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Una profecía de los cielos

Draco Dormiens Nunquam Titillandus

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


Recomendación Musical: "I Grieve" – Peter Gabriel.

34.- La Tumba Rubia

"Nadie puede librar a los hombres del dolor, pero le será perdonado a aquel que haga renacer
en ellos el valor para soportarlo."
- Selma Lagerlof

"El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado." - Gandhi

Hermione gritó, casi desgarrándose la garganta, pero ciertamente, no le importó. No apartó los ojos de la figura que caía de espaldas por aquel abismo, y no pudo reprimir las lágrimas que descendieron de sus ojos castaños.

Se levantó, sintiéndose débil, ignorando el silencio sepulcral que había llenado la estancia y a un Voldemort paralizado. Ella seguía llorando, pero dio un paso tras otro, hasta que se dio cuenta de que corría.

Había visto la flecha cruzar el aire, atravesar el pecho de Draco con una facilidad dolorosa. Lo había visto tropezar, luego caer... y, entonces, su cuerpo había desaparecido en la oscuridad... ella sacudió la cabeza, porque él... él no podía estar... no.

Se aferró a esa esperanza, y corrió más fuerte, hasta que algo cruzó el aire y le rozó la mejilla con fiereza. Por inercia, Hermione trastabilló y cayó de rodillas al suelo rocoso, llevándose una mano al rostro. La sangre, roja y oscura, cubrió su mano, y fue entonces que Hermione se dio cuenta de que una flecha la había atacado, quedándose a unos milímetros de atravesar su cabeza.

Aún así, no le importó, y se levantó. Quería correr de nuevo, pero las piernas le fallaban, al igual que la vista. El dolor en el pecho, ahí en el centro de su corazón, era más agónico de lo que alguna vez había sentido, y no sabía cómo pararlo.

Entonces, una ráfaga blanca cruzo la estancia, partiendo el aire a su estela y pasando a su lado. Hermione estuvo a punto de caer de nuevo, inconsciente de las flechas interceptadas o las exclamaciones bajas que reverberaron en susurros a su alrededor.

La chica dio un paso... pero no sintió la planta del pie... no escuchó nada, la vista se le nubló, así que no pudo avanzar más... titubeó, hasta que sintió algo cálido envolverla.

Una mano le rodeó el brazo, en un gesto delicado, temeroso. Hermione no podía hacer nada, la voluntad y el cuerpo le fallaban, y se dejó abrazar.

No supo de quién era la camiseta de la que estaba aferrada, hasta que levantó el rostro y divisó los dos ojos verdes más hermosos que ella hubiese visto, pertenecientes a la persona que más amaba.

Harry notó que la chica temblaba, pero supo que él también lo hacía. El escozor de los ojos le dolía intensamente, y sintió una lágrima descender por su mejilla, a la que le siguió otra.

El chico levantó la vista, y notó a Voldemort arrodillado, temblando desorientado. Notó a Hadar, que combatía contra una docena de arqueros demonio. Notó a Perseus, que parecía entretenido con la situación, del dolor que bailaba en el ambiente, con los brazos cruzados y mirando fijamente hacia ellos, sin intención de hacer nada.

Y, entonces, al final de su recorrido, notó a Adam, que ascendía del abismo con sus majestuosas alas extendidas y un bulto inerte entre sus brazos. Su rostro perfecto y hermoso estaba bañado en sombras, con odio palpitante. Sus ojos, brillantes y dorados, tenían un tono rojizo atemorizante que logró causarle escalofríos.

El ángel aterrizó delicadamente y dio un paso, y Harry sintió los sollozos de Hermione, que trataba de zafarse de sus brazos. Él lo permitió, demasiado abatido como para hacer algo. Dejó caer los brazos, con la cabeza gacha y el flequillo negro ensombreciéndole el rostro.

Apretó la mandíbula, sintiendo una nueva lágrima descender por su ojo derecho. Apretó el puño y lo llevó a su espada. La desenvainó, notando entonces que Perseus había borrado la sonrisa de su rostro, y lo miraba fijamente.

Harry enfrentó su mirada, dio un paso al frente, y, entonces, corrió a su encuentro.


*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Kalyo jamás había sentido un odio tan latente como en aquellos momentos. El dolor era perturbador, devastador, pero a él no le importaba. El odio que sentía en aquellos momentos no podía compararse ni siquiera con el que alguna vez pensó haber sentido por su padre y hermano.

Los ojos le escocían, las manos le temblaban. Sus mandíbulas estaban entumidas por la tensión ejercida sobre ellas.

Miró hacia abajo un momento, viendo la cara pálida del que alguna vez fue un chico soberbio y arrogante, y se sintió aún peor.

No había llegado a tiempo para salvarlo...

Había sangre descendiendo por sus pálidos labios, y sangre borboteando por todo su torso y estómago. Pero al ángel no le importaba ensuciarse.

Su ira era enorme, era sobrecogedora. Él no sabía cómo interpretarlo.

Draco Malfoy había sido un buen humano, había destruido un artefacto que él mismo desconocía. Les había ayudado, había protegido a Hermione...

Él no había merecido morir... pero Kalyo sabía que aquel día muchas muertes inocentes habían ocurrido por su culpa. Draco Malfoy era una de ellas...

Plegó sus alas blancas a su espalda, y se arrodilló lentamente, depositando el cuerpo inerte del rubio sobre el suelo. Hermione llegó entonces, sollozando con fuerza, de manera desgarradora y con una tristeza que le encogió el corazón. Se aferró al rubio con fuerza, casi empujando al castaño, pero a él no le importó.

El dolor de ver a Hermione en ese estado era agónico, insoportable. Adam sabía que no iba a poder enfrentar la mirada de su protegida de nuevo.

Levantó su mano, temblorosa, y apartó delicadamente a Hermione del cadáver del rubio, aferrándola a su abrazo. La chica lloró con más fuerza, peleando por aferrarse de nuevo al cuerpo. Adam no lo permitió y llevó su mano a las flechas que el chico tenía incrustadas en el torso y estómago. Las removió con un escalofrío, deseando tener el poder de regresarle la vida a los muertos. Le cerró las heridas para evitar el derrame de sangre, y permitió que la castaña se apartase de su lado para tomar el rostro de Draco y cubrirlo con sus brazos.

- No... – Sollozó ella, quedamente.

Adam se levantó con cuidado, con dolor en el pecho. Un dolor que no podía encarar. Miró al frente, con los labios tensos y los ojos helados. Escuchó un golpe seco seguido de un gemido de dolor, y entonces miró a Harry en el suelo, sangrando y temblando.

Perseus tenía su espada negra desenvainada, mientras sus ojos sin vida miraban fijamente la figura de Harry en el suelo.

Adam, cegado por la sed de venganza, desplegó sus alas y se entregó a la furia. Desenvainó su espada dorada, y atacó a Perseus con un poder devastador.

El demonio apenas pudo frenar el ataque, y el estruendo de la colisión de sus espadas reverberó con potencia en el lugar.

Los ojos de Adam se fueron tornando dorados, como oro líquido, como si algo hubiese poseído su ser. Golpeó a Perseus en el estómago y lo mandó lejos con una bola de energía que conjuró rápidamente.

Se giró a Harry y lo incorporó con brusquedad.

- ¡Hadar! – Gritó con fuerza, aunque la voz y el cuerpo le seguían temblando. - ¡Llévatelos!

