TITANIC
POR EL MUNDO QUE ACABAMOS DE DEJAR
Capítulo 5
La suite de los Malfoy estaba en la cubierta, y para cuando Draco llegó, los mayordomos y las azafatas ya iban de puerta a puerta danto instrucciones tales como "ropa de abrigo" y "por favor, señora, póngase su salvavidas" con una serenidad que él sabía era completamente falsa.
-Ahí está –dijo Severus cuando Draco cruzó la puerta. Dos salvavidas feos y voluminosos estaban tirados en el sofá. Draco se retuvo con una mirada sagaz sobre el aspecto desalineado de su ex profesor. –Has estado con ella ¿verdad? –El disgusto era palpable en su voz.
Draco lo ignoró y se acercó a su padre, que estaba cerca de la ventana, mirando hacia afuera -¿El intendente le dijo lo que ha sucedido?
Lucius se volvió hacia él con una mueca de desprecio y un vaso de Wiskey en la mano –Es un poco tarde para tener un bote salvavidas para ejercitar, ¿no? –Dijo con ironía, llevándose el vaso a los labios.
-Esto no es un simulacro, padre. El iceberg llegó a dañar el Titanic
Severus cerró la puerta y se acercó a Draco, tocándole el hombro -¿Cómo sabes eso? No sentí nada más que un leve temblor… supuse que eran los motores
-Vimos el golpe. Fue suficien…
-¿Vimos? ¿Tú y tu nueva puta? -lo interrumpió Lucius, con la mirada torva clavada sobre su hijo.
Draco apretó los puños y Severus apretó su hombro con más fuerza –Draco, no…
Pero él joven se lo sacó de encima con un movimiento y dio un paso amenazador hacia su padre
-Si no fueras mi padre y no deshonraría la memoria de mi madre, te mataría por lo que acabas de decir –escupió furioso- ¿Cómo te atreves a hablar mal de Hermione?
Lucius reposó el vaso y se acercó hacia Draco. El hedor del alcohol en su aliento era una prueba fehaciente de su embriaguez –Me atrevo, muchacho, porque eres propenso a arruinarlo todo, y yo me he esforzado demasiado por ti –rugió
-Nunca le pedí ayuda
-Los dos, ¡bajen sus voces! –advirtió Severus.
-No me digas que hacer, Snape –respondió con los ojos aún fijos en Draco –Ni siquiera perteneces aquí
-No le hables de esa manera –dijo Draco- Mira, no quiero discutir contigo…
-Entonces deberías mostrarme un poco más de respeto –Lucius se acercó al sofá y agarró los salvavidas, arrojando uno al suelo -¡Adelante! ¿Tienes el bote salvavidas de entrenamiento?
-¡No es un simulacro! –Gritó Draco- ¡Este barco se hunde!
Severus se interpuso entre los dos hombres, su expresión sombría llamó la atención de Draco -¿Estás seguro?
-¡Oh, por Dios, Snape! ¿Cómo puede saberlo? –interrumpió Lucius, pero los otros dos hombres lo ignoraron por completo.
-Recién mismo, Hermione y yo vimos al capitán en la cubierta del barco, y el Primer Oficial Murdoch habló con nosotros. Me di cuenta por su comportamiento que algo estaba terriblemente mal.
-¿Tú dices haber visto el iceberg? ¿Definitivamente golpeó el barco?
Draco se pasó una mano por el pelo, dolorosamente consciente que cada minuto allí hablando era un minuto lejos de Hermione garantizando su seguridad.
-Si, lo he visto, Severus. Nosotros, Hermione y yo, estábamos en la cubierta, justo detrás del arco. Las luces en la cubierta hicieron que sea difícil ver, porque no hay luna esta noche, pero oímos la campana y el grito de "Iceberg a la vista", entonces, simplemente lo vimos ahí… el barco se desvió para esquivarlo, pero no fue lo suficiente rápido.
Severus lo miró inquisitivamente -¿Dónde está la señorita Granger ahora?
-Ella quería encontrar a su primo
Antes de que Snape pudiera responder, la puerta se abrió de golpe dándole paso a Wallace Greengrass con Astoria pisándole los talones.
-¿Han escuchado? Mi hombre Howards, se reunió con un oficial, y me ha dicho que este no es un simulacro del barco, ¡el Titanic se está hundiendo! –Su cara siempre insulsa estaba transfigurada por su alarma.
