TITANIC
POR EL MUNDO QUE ACABAMOS DE DEJAR

Capítulo 2

12 de Abril de 1912
En el mar

Draco huyó precipitadamente del comedor, y sólo fue detenido por la barandilla de la popa; de no haber estado allí se hubiese hundido por la parte trasera del barco con los brazos abiertos para acoger el asesinato de las heladas aguas del Atlántico Norte.

Una vez así, se inclinó lo suficiente para conducir el aire del mar a sus pulmones, y se quedó allí durante varios minutos, mirando la espuma pálida revuelta en la estela del Titanic

La conversación en la cena se había puesto cada vez peor. Entre el materialismo de Astoria, y los insultos sarcásticos de su padre, Draco se sintió bombardeado desde todos los costados por una arrogancia cada vez más reprensible. No era quien era, o quien buscaba ser, y cada día parecían tirar más y más de él hacia un abismo narcisista.

Se sentía completamente impotente al no poder detener el empuje que lo arrojaba a una vida que no deseaba.

Cerrando los ojos respiró profundamente el aire frío del mar. Antes de que pudiera cambiar de opinión, se subió a la barra inferior de la barandilla. Otro paso, y otro, y luego levantó una de sus piernas hacia adelanté, ajustando su agarre a la barandilla. Una vez del otro lado, se irguió y se separó de la nave, llenando sus pulmones con mayor resolución con cada respiración. El podía hacerlo… podía hacerlo y sólo se requería un segundo para ello.

Sólo un segundo.

-¡Detente!

La voz inesperada sobresaltó a Draco y su pie derecho se resbaló un poco, por lo que se aferró aún más a la baranda. Se quedó en shock, mirando sin comprender a la mujer que corría hacia él, su bonito rostro se contrajo en pánico.

A pesar de la bruma de su ira y embriaguez, Draco la pudo reconocer como la joven mujer que había visto ese mismo día en la cubierta

-¿Qué estás haciendo? –gritó mientras se paraba bruscamente a varios metros de distancia, como si de repente se diera cuenta que podría asustarlo y hacerlo dar ese último paso si se acercaba demasiado- ¡Baja de ahí en este mismo instante! –le gritó

Draco la miró boquiabierto, sorprendido por su mandato autoritario, un tipo de autoridad impetuoso pocas veces visto en una mujer.

-¿Cómo dice? –dijo con rigidez, a pesar de su situación, la ironía no se había perdido en él -¿Qué derecho tiene usted para pedirme que haga algo?

La muchacha se mostró impresionada por su pregunta imperiosa -¿Y bien? ¿Va a volver?

Draco mostró su mejor sonrisa burlona -¿Por qué me molesta? Estoy ocupado, ¿no lo ve? –le espetó. En el segundo siguiente quería morderse la lengua al ver la sombra de dolor en sus ojos

Sin embargo, no sé alejó. Se acercó a la barandilla y lo sujetó por el brazo con su mano enguantada -¡Baje de ahí ahora mismo! ¡Se va a caer!

-Señorita, ¿qué cree que está haciendo?

Estaban tan cerca que podía ver el puñado de pecas en su nariz, y que el dolor en sus ojos había sido sustituido por el fastidio, como si sus problemas no fueran más que las payasadas imprudentes de un niño mimado.

-Lo estoy salvando, ¿qué otra cosa?

Sus palabras, tan simples y serias, hicieron que sus ojos le picaran, pero parpadeó rápido y se dijo que no era más que el aire frío que venía del agua.

-Ya veo, pero ¿qué le hace pensar que necesito ser salvado, señorita?

-Granger

-¿Qué?

-Señorita Granger. Soy la señorita Hermione Granger –Le tendió la mano para que se la estrechara, pero se lo pensó mejor y se aferró a su brazo otra vez –No me puedo imaginar por lo que esté pasando para querer tirarse al agua

¡Era increíble! Draco levantó la barbilla con arrogancia –Eso, señorita Granger, no es asunto suyo

-¡Por supuesto que lo es! Por cierto, ni piense que lo voy a dejar aquí sin luchar

-¡Usted es insufrible!

-Así me han dicho…

Draco estaba empezando a sentirse tonto, y un deseo real de acabar con su vida remplazó la euforia provocada por sus peleas. La mujer, que era mucho más bonita de lo que había pensado antes, sonreía y sus ojos oscuros brillaban con una expectativa que lo mareaban

-Bueno, entonces, usted no debe ser alguien que aprenda muy rápido si no puede darse cuenta cuando alguien sólo quiere terminar con ello

Ella rió, sorprendentemente dulce y ronca, un sonido que a Draco se le antojó bastante atractivo. –Si fuera tan enserio con lo de quitarse la vida, señor, ya lo habría hecho… Y no me ha dicho su nombre

Después de una pausa, respondió –Draco. Draco Malfoy

Sus ojos se abrieron y ella levantó la vista sobre su cabeza hacia el cielo oscuro –Draco… –susurró casi para sí –Es extraordinario

-¿De qué manera es mi nombre extraordinario? –preguntó, intrigado por sus curiosas palabras

-Si vuelve aquí, se lo diré. Hace mucho frío y me vendría bien una buena taza de té –Ella se acercó más, hasta que tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo –Por favor, señor Malfoy

¿Cómo podía ignorar esa dulce solicitud? Dio un paso sobre la barandilla y las manos de Hermione le hicieron de apoyo cuando empezó a girar sobre su pierna. Entonces, el sudor de sus manos lo hizo resbalarse, tambaleándose hacia un lado y soltándose de su agarre.

