Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

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Recomendación Musical: "The Mordant Liquor of Tears" - Cradle of Filth

30.- Vampiros

"El sol no se ha puesto aún por última vez"

¡CUIDADO, A UN VAMPIRO LO PUEDES TENER MUY, MUY, MUY CERCA!

¡SOLO LOS PUROS DESCANSARÁN!

¡LOS IMPUROS SUFRIRÁN ETERNAMENTE!

Hermione le dio la vuelta a la hoja de su libro de manera ausente. Sintió como a su espalda, Draco se removía buscando una nueva posición para acomodarse y la abrazó por la cintura con mayor fuerza. Ella giró el rostro y el rubio la miró de manera juguetona.

- No me dejas leer. – Le confesó sintiendo el aliento de su novio sobre la nariz. Draco le sonrió con burla y echó la cabeza hacia atrás para apoyarla sobre el árbol en el cual estaba recargado.

- No estoy haciendo nada. – Se defendió él. Hermione rodó los ojos y suspiró. Acomodó -por tercera vez- el libro sobre sus piernas e intentó leer. No era fácil, teniendo en cuenta de que el rubio la había obligado a salir de la biblioteca de nuevo, de que la había convencido para sentarse en los terrenos del colegio mientras él se recargaba sobre un gran roble y además, y lo que más la ponía nerviosa, de que ella se sentó entre sus piernas y se puso a leer mientras él no hacía nada. Nada.

Bueno, la estaba abrazando y la ponía nerviosa, pero además de eso, Draco se dedicaba a observarla. Ni siquiera entendía qué era lo que ella tenía de interesante.

- Vaya. – Suspiró fuertemente mientras cerraba el libro sobre su regazo. – Es imposible.

Draco se rió entre dientes pero no dijo nada.

Hermione dejó caer su cuerpo sobre el pecho de Draco y cerró los ojos disfrutando del leve momento de paz y tranquilidad.

- ¿En qué piensas? – Le preguntó el rubio sobre el oído. Hermione se tomó unos segundos antes de contestar.

- En ellos. – Hermione señaló a unos alumnos de Slytherin con la barbilla. Ladeó su cabeza para mirar fijamente los ojos grises del rubio y le sonrió apenada. – Lo siento. Es sólo que... es extraño. Me miran como si... como si fuera algún bicho raro.

- Dímelo a mí. – Le sonrió Draco de medio lado. Después, suspiró. – Ellos no se meterán contigo. Si no te has dado cuenta, los únicos Slytherin que aún quedan en Hogwarts son los desertores del Lord Oscuro. No les conviene hacer algo en contra de aquellos que los protegen. Como tú. Como yo. – Le dijo mientras le tocaba la punta de la nariz con un dedo. – Me deben respeto. Nott, Parkinson, Zabinni. Ellos no estarían aquí si no fuese por mí.

- ¿Cómo es eso? – Preguntó ella mientras se giraba para encararlo. – Nunca lo habías mencionado.

- Sus padres murieron tratando de evitar su reclutamiento. – Empezó mirando los labios de la castaña. – Cuando deserté... los traje conmigo y le pedí a Dumbledore que les diera asilo. Ellos no estaban del todo de acuerdo, no querían luchar en esta guerra, sólo querían esconderse como los sucios cobardes que son. Al final, el viejo les concedió seguridad y asilo en el colegio. Ahora están aquí, fingiendo que no pasa nada que los pueda afectar. Pero saben su lugar y deben respetarlo.

- Draco... – Susurró acariciándole el rostro. – Una guerra no se lucha por venganza. – Murmuró intuyendo su agobio.

- El saber que un día haré justicia por la muerte de mi madre... me permite seguir adelante. – Le dijo con una sombra bajo sus ojos. – Si fuera diferente, te llevaría conmigo, lejos de esta guerra.

Hermione le besó cerrando los ojos por unos instantes. Le pasó los brazos por el cuello y lo abrazó.

- Esta guerra nos ha afectado a todos de alguna manera. – Le susurró tragando saliva amargamente. – Debemos ser fuertes por ello.

Draco le pasó un brazo por la espalda y recargó su cabeza contra el cuello de ella.

La castaña no lo vio, pero Draco estaba apretando un puño sobre la hierba.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

- Te has perdido una de las mejores victorias que Gryffindor ha tenido sobre Slytherin. – Sonrió la pelirroja con un brillo orgulloso en los ojos. – El equipo de Malfoy fue un completo desastre.

Harry sonrió. Aunque estaba algo distraído, la buena noticia de la victoria de su equipo le había subido el ánimo de manera considerable.

- Te felicito, Ginny. Serás una gran capitana el próximo año. – Expresó. La pequeña Weasley se sonrojó ante las palabras de su amigo pero le sonrió agradecida.

- No seas modesto, Harry. Sin ti o mi hermano, el equipo ya no será lo mismo. – Aceptó Ginny con algo de melancolía.

- Bueno, bueno... es mejor no pensar en un futuro que aún no llega. – Interrumpió Ron mientras movía la mano de arriba abajo. Sus ojos brillaban, así que Harry asumió que estaba orgulloso por su desempeño. – Mejor dinos, Harry, ¿Qué te ha dicho Dumbledore en su oficina?

- La verdad es que no hemos hablado. – Suspiró. Ambos pelirrojos lo miraron con las cejas alzadas. – Adam lo interceptó antes de que yo llegara con él. Ambos se veían serios. Como si algo grande estuviera por pasar.

Ron lo miró pensativo.

- ¿Qué crees que sea? – Preguntó al final, algo desanimado.

- No lo sé, Ron, pero es algo malo. Estuve hablando con Hagrid antes de venir hacia la Sala Común, y me enteré que estuvo de nuevo reclutando a los gigantes. – Declaró el pelinegro mientras se frotaba la frente con una mano.

- ¿Enserio? – Se sorprendió la pelirroja. - ¿Y qué sucedió? ¿Lo logró?

- No. – Negó Harry, sacudiendo la cabeza. – Al contrario, se enteró que Voldemort tiene un ejército de gigantes y enanos.

Ginny dejó escapar una exclamación ahogada y Ron se removió incómodo en su lugar.

- ¿Saben lo que significa? – Preguntó el pelirrojo mirándolos detenidamente. – Es nuestro turno de reclutar. – Señaló al ver que ninguno de los dos respondía. – Tenemos que encontrar a las criaturas que Voldemort jamás tendrá de su bando.

- Los Vampiros y los Dragones. ¡Claro! – Exclamó el pelinegro. Tantas preocupaciones había tenido en la cabeza que esa pequeña esperanza se había marchitado con ellas.

- Exacto, niños... – Murmuró la voz fría del ángel a sus espaldas. Los tres soltaron un respingo de sorpresa. – Me alegra ver que hacen algo más que perder el tiempo. – Se burló. Los miró con arrogancia por unos segundos y sonrió de medio lado. Los tres intercambiaron una mirada de resignación. Empezaban a acostumbrarse a Adam y a su imponente presencia más de lo que él mismo se imaginaba.

El ángel miró a Harry unos segundos y dio un par de pasos hacia enfrente, acercándose más a ellos. Había unos cuantos alumnos rondando los grandes sillones de la sala común y otros tantos haciendo sus deberes en las mesas en el extremo contrario. Adam percibió la mirada alegre y vivaz de la pequeña enana castaña y le lanzó una mueca.

- Partimos hoy en la noche. – Les murmuró, posando su vista de nuevo en ellos.

