TITANIC
POR EL MUNDO QUE ACABAMOS DE DEJAR

Capítulo 3

Eran casi las dos de la mañana cuando Draco regresó a su camarote. Tenía ganas de darse un buen baño para relajarse y quitarse el olor al humo de tabaco y a la cerveza derramada; y a continuación dejarse caer en la cama para dormir. Llegó a su habitación moviéndose tan silenciosamente como le era posible para evitar despertar a Lucius, de quien podía oír los ronquidos desde su habitación, al otro lado de la puerta.

-¿Dónde has estado?

Draco se sobresaltó por el sonido de la voz remilgada –Astoria, es tarde, querida ¿por qué no estás en tu propia cama? No es apropiado que estés aquí

Astoria, vestida con una bata preciosa en color azul, estaba medio recostada en su cama con el cabello volcado sobre uno de los hombros. La escena podría haber sido excitante, de no ser por su gesto petulante en el rostro.

El recuerdo de Hermione girando alrededor de la pista de baile con él, con el rostro iluminado por la felicidad, arrojó cualquier deseo que pudiese haber sentido por su prometida.

-Astoria, es tarde y estoy cansado. Me gustaría tomar un baño e ir a la cama –suspiró Draco

Ella se levantó de la cama y caminó hacia él –Deja que te ayude, esposo –dijo acentuando la última palabra mientras echaba mano a su abrigo.

Draco dio un paso atrás –Todavía no estamos casados, Astoria.

Su ceño se profundizo –Es posible que así sea ahora, pero en menos de tres meses, Draco, yo seré tu esposa. Conozco mi deber.

Draco se rió e hizo una mueca al notar el deje borracho en el tono de su voz -¿Tu deber? ¡Es bueno saber que sólo soy otra entrada en tu lista de tareas del hogar, Astoria!

Astoria se acercó de nuevo, con la nariz arrugada con disgusto –Hueles mal. Te lo voy a preguntar de nuevo… ¿Dónde has estado?

-No es asunto tuyo –Draco pasó por su lado, quitándose la chaqueta, el chaleco y el corbatín que colgaba de su cuello dejando todo echado sobre una silla. Astoria lo agarro del brazo.

-Es mi asunto si estás viendo otra mujer a mis espaldas –dijo alzando la voz

-¡Baja la voz, mujer! Despertaras a mi padre

-Oh, ¡él ya lo sabe! Envió a ese odioso hombre de los suyos… Snape, que los encontró esta noche. Así que ya sabe dónde estabas y que andabas con esa… esa puta común.

Draco se soltó de su agarre y la tomó fuertemente de los brazos, sacudiéndola –Si no fueras una mujer, cosa que estoy empezando a dudar, te abofetearía por el insulto

Los ojos de Astoria resplandecían por las lágrimas de rabia –Déjame, desgraciado ¡Déjame ir!

Draco la soltó tan bruscamente que se tambaleó hacia atrás golpeando la mesa y volcando un jarrón de flores que derramó el agua sobre la alfombra.

Ella le dedicó una sonrisa desagradable –Mi padre se enterará de esto.

Antes que Draco la invitara a contárselo a la jodida nave entera si le venía la gana, la voz de Lucius irrumpió

-No lo creo, Astoria –dijo desde la puerta de la habitación- Vas a mantener la boca cerrada, como también Draco.

-Usted no me puede obligar a nada. Yo no me casaré con él ahora –gritó, apretando su vestido con los puños, a punto de hacer una rabieta a toda regla.

-Ah ¿si? –respondió Lucius en un tono escalofriantemente sedoso.

Astoria levantó la barbilla y se burló de él

-Usted necesita a mi padre más de lo que él a usted. Es un pobre hombre, señor Malfoy, y apenas por poco escapó de la cárcel gracias a sus delitos.

Lucius se echó a reír –Vosotros no sabéis nada, señorita. Su padre ofreció una muy buena recompensa monetaria para que la llevara lejos suyo.

Astoria se quedó sin aliento y se mantuvo en silencio.

-Pero no se equivoque, no soy un tonto que entró en un acuerdo con Wallace Greengrass sin tener la sartén por el mango. Él me debe, Astoria… él me debe…

Draco miró a su padre, perplejo ante sus palabras misteriosas –Padre, ¿qué quiere decir con que Wallace le debe? ¿Qué le debe?

Lucius lo miró –No es algo que te competa, Draco. Todo lo que importa aquí es que estas comprometido con la señorita Greengrass y se casarán en Junio

-¡No voy a casarme con él! –Exclamó ella dirigiéndole a Draco una mirada venenosa –Me ha hecho quedar como una tonta esta noche

-¿Ante quién? ¿Ante mi? ¿Snape? ¿Unos pocos pasajeros de tercera clase que la mayoría siquiera habla inglés? Creo que no es necesario que se preocupe, su secreto está a salvo. Ahora, es muy tarde y estoy seguro que Draco necesita descasar fuera de su estupidez. ¡Vuelve a tu habitación y métase en la cama!

Astoria miro a Draco, como si esperara que la defendiera, pero cuando él se dio la vuelta y entro en el lavabo, ella salió hecha una furia del camarote dando un portazo tras ella.

