga lo esperaría era algo demasiado surrealista. Pretender que él podría darle un poco de paz lo era aún más.
Le dio una patada a la mesita de noche que estaba a un lado de su cama y dejó salir un gemido de dolor cuando notó sus dedos crujir dolorosamente.
Se sentó en el borde de su cama y se cubrió el rostro con las dos manos. Respiró profundamente mientras intentaba tranquilizarse. Se sentía mal, triste y estúpido. Un vacío se le había instalado en el pecho y comenzaba a molestarle de una manera aterradoramente dolorosa.
Tal vez... sólo tal vez... Malfoy podría ofrecerle esa felicidad que su mejor amiga necesitaba. Harry ya no podía seguir luchando contra lo inevitable. Hermione debía seguir su vida sin él, pues el chico sabía que su cabeza estaba de todo menos estable y no podía ofrecerle nada a la castaña. Su amiga era buena, comprensiva y él no la merecía.
Maldición. Como odiaba a Voldemort, como odiaba su destino. Si tantas vidas no dependieran de su victoria él probablemente desaparecería. La gente esperaba algo de él que no sabía si iba a poder dar. Era catalogado como héroe por algo que ni siquiera recordaba y eso lo molestaba.
Apretó los dientes, impotente por su desastrosa vida. Hermione era todo lo que quería en esos momentos. Era lo que menos podía tener.
Sabía que no debía culparla por escoger a Malfoy... pero se sentía de cierta manera traicionado, herido. Quería, con todas sus fuerzas, quitarse ese sentimiento de celos del pecho. Ese fuego doloroso que se había extendido dentro de sí cuando había mirado a su mejor amiga besándose con el engreído hurón. Todo lo que quería era ir con Hermione, apartarla del maldito hurón, besarla y decirle lo mucho que la quería.
Pero no podía. No podía ser egoísta con ella. Con la mejor persona que había conocido. No podía hundirse para arrastrar a Hermione con él... porque aún muerto, sabía que no se perdonaría si a ella le pasara algo.
Su cabeza se estaba llenando de sentimientos negativos que lo estaban hundiendo en un estado de soledad peligrosa. Pero él no se daba cuenta.
La cabeza comenzó a dolerle de nuevo y reprimió un jadeo cuando el dolor le cruzó las sienes y se instaló en su cicatriz.
Cerró los ojos fuertemente y sintió que la oscuridad invadía sus sentidos. No supo exactamente en qué momento, pero, pronto, se sumió en una inconsciencia que lo dejó tendido en su cama, sudando y jadeando por un sentimiento agónico e indescriptible.
OoO
Harry se levantó tambaleante. Miró a su alrededor tratando de visualizar su entorno, sentía un calor insoportable por todo el cuerpo y sus ojos apenas se acostumbraban a la oscuridad que reinaba su alrededor.
Dio un par de pasos tratando de encontrar un sustento en las paredes pero no consiguió recargarse con nada. Parecía estar en un lugar aislado y caliente. Sintió una punzada de dolor en la frente y se llevó una mano a la cabeza.
Sus piernas temblaron. Su cabeza comenzó a darle vueltas. Cayó de rodillas sin pretenderlo y apretó la zona adolorida de su frente. Escuchó vagamente unos pasos, pero a medida que pasaron los segundos, el sonido de las pisadas se hizo completamente audible para sus oídos.
Alguien se colocó frente a su cuerpo convulsionante pero el pelinegro sentía la cabeza tan pesada que le resultó un enorme esfuerzo levantar los ojos para encarar a la persona que tenía a su lado.
Vio rojo.
Los colores se le cruzaron y la difusa forma de una persona se le materializó con intensidad.
Corrección. Eso no era una persona, era una bestia.
Voldemort estaba parado frente a él, mirándolo, estrujándolo con esos ojos de un intenso color escarlata. Brillantes, sedientos de algo que Harry no pudo definir.
Unas intensas llamas se expandieron a su alrededor mientras Voldemort curvaba su línea labial en una sonrisa tétrica y sin vida. A Harry le ardió la cara por la intensa ola de calor que chocó contra su cuerpo. Gimió de dolor al sentir su cabeza agonizar de dolor, un líquido comenzó a bajar por su frente y no necesitó llevarse una mano a la cicatriz para comprobar que estaba sangrando.
- Un gusto verte de nuevo, Harry Potter... – El chico no pudo responder. Apretaba tanto los dientes que las mandíbulas comenzaron a temblarle. El siseo tenebroso del señor oscuro le causó unos escalofríos terribles.
Las llamas empezaron a iluminar la estancia y la visión de una espantosa caverna le sorprendió lúgubre y tétrica. Un sentimiento de desesperación lo embargó rápidamente y apretó los ojos de nuevo. El miedo lo envolvió dolorosamente y la sensación horrible de pánico cada vez era más intensa. Se aferró el pecho, justo encima del corazón, con la mano que no apretaba su cabeza.
- Mira, Potter, mira eso... – Siseó Voldemort con crueldad. Levantó la cabeza de Harry jalándole el cabello y dirigió su rostro hacia el frente. Para sorpresa del chico, no sintió dolor en su cuerpo, el dolor era más interior que físico. Y eso era mucho peor.
Las llamas ardían en esa extraña locación. Harry fue vagamente consciente de que la altura era inmensa, como si estuvieran en el interior de la tierra, pero no pudo descifrar aquel aspecto tan extraño. Una enorme figura se materializó entre las sombras de la infernal masa de fuego y su rostro pálido y afilado se le hizo vagamente familiar, pero no estuvo muy seguro de dónde.
Se horrorizó de inmediato al percatarse de que el ser que se encontraba a escasos metros de distancia traía un bulto entre las manos. El ser arrastró al bulto y éste empezó a gemir de dolor. Harry intentó gritar, intentó levantarse, pero no pudo.
- Esto es lo que le pasará a ella muy pronto, Potter. Y ni tú ni nadie podrá evitarlo. – Le susurró Voldemort con sadismo. Harry dejó escapar un gemido lastimoso y el señor oscuro le soltó la cabeza. El pelinegro apretó los parpados, obligando a su cuerpo a moverse. No pudo hacerlo.
Voldemort dio un par de pasos a su alrededor y se detuvo frente a él. Le cogió la barbilla y levantó su cabeza de nuevo. Harry entreabrió los labios y sintió un jalón en el estómago.
- Relacionarte con las personas sólo aumenta tus debilidades, Potter. – Le susurró con la sonrisa más horrible que Harry hubiese visto. Después, soltando su cabello y retrocediendo unos cuantos pasos sin dejar de mirarlo, el señor oscuro desapareció.
Las llamas lo envolvieron, sintió el dolor atravesarlo, escuchó un grito aterrador que perforó sus tímpanos, y acostado en su cama, un pelirrojo logró detenerlo de una caída espantosa.
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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Se dejó caer en una de las sillas de la biblioteca y escondió su rostro entre sus manos. No pasaron más de cinco minutos cuando sintió como alguien se sentaba a su lado. La familiar presencia la reconfortó un poco y no se giró a mirarlo pues ninguno de los dos necesitaba que lo hiciera.
- ¿Pasa algo? – Le preguntó la voz tranquila de su guardián. Hermione suspiró, no muy segura si decirle la nueva noticia de una vez. Al final decidió que era lo mejor.
- Sí. Tengo que decirte algo. – Murmuró no muy segura. Retiró sus manos de su rostro y lo miró fijamente. – Tal vez no te agrade mucho. – Advirtió con la voz rasposa.
El castaño negó con la cabeza restándole importancia e incitó a la chica para que continuara.
Hermione suspiró de nuevo antes de hablar.
- Tengo novio. – Murmuró y cerró los ojos dejando caer su cabeza contra sus manos.
Adam no dijo nada y la miró por largos minutos con actitud impasible. Hermione se mostró nerviosa ante el silencio y levantó la cabeza para chocar sus ojos contra los suyos plateados. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal al ver la imperturbabilidad y frialdad de su mirada.
Adam exhaló aire elegantemente y se llevó la mano hacia el mentón mirándola de manera pensativa.
- ¿Potter? – Preguntó con voz neutra y sin emoción.