- ¿Qué? – Espetó Harry, sorprendido. Adam ni se inmutó. Rodeó el sillón rojo en el que los tres chicos estaban sentados y se acercó a la chimenea, que estaba apagada. Miró la oscuridad de su interior antes de contestar.

- Partimos hoy en la noche a reclutar a los vampiros. – Pronunció lento y pausado. No miró sus rostros y ciertamente no le importó. – Para ello, necesito a dos personas más. Tenemos que parecer un grupo pacífico pero cuidadoso. Los vampiros suelen ser calculadores ante sus visitantes... y si nos mostramos como una... secta meticulosa, ganaremos puntos a favor.

- Estás... ¿Va serio esto? – Balbuceó el pelirrojo con el ceño fruncido. Adam no se tomó la molestia de responderle. Ron pareció atontado por unos segundos, después, suspiró. – Le diré a Luna... ella estará feliz de venir.

- Yo le diré a Neville... – Agregó Ginny en un murmuro, todavía confundida por lo que estaba pasando.

Harry, mucho más sereno que los otros dos, pareció pensárselo.

- ¿Tendremos que decirles la verdad? – Preguntó, sopesando sus posibilidades.

- Sí, es necesario. Explíquenles lo principal. – Dijo mirándolos fijamente. – Pero sean prudentes. Ya hay demasiada gente que sabe sobre mi naturaleza. – Advirtió con su mirada fría.

Los tres suspiraron, totalmente resignados a esto de las sorpresas inesperadas.

- ¿A dónde iremos? – Preguntó Harry, al final.

- Vamos hacia Rumania, hacia el castillo de Bran. – Ellos parecieron confundidos. Adam suspiró derrotado, pensando en la incompetencia humana. – El antiguo castillo de Drácula, niños.

Después de eso, ninguno de los tres pudo evitar los escalofríos.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Hermione bufó por tercera vez en esos quince minutos que llevaba en su habitación. Se giró fulminando de nuevo a su guardián y lanzó una prenda de vestir sobre una pequeña maleta.

- Si vas a seguir presionándome con tu presencia... te recomiendo que te marches. – Le advirtió con los labios apretados. Adam no respondió y se cruzó de brazos. – Tú has sido el que ha hecho todo esto de sorpresa... no me vengas con esa cara ahora, Adam.

Hermione se giró de nuevo e intentó acomodar su ropa dentro de la pequeña maleta negra. Adam ignoró su incomodidad y se sentó en el borde de su cama sin dejar de mirarla.

La castaña lo miró de reojo y suspiró largamente. Inhaló, despacio y profundo para serenarse. Encaró nuevamente los ojos plateados de su guardián y frunció el ceño.

- ¿Me has oído? – Preguntó, irritada. Le señaló la salida con una mano. - ¡Fuera!

El castaño rodó los ojos y se levantó.

- Nos vamos en una hora. – Le recordó mientras se dirigía a la puerta.

- Te he oído las pasadas tres veces, Adam. Creo que lo he captado. – Murmuró entre dientes, ahora lo bastante disgustada con él por presionarla tanto.

Adam siguió su camino a la puerta y giró su cabeza, la castaña pudo ver su perfil escultural a la perfección.

- No tardes.

Hermione exhaló, despacio y constantemente. El ángel desapareció.

La castaña se sentó en la cama y removió su ropa entre sus manos de manera distraída. Miró la pared por largo rato y suspiró al pensar en el nuevo episodio que les esperaba.

Adam había interrumpido una escena bastante vergonzosa entre ella y Draco, y ahora debía aguantar la mirada inquisitiva y huraña de su guardián. Los había encontrado besándose de una manera un tanto... intensa, y eso le había acarreado algunos disgustos con su guardián.

Se preguntó por qué perdía el control de esa manera estando con el rubio. Hacía cosas que en un tiempo atrás la hubiera avergonzado hasta la médula –bueno, técnicamente siempre se sonrojaba, pero seguía haciéndolo-. Tenía algo de miedo con esta situación. Quería a Draco -de eso no tenía duda-, pero no lo amaba y no tenía planeado dar el siguiente paso con él. Y sin embargo...

Se frotó la frente, nerviosa por sus pensamientos. Se levantó de la cama y siguió acomodando sus cosas en la maleta. Alguien tocó su puerta unos segundos más tarde.

Hermione miró sus cosas por unos segundos y luego suspiró.

Algo que parecía una costumbre en ella.

- Pase... – Susurró tan bajo que por un momento pensó que su visitante no la había escuchado. Sin embargo, Adam ingresó de nuevo, con su andar elegante y tranquilo. La miró con una ceja alzada y sonrió con burla.

- ¿Lista? – Preguntó.

Ella asintió y sacó su varita. Redujo la maleta y la introdujo en su bolsillo. Siguió a su guardián escaleras abajo sin decir palabra, aunque deseaba decir tanto...

Encontraron a sus amigos sentados en los sillones de la sala común. La castaña se avergonzó un poco al percatarse de que la habían estado esperando. Ron y Harry jugaban ajedrez mágico -Ron iba ganando, por supuesto- y a Ginny leyendo Corazón de Bruja. Para sorpresa de Hermione, Neville también estaba con ellos.

- Listo. – Anunció su guardián. Los chicos los miraron y asintieron. – Iremos al despacho de Dumbledore.

La medianoche fue anunciada por el gran reloj que colgaba de un extremo de la pared. Hermione quiso preguntar qué hacía Neville ahí pero las campanadas la distrajeron.

Adam se dirigió al retrato de la Dama Gorda y jaló a Hermione del brazo al notar su desconcierto.

- ¿Qué significa esto? – Preguntó en un murmullo. Forcejeó un poco, pero el ángel no la soltó. - Tienes la tendencia de no contarme las cosas esenciales, ¿no es cierto? – Siseó, irritada.

- Eso es porque eres muy susceptible a mis decisiones. – Terció Adam. Hermione desistió de su idea de liberarse y se dejó arrastrar por su guardián. Los murmullos de sus amigos se le hicieron cada vez más lejanos, aunque tenía la seguridad de que los seguían.

- ¿Algo más que deba saber? – Preguntó con recelo, sin dejar de mirarlo.

- La verdad es qu-

- ¡Chicos! – Les gritó una voz, tremendamente familiar. Hermione se apretó el puente de la nariz.

- Ella. – Puntualizó Adam, deteniéndose. Los cuatro chicos a su espalda estaban a pocos pasos de ellos.

La rubia llegó trotando hasta ellos y los miró con sus ojos azules brillantes, radiantes de entusiasmo.

- Así que eres un ángel ¿eh? – Le dijo la rubia con una sonrisa ausente. - ¿Y existen snorlacks de cuerno arrugado en tu planeta? – Adam miró a Hermione con una mueca de confusión, ésta le dirigió una sonrisa nerviosa. Tras unos silenciosos segundos, el ángel posó nuevamente sus ojos plateados en Luna y sacudió la cabeza en negación a su pregunta. – Oh, qué mal, y ¿qué hay de los Plimpes?

- Eh, tampoco creo que existan, Luna. – Respondió su novio rápidamente mientras la abrazaba por la cintura. Le dio un beso en la mejilla y la rubia le sonrió.

- Igual es una lástima. – Respondió ella sin borrar su bonita sonrisa. Adam hizo una mueca. - ¿Crees que los vampiros me dejen hacerles una entrevista? Sería genial publicarlo en la revista de mi padre. – Ron dejó escapar un suspiro de resignación. Luna era así de extraña y directa, y por eso la quería.

- Podrás preguntarles a ellos en cuanto los veas. – Aseguró Hermione de manera amable. Su mal humor se le fue por un momento al ver el brillo entusiasta que portaba su amiga.