Sintió que estaba en caída libre, y por un momento, lamentó que no fuera a tener la oportunidad de conocer a la chica guapa que lo quiso ayudar. Ella ahora estaba gritando, gritos estridentes en busca de ayuda que sólo le hizo entrar más en pánico.

Cayó boca abajo, atrapado sólo por su pierna izquierda, que había quedado enganchada en la barandilla. La sangre le subió a la cabeza haciendo que los bordes comenzaran a difuminarse… estaba seguro que iba a desmayarse. Si perdía el conocimiento, seguramente caería a su muerte en el agua profunda, y de repente, ahora no quería más que vivir, tal como la señora Brown le había pedido.

Podía sentir las manos de Hermione agarrar su abrigo y arrastrarlo en posición vertical con una fuerza que lo sorprendió.

-¡Espera!, ¡Oh, Dios mío, ayuda! ¡Ayuda! Espera, por favor…

Con el sonido de sus gritos frenéticos, Draco se cubrió con una oleada de adrenalina, arrojó un brazo hacia arriba, llegando desesperadamente hasta ella.

Enseguida la mano de Hermione sostenía la suya, su guante le daban a sus dedos sudorosos algo que agarrar. Levantó la vista hacia ella, sabiendo que su rostro revelaría terror, pero lo que encontró, a pesar de la alarma en su voz, fue una dulce calma

-Aguante conmigo. Yo no dejaré caer -susurró

Y, de alguna manera, Draco supo que ella decía la verdad.

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-¿Fue eso lo que ocurrió, señor Malfoy? ¿La joven no estaba tratando de robarle? –preguntó el maestro de armas

Draco estaba sentando en el banco que Hermione había estado antes, envuelto en una cobija y rodeado por Lucius, Snape, Wallace Greengrass y el Sr. Strauss. Detrás del maestro de armas estaba Hermione, flanqueada por dos miembros de la armada que la sujetaban por los brazos. Su rostro era impasible

-¡No!, Ella no lo estaba haciendo –gritó Draco, ofendido- ¿Es necesario? ¿Cómo se atreven a maltratar a una dama?

Lucius resopló delicadamente –No exageres, Draco. La señorita… Granger ¿verdad? Si, la señorita Granger puede ser una hembra, pero tampoco me atrevería a llamarla una dama

-Padre, por favor, no seas grosero

-Yo te digo, Lucius, que estas siendo un poco duro. Sobre todo teniendo en cuenta que la joven ha rescatado a su hijo –acotó Wallace. Se volvió a Hermione y le dio una sonrisa que ella no regresó

Lucius no respondió, pero siguió mirando fríamente a Hermione –Draco, tal vez te gustaría decirnos exactamente lo que sucedió, una vez más…

Draco suspiró –Sucedió como le dije, padre. A pesar de su intento inútil por frenarme, yo había bebido mucho y pensé que sería divertido subir a la barandilla. Me resbale, la señorita Granger estaba cerca y me atrapó

-En efecto. Tengo dos preguntas entonces: En primer lugar, ¿Por qué la señorita Granger se encontraba fuera en ese momento de la noche, cuándo debería estar en su litera en tercera clase? –Los ojos de Hermione se redujeron como única reacción a sus palabras despectivas –Y en segundo lugar, la señorita Granger es, sin duda, una mujer, y una muy pequeña de hecho. Draco, ¿tú esperas que te crea que una mujer que probablemente no llegue a pesar nueve stones te cogió a medida que caías y te tiró encima de la barandilla? ¿Enserio?

-Ocho stones y medio, señor Malfoy, y soy más fuerte de lo que parezco

Lucius se volvió a mirar a Hermione y ella le sonrió. Draco también sonrió, con ganas de reír en voz alta su audacia.

Estaba claro que no fue el único en apreciar su descarada respuesta, los señores Staus y Greengrass intercambiaron miradas divertidas

-¿Eso es así, señorita Granger? –le preguntó Lucius fríamente

-Así es. ¿Alguna vez ha ordeñado una vaca, señor Malfoy? –Hizo una pausa, lo preguntó con tanta sinceridad que Draco casi se echa a reír –No, no creo que lo haya hecho. Mi abuela tiene vacas y ella me enseñó a ordeñar… se desarrolla una fuerza considerable en los brazos

Lucius se quedó mirándola, atónito.

El maestro de armas no parecía convencido, pero como Draco se preservó firmemente en su historia, no había motivos para mantener los cargos en Hermione. Asintió con la cabeza a los miembros de la armada y la dejaron ir. Hermione se frotó los brazos y miró a Draco, quien le sonrió agradecido

-Bien, caballeros, señorita… si no hay nada más, les deseo buenas noches –se despidió el maestro de Armas mientras se retiraba con sus tripulantes tras los talones

-Vamos, Draco. Necesitas dormir fuera de tu estupidez –dijo Lucius bruscamente tomando a Draco por el brazo y arrastrándolo del banquillo, pero él se soltó del agarre

-Puedo caminar por mi mismo, padre.

El Sr. Strauss se aclaró la voz –Evidentemente, la valentía de la señorita Granger debería ser reconocida –sugirió mirando ligeramente escandalizado a Lucius Malfoy por sus costumbres atroces.