El ángel guerrero dio una pirueta en el aire, derrumbando a un demonio mientras conjuraba un escudo protector en torno a él. Llegó rápidamente a su lado y tomó al chico de un brazo, pero éste no se movió.

Harry, temblando, se zafó del agarre del ángel, y levantó la espada de nuevo cuando vio a Perseus acercarse con tranquilidad.

- No me iré de aquí, Adam. – Murmuró entre dientes, enervado. Las imágenes que habían visto cuando cruzaban el túnel que los condujo a aquella estancia, retumbaron nuevamente en su cabeza, dolorosamente.

...Draco temblando, levantándose trabajosamente. Haciendo un movimiento complicadísimo con la mano y conjurando un hechizo mientras era derribado por las flechas de los demonios, destruyendo un amuleto que rodeaba a Voldemort.

Dando su vida por destruir a Voldemort.

Una energía oscilante ascendió por la Excalibur, recorriendo su brazo y envolviendo su cuerpo con fulgor. Sus ojos se fueron tornando rojos, aunque él no podía verlos, y sus lágrimas silenciosas, agónicas, se derramaron como sangre en sus mejillas.

El cuerpo de Harry comenzó a temblar y cuando Hadar trató de tocarlo, una energía extraña explotó de él, golpeando al ángel y arrojándolo a varios metros de distancia.

La mano le quemó por la empuñadura como fuego penetrando entre sus venas, y de repente no escuchó nada, excepto los sollozos de Hermione a lo lejos. Harry apretó los labios, y la fuerza extraña le envolvió los sentidos.

Perseus extendió sus alas rudimentarias y fue al encuentro de Voldemort a toda velocidad.

El señor tenebroso seguía temblando, exhausto y adolorido, sin posibilidad de movimiento, y el demonio tenía la extraña sensación de que no podría enfrentarse a la espada legendaria que había acabado con su padre.

Adam miró a Harry y se plantó frente a él con fiereza.

- No dejes que te consuma, niño, eres más fuerte que la espada... – Murmuró, mirando hacia Hadar para ordenarle algo con la mirada. El ángel guerrero asintió, y se dirigió hacia Hermione rápidamente. – Moriremos todos si la Excalibur te posee, Harry. Sé fuerte.

Harry ya no tenía voluntad de sus movimientos, así que ignoró al ángel y lo empujó con una energía poderosa.

Con impotencia, Adam cayó de espaldas a varios metros de distancia, pues la fuerza de Harry ahora era mayor que la de él.

El chico, cegado por el coraje, corrió hacia Perseus, que sonrió y se plantó con fuerza frente al Señor Oscuro para protegerlo.

Harry blandió la espada con habilidad pero Perseus detuvo su ataque con maestría.

La colisión de la Excalibur contra la Evil Sword fue brutal. Perseus apretó las mandíbulas y empleó toda su fuerza para evitar doblegar su fuerza.

Unas extrañas ondas de energía negra comenzaron a cubrir la espada de Harry, explotando a su alrededor y aumentando el poder de su ataque.

Perseus desvió sus espadas y se echó hacia atrás, esquivando un nuevo ataque del chico. Harry esgrimió la espada en contra del aire y, segundos más tarde, el ataque cruzó la estancia y alcanzó al demonio abriéndole el rostro en una cortada profunda.

El demonio dejó escapar una maldición, desplegando sus alas negras y alzando el vuelo para esquivar una onda de energía que surgía de la espada de su contrincante. Conjuró un escudo para protegerse del ataque inminente, pero sin embargo, otra onda lo atacó por el costado, arrojándolo con fuerza hacia atrás y derribando su barrera.

Adam, desde el suelo, adolorido y un poco paralizado, extendió sus alas, esquivando varias ondas de energía que lo atacaron y teniendo especial cuidado en evitar los trozos de roca oscura que comenzaban a explotar sobre su cabeza.

- ¡Harry! – Exclamó en un rugido, sintiendo algo duro golpear su rostro. El ángel se tambaleó, quedándose sin aire y con la cabeza dándole vueltas. Trató de concentrar su mente, pero fue francamente dificultoso.

El cuerpo de Harry temblaba, y sus ojos, nariz y oídos derramaban hilillos de sangre que bajaba con intensidad. El chico abrió la boca, dejando escapar un ligero lamento. Su cuerpo se convulsionó, pero a pesar del dolor, echó a correr en dirección de Perseus, que estaba levantándose trabajosamente.

El demonio lanzó un conjuro desde su posición, rápido y preciso, pero Harry levantó la espada y se cubrió limpiamente del ataque. La luz brillante del conjuro se deshizo como humo en torno a su cuerpo, y el chico tembló de nuevo, abriendo la boca y dejando escapar un quejido acompañado de sangre.

Adam se estabilizó de nuevo y salió disparado hacia el ojiverde.

A ese ritmo, Harry no tardaría en perder la conciencia o morir, y eso era algo que el ángel estaba dispuesto a impedir.

Un nuevo estallido surgió de la Excalibur, pero Adam estaba preparado para detenerlo. Dio una pirueta en el aire, envolviéndose en sus majestuosas alas con velocidad, y derrumbó a Harry justo en el momento en que el chico levantaba nuevamente la espada para atacarlo.

Perseus aprovechó el momento y extendió las alas para dirigirse nuevamente hacia Voldemort. Lo levantó con brusquedad y lo obligó a caminar mientras llamaba a sus guerreros con el pensamiento. Después, en un latido de corazón y con una última mirada, el demonio se desvaneció...

Hadar quiso hacer algo, viendo el escape de Perseus y la lucha de Adam con impotencia. Suspiró con frustración, y tomó el brazo del inerte rubio con una mano, y el hombro de la chica con el otro. Pensó en el castillo de Hogwarts... y un minuto después, desapareció.

Un último sollozo de Hermione reverberó en el aire, partiéndole los tímpanos a Harry, que, adolorido y débil como estaba, peleaba incontrolablemente contra el peso del ángel sobre él.

Adam inmovilizó el cuerpo de Harry sobre el suelo con un quejido, ya que la Excalibur había rotó su brazo en un ataque poderoso. El ángel suspiró de dolor, con la respiración acelerada, pensó en Hogwarts, con un hilillo de sangre descendiendo por su frente y un ojo, y en un latido de corazón, ambos cuerpos habían abandonado el inframundo entre una estela dorada y un sordo sonido que cruzó el aire con una potencia devastadora.

OoOoO

Cuando ambos cayeron sobre el suelo húmedo de los terrenos de Hogwarts, Adam no pudo evitar toser profusamente mientras se sostenía precariamente sobre sus brazos y piernas. Miró hacia su costado, con la sangre del ojo lastimándole la vista, y vio a Harry temblante, casi inconsciente, con el poder de la Excalibur menguando lentamente en su mano, opacando su brillo mientras las ondas de energía se detenían.

Adam se levantó y puso a Harry sobre su hombro, débil como estaba, el ángel pudo finalmente suspirar de alivio. Sus cuerpos despedían humo caliente, casi como si estuvieran en flamas llameantes y poderosas, claro recordatorio del lugar del que habían regresado.