- ¿Dónde está Malfoy? – Preguntó el pelirrojo para cambiar de tema. Todos miraron a la castaña y ésta se incomodó un poco.

- No lo sé. – Aceptó. Miró de reojo a su guardián. – No pude despedirme de él. – Murmuró y se sonrojó. Harry frunció el ceño.

- Estará allá cuando lleguemos. – Aseguró Adam sin prestarles demasiada atención. – Vámonos. – Hermione asintió, convencida de que él sabía lo que decía. Como siempre.

Harry desistió de su idea de preguntar, así que decidió seguirlos en silencio.

Luna parloteaba animadamente con Ginny y Ron, comentándoles lo que preguntaría estando al frente de los vampiros. Mientras tanto, Neville, atento pero un poco rezagado, escuchaba las palabras de la rubia con una sonrisa tranquila.

El pelinegro giró su varita en la palma de su mano y miró el techo de manera distraída. No se dio cuenta de que llegaron a su destino hasta que Ron lo empujó del brazo para que despertara de su ensoñación.

Y, efectivamente, Draco estaba sentado hablando con Dumbledore en voz baja cuando cruzaron la gran puerta de caoba. Snape y Hagrid también estaban dentro, junto con el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y otra persona de su misma edad que nadie, a excepción de Adam, reconoció. Era alto, de complexión musculosa, rubio y de ojos verdes y amigables.

Las conversaciones se detuvieron en cuanto los presentes notaron la presencia de los recién llegados. Dumbledore pasó rápidamente su mirada por sus alumnos y se detuvo en la mirada intensa del ángel.

- Les doy un día completo, Kalyo. – Pronunció despacio, Snape refunfuñó algo a lo bajo. El hombre desconocido que estaba a un lado del profesor Connell se tensó. Adam apretó los labios pero no dijo nada. – Si no llegan en cuanto pase el día, mandaré una comitiva de la Orden para que vaya por ustedes.

- Acepto las condiciones. – Expresó el castaño con voz tersa y elegante. El profesor Connell ocultó una sonrisa. Adam extendió una mano hacia el director y éste le entregó una bota vieja.

- Un día. – Repitió Dumbledore, pero nadie comentó nada. Hagrid se mantuvo rezagado a la espalda del director, pero se notaba que quería decir algo. Harry le sonrió de manera tranquilizadora y el semi-gigante pareció relajarse un poco.

- Niños... toquen esto y prepárense para la diversión. – Les dijo Adam alzando la bota frente a sus ojos. Los chicos lo rodearon lentamente. Las manos comenzaron a caer sobre la bota. Draco tomó la cintura de Hermione y le sonrió. Neville suspiró, un poco nervioso, pero con un apretón de apoyo de parte de la pequeña pelirroja, encontró el valor y posó su mano con decisión. Ron le dio un corto beso a su novia y le tomó de la mano. Harry estaba serio, pero no dudó en tocar aquel traslador sin dilación ni miedo.

Para sorpresa de todos, Ryan Connell y el desconocido a su lado también posaron sus manos sobre la bota. Hermione iba a decir algo pero la fuerte sacudida del traslador se lo evitó.

El viaje duró poco y fue colorido. Los siete chicos cayeron de espaldas contra el duro y húmedo suelo cubierto de maleza. Adam le tendió una mano a la castaña y la incorporó despacio. Hermione no se molestó en sacudirse la hierba antes de mirar a su guardián con enfado.

Señaló a los dos hombres a su espalda y frunció el ceño.

- ¿Eso no es importante? – Preguntó. Adam pensó que ella hablaba con un tono francamente irritado, así que sondeó sus palabras antes de responderle.

- Es por precaución. – Respondió el ángel con cautela. – Hadar, te presento a Hermione. – Dijo mirando los ojos verdes del rubio que ella jamás había visto. – Hermione, uno de mis guerreros.

Hermione se preguntó por qué todos los ángeles parecían ser francamente apuestos y perfectos.

- Un placer. – Dijo el joven Hadar y se inclinó ante ella. Hermione se sonrojó.

- M-mucho gusto. – Balbuceó avergonzada. Sintió una mano en su cintura y casi ocultó una sonrisa al notar el cuerpo tenso del rubio a su espalda. Para su alivio, Draco no dijo nada y sus amigos se acercaron a ellos.

- Nuestro profesor es un ángel. – Se sorprendió Ron sin poder creerlo. - ¿Alguna otra sorpresa? – Preguntó mirando a Adam con algo de enfado. – ¿Snape es un hombre-lobo o algo así?

Ryan y Hadar se tomaron la molestia de sonreír. Sin embargo, Adam lo ignoró.

Harry, que no estaba prestando mucha atención a la pequeña charla que se llevaba delante de él, miró a su alrededor y se estremeció. Estar a las afueras de la ciudad de Braşov, Transilvania, era algo lúgubre y escalofriante. El Castillo de Bran se alzaba a lo alto de los montes Cárpatos, justo frente a sus ojos.

Adam dio un paso hacia el frente y alzó la mano para detener las conversaciones que se habían iniciado. Los contempló por unos segundos y alzó el mentón con arrogancia.

- Estar en los dominios de un Vampiro es algo sumamente delicado. – Empezó. – No tengan miedo porque no les harán nada... aún así, no bajen la guardia. Estén pendientes a su alrededor y caminen seguros y sin temor. Los vampiros adoran las sectas poderosas, y nosotros somos una. – Dijo, con voz firme que no dejaba ninguna duda de ello. Sacó una pequeña caja de su abrigo blanco y extrajo unas varas de metal pequeñísimas.

Hadar y Ryan se acercaron a él y lo flanquearon como si fueran sus guardaespaldas. Hermione pensaba que eso no distaba mucho de la realidad.

Adam la miró a ella y le tendió una de las pequeñas varitas. Hermione la tomó, insegura. Una luz brilló en su mano y lo que antes era un pequeño pedazo de metal, ahora era la hermosa figura de la espada blanca que ella había tenido en Avalón.

- Por la pureza. – Susurró Adam y le sonrió. Hermione olvidó cualquier absurdo enfado que hubiese sentido con él y reprimió las enormes ganas de abrazarlo. Ella también le regaló una sonrisa, encantada.

El ángel miró a Draco.

- Por la lealtad. – Le entregó una vara y ésta también brilló. A Draco le brillaron los ojos al ver el elegante y majestuoso sable entre sus manos.

- Por la fuerza. – Se dirigió a Ron y lo mismo sucedió con la varita de metal que le entregó. Ron asintió agradecido, mirando su maestral espada.

- Por la inocencia. – El ángel se dirigió a Luna y le entregó una espada lisa y delgada con bordados exquisitos y hermosos.

El ángel se giró.

- Por la justicia. – Le dijo a Ginny y a ésta se le hinchó el pecho al tener entre sus manos la poderosa espada.

- Por la amistad. – Pronunció despacio mientras se dirigía a Neville. El chico pareció algo apenado pero tomó el metal entre sus manos y un nuevo brillo los cegó por efímeros segundos. Una espada de tamaño medio y de doble filo, con bordados finos y lisos, sorprendió al chico. Neville asintió, aceptando la responsabilidad que conllevaba aquella arma.

Por último, Adam se dirigió a Harry.

- Por el valor. – Le susurró pero no le entregó nada. Harry aspiró aire profundamente y su mirada seria no se apartó de los ojos plateados del ángel cuando extrajo la Excalibur de su vaina y la puso al frente de su cuerpo. Adam sintió cierto orgullo al ver su valentía, pero no lo demostró.