Lucius se detuvo en seco y giró sobre su eje para hacer frente a Hermione. Miró a Severus, que no había quitado los ojos de Draco desde que habían llegado a la escena

-Dale veinte a la niña, Snape. Eso debería ser suficiente

Draco rió con amargura -¿Eso es lo que vale la vida de tu único hijo?

-Después de las travesuras de esta noche, ¿te crees que vales más?

-Lucius, ahora no –Pidió Wallace, haciendo una mueca y se volvió hacia Hermione que estaba tan asombrada por las palabras de odio de Lucius que sólo podía mirarlo

-Señorita Granger, tal ver le gustaría unirse a nosotros para la cena de mañana… bueno, supongo que es esta noche, ya que es muy tarde –ofreció Wallace.

Hermione y Draco se miraron y él le hizo un gesto pequeño. Ella le sonrió a Wallace antes de aceptar –Estaría encantada, señor. Será hasta esta noche, entonces

Con una última mirada pensativa a Draco, tomó su diario de la cubierta y se alejó.

Él la miró marcharse, los acontecimientos de la noche habían hecho desaparecer la luz del sol persistente de su sonrisa.

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12 de abril 1912
En el mar

Paseaban por la cubierta del barco manteniendo una distancia prudente entre ellos para evitar llamar la atención de los cotillas que podrían verse tentados a llevar cuentos a la familia de Draco.

Sus cejas se había en enarcando con desdén sobre el sencillo vestido de Hermione –una falda de lana color azul marizo y una blusa blanca- Draco estaba seguro que ella no se había percatado por su desprecio, se mantenía en una auto-confianza y una asombrosa falta de vanidad que él encontró sorprendente y seductor a la vez.

Sin darse cuenta de la consideración halagadora de Draco, Hermione se acercó a la barandilla y se agarró a ella con ambas manos, inclinando su rostro hacia el Sol.

Draco se unió a ella, apoyado en la borda, quedando frente a ella. Miró hacia el mar para evitar que se le trabara le lengua por su presencia. De cerca y a plena luz del día, era aún más hermosa que lo que había admitido la noche anterior.

-Me gustaría agradecerle por su asistencia anoche, señorita Granger –murmuró

-Me alegra tanto el que justo estuviese ahí para ayudarlo –respondió ella rozándole brevemente el brazo –Aunque no puedo imaginar lo que lo haya llevado al borde de la desesperación, sin duda su vida no puede ser tan preocupante como para que el suicidio sea la única salida.

Draco le dirigió una mirada sagaz, sorprendido por la contundencia de sus palabras, pero se encontró con una mirada tan llena de bondad que el brote de cólera se disipó al instante

-Estoy seguro que para alguien como usted, los problemas de la gente de mi clase parecen triviales –dijo con ligereza forzada- No fue nada, de verdad. Nada en absoluto.

-Señor Malfoy, sus problemas no son ni más ni menos importantes que los míos –exclamó Hermione. Con un movimiento de la mano ella le señaló la caminata de dos ancianos –O los de ellos, o los de esa mujer de allá

-Usted no lo entendería… –comenzó a decir, pero se vio nuevamente interrumpido

-Usted es un caballero privilegiado, está impecablemente vestido, habla con educación y sus modales son impecables –le pellizcó la solapa de su saco y la rosa blanca de su ojal. –Para ser honesta, me parece un hombre joven con el mundo a sus pies, no alguien que debería estar pensando en el suicidio.

Draco estaba sorprendido por la sinceridad de Hermione. Nadie, aparte de Severus y su madre, se habían atrevido a hablarle con tanta franqueza. -¿Cómo… cómo se atreve? –exclamó, sin importarle que el volumen de su voz llamara la atención de los demás pasajeros.

Hermione se echó a reír, pero no con crueldad.

-Señor Malfoy, yo no soy quien trató de tirarse por la parte posterior de un barco en movimiento. ¿Cómo se atreve?

Se miraron el uno al otro, Draco con la ira hirviéndole a fuego lento y hasta un poco de dolor, y Hermione con una sonrisa desafiante. Su expresión fue la primera en suavizarse y dejó caer la mano de nuevo sobre su brazo –Señor Malfoy, por favor, no piense que estoy burlándome. Sólo quiero que comprenda que la vida es corta, pero preciosa.

Le costó hasta la última gota de auto-control el mantener oculto su asombro. Las palabras de Hermione eran un eco extraño de las dichas por la señora Brown el día anterior.

-Yo… no sé lo que quiere decir –balbuceó

La mano de Hermione se tensó en su antebrazo, con el rostro resplandeciente pero con seriedad se dirigió a él –Hay gente en este barco que ha renunciado a todo lo que tenía para hacer este viaje. Han dejado atrás familia, amigos y su patria, para tener una oportunidad en Estados Unidos, para construir una nueva vida para sus hijos en una tierra de grandes oportunidades –Lo miro evaluativamente, haciendo que Draco se sintiera desnudo e inexperto –Ellos tienen mucho más que perder que usted, señor Malfoy, ¿No cree que es egoísta de su parte quitarse la vida y dejar atrás a las personas que lo quieren?