-Draco…

-Ahora no, padre –respondió mientras se volvía a los grifos de la bañera

-Si, ¡ahora!

Lucius quiso entrar en el lavabo, pero Draco se aferró al marco de la puerta cerrándole el paso

-Dije ¡NO! -gritó cerrando la puerta en las narices de su padre. Apoyó la frente contra la madera… la felicidad que poseía antes de entrar en su habitación fue decolorada por la desesperación

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13 de Abril de 1912
En el Mar – Pasada la mañana

A la mañana siguiente, Severus estaba sentado en la sala de fumadores de su clase con un libro olvidado en su regazo mientras miraba por la ventana, absorto en sus pensamientos. Levantó la vista, vagamente irritado, cuando una sombra se posó sobre él. La reprimenda murió en su garganta en cuanto vio que se trataba de Draco

-Buenos días, Draco –Dijo suavemente mientras el joven tomaba una silla y se situaba frente a él. En cuestión de segundos el mayordomo ya estaba a su lado.

-¿Puedo ofrecerle té o café, señor? –le preguntó

Draco se frotó las sienes –Lo mejor será un té, gracias.

Severus miró a su antiguo alumno, con una expresión inescrutable -¿Cansado?

-Absolutamente

Severus le dio un sorbo a su taza –Sus actividades en tercera clase ayer por la noche deben haber sido particularmente intensas.

El resplandor de la mirada de Draco era letal –Se me informó que estuvo espiándome. No me gusta ser tratado como un niño errante, Severus.

-Entonces no te comportes como tal.

Draco abrió la boca para replicar, pero el camarero volvió en ese momento, colocando la bandeja de plata con lo solicitado sobre la pequeña mesa ubicada entre ellos. Enseguida empezó a verter la leche en su taza, pero Draco lo rechazó.

-Gracias, puedo ocuparme.

Después de su retirada, Draco terminó de prepararse su té, sin leche pero con varias cucharadas de azúcar. Sus ojos permanecieron cerrados mientras tomaba el primer sorbo.

-Esto es bueno –dijo en un suspiro. Abrió los ojos y se encontró con Severus observándolo detenidamente –Me molesta su falta de confianza en mi.

Snape dejó el libro a un lado y se sirvió otro poco de té.

-Ella es muy bonita Draco, pero es una chica corriente, la hija de un maestro…

-Él es profesor en Oxford ¡Usted mismo fue profesor!, no se trata de una camarera analfabeta, Hermione es muy inteligente

-Sea como fuere, Draco, tú eres de clase. Tu madre Narcissa, era heredera de una gran fortuna y la hija de una baronesa.

-¿Y eso de qué me sirve ahora? La fortuna se ha ido y lo único que tengo es un nombre. Además, no me importa, usted sabe que eso no tiene importancia para mí.

Severus se inclinó hacia adelante, y sujetó la muñeca de Draco con una mano en un apretón –Debes ser prudente, tienes un deber con la señorita Greengrass y con…

Draco trató de apartarse, pero Severus afianzó su agarre –No se atreva a decir que tengo un deber con mi padre. ¡Usted ni siquiera es de su agrado! –escupió

-Iba a decir contigo mismo, Draco. Usted tiene un deber consigo mismo. Eres un hombre joven y brillante, con un futuro igual de brillante por delante. Si se involucra con esta mujer y humilla a su prometida, su reputación estará en ruinas y la de la señorita Greengrass completamente destrozada.

Draco cerró los ojos con la cabeza latiéndole sin piedad –Yo no la quiero, Severus. Me siento… ¡me siento atrapado por todo esto! –espetó señalando con el brazo todo lo que los rodeaba.

Severus, recostado en su silla, estudió a su protegido –El amor no tiene nada que ver con esto, Draco. ¿Crees que tus padres estaban enamorados? ¿O los míos? El amor es para aquellas personas que no tienen otra cosa a lo que puedan llamar suyo.

Los labios de Draco se torcieron en una mueca de desprecio –La gente como Hermione, quieres decir…

Severus asintió con la cabeza, lentamente –La señorita Granger es una agradable mujer, bastante joven y, como he dicho, muy bonita. Estoy seguro que va a ser una buena esposa para alguien de su clase, pero usted no es hombre de su talla, eres mejor que ella.

-¿Por qué? ¿Qué es lo que me define como "mejor"? Por supuesto que no mi familia en estas circunstancias. Severus, probablemente su padre, profesor en Oxford, sea más rico que el mío.

Severus cortó con la mano el aire entre ellos – ¡Baja la voz, muchacho! ¿Quieres llevarnos a todos a la ruina?

Draco lo miro, apretaba tanto los dientes que se veía un tic en su mandíbula –No es justo –dijo al fin- Nada de esto es justo… nunca quise una vida como esta.

-Esto no es un juego en el patio del colegio, Draco. No hay "justo" o "no justo". Y deberías estar bien agradecido por esta vida, ya que le dará a usted muchas posibilidades. ¿O se ve como un caballero en el campo, con su linda señora Granger, tratando de alimentar a la media docena de sus críos chillando?