-¡Pero eso es absurdo! –Exclamó Astoria- Dijeron que este barco es insumergible…
-Solamente los periódicos dijeron algo semejante –dijo Draco- "Insumergible", y, "prácticamente imposible de hundir" son dos cosas completamente diferentes.
Ella lo miró horrorizada –No puede ser enserio. El Titanic no se puede hundir
-Te lo aseguro, Astoria, soy muy serio al respecto, y este barco se puede hundir con toda seguridad –Draco se inclinó y cogió uno de los salvavidas, arrojándoselo a Lucius.
Verónica, que había entrado en la habitación, se acercó hasta su hija –Ven Astoria. Vas a necesitar ponerte ropa de abrigo. Ven, querida.
Las dos mujeres regresaron a su camarote. Astoria fue quejándose todo el camino.
Ajeno a la tensión en la sala, Wallace se sentó en el sillón más cercano, frotándose la cara con la mano –Dios mío –suspiró
Draco entró a su habitación a recoger las pocas pertenencias que pudiera meter en los bolsillos -un clip de dinero y las pocas alhajas pertenecientes a su madre que tenía- y se apresuró a vestirse con ropa más adecuada para el clima gélido.
Y el agua helada del Atlántico Norte, pensó mientras se ponía un jersey de lana y su cálido abrigo. Sacó su reloj de bolsillo y soltó una maldición. Ya eran las doce y cuarenta de la noche, Hermione debía estar esperándolo desde hacía veinte minutos.
Severus estaba en la puerta cuando Draco la encaró para irse – ¿Tú entiendes, Draco, que sólo hay veinte botes salvavidas en el barco y más de dos centenares de personas?
Draco sonrió –Si usted me esta preguntando si he entendido que lo más probable es que muera esta noche, entonces sí, lo entiendo. Pero no quiere decir que no vaya a darnos una oportunidad.
Pasó por su lado, pero Severus lo retuvo por el brazo -¿Te vas con ella? ¿Qué hay de tu padre?
-Severus, me he enamorado de Hermione, y voy a hacer todo lo posible para asegurarme que no se moje más que los talones de sus zapatos. Ella me necesita. Mi padre… él no necesita a nadie. –Hizo una pausa, hundiéndose en el dolor de sus palabras –Nunca lo ha hecho, y mucho menos a mi. Él puede valerse por sí solo.
Lucius seguía sentado en el sofá cuando Draco caminó a través de la sala, cogió el salvavidas y se encaminó a la puerta. Al abrirla, hizo una pausa, mirando a los tres hombres.
-Adiós, padre. Estoy… siento no haber sido la clase de hijo de quien pudieras sentirte orgulloso. Hice lo que pude, y lo hago… -Draco se detuvo, con la sensación de tener cerrada la garganta- Te quiero.
Lucius levantó la vista hacia él con la decepción y el desprecio completamente ausente en su rostro por primera vez en la memoria de Draco. El hombre mayor abrió la boca para hablar, pero Draco no podía soportar la idea de lo que su padre tuviera para decirle.
Se fue, cerrando la puerta suavemente detrás de él.
Ahora era el momento de encontrar a Hermione.
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Hermione tomó las escaleras hasta la cubierta "F", empujando en la carrera a los demás pasajeros que parecían aún no haberse enterado y todavía no habían comprendido que su situación era cada vez más precaria. Cuando llegó a su cubierta, se subió la falda y tomó carrera por el corredor. Delegados iban por cada cabina golpeando las puertas, tirando salvavidas y ladrando órdenes a "levántate y ponte el salvavidas".
Los pasajeros comenzaron a llenar los pasillos, muchos de ellos desconcertados por no entender inglés. Hermione se abrió paso entre la creciente multitud y finalmente llegó a su camarote.
-¿Sabes que está pasando? –Le preguntó Luisa, su compañera de cabina. Ella estaba acuclillada, atando uno de los salvavidas a su hija menor. Las dos niñas estaban llorando, alarmadas por el ruido y el pánico.
Hermione abrió la puerta del armario y extrajo su maleta. Se colgó de la cama y la abrió.
-Hemos tocado un Iceberg. Luisa, ¡el barco se hunde!