Los presentes sabían que las armas y las palabras no eran para enfrentar a los vampiros. Eran sólo para dar inicio al fin de esta historia. Era el principio del cambio y el fin de la tiranía. Y todos lo sabían.

El castaño se giró a mirar a sus dos guerreros y los miró con suficiencia.

- Por la esperanza. – Ambos rubios le devolvieron la sonrisa. – No tengan miedo. – Repitió con voz tranquila y pausada. – No hablen hasta que lo indique… - Aconsejó. - Ahora, nos esperan. – Susurró y avanzó hasta quedar al frente. Le dedicó una rápida mirada a su protegida y suspiró al verla entre los brazos del rubio mientras todos avanzaban.

Ryan y Hadar flanquearon la retaguardia y la comitiva avanzó con pasos seguros pero cautos hacia la entrada del enorme y magistral castillo que se alzaba frente a ellos.

Cuando cruzaron la gran puerta de caoba oscura, Hermione sintió tremendos escalofríos recorrerla. Apretó la mano de Draco que tenía entrelazada con la suya y suspiró con pesadez.

La puerta se cerró a sus espaldas con un sonido seco. La castaña se sobresaltó un poco y estuvo segura de que no fue la única, pero no miraba nada como para comprobarlo. La oscuridad se cernió alrededor de ellos y aunque no miraban muy bien, sí sintieron el detener de los pasos de Adam. Se quedaron en silencio escuchando las respiraciones aceleradas de sus compañeros y después de unos momentos –en los cuales la castaña estuvo tentada a preguntar algo pero se contuvo- un amplió pasillo se fue iluminando al frente.

Varias antorchas colgadas a los laterales de las lúgubres paredes de concreto se fueron encendiendo una por una, mostrando la simpleza de una bienvenida escalofriante. Hermione sabía que ese castillo era enorme y estaba segura que la iluminación de ese pasillo no era coincidencia. Aún se preguntaba cómo le hacían los vampiros para ocultarse durante las visitas de turistas durante el día, –aunque sospechaba que los visitantes nunca profundizaban mucho en el interior oscuro de aquel tenebroso castillo- ahora se hacía una de idea de cómo lo lograban al ver y sentir la magia que poseía aquel lugar. Además aquel castillo era como un laberinto. Ella suponía que sin la ayuda de aquellas antorchas, ellos posiblemente estuviesen perdidos.

No supo cuantos pasillos cruzaron o doblaron y no fue muy consciente de cuánto tiempo tardaron, pero supo que fue bastante. Ella estaba segura de que nunca podría salir de aquella fortaleza por cuenta propia. Cuando llegaron a una estancia enorme, que parecía un salón o algo así, Hermione sintió su corazón latir con irregularidad. Las antorchas apenas iluminaban su alrededor así que no miraban gran cosa, pero ella sabía que ahí había algo o... alguien.

Adam también lo sabía, pero a diferencia de los delicados humanos a su espalda, el castaño sí los miraba. Sus ojos dilatados y brillantes mirándolos con algo parecido a la codicia. Sus pieles pálidas y muertas contrastando con la oscuridad. Sus dentaduras blancas, enseñando dos enormes colmillos con orgullo.

El ángel inclinó la cabeza a modo de respeto, sus dos guardianes hicieron lo mismo.

Ninguno de los chicos los imitó pues no veían muy claramente. Sin darles tiempo a prepararse, un enorme y hermoso candelabro colgante del siglo XVII se iluminó sobre sus cabezas. La sala, como lo habían previsto, era enorme. Tenía el decorado de la realeza antigua, con alfombras con bordados exquisitos y candelabros con tenue resplandor por todas partes. Enormes sillones rojos se extendían a lo largo de la habitación, y ésta misma se decoraba con espejos de finos marcos a los costados. No había ventanas.

Pero lo que los dejó sin respiración, fueron los cuerpos pálidos que descansaban sobre los sillones. Aquellos hermosos rostros –de esa belleza terrorífica y muerta- con ojos profundos y dilatados, que los miraban. Que no se reflejaban en los espejos y los que sostenían copas llenas de un líquido rojo intenso entre sus blanquecinos dedos.

Hermione los contempló, no acabándose de creer lo que sus ojos observaban. Sabía sobre las leyendas vampíricas pero nunca se imagino que verlo con tus propios ojos fuera tan placentero y aterrador a la vez. ¿Podría ser algo como eso?

Había un hombre con una tétrica sonrisa desde un sillón que se colocaba en el centro de la estancia. Estaba rodeado de dos mujeres que le besaban el cuello pero él parecía demasiado entretenido observándolos. El vampiro se levantó despacio acariciando a sus dos compañeras en el cuello antes de desprenderse de sus brazos.

Era alto y delgado pero parecía musculoso –aunque siguiendo las leyendas, los vampiros poseían una fuerza, destreza y rapidez sobrehumana-. Sus ojos eran de un verde claro e hipnótico y su cabello era de un color café oscuro, casi negro. Vestía de manera rudimentaria, pero se veía especialmente atractivo y elegante. Su palidez era preciosa, pero escalofriante. Su piel parecía lisa y la castaña sintió tremenda curiosidad por tocarla. Sí Hermione no supiera que era un vampiro, podría haberse enamorado de su belleza.

Avanzó hacia ellos sin decir palabra. El silencio empezaba a ser un poco pesado pero Adam parecía demasiado serio y Hermione no pensaba plantarle cara a ninguno de esos escalofriantes vampiros. Sintió como Draco la tapaba ligeramente, protegiéndola con su cuerpo. Le dio un suave apretón de manos y suspiró entrecortadamente.

- Mi nombre es Byron. – Se presentó el vampiro deteniéndose a unos pasos de distancia. Su voz era hipnótica y profunda, Hermione tuvo que parpadear para salir del encanto. Les sonrió jovialmente, mostrando esos colmillos blancos y perfectos que les causaron escalofríos. – Sean bienvenidos a mis dominios. – Hermione entendió por aquello, que él era como la cabeza de aquella secta. – Kalyo, un placer. – Dijo dirigiéndose hacia Adam. El castaño inclinó la cabeza una vez más. Hermione aspiró aire con sorpresa.

- El mío. – Respondió el ángel con su voz tranquila pero soberbia. – Ellos son mis acompañantes. – Presentó con profesionalidad. Hermione apenas se dio cuenta que Luna tenía una sonrisa encantada en el rostro, Ron parecía detenerla para que no se abalanzara contra el vampiro. Ginny estaba temblando a su lado y Neville le susurraba cosas tranquilizadoras en el oído. Hermione se alegró de que Ginny hubiese encontrado una amistad tan sincera con él.

La castaña intentó ver el rostro de Harry, pero él les daba la espalda, situándose a muy pocos pasos detrás de Adam. El vampiro lo miró y sus ojos relampaguearon.

- Harry Potter. – Habló con voz de terciopelo. La castaña se preguntó qué tipo de poder era aquel que los hacía encantarse.

En un segundo intenso y etéreo, los ojos de Harry y Byron chocaron. Ninguno habló y, en un momento que no entendió muy bien, Adam se posicionó frente al pelinegro e interrumpió el intercambio de miradas.

- No con ellos. – Advirtió el ángel con voz helada. La castaña sintió como Hadar y Ryan se movieron a sus costados con cautela. Harry dio un paso hacia atrás, confundido. Hermione tuvo la intención de acercársele, pero la mano de Draco se lo impidió.