Draco se puso de pie tan de repente que golpeó la mesa entre ellos con sus rodillas y volcó una de las tazas de té. Severus miró a su alrededor, pero sólo el mayordomo se había dado cuenta y se lanzó hasta ellos para limpiar el desorden.

-Draco, siéntate, no hay necesitad de montar una escena –dijo en un susurro. El camarero miró con curiosidad a Draco, pero cuando Snape le dio un gesto de despedida, se apartó.

-Yo… necesito un poco de aire fresco. Lo siento, Severus.

Antes que Severus pudiera decir nada más, Draco salió de aquella habitación para fumadores

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-¡Buenos días, muchachos! –Los saludó Hermione alegremente mientras se sentaba al lado de Harry y frente a Ron Weasley, quien se levantó su gorra de tweed y le dio una sonrisa encantadora.

-Señorita Hermione, se ve tan bonita como una rosa. La vida marina se lleva bien con usted.

Hermione se sonrojó –Gracias, señor Weasley, eso es muy amable –"y muy avanzado", pensó- de su parte –dijo mientras se servía un cucharón de avena en su pequeño tazón- Pero por lo que he oído, la vida en el mar no lo hace tan bien con usted…

Ron le sonrió descaradamente –La verdad ha sido dicha, me he pasado más tiempo devolviendo mi almuerzo que comiéndolo.

-Buena imagen, muchas gracias –dijo Harry con una expresión de disgusto divertida. Hermione sacudió la cabeza mientras se servía una taza de té.

-Me encanta el mar –sonrió ella- Es tan tranquilo, tan basto y hermoso… que me podría quedar aquí por siempre

-¡Uf! A mi deme tierra firme –respondió Ron- Quiero ser capaz de caminar una línea recta sin sentir que mis entrañas van a hacer un espectáculo.

Mientras Hermione comía su sencillo desayuno de mazamorra y pan tostado con mermelada, y Harry y Ron conversaban con facilidad con otros pasajeros, pensó de nuevo en la noche anterior y en Draco. Él había sido el caballero perfecto en la cena, pero había notado la tensión en su cara; una tensión que se había aliviado una vez que estuvieron disfrutando de la fiesta bajo cubierta.

No había duda en que Draco Malfoy se había criado en el privilegio, pero en lugar de aprovecharse, parecía oprimido por su riqueza y beneficio. En el transcurso de su baile hasta bien entrada la noche, parecía como si las capas se iban desprendiendo de él, revelando poco a poco cada maravillosa parte de su verdadera personalidad.

Le encantaba saber que él sentía curiosidad por ella, y que se encontró con su deseo de ser escritora de manera tan natural como si hubiese dicho que quería tejer gorros de lana o hacer crecer un jardín. Le había preguntado por su familia y, al encontrar que era hija única al igual que él, habían hablado del deseo que tenían de tener en un futuro una familia numerosa para compensar la que nunca tuvieron.

Draco había sido más reticente a hablar sobre sí mismo, y ella optó por no presionarlo para obtener más información, sabía que la compartiría con ella cuando fuera el momento adecuado. Todo lo que dijo sobre Astoria fue que él la había conocido una semana después de que sus padres los habían prometido y que no estaban bien adaptados. De su padre, Lucius, no dijo nada en absoluto y, para distraerla, la había arrastrado nuevamente a la pista de baile.

-¿Hermione? Hermione, amor, ¿estas ahí?

Ella volvió a la actualidad con un movimiento de la mano de Harry frente de su cara. Riéndose, ella lo golpeó con fuerza -¡No hagas eso!

-Estaba a un millón de millas de distancia, señorita –dijo Ron mientras apisonaba el tabaco en su pipa. Su sonrisa era un poco pensativa –O tal vez sólo tan lejos como ayer por la noche

Hermione lo miró por encima de Harry, que la observaba con atención -¿Debo pedirle perdón?

Harry se encogió de hombros –No te enfades, cariño. Simplemente no cree que tu nuevo amigo quiera pasar tiempo con nosotros aquí en tercera clase.

-Draco no es así, de hecho se divirtió mucho –El apetito de Hermione huyó de repente, por lo que empujo su tazón de avena hacia un lado –Él es muy bueno…

Ron dio una calada a su pipa y miró por encima del hombro a los demás pasajeros –Es el tipo de hombre que considera atractivo, ¿entonces? ¿El tipo rico mariquita? –La boca de Hermione se abrió formando una perfecta "O" con sus labios

-¡No creo que eso sea de su incumbencia, señor Weasley! Draco es sólo un amigo, ha sido muy amable conmigo y yo sólo quise devolver su amabilidad invitándole a la fiesta.

Ron le devolvió la mirada que lo contemplaba con seriedad –No fue mi intención ofenderle, señorita. Lo lamento –se disculpó antes de retirarse.

Harry se volvió hacia Hermione –Hermione, has sido grosera

-¿Yo grosera? ¡Él no tenía ningún derecho a preguntarme eso!

Harry suspiró, se quitó las gafas y se frotó la cara con una mano –Mira, vamos a dar un paseo, ¿de acuerdo?