Lo absurdo de sus palabras rompió algo dentro de él y se echó a reír –Oh, si, no puedo olvidarme de ellos

La sonrisa de Hermione se desvaneció en su rostro con su sarcasmo, y lo miró sorprendida

-¡Todas esas personas que me aman! Vamos a ver si podemos contarlas con los dedos de nuestras manos, ¿de acuerdo, señorita Granger? –La agarró de la muñeca haciéndola extender sus dedos–Esta mi padre, estoy seguro que lo recuerda. Es el de culo pomposo que piensa que soy un desperdicio de carne y que sólo sirvo para promover su destructiva ambición propia. Entonces, está mi madre… Oh, no, ¡ella esta muerta ahora! –Dobló dos de sus dedos, dándoles un apretón.

-Pero, la mujer con que lo vi… -empezó a decir Hermione, pero Draco le llevó un dedo a los labios, silenciándola al instante

-Es verdad... !no podemos olvidarnos de Astoria!, mi prometida. Nunca usted podrá conocer una princesa más malcriada que Astoria Greengrass. Se lo aseguro, no hay pérdida de amor, allí.

-Me está haciendo daño.

Draco miró hacia abajo, sus dedos seguían rodeando firmemente la muñeca de Hermione. La soltó bruscamente lleno de vergüenza por las marcas rojizas que le había dejado.

-Señorita Granger, Oh, Dios… por favor, acepte mis más sinceras disculpas, no sé que me ha pasado –susurró Draco, golpeándose el rostro.

Hermione miró a Draco de cerca, la infelicidad en su corazón se veía reflejada en sus ojos.

-Evidentemente, si ella se casa con usted, debe de amarlo… -dijo en voz baja

-Nuestro matrimonio fue arreglado por nuestros padres. Puramente una decisión de negocios. Mi padre necesita dinero, su padre se lo ha dado –Esbozó una sonrisa- ¿Le sorprende?

Hermione suspiró y meneó la cabeza lentamente –Me gustaría poder decir que sí, me gustaría poder decir que nuestra sociedad ha avanzado, pero si lo que usted dice es cierto…

-Créame, es cierto, señorita Granger.

No podía soportar la mirada de compasión que reflejaba, y en un intento de romper la tensión entre ellos, se centró en la libreta de cuero metida en el bolsillo de su falda. Antes de que ella pudiera detenerlo, Draco ya se lo había arrebatado y abierto

-¿Qué es esto? ¿Su diario?

-¡Devuélvamelo! –Hermione extendió la mano para tomarlo, pero él se volvió de modo que sólo pudo tomar su abrigo. Se echó a reí cuando ella soltó un tipo de comentario de los que habría hecho sonrojar a Astoria

-¡Ah, ah, ah, señorita Granger! Ese no es lenguaje para una dama –Él hojeaba las páginas rellenas con su letra clara y precisa –Así que sí, es su diario.

Hermione lo miró y luego se acercó a una silla de la cubierta y se sentó –Es mi diario de viaje. Me temo que no encontrará el tipo de corazón desconsolado y tonterías de niña que está buscando –dijo ella con frialdad

Él se inclinó hasta ella con una sonrisa divertida -¿Cómo sabe que es lo que estoy buscando?, Yo podría estar necesitando consejo para mi próximo transatlántico… ¡Hey! Esto es bastante bueno

Se sentó un poco más recta cuando él se sentó a su lado, y se asomó por encima de su brazo para ver el pasaje que estaba leyendo –Oh, eso. Me gusta observar a la gente, ya ve. Me resulta tan interesante…

-Es muy observadora, puede ver los detalles que la mayoría pasamos por alto, como los moretones en la mejilla de esta mujer y sus pendientes no coincidentes, ha sido maltratada, ¿la conoce? –Draco continuó hojeando el cuaderno, sorprendido por la honestidad de Hermione y su estilo de escritura visceral. Le hacia sentirse voyeur, como si estuviese espiando a la gente a través de esas páginas, pero continuó leyendo, con descarada curiosidad por ver si había escrito sobre él

-Ella está en tercera clase también, un par de cabinas debajo de la mía. Desde que ha llegado no ha salido de allí, creo que está huyendo de alguien, ¿no?

-Señorita Granger, no puede llamar a este diario de viaje, de verdad… tiene los ingredientes perfectos para una novela con el Titanic como telón de fondo.

Hermione sonrió complacida por la comprensión de Draco -¿Le gusta? Bueno… en realidad es por eso que quiero ir a América… quiero ser escritora.

Él asintió con solemnidad –Es brillante –Volvió su vista hacia ella, la ira de hace un rato había desaparecido por completo –Usted tiene un talento innegable, señorita. No tengo ninguna duda que será una autora muy exitosa.

No podría ser, pero lo sería. Los ojos de Hermione brillaban de placer por su elogio, y Draco no podía dejar de mirarla, hechizado por su dulce sonrisa.

Tomó el diario de nuevo y lo ató con las cuerdas de cuero para volver a guardarlo en su bolsillo. –Le enviaré una copia autografiada de mi primera novela, señor Malfoy –le dijo con una sonrisa.

-Por favor, será mi posesión más preciada.

Audazmente, Draco le tomó la mano, pero debió retirarla cuando una sobra cayó sobre ellos.

-Bueno, bueno, Draco, y… la señorita Granger, ¿no? –siseó Lucius Malfoy

El buen humor de Draco se desvaneció, pero Hermione miró a Lucius con una sonrisa cortés –Buenas tardes, señor Malfoy –le saludó

A Lucius se le unió Wallace Greengrass, su esposa y su hija, quienes miraban a Hermione con el mismo tipo de desprecio que le habrían dado a cualquiera por debajo de su clase, el caballero de Cherburgo, quien Draco había aprendido finalmente se llamaba Edward Kent, la Sra. Brown y Severus Snape.