- No. – Respondió en un susurro. Se removió incómoda y desvió la mirada mientras jugaba con la portada de uno de sus libros. – Mhmm... Draco.
El ángel se irguió en su lugar y tamborileó los dedos sobre la mesa sin dejar de mirarla.
- ¿Vas a decir algo? – Preguntó la chica al fin, ya impaciente y con los nervios de punta.
- Cada vez entiendo menos a los humanos... – Aceptó el castaño sin cambiar su expresión neutra.
- ¿Es todo lo que vas a decir? – Preguntó Hermione sorprendida. - ¿Y los gritos y regaños? ¿Y la prohibición? – Tanteó insegura.
- ¿Serviría de algo hacerlo, castaña? – Preguntó con su voz arrogante mientras embozaba una media sonrisa.
- No. – Concordó la castaña rápidamente. – Pero no solía importarte.
- Bueno, Hermione, he aprendido que los humanos deben aprender de sus errores... solos. – Dijo y se encogió de hombros. Hermione lo miró insegura.
- ¿Crees... crees que es un error? – Preguntó bajando la mirada. - ¿Estoy cometiendo un error? – Repitió con tono más bajo. Adam miró su castaño cabello por unos segundos y luego suspiró.
- No, castaña. – Respondió, pausado para que su voz fuera más sincera. – Pero tampoco creo que sea algo... prudente. – El castaño reprimió el decirle que la veía muy feliz y que eso sólo lograba hacerlo sentir condenadamente bien, pero temió parecer demasiado cariñoso y aún no estaba preparado para eso.
Hermione suspiró de nuevo y asintió con la cabeza.
- Pero es algo que debo enfrentar por mí misma. – Razonó ella. Adam sonrió, orgulloso de su tenacidad y perspicacia. Eso le agradaba de ella, no tenía que darle tantas explicaciones para que entendiera.
- Pero no estoy contento. – Puntualizó él sin dejar de sonreír. Hermione le sonrió de vuelta. – Y no quiero nada indebido. – Advirtió con seriedad.
- Me lo esperaba... – Murmuró la chica con gracia mientras reprimía una sonrisa. – Gracias. – Agregó mirándolo con cariño. El ángel rodó los ojos y apoyó sus codos sobre la mesa.
- Sí, sí... – Le restó importancia. - ¿No hay algo que quieras preguntarme?
- ¡Es cierto! – Exclamó ella, recordándolo. - ¿Dónde te metiste toda la mañana, eh? – Lo señaló frunciendo el ceño. Los ojos plateados del ángel brillaron.
- Vaya... me tenías preocupado, te habías tardado en preguntar... – Se burló. Hermione se rió. – Te traje un regalo, estuve hablando con Ryan...
Hermione levantó una ceja mientras miraba como el castaño extraía algo de su bolsillo. Adam se levantó de la silla y se puso en la espalda de la castaña. La chica esperó expectante.
- Cuídala. – Le susurró cerca del oído. Hermione sintió una fina cadena de metal rodearle el cuello y bajó la vista para apreciar, no sin cierta sorpresa, que Adam le había colocado una réplica del collar que había perdido en Avalón.
La miró bien, aún sorprendida, y se dio cuenta de que el colgante era diferente al primero que había tenido. La cruz seguía siendo plateada pero ahora llevaba tallados diferentes símbolos que no podía reconocer. Era más pequeña pero increíblemente más hermosa y lucía incrustaciones de diamantes azulados y brillantes. En el centro, el collar tenía un diamante de mayor tamaño que brillaba de color dorado y verde.
- Es hermoso... – Susurró admirándola. Adam sonrió a su espalda y regresó a instalarse en la silla que estaba a su lado. – Es completamente diferente al que tenía antes... Gracias. – Le dijo mirándolo con una sonrisa.
El castaño se cruzó de brazos y alzó una ceja.
- Actúa diferente. – Murmuró. – Me llamarás si aprietas el diamante del centro... pero este colgante percibe tus sentimientos... y te protege creando una barrera a tu alrededor, lo suficientemente resistente hasta que yo acuda a tu encuentro. No quiero que te pase nada malo de nuevo.
- Vaya. – Se sorprendió. – Es fascinante...
Adam sonrió. Hermione le regresó el gesto y después de unos minutos en silencio, ambos se dirigieron a la sala común de Gryffindor.
Hermione seguía observando el colgante sintiéndose completamente tonta por haber pensado que Adam la había descuidado durante toda la mañana. Se percató con cierta aprensión que empezaba a acostumbrarse demasiado a la presencia del castaño ángel. No quería pensar mucho en lo que pasaría si lo perdiera a él también pero era algo un poco imposible. Ella no le había mentido cuando le aseguró que lo quería mucho, que lo consideraba su familia y ahora aceptaba que era un sustento demasiado importante en su vida. Él había llenado un agujero en su pecho que había pensado jamás se iba a llenar y no estaba muy segura si podría soportar tener ese vacío de nuevo.
Lo miró de reojo y no pudo soportar el pensamiento de estar sin él a su alrededor y aguantar sus regaños y sobreprotecciones. Se regañó mentalmente y exhaló aire profundamente, obligándose a no pensar en eso ahora. Adam estaba con ella, y por lo menos en esos momentos, no la iba a dejar.
- ¿Estás bien? – Preguntó el ángel al verla tan pensativa. Hermione abrió la boca un par de veces pero ningún sonido escapó de ella. Finalmente negó con la cabeza y ambos siguieron caminando. Adam carraspeó llamando su atención cuando faltaban un par de pasillos para arribar a su destino. Hermione le miró curiosa. – No quiero que te comportes muy... humana.
La castaña se detuvo y lo miró fijamente analizando sus facciones. Para su sorpresa -demasiada sorpresa- Adam parecía incómodo con aquello.
- ¿Qué has dicho? – Preguntó, pensando que había escuchado mal. ¡Era humana, santo cielo!
Adam carraspeó de nuevo y miró a través de una de las ventanas. El sol estaba a punto de ocultarse tras el lago y el cielo estaba brillante mezclando colores anaranjados y amarillos en el horizonte.
- Con Malfoy, me refiero. – Murmuró con un tono extraño. – Que no te comportes tan humana como para disfrutar de todas las connotaciones que ser terrícola significa.
Hermione seguía sin comprenderlo.
- No te entiendo. – Aceptó sinceramente sin dejar de mirarlo.
- Situaciones indebidas, Hermione... besuqueos y manoseos... no lo sé, esas pasiones y lujurias humanas que ustedes tanto disfrutan... y... – Se calló, bastante incómodo. Hermione sintió su rostro arder al comprender a lo que se refería su guardián. – Lascivia, sexo... eso, castaña.
- ¡Por Dios! – Exclamó ella, avergonzada. Se tapó el rostro con las manos y apremió su paso por el pasillo. El ángel la siguió. – No puedo creer que hayas dicho eso... – Murmuró. No sabía si ofenderse, avergonzarse más o enfadarse. ¡Cómo si él tuviera derecho a meterse en esos aspectos de su vida!
- ¡Hey! Estoy hablando bastante enserio, castaña. – Gruñó el castaño a su espalda. – Soy bastante consciente de que no soy un experto en ese tema... no soy humano y esas... necesidades son sólo suyas. Pero tengo bastante conocimiento como para saber que los humanos se vuelven estúpidos y erráticos cuando las relaciones sexuales están de por medio. – Murmuró con seriedad. – No quiero que te metas en problemas... he oído que pueden utilizar protecci-
Hermione se tapó los oídos.
- Está es una conversación que, sinceramente, no estoy dispuesta a mantener contigo. – Se horrorizó avergonzada mientras apuraba el paso. Adam abrió la boca de nuevo, mosqueado porque ella lo había interrumpido. Hermione echó a correr. - ¡No quiero hablar de eso contigo, Adam, déjame en paz!
El ángel se detuvo a mitad del pasillo y miró la silueta de la castaña hasta que desapareció. Suspiró profundamente, extrañado y confundido, preguntándose por qué Hermione había reaccionado de esa forma. ¿No se suponía que aquello era normal en los humanos?
Bufó, bastante exasperado.