Una vez que estuvieron en la cubierta, Harry le tomó una mano entre las suyas –Le gustas. Ron me ha preguntado si podría cortejarla al llegar a América.

-¿Cortejarme? Harry ¡Tú no eres mi padre! –chilló Hermione, horrorizada.

Harry se rió –No, pero en su ausencia, soy la siguiente y mejor alternativa.

-Tengo veintidós años, ya soy una mujer adulta y no necesito un hombre que me diga quien me puede o no cortejar. Es absurdo ¡Estamos en el siglo XX!

-Es un buen tipo, Hermione. Un hombre honesto, cristiano, y con lo que parece ser una buena ética de trabajo. Sería un buen marido

Hermione tiró de su mano para liberarla –¡Harry Potter! ¿Cómo te atreves?

Pareció tan herido con sus palabras que Hermione suavizó su expresión y lo sujetó cariosamente del brazo mientras se apoyaba con el otro en la baranda para contemplar la calma del mar.

-Lo siento –susurró- No quiero ser tan malhumorada contigo, Harry. Tú eres mi mejor amigo y no quiero que discutamos.

-No voy a mentirte. Me preocupo por ti, y este hombre no es nuestro tipo ¿Cómo puedes saber que no te esta usando sólo para pasar el tiempo, o peor? ¡No! No me mires así… sé que has pensado lo mismo.

Hermione apoyó su cabeza sobre su hombro, temblando un poco por el frío de la mañana –Bueno, si. Si, yo tenía mis dudas al principio… quiero decir, ¿Por qué en tierra se fijaría en mí, cuando tendrá a esa bella mujer del brazo?

-¡Pura mierda, Hermione! Tú eres igual o más hermosa

-¡Harry, basta! –Lo miró y lo encontró sonriendo de oreja a oreja- ¡Eres un idiota!

-Y tú una mujer ruda, ¡tonta!

-¡Tú eres…!

-¡No!

Y siguieron discutiendo de ida y vuelta hasta que Hermione le pellizcó fuertemente el brazo y Harry la empujó juguetonamente, luego su expresión se puso seria

-Tú eres… ya sabes, hermosa. Y eso es lo que me preocupa…

-¿Por qué?

-Los hombres del tipo de Malfoy… Tengo miedo que él esté jugando contigo. Eres una mujer soltera, Hermione.

-¡Oh, Harry! ¿No confías en mí?

-Claro que confío en ti. Lo que no sé es si confiar en él

Hermione se alejó y juntó las manos con los brazos apoyados en la barandilla –Tú no lo conoces, Harry. Él es… él es maravilloso.

-¿Y tú lo conoces? ¿Hace cuanto? ¿Dos días?

-Es el tiempo suficiente. ¿Nunca tu corazón te ha dicho la verdad acerca de alguien?

Él la miró sorprendido –No entiendo lo que quieres decir –dijo finalmente

-Yo si lo entiendo. Mi corazón lo sabe. No se cómo ni por qué, pero lo hace, realmente lo hace.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas y se cubrió la cara. Desconcertado, Harry le dio unas palmaditas en la espalda. -¡Por Dios, Hermione! Estas enamorada de este hombre

Ella le golpeó el brazo y luego se secó los ojos con los dedos –¡No seas profano! ¿Cómo podría? Él esta comprometido con otra mujer

-Por eso te pido que tengas cuidado. Sólo… sólo ten cuidado ¿si? No dejes que te rompan el corazón.

Hermione apoyó nuevamente la cabeza sobre el hombro de Harry y cogió una de sus manos entre las suyas –Sé lo que estoy haciendo. Lo prometo

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14 de Abril de 1912
En el Mar – Pasada la mañana

Después del desayuno, el comedor de Primera Clase fue completamente despejado y se alinearon todas las sillas en ordenadas filas. Puntualmente a las 10:30 am, el Capitán Smith abrió su libro de himnos e invitó a los pasajeros a unirse a la canción.

Draco estaba sentado entre Lucius y Astoria, al lado de ella se situaban sus padres. Severus, un feroz oponente del pensamiento religioso, había decidido pasar el resto de la mañana en la biblioteca. Draco había logrado evitar todos los intentos de Lucius para enfrentarse a él por que le diera fin a lo suyo con Hermione. Mientras que Astoria, por su parte, fingía que el altercado de la noche anterior no había sucedido.

Ya estaba familiarizado con el servicio anglicano, por lo que se permitió que sus pensamientos volvieran a vagar hasta Hermione. No la había visto en todo el día de ayer, después de haberse separado en tempranas horas de la mañana, y no podía dejar de preguntarse si lo estaba evitando, a pesar de no encontrar ningún tipo de razón para que lo hiciera. Hasta se había dirigido a la popa del buque con la esperanza de encontrarla allí, pero Hermione no estaba por ningún lado.

Sabía que estaba pensando demasiado; Hermione había tomado varios vasos de cerveza –al igual que él-, y probablemente se había visto afectada por un dolor de cabeza o el estómago revuelto. Dios sabía que él mismo se había pasado más que unos pocos minutos de incomodidad en el lavabo.