El castaño dio un paso, trabajosamente, y miró los terrenos del colegio, desolados y con olor a muerte, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

La perturbación que sentía por la pérdida de tantos guerreros y de Draco Malfoy aún no lo dejaba tranquilo, aprisionándolo con un sentimiento angustioso y profundo. Estaba temblando, y podía aceptarse a sí mismo que estaba cansado y adolorido. Su brazo roto no dejaba de martirizarlo, la magia de la Excalibur recorría su extremidad en ondas ascendentes y tortuosas, y en ese momento, Adam sólo quería que el dolor terminara.

Levantó la vista, y a unos cuantos metros divisó a Hadar, que estaba arrodillado en el suelo tratando de calmar los sollozos de Hermione. Suspiró pesadamente, y se dirigió hacia allí con apremio.

Se dejó caer de rodillas a su lado, posando el cuerpo de Harry en el húmedo césped. Se llevó la mano al rostro y limpió el rastro de sangre que descendía por su ojo. Hermione los miró con ojos llorosos, abriendo la boca para hablar, aunque temblaba tanto que su voz salió débil y estremecida.

- ¿H-Harr-y está-á b-bien? – Preguntó en un susurro lento. Adam no la miró, sino que miraba el cuerpo de Draco. El ángel asintió despacio, sintiendo un nudo en la garganta por el dolor que percibía del cuerpo de Hermione. Ella comenzó a llorar de nuevo, tapándose el rostro con ambas manos y temblando completamente.

Lo que alguna vez había sido un chico lleno de vida, ahora se veía reducido a un cuerpo inerte, helado y pálido. Adam desvió la mirada y se concentró en dejar que Hermione se desahogara. Él no podía reconfortarla, por más que deseara aliviar su dolor, estaba demasiado afectado para poder hacerlo.

Reparó parcialmente en la soledad de los terrenos y supuso que los cuerpos de los heridos habían sido llevados dentro del castillo. Había unas cuantas personas que revisaban los alrededores, pero por lo demás todo parecía demasiado solitario, con olor a desesperación y dolor.

Adam miró a Hadar fijamente, brindándole una orden silenciosa con la intensidad de la mirada y el pensamiento. El ángel guerrero asintió despacio, y el castaño se fijó por primera vez en que su gurrero estaba cubierto de sangre y tierra, y parecía tan cansado como él mismo.

Hadar tomó a Harry en brazos, y antes de que se alejara, Adam se incorporó y lo detuvo del brazo.

- Peleaste bien hoy, Hadar. – Le dijo despacio. El otro ángel lo miró con una media sonrisa.

- Es un honor, capitán. – Respondió con una reverencia de cabeza. Adam lo soltó, y Hadar se dirigió hacia donde los magos inspeccionaban los alrededores.

Adam suspiró de nuevo y se tocó el brazo herido. Miró hacia abajo, donde Hermione seguía llorando, mientras Draco yacía sin vida junto a ella.

Verla en ese estado partía su corazón, aunque hacia algún tiempo había pensado que él no poseía. Se tocó el pecho, ahí donde el palpitar de su corazón retumbaba hasta ensordecer sus oídos, y se dio cuenta de que humanos, ángeles, demonios, vampiros o cualquier otra criatura, sí que tenían un parecido, uno que dolía demasiado.

Alargó la mano para tocar el rostro de su protegida, pero escuchó unos pasos apresurados acercarse a su posición. El castaño giró el rostro con lentitud, dejando caer pesadamente el brazo que había levantado.

Era Ron y se quedó paralizado a unos pasos de llegar hacia ellos. Sus ojos se cubrieron de un velo oscuro, y una congoja se instaló en él.

- ¿Podrías llevar a Hermione a la enfermería? – Preguntó el ángel, aliviado de que él hubiese llegado. Ron lo miró durante unos largos segundos, como si no hubiera entendido qué es lo que le estaba pidiendo. Después, con un parpadeo, Ron se arrodilló a un lado de su amiga y la abrazó con fuerza, acurrucando su rostro en su pecho y susurrándole palabras de consuelo que Adam no quiso entender.

El ángel procedió a agacharse y, sin importarle el dolor de su brazo roto, levantó el cadáver de Draco Malfoy para llevarlo hacia el interior del castillo. Sintió un par de costillas rotas, y un dolor punzante en la mandíbula, pero él simplemente caminó, despacio, con la mirada oscurecida... con nostalgia, y con la culpa carcomiéndolo completamente.


*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Dos largos días habían pasado desde el día de la batalla. Las pérdidas en Hogwarts habían sido pocas pero pesaban con un dolor intenso en la conciencia, pues siete estudiantes habían muerto junto con tres profesores que Adam sólo había conocido de vista, además de Ryan. Aún así, había más de cuarenta heridos, y habían muerto más de veinticinco civiles. Veintiséis Aurores habían caído también, suponiendo una baja considerable para el Ministerio.

Adam había perdido casi completamente a la primera avanzada de su ejército, y eso le pesaba dolorosamente. Perseus había tenido bajas, por lo menos la mitad de los demonios que había invocado, pero Adam sabía que él tenía un ejército poderoso e inmenso que aún aguardaba para la ronda final.

Para un poco de su alivio, todos los Mortífagos involucrados en la batalla o habían muerto o había sido detenidos. Habían acabado con los gigantes, y los duendes traidores también estaban bajo las rejas a custodia del ministerio.

Aunque eso no lo reconfortaba totalmente, pues sabía que más de seiscientos guerreros demonio faltaban por aparecer, y eso era más de lo triple de ángeles que había reclutados en su ejército.

El ángel sacudió la cabeza y dejó de pensar en su clara desventaja numérica. Reforzó la venda que le rodeaba el brazo herido, se vistió con pericia en una vestimenta oscura y salió de su habitación para dirigirse a la enfermería.

El luto vestía Hogwarts, pues a pesar de los muertos, el castillo estaba parcialmente destrozado. Las clases estaban suspendidas y tanto los alumnos como los profesores trataban de ayudar en las reparaciones de lo que representaba su hogar.

Los heridos que no pertenecían al colegio habían sido trasladados al Hospital Mágico, por lo que al cruzar el marco de la puerta, Adam no se inmutó al ver sólo unas siete camas ocupadas.

Se dirigió, como en esos dos últimos días, a la cama que estaba casi al final de la enfermería. Se sentó en la única silla que había, y observó fijamente los ojos que le regresaban la mirada.

- Hoy será el entierro de los alumnos que perecieron en la batalla. – Susurró con lentitud, comenzando la conversación. Harry desvió la vista hacia la ventana y se acomodó las gafas con nerviosismo.

A pesar de haber ingresado con Madame Pomfrey con unos cuantos huesos rotos, el brazo derecho deshecho y con quemaduras por todo el cuerpo, ese día el pelinegro se sentía mucho más animado y fortalecido.

- ¿Cómo está Hermione? – Preguntó el chico, jugando con el borde de la sábana que lo cubría. Adam suspiró, tocándose la frente en gesto cansado.

- Encerrada en su habitación. Ayer tuve que obligarla a comer, pero aun no sale y casi no habla con nadie. – Suspiró de nuevo y se recostó en la silla, mirando hacia el techo.

Harry lo miró un momento, y se preguntó si Adam había dormido algo desde el ataque. Todavía no podía creer que él hubiese hecho las tres únicas heridas que el castaño no había podido curar con nada de su magia, y se sentía bastante culpable al ver la venda que le rodeaba el brazo y las suturas de la ceja y el pómulo derecho.