- No he podido evitarlo. El estado somnoliento de los humanos es mi tiempo para existir y a veces sucumbo a la tentación. – Se disculpó con una sonrisa. – Ellos son mi familia. – Presentó, como si lo hubiera olvidado. Los veinte vampiros sonrieron. Hermione prestó más atención en una rubia que se acercó a Byron con la sensualidad innata. Cuerpo despampanante, ojos azules y brillantes. Hipnótica belleza que no le quitaba la vista de encima a Harry. Sintió algo raro al ver aquello.

- Ella es Tsarina. Mi pareja. – Presentó Byron, rodeándole la pequeña cintura con un brazo. Le dio un beso, de esos besos eróticos y agresivos que sólo veías de vez en cuando, y Hermione sintió cierta vergüenza al presenciarlo. Byron recorrió su cuello con la lengua y, justo debajo de la clavícula, le hincó los colmillos con fuerza.

La castaña desvió su mirada de aquello, por la vergüenza que ellos no sentían, y su pulsó se aceleró con pudoroso nervio cuando escuchó el leve gemido que dejó escapar la rubia. Desde luego, al recordar a las dos mujeres semi-desnudas del sillón, aquellos vampiros parecían demasiado liberales.

El ángel pareció perder la paciencia con aquella muestra de pasión desenfrenada, así que dio un paso al frente y llamó la atención del vampiro.

- Pónganse cómodos. – Sugirió el vampiro con voz ronca y excitada. Sus ojos se habían oscurecido y no había soltado a la mujer que seguía acariciándole el pecho. – Estaré con ustedes en un minuto. - Y a ninguno de ellos les quedó duda de lo que iría a hacer, menos cuando arrastró a su amante a una habitación y desapareció detrás de la puerta a una velocidad inhumana.

Adam suspiró con frustración, aparentemente asqueado y enfadado de aquella muestra de fogosidad. Había unos sillones desocupados a al fondo de la habitación así que giró un poco su cabeza y les indicó a los demás que se sentaran.

Caminaron despacio, con sigilo. La mirada intensa de los vampiros ponían nerviosos a los chicos. Aunque Adam, Hadar y Ryan parecían bastante tranquilos, seguían estando alerta a cualquier movimiento.

Ginny, Neville, Luna, Ron, Draco y Harry tomaron asiento. Los tres ángeles permanecieron de pie, mirando su alrededor con cautela. Hermione se acercó a Adam.

- ¿Qué hacía ese vampiro con Harry? – Le preguntó en voz baja. El castaño giró su cabeza lentamente y la miró.

- Los vampiros despiden un... encanto hacia los humanos. Los incitan a acercarse, los atraen con su belleza. Los atontan con su sensualidad... – Se detuvo y la miró. – Es su método de caza.

Hermione reprimió un gemido de sorpresa.

- ¿Estás seguro que podemos confiar en ellos? – Preguntó, bastante insegura. Adam torció la boca.

- Ya veremos. – Susurró. Giró su rostro hacia la puerta por la que habían desaparecido los dos vampiros y suspiró. – Son egoístas. No les importa mucho su entorno, sólo disfrutan los placeres que se les otorgan... pero esta guerra los involucra más de lo que desearían. Estoy seguro que llegaremos a un acuerdo. Byron es el último descendiente de Drácula que aún permanece con vida... y tiene el deber de cuidar a la estirpe. – Titubeó un poco, pero al final, levantó la mano y le acarició la mejilla con sutileza. – No tengas miedo...

Hermione sonrió. Ella regresó a su asiento y Ryan miró a Adam con una sonrisa torcida.

- Cállate. – Espetó el ángel con recelo. El rubio soltó una risa entre dientes.

No tuvieron que esperar demasiado para ver aparecer a los dos vampiros frente a ellos. Los humanos se sobresaltaron al verlos aparecer detrás de una nube de humo. Byron sonrió con burla.

- Mis disculpas. – Dijo con la voz tersa. Se acomodó la ropa lo mejor que pudo, era demasiado elegante para perder el estilo, y los miró.

- Ya era hora. – Expresó Adam con voz glacial. Byron no se inmutó.

- Bien, ángel... es hora de hablar. – Asintió con jovialidad. El vampiro parecía más contento que antes. - ¿De qué hablaremos?

- Sobre la guerra, por supuesto.

Byron borró su sonrisa y se tensó.

Aquello no parecía muy bueno.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Media hora había pasado desde que Adam había empezado a hablar. Byron seguía rechazando las posibilidades de participar en la guerra de magos, y Adam parecía estar perdiendo la paciencia. Hermione sabía que no quería usar el As de los hombres lobos, pues quería que los vampiros participaran por cuenta propia, pero como iban las cosas, el castaño no tardaría en hablarles sobre los licántropos.

Luna había decidido acercarse a un vampiro y, al verla, Byron le había sonreído y había asegurado que nadie los dañaría. Eran huéspedes y su familia no los lastimaría.

Aún así, Hadar estaba muy al pendiente de ella y de Ron, quien no se separaba de ella.

Mantenía una charla amena con un vampiro joven y guapísimo. Y Hermione estaba aliviada al ver que no tenía intenciones de hacerle nada, además, aquel vampiro mostraba una verdadera curiosidad a lo que la rubia estaba preguntándole. Ron, en cambio, parecía algo tenso a su lado.

Ginny y Neville estaban conversando en voz baja, la pelirroja parecía demasiado nerviosa y el chico trataba de distraerla. Hermione no la culpaba, pues a lo lejos, un vampiro rubio de ojos arena no dejaba de mirarla.

Harry estaba atento a la conversación que Adam y Byron mantenían, aunque no participaba activamente en los comentarios. Seguía siendo vigilado por la rubia despampanante y eso ya había empezado a fastidiarla. Draco, que no entendía muy bien su humor, trataba de calmarla frotándole la espalda con cariño.

Todos los demás vampiros habían decidido seguir con lo suyo, aunque no dejaban de mandar miradas cautelosas a la conversación que mantenía su líder y el visitante. Hermione intentaba no mirarlos mucho, pues además de que estaban haciendo cosas demasiado íntimas con sus parejas, -sin llegar al extremo porque de seguro ella hubiese salido corriendo- estaban bebiendo sangre con lascivia. Y eso la incomodaba.

Ryan, que los custodiaba a ellos, vio con mala cara a Tsarina, que se acercaba con paso elegante hacia el pelinegro. Hermione frunció el ceño cuando Harry dejó de prestar atención en la conversación y fijó sus ojos en la bella vampira.

- Hola, cariño. – Susurró la rubia. Aunque Hermione pudo escucharla. Draco suspiró frustrado. – Harry Potter, ¿cierto?

El pelinegro asintió, demasiado encandilado para hablar.

- ¿Quieres... divertirte un rato? – Preguntó con voz seductora y acaramelada. Hermione gimió por tal descaro. Harry pareció sorprendido y avergonzado.

- No, gracias. - Murmuró él, en un hilo de voz.

- ¿Estás seguro? – Preguntó de manera sugerente. – Nos la pasaríamos muy bien. He oído que... mi mordida es lo más placentero que podrías sentir. – Le murmuró en el oído mientras acariciaba su pecho de manera seductora. Hermione se enervó, sintiendo su estómago explotar de rabia.

- N-no... – Repitió el chico, tratando que su voz sonara firme y tranquila. – Yo... n-no creo que s-sea buena idea.

- No te haré daño... – Lo abrazó y le lamió el cuello con lentitud. Bajó una de sus manos y la colocó en su trasero. Harry gimió de sorpresa, demasiado nervioso para hacer algo.