Desde ya, ¡debía ser eso! Porqué él no le había dado ninguna razón para que lo evitara… ¿o sí?

Cuando el capitán Smith, cerca de una hora más tarde, dio por finalizados los servicios, Draco se levantó y miró hacia el fondo de la sala. Para su sorpresa, Hermione estaba allí, hablando con su primo. Ella todavía no lo había visto.

-Bueno, bueno… -Exclamó Astoria mientras deslizaba su mano alrededor de su brazo –Mamá, ¿te das cuenta que los pasajeros de tercera clase participaron en nuestro servicio?

Verónica miró sobre su hombro, con los labios en inflexión de desagrado –Veo… ¿los pasajeros de Tercera Clase no tienen sus propios servicios religiosos?

-¿Importa? –Preguntó Draco manteniendo un tono de voz suave- Quiero decir, no es que estuvieran causando disturbios…

Astoria y su madre no le hicieron caso, pero Lucius se acercó –Hijo, ten cuidado… tu predilección por las clases bajas pueden ser tu perdición –susurró condescendiente

Entonces, así es como debe ser, pensó Draco con amargura –De hecho, Padre, usted lo hará de una mejor manera, ¿no es cierto?

Antes que Lucius pudiera escupir más desprecio hacia él, Draco se desprendió de las garras de Astoria y salió al pasillo que formaban las hileras de sillas, acercándose a Hermione y Harry. Harry fue el primero en notarlo y le tocó el brazo a su prima. Ella levantó la vista y la sonrisa que le dio Draco echó a tierra todas las dudas que pudiera tener.

-Buenos días, señorita Granger, señor Potter –saludó, dándole un guiño cortés –Señorita, se ve preciosa esta hermosa mañana.

Harry le estrechó la mano y Hermione enrojeció de placer al comentario de Draco

-Señor Malfoy, es un gusto volverlo a ver –habló Harry- Le estaba comentando a Hermione, que esta es probablemente la primera vez que he estado en una iglesia desde comienzos de siglo

Draco se echó a reír –O usted es mayor de lo que imaginaba, o sus padres fueron muy indulgentes con su educación religiosa.

Bastó un instante para que Draco se diera cuenta que había dicho algo inapropiado. La sonrisa desapareció del rostro de Harry y Hermione se dirigió a su primo con un gesto de angustia dibujado en su hermoso rostro.

-Lo siento –se disculpó- ¿He dicho algo malo?

-No, por supuesto que no –respondió Harry, pero la mirada de Hermione le decía que su primo no estaba siendo completamente sincero.

-Mis disculpas, de verdad yo… -Intentó de nuevo, pero Harry lo frenó con la mano

-No es necesario –respondió secamente y se volvió hacia Hermione- ¿Cuáles son tus planes para esta tarde, amor?

-No estoy segura –miró de reojo a Draco- Creo que volveré a la biblioteca. Estoy segura que allí podré encontrar algo con que entretenerme

Había un trasfondo de algo entre los primos, que Draco no podía adivinar. Hermione parecía demasiado ansiosa y Draco estaba seguro que se debía a su comentario sobre los padres de Harry, quien había sido muy cordial durante su primera reunión, pero que ahora se mostraba sumamente frío con él.

-¡Ven conmigo, Harry! Podríamos jugar a las cartas… me prometiste que me enseñarías a jugar al pinacle –Insistía Hermione mientras le daba pellizcos en el brazo.

-Tal vez más tarde… le dije a Ron que me reuniría con él en la sala de fumadores –Miró brevemente a Draco, con una especie de expresión de resignación en el rostro –Sé razonable, Hermione

-Harry…

-Lo sé, siempre eres razonable, es sólo que… -Tiró de Hermione alejándose unos pasos, de forma que la conversación quedara protegida de la vista de Draco. Lo que le estaba diciendo hizo que los delgados labios de Hermione se curvaran con tristeza.

-Ahí la tienes, querido. Eres un escurridizo ¿no es así? –Susurró Astoria al oído de Draco. Su mirada socarrona cayó en Hermione, que estaba mirando a Harry retirándose.

-Señorita Granger, ¿no? Veo que ha desarrollado un gusto por la primera clase. No era consciente que los servicios religiosos no eran previstos en Tercera Clase.

Para su crédito, Hermione se recuperó de las palabras ácidas de Astoria con aplomo –El primer servicio en mi clase es Católica, señorita Greengrass, y yo no soy de la persuasión Católica. El servicio anglicano del capitán Smith es más de mi gusto. Apreciamos la actitud progresista de la White Star Line por las necesidades religiosas de sus pasajeros.

-¿De veras? Tal vez tenga que escribir una carta para expresar mis sentimientos por su… "actitud progresista" –soltó con frialdad- Draco, ¿nos vamos? Me gustaría ir a cenar al Café Parisien. Buenos días, señorita Granger.

Draco podría decir que la conducta hostil de Astoria sorprendió a Hermione, pero antes que él pudiera decir algo como "adiós", ella le asintió remilgadamente y se alejó.