Aún así, Adam no había dicho nada, simplemente había estado con él los últimos dos días, conversando de forma apagada e informándole de todo lo que sucedía en el exterior.

Harry agradecía enormemente su presencia, pues sus amigos estaban ocupados ayudando con todos los destrozos que la pelea había causado y sólo los había visto un par de veces. Lo que menos quería era estar solo, pues sabía que la culpa iba a carcomerlo hasta asfixiarlo.

Sin embargo, el chico sabía que Adam estaba con él porque huía de sus propios fantasmas y perturbaciones. Todo había pasado tan repentinamente, y Adam había vivido cada muerte, cada lamento, cada instante de la derrota en carne propia... y lo seguía sintiendo.

Harry se enteró por Ron que Ryan había muerto al igual que la mayoría de los ángeles que habían venido para la batalla. Incluso el castaño ángel había confiado en él y le había respondido cuando Harry había preguntado por la ausencia de su espada. Adam había contestado, quedamente, que su Divine Sword había sido destrozada por Perseus y para ese momento, Harry hubiese deseado no haber preguntado aquello.

- ¿Crees que podré salir para el funeral? – Preguntó despacio, mirando de nuevo los terrenos del colegio a través de la ventana y admirando la luz del sol que los bañaba.

- Sí, la enfermera te dará hoy de alta. – Respondió el ángel sin mirarlo, con su voz monótona y sin sentimiento. Harry se giró a verlo, abriendo la boca para responderle, cuando el ángel giró su rostro, desviando su atención hacia alguien que cruzaba la entrada. Harry intentó ver por sobre el cuerpo del ángel, pero fue incapaz de hacerlo. – Es Hermione... – Susurró el castaño, sin girarse.

El chico casi brinca cuando vio pasar a su mejor amiga por el marco de la puerta. Parecía tan demacrada, con ojeras y los ojos rojos, que Harry sintió un dolor instalársele en el pecho, uno que le partió el alma. Se sintió vacio, más cansado de lo que estaba, y trató de levantar un poco la mano derecha, aquella que había empuñado la Excalibur, pero el dolor de sus huesos solamente le recordó lo cerca que había estado de morir.

Hermione caminó lentamente hacía su cama y lo miró. Sus ojos miel no tenían brillo, ahora eran tristes y vacíos. Adam se levantó y dejó que ella tomara asiento en la única silla que estaba al lado de la cama.

- Podrías haberme dicho que te trajera, castaña. – Susurró el ángel, aunque no era regaño. Hermione negó lentamente con la cabeza y tomó la mano de su amigo.

- ¿Cómo estás? – Preguntó en un murmullo apagado. El chico apenas la escuchó.

La gran pregunta era cómo estaba ella, pero Harry no se atrevió a decir nada. Murmuró un "bien" escueto y sin ánimos, pero dejó que ella acariciara su mano tanto como quisiera.

- Vendré en dos horas, niño. – Indicó el ángel con la voz fría. - ¿Estarás con él hasta entonces? – Preguntó, pausadamente, dirigiéndose a Hermione. Ella asintió, girando su cabeza para mirarlo, pero él ya se había dado la vuelta para marcharse.

Harry vio como ella abría la boca para llamarlo, pero al final se arrepintió y lo dejó ir. Giró nuevamente su rostro hacia él, y le sonrió con tristeza. Sus ojos parecían querer llorar, pero Harry se sorprendió pensando que quizás en ellos ya no habían más lágrimas para derramar.

- Él parece enojado. Ha estado muy distante conmigo estos últimos días. – Le dijo en un susurro ahogado. Harry se incorporó un poco, y levantó la mano buena para acariciarle el rostro, tan delicadamente como sus torpes músculos adoloridos se lo permitieron.

- Adam está sufriendo, Hermione... tanto o más que todos nosotros. – Le respondió, sinceramente. Le indicó con un gesto que se recostara a su lado, y ella lo hizo casi con prisa.

Harry le pasó el brazo por la espalda y la ayudó a acomodarse a su lado, haciendo que ella apoyara su rostro en su pecho. La abrazó con fuerza, sabiendo que ella necesitaba mucho apoyo en esos momentos. Él no dijo nada más y ella no respondió, tampoco.

Uno segundos después, la castaña comenzó a llorar, temblando levemente con cada sollozo. Harry estuvo ahí, acariciando su espalda y susurrándole palabras reconfortantes al oído. Media hora pasó, y casi sin darse cuenta, ella había pausado sus lamentos y había caído profundamente en los brazos de Morfeo.

La enfermera pasó a checar su estado, y al verlos, simplemente sonrió con tristeza y se retiró.

Harry lo agradeció con una sonrisa, y permaneció ahí, inmóvil, mirando el techo y pensando en Draco Malfoy.

Sonrió al evocar un recuerdo que casi había olvidado.

- Hey, Malfoy, felicidades por perder el partido. – Le dijo con una sonrisa socarrona.

Malfoy se giró con una ceja levantada.

- Supongo que me lo merezco. – El rubio dijo, y se encogió de hombros como si no le importara. Lo miró y sonrió de medio lado. – Eso significa que ya no nos enfrentaremos de nuevo, Potter... y supongo que me extrañarás.

Harry lo miró con desconfianza, sabiendo que aquella actitud empática era atípica de él.

- Extrañaré patearte el trasero, Malfoy, claro que sí. – Replicó Harry con arrogancia.

Ante todo pronóstico, el rubio rió.

- Sí, era un poco patético. – Rió él de nuevo. – Si buscas pelea, Potter, estás perdiendo tu tiempo. – Sonrió, como si hubiera leído sus pensamientos. – Le prometí a Hermione que me portaría bien, y eso es lo que haré.

Harry casi gruñe, quedando como un idiota, pues una pelea era lo que, precisamente, su subconsciente buscaba.

Draco avanzó para retirarse, pero se detuvo a su lado y lo miró con una sonrisa burlesca.

- ¿Sabes, Potter? Ya no me caes tan mal...

El pelinegro se quedó parado como tonto, sin saber cómo reaccionar hacia aquello. Cuando se quiso dar cuenta, Malfoy había desaparecido al final del pasillo...

Harry suspiró con nostalgia, pues a pesar de todo, había empezado a pensar en el rubio como en un miembro del grupo, y no es que lo considerara su gran amigo, pero le había tenido respeto. La forma en la que había muerto había sido cruel y heroica, posiblemente más de lo que el rubio hubiese deseado, y a Harry le dolía precisamente aquello.

Eran demasiados los sacrificios que estaban ocurriendo, y Harry sólo rogaba porque aquella guerra terminara. Probablemente él preferiría soportar el dolor solo, en vez de verlo reflejado en las personas que quería.

Acarició el cabello de Hermione, lentamente, y suspiró pesadamente, con dolor y angustia. Ella era la persona que menos merecía sufrir... él había causado muchas de sus angustias, y por primera vez desde que escuchó salir de sus labios el "vivir el momento", supo lo que esas palabras realmente significaban.


*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

En el funeral, Hermione no lucía nada mejor. Adam pensó, como todos los amigos que la acompañaban, que la castaña estaba demasiado pálida y demacrada. El ángel hubiera preferido que su protegida descansara, pero probablemente eso no hubiese sido la mejor idea.

