Este capítulo contiene un lemmon ligerito... el que avisa no traiciona :P
TITANIC
POR EL MUNDO QUE ACABAMOS DE DEJAR
Capítulo 4
14 de Abril de 1912
En el Mar
Draco ya estaba esperando cuando Hermione llegó. Ella se sorprendió al encontrarlo vestido de manera tan informal, sobre todo cuando, seguramente, la cena en la primera clase recién acababa de finalizar. Se detuvo en silencio, admirando su figura alta y elegante apoyada en la barandilla, mirando el cielo sin luna que se extendía sobre su cabeza… exactamente donde se habían conocido sólo cuatro noches atrás.
-Hola –lo saludó finalmente.
Draco se volteó rápidamente, sustituyendo su expresión melancólica por una de alegría -¡Hermione! -Tres zancadas lo llevaron hasta su lado, y le tomó ambas manos entre las suyas- Te he extrañado –dijo antes de besarla en la mejilla, y luego depositar suavemente los labios sobre los de ella.
Cualquier preocupación que Draco podría tener, habían perdido interés completamente –Yo también te extrañe, Draco. Tú… tú eres todo en lo que he podido pensar –reconoció sonrojándose tan pronto como las palabras habían salido de su boca, pero Draco le acunó el rostro con la palma de su mano y bajó sus labios a los de ella nuevamente. El beso se mantuvo casto, pero Hermione podía sentir la mano temblorosa del rubio, por lo que la cubrió con la suya, apretándole los dedos para tranquilizarle.
-No te lo dije antes porque no sabía como te sentirías al respecto… -comenzó Draco, le sujetó la mano y la llevó nuevamente hacia la barandilla. Hizo una pausa mirando hacia sus dedos entrelazados.
-Draco, ¿qué? ¿Qué me quieres decir?
Él se llevó la mano a los labios y besó uno y cada uno de sus dedos –En primer lugar, quiero decirte que… bueno, que he abierto los ojos, Hermione. Tenías razón ese día en la cubierta. Yo vengo de un lugar de privilegio, pero a un costo.
Hermione frunció el ceño –No entiendo, Draco – dijo Hermione y Draco se echó a reír.
-Ni yo, Hermione, ni yo... Déjame ver si me puedo explicar…
La llevó hasta un banco cercano, apretó su mano entre las suyas y con el dedo pulgar comenzó a acariciarle el dorso de la muñeca.
-Yo crecí en Wiltshire, en tierras pertenecientes a la familia de mi madre, era una casa de campo encantadora… la envidia de todos en el pueblo. Era el único hijo de mis padres. Resumidamente, un malcriado…
Los dos se rieron y Draco se encogió de hombros –Es de esperar, Draco –dijo Hermione- Yo también soy hija única, y a pesar de no nacer en su privilegio, entiendo perfectamente como te consintieron.
-Entonces, tal vez puedas entenderme. De alguna manera sabía que podría –Draco se recostó y extendió su brazo envolviendo la espalda de Hermione y acomodarle la espalda contra su pecho. Aspiró su dulce aroma a lilas y continuó- Mi padre nunca fue una persona cálido con nadie, ni siquiera con mi madre, rara vez los vi en una actitud cariñosa, sobre todo a los once años cuando comencé la escuela. Mi madre murió poco después que salí de Eton.
Hermione jadeó por sus palabras y apretó el agarre de sus manos.
-Fue rápido. Su corazón era frágil y, finalmente, le falló. Yo estaba con ella cuando murió y las palabras de despedida que me dedicó fueron que siguiera a mi corazón e hiciera que se sintiera orgullosa.
-¡Oh, Draco! Yo sé que ella debe estar tan terriblemente orgullosa de ti. Eres un hombre estupendo, y cualquier madre estaría feliz de poder reconocerte como su hijo –Hermione apretó sus dedos contra los labios, pero la emoción en sus ojos llenó el corazón de Draco.
-Yo creo que sí… sí, lo hago. De todas formas, ingresé al St. Andrews, a pesar del peso en mi corazón. Me fui a la escuela con la seguridad que mi padre custodiaría atentamente los bienes de mi madre.
-¿Acaso no le correspondía, cómo su marido?
Draco se encogió de hombros –Voy a ser honesto contigo… no tengo cabeza para los negocios, y mi padre siempre me mantuvo a distancia de la administración de dichos bienes. Según tengo entendido, la propiedad era una herencia, mi madre era la única viva de tres hermanas, sin parientes masculinos. Mi abuelo fue muy específico al señalar que la propiedad debería pasar de mi madre a su primer hijo varón… o sea, yo.