-No te haría daño ser agradable, Astoria –Espetó Draco una vez fuera de la sala de recepción- La señorita Granger no ha hecho otra cosa que…

-Yo no sé por quién me tomas, Draco Malfoy. Pero no voy a jugar a la gentil anfitriona de tu puta, ¿me entiendes?

Draco la miró horrorizado, no sólo por sus sucias palabras, sino por el veneno con que fueron dichas. Por una vez, la furia hirviente que parecía retorcerse dentro de él constantemente, no se encontraba en ninguna parte, sino que estaba siendo remplazada por una resuelta calma que le dio las fuerzas para decir las palabras que tanto le dolían decir.

-Astoria, si alguna vez vuelves a usar esa sucia palabra para desprestigiar a la señorita Granger de nuevo, voy a tirarte por la borda de este barco. Ella ha sido la viva imagen de la bondad, y no ha recibido a cambio más que rencor y desprecio de tu parte y de nuestras familias, ¡Y no lo volveré a permitir!

Astoria se quedó inmóvil, la única emoción exterior visible fueron sus labios temblorosos y la manera en que se abrieron sus ojos azules. Draco se aprovechó de su silencio para continuar.

-Harías muy bien en sacar una página del libro de la señorita Granger, o te encontrarás a ti misma humillada frente a todos estos pretenciosos malcriados que te tienen en tan alta estima.

Las palabras de Draco fueron soltadas prácticamente en un susurro, pero cuando se alejó un paso hacia atrás, Astoria lo miró como si se lo hubiera gritado a todo pulmón.

Él le sonrió fríamente -¿He sido claro, Astoria?

Pasaron unos instantes antes que ella pudiera contestarle, y cuando lo hizo, su voz temblaba de rabia

-No voy a casarme contigo, Draco. No me importa que tipo de acuerdo tengan nuestros padres; no me importa lo que tu padre dice que sabe acerca de las minas ¡Te desprecio y me niego a perder un solo momento más contigo!

Draco se rió a carcajadas, disfrutando las miradas de desaprobación de varios pasajeros.

-El sentimiento es mutuo, cariño –se burló- Buena suerte, Astoria. Estoy seguro de que convertirás la vida de un pobre cabrón en un infierno.

-Bueno, ¡espero que te pudras en la tuya! –escupió

Mirando a Astoria salir enfadada, Draco sintió una ola de alivio atravesarlo de una manera que nunca había experimentado. Era como si el peso de una montaña se hubiera quitado de sus hombros. Tenía pocas dudas de que Lucius se enfurecería cuando se enterara, pero realmente, ¿qué podía hacer, además de quejarse como una solterona sobre ello?

Las palabras de despedida de Astoria sobre las minas y los acuerdos de sus padres eran curiosos, pero Draco encontró que en realidad le importaban un caldero las fechorías de su padre. Eran cosas del pasado, y él sólo quería mirar hacia el futuro.

Y al pensar en el futuro, todo lo que venía a su cabeza era Hermione.

Tenía que encontrarla.

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Después de la escena incómoda, Hermione se refugió de nuevo en la biblioteca de la Segunda Clase. Estaba vacía, la mayoría de los pasajeros estaban tomando onces en el Café Verandah o disfrutando de la brisa del mar en la cubierta. Hermione se deleitaba, la habitación era ideal para ella, a pesar que técnicamente, como pasajera de Tercera Clase, ella no debía estar ahí.

Cuando Hermione vio a Draco en los servicios, se vio sorprendida por el placer en su rostro provocando que una emoción se estableciera bajo su estómago. Incluso Harry, el dulce y perceptivo Harry, se había dado cuenta… ella misma había notado la preocupación reflejada en su mirada inquieta tras las gafas.

El comentario inocente de Draco acerca de los padres de Harry había sido un hecho desafortunado. Era una parte dolorosa de la vida de Harry, a la cual había luchado por sobreponerse. Hermione esperaba que eso no pusiera su corazón en contra de Draco. Ella realmente creía que es dos hombres podían llegar a ser buenos amigos si se dieran una oportunidad.

Estaba escribiendo en su diario el último de los acontecimientos de la mañana cuando una sombra cayó sobre ella. Cerró el libro bruscamente y miró a los claros ojos grises de Draco, que le estaba sonriendo dulcemente y cuando tuvo su atención, se dejó caer de rodillas frente a ella y le tomó la mano libre.

-Señorita Granger… Hermione… por favor, acepte mis más sinceras disculpas por el aberrante comportamiento de Astoria.

Hermione dejó su diario a un lado y puso su otra mano encima de la de él –Soy yo quien debe pedirle perdón a usted –respondió ella y tiró suavemente de su mano –Por favor, siéntese, no es adecuado que alguien como usted esté arrodillado frente a mi, señor.

Draco mantuvo su mano entre las suyas, pero hizo lo que le pidió y se sentó a su lado –No puedo imaginar por lo que usted debiera disculparse, porque yo encuentro todo perfecto.

Hermione se rió -¿Perfecto? ¡Está loco!