Hermione pensó que eso había llegado demasiado lejos y sacando su varita, olvidándose de su espada –que estaba guardada en su vaina-, se levantó decidida. Hizo una floritura con ella pero no alcanzó a recitar ningún hechizo cuando vio que Tsarina se separaba de él con una sonrisa.

- Lo hubieras dicho antes, precioso. – Le sonrió relamiéndose los labios por el deseo. – No suelo ser tan despiadada metiéndome con hombres tan profundamente enamorados. – Susurró. – Una lástima.

Harry tragó saliva con dificultad y trastabilló cuando quiso alejarse de la rubia. Miró a su alrededor y se sorprendió al percatarse de que la mayoría de los presentes lo miraban. Avergonzado y sonrojado hasta la médula, Harry se sentó a un lado de Ginny y enterró su rostro entre las manos.

Hermione mantuvo un silencio huraño y regresó a su lugar. Vio como Ryan apartaba la mano del mango de su espada y destensaba el cuerpo. Adam también había estado dirigiéndoles miradas de reojo, pero ahora volvía completamente a su conversación.

La castaña miró a Draco, que había dejado de tocarla, y se sintió realmente mal al ver su rostro crispado.

Parecía furioso, así que Hermione hizo un esfuerzo mayúsculo para cambiar su actitud. No consiguió ocultar su sonrisa así que lo besó para tranquilizarlo.

- Lo siento. – Susurró sobre su boca, comprendiendo que estaba celoso. – No puedo evitarlo... pensé que iba a morderlo. – Lo besó de nuevo, aunque Draco estaba bastante reacio a responderle. Hermione decidió no darse por vencida y siguió besándolo cada vez con mayor fuerza. Draco suspiró, totalmente derrotado y la abrazó con fuerza. Alguien carraspeó a su lado cuando el beso estaba saliéndoseles de las manos.

Hermione se separó con un jadeo y miró a su interruptor. Era Ryan y los miraba con picardía. La castaña se sonrojó y se apartó de su novio inmediatamente. Draco le pasó un brazo por los hombros, sonriendo de manera arrogante.

- Lo siento, chicos, pero hay muchos vampiros sexualmente activos en este lugar. – Les dijo. Hermione se avergonzó de sobremanera. – Una pareja de humanos besándose. Son una tentación demasiado grande para ellos. – Aclaró. Hermione se horrorizó al escuchar aquello, y por la cara que tenía, Draco parecía pensar lo mismo. – Eso de combinar la inmortalidad, el sexo y la sangre, no es muy sano. – Confesó, aunque no parecía entender aquello. – En fin, pueden terminar su... intercambio de... saliva en otro momento.

Hermione se sonrojó de nuevo y desvió la mirada. Draco apartó la mano de sus hombros, visiblemente aterrado, y le tomó la mano.

- Tranquila... – Le susurró. Ella asintió, no muy convencida.

- Byron, es hora de dejar el placer a lado. Esto es importante. – Rugió la voz de Adam. El líder vampiro se limitó a mirarlo. – Voldemort tiene licántropos de su lado. – Soltó, bastante exasperado.

La pupila de Byron se transformó en una línea vertical completamente negra. Hermione vio a los demás y, con terror, se dio cuenta de que les pasaba lo mismo.

- ¿Eso... eso es cierto? – Murmuró el vampiro con la voz contenida. Hermione pensó que ahora sí daba miedo. Sus dedos se crisparon sobre la mesa que se interponía entre él y el ángel.

- ¿Lo entiendes ahora? – Preguntó el castaño, con serenidad y altivez. – Si Voldemort vence... ustedes serán dominados por los hombres-lobo.

- Podríamos desprendernos de las consecuencias de la guerra. – Aclaró él, con la voz seria y sin vida. Se notaba claramente que Byron no quería luchar en la guerra.

- No lo dudo, vampiro. – Declaró el ángel con rudeza. – Pero vivirían escondidos. Voldemort no quiere regir la comunidad mágica, Byron, quiere la tierra bajo su poder. Y ustedes, a petición de los licántropos, serían los primeros en caer durante su dominio. Si no es que los convierte en esclavos... o algo peor. – Murmuró viendo a Tsarina, que se había acercado. Byron se tensó.

- No, eso no lo permitiré. – Rugió. Adam sonrió triunfal. – Pero... ¿Cómo sé que puedo confiar en ustedes, Kalyo?

- No lo sabes. – Asintió. – Es de la misma forma como yo no sé si pueda confiar en ustedes. Pero lo tengo que hacer. Por el bien de esta tierra.

- Me repudia ayudar a los humanos, ángel. Ellos nos marginan. – Miró a los chicos sentados en el sofá e hizo una mueca. Estaba claro que su jovialidad había desaparecido. – Su existencia es insana, imprudente y descuidada.

- No todos son así. – Aclaró Hermione, que se había enfadado con aquello y se había acercado. Draco permanecía a su espalda, muy cerca de su cuerpo. – Hay quienes creemos en la igualdad de especies y en la libertad. Ahora tenemos una oportunidad de probarlo, aunque el método no sea lo mejor, esta guerra nos ha proporcionado la oportunidad de dejar atrás viejos resentimientos. Nos ha dado la oportunidad de probarle a Voldemort, a los demonios y a los hombres-lobo, que en la tierra aún quedan seres vivos que se preocupan por ella y que éstos pueden dejar sus pleitos en el pasado para darle un futuro al planeta en busca de un beneficio común.

- Prácticamente estamos muertos. – Susurró Byron recuperando su sonrisa. Hermione quedó algo confundida. – Pero entiendo tu punto. – Aceptó.

- Tus ancestros han protegido la estirpe por siglos, Byron, es hora de que tú plantes cara. – Finalizó Adam con frialdad. El vampiro sonrió y se giró para mirar a su familia.

- ¿Qué opinan, chicos? ¿Dejaremos que los licántropos nos rijan? – Preguntó. - ¿Dejaremos que los humanos sean más valientes que nosotros? ¿Dejaremos que los ángeles se lleven la diversión? – Nadie se movió, pero la respuesta era más que obvia en sus expresiones decididas. – ¿O accederemos, como ha dicho esta bella dama, a darles una oportunidad a los humanos de su lealtad y liberar este hermoso mundo de los abominables monstruos que la acechan? Porque como ha dicho ella... todavía hay esperanza.

Hermione tenía que aceptar una cosa de los vampiros: amaban la tierra. Sobre todo los placeres que ésta les presentaba.

Y en sus rostros se podía asegurar que morirían por ella.

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*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Byron los había invitado a una celebración por la nueva alianza fijada. Adam había intentado, sutilmente, rechazarla. Ahora que tenían el acuerdo, el castaño se había mostrado, hasta cierto punto, mucho más tolerante con ellos. Aún así, el líder de los vampiros había impedido su partida y les había ofrecido vino para festejar.

Hermione lo había mirado con una ceja alzada, preguntándose qué hacía una secta de vampiros con vino.

Para las visitas, había dicho Byron, y Hermione, con un escalofrío descendiendo por su espina dorsal, había comprendido que muchas de esas visitas no solían salir de aquel castillo.

Byron mandó silencio y levantó su copa llena hasta el tope de sangre, roja y espesa.

- Por esta alianza. – Brindó. Los presentes alzaron sus copas con orgullo y bebieron casi con desesperación, aunque Hermione y los demás bebieron levemente de las suyas.

El vampiro sonrió –a Hermione no le pudo haber dado más miedo aquella visión- enseñando los colmillos cubiertos de sangre y un hilillo rojo descendiendo por su labio inferior. Esa imagen era aterradora, y Hermione sintió, nuevamente, esa desesperación asfixiante por salir de ese lugar.