Fue la mirada oscura dirigida por Snape la que le produjo un escalofrío por la espalda a Draco, no porque haya sido dirigida a él, sino más bien a Hermione Granger. No podía imaginar una razón por la que Severus la desaprobara de aquella forma.

Por su parte, Hermione le ignoraba completamente, su plena consideración estaba puesta en Lucius, a quién le ofreció la mano luego de ponerse de pie. Después de un largo momento en el que Draco ya estaba seguro que su padre haría caso omiso a su gesto de respeto, Lucius le tomó la mano, estrechándosela en una única sacudida.

-La señorita Granger fue de alguna ayuda a mi hijo ayer por la noche –añadió hablándole directamente a sus compañeros –Él pensó que sería divertido ponerse a caminar sobre la barandilla, como una especie de artista de circo… pero como no lo es, se resbaló y cuando sucedió la señorita Granger estuvo ahí para atraparlo a tiempo.

Astoria suspiró audiblemente y Draco cerró los ojos, la onda de humillación atravesándolo era insoportable.

Severus se burló –Si, parece que la señorita Granger estaba en el lugar correcto en el momento adecuado. La animación en tercera clase debe haber sido aburrida en comparación…

Astoria tomó el brazo de Draco entre el suyo -¿Porqué no fui informada anoche? ¡Nadie habló una palabra sobre esto conmigo!

-Cariño, ya te habías retirado cuando sucedió. No vi ninguna razón para despertarte, ya que Draco estaba perfectamente bien –dijo Verónica, a pesar de la mirada de decepción que le dedicó a Draco

-¡Igual deberían haberlo hecho! Papá…

-Astoria, por favor… -le interrumpió Wallace, callándola con la mirada.

Lucius seguía mirando a Hermione con una expresión astuta y poco amable. Draco estaba impresionado con la total falta de consternación de la muchacha, parecía que realmente era tan valiente como parecía.

-¿Va a unirse a nosotros para la cena? –Preguntó Lucius, sonando como si esperara una declinación. Por primera vez, Astoria miró de pleno a Hermione, denotando la expectación en sus ojos.

Hermione tomó nota mental del sutil descontento en la voz del hombre, pero asintió –Tendré que consultar con mi compañero de viaje, pero si, tengo la intención de asistir. Gracias por su amable invitación, señor Greengrass –dijo volviéndole a sonreír a Wallace, quién le respondió con un gesto de cabeza.

El señor Kent, en silencio hasta el momento, dio un paso corto hacia Hermione -Será una maravillosa oportunidad para conocerla, señorita Granger. Debo decir que nunca he conocido a alguien que haya viajado en tercera clase antes, así que me gustaría escuchar sus historias de la vida debajo de la cubierta

-¡Por el amor de Dios, Edward! ¿No quieres también que te traiga una o dos ratas cuando venga? –Dijo señora Brown con su voz fuerte y contundente. Verónica se quejó un poco ante la mención de las ratas, mientras que Astoria miró hacia Draco

-Ella no habla enserio ¿verdad? ¿Hay ratas en este barco? –susurró entre dientes

Draco puso los ojos en blanco y lo único que le impidió estallar fue el gesto en los labios de Hermione, que estaba conteniendo la risa –No, querida. No hay ratas en el Titanic

Astoria se mostró no del todo convencida, pero seguía mirando torvamente a Hermione como si esperara que le tirara de su bolsillo uno de esos bichos.

El toque de corneta para el té de la tarde se hizo eco en la cubierta y rompió el edificio de tensión que se había creado. Lucius le dio gruñido a Hermione, al igual que Severus, mientras el Sr Kent y el Sr Greengrass expresaron su interés en reunirse con ella de nuevo en la cena. Astoria y Verónica alejaron rápidamente a Draco, para no darle oportunidad de darle mucho más a Hermione que una sonrisa de disculpa.

Hermione se quedó a solas con Margaret Brown, quien le sonrió con cierta melancolía

-Encantador, ¿no? –dijo señalando con un gesto al grupo saliente.

Hermione miró hacia otro lado, sus pensamientos todavía estaban completamente dominados por Draco. –Nadie dice que vivimos en la era de la igualdad

La señora Brown se echó a reír –Me gustas. Usted tiene un fuego en el pecho y eso es algo raro de encontrar en las niñas de su edad. Entonces, ¿va a seguir con todo esto? Puede que no sea la experiencia más placentera que tenga.

Hermione se apoyó en la barandilla y le sonrió a la mujer mayor –Bueno, el entretenimiento en tercera clase es bastante aburrido

-Permítame dudarlo, creo que me divierto más allí –La mujer le sonrió con picardía, y la miró de arriba abajo con expresión pensativa –¿Qué está planeando usar esta noche?

Hermione miró su falda de lana –Yo… no estoy muy segura –admitió

-Venga conmigo, entonces. Vamos a tomar el té enviado a mi camarote –Le tendió la mano- ¡Vamos!, creo que tengo el vestido ideal

Y depositando su confianza en la buena mujer, Hermione le tomó la mano.

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-Bueno, creo que puedes nombrarme tu hada madrina –bromeó la señora Brown después de prender los últimos botones del vestido de Hermione.