Adam la sostuvo de un brazo, mientras ella se aferraba a su abrigo con desesperación. Ambos miraban más allá de los terrenos, donde el fenómeno de las flores mágicas adornaban una gran parte del paisaje y se entrelazaban las unas con las otras formando figuras irregulares y especiales para la ocasión.

Aunque seguían en invierno, la profesora de Herbología había hechizado esa zona del colegio para que las flores nunca dejaran de crecer, mezclando sus colores exóticos y aromas hipnóticos como tributo a los héroes caídos.

Siete agujeros estaban enfilados en perfecta sintonía, y a unos metros de éstos, había otros cuatro.

Adam divisó como la gente tomaba asiento en las sillas que se habían predispuesto para la ocasión, e hizo una mueca al ver tanto dolor en los presentes.

- Vamos a tomar asiento, Hermione... – Le susurró despacio al oído. La condujo hacia una de las largas filas que había, y la acomodó delicadamente a un lado de él.

Harry, Ron, Ginny, Luna y Neville venían justo detrás de ellos, y el ángel no se sorprendió cuando Harry tomó asiento al otro lado de Hermione y le tomó la mano en un gesto de apoyo.

Aún a pesar de lo que él le había dicho a Dumbledore, los miembros del profesorado habían insistido en conmemorar el recuerdo de Ryan con una tumba ahí mismo, pues había formado parte de la historia del colegio.

Y así, aunque no había cuerpo, comenzaron a rellenar esa tumba. Siguiendo con las otras tres donde los maestros caídos reposarían.

Hagrid lloraba mientras colocaba los cuerpos en el interior de los agujeros, y Snape, atrás de él, hacía florituras con la varita para cubrirlas de tierra.

Hermione le apretó la mano, pero Adam no se giró a mirarla. Él no se había tomado la molestia de informarle que Ryan había muerto, pues no quería añadirle más preocupaciones a su cabeza.

- Lo siento... – Susurró ella, con voz temblorosa, mientras le tomaba el rostro y lo obligaba a mirarla. – No me hagas esto, Adam... quiero que me mires a los ojos... quiero que compartas conmigo lo que piensas, no me ignores de esta manera... - Se detuvo, suspirando entre un sollozo, y después, rompió a llorar.

El castaño ya no podía soportar mirarla tan vulnerable y sola, así que se tragó su propio dolor y la abrazó con fuerza.

- Estás muy equivocada si piensas que él ya no está aquí, Hermione... – Susurró despacio, unos segundos después, y le acarició el cabello.

Hermione tardó unos segundos en responder, pero Adam sabía que ella estaba procesando sus palabras.

- ¿Qué dices, Adam? ¿A-acaso no lo c-comprendes? Draco se fue, está muerto... me dejó... - Sollozó, con voz queda y temblorosa. El ángel sintió una opresión en el pecho que lo dejó sin aire.

- Las cosas no son de esa manera... Draco nunca te abandonará... - Hermione negó con la cabeza, en desacuerdo. Ocultó su rostro en el pecho de su guardián, abrazándolo fuertemente, temiendo que él también se apartase de su lado. - Todos viven junto a nosotros. Mi hermano vive conmigo, aquí. - Señaló su corazón, separándose un poco de ella. Tomó la mano de la chica, y la guió a su propio corazón antes de volver a hablar. - Y Draco vivirá contigo, el resto de tu vida, aquí, en tu corazón. – Suspiró un poco y le acarició el rostro cabizbajo con delicadeza. - Esa es la única verdad que puedo proveerte. El espíritu de los caídos permanece en los corazones de sus seres queridos, ¿me entiendes? - Levantó el rostro de la castaña y con su mano limpió sus lágrimas. Aquellas que le partían el alma. - No llores, él no querría verte así. Y para serte sincero, yo tampoco...

Pero ella no contestó, sólo siguió aferrada a él, con los ojos cerrados y la nariz compungida.

- Sólo vivimos un instante en el reloj eterno... - Le dijo entonces y la abrazó más fuerte.

Harry los miró, pero desvió los ojos rápidamente al sentir que estaba invadiendo un momento demasiado íntimo entre los dos.

El chico miró más allá de los presentes, más allá de las tumbas, más allá de los terrenos. Miró la grandeza del cielo y de las nubes mientras Hagrid comenzaba a depositar en los sepulcros los cuerpos de los estudiantes que habían perdido la vida en la batalla.

Escuchó con oídos sordos el susurro del director al decir los nombres y un pequeño mensaje de fuerza hacia los presentes. Los sollozos de los familiares resonaron en sus oídos como eco retumbante... Dumbledore le dirigió una mirada, pero Harry simplemente miró el cielo, tratando de ignorar su alrededor.

Unos largos minutos pasaron hasta que Ron le tocó el hombro, y el chico tuvo que mirar al frente. La última tumba había sido sellada, y un silencio abrazador había consumido a los espectadores. El director suspiró con cansancio, mirando a las más de cien personas que habían acudido a la ceremonia, además de los alumnos del colegio.

Se llevó la punta de la varita al cuello, y miró a sus alumnos con cierta tristeza antes de hablar.

- Estamos en tiempos difíciles. – Comenzó, despacio para que los presentes lo miraran. Dirigió una mirada rápida en dirección de Harry y sus amigos, y suspiró de nuevo. - La guerra está más cerca de lo que nos imaginábamos, y hoy debemos despedir a grandes héroes que murieron en esperanza. Hay veces que la esperanza nos llega en los momentos más inesperados, esos donde creemos todo perdido... hoy debemos decidir si seguimos adelante con el dolor de la muerte, o si nos detenemos y nos dejamos vencer por la desesperación.

Se detuvo, tratando de que sus palabras fueran directas, pasivas y especiales, pues sabía que la gente necesitaba un poco de inspiración, un poco de esperanza.

- Estas víctimas son la representación de la valentía, pues murieron creyendo que aún podía haber un mundo para nosotros. Murieron luchando por un equilibrio, por una armonía, por un futuro que sólo nosotros podemos construir desde ahora... no puedo pedirles que olviden los acontecimientos, pero puedo pedirles que se apoyen en estas memorias para tomar las decisiones que, de ahora en adelante, marcaran su futuro.

Se detuvo, y giró su cuerpo para levantar la varita en dirección a las tumbas.

- La guerra empezó... – Murmuró lentamente. – Y éste es el momento de actuar.

Susurró unas palabras, conjurando un encantamiento, y unas lápidas de mármol blanco comenzaron a materializarse sobre las tumbas, cubriéndolas con un velo mágico y hermoso. Las letras se bordaron sobre el mármol como ornamentos preciosos y honorables, haciendo de las tumbas un perfecto santuario para aquellos héroes caídos que habían dado la vida por la esperanza de un mundo ideal.

Cuando la ceremonia se dio por finalizada y las personas comenzaron a retirarse pausadamente y con cansancio de sus lugares, Harry y sus amigos se acercaron tristemente hacia los sepulcros.

Hermione se inclinó un poco cuando estuvo frente a la tumba de Draco, dejando una rosa roja justo encima de las grandes letras de color negro que rezaban su nombre. La lápida de mármol blanco le llegaba a la cintura, y ella aspiró profundamente antes de levantar el brazo y acariciar la inscripción que estaba escrita en latín.