La mujer la miró sin comprender –No entiendo –dijo al fin, con su fuerte acento inglés
Hermione sacó su pesada falda de lana, la tiró sobre su litera y se sumergió de nuevo en la caja, tirando ropa a derecha e izquierda, hasta que encontró dos pares de medias de algodón y unas enaguas de franela.
-Luisa, ¡no te quedes ahí parada! Saca a las niñas con su ropa más abrigada y date prisa.
Se quitó las botas y se puso los dos pares de medias, las enaguas y la falda que ya llevaba antes y volvió a calzarse. Luisa terminó de vestirse a sí misma y a sus hijas con abrigos y bufandas y murmuró un "buona fortuna" antes de desvanecerse entre la multitud de pasajeros del corredor.
Atando el pañuelo rojo alrededor de su cuello y enfundándose en sus guantes, Hermione metió la mano bajo la almohada para recoger su diario. Después de pensarlo un momento, quitó la funda de su almohada y envolvió el cuaderno con ella.
Cogió su abrigo y salvavidas, y se unió al resto de los pasajeros de tercera clase dirigiéndose hacia las salidas.
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Harry apenas se había dormido cuando la puerta se abrió de golpe, dejando entrar la luz del corredor.
-¡Todo el mundo arriba! ¡Levántate! ¡Pónganse los salvavidas! –Gritó el oficial y les arrojó cuatro salvavidas al piso -¡Todo el mundo arriba!
Cuando se trasladó a la cabina de al lado, Ron se incorporó sobre un codo, pasándose la mano por la cara -¿Qué demonios pasa? –preguntó medio dormido cuando Harry bajó las piernas sobre el borde de la cama.
Él no esperaba la capa de agua helada que estaba cubriendo el suelo -¡Mierda! ¿Qué diablos es esto?
Quitándose los calcetines empapados, Harry salió corriendo al pasillo. Otros pasajeros, confundidos y alarmados por los gritos de los oficiales, estaban empezando a asomar la cabeza fuera de sus camarotes. Era una cacofonía políglota, por lo que Harry debió tomar al mayordomo más próximo y llamarle la atención
-¿Qué es? ¿Qué está pasando? –Le preguntó. Él mayordomo no le prestó atención, por lo que Harry debió tomarlo del hombro y hacerlo girar -¿Qué está pasando?
-El barco se está hundiendo por la proa –respondió con el pánico en sus ojos como única demostración emocional. –Póngase si salvavidas y… y buena suerte.
Demasiado impresionado como para reaccionar, Harry se quedó viendo al mayordomo salir corriendo. Ron llegó a la puerta, el agua ya les llegaba hasta los tobillos -Harry, ¿qué está pasando?
-Vístete. ¡El barco se está hundiendo y tenemos que encontrar a Hermione!
-¡Mierda! –sopló Ron. Empezó a tomar sus pantalones y sus botas mientras Harry volvía a entrar al camarote comenzando a sacar su ropa. Sus otros dos compañeros de cabina, los cuales no hablaban nada de ingles, no necesitaron ninguna traducción para saber que algo muy malo estaba sucediendo, y como acto reflejo, comenzaron a arrastrar su ropa.
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El reloj en la cabecera de la Gran Escalinata replicó a la una, y aún así, Hermione no estaba por ningún lado. Draco iba y venía, obligando a los pasajeros y tripulantes a caminar a su alrededor. Tenía miedo de moverse de allí por si Hermione llegara y él no se encontrara, sin embargo, el temor a que se estuviera herida o atrapada, era más abrumador.
El casual desinterés y las gentiles quejas de los pasajeros de Primera Clase por haber sido arrancados de sus aclimatados camarotes, habían dado forma a una especie de pánico discreto, que se hizo aún más fuerte después que el cohete de socorro había sido despedido quince minutos atrás. Ya cinco botes salvavidas se habían puesto en marcha, uno desde el babor, y cuatro de estribor.
Draco había estado brevemente con la señora Brown, quien le dio un abrazo tan sentido que le había provocado un nudo en la garganta. Él la agarro por los brazos, a través de su pesado abrigo de piel, y luego besó sus dos mejillas regordetas.
-Vaya –le había dicho a ella- Dese prisa, tome un bote salvavidas y no se demore. Y si ve a Hermione…
La señora Brown le tomó la cara entre sus manos enguantadas, y pudo notar las lágrimas en los ojos de la mujer –La llevo conmigo, y te prometo que estaremos a salvo. Dios te bendiga, Draco. Y buena suerte.