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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
Al día siguiente, cuando Hermione bajó al gran comedor, sintió la mirada de todos sus compañeros de casa sobre ella. Pensó que podrían ser paranoias suyas pero cuando Ginny se acercó a ella corriendo y la abrazó fuertemente, supo que la noticia ya había sido difundida quizás por todo el castillo. Algo que, definitivamente, la avergonzó en demasía.
Cuando Ginny la soltó del abrazo, tenía una sonrisa sincera en su rostro, aún así, Hermione percibió un atisbo de perspicacia en sus ojos cafés.
- ¿Con Malfoy, eh? ¡Suertuda! – Exclamó la pelirroja con una sonrisa. Hermione suspiró mientras negaba con la cabeza pero también sonrió.
- Gracias. – Dijo ella no muy segura. - ¿Has oído algo de tu hermano?
- Si, piensa que es el fin del mundo. – Susurró la pelirroja con burla. – Pero acepta tus decisiones y cree que si para ti es correcto entonces está bien. Yo creo que estar con Luna le ha hecho madurar bastante.
- Yo también lo creo... – Aceptó ella, convencida de que debía agradecerle enormemente a su pelirrojo amigo por su apoyo. - ¿Has... has sabido algo de Harry? Hablé con él... pero no quedamos en muy buenos términos... – Susurró con cierta tristeza.
Ginny levantó una ceja con gesto serio pero no respondió. Desvió sus ojos hacía un punto especifico de la larga mesa de Gryffindor y la dejó ahí por varios segundos.
Hermione siguió el rumbo de su mirada y se topó con la imagen deplorable de su mejor amigo. Estaba sentado, alejado de los demás alumnos, con gesto pensativo y mirada triste. Revolvía su plato de cereal con insistencia pero se notaba que no había probado bocado desde que se lo había servido.
Estaba decidida a ir a su lado y hablar con él cuando alguien respiró en su nuca. Un escalofrío le recorrió la espalda y se giró para toparse con unos brillantes ojos grises. Draco le sonrió y le regaló un casto beso en la comisura de los labios.
Sintió su mano entrelazarse con la suya y el rostro de la chica se cubrió de un ligero tono rojizo.
- Buenos días, preciosa. – Le murmuró sin importarle que la mitad del alumnado los estuviera observando.
- B-buenos días, Draco. – Balbuceó nerviosamente. Sintió su sonrojo aumentar cuando Draco le pasó su otro brazo por la cintura y pegó sus labios a su mejilla. Cuando se quiso dar cuenta, Ginny había desaparecido de su lado.
- ¿Cómo amaneciste? – Preguntó con voz seductora y acaramelada. Hermione se tensó.
- ¿Q-qué haces? – Preguntó removiéndose entre su abrazo. Draco sonrió y se despegó lenta y tortuosamente de ella.
- Abrazo a mi novia. – Murmuró jovialmente sin soltarle la mano.
- Todo el mundo nos está mirando. – Susurró Hermione mientras caminaba hacia su mesa. Draco seguía sin soltarla y a la castaña no le importó cuando se percató que el rubio tenía toda la intención de sentarse con ella.
- No me importa. – Aseguró el chico mientras echaba un vistazo a la mesa de Slytherin. Sus compañeros lo miraban con curiosidad pues ya no les molestaba que abrazara a una sangre sucia. Todos habían aceptado el cambio de Draco desde hacía tiempo y sabían que nada bueno sacarían si trataban de imponérsele al príncipe de su casa.
Hermione no dijo nada pero la verdad es que se había enternecido con sus palabras. Echó un vistazo a su alrededor y se fijó que la gente poco a poco regresaba a sus asuntos. Suspiró de alivio y se sentó un poco alejada de sus compañeros, pues tampoco quería que alguno de ellos se incomodara con la presencia de Draco en la mesa de los leones.
De reojo miró a Harry y se sintió algo aliviada al reparar que Ron y Luna estaban hablando con él en voz baja. El pelirrojo le dio unas palmaditas en la espalda y luego tomó lugar a su lado. Luna se despidió de ambos con la mano y dándole un beso a su novio, emprendió su camino hacia su mesa. Cuando Ginny llegó a sentarse al lado de su hermano y su pelinegro amigo, Hermione suspiró regresando la vista hacia el rubio que tenía al lado. Draco la miró con una ceja alzada pero una brillante sonrisa brillaba en su pálido rostro.
- No has respondido mi pregunta, Hermione. ¿Cómo amaneciste? – Preguntó, tratando de mostrarse desinteresado sobre el tema de Potter. Acarició la pequeña mano de Hermione que estaba entre la suya y le sonrió con burla cuando se percató que la chica volvía a sonrojarse.
- He dormido bien. – Respondió, tratando de no verse muy afectada por la presencia del chico. - ¿Y tú?
- Mejor, nunca. – Aseguró. Hermione le sonrió y procedió a servirse un poco de fruta. - ¿Lista para nuestra cita?
- ¿Cita? – Preguntó, extrañada. - ¿Cuál cita?
- La que tú... – La señaló sin ofenderse porque ella lo hubiese olvidado. - ...y yo tenemos.
- Ah, vaya. – Hermione estaba sinceramente apenada. - ¿Y cuándo lo decidimos?
- Ayer en la noche, Gr- Hermione. – Se corrigió de inmediato. – Me has dicho que sí.
Hermione se sonrojó un poco y desvió su mirada.
- Anoche estaba un poco distraída. – Susurró totalmente avergonzada. Draco se rió.
- No importa, preciosa. Saldrás conmigo después de todo. – Susurró el rubio cerca de sus labios. Hermione se estremeció cuando el chico la besó pero no opuso resistencia. Se dejó llevar sintiendo la lengua del rubio sobre sus labios y el aire se le escapó de los pulmones cuando Draco la abrazó por la cintura y la atrajo hacia él. La castaña le pasó los brazos por el cuello y le acarició el cabello con ternura.
- No puedo salir, tengo que estudiar... – Murmuró Hermione cuando se separaron para tomar un poco de oxigeno.
Draco sonrió, sabiendo en ese instante que la faceta estudiosa y puritana de esa chica le fascinaba.
- No, no, Hermione, vendrás conmigo a Hogsmeade. Si quieres estudiar, lo harás hasta que regresemos... – Le dijo despacio con tono acaramelado y burlón. Después, sin darle tiempo a rebatir, la besó de nuevo. Esta vez, con más ímpetu.
Hermione sabía que posiblemente estaban dando un buen espectáculo en el Gran Comedor –algo que la avergonzaría después- pero no podía negarse a que Draco la besara. Era algo que llenaba sus deseos más bajos. Además, el rubio sabía lo que hacía.
No es como que tuviera mucha experiencia en eso de besar a la gente, pero sabía que Draco lo hacía muy bien.
Cuando alguien carraspeó a su lado de manera un tanto molesta –y ella supo inmediatamente quien había sido- fue capaz de separarse del rubio. Más por vergüenza que porque realmente lo deseara.
- Buenos días. – Saludó amablemente su guardián mientras tomaba asiento junto a ella. Aunque le dirigió una mirada fría y cortante a Draco que él decidió ignorar. Hermione suspiró y deslizó lentamente sus manos por el cuello del rubio.
- Buenos días, ángel. – Saludó Draco con arrogancia. Adam lo miró impasible.
- Rubito. – Saludó. Draco tensó una sonrisa.
- Buenos días... – Susurró Hermione algo incómoda. Metió una uva a la boca del rubio para acallarlo al ver que éste iba a decir algo y le dirigió una mirada censurada al castaño ángel. - ¿Vendrás al pueblo con nosotros, Adam? – Preguntó, cambiando de tema y haciéndole saber a su novio que accedía ir con él a Hogsmeade.
- Claro. – Respondió el castaño con desinterés. – Si tú vas, yo voy. – Draco le dirigió una mirada irritada mientras la castaña le pasaba más fruta. Hermione se preguntó distraídamente si Draco sería celoso.
Adam se sirvió algo de comida y mientras los tres desayunaban, el castaño no le quitó la vista de encima a la chica. Hermione agradeció que el desayuno terminara. La mirada de su guardián la ponía nerviosa e incómoda y no podía evitar pensar en la vergonzosa conversación que habían mantenido la otra noche.
Cuando salieron del castillo, el ángel se despidió de la pareja –ante la perspicaz y curiosa mirada de su protegida- y se perdió entre alguno de los carruajes que los llevaban hacia el pueblo.