-Creo que sólo funciona si estuviera buscando al príncipe azul –respondió Hermione con una sonrisa mientras miraba en el espejo su transformación –Nunca he usado algo tan hermoso.

El vestido era de satén rosa, con una superposición de encajes champagne cristal, la falda era delgada, cubierta por cuentas encima del encaje. Las mangas, también de encaje, iban cortas, y el escote cuadrado resaltaba sus atributos gracias al corsé firmemente atado.

El toque final fue una amplia faja de raso con un lazo que descansaba a lo largo de la curva de su pecho izquierdo. Unos guantes largos de marfil y unos zapatos con detalles dorados completaban el conjunto. Hermione se quedó contemplando su reflejo en silencio.

-Gracias, señora Brown. Es muy amable de su parte prestarme el nuevo vestido de su hija –dijo Hermione, por fin- ¿Esta segura que a ella no le importará?

-Ella tiene un centenar de vestidos, querida. Está estudiando en la Sorbonne, en París, y decidió quedarse hasta fines de la primavera. Sólo estoy trayendo parte de su enorme armario –explicó- ¿Quieres un toque de colorete? Aunque no creo que lo necesite… Tiene una piel maravillosa

-No lo sé… estas pecas son más bien feas, ¿no le parece? –Hermione se acercó más al espejo examinando las pecas que hasta ahora nunca le habían molestado. Se pregunto que pensaría Draco acerca de sus pecas, su novia tenía el tipo de piel pálida sin defectos que las revistas de moda celebraban

-¡Tonterías! Son frescas y nada presuntuosas

Hermione respiró hundo –Bueno, entonces supongo que estoy lista

La señora Brown se echó a reír y la tomó de la mano –Entonces, vamos a la fiesta mi niña… ¿quién sabe? Quizá encuentres a tu príncipe encantado

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Draco esperaba con su padre y Wallace a los pies de la Gran Escalera. La sala de recepción estaba exquisitamente decorada como el comedor, los camareros, elegantemente vestidos, se abrían paso entre los pasajeros ofreciendo aperitivos y entremeses en bandejas de plata, y la orquesta tocaba una alegre melodía.

Astoria estaba sentada a varios metros de distancia con Verónica de pie detrás suyo. Ambas conversaban amablemente con las señoras Straus y Hays, pero la menor tenía los ojos fijamente clavados en Draco, con una sonrisa cordial en su cara disimulando la fría decepción en sus ojos.

Después de conocer a Hermione en la cubierta, Astoria le había cuestionado largo y tendido a Draco sobre ella, reacia a aceptar que no había pasado más que el conocerla en cubierta la noche anterior. Sino, no veía razón alguna por la que él volviera a verla ese día y fuera incapaz de pensar en otra cosa.

Cuando él negó las acusaciones, ella salió hecha una furia anunciando que no pensaba acompañarlo en la cena.

Por supuesto, ella no había tenido ninguna posibilidad de elección cuando su madre se enteró y le obligó a asistir.

-Bueno, bueno, supongo que podrá tomar a la niña fuera del país –dijo Lucius con denotable sorpresa en su voz arrastrada

Entusiasmado por las incrédulas palabras de su padre, Draco volvió a mirarlo y luego siguió su mirada que se dirigía a dos mujeres caminando del brazo por la escalera. Su boca se abrió.

Hermione Granger era la visión de la absoluta perfección.

Adelantó su paso de inmediato, llegando a tenderle la mano y ayudarla a bajar el último par de escalones.

-Buenas noches, señor Malfoy –saludó Hermione ruborizada por su caballerosidad.

-Señorita Granger, permítame decirle que se ve sumamente encantadora –Levantó su mano y le otorgó un beso en los dedos –Es sin dudas la mujer más hermosa en todo el Titanic

Ella sacudió la cabeza al oír sus palabras –Se lo nota de buen humor esta noche, señor. Mucho mejor que ayer, si puedo decirlo –contestó ella terminando en casi un susurro.

-¿Cómo estas, Draco? –Preguntó la señora Brown sonriendo con complicidad al no recibir respuesta de Draco, que seguía mirando a Hermione como en trance –Hijo, será mejor que ponga sus ojos de nuevo en su cabeza antes de que Miss Greengrass tome la iniciativa de venir y hacerlo ella misma.

Draco miró a Astoria y Verónica, quienes lo miraban fríamente

-En efecto, ¿Puedo acompañar a las dos damas más bellas de la cena, entonces? –Metió la mano de Hermione en el hueco de su brazo, y le tendió el otro a la señora Brown.

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Hermione no había crecido con los mismos privilegios con que lo había hecho Draco Malfoy, pero sin embargo, no fue ajena a la sociedad educada. Su padre, un profesor de estudios clásicos en Oxford, tenía muchos conocidos, por lo que los Granger eran invitados frecuentes en cenas y comidas de verano. Sabía, por las miradas de soslayo que recibía por parte del padre de Draco y su prometida, que estaban esperando verla comer con las manos y limpiarse la boca con la manga. No podía negar que le dio dicha el saber que los había inestabilizado.

Los caballeros de la mesa se llevaban la mayoría de la conversación, hablando de variedad de temas políticos y económicos de los que Hermione hubiera querido compartir una opinión. Pero sabía, que la opinión de cualquier mujer, independientemente de su clase, no sería bienvenida en el grupo.