-Suena razonable. Tu abuelo debe de haber sido un hombre muy progresista.
-En realidad, nunca lo conocí. Él y mi abuela murieron en un accidente de coche antes que yo naciera.
Una vez más, la mirada de Hermione se volvió a él con comprensión –Lo siento mucho, debe haber ser terrible para ti.
-Eres muy amable, cariño. –le sonrió y continuó con su relato- Durante mi estancia en St. Andrews, supuse que todo en casa estaba bien. Me gustó mucho la Universidad, y me enfoqué por completo en mis estudios, nunca volví a casa para las vacaciones porque prefería quedarme ayudando a mis profesores en sus investigaciones y en hacer pequeños viajes a distintos ligares para acrecentar mis propios conocimientos.
-¿Qué estudiabas?
-Filosofía y Clásicos.
Hermione rió –Mi padre es profesor de estudios clásicos
Draco se inclinó hacia delante y besó ligeramente su boca sonriente –Evidentemente estaba destinado que nos encontremos. Las estrellas apuntan a ello –bromeó.
Hermione le cogió la mano con fuerza -¡Oh, yo quería decirte, pero se me olvidó por completo!
-¿Qué cosa?
-Mira hacia arriba, Draco, ¡Mira! –Draco siguió el camino que el dedo de Hermione marcaba- ¿Qué constelaciones ves?
-Yo… eh, bueno, veo la Osa Mayor… –dijo, frunciéndole el ceño al cielo lleno de estrellas.
-¿Y qué se ve por encima de la Osa Mayor? –incitó
Draco miró la Osa Mayor y el grupito de estrellas encima suyo, buscando en su memoria los nombres de las constelaciones astronómicas. Cuando el nombre acudió por fin, sintió los cabellos de la nuca erizársele.
-Draco –suspiró- El Dragón
-Fue la constelación que estaba mirando cuando pasaste corriendo cerca mio esa noche. Eras tú, Draco. Estaba pensando en ti
Draco miró su cara expresiva y volvió la vista hacia las estrellas. Hermione era hermosa, con las mejillas encendidas y su boca color rosa con el labio inferior apresado entre los dientes. Ella se acomodó en sus brazos.
-Extraordinario –susurró. Ella le sonrió y le acarició la barbilla
-Si, extraordinario
De mala gana, Draco continuó con el hilo de su historia -Me faltaban dos años para terminar cuando estalló un escándalo que involucró a mi padre. Él había hecho algunas asociaciones políticas bastante desagradables, entre ellos con un tipo que se llamaba Thomas Riddle.
Hermione levantó la cabeza de su hombro bruscamente – ¿Riddle? me suena ese nombre…. ¡Ya recuerdo! Mi padre solía despotricar contra él casi todas las noches cuando Riddle adquirió un puesto en la Cámara de los Comunes. ¡Era un hombre terrible! ¿Su padre lo apoyó?
-Así es. ¿Recuerdas su innoble fin?
Ella no pudo ocultar la sonrisa que adornó sus labios –Si mal no recuerdo, lo encontraron muerto en la cama de una prostituta.
-No era una prostituta, Hermione, era la esposa de su rival, Boris Hampstead. Y, como se informó, el sospechoso de estar detrás de la destrucción de la reputación de Hampstead era mi padre… él estaba trabajando a nombre de Riddle.
Hermione lo miró boquiabierta -¡Oh, Draco! ¿Y tú no tuviste idea hasta que salió en los periódicos?
-Ni una pista. Después enfrenté a mi padre por los rumores y salió a la luz que había invertido la totalidad de la fortuna de mi madre en las arcas de Riddle, con la esperanza de que contribuiría a lograr sus propias ambiciones políticas. No es necesario decir que, no esperaba que Riddle terminara muerto después de una noche en la cama con una mujer mucho más joven que Hampstead.
La ya familiar vergüenza sobre este tema, hizo que Draco se alejara un poco de Hermione, seguro que iba a ser rechazado por sus antecedentes manchados. Pero, cuando ella metió el brazo entre el suyo y apoyó su mejilla contra su hombro, él suspiró de alivio. ¡Que exponente de mujer estaba resultando ser Hermione Granger!
-Vamos, Draco. ¿Qué pasó después?
-Tomé el mando, y le pedí ayuda al padre de un amigo de la Universidad que era abogado y fue capaz de salvar la casa y la mayor parte de la propiedad que la rodea. Pero al final tuve que venderla para pagar la última de las deudas de mi padre –Draco se detuvo, asaltado por el recuerdo de las posesiones más preciadas de su madre siendo rematadas en una subasta- Después que terminé la Universidad, mi padre se volvió un buen amigo de Wallace Greengrass, que, por si aún no lo has notado, es asquerosamente rico. Daphne, su hija mayor, fue deshonrada de su familia por irse con el hombre inadecuado –Draco resopló de risa- Yo la envidiaba ¿sabes?, por tener las agallas de seguir a su corazón. Creo que a mi madre le habría caído bien.