Hermione creyó leer de sus labios un "Te estaré observando" pero no estuvo cien por ciento segura.
Draco le jaló la mano por lo que no pudo descifrar la mirada de advertencia que le lanzó Adam antes de desaparecer. Se giró, buscando a sus amigos con la mirada pero no vio a ninguno. Suspiró algo decepcionada, y Draco y ella ingresaron a un carruaje vacio.
Miró pensativa por la ventana esperando que el carruaje avanzara su camino. Ahora tenía novio y aunque no se sintiera completamente diferente de antes, sabía que era un gran cambio en su vida. Draco resultaba ser mayor sustento de lo que ella se hubiera imaginado y a pesar de que sólo llevaran unas pocas horas juntos, los cambios en ella y su alrededor habían empezado a salir a la luz.
Harry era su principal preocupación en esos momentos pues si bien supo desde el principio que el pelinegro no iba a tomarse muy bien la noticia, nunca se imaginó que se sumiera en tal tristeza al enterarse que Draco era oficialmente su novio. Cuando lo había mirado en el Gran Comedor se había sentido fatal pues intuyó que algo le sucedía, lo peor es que no sabía si estaba así sólo por ella o por algo más. Y aunque quería preguntarle lo qué estaba pasándole, sabía que ese momento era el menos ideal para charlar sobre ello.
Se distrajo cuando el rubio le pasó una mano por el cabello y le sonrió mostrándole sus blancos dientes.
- ¿En qué piensas? – Le murmuró acercándose a su rostro. Hermione sonrió y negó con la cabeza.
- En nada, realmente. – Le susurró despacio, ocultándole sus preocupaciones por su mejor amigo. La verdad es que Draco era a la última persona que deseaba preocupar. – En nosotros... – Murmuró. Estaba todo tan callado, teniendo también en cuenta que el carruaje no se había movido, que resultaba sencillo para ellos escucharse a pesar de lo suave de sus voces. – En lo extraño que es esto, supongo. No me siento muy diferente de antes.
- Claro que no. – Dijo el rubio acariciándole el rostro con un dedo sin dejar de sonreír. – Te sigo poniendo nerviosa pero te sientes a gusto conmigo.
- Sí. – Aceptó ella. Le pasó una mano por su rubio cabello y se mordió el labio inferior. – Eres muy tierno... ¿Lo sabías?
- ¿Qué? – Se horrorizó. – ¿Tanto como Potter o Weasley?
Hermione se rió.
- Claro que no, tonto. No tanto. – Le aclaró rápidamente. – Sólo lo suficiente.
- Eso no es bueno. – Sonrió de nuevo, con ese gesto arrogante y seductor que la castaña comenzaba a adorar de él. Acarició los labios de la chica con la punta de su dedo y Hermione entreabrió la boca dejando escapar un leve suspiro.
Cuando se besaron, las preocupaciones de la castaña se esfumaron de inmediato. De nuevo sintió la lengua de Draco jugar con sus labios y pronto, el beso entre ambos se intensificó. Hermione se aferró a los hombros del chico y lo atrajo hacía sí asiéndole la camiseta negra que llevaba puesta ese día y que tan sexy le quedaba. Draco la aferró de la cintura con ansias mientras la colocaba sobre su regazo con urgencia y sin dificultad. Le mordisqueó el labio inferior con pasión y luego bajó con su lengua recorriendo lo largo de su barbilla y depositando un largo y profundo beso en ella.
Draco separó sus labios de su rostro y enterró su cabeza entre su cuello, inhalando su dulce aroma con lentitud. Hermione dejó escapar un suave gemido y acarició la nuca del rubio con ternura.
- Antes de entrar hacia el Gran Comedor, Adam me interceptó en la puerta... – Le susurró rozando con sus labios la línea de su cuello. Hermione sintió escalofríos recorrerla. – Y mantuvimos una conversación bastante... interesante. – Declaró con tono sugestivo.
- Hay, no puede ser... – Gimió avergonzada mientras se separaba del rubio y miraba sus ojos fijamente. - ¿Qué te dijo? – Preguntó, no muy segura de querer saber la respuesta.
- Algo que, posiblemente, te avergonzaría. – Aclaró con una sonrisa socarrona. Le besó la nariz con gesto tranquilizador. – Ese ángel si se preocupa por ti, preciosa.
- Sí. – Aceptó con un suspiro, todavía avergonzada de lo que posiblemente habían conversado su guardián y su novio. – Pero es demasiado sobre-protector y hay veces que realmente deseo golpearlo.
- Mientras no pase de lo fraternal, para mí está bien. – Murmuró el rubio con tono serio. Hermione le sonrió mientras le acariciaba el rostro distraídamente. El carruaje comenzó a moverse justo cuando la castaña dio su respuesta.
- Te aseguro que no tienes nada de qué preocuparte, Draco. Adam es como de mi familia. – Aclaró ella. Draco levantó una ceja y suspiró, posiblemente pensando que a Harry Potter alguna vez lo había considerado de su familia. Hermione se mordió los labios intuyendo ese pensamiento, evitando decirle que con Adam era todo demasiado diferente.
- Te creo. – Aceptó él. Hermione le besó de nuevo, esta vez con lentitud y ternura. Se daba cuenta de que Draco no era muy dado a la ternura y a las muestras de cariño algo cursis. Él prefería lo pasional y posesivo, como rodearle la cintura mientras caminaban, tomarla de la mano posesivamente o besarla con ansias cada vez que podía. Aunque a Hermione no le molestaba en lo absoluto, claro.
Draco la besó profundamente por última vez y la bajó de su regazo regresándola a su lugar en el asiento.
- No quiero que tu guardaespaldas personal nos vea. – Aclaró ante la confusión de la chica. – También temo por mi salud, cariño. – Sonrió con burla. Hermione se sonrojó.
Unos minutos más tarde, los carruajes llegaron al pueblo.
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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*
- Vamos, compañero. Te hemos traído para que te distraigas con nosotros... no para que te sumerjas en tu mundo y te pongas a pensar en ella. – Le dijo el pelirrojo palmeándole la espalda fraternalmente. Harry forzó una sonrisa que estuvo seguro apenas le había salido.
- La verdad, Ron, es que preferiría estar en mi cama descansando. – Mintió pues lo último que quería en esos momentos era cerrar los ojos aunque la falta de sueño lo estuviese carcomiendo. - Aún no me siento muy bien y anoche no he podido dormir. – Puntualizó con sinceridad.
Ron suspiró pero entendió su situación de inmediato. Él había estado cuando su amigo había tenido la pesadilla y bien sabía que después de eso no había pegado un ojo en toda la noche.
- Vamos, Harry. Distráete un poco. Te conozco y sé que si estás solo te vas a sumir en una depresión que ni tú ni yo queremos combatir en estos momentos. – Le dio ánimos. – Estás con tus amigos, sin deberes ni preocupaciones. Sólo disfruta un poco estos minutos libres, amigo. – Harry miró a sus amigos. Luna, Neville y Ginny le sonreían apoyando las palabras del pelirrojo.
Claro, todo sería perfecto si no faltara una persona en la mesa.
Rosmerta se acercó a ellos y Ron comenzó a pedir las bebidas. Harry suspiró abatido y se removió contra su silla sintiendo un nuevo dolor punzante recorrer su frente. Se reprendió de nuevo por nunca haber terminado sus clases de Oclumancia con el profesor Snape.
Cuando la dueña del establecimiento comenzaba a marcharse, al pelinegro se le ocurrió algo.
- Yo no quiero cerveza de mantequilla, Rosmerta. – Dijo Harry con voz ronca. Sus amigos lo miraron con curiosidad. – Tráigame un Whisky de fuego. – Declaró. Ron gimió en desacuerdo.
- Harry... – Empezó el pelirrojo con incomodidad. – No creo que sea buena idea. – Puntualizó el chico.
- Soy mayor de edad, Ron. – Refutó con aspereza. Quería borrar el dolor de cabeza con lo que fuera. Y olvidar a Hermione y Malfoy... oh, por Merlín, eso era lo que más deseaba. – Me quiero divertir... ¿Eso has dicho, no?