Una sombra cruzó su rictus, pero fue rápidamente descartado –Es muy probable que lo esté –sonrió- Pero quiero saber… ¿por qué debe pedirme perdón?

-Por Harry…

-Pensé que tal vez había dicho algo malo…

-¡Oh, no! Usted no podría haber sabido que Harry es huérfano desde que tenía sólo un año de edad. Fue criado por unos parientes del lado de su madre, que… ¡que eran las personas más horribles y le hicieron la vida imposible!

-¡Eso es terrible!

Hermione asintió con seriedad –Por lo que nunca conoció a sus padres, y después de vivir con los Dursley hasta los once años, se vino a vivir con mi familia en Oxford

Draco se reclinó en su asiento, disfrutando de la sensación que le producía la mano de Hermione entre las suyas. Ella estaba tan absorta contando su historia, que no se dio cuenta que le estaba acariciando suavemente con el pulgar sobre los delicados huesos de los nudillos.

-Fue muy afortunado de encontrar un hogar lleno de amor –dijo Draco

-Lo fue, pero Harry siempre tuvo un poco de pasión por los viajes, al cumplir los diecisiete salió de viaje por un tiempo y volvió de visita a finales del año pasado, pero como yo ya tenía decidido hacer este viaje a los Estados Unidos aprovechó la oportunidad de venir conmigo.

-Son muy buenos amigos, ¿no?

-Lo somos. Harry siempre ha sido maravilloso conmigo y me gustaría que le gustara

Draco levantó una ceja -¿Qué yo le gustara? ¿Por qué le importa eso?

-Porque a mi sí, y… -hizo una pausa y Draco supo que ella estaba sopesando sus siguientes palabras –Me intrigas, Draco –dijo tuteándolo por primera vez- No eres en absoluto de la manera en que yo creí que era.

Draco se inclinó hacia adelante, silenciado por sus palabras. Sus ojos grises se abrieron un poco y ella bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas con una consciente sonrisa tirando de sus labios. Para el deleite de Draco, ella no movió su mano de allí.

-Dime, Hermione –dijo persuasivamente- Dime que te intriga y te lo contestaré ahora mismo

Abrió la boca para contestar, pero las palabras no acudieron. En su lugar, tomó su diario y hojeó las páginas hasta encontrar lo que quería para luego tendérselo a Draco.

-Lee esto. Creo que va a responder todas tus preguntas.

Sorprendido, Draco asintió con la cabeza y tomando el cuaderno de Hermione se levantó y se acercó a la ventana.

"Me encontré con él esta noche, y en contra de todas las fantasías de mis sueños, en las que era bastante desagradable, sucedió todo lo contrario, de hecho, me encontré atraída por él; como la marea a la orilla, o como el Sol al horizonte. Era algo que escapaba a mi control, y lo confieso: me da miedo. Nunca me he sentido así por nadie, ni siquiera por ese chico bonito de la farmacia de Oxford.

Yo estaba afuera, acostada en un banco largo, cerca de la poca. Era una noche tranquila, con el sonido lejano de las salpicaduras del mar contra el casco de la nave y un manto de estrellas. Creo que podría haber sido arrullada en los brazos de tanta belleza natural.

Casualmente, yo estaba buscando la constelación de Draco, cuando se apareció ante mí, las estrellas se hicieron carne y hueso, como si fuera conjurado por la mano divina. ¡Qué absurdo romántico! Aunque no se me da normalmente este tipo de vuelos fantasiosos, él me inspira y no puedo controlarlo, no puedo decir porqué. Lo único que se es que, después de esa noche, es en todo lo que puedo pensar y todo lo que puedo ver. Algo en el fondo me dice que esté hombre está destinado está destinado a ser en mi vida, en este momento en el tiempo. Todavía no he revelado lo que esto significa.

Pero estoy divagando.

Pronto oí el sonido de pasos acercándose, el sonido de alguien corriendo muy rápido, pero él ya había pasado mi escondite cuando me senté a investigar el origen de tal perturbación. ¡Era él! El hombre que había visto en el muelle de Southampton y el mismo hombre que me miraba tan extrañadamente en la cubierta a principios de este mismo día.

Él corrió hacia la barandilla, y por un momento horrible, pensé que se iba a lanzar de cabeza por la borda. Contuve la respiración cuando vi mi temor hacerse realidad. Él se subió a la barandilla y pasó por encima de ella, hacia el exterior del barco. Se aferraba al Titanic sólo con sus manos sobre los rieles y las puntas de los dedos de los pies. Podría haber caído en cualquier momento y me quedé congelada por el miedo ante tal revelación… por miedo a lo que le sucediera.

Miró hacia arriba y fue recién entonces cuando pude apreciar su rostro. La desesperación que vi reflejado en él me rompió el corazón a pedazos. ¿Qué pudo haber llevado a un hombre hasta ese punto?

¿Qué le podría haber sucedido que le hiciera desear la muerte?

No podía mantenerme al margen y dejar que lo hiciera. Tenía que ayudarlo. Él me necesitaba. Y, ¿qué podía hacer más que estar allí para él?