-¡A mi misma me cae bien! –Exclamó Hermione- ¿Y cómo llegaste a terminar prometido con Astoria, entonces?
-Astoria ha sufrido por las acciones de su hermana. Como debes saber, la sociedad puede ser… no perdona. Se terminaron las invitaciones a fiestas y bailes, y las propuestas de matrimonio que pudiera tener habían desaparecido. Mi padre, siempre oportunista, vio la ocasión de usar la situación de Wallace a su propio beneficio.
Hermione estaba horrorizada -Él te vendió ¿no? Te vendió en matrimonio por… ¿por qué?
Draco se encogió de hombros -No sabría decirte. Dinero, sobre todo. Prestigio, a pesar de que sería un vago reflejo del mismo estado que experimentaba Wallace en la sociedad. Afortunadamente, el nombre de mi madre era y es, todavía muy bien visto, así que mis perspectivas no habrían sido tan graves. Astoria, sin embargo… lo terrible es que ella no entiende lo realmente triste que su futuro se había convertido. Sus padres la mantuvieron completamente en la oscuridad al respecto.
Hermione, a pesar de su aversión por la señorita Greengrass, no pudo evitar sentir una punzada de compasión por ella –Eso es realmente terrible, que una mujer tenga que ser rehén de unos ideales anticuados sobre el matrimonio y… y… el romance.
-¿Romance? Oh, mi dulce niña… no hay romance en la alta sociedad.
-¿No la quieres, Draco? ¿Ni siquiera un poco? –Hermione odió la forma en que su voz temblaba y temía su respuesta, pero se preocupaba por Draco y aunque no fuera para ella, ella quería que fuera feliz.
-No. Nunca lo he hecho. Lo que me lleva a la verdadera razón por la que tenía que hablar contigo esta noche.
Se volvió hacia ella y sus manos agarraron la suya. Hermione se quedó sin aliento al ver la expresión esperanzadora en su rostro.
-¿Cuál, Draco? ¿Cuál razón?
Él respiró hondo, y el aire fresco del mar limpió su mente tanto como sus pulmones –Hermione, he terminado mi compromiso con Astoria
-Tú… ¿Tú qué? Oh, Draco, ¿estás seguro? –Hermione no podía negar como sus palabras aumentaron la esperanza hinchando su pecho.
Él le acarició el cabello, capturando un bucle entre el pulgar y el índice acariciándolo junto a su mejilla –Si, estoy muy seguro. Si me fuera a casar con una mujer que no amo, significaría que no podría cortejar a la mujer de la que creo que estoy cayendo desesperada y locamente enamorado.
El corazón de Hermione latía tan fuerte que pensó que estallaría en su pecho –Draco, yo… yo no sé que decir.
Draco la agarro firmemente de los brazos, sin embargo, era un agarre suave –Dime que tengo una oportunidad contigo. Hermione, dime que sientes lo mismo que yo.
Las últimas dudas persistentes se desvanecieron cuando Hermione se tiró en sus brazos y junto sus labios con pasión, con urgencia. Cuando se separaron, Draco la abrazó con fuerza
-Cuando lleguemos al muelle de Nueva York, Hermione, bajaré de este barco contigo
Draco la sintió mover la cabeza contra su pecho murmurando – ¡Si, Draco! Si, por favor ¡si!
-Pero tu primo…
-A él le va a dar algo, ¡seguro! –Dijo con una sonrisa- Pero Harry confía en mí. Él confía en mi corazón
-¿Cómo no confiar en tu corazón? Yo también confío en él… es el corazón más puro que jamás he conocido.
Hermione le acarició la mejilla -¿Estás seguro? Draco, yo no soy el tipo de mujer… yo no soy tu señorita Greengrass
-En primer lugar, mi amor, ella ya no es mi señorita Greengrass. Y en segundo lugar, yo ya te he dicho, tú eres perfecta y yo estoy acostumbrado a lo mejor –le guiñó un ojo mientras ella le daba un manotazo.
-¡Eres incorregible!... Soy casi perfecta –exclamó Hermione, aunque Draco parecía deliciosamente satisfecho con sí mismo.
-Tú eres perfecta para mí. Estoy maravillado contigo, Hermione. Con tu inteligencia, con tu corazón, con tu firme creencia en la bondad del mundo… ¿Qué más puede pedir un hombre?