- Déjalo, Ronald. – Le recomendó su novia. – Si pasa algo siempre estás tú para cargarlo y llevártelo a rastras de vuelta al castillo. – Aclaró con naturalidad. – Además, cariño, Harry necesita algo en lo que entretenerse y parece que nosotros no estamos siendo de mucha ayuda.
El pelirrojo le lazó una mirada acerada a su rubia novia como diciéndole: "Sí, amor, me estás ayudando mucho." Luna sonrió con inocencia.
- Bueno, Potter, por esta vez lo haré porque te veo bastante decaído. Pero recuerda que no puedo vender ese tipo de bebidas a los estudiantes. – Aclaró Madame Rosmerta mirándolo con el ceño ligeramente fruncido. – Por más mayor de edad que seas, jovencito.
Se dirigió hacia la barra para preparar el pedido y Harry se rascó la cabeza tratando de aparentar indiferencia pero Ron seguía mirándolo con el ceño fruncido. Ginny y Luna lo miraron con atención mientras Neville parecía algo incómodo con la situación.
- Hermione no va a estar muy contenta si te encuentra borracho, Harry. – Razonó la pelirroja mientras jugaba distraídamente con su servilleta. – Es más, te aseguro que te dará un sermón increíble cuando te descubra.
- No me importa. – Murmuró con amargura. Y no era mentira, en esos momentos lo que más deseaba era olvidarse de todo.
Aunque días después, sentado frente a la chimenea, sabría que se había comportado como un verdadero cobarde egoísta.
Rosmerta no tardó mucho en traerles el pedido, y en cuanto Harry tuvo el pequeño vaso frente a él, lo tomó y bebió el líquido color topacio con rapidez. Una sensación nueva le quemó la garganta con lentitud. La boca le ardió con fuerza pero un placer diferente le llenó las papilas gustativas.
Harry miró a Madame Rosmerta con los labios apretados y la dependienta de las Tres Escobas suspiró con resignación.
- Está bien, Potter, pero no quiero problemas. – Advirtió mientras depositaba la botella sobre la mesa. Harry sonrió, sintiéndose por primera vez orgulloso de poder utilizar su fama de una manera que lo beneficiara.
Ron estuvo a punto de apartar el Whisky de Fuego de la mesa, pero la mirada de tristeza que traía su mejor amigo se lo impidió. Luna lo miró con una sonrisa pesada y supo que no era el único que lo sentía por el pelinegro.
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Cuando Draco y Hermione decidieron ir a las Tres Escobas para beber algo luego de haber pasado varias horas caminando, nunca se imaginaron lo que verían dentro del establecimiento.
Hermione fue la primera en ver a sus amigos y jaló a Draco de la manga para ir con ellos. A unos cuantos pasos de distancia, el olor a alcohol le impidió seguir avanzando. Miró fijamente la cara de todos y no pudo creerlo cuando vio el rostro descompuesto y ebrio de su mejor amigo.
- ¿Qué es esto? – Preguntó sorprendida. El rubio se cruzó de brazos a su lado y miró a todos con esa sonrisa de superioridad y burla que lo caracterizaba.
Harry la miró y sus ojos parecieron brillar.
- ¡H-Harmo-Hern...! – Harry se detuvo, incapaz de recordar cómo pronunciar el nombre de su mejor amiga. - ¡H-has v-venido! – Exclamó, desistiendo de la idea de llamarla por su nombre. Sonrió con alegría mientras intentaba levantarse, pero no tuvo mucha suerte y se enredó con la silla regresando a ella de un sonoro sentón. El chico comenzó a reír.
La castaña desencajó la mandíbula y Ron trató de encogerse en su lugar. Luna seguía riéndose del espectáculo del pelinegro y, pronto, Draco soltó una carcajada acompañándola en su burla.
Hermione miró a Ginny y ésta le dirigió una sonrisa nerviosa. Miró a Neville y éste parecía lo bastante avergonzado como para limpiarse de culpa. Hermione suspiró profundamente tratando de calmarse. Sintió la mano de Draco entrelazarse con la suya y se sintió un poco más tranquila.
- ¿Alguien me va a responder? ¿Qué significa esto? – Preguntó lentamente mirando la botella vacía que adornaba la mesa. Ron estaba a punto de contestar, más rojo que su cabello, pero Harry lo interrumpió.
- ¡Eshtamos di-diverrti-divirtiéndonos! – Balbuceó con una sonrisa. Hermione, sin embargo, percibió una tristeza en el fondo de sus ojos verdes. – Te e-espedábamos... – Dijo, hablando como si tuviera la lengua pegada al paladar. En ese momento, todo vestigio de felicidad se borró de su rostro.
- ¡Ron! ¿Por qué has dejado que beba? – Preguntó Hermione con el ceño fruncido e ignoró a Harry que se había levantado con dificultad. Los alumnos que estaban a su alrededor les dirigieron miradas curiosas. Rosmerta también los miraba con censura.
- ¡No ha sido mi culpa! – Se defendió. - ¡Yo no estuve de acuerdo!
- No te pdeocupes, Hedmy. – Dijo Harry mientras se acercaba a ella, al parecer encontrando una forma más fácil de llamarla. - ¡No pasa nada!
La castaña retrocedió unos pasos cuando sintió el irreconocible olor a alcohol acercándose a ella. Harry la miró dolido.
- No te voy a haced nada. – Aclaró con dificultad. – Estoy bodacho pedo sigo lúcido. – Señaló. – Además, jamás, por más fueda que esté de mis cabales, te hadía daño.
- El daño que puedes infligir no es sólo físico, Potter. – Explicó el rubio con arrogancia. El pelinegro lo miró, percatándose por fin de su presencia. Vio con recelo las manos de ambos entrelazadas y un agujero se instaló en la boca de su estómago y lo hizo fruncir el ceño.
- No e-estosh hablando contigo, Malfoy. – Advirtió el pelinegro mientras extendía una mano hacia Hermione. Draco se colocó frente a su novia. - ¡Q-quítate! – Dio un trompicón hacia adelante, y a su espalda, Ron y Neville se pusieron de pie lentamente. Madame Rosmerta seguía mirándolos con recelo.
- Hey, compañero, creo que es hora de regresar al colegio. – Murmuró Ron tratando de tomarlo del brazo. Harry se zafó con impaciencia.
- No. – Murmuró firmemente. – Yo quiedo hablar con Hedmione. – La miró, está vez, la tristeza de sus ojos y facciones fue palpable. – Yo te amo. Y sabemos que él no te quiede. – Dijo, pero él mismo sabía que estaba mintiendo. La cabeza le dio vueltas. - ¡Te va haced daño! ¡Está jugando contigo! – Exclamó, desesperado. Hermione le miró con tristeza.
Draco se tensó frente a él. El pelinegro dio otro paso hacia enfrente pero el rubio decidió que ya estaba demasiado cerca de ellos. Su paciencia se terminó y lo empujó. Harry no tenía mucha estabilidad así que se tambaleó y cayó hacia atrás llevándose varias sillas con él.
Hermione dejó escapar un gemido de sorpresa. Luna y Ginny se levantaron rápidamente mientras Ron intentaba ayudar a su amigo.
- No te atrevas a juzgar mis sentimientos, Potter, porque no sabes ni juzgar los tuyos. Sé buen perdedor y deja que Hermione sea feliz con alguien que si la quiere. – Dijo el rubio con crueldad.
Harry se deshizo del agarre del pelirrojo pero no se levantó. Levantó sus ojos, cargados de angustia y tristeza, y la miró a ella. Y no desvió su mirada aunque la cabeza empezó a golpear sus sentidos con tortuosidad.
- El alcohol no me hace olvidar nada... – Susurró con amargura.
- ¡No seas estúpido, Harry, esto no arregla nada! – Exclamó Hermione con aprensión. – Tus problemas no se solucionan emborrachándote.
Harry soltó una carcajada con amargura.
- Estoy viviendo el momento... – Susurró y su voz parecía más normal que antes. – Tú me lo has recomendado.
- Esto no es a lo que me refería. – Respondió Hermione con los dientes apretados. Ver la pálida expresión de su rostro, sus ojos verdes opacos y su aspecto desaliñado no ayudó mucho en su estado de ánimo.