Con esas últimas palabras ella se marchó.
Ahora Draco estaba al borde de un ataque de pánico. Había decidido dar una vuelta alrededor de la cubierta para ver si podía encontrar a Hermione cuando vio un destello de pelo rojo brillando al aire libre en el paseo marítimo.
Ron Weasley.
Draco corrió por las escaleras y traspasó las puertas laterales de estribor de la cubierta del barco. Estaba lleno de gente, las mujeres gritaban pidiendo mantenerse con sus esposos, mientras sus hijos lloraban de terror. Los gritos de los oficiales que se dirigían a la puesta en marcha se hacían eco por encima de los botes salvavidas.
Ron se había girado hacia la popa, y se movía rápidamente entre la multitud. Draco le oía pronunciar el nombre de Hermione.
-¡Weasley! ¡Ron Weasley! –le gritó Draco, esperando que el otro hombre fuera capaz de escucharlo sobre el ruido.
Por lo visto, la suerte estaba de su lado, porque lo hizo.
-¡Malfoy! –Ron se volvió en su lugar y se separó de la multitud hasta llegar a Draco.
-¿Dónde está? –Gritó el rubio- Hermione, ¿dónde está?
Su corazón se alojó en su garganta al ver como la esperanza en el rostro de Ron se derrumbaba –Teníamos la esperanza que ella estuviera con usted. Harry está buscándola por babor.
-¡Maldita sea! –gritó, asustando a una mujer de manera tal que tropezó con otra y ambas cayeron de bruces sobre la cubierta. Draco se agarró del cabello y cerró los ojos. La mano de Ron cayó sobre su hombro
-La encontraremos, no se preocupe amigo, la encontraremos.
-¡Malfoy!
Ambos se dieron vuelta para encontrar a Harry abriéndose paso entre la multitud. Al llegar sujeto a Draco por ambos brazos.
-¿Está aquí? ¿La pusieron en un barco? –preguntó él. Sus ojos verdes brillaban frenéticos detrás de sus gafas.
Draco no podía mover la cabeza. Harry no le prestó atención, buscando con los ojos, desesperado, en los botes salvavidas algún indicio de su prima.
-Ella todavía está en el barco –dijo Draco- Ella debe estarlo. Nunca lo dejaría –Ni a mi
Draco tomó tanto a Ron como a Harry por los brazos y los llevó lejos de aquella locura en torno a los botes salvavidas -¿Dónde está ubicado su camarote? Voy a ir a buscarla.
-Vamos con usted –Dijo Harry, pero Draco lo interrumpió con un gesto decisivo de su cabeza.
-No, usted y Weasley quédense aquí y sigan buscándola por la cubierta. Si vamos todos, o incluso dos de nosotros, podríamos perderla. Me iré.
-¡Ni siquiera sabe donde buscar!
Draco sonrió –Ella es una mujer inteligente, y sé que tratará de encontrar la manera más rápida para llegar aquí ¿Dónde está su cabina?
Harry lo miró fijamente, sin comprenderlo –Umm… Cubierta "F"… F-44. Es popa, a babor.
Draco le dio a Harry un apretón agradecido -¡La voy a encontrar! –gritó mientras se echaba a correr.
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Después de salir de su compartimiento, Hermione se fue a la escalera más cercana, sólo para descubrir que estaba tapada por los pasajeros de tercera clase desesperados por llegar a la parte superior. Se tomó unos minutos para darse cuenta que todas las escaleras cercanas estaban colapsadas, por lo que emprendió el camino hacia el ascensor, encontrando el eje vacío.
-¡Maldita sea! –maldijo. La cabina de Harry estaba en la cubierta "E" de proa, y estaba segura que con el hundimiento él ya no se encontraba ahí, lo que le representaba el problema de no saber donde podía estar o si él mismo estaba buscándola a ella.
¡Tenía que encontrarlo!
Al instante, el temor se apoderó de Hermione, asfixiándola y haciéndola caer hacia atrás contra la pared, jadeando. Los pasajeros a su alrededor estaban comenzando a entrar en pánico y tuvo que luchar contra el terror que amenazaba con consumirla
¡Tenía que haber una manera de salir de allí!