-Para…
-Nunca. Nunca voy a dejar de cantar tus alabanzas
Hermione se puso de pie, tomando la mano de Draco –Vamos a caminar y puedes terminar de contarme el régimen de tu padre –dijo, pero de repente soltó su mano y se volvió hacia él con el horror expresado en su rostro- Draco, ¡tu padre!
-¿Qué pasa con él?
-Se pondrá furioso contigo
-Hermione, ¿cuándo no está furioso conmigo? ¿Lo dices por lo de Astoria? No te preocupes, ya lo sabe. No fue un momento agradable, pero…
Hermione sacudió la cabeza -¡Lo digo por mí! Él nunca me va a aceptar…
-Tengo veintiún años. Él no tiene opción, no me puede obligar. Tendrá que aceptarlo o puede… puede irse de mi vida.
-No digas eso, es tu padre…
Draco la abrazó y le besó la punta de la nariz –Confía en mi, amor. Confía en que sé lo que estoy haciendo. Tú me dijiste una vez, justo allí, que me aferrara a ti, y eso es lo que pienso hacer.
Hermione sonrió, relajada por sus palabras tranquilizadoras y la emoción que podía ver en sus ojos grises –Confío en ti
-Bien. Ahora, vamos a dar esa caminata.
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Pasaron horas explorando el barco, y cuando ya se había hecho tarde, Draco arrastró a Hermione hacia uno de los tres ascensores que había detrás de la Gran Escalera.
El asistente del ascensor les dedicó una mirada dudosa, y una especialmente persistente y desdeñosa a la sencilla camisa y falda de lino de Hermione. -¿Cubierta?
-Cubierta "E", por favor –respondió Draco en tono sumamente altivo, haciendo que todos los nervios de Hermione se disolvieran en un ataque de risa.
Draco le sonrió –Ríete de mí, ¿quieres? –Envolvió su cintura con su brazo y tiró de ella acercándola para darle un beso en la comisura de la boca.
-Draco, ¡de verdad! ¿Qué crees que estás haciendo? –exclamó ella echando una mirada nerviosa hacia el asistente, que para su suerte estaba ocupado cerrando la puerta.
-Estoy recuperando el tiempo perdido, mi cielo. Estoy seguro que este caballero no me culparía por querer besarte a cada segundo –He hizo hincapié en ello besándola de nuevo, esta vez detrás de la oreja izquierda
-Te estas pasando
-Pero sólo contigo, Hermione - Draco pasó a su otra oreja y bromeando le dio un mordisco en el lóbulo.
-La cubierta "E", señor, señorita… -anunció el asistente cuando el ascensor se detuvo. La puerta se abrió y él se corrió dándole lugar a Hermione y a Draco para que pudieran salir.
Draco metió una mano en el bolsillo, sacó un billete de una libra y lo colocó en el bolsillo del pecho del asistente –Para usted, señor, con todo nuestro agradecimiento.
Mientras Hermione reía de las travesuras de Draco, él la tomó de la mano y la llevó hasta la escalera que conducía a la cubierta "F"
-Draco, ¿A dónde vamos?
-Ven, quiero enseñarte algo…
Bajaron ruidosamente las escaleras a la cubierta de proa, y Draco se giró a la derecha. Un corredor estaba allí con un cartel que rezaba "piscina" y debajo "Baños turcos". Había un fuerte olor a agua salada en el aire desde la piscina –Creo que la White Star Line confía que sus pasajeros no vendrán a husmear después de hora –bromeó Draco
Hermione lo miró haciendo una pequeña mueca, con las manos como jarra sobre sus caderas. Draco pensó que se veía totalmente adorable.
-¿Es eso lo que estamos haciendo? –Preguntó ella- ¿Qué pasa si nos encuentran?
-Sólo nos quedaremos un rato, quiero que veas esto –Tomándole la mano, cruzó la puerta y la cerró tras ellos. Buscó a tientas el interruptor de luz.
-¡Oh! –fue lo único capaz de exclamar Hermione cuando la habitación les fue revelada.
Ellos estaban en lo que era conocido como la "Sala Refrescante". El tercer día en el Titanic, el mayor domo de Draco le había sugerido darse un baño turco, y él lo había tomado con entusiasmo. Disfrutó inmensamente de la sala de vapor, el masaje que le siguió, una hora de relax en la "Sala Refrescante", y después de todo eso, un refrescante chapuzón en la piscina de agua fría con sal.
-¿No es hermosa? –preguntó Draco
Hermione había caminado más lejos en la sala, inspeccionando el lugar y disfrutando su elegante decoración y colorido –Es impresionante –susurró- Es como una fantasía árabe.