Harry le pasó un brazo por los hombros, y ella reprimió el dolor cerrando los ojos, pues quería ser capaz de sobrellevar la muerte de Draco, superar su pérdida, aunque, para ser realistas, ella dudaba de poder hacerlo.

Ginny se acercó con cuidado, evitando incomodar a Hermione con su movimiento. Miró la tumba con tristeza y se agachó para depositar una rosa blanca encima de la roja que había dejado su amiga. La miró largo rato, memorizándose los rezos espirituales, que si bien no entendía pues estaban escritos en latín, le brindaban una paz casi mágica y misteriosa.

La pelirroja sonrió cuando miró a Luna situarse a su lado, viéndola inclinarse para depositar una extraña flor de color violeta intenso. La rubia le dirigió una mirada casi confidencial, y Ginny supo que ambas estaban pensando lo mismo.

Cuando Ginny sonrió aún más, una traicionera lágrima descendió por su rostro.

- ¡Hey, Malfoy! ¡Detente! – La rubia lo detuvo de un brazo y Ginny se colocó frente a él con los brazos cruzados y la frente en alto, evitándole así alguna escapatoria.

Malfoy suspiró, rodando los ojos.

- ¿Desean algo? – Les preguntó, amablemente, mirándolas a ambas con detenimiento. Inhaló aire, para tranquilizarse, y lo exhaló con frustración cuando la pelirroja levantó una ceja, arrogantemente.

- Queríamos hablar contigo sobre Hermione... – Suspiró la rubia, tratando de romper la mirada inquisidora que su pelirroja amiga le dirigía al rubio.

Draco alzó la barbilla, y las miró sonriendo.

- Adelante. Sean breves, no tengo todo su tiempo. – Concedió él, con expresión arrogante.

Luna rodó los ojos, aunque estaba sonriendo.

- Si te atreves a hacerle daño... – Comenzó la pelirroja, señalándolo con el dedo, peligrosamente.

- Ginny. – Reprendió la rubia y le dio un codazo. La pelirroja gruñó. – Escucha, Hermione es una persona muy especial y la queremos mucho. Lo único que nos importa es que sea feliz, y si te eligió a ti será por algo... – Ella se encogió de hombros. – No me importa que seas guapo, Malfoy, si le haces daño te irá terriblemente mal...

A Draco la amenaza no fue lo que le dio escalofríos, sino la voz tranquila y serena con la que había hablado la rubia, dictando la promesa de una venganza terrorífica. Sin embargo, él no se dejó amedrentar, y sonrió con autosuficiencia.

- Lo tomaré en cuenta. – Respondió despacio, sereno.

- Has probado ser buena persona. – Asintió la pelirroja, resignada. – Así que por Hermione, nosotras te aceptamos en el grupo... además, te debemos algunas cosas... – Añadió ella, a regañadientes, recordando que él había salvado la vida de su hermano.

Draco asintió, mostrando sus blancos y brillantes dientes, y accedió de buena gana a estrechar la mano de ambas chicas en una silenciosa tregua...

Ginny suspiró y acarició el brazo de la castaña, con una sonrisa de apoyo delineando sus labios.

Neville también sonrió, dejando una rosa amarilla encima de la lápida. Miró brevemente la inscripción, y movió la cabeza de un lado a otro, recordando...

- ¡Longbottom! – Gritó Snape, acercándose hacia él en dos zancadas. Neville tembló al verlo, encogiéndose en su lugar cuando el profesor lo miró fríamente con sus dos grandes ojos. - ¿Qué cree que hace, señor Longbottom?

- S-sólo s-se-guía... seguía-a... i-instrucciones, s-señor...

- ¡Nunca le pedí que incendiara su caldero! – Gritó de nuevo, apretando las mandíbulas. El chico desvió la mirada, asustado. - ¡Quince puntos menos para Gryffindor!

Sus compañeros soltaron suspiros de protesta, y el profesor de pociones los miró gélidamente antes de regresar a su escritorio.

Neville suspiró, agradeciendo la ausencia del trío dorado, pues ese pequeño, y tan común accidente, hubiera ocasionado una guerra verbal entre ellos.

Se agachó, dándose cuenta de que aún temblaba, y recogió, lentamente, los pedazos del caldero que había explotado.

- ¡Reparo! – Exclamó una voz, arrastrando las palabras de manera altanera.

Neville sostuvo el caldero reparado con fuerza y levantó la vista, encontrándose con dos fríos y grises ojos que lo observaban detenidamente.

El rubio giró su varita en la mano, sonriendo. Los rastros de un accidente desaparecieron en un santiamén, y el rubio se limitó a sonreír con arrogancia. Neville estaba estupefacto por su ayuda, así que no pudo decir mucho.

- Olvidas la simpleza de la magia, Longbottom. – Sonrió el rubio, socarrón. Sin embargo, y para asombro del chico, Draco le tendió una mano y lo ayudó a incorporarse.

- Nunca hay que ser tan dependiente de ella... – Murmuró, quedamente, en respuesta.

- Tienes razón. – Aceptó Draco, quien abrió el libro de pociones con intenciones de ponerse a trabajar. Neville lo miró, curioso. – Pero somos magos y hay que aprovecharlo. – Hizo una floritura con la varita, y los ingredientes de la poción se acercaron con apremio hacía él.

La siguiente media hora, Draco estuvo concentrado en su poción, indicándole de vez en cuando las cosas que estaba haciendo mal en su tarea. Neville lo observó trabajar, preguntándose por qué Malfoy se tomaba la molestia de ayudarlo. Incluso le ayudó a cortar mandrágora y a esparcir el aliento de dragón sobre la poción, pero al rubio parecía no importarle.

Neville nunca se lo dijo, pero su ayuda había servido para que Snape no lo reprobara ese día.

Draco nunca había esperado nada a cambio, ni siquiera se había inmutado por lo amigable que se había mostrado con él, una persona de la que siempre se había burlado... y Neville jamás había entendido su comportamiento... por lo menos, hasta ese día...

El día en que Draco había muerto.

Entonces, Neville había comprendido que debajo de su frialdad, el rubio había escondido una pizca de bondad y arrepentimiento... y el sacrificio que había hecho había sido lo más valiente que él hubiese visto.

Y sonrió, por eso, Neville simplemente sonrió...

Ron lo miró, suspirando, y se acercó hasta quedar de frente con la inscripción que adornaba la tumba del rubio. Sacudió la cabeza, recordando aquel duro golpe que le había propinado, y suspiró de nuevo.

Luna le tocó el brazo, y el pelirrojo se inclinó hasta dejar caer la pequeña flor naranja que había traído.

Cuando Ron había visto el cuerpo sin vida de Draco Malfoy, sus pensamientos habían colapsado. Las órdenes de Adam le habían llegado silenciosas, en un susurro sordo. Había bloqueado los sentidos, incrédulo por lo que había visto... aterrorizado, pues Draco Malfoy no merecía morir...

Ron sabía que probablemente en sus memorias hubiese más recuerdos malos que buenos sobre el rubio, pero también aceptaba que los recuerdos buenos eran mucho más importantes, de esos que marcaban de alguna manera tu vida.

Así que simplemente decidió olvidar las burlas, perdonar sus atrocidades cuando él había sido niño. Ahora, frente a su tumba, Ron aceptaba abiertamente que Draco Malfoy había merecido todo su respeto desde que se había unido a ellos... y lamentó, realmente, no habérselo dicho antes...