Draco estaba sentado al lado de Astoria, pero su atención estaba totalmente puesta en Hermione y la señora Brown, quien entretuvo muy bien a los dos con sus historias subidas de tono. Hermione estaba disfrutando inmensamente, hasta que Astoria rompió el clima

-Señorita Granger, ¿usted esta viajando sola? –preguntó antes de tomar un exquisito bocado de pollo.

-No, viajo con mi primo, Harry Potter. Mis padres no querían que me mudara sola a los Estados Unidos, por lo que le ofrecieron a Harry que me acompañara.

La señora Brown asintió –Una decisión muy sabia por parte de sus padres. Además, es mucho más agradable viajar con amigos, ¿no?

Hermione asintió con la cabeza mientras tomaba un sorbo de vino –Harry estaba muy emocionado por la oportunidad. Él no tiene familia propia y posee un espíritu bastante aventurero.

La sonrisa de Astoria fue fríamente condescendiente –Debe ser un alivio para sus padres, entonces… otra boca que no deben alimentar.

-Astoria, ¡por el amor de Cristo…! –exclamó Draco, lanzándole una mirada de disculpa a Hermione.

-Soy hija única, señorita Greengrass, y mi padre está bien acomodado en Oxford, puede darse el lujo de poner un asado en nuestra mesa todos los domingos –respondió suavemente, negándose a caer al nivel de Astoria

Lucius escuchaba la conversación entrecerrando los ojos con astucia –Entonces, ¿cómo es que viaja en tercera clase, señorita? Si su padre esta tan bien situado, supongo que podría haberse permitido un pasaje en segunda clase, al menos

-Padre, por favor, no es apropiado…

-Tú no vas a darme lecciones de lo que es y no es apropiado, Draco

-Fue mi decisión el viajar en tercera clase, señor. –Intervino antes de que la discusión llegara a mayores- Después de leer en The Times lo bien equipado que estaba el Titanic para todos los pasajeros, incluyendo para quienes deben viajar en tercera clase, ya sea por elección o circunstancia, no vi ninguna razón para viajar en el lujo cuando tanta gente no puede.

Astoria volvió a entremeterse -¡Cuánta consciencia social, señorita Granger! Me imagino que estará junto al movimiento de las sufragistas que viene…

Hermione asintió con la cabeza –He seguido con entusiasmo a los británicos y los movimientos sufragistas americanos. Concretamente, las actividades de la señora Pankhurst y sus hijas, su defensa de la ley de conciliación del año 1910 fue particularmente inspiradora y…

Hermione se detuvo cuando Astoria se echó a reír…

-Honestamente, ¿usted se está escuchando? Señorita Granger, ¡debe tener cuidado con lo que habla, o nunca encontrará un marido! Los hombres no están interesados en las mujeres que se interesan en las protestas en la Plaza del Parlamento, ellos glorifican a una esposa que honre a su marido

Lucius levantó su copa de vino –Escucha, escucha…

La señora Brown se encogió de hombros –No estoy de acuerdo, Astoria. Creo que la señorita Granger tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros. Todo hombre debería estar orgulloso si ella le da una segunda mirada, en vez de al revés –Levantó su copa para brindar con Hermione y Draco hizo lo mismo

-He aquí a las mujeres inteligentes –dijo, sonriéndole a Hermione

-¿Cuáles son sus planes una vez que llegue a Estados Unidos, entonces? –preguntó Lucius

Hermione se iluminó –Soy escritora

Esto provocó risas de sorpresa de todos en la mesa, excepto Draco y la señora Brown, quien le dirigió una mirada perspicaz. Hermione se sonrojó, pero sostuvo perfectamente la mueca hostil de Lucius.

-¿Escritora? –dijo finalmente con desdén- Ya veo… ¿Ha publicado?

-Todavía no –respondió con tal convicción que la sonrisa de Lucius se desvaneció bruscamente. Ella tomó un bocado de su pollo y luego miró a Draco, que la miraba con una mirada que le tiñó el color de sus mejillas.

-Yo creo que es brillante –dijo Draco- Le da un mejor uso a su inteligencia que el bordado y las acuarelas

-También pinto acuarelas –replicó Hermione y Draco se rió burlonamente en voz alta –Sé hacer muchas cosas, señor Malfoy

-Estoy mudo ante su talento, señorita Granger –su sonrisa se volvió melancólica- Usted me maravilla

-No soy nada especial, señor –respondió ella, y como él, se llevó su copa de champagne a los labios –Sólo tengo en claro lo que quiero de la vida.

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El reloj señalaba las diez cuando el Sr Strauss se levantó de la mesa e invitó a los señores de la sala a salir a fumar.

-No quiero fastidiar a las damas con nuestra conversación aburrida –dijo a carcajadas y le asintió cortésmente a Hermione –Fue un placer, señorita Granger, espero que no vuelva a encontrarse con el deber de convertirse en heroína en lo que queda de viaje

Lucius también se levantó –Draco, ¿vienes?

Draco no se había movido de su asiento entre Astoria y Hermione –En un momento, padre. Voy a acompañar a la señorita Granger hasta las escaleras.

-Draco, ella es una mujer valiente e independiente, estoy segura que podrá encontrar sola el camino para volver a tercera clase –dijo Astoria con la voz algo arrastrada por el vino que había tomado en la cena. Draco sonrió levemente, pero se mantuvo ajeno y le tendió la mano a Hermione

-No tengo dudas que ella pueda encontrar su camino al lugar que se le plazca. Sin embargo, soy un caballero, y voy a acompañar a nuestra invitada a las escaleras. Si me disculpan –señaló metiendo el brazo de Hermione ente el suyo.