Harry bajó la mirada. Se levantó con dificultad y se sostuvo de la madera de una mesa.
- Está prohibido que un alumno beba, Potter. 20 puntos menos para Gryffindor y estás suspendido para el Quidditch las próximas cuatro semanas. – Declaró el rubio con seriedad.
Los presentes abrieron los ojos con sorpresa. Ron dio un paso hacia el frente, indignado.
- Recuerda que soy Premio Anual, Weasley. Y estoy siendo bastante condescendiente con él. – Agregó mientras lo miraba fríamente. – Si realmente quisiera castigarlo, en este momento, Potter estaría en dirección hacia el despacho de Snape.
Nadie dijo nada. Harry bajó la mirada y apretó un puño con ansiedad.
- Lo siento. – Susurró, ladeando la cabeza hacia sus amigos y dirigiéndoles una mirada apenada.
Se apartó de ellos y salió deprisa del establecimiento. Hermione hizo ademán de ir tras él pero Ron se lo impidió.
- Creo que no es lo mejor, Hermione. – Dijo y miró al rubio con frialdad. – Iré yo. – Le susurró volviendo a posar sus ojos sobre su mejor amiga.
Después, salió en dirección a su mejor amigo.
Hermione comenzó a llorar y Draco la abrazó con fuerza.
- Lo siento. – Le susurró el rubio en el oído. Hermione enterró su rostro en su pecho.
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Adam iba caminando tranquilamente por las calles de Hogsmeade, cuando vio a Harry Potter pasar con rapidez a su lado sin percatarse siquiera de su presencia. El ángel se detuvo y lo miró con suspicacia. El chico se llevó una mano a la frente y se detuvo aún dándole la espalda mientras se apretaba la cabeza con fuerza. Lo vio desaparecer por un callejón y entonces, el ángel suspiró.
El pelirrojo llegó a su lado poco tiempo después y lo miró.
- ¿Has visto a Harry? – Preguntó con la respiración irregular. Adam levantó una ceja y dirigió sus ojos plateados hacia el callejón por el que había desaparecido el pelinegro. Ron asintió entendiendo la respuesta silenciosa. Dio un paso hacia el frente pero el castaño lo detuvo poniéndole la mano sobre el pecho.
- Déjame a mí. – Le dijo con voz fría. Ron lo miró con cautela.
- Eh, no creo que sea buena idea. – Murmuró el pelirrojo con desconfianza. Adam se colocó frente a él para impedirle el paso.
- He dicho que voy a ir yo, pelirrojo. – Susurró con frialdad. A Ron se le erizaron los vellos de la nuca. – Nunca te pregunté nada.
Ron apretó los dientes pero terminó asintiendo no muy convencido.
- Harry está mal, Adam. – Advirtió con seriedad. – No te pases.
El castaño sonrió con arrogancia. Se alejó sin dejar de ver los ojos azules del pelirrojo y cuando estuvo lo suficientemente cerca del callejón, se giró y se internó entre las sombras.
A su espalda, Ron suspiró y se dejó caer sobre una banca enterrando su rostro entre las manos.
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- ¿Estás mejor? – Le preguntó Luna tendiéndole un vaso de agua. Hermione miró a su rubia amiga con una sonrisa agradecida.
- Sí, es sólo que... me descontrola ver a Harry en ese estado. – Murmuró decaída. – Es doloroso verlo tan triste. Su mirada... Por Merlín. – Dijo llevándose una mano al rostro. – Nunca lo había visto así.
Luna le acarició el cabello y dirigió sus ojos celestes al frente. Ginny y Neville conversaban en voz baja y Draco estaba en la barra tomando una cerveza de mantequilla pero no le quitaba la vista de encima a la castaña. El rubio le había concedido a Hermione unos minutos a solas y ella se lo agradecía enormemente.
- Bueno, hay que entenderlo. – Respondió la rubia distraídamente. Hermione la miró depositando su vaso de agua en la mesa.
- ¿A qué te refieres? – Le preguntó no muy segura.
- Harry te considera como lo único que tiene en su vida. – Dijo encogiéndose de hombros. La castaña parpadeó.
OoOoO
Harry se apretó la frente de nuevo. Recargó la palma de su mano contra la pared y cerró los ojos apretando las mandíbulas fuertemente.
Ahora que se le había pasado la borrachera por sus propios problemas internos, la visión de la noche pasada volvía a asecharlo con dolor. Ver de nuevo a la castaña y decirle cosas que realmente no quería, había traído a su mente la horrorosa imagen de su cuerpo sin vida entre los brazos de ese maldito ser repugnante.
La amenaza de muerte que había impuesto Voldemort seguía retumbando en su mente y él no podía hacer nada ni para sacarlo de su cabeza. Tenía miedo por ella, y por todo lo que ahora sabía Voldemort de su amiga. No quería que Hermione estuviera en peligro por estar cerca de él, pero, sin embargo, en esos instantes lo que más anhelaba era su presencia. Retorcido y egoísta.
Apretó más su cabeza y sintió sangre correr de su cicatriz. Gimió de dolor y expulsó el aire por entre sus labios con desesperación.
Se dejó caer de rodillas al suelo y su cuerpo comenzó a temblar.
OoOoO
- ¿A qué te refieres con eso, Luna? – Preguntó la castaña mirándola con suspicacia.
- A eso exactamente, Hermione. – Respondió con los ojos brillantes. – Harry nos tendrá a nosotros como amigos... pero tú eres para él todo lo demás. Su sustento y apoyo, su familia, su protectora. La otra parte de su vida. Si te pierde... sería como perderse a sí mismo. – Explicó con sencillez. – Te ama, Hermione y lo único que quiere es que vivas y seas feliz. Aún si no es a su lado. No quiere atarte a su destino incierto.
Hermione se giró a ver al rubio que seguía observándola desde la barra y se mordió el labio inferior.
- Tengo un problema. – Suspiró con los ojos cristalinos. Luna asintió mientras bebía de su cerveza de mantequilla. – Draco... también soy lo único que tiene. – Murmuró y escondió su rostro entre sus manos.
- Lo sé.
OoOoO
Harry soltó otro gemido de dolor y recargó sus manos contra el suelo para no desfallecer. Tembló de nuevo y soltó un sollozo.
Hermione sin vida.
Hermione con Malfoy.
Ambas cosas le desgarraran el corazón pero él sabía qué era lo peor, y tendría que vivir con ello.
Tal vez... si viviera, podría luchar por ella.
Varias lágrimas bajaron por su rostro y su cuerpo se convulsionó de nuevo.
Sentía como Voldemort se apoderaba de sus sentidos poco a poco pero no podía pelear contra él. No en ese momento de vulnerabilidad. De tristeza. De desesperación.
El lord oscuro había encontrado sus debilidades y ahora las estaba usando en contra de él con una habilidad retorcida y dominante.
OoOoO
Luna miró a Draco y le sonrió. El rubio le dirigió una mueca y se giró hacia la tabernera para ordenar otra ronda de su bebida.
- Eres el sustento de mucha gente, Hermione. – Aceptó la rubia. – Tú has sido la primera persona en la que Harry pudo confiar realmente. Para Draco no es diferente. – La miró con una sonrisa que mostraba tranquilidad. Hermione suspiró. – Y estoy segura que para un castaño lo estás empezando a ser también.
- ¿Qué debo hacer, entonces? – Preguntó con el rostro ensombrecido. Sobre todo al analizar aquello. Merlín, ¿eso quería decir que ella era lo único que tenían Draco, Harry y Adam? Gimió con desesperación. – Haga lo que haga, uno de los dos saldrá lastimado... además de mí.
- ¿A quién amas, Hermione? – Preguntó la rubia con inocencia. – Si no puedes perdonar a Harry... entonces actúa como su amiga y apóyale. Es propenso a esconder sus sentimientos, pero necesita apoyo. Y por más que Ron, Ginny, Neville o yo queramos dárselo... sólo puede recibir lo que necesita de ti: cariño.
OoOoO
Miró el vacío de las sombras mientras las lágrimas salían sin reparo de sus ojos. Su alrededor se invadió de sus lamentos tortuosos que dañaban hasta al más fuerte de los hombres.