La habitación, como tantas otras en Titanic, estaba revestida en madera de teca, con las paredes adornadas con azulejos de porcelana pródigos en colores azules y verdes brillantes. Lámparas de bronce colgaban de los techos desprendiendo una luz dorada que daba a la habitación un encanto sensual que dejó sin aliento de inmediato a Hermione.
-¡Me encanta! –Exclamó al fin- Creo que es mi lugar favorito en todo el barco.
Draco se paró detrás de ella y enroscó sus brazos alrededor de su cintura. Ella lo miró por encima de su hombro y le sonrió feliz.
-Muchas gracias por mostrármelo
-¿Quieres ver el resto?
-¿Debemos? Quiero decir, ¿qué pasa si alguien nos descubre aquí? –Hermione miraba ansiosamente a la puerta, como si esperara ver a un delegado enojado entrar de un momento a otro.
-No lo harán –le aseguró- Ven… te mostraré la sala de vapor
Exploraron los baños de arriba abajo; dándose cuenta que había dejado su diario en el camarote, Hermione prestó su máxima atención por retener todo en su memoria y poder escribirlo más tarde.
Una vez estuvieron de regreso en la "Sala Refrescante", se sentaron en un sillón rojo y él la besó, tan a fondo que borró todo lo demás de su mente.
Puso sus manos sobre las mejillas de Hermione, y las deslizó por su cabello sacando cada horquilla que encontró a su paso hasta que se encontró con la totalidad de este derramado en sus manos. Hermione le miraba sombríamente, pero en sus ojos, pudo ver su anhelo. Capturó su boca de nuevo y esta vez no hubo una sola gota de inocencia, con un deseo frenético bebió de sus labios e introdujo su lengua vacilante. Ella temblaba en sus brazos, pero pasó los suyos alrededor de su cuello acaricándo con los dedos el pelo de su nuca y abrió los labios para él, soltando un gemido que traicionó sus deseos.
Hermione era tan dulce como Draco había imaginado, incluso, ni el más fino champagne podría saber mejor que ella. Le prodigó besos en la boca, las mejillas y el punto sensible detrás de la oreja, provocando un gemido ronco de ella que le hizo a Draco arder en deseo.
Por su parte, Hermione exploró con las palmas el pecho de Draco, haciendo a un lado su chaqueta para poder sentir sus brazos y los músculos de su espalda. Ella nunca había tocado a un hombre de esa manera, ya que en realidad nunca conoció un hombre al que ella le gustaría ver y desnudar… ni que la desnudara.
El propósito de Draco era diferente, no había censura en sus ojos, ni ningún reproche por su comportamiento, sólo un deseo, apenas velado, de que Hermione supiera que era solamente suyo. La miraba con los ojos entrecerrados mientras ella le corría la chaqueta por los bazos y posaba las manos en su pecho, indecisa, sonriendo con timidez cuando sintió sus pezones duros a través de la camisa. Draco la recompensó con besos hambrientos y le susurraba estímulos mientras se deslizaba los tirantes de los hombros y se desabrochaba los botones del cuello.
Ella estaba loca, se estaba comportando como una mujer fácil pero no le importaba. Quería tocar a Draco. Necesitaba tocar a Draco, para tranquilizarse y asegurarse que él reamente estaba ahí besándola con esa especie de desesperación que casi la asustó. Pero sabía que no tenía esa intención, que él nunca le haría daño, porque él estaba destinado para ella y ella para él, como dos caras de una moneda.
Draco se desplazó para que Hermione pudiera recostarse en el sillón y se inclinó sobre ella, estudiando solemnemente su rostro y corriéndole un rizo de su rostro.
-¿Recuerdas cuando dije que pensaba que estaba cayendo loca y desesperadamente enamorado?
Hermione le tocó el labio inferior y Draco le tomó la mano en la suya, dibujando en sus labios con la punta de sus dedos. Ella asintió con la cabeza y sus ojos no vacilaron –Si, lo recuerdo
-Te mentí. Ya me he enamorado de ti. Enfermiza y perdidamente.
Hermione tomó una fuerte bocanada de aire que fue expulsada en un sollozo. Hundió la cara en el cuello de Draco para poder superar aquella histórica declaración de amor y en un susurro hacer sus propios votos de amor en el calor de su piel.
-Draco, esto es una locura –consiguió decir por fin secándose las lágrimas con un pañuelo de bolsillo- Nos acabamos de conocer.
-Tú sabes que esto es lo correcto, Hermione. Tú misma lo has dicho y, de ninguna manera creo que seas capaz de decir una mentira –Él le sonrió mientras ella sacudía la cabeza con fuerza.