Byron se acercó a ellos cuando el brindis había terminado y, con una sonrisa, se acercó a una tensa Hermione.

- Bella dama, tus palabras han sido placenteramente inspiradoras. – Murmuró con elegancia y le tomó una mano. - ¿Cuál es tu bello nombre? – Preguntó con voz acaramelada.

Hermione sintió algún tipo de jaleo a su espalda, pero estaba demasiado hipnotizada por esos hermosos ojos verde-claros como para prestar atención.

- H-Hermione Granger. – Respondió en un balbuceo. El vampiro sonrió y deposito un intenso beso en el dorso de su mano. Alguien a su espalda contuvo la respiración en una sonora exhalación. Ella misma tensó el cuerpo completamente y se sonrojó de manera visible.

- Me encanta el sonrojo de una preciosa humana. – Susurró con voz acaramelada. Levantó la mano, listo para acariciarle el rostro, cuando otra mano encerró su muñeca con fuerza, deteniéndolo.

- Ni lo intentes. – Murmuró Adam entre dientes. Hermione retrocedió, sintiendo los escalofríos en su espalda y se topó con Draco, que la abrazó por la espalda de manera protectora.

Byron, sin ofenderse por la interrupción del ángel, lo miró por largos segundos, y las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa.

- Nunca creí que el legendario Kalyo fuera a asumir un puesto como este. – Susurró con voz empalagosa. Adam frunció los labios y dejó su muñeca libre. – Un ángel guardián. – Exclamó con fingida sorpresa.

Hubo muchas reacciones ante eso, y todo ocurrió excesivamente rápido. Draco, que estaba abrazando a Hermione, alzó la vista hacia Adam con la sorpresa impresa en el rostro. Ron se atragantó con su bebida. Ginny y Neville miraron confundidos la escena y Luna parecía más interesada en el collar antiguo que uno de los vampiros le había regalado, que en la curiosa escena que se desarrollaba a su alrededor.

Harry, en cambio, con el rostro descompuesto por la ansiedad y completamente horrorizado, se levantó de un salto del sillón y apretó tan fuerte su copa, que ésta explotó en su mano. La sangre no se hizo esperar y varios pares de ojos se fijaron en él con lujuria. Las pupilas de los vampiros se dilataron y las fosas nasales se abrieron con rapidez.

Hadar y Ryan estuvieron al lado de Harry enseguida, y Ryan le apretó la mano hasta cerrar la herida. La situación se calmó un poco, pero Harry seguía de pie, un poco agitado y sintiendo un escozor en la palma de su mano.

- No te interesa. – Replicó Adam, tranquilo.

Byron miró a su alrededor y sonrió, sus afilados colmillos seguían expuestos y brillaban de color rojizo.

- Está bien, lo comprendo. – Accedió, risueño. – No hay muchas personas contentas contigo en esta sala, ángel. – Murmuró. – En fin. Es hora de cerrar formalmente el trato.

Adam estaba tenso, no quería perder el control, pero ese vampiro no le daba mucha tregua.

Uno de los vampiros más pequeños de la habitación se acercó con elegancia a su líder. Traía un pequeño cojín antiguo donde se admiraba una bella y fina daga de oro.

Byron la tomó, ignorando el leve quejido de protesta que profirió su pareja, y la colocó en su palma, sin apartar los ojos, levemente oscurecidos, del rostro del castaño.

Enterró la daga en su mano y la sangre comenzó a brotar de ella. Los vampiros se removieron en sus lugares, excitados nuevamente por el olor metálico de la sangre. Byron le ofreció la daga al ángel y éste la miró por unos segundos antes de tomarla.

Adam se hizo un corte poco profundo y la sangre comenzó a correr de su mano. Hermione miró con cierta sorpresa como Hadar contenía la respiración, como si le hubiesen enseñado algo que lo había ofendido.

El vampiro le ofreció la mano con una sonrisa torcida y Adam la aceptó. Estrecharon la sangre de sus palmas, y por la expresión aliviada de los vampiros, Hermione supo que esa era la firma verdadera de una nueva alianza.

Hermione se giró un poco para mirar el rostro contorsionado de su novio, le susurró un "tranquilo" mientras le acariciaba la mejilla. Ahora, como uno de sus peores miedos, sabía que debía bastantes explicaciones. En especial a Harry y a Draco. Sabía que los demás serían un poco más comprensivos y no echarían el grito al cielo ante tal revelación. No quiso ni mirar el rostro de su mejor amigo por temor a lo que pudiese encontrar.

La castaña se separó de Draco y se acercó a Adam para tomarle la mano. Sacó su varita y le cerró la herida con delicadeza. Adam le sonrió, pero la posicionó detrás de su cuerpo para encarar al vampiro de nuevo. Éste los miraba con esa sonrisa tétrica y perfecta que seguía produciendo escalofríos en los humanos presentes.

- Dos de mis guerreros estarán por la zona en caso de emergencia. – Informó Adam con voz fría. – Cuando todo empiece... ellos te avisarán y te darán las coordenadas del lugar en donde nos encontremos.

Byron asintió mientras hacía una señal a dos vampiras que estaban a su espalda. Eran las que vestían muy poca ropa, y Hermione aceptaba, sintiéndose sumamente poca cosa, que esas dos criaturas eran hermosas.

- Estaremos preparados, ángel. – Asintió con solemnidad. – Yo los protegeré y ustedes protegerán a mi familia. Cariño, escóltalos a la salida. – Dijo besando a una de las vampiras. – Son bienvenidos cuando lo deseen, mis pequeños aliados. Que la suerte esté con ustedes.

Adam inclinó la cabeza de manera respetuosa, se dio media vuelta, tomó a Hermione de un brazo y comenzó a caminar hacia la salida. Las vampiras ya flanqueaban la puerta cuando la castaña se quiso dar cuenta. Ni se preguntó cómo habían llegado tan rápidamente a ese lugar.

Adam les hizo una seña a todos los presentes, Harry seguía tenso así que Hermione lo tomó del brazo. Sabía que la situación con su mejor amigo no era la mejor en estos momentos, y con la noticia revelada todo parecía apuntar a una dirección sumamente complicada, pero Hermione quería salir de ese lúgubre lugar y no se detendría para dar explicaciones.

Harry se dejó arrastrar, sintiendo algo explotar dentro de su pecho de manera dolorosa. No entendió por qué Hermione tenía un ángel guardián, y la parte más razonable de su cabeza le decía que no quería saber la razón. Se sintió pequeño, preocupado y ansioso, incapaz de saber qué pensar o qué hacer.

Apretó la mano de Hermione cuando sintió que ésta quería soltarlo. En ese momento no le importó que Draco Malfoy fuera su novio y que estuviera atravesándole la espalda con su gélida mirada, sólo quería tener a su mejor amiga cerca y asegurarse de que estaba a salvo con él. Y Harry se alegró de que Hermione no intentara soltarse de él nuevamente.

En algún momento, Harry se percató de que caminaban por un oscuro y extenso pasillo. Casi no veía nada, pero sentir la pequeña mano de Hermione entre la suya era lo único que le importaba.

Caminaron por largos minutos -Harry tenía un dolor de cabeza intenso y no era muy consciente del tiempo-. Empezaban a sentir frío y el pelinegro sintió que Hermione temblaba. La pegó más a su cuerpo, dándose cuenta de que él también temblaba y no precisamente de frío.

Se detuvieron en algún momento y el frío viento de Transilvania le golpeó el rostro con algo de dolor. Harry, saliendo un poco de su ensimismamiento, se dio cuenta de que estaban fuera del castillo de Bran, refugio de todos esos horripilantes vampiros.