Su cuerpo convulsionó con cada sollozo, los ojos le escocían y los parpados le pesaron. Se sintió débil y cerró los puños sobre el suelo. Unos pequeños cortes se abrieron en la punta de sus dedos pero los ignoró pues el dolor interno era mucho más agónico.
Una mano se posó sobre su hombro pero no se inmutó. En cambio, su llanto incrementó. Escondió el rostro entre las manos y lloró con fuerza susurrando el nombre de la mujer por la que lo daría todo repetidas veces.
OoOoO
- Harry no me deja ayudarle. – Puntualizó la castaña con voz ahogada mientras ocultaba su rostro entre las manos de nuevo. – Quiero ayudarle, me preocupa.
- Entonces insiste. – Recomendó Luna mirando con una expresión ausente su vaso ahora vacío entre su mano. – Oblígalo a que acepte tu sustento. Eres la única que siempre ha logrado hacerlo razonar.
OoOoO
- Potter, levántate. – Articuló Adam un poco afectado por la desesperación de los sollozos del pelinegro. – No seas débil, niño. Levántate.
Pero Harry no respondió. Se convulsionó un par de veces más y luego se quedó quieto. Su respiración era agitada y se sorbía la nariz con gesto indefenso y abandonado. Adam apretó las mandíbulas y lo levantó de forma brusca.
Le tomó las solapas de la camiseta y lo pegó a la pared para encarar sus ojos brillantes por las lágrimas.
- No seas débil, niño. – Repitió. Lo miró con expresión fría pero Harry trataba de rehuir sus gélidos ojos. – La gente depende de ti, Harry, y hay veces que tenemos que ser fuertes por los demás.
OoOoO
- No puedo obligarle a escucharme. – Murmuró la castaña con los labios apretados.
- Si puedes. – Corrigió la rubia distraídamente pero con esa típica sinceridad que te sacaba de onda. Luna pasó su vista curiosa sobre la mesa, posiblemente buscando un vaso que aún tuviera cerveza de mantequilla. Sonrió cuando encontró uno y dejó el suyo vacío sobre la mesa. – Lo único que puedes hacer es guiarle, Hermione. Porque en estos momentos está perdido. Toma tu papel de mejor amiga y no lo juzgues, no sabes cómo lo necesita.
La castaña la miró y sonrió mientras un par de lágrimas descendían por sus mejillas. Unos brazos le rodearon el cuello por atrás y unos labios le besaron la nuca. Levantó la cabeza para mirar hacia arriba y Draco le besó las mejillas con lentitud. Después, le besó los labios con intensidad.
La rubia los miró y sonrió.
- Me pregunto dónde estará Ronald. – Murmuró la chica sorbiendo la cerveza de mantequilla que había encontrado. Neville y Ginny los miraron.
OoOoO
Adam dejó de aplastar al chico con sus brazos cuando Harry lo miró directamente a la cara. Su frente estaba envuelta de sudor y su rostro se cubría de la mezcla de su sangre y lágrimas. El ángel sintió algo de lástima por él.
Se sorprendió cuando sus ojos verdes comenzaron a cubrirse de negro con lentitud. Su pupila se extendió como electricidad por los contornos de sus ojos y más lágrimas salieron de ellos. El pelinegro se convulsionó con fuerza entre sus manos y Adam sabía por su expresión que lo que fuera que le pasaba, dolía. Mucho.
El ángel estaba intrigado y, sin embargo, no lo soltó. Sintió una especie de agobio al verlo en ese estado y por un momento, no supo qué hacer. Cuando Harry soltó un gemido de dolor y sus ojos se cubrieron totalmente de negro, Adam se enteró inmediatamente de lo qué le pasaba.
Idiota. Se dijo.
El castaño le estampó su mano abierta sobre la cara con brusquedad y susurró unas palabras en una lengua extraña.
Harry dejó de convulsionarse y una luz plateada le envolvió el cuerpo con rapidez. Tan rápido como había pasado, terminó.
OoOoO
En otra dimensión, cubierta de llamas y sufrimiento, agonía y dolor, el cuerpo encapuchado de un ser con facciones de serpiente y ojos rojos, salió despedido hacia atrás por una fuerza potente que rompió el hechizó que había creado. A sus espaldas, alguien se rió.
Voldemort miró al demonio con la furia saliendo por cada poro de su pálida y grasosa piel mientras se levantaba con orgullo y dignidad. Su frialdad espeluznante no acalló la risa del demonio.
- No te dejará hacer ese hechizo de nuevo. – Se carcajeó Perseus con frialdad y elegancia. – Era cuestión de tiempo, Tom, te lo dije.
- Ese ángel estará muerto. – Susurró Voldemort con odio mientras un hilillo de sangre descendía de su pálida frente.
OoOoO
El ángel se apartó del cuerpo de Harry con lentitud, le soltó la camiseta y lo vio abrir los ojos con sorpresa. La respiración del pelinegro era irregular y su cuerpo temblaba de dolor, quizás de horror. Adam no lo sabía con seguridad.
Sus ojos verdes lo miraron, se entornaron con inestabilidad perdiendo toda fijación y Harry se desplomó frente a sus ojos, desmayado.
Adam lo miró sin expresión, suspiró largamente y se arrodilló a su lado. Lo tomó en brazos viéndolo débil y vulnerable, y salió de aquel oscuro callejón.
Caminó por el pueblo sin importarle que los alumnos a su alrededor los mirasen con curiosidad y cuchichearan por lo bajo. Él sólo siguió caminando con calma, sin importarle el peso del chico sobre sus brazos, con su mirada fría puesta hacia el frente y con la frente en alto.
Miró las torres sobresalientes del castillo a lo lejos, se acercó a los carruajes y, echándole una última mirada al pueblo, se introdujo en uno de ellos con decisión.
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Esa semana trascurrió para Harry de una manera lenta y tortuosa. Estuvo en la enfermería el fin de semana completo y la noticia de que estaba suspendido en el Quidditch se extendió por la escuela con rapidez. Además, la profesora McGonagall se pasó por la enfermería para, personalmente, reprenderlo por su desliz en Hogsmeade. Sin embargo, para alivio de Harry, la profesora y Dumbledore parecían entender su estrés y congoja, así que habían dejado el castigo como estaba y no le habían impuesto algo peor.
Harry también había tenido que soportar, no de mala manera, los regaños de sus amigos. Adam no les había informado nada acerca de su pequeño incidente y ellos pensaban que simplemente se había desmayado por la bebida. Hermione le había llorado y gritado, pero el pelinegro sólo había sonreído, enternecido por su preocupación.
Luna y Ginny también se habían pasado para burlarse de su conducta graciosa y Ron no paraba de lanzarle miradas ofuscadas, pues Hermione también lo había regañado a él. Neville había estado un poco alejado de los demás, lo miraba con curiosidad pero estaba sonriéndole. De vez en cuando, Harry se entretenía observando las graciosas discusiones de Luna y Ginny, quienes argumentaban sobre qué momento suyo había resultado más gracioso.
Draco, por supuesto, no había ido a verlo, pero de cierta manera, Harry sabía que él había desequilibrado la pequeña tregua que tenían. Sorpresivamente para todos, Adam había estado prácticamente todo el tiempo observándolo. Harry estaba incómodo con su mirada intensa pero sabía que estaba esperando que Voldemort intentara entrar de nuevo a su cabeza. Y sin embargo, para su alivio, desde el incidente en el pueblo, la cabeza no le había dolido más allá de lo normal.
El jueves de esa semana, el castaño ángel había suspendido los entrenamientos. Todos habían quedado extrañados y aunque el pelinegro sabía el por qué, no había dicho nada.
El sábado del partido, Harry estaba demasiado decaído para salir, pero Ron y Hermione lo habían obligado. Ginny había tomado su lugar como buscadora y aunque el equipo estuviera completo, él no se sentía muy confiado. Desayunaba desganado bajo la mirada aún sentida de los miembros de su equipo pero poco le importaba. Algunos alumnos cantaban aquella vieja canción de "A Weasley lo vamos a coronar" y eso sólo lograba ponerlo más nervioso.
Esa mañana, Hermione se había sentado en la mesa de Slytherin después de que Draco le rogara que lo hiciera. Ella había aceptado aunque todo Gryffindor la viera como si fuera una traidora, pero no le había importado, incluso Adam se había sentado a un lado de ella y a él poco le importaba todo lo demás.