-No, nunca te mentiría. No a ti.
-Ni yo a ti, cariño –murmuró- Confía en ello, siempre.
Con una sonrisa trémula, le acarició la mejilla y lo atrajo hacia abajo besándolo de nuevo.
En pocos momentos, el fuego que bullía entre ellos fue alimentado aún más y cuando él buscó a tientas los botones del cuello de su camisa, ella le apartó las manos y se los desabrochó ella misma.
Draco se lo impidió cuando el borde de encaje de su sujetador y la suave montaña de sus pechos fueron revelados. Con reverencia, besó el hueco de su garganta y aún más abajo, donde el calor perfumado de sus pechos lo cautivo al punto de atreverse a probar su piel con un golpe de su lengua. La mano de Hermione cubrió la parte posterior de su cuello y arqueó la cabeza hacia atrás, sus atenciones amorosas le hacían brotar los sonidos más agradables de su garganta.
Se aventuraron aún más, hasta que Draco tiró ha parte superior del sujetador hacia abajo, de manera que el pico color rosa de un pezón se asomó. Lo tomó en su boca y su mano subió para atender a su gemelo. Hermione gritaba mientras él la bañaba con su lengua, primero un pezón y luego el otro. Apretó las piernas juntas, en un intento de aliviar las malvadas sensaciones que comenzaban a reunirse debajo de su vientre.
-Eres tan hermosa. Nunca podré tener suficiente de ti –Draco respiró contra su piel, antes de enterrar la cara en el hueco de su cuello, y esparcir con la boca abierta, besos por todo el camino hasta su oreja. Hermione se estremeció en sus brazos, abrumada por la atención amorosa, y también abrumada por su anhelo por él, al punto de pensar en darle un empujón.
-Tócame, Draco –le imploró y él se irguió sobre ella, bloqueándole la habitación, siendo lo único que ella podía ver. Hermione acogió con agrado el peso sobre ella, y levantó las rodillas ligeramente en búsqueda de un contacto más íntimo. En los rincones remotos de su conciencia, se preguntó que diría su madre de verla actuar tan descaradamente, pero no le importaba. Draco se sintió maravillado por aquella presión tan íntima, su cabeza daba vueltas por la fuerza de las emociones que ella le provocaba.
Regresó su atención a sus pechos, con su boca y su lengua caliente contra su carne; las caderas de Hermione se alzaron cuando tocó un punto particularmente sensible y lo succionó. Sus manos se aferraron a su pelo y gimió descaradamente en la apreciación de su reverente toque.
Draco deslizó la mano por su lado, y agradeció que ella hubiera renunciado a usar un corset al sentir la suave curva de su cintura debajo de su toque ansioso. Él se movió aún más sobre el crecimiento de su cadera y se reunió con el inicio de la falda y la enagua de Hermione; mirándola a ella le pidió en silencio permiso para ir más lejos.
Ella lo complació con una sonrisa y su mano se deslizó debajo de la falda, su palma caliente se aferro a su rodilla. Se movió más alto, y aún más alto, hasta que, llego a la cima de sus medias de algodón negras, y luego escurrió los dedos por debajo del borde de sus bragas. El toque de su mano desnuda en su muslo fue insoportablemente erótico, Hermione se retorció ansiosamente debajo de él, mientras Draco le acariciaba con los dedos sobre la piel sensible.
Audazmente, pasó los dedos temblorosos por las bragas, emocionado por la evidente evidencia de su húmeda excitación. Nunca había conocido a una mujer como ella, que, a pesar de su inocencia, mostró entusiasmo por sus atenciones, y, lo más importante, encontraba placer en ello.
Ella se aferró a él cuando, en un intento inútil de aliviar su lujuria, Draco empujó sus caderas contras las suyas y siguió besándola con un abandono febril, incluso contra su mejor juicio.
Hasta que el buen juicio llamó a un alto renuente.
Hermione sintió la mirada de Draco encima y abrió los ojos; estaba mirándola con una profunda ternura en su rostro.
-Amor, tenemos que parar –susurró de mala gana- No sé cuanto más pueda resistir.
-Entonces no lo hagas, ¡no te resistas! Tómame si quieres. Draco, te amo –exclamó levantando las caderas, en una clara y descarada invitación.
Sin embargo, a pesar de sus palabras de protesta y reacio a abandonar el calor de su abrazo, Draco finalmente se levantó de ella y la ayudó a que también se incorporara.