Tomando una respiración profunda, se hundió en la masa de personas y como pudo se abrió paso hasta la parte superior de la escalera "E". Esa cubierta estaba aún más llena de gente, y Hermione se vio empujada hacia un lado, a una cabina vacía, ya que los pasajeros cargados con sus salvavidas y los efectos personales que podían llevar con ellos no dejaban lugar en el pasillo.
Era una locura.
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El tiempo pasaba con una velocidad antinatural, o al menos eso le parecía a Draco. Cuando entró corriendo al vestíbulo de primera clase y llegó a los pies de la Gran Escalera, ya habían pasado veinte minutos desde que se había despedido de Potter y Weasley en la cubierta del barco.
Las escaleras de la cubierta "D" estaban cubiertas de agua hasta la cintura, Draco ya estaba hasta las rodillas antes de que pudiera detenerse. Se resbaló y cayó sobre un costado de su cadera, el dolor raudo todo el camino hasta la columna vertebral, pero más insoportable era el agua helada. Era tan extremadamente fría que en cuestión de segundos sentía sus pies congelados incluso a través de las capas de lana y cuero.
Draco corrió hasta el rellano, el agua estaba subiendo alarmantemente rápido. Mirando hacia atrás, pudo divisar que la sala de recepción estaba casi completamente sumergida; los muebles habían comenzado a flotar en masa hacia las escaleras y, efectivamente, cortándole su ruta prevista
-¡Diablos! –susurró antes de girar y tomar el corredor hacia la cubierta "C". Tenía que encontrar otra manera.
La cubierta "C" estaba desierta, pero uno de los mayordomos quiso regresarlo a las escaleras. Draco corrió a toda velocidad en popa aferrándose a su costado por una puntada que le dificultaba respirar.
Cuando llego a la puerta al final del pasillo, pasó a través del paseo de Segunda clase, y a continuación, cruzando otra puerta y bajando la escalera, salió comedor de la misma clase. Se dio la vuelta en la esquina de la escalera y se detuvo.
Era un completo caos.
En un extremo contraste con el relativo silencio de la cubierta superior, los pasajeros de tercera clase estaban hacinados en el pasillo con una puerta de rejas cerrada que les impedía el acceso a la escalera. Un oficial se puso a la cabeza de la escalera y le dirigió a Draco una mirada muy severa.
-Señor, usted necesita volver arriba
Draco se quedó en la puerta, aferrado a ella –¿Esta puerta está cerrada? -´preguntó estupefacto.
-Señor, por favor, No voy a preguntar de nuevo…
La gente al otro lado de la puerta gritaba que la dejaran salir, sacudiendo las rejas con tanta fuerza que Draco se sorprendió que no la derribaran con sus propias manos.
-Tengo que pasar para allí –le gritó al oficial con los ojos desorbitados por el estado de shock.
-Señor, no se lo voy a repetir…
-¡No, no lo entiende! ¡Esas personas van a morir aquí!
-Estoy cumpliendo órdenes
-¡Al diablo con sus órdenes! –Le gritó en la cara- ¡Tengo que ir allá y encontrar a alguien!
Entonces, milagrosamente, Draco oyó su voz por encima del clamor.
-¡Draco! ¡Draco, aquí estoy! –gritó Hermione una vez que se abrió camino hacia la parte delantera de la multitud.
-¡Hermione! ¡Oh, Hermione, gracias a Dios! Te he estado buscando por todos lados
Para él era insoportable ser testigo del pánico en su rostro –Draco, ¡no hay otra salida!
A su lado, el oficial hizo un amague, como si fuera a correr, pero Draco lo agarró del cuello, lo arrastró por las escaleras hasta la puerta y le apretó la cara contra la rejilla de metal.
-¿Tienes las llaves?
-Señor, yo sigo mis órdenes –gritó el hombre
-Hay mujeres y niños aquí. La mujer que amo está aquí. ¿Vas a decirme que debería irme y dejar que se ahogara?
-¿Ahogara? Pero nadie ha dicho…
-No sea absurdo. ¡Usted puede sentir la inclinación del jodido barco! No soy un experto, pero todos los indicios apuntan hacia el hecho que este barco va a ser sepultado en el suelo marino por la mañana –Draco reajustó su agarre en el cuello del administrador y lo golpeó de nuevo contra la puerta.
-¡Draco, no! ¡No le hagas daño! –le gritó Hermione, ganándose una mirada incrédula de parte del rubio
-Estoy tratando