- Escucha, Malfoy... y-yo... – Malfoy lo miró y Ron se limitó a sacudir la cabeza, suspirando. Le costaba demasiado pronunciar esas palabras... pero debía hacerlo. Era orgullo y verdadera gratitud.

- Habla, Weasley, ahora sólo quiero descansar... – Gruñó el rubio, apretando la venda que le rodeaba el tórax. Ron apretó los labios, mirándolo fijamente.

- Lo que hiciste en la torre... cuando luchábamos contra los Minotauros... – Comenzó, dubitativo. – Salvaste mi vida... y... te lo, te lo agradezco mucho.

Ron se detuvo, observando la reacción del rubio. Éste terminó de acomodarse la venda y apenas lo miró cuando se levantó.

- Hago lo que me corresponde. – Suspiró Draco, haciendo una mueca. – No hay mucho problema.

- Aún así... creo que realmente te estás redimiendo. – Aceptó Ron, a regañadientes.

Draco lo miró entonces, y el pelirrojo pudo apostar que jamás había visto una mirada tan agradecida como la que el rubio le dirigía en ese momento...

Ron suspiró nuevamente y miró a su mejor amiga. Le sonrió débilmente y levantó una mano para acariciarle la mejilla. Hermione dejó escapar un sollozo, y Harry se apartó para que ella fuera abrazada por su pelirrojo amigo.

El chico pelinegro los miró un momento, con tristeza, y se giró hacia la tumba de Draco con un suspiro ahogado brotando de sus labios.

Se agachó y depositó, cuidadosamente, una rosa blanca junto a las demás. Se apretó el puente de la nariz, sin levantarse, hasta que sintió una mano sobre su hombro.

- Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande, Harry... jamás... – Susurró Adam, mirando fijamente la inscripción de la lápida.

Harry asintió, algo decaído, y se levantó. Miró al castaño y éste le regreso la mirada con dureza.

El castaño extendió el brazo, y de la palma de su mano comenzó a brillar una luz plateada que llamó la atención de los demás.

- Lo único que debo decir, Draco Malfoy... – Habló, fuerte y claro, mientras las esferas de luz desprendidas por su mano se materializaban en una brillante y majestuosa espada color oscuro. – Es... gracias... – Susurró. Tomó la empuñadura de la espada con ambas manos, y de un sonoro movimiento, encajó la punta de ésta sobre el mármol que decoraba la tumba.

Al instante, la hoja oscura de la espada brilló, adhiriéndose en el mármol y tomando sepulcro honorable a su lado.

El castaño se levantó, serio, y se alejó de los chicos -que estaban francamente sorprendidos- para acercarse a la tumba que rezaba el nombre de la persona que más lealtad le había mostrado.

Sonrió, pasando la mano por encima de las letras negras y brillantes, y miró el cielo...

Porque allá arriba... en un lugar lejano y sagrado, Ryan tenía por fin lo que merecía...

... un honorable y deseado descanso, lleno de paz y tranquilidad.

Algo que era incluso más conmemorativo que una lápida y una inscripción.


*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Una semana había bastado para que el ángel comprendiera por fin el comportamiento humano, pues él estaba sufriendo de las reacciones ansiosas que te proporcionaba el estrés.

Adam lanzó por décima vez un libro sobre la mesa de la biblioteca. Se llevó la mano buena hacia el puente de la nariz y apretó con fuerza, totalmente frustrado.

No podía creer que fuese tan estúpido como para pasar eso por alto.

Él había sabido desde el principio que Draco Malfoy escondía algo grande... pero jamás se había imaginado a qué magnitud.

Suspiró profundamente y levantó nuevamente el diario de su padre.

El libro siempre le había proporcionado respuestas sobre la magia humana, pero en este momento donde más necesitaba respuestas, ahí simplemente no había nada.

El Colgante de Dragón que Voldemort había poseído simplemente era una magia demasiado oscura, algo retorcido. Había sido un as perfecto bajo la manga.

Voldemort no hubiera podido morir por más que Harry hubiese aprendido la magia sagrada que con tanto empeño les había costado conseguir. Voldemort podría haber muerto físicamente, pero espiritualmente hubiese sobrevivido.

Y, rayos, que él sabía sobre la fuerza del alma y del ser interior.

Pero Draco había sabido eso desde el principio... y había sacrificado su vida por destruirlo.

La Sección Prohibida de la biblioteca le había proporcionado suficiente información como para jamás olvidar detalle alguno sobre la magia que se había empleado en el hechizo. Pero su frustración se debía a que era algo que él debería haber prevenido.

Lanzó el diario de su padre al suelo y, en un veloz movimiento, extendió la mano hacia él justo antes de que éste diera contra el suelo. Adam murmuró un hechizo, y el diario se desintegró en una estela de fuego verde que llameó con fulgor en la biblioteca...

El castaño ángel entrecerró los ojos, dejando caer su brazo con pesadez.

Era hora de deshacerse de las cosas de las que era dependiente. La información ahí escrita había servido, y permanecía fresca en su memoria como si acabara de leerla...

Sin embargo, había sido dependiente de ella, y, entonces, había estado mal... había actuado mal.

Releyó la información del libro que hablaba sobre el amuleto, y apretó las mandíbulas.

Dos sacrificios por la magia que el Colgante necesita... la protección del alma se llevará acabo sólo cuando el amuleto sea sumergido en sangre voluntariamente derramada...

Diez años habían pasado para que la estructura y el hechizo hubiesen sido exitosamente completados. Los sacrificios habían sido los padres de Draco, que habían sido forzados a ofrecerse como voluntarios.

Voldemort tomaba vida tras vida, y Adam deseó matarlo y arrancarle toda la oscuridad que en él se cernía.

La razón por la que el rubio había decidido cambiar de bando había estado siempre frente a sus ojos. Además de la venganza, el secreto maldito que la familia Malfoy había soportado y que había sida agónica y decadente, había empujado a Draco a desear que la maldad de Voldemort desapareciera...

Después del funeral, el ángel se había enfrascado en una investigación intensiva y sin descanso. Habían pasado apenas dos semanas desde entonces, pero el remordimiento seguía atormentándolo insistentemente.

Las clases se habían reanudado dos días después del funeral, pues el director había querido brindar confianza en las personas. Había reabierto una clase de duelo y las clases de defensa estaban siendo impartidas por un Auror del ministerio.

Hermione paseaba por el colegio, decaída, con la mirada apagada y sumergida en una rutina monótona que simplemente la sumía en una horrorosa depresión.

Adam no sabía qué hacer con la situación, así que él sólo estaba ahí para ella, tratando de aminorar su dolor.

La fecha del catorce de febrero había transcurrido sombríamente, y Hermione se había visto demasiado afectada incluso para asistir a clases. Adam no había entendido bien la festividad, pero Hogwarts no le había brindado respuestas, pues la escuela se había mantenido de luto.

El castaño ángel tenía preocupaciones incluso mayores, pues estaba seguro que no pasaría demasiado tiempo para que la verdadera guerra iniciara.

Precisamente, ese día había convocado una reunión con la Orden del Fénix, pues había varios asuntos que debían aclarar de una vez por todas.

Tomó asiento de nuevo, lentamente, y miró el techo de la biblioteca, pensando detenidamente. Las cosas habían cambiado demasiado para él en esos últimos meses, y pensar que al principio él se había cegado por la soberbia de una victoria asegurada.