-No voy a tomar ventaja de ti –suspiró y la volvió a tomar en sus brazos besándola con dulzura
-Supongo que debería estar avergonzada de mí misma –dijo Hermione más tarde, terminando de abotonarse la blusa. Sus mejillas estaban rojas, pero le dio una sonrisa desafiante a Draco- Debería… pero no lo estoy. Provocas algo en mí… algo increíble, ¡y no puedo sentir vergüenza por ello!
-Es por eso que no debes perder la cabeza. Cuando haga el amor contigo, quiero que sea ideal. Quiero sentarte en la cama y postrarme ante ti, de la manera en que debes ser adorada, no tomándote en una sala pública como si fueses una prostituta… -Quería pasar la vida con ella, y lo sabía con tal seguridad como con la que respiraba, e iba a tratarla como una buena mujer debía ser tratada… con amor y respeto.
Hermione lo miraba mientras se acomodaba los tirantes sobre los hombros y luego se colocaba la chaqueta. Él era más de lo que había esperado en un hombre; no solamente era un completo caballero, él la trataba como una persona de valor, como alguien que debía ser apreciado.
-Hace calor aquí, ¿no te parece? –Dijo Draco con cautela, cuando salieron de los baños turcos, cuidando de no cruzarse con algún tripulante que pudiera estar cerca.
-Creo, señor Malfoy, que sólo esta acalorado por sus actividades recientes –Hermione rió mientras corría escaleras arriba con Draco persiguiéndola.
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Después del calor sofocante bajo la cubierta, el aire de la noche helada era casi refrescante. Draco y Hermione corrían hacia la terraza, justo por debajo de la proa.
Allí había unos pocos pasajeros, sobre todo de tercera clase, por lo que no le prestaron especial atención a una pareja feliz como Draco girando alrededor de Hermione en un baile improvisado. Ella rió de placer cuando él tiró de ella abrazándola y dándole un largo y persistente beso.
-Estas temblando, vas a coger un resfrío.
-Estoy bien… hacía mucho calor allí, el aire fresco me viene bien –Hermione se apoyó en los brazos de él, sonriéndole vertiginosamente –He tenido una noche maravillosa.
-Yo también, Hermione. Casi no puedo creer que estés aquí conmigo –dijo Draco volviendo a moverse en un ritmo que sólo ellos conocían.
El tañido de una súbita campanada –tres fuertes repiques- por encima de ellos los hizo sobresaltar por la sorpresa. Muy por arriba, en el nido del cuervo, dos miradores se inclinaron hacia adelante, uno de ellos hablaba por teléfono. Sus gritos se escucharon con facilidad en el frío aire en calma.
-¡Iceberg a la vista!
Hermione se dio vuelta para ver donde estaban apuntando. Las luces en cubierta hicieron que el cielo de la noche se viera más oscuro más allá del límite de la barandilla del barco y por un momento, ni Draco ni Hermione pudieron ver más allá de la punta de la proa
Entonces, en contraste del cielo estrellado, la silueta maciza de un iceberg asomó por encima del barco.
El Titanic iba en línea recia hacia él.
-Oh, Dios mío, Draco, ¡Vamos a chocar contra eso! –Hermione abrió la boca, mientras se aferraba con fuerza al brazo de Draco. En el puente que cruzaba por encima de ellos, podían oír los pasos corriendo y los gritos de alarma; luego, lentamente, la nave comenzó a doblar hacia la izquierda.
-Vamos... –susurró Draco- ¿Qué está llevando tanto tiempo? ¡Gira!
Sólo segundos habían pasado, y por un momento, parecía que la nave podría partir el enorme iceberg. Sn embargo, el barco sufrió, aunque sutil, un estremecimiento; no fue más que una fuerte vibración… luego un golpe, uno más, y otro cuando el barco raspó la longitud del iceberg. Draco y Hermione se acercaron nuevamente a la barandilla para conseguir una mejor visión.
En cuestión de segundos después de que la vibración causada por la colisión hubo cesado, el iceberg se desvaneció en la oscuridad. Hermione se volvió a los brazos de Draco, apretando la mejilla contra su hombro –Estuvo cerca -dijo, pero él pudo notar el temblor de su voz.
Juntos se dirigieron de nuevo a la baranda de estribor y miraron por encima; no había signos de daño a la vista. –Se ve bien, ¿no te parece? –dijo Hermione, mirando hacia atrás a Draco por encima de su hombro –Ni siquiera raspó la pintura.
-Aunque sin duda nos golpeó, se pudo sentir. Tal vez el daño, si es que hay, esté por debajo de la línea del agua.
-¡Por suerte este barco no puede hundirse! –Exclamó con un alivio que desapareció al ver la tensión en el rostro de Draco- ¿O tú crees que….? ¡Dijeron que el Titanic es insumergible!