- ¿Estás listo para el partido? – Preguntó la castaña mientras le acomodaba el uniforme al rubio de manera cariñosa. - ¿Listo para perder? – Preguntó con una sonrisa.
Draco sonrió de medio lado y la miró.
- La verdad es que sí. – Aceptó mientras tomaba de su vaso con elegancia. – Este año, el equipo de Slytherin está completamente fuera de condición.
Hermione levantó una ceja con suspicacia.
- Entonces... ¿Por qué...? – No terminó. La chica miró al rubio tratando de que él comprendiera lo que quería decir.
- ¿Creíste que le impedí a Potter jugar sólo porque tenía miedo de perder? – Preguntó el chico con el ceño fruncido. Hermione se sonrojó levemente. – Preciosa, no le tengo miedo a tu amiguito. Le impuse un castigo que realmente le afectó porque me molestó lo que dijo. – Le sonrió. Hermione le besó profundamente bajo la mirada inquisitiva de Adam.
- Lo siento, pensé... bueno, eso. – Le susurró tomándole las mejillas con ambas manos. – Voy a desearle suerte a mis amigos. Y... suerte, Draco. – Le dio un suave beso en los labios y se levantó. Adam se llevó un pedazo de pan a la boca y la siguió.
Ambos se dirigieron hacia la mesa de los leones con lentitud. Ron se levantó en el instante en que ella llegó con ellos y se giró a verla.
- Ah, vaya, ahora si vienes con nosotros... ¿no? – Murmuró su pelirrojo amigo con el ceño fruncido. Hermione rodó los ojos y extendió sus brazos hacia él. Adam se sentó en la mesa junto a Luna y rebuscó un vaso de zumo por la mesa.
- Ven acá. – Lo abrazó con fuerza y le besó la mejilla. – Suerte, Ron, sé que puedes hacerlo.
El pelirrojo se relajó un poco.
- Mientras que esa gente deje de cantar esa estúpida canción, para mí todo estará bien. – Susurró. Ambos miraron a los pequeños alumnos de primero y segundo, quienes eran guiados por la pequeña Alice para cantar con la entonación adecuada. Hermione se rió preguntándose cómo habían conseguido la letra de aquella canción que ahora se le hacía de un momento tan lejano.
Hermione se giró hacia Ginny y también le dio un gran abrazo.
- Lo harás genial, pecosa. – La pelirroja le frunció el ceño pero suspiró largamente.
- No mejor que Harry... pero esperamos que todo salga bien. – Respondió ella con una sonrisa. Ambas miraron al pelinegro, Hermione suspiró al verlo enfrascado en un cereal que era obvio no iba ingerir.
- Van a ganar, ¿no Harry? – Le preguntó la castaña sacándolo de su ensimismamiento. El pelinegro se encogió de hombros distraídamente.
Hermione estaba a punto de hacer un comentario para subirle los ánimos a su mejor amigo, cuando Anthony pasó corriendo a su lado.
- Hey, Harry. – Lo llamó. – Dumbledore me ha dicho que quiere hablar contigo. – El pelinegro lo miró fijamente, Ron y Ginny dejaron la discusión que estaban manteniendo y también lo miraron. Luna se giró y Adam se levantó, desinteresado en la conversación. El pequeño pareció un poco cohibido con tanta atención por los presentes, carraspeó nervioso y miró los ojos verdes de Harry. – Te espera en su oficina.
- ¿Ya? – Preguntó el pelinegro con una ceja levantada.
- Ya. – Asintió.
Cuando Harry cruzó los pasillos para llegar al despacho del director, no pudo sentirse más aliviado por perderse el partido en el cual él no podría participar. No quería estar ahí por si su equipo perdía (aunque todos los miembros jugaran bastante bien) y no quería ver como Hermione besaba a Malfoy para brindarle buena suerte.
Estuvo frente a la gárgola que conducía a la oficina del director antes de lo que esperaba. Miró el gran grifo de la entrada reprendiéndose mentalmente porque no sabía la contraseña. Estaba pensando en alguna palabra ingeniosa para intentar cruzar, cuando unas voces lo distrajeron.
- Esto está mal, profesor Dumbledore. – Era la grave voz de Hagrid, Harry no podría no reconocerla. – Son más de veinte gigantes.
- Se han dejado dominar por la codicia y una promesa de libertad, querido amigo. – Suspiró el director. El pelinegro aún no los miraba así que salió un poco hacia el pasillo para poner su presencia en evidencia. – Ahora no hay nada que hacer.
- ¡Voldemort tiene a más de veinte gigantes con él, un ejército de duendes, demonios y hombres lobo! – Exclamó el semi-gigante con congoja. – Además, claro, de sus odiosos seguidores.
Harry dio un respingo cuando una mano se posó en su hombro. Se giró a ver quién había sido y se llevó una sorpresa al ver el rostro y los ojos gélidos de Adam mirando hacia el frente.
Cuando el ángel lo miró a él, una decisión increíble estaba impresa en sus marmóreas y elegantes facciones. Harry no supo qué tan grande era la resolución en sus ojos hasta verlo apretar las mandíbulas con evidente furia.
Aún así, no podía ni imaginarlo.
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Bueno, bueno. Les debo la disculpa más grande. ¡Casi cuatro semanas!
Estoy avergonzada, lo juro. Sin embargo, tengo varias excusas, buenas o malas, cuentan para mí. Primero, gente, deben felicitarme, pues la semana pasada, por fin, he conseguido la residencia de este país en el que he estado viviendo durante ocho largos meses. Y la semana pasada, precisamente, he visitado México. Por supuesto, el tiempo se me ha ido volando allá y esa semana estuvo obviamente perdida como para escribir. Aunque ahora sigo en USA, pues tengo algunos pendientes por aquí, tengo el alivio de poder salir a donde yo quiera (fuera de los Estados Unidos) sin problema.
Ahora, no puedo decir que no tengo tiempo, porque es mentira, pues sólo tomo clases de inglés sin tarea, pues aún así hay unos cuantos inconvenientes. Precisamente porque tengo tiempo libre, la gente a mí alrededor me solicita mucho y me mantengo entretenida en otras cosas, aunque sí paso gran tiempo en la computadora, pero bueno, una u otra cosa pasa. Tengo muy en mente la historia y espero, realmente ya no estoy para prometer, actualizar mucho más seguido de lo que vengo haciendo ahorita. Voy a estar algo ocupada el mes de Mayo, pues necesito hacer de nuevo mi examen de la universidad ya que he perdido un año pero espero poder escribir incluso ese mes.
Ahora bien, este capítulo es largo y hasta tuve que medio cortarlo al final. Espero que compense la espera aunque no tiene mucha información relevante. Por cierto, este fic es un Harry/Hermione. Sí, tengo cierta tendencia a los Dramiones, pero como dije en un principio, este fic, triste, dramático, feliz, como sea, al final será Harry y Hermione.
Esto es de transición, y espero que lo disfruten aunque a algunos no les guste la pareja de Draco y Hermione.
Bueno, acerca del capítulo, Harry, pobre, está sufriendo bastante y todos lo quieren ayudar, hasta Kalyo ha decidido ponerle algo de atención. Pero gracias al ángel Harry ya no tendrá problemas con Voldemort ni pesadillas. Y me parece que ellos dos pueden comenzar una relación más amistosa... o algo así.
Bueno, no me quiero alargar mucho. El próximo capítulo se llama "Vampiros" y ¿Adivinen que viene? Sí, algo más de acción y oscuridad.
Muchas gracias a las personas que aún me tienen paciencia, no saben los ánimos y las ganas que me dan a seguir escribiendo. Lamentablemente, después del próximo capítulo empezará la cuenta regresiva. Digo, aún faltan unos diez capítulos o más, pero cada vez el final se acerca poco a poco.
Ya saben, dudas, comentarios, cualquier cosa... escríbanme y yo con gusto les responderé.
Salesia, va para ti los momentos Dramiones, espero que estés mejor pues me pareció que estabas enferma.
Un beso, un abrazos y...
¡Saludos Mágicos!
Los quiere, su amiga,
DarkGranger