Hermione se soltó finalmente de su mano y el pelinegro sintió algo rompiéndose en su pecho. La castaña fue directamente a los brazos de Draco y éste le dirigió a Harry una mirada furiosa.

Adam se despidió, con una mueca de asco, de las dos vampiras que los escoltaron y discutió algo con sus dos guerreros en voz baja. Sacó la bota vieja de su abrigo blanco y se acercó a los chicos con paso sereno.

- Eso fue alucinante. – Comentó Luna a nadie en específico. Seguía mirando atentamente el collar entre sus manos, y la felicidad en su mirada era palpable para quien la mirara. – Ese vampiro se porto muy amable conmigo. ¡Le pedí una fotografía! Y al ver su cara avergonzada, ¡Me di cuenta de que no hubiese salido! – Soltó una risita y Ron, a su lado, le dedicó una mirada cargada de ternura.

- Eso es fantástico, Luna, de verdad. Estamos contentos de que uno de nosotros disfrutara la visita. Yo, en cambio, estaba aterrada. – Expresó la pelirroja en un murmullo. Luna le dio una palmadita en el hombro para tranquilizarla.

- No ha ido tal mal. ¿No lo creen? – Comentó Neville, intentando acomodar su espada en su cintura. Cuando se dio cuenta de que lo miraban, el chico se sonrojó. – Bueno, ellos han cooperado. – Aclaró.

- Fue... espeluznante. – Dijo Ron en voz baja. Su novia le frunció el ceño y él la miró apenado. – Espeluznantemente increíble, amor. – Suspiró. Luna le sonrió y le regaló un beso profundo.

- Yo creo que ha sido asqueroso. – Cooperó Draco mientras Hermione enterraba la cabeza en su cuello. El rubio pasó su mano entre el cabello castaño de su novia y suspiró. – Hermione...

- Creo que nos debes una explicación. – Exigió Harry con la voz temblorosa. - ¿Es cierto lo que dijo Byron? - Miró a Adam, que estaba cruzado de brazos con la bota vieja a sus pies. Se dirigió a él. - ¿Eres su ángel guardián?

Adam lo miró sin expresión alguna, pero tras unos segundos, asintió con altivez.

- ¿Algún problema? – Preguntó el ángel con arrogancia.

- ¡Todo es un problema! ¡¿Por qué?! ¿Por qué eres su guardián? – Exigió saber. - ¿De qué la tienes que proteger?

- Harry... – Suplicó la castaña, que se había separado de Draco.

- No, Hermione. – Murmuró el rubio, para sorpresa de todos. – Yo también estoy cansado de esta mentira. ¿De qué tienes que ser protegida?

- Yo no-

- ¡Hermione, basta! – Exclamó el pelinegro, dando unos pasos hacia atrás. Ron se acercó a él y le puso una mano en el hombro para que se tranquilizara. - ¿De qué te deben proteger?

- ¡De los demonios! – Exclamó, desesperada. - ¡Los demonios quieren matarme! ¡¿Contento?!

La castaña guardó silencio, con la respiración entrecortada. Sus demás amigos también la miraban con sorpresa, asunto que sólo la puso más nerviosa. Harry se llevó una mano al cabello y Draco descompuso su expresión.

- ¿P-por qué? – Preguntó Ginny en un susurró. Adam sopesaba la situación, pensando si intervenir o no. Ryan y Hadar parecían bastante entretenidos con la situación.

- No ti-

- Hermione, por favor. – Suplicó Harry con la voz rota. La castaña negó con la cabeza, decidida a no decir el por qué. A pesar de los rostros preocupados de sus amigos y la expresión descompuesta de su novio, Hermione empezaba a enfadarse ante tanta insistencia. - ¡Hermione!

Ella volvió a negar, sacudiendo la cabeza. Harry la miró, enfadado.

- ¡Dímelo! – Exigió él, dando un paso hacia el frente. Draco apretó la mandíbula.

- ¡Por ser tu amiga! – Gritó ella, perdiendo la calma totalmente.

Ella no lo pensó antes de decirlo, pero la situación le había desbocado los nervios. Harry parpadeó, cambiando su expresión a una de dolor, como si le hubieran dado un golpe físico. Temblaba y negaba con la cabeza sin poder creerlo. Ron lo sostuvo del brazo, evitando que cayera al suelo.

Hermione dio un paso al frente, sorprendida por sus propias palabras. Arrepentida por la mueca de dolor en el rostro de su amigo.

Adam decidió intervenir y tomó la bota del suelo.

- Tenemos que irnos. – Ordenó mientras avanzaba hacia ellos. Harry le apretó el brazo cuando cruzó su lado, los dientes le temblaban y lágrimas caían de sus ojos. Sólo Adam pudo verlas.

- Dime que no es cierto. – Suplicó el pelinegro en un susurro. – Dime que los demonios no quieren matarla por conocerme.

Adam lo miró fríamente. Se soltó de su agarre y lo encaró con expresión seria.

- Ella lo ha dicho. – Enfatizó. – Es la verdad.

En ese momento, a Harry se le cayó el mundo a los pies. Todo a su alrededor dio vueltas y la cicatriz le partió la cabeza de dolor.

Después, sólo vio oscuridad y miseria.

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¡Hola!

Bueno, me he tardado... mucho. Les debo una disculpa enorme, pero antes de los tomatazos, debo informarles que este capítulo está subido desde el estado de Baja California, México. Sí, mis queridos lectores, por fin he regresado, tras unos largos nueve meses, a mi hogar.

Llevo apenas unos pocos días en mi casa, pero como entenderán, este mes completo tenía la cabeza en otra parte, volviéndome loca por terminar mis clases para buscar los nuevos cursos de preparación para mi examen de la Universidad... otra vez, después de haber perdido un año escolar por mi traslado a Estados Unidos.

Bueno, ahora, asentada en mi casa, tranquila, con mis cosas al fin en su lugar, me he decidido a terminar con este capítulo. Mi inspiración anda un poco baja, pero prometo ponerme a escribir lo antes posible, no quiero que mi examen y mis cursos se interpongan y la actualización se la debo a alguien. Así que enserio trataré de escribir lo más pronto posible.

¡La sangre ha regresado! Y de qué forma. Los vampiros han aparecido de manera escalofriante. Sedientos, egoístas, lujuriosos y terroríficos. Espero que les haya gustado mi versión de los vampiros, amantes de la noche y de los placeres de la vida. A quienes esperaban que alguno de ellos se llamara Edward, pues ya vieron que no.

Ahora, este capítulo me ha salido extenso, o eso creo yo. Es menos aventurezco de lo que alguna vez me imaginé, pero aseguro que la aventura viene en el siguiente. Porque claro, aparecen los... ¡Dragones!

El siguiente capítulo lleva por título: "El talismán de Merlín" y no se me asusten, porque no es otra arma ni más historia, es simplemente un lazo con los dragones.

Bueno, espero que hayan disfrutado este capítulo tanto como yo, prometo no tardarme, espero hacerlo de verdad. Dudas, comentarios, yo todo lo respondo si no afecta el desenlace de mi historia. Si los dejé con dudas, ansiosos, sólo pregunten y ténganme paciencia.

Muchas gracias a todos por el apoyo, comprensión y sobre todo la inspiración que me brindan, de verdad, sin ustedes, esta historia no sería nada. Muchas gracias.

Me despido, un beso enorme, muchos abrazos y...

¡Saludos Mágicos!

Los quiere, su amiga,

DarkGranger