"¡Detente!" le grité

Y fue así como conocí a Draco Malfoy…"

No era lo único que ella había escrito a partir de su encuentro, varias páginas le seguían relatando su punto de vista, pero a pesar de su gran curiosidad, Draco cerró el libro.

La intimidad de sus palabras, tan sentidas, tan llenas de emoción, le habían golpeado con fuerza y se maravillo por la confianza en ellos, en la convicción que sentía sobre que sus caminos estaban destinados a cruzarse, apoyándose incluso por las estrellas del cielo, era tan convincente que Draco no podía dejar de creer que era verdad.

-Hermione…

La muchacha se sobresaltó, pero de igual manera no lo enfrentó. Draco se acercó a ella, la tomó por los hombros y cuando le alzó la barbilla, ella finalmente levantó la mirada hacia él.

-Hermione, gracias –dijo simplemente.

Los labios de ella se separaron, y aunque sorprendida, permaneció en silencio.

-No sé… si no hubiera estado allí… -Draco se inclinó hacia ella presionando su frente a la suya. La mano de Hermione se acercó a la parte superior de su cuello, sus dedos presionaron suavemente contra su piel… su tacto era tan suave que envió escalofríos a la espina dorsal del chico rubio. Ella parpadeo varias veces, pero se encontró con que no podía apartar los ojos de aquél amado rostro.

-Yo estaba destinada a estar allí, estaba destinada a cuidarte –susurró Hermione. El brazo de Draco la envolvió por la cintura y la atajo hacia él.

-Tú tienes, Hermione, más de lo que puedes imaginar

Sus ojos se encontraron y luego sus labios. Fue un beso adecuadamente casto… pero por muy poco. Draco podía sentir su temblor -¿o tal vez era él?- por lo que suavizó su toque, pero ella se tambaleó hacia él y presionó con más fuerza los dedos en su nuca, como si quisiera de esa manera comunicarle su anhelo por él. Se le aceleró el corazón de una manera que con los besos de Astoria nunca le había sucedido.

A Hermione se le arremolinaban los sentidos. El tacto de la boca de Draco en la suya era una sensación nueva, su primer beso, pero tan acertado que desvaneció cualquier vacilación de su parte. Tendría que haberlo rechazado modestamente, haberlo reprendido por su presunción, pero el calor de su aliento, la plenitud de su boca y el mínimo toque de su lengua en su labio inferior, la prendieron fuego. Y, en vez de empujarlo y alejarlo, lo apretó aún más contra su pecho.

Él se quedó quieto por un momento, y Hermione casi cae presa del pánico por el miedo de haber actuado demasiado descaradamente. Pero al ver la calidez y ternura en sus ojos el miedo desapareció por completo.

Un sonido al otro lado de la puerta de la biblioteca los hizo separarse. Dos mujeres entraron enfrascadas en una conversación y apenas repararon en Hermione y Draco, pero fue suficiente para traer de vuelta a ellos sus sentidos dispersos.

Hermione podía sentir el calor de su rubor causando gotas de sudor a lo largo de su cuero cabelludo y entre sus pechos. Se sentía lánguida, su cuerpo todavía temblaba, pero estaba envuelta en una felicidad que apenas creía posible. Tímidamente miró a Draco y lo encontró sonriéndole. Su corazón comenzó a bombear con fuerza.

-Eres tan hermosa, Hermione –susurró Draco imprimiendo cada gramo de sentimiento en sus palabras.

-Tú también eres hermoso –respondió ella, tímidamente.

-Nunca me han llamado hermoso, ¿pueden los hombres ser bellos? –preguntó riendo.

-¡Por supuesto que pueden! Y no me digas que no te has visto en el espejo y visto lo que veo –Draco le sonrió, radiante.

-Hay algo que tengo que hacer, pero quiero verte más tarde. Por favor ¿dices que vas a reunirte conmigo después de la cena?

Hermione inmediatamente aceptó -¡Por supuesto!... ¿Cuándo…? ¿Dónde nos encontramos?

Draco enganchó su dedo meñique en torno al de ella, deseando poder traerla de vuelta a sus brazos y hacerse de otro espléndido beso –Dónde nos conocimos. Nueve de la noche

-Nueve de la noche, si. Estaré allí, Draco.

Él soltó su mano a regañadientes, y le dio un disimulado guiño, por las dudas que las otras dos mujeres les estuvieran viendo –Hasta entonces.

Una vez Draco cruzó la puerta, Hermione se obligó a sentarse y recuperar el aliento. Recogió su diario y suspiró… estaba demasiado feliz para escribir.


N/T: Wooo, woo, wooo. Hubo beso :O

Y esto recién empieza... aviso que el capìtulo que viene trae lemmon, asì que a las que no le3s guste este tipo de escenas ya están avisadas :P

Muchas muchas gracias por todos los comentarios del capítulo anterior, son realmente motivadores. Haré lo posible por hacerle llegar sus opiniones a la autora. Mientras tanto yo agradezco por ella :P y también por mi, obviamente, por la manera en que están valorando mi trabajo :)

Será hasta el domingo que viene. Por el mismo canal :P

Ilwen (15/4/12... ¡Feliz Cumple Emma Wattsooon!)