Ya no tenía la Divine Sword de su lado, pero su poder mágico e inteligencia seguían intactos en su cuerpo. La arrogancia era digna de los ángeles, y como general de un ejército, Adam pensaba en la victoria más que en otra cosa.

Perseus moriría, y esa guerra sería suya, de eso no tenía la menor duda.

La gran pregunta era... a qué precio...

... y él sabía que daría todo con tal de asegurar la victoria...

... incluso, dar su vida por la humanidad.


*~*~*~*~*~*~*~*~*~*

Como cada día desde hacía dos semanas, Hermione dejó una rosa roja sobre el nombre del rubio. Se apartó el cabello de la cara y apretó los labios mientras leía la inscripción de la lápida. Acarició las letras negras con delicadeza y lentitud, suspirando mientras evitaba derramar más lágrimas de tristeza y nostalgia.

Se agachó, sentándose en el césped, y se quedó ahí un momento, relajándose. Miró el jardín encantado que rodeaba las tumbas y sonrió levemente.

Aún se miraba en el espejo y no reconocía su cara, su tristeza. Sus manos temblaban cada vez que tomaba un libro o su varita, y ella odiaba eso, pero no podía evitarlo.

La depresión la consumía lenta y tortuosamente, pero no pensar en Draco era horriblemente difícil. Ella odiaba desprender un aura de dolor pues, además de lastimarse a ella misma, lastimaba a sus amigos...

Draco había sido una persona demasiado especial para ella, y además de su novio, él había sido su amigo y su fortaleza. El sacrificio que había hecho había sido heroico, había sido difícil... trágico.

Viviendo con un secreto que lo condenaba a la muerte, Draco había guardado las apariencias y había mantenido oculta la verdad por su propia seguridad.

El amuleto, el colgante en forma de dragón, era un artefacto despreciable y cobarde. Ahora, después de tanto tiempo, ella podía entender la verdadera resistencia de Voldemort a la muerte...

Los Malfoy habían cometido el grave error de seguir las creencias del mago más tenebroso de todos los tiempos, condenándose ellos mismos a la extinción de su linaje, condenando a su descendencia a una maldición que sólo acabaría con ellos.

Hermione sonrió, pues comprendió que de toda la familia, Draco había sido el único Malfoy capaz de enfrentarse a la verdad y combatirla con una valentía envidiada hasta por el mismísimo Gryffindor.

Suspiró de nuevo, y sacó su varita para juguetear con ella...

Entre las pertenencias del rubio, el ministerio había encontrado decenas de libros de magia oscura antigua y muy poderosa. La mayoría de los libros y pergaminos habían sido herencia de su propia familia, pero Hermione intuía que el rubio había hecho varias escapadas al callejón Knockturn.

Exhaló un poco de aire fresco, y una lágrima traicionera resbaló suavemente por su mejilla. Se la limpió con la palma de la mano y se quedó mirándola por un segundo, ensimismada.

De todo el colegio, ella parecía la única persona incapaz de continuar con su vida y superar las pérdidas de la batalla. Al final, no era tan fuerte como se imaginaba, y la tristeza la aplastaba con cada nuevo pensamiento, a cada nuevo momento.

Apretó un poco más la bufanda que le rodeaba el cuello, apunto de levantarse, cuando una sombra la cubrió de pies a cabeza y una mano se colocó justo frente a sus ojos para ayudarla a incorporarse.

Ella levantó la cabeza, quedándose sin respiración cuando vio unos ojos blancos regresarle la mirada. Y aún a pesar de que estaba nerviosa, Hermione aceptó la ayuda, atontada por la belleza del hombre que se alzaba con elegancia frente a ella.

- G-gracias... – Susurró despacio, apartándose un poco de aquel joven. Lo miró atentamente, e instantáneamente lo reconoció como un ángel.

Su largo abrigo blanco, igual al que a veces portaba su guardián, estaba adornado por símbolos y runas que ella no reconoció. Tenía una larga espada dorada colgando de la espalda, y en ese momento cruzaba los brazos mientras él mismo la examinaba. Era alto y de complexión delgada, pero lo más sobresaliente de su mágica belleza era sin duda su rostro.

Sus ojos eran como dos perlas blancas, hipnóticas y brillantes. Una cicatriz desigual le atravesaba el ojo hasta la mitad de la mejilla, solamente acentuando su aura de poder y fortaleza. Su cabello dorado, completamente lacio y largo hasta los hombros, enmarcaba sus facciones perfectas y marmóreas. Su sonrisa era juguetona, con una pizca de arrogancia.

El ángel inclinó la cabeza, a modo de saludo.

Hermione parpadeó, percatándose de lo impresionada que estaba con la presencia de ese ángel. Desvió la mirada, sonrojada y se retiró un paso. La hermosura de ese individuo era impresionante, podría decir sin duda alguna, que ese ángel desprendía una belleza superior a la de su guardián... era una sensación diferente... simplemente... fantástica...

Hermione estaba a punto de decir algo, pues el silencio y la mirada penetrante del ángel comenzaba a incomodarla, cuando de pronto vio a su guardián, que se acercaba con su andar tranquilo.

Sin embargo, cuando el castaño vio al otro ángel a su lado, se detuvo abruptamente, y su expresión se contorsionó en una mueca genuinamente sorprendida.

Adam abrió la boca levemente, con el ceño fruncido.

- ¿Nathaniel? – Susurró segundos después, con voz queda.

- Hola, Kalyo. – Sonrió de medio lado el ángel, en respuesta.

Hermione sintió escalofríos al escuchar el tono de su voz, y entonces se preguntó realmente quién era aquel ángel hermoso que tanto había sorprendido a su guardián...

... porque por la expresión de ambos, no sabía si su presencia era buena... o mala.

"¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle
a la vida, no a la muerte". -
Marlene Dietrich

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X3

¡Santo cielo... no me odien!

Antes que nada... terminé… ¡Por Merlín que terminé!

Nunca un capítulo me había costado tanto trabajo, tanta cabeza...

He estado, y no exagero, dos meses abriendo esta historia para poder escribir este capítulo...

Me ha costado sudor y sangre... XD

Bueno, siento realmente y mucho la larga espera... no era debido a falta de tiempo, sino a falta de inspiración. Estas vacaciones he salido y la historia ha venido conmigo... cada vez que había tiempo, en el hotel me ponía a escribir... y así estuve... hasta que salió esto... tal vez no es como yo imaginé que sería, pero dado a mi crisis de inspiración, estoy conforme con ello.

Todavía faltan detalles que aclarar... y siento que eso es lo que me traba. La acción me sale mejor, pero realmente necesito aclarar cosas...

Espero que les guste este humilde capítulo... porque es uno emotivo e importante.

No tengo mucho qué decir, pero un gracias enorme a toda la gente que aún me sigue, que está aquí a pesar de mi inconsistencia... eso me da ánimos grandísimos, y como saben, sin ustedes esta historia no sería nada... enserio, muchísimas gracias por la paciencia, y el gran apoyo que me brindan... ¡son los mejores...!

Un abrazo enorme, un beso y muchísimos saludos...

¡Les deseo un año nuevo fabuloso, mis mejores y más sinceros deseos para todos ustedes... lo digo atrasado, pero con mucho cariño...

Eso y más les desea...

Su amiga DarkGranger...!