-No lo sé, cariño. Mejor entremos, me estoy congelando –dijo Draco evadiendo el tema y dándole una sonrisa tranquilizadora, a pesar de que él mismo no podía evitar sentirse alarmado por el incidente
Tomando su mano, Hermione siguió a Draco hasta la cubierta del barco, en la parte superior de la escalera se detuvo y miró hacia el puente –Draco, ¡mira!
El capitán Smith estaba de pie en el puente de navegación, mirando por encima de la banda de estribor; tres de los oficiales del barco estaban cerca, con expresiones muy graves en sus rostros. Uno de ellos, el Oficial Primero Murdoch, los vio mirando.
-Por favor –dijo él, acercándose rápidamente –Necesito que regresen a sus camarotes
-¿Está todo bien? –Preguntó Hermione- ¿Nos golpeó el iceberg?
Una expresión de vigilancia se apoderó de las facciones de Murdoch y les dio una sonrisa forzada –No tiene de que preocuparse, señorita. Sin embargo, debe volver a su camarote de inmediato y ponerse su salvavidas y ropa abrigada… la temperatura está bajo cero por aquí.
Se dio vuelta para irse, pero Draco lo sujetó firmemente del brazo -¿El Titanic se está hundiendo?
Draco leyó la respuesta en una mirada fugaz del oficial llena de desesperación y se retiró de pronto, sorprendido por lo visto en los ojos del anciano –Dios mio –susurró
Murdoch desvió la mirada hacia el capitán, que seguía de pie en el puente de navegación hablando en voz baja con el arquitecto de la nave, Thomas Andrews, y el presidente y director general de la White Star Line, Bruce Ismay. Volvió a mirar a Draco y a Hermione, sonriéndoles débilmente.
-Por favor, pónganse sus salvavidas y regresen a la cubierta del barco. No se demoren.
Sin decir una palabra más, Murdoch se alejó, dejando a Hermione sin aliento apoyándose en el bazo de Draco.
-Draco, ¡oh, Dios mío!, ¿crees qué…? –empezó.
Draco apretó con fuerza su mano –Si, lo creo. Tenemos que alertar a mi padre y a los Greengrass
Mientras se movían rápidamente hacia la puerta que los llevaría a la Gran Escalera, Hermione clavó los talones al suelo. -¡Draco! ¡Tengo encontrar a Harry primero!
Draco la agarró por los hombros –No te voy a dejar ir lejos de mi vista. Vamos a ir a buscar a mi padre en primer lugar y luego…
-¡No! Por favor, Draco, tenemos tiempo de sobra, un barco como Titanic se mantendrá a flote…
-No lo sé… ¡tú viste el rostro del oficial Murdoch!
Ella le tocó la mejilla sonriendo pero temblorosa –Si, lo vi. Y sé… yo sé que no hay mucho tiempo, pero Harry es mi familia. No voy a ir a ninguna parte sin él
Draco la pegó a su pecho y le besó la frente. Rebuscó en el bolsillo su reloj –Es casi medianoche. Está bien, ve a buscarlo, pero nos reuniremos en quince minutos
-En veinte
-Hermione…
-Veinte, Draco, por favor. Necesito tiempo para encontrarlo, puede que no esté en su cabina… prometo que me daré prisa –pidió- ¿Dónde quieres que nos encontremos?
Draco la introdujo en el vestíbulo de entrada a la Primera Clase; una hermosa habitación, acentuada por una enorme cúpula de cristal esmerilado en el techo. –Aquí. Nos vemos aquí- Tiró de ella para robarle otro beso desesperado -¡Date prisa!
-¡Lo haré! –Hermione se recogió el ruedo de la falda para mejor movilidad y corrió hacia las escaleras. Hizo una pausa mirando hacia él y curvó sus labios en una dulce sonrisa –Te amo
Luego se marchó
N/T: ¿Quién no quiere un hombre así? Merlín!
Algunas aclaraciones y curiosidades del capítulo:
- La Cámara de los Comunes, es en Reino Unido, uno de los órganos bicamerales del parlamento. Están la Cámara de los comunes, llamada cámara baja (Diputados) y, la Cámara de los Lores, llamada cámara alta (Senadores)
-Todos los nombres que aparecen, el capitán, el oficial, el director de la White Star Line y el arquitecto, son los verdaderos. Me causo gracia que uno se llamara Thomas Andrews xD
La cosa se puso tensa... el domingo que viene es el último capítulo y luego sólo quedará el epílogo... Nos vemos hasta entonces!
Un beso grande
Ilwen (22-04-12)