Hermione le sonrió dulcemente al resto de ocupantes de la mesa –Gracias a todos, fue una velada muy agradable y un placer conocerlos. Buenas noches.

La señora Brown se acercó y le tomó la mano –Estoy tan contenta por que hayas aceptado unirte a nosotros esta noche, Hermione. Por cierto, hacen una hermosa pareja –le susurró por lo bajo, para que sólo ella pudiese escucharla.

Hermione se inclinó y besó a la mujer mayor en la mejilla –Gracias. Gracias por todo. Usted ha sido muy amable conmigo

-Oh, no es nada. Ha sido un placer

Cuando llegaron a la sala de recepción, Draco tomó la mano de Hermione y apretó los labios en sus nudillos, deteniéndose allí por más tiempo del pertinente. Cuando se separó, continuó sosteniendo su mano entre las suyas –He tenido una noche maravillosa –dijo en voz baja- Y lo dije enserio, usted me maravilla.

Hermione miró hacia otro lado, mordiéndose el labio. Cuando volvió hacia él sonrió con picardía -¿Le gustaría ver cómo vive la otra mitad?

Draco sonrió abiertamente –Pensé que nunca lo preguntaría.

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La otra mitad vivía como los compañeros de St. Andrews de Draco después de una semana particularmente agotadora de duros exámenes

Ahora estaba sentado en una mesa redonda, con un vaso de cerveza en la mano, viendo como dos hombres jugaban pulseadas. Draco no era debilucho, pero cualquiera de estos hombres fornidos le hubiesen ganado sin siquiera sudar. Por lo que optó por quedarse mirando y vitorearlos, en su lugar.

Hermione estaba sentada junto a su primo Harry y uno de sus compañeros de cabina, un tal Ron Weasley, que se había pasado la última hora mirándolo sospechosamente después de haber notado el interés de Draco en la encantadora joven, en la que él, evidentemente, ya había puesto los ojos.

Harry se había mostrado cordial y muy curioso por la conexión entre Draco y su prima, pero confiaba en su juicio por lo que no dudó en tenderle la mano. Sin embargo, la mirada detrás de sus redondas gafas era de vigilancia constante.

Justo en ese momento, uno de los luchadores estrelló el brazo del otro contra la mesa, gritando en señal de triunfo y volcando cerveza en el regazo de Draco, quien se puso de pie inmediatamente para evitar mojarse por completo y captó la mirada de Hermione. Ella se reía, con las mejillas teñidas de rosa gracias a la cerveza que había estado bebiendo, pero lo que más llamó la atención de Draco fue el deseo que expresaban sus ojos mientras lo observaba.

Draco se excusó de la mesa, se sacudió las gotas de cerveza de la chaqueta, se acercó hasta ella y le tendió la mano.

-Todavía no le he pedido de bailar, señorita Granger –dijo- Si a su primo no le importa, por supuesto –Harry asintió con la cabeza mientras Hermione se ponía de pie.

-¿Sabe bailar? –preguntó cuando Draco la llevó hasta la improvisada pista de baile

-Voy a tener que advertirle, señorita, que tomé clases de baile desde los nueve años de edad –respondió fingiendo delito- Y he sido un excelente alumno

Hermione rió echando la cabeza hacia atrás. Era tan bonita que Draco no podía dejar de mirarla

-Pero no este tipo de baile, estoy segura –rió

En ese momento, la banda improvisada –dos violinistas, una batería y un hombre con un acordeón- comenzó una melodía mucho más enérgica y pronto se vieron arrastrados por la multitud de bailarines.

No, él no conocía ese baile, pero hizo lo que Hermione y en poco tiempo le había tomado la mano. La hizo girar y le quitó los pasadores que llevaba en el pelo, haciendo que la masa de rulos se soltara pasando más de la mitad de sus hombros. Se abrazaron muy de cerca, más de lo convenido socialmente, pero la gente sin pretensiones de la tercera clase no tuvo problema con ello. Draco estaba feliz de tenerla en sus brazos con los de ella alrededor de su cuello, sus labios tan cerca de los suyos eran una tentación más allá del buen sentido de darle un beso.

Así fue atrapado Draco con Hermione por los ojos de Severus Snape. Ninguno se percató de la figura oscura que observaba todo por encima de la barandilla de la escalera con la mirada fija en su ex estudiante y la mujer a la que conducía alegremente por el suelo.


N/A: Hola! Como prometí, hoy domingo, el nuevo capítulo de esta historia.
Estoy muy contenta por la respuesta que tuvo el fic, espero seguir contando con su apoyo por los capítulos que restan!

Como pueden haber visto, todo empieza a tornarse más que interesante y tuvimos un par de escenas bien importantes... ahora comienza lo mejor!

Quería aclarar que, cuando se habla de "stones" se está haciendo referencia a una medida de pesaje que se utilizaba en Inglaterra en aquellas épocas. Para que tengan una idea, 9 Stones, equivalen a 57.200 kg aproximadamente, y 8, 5 stones (el peso de Hermione), equivalen aproximadamente a 54 kg.

Dicho esto, me despido, no sin antes desearles tengan un lindo día de Pascuas y Pesaj

Un beso grande

Ilwen (08/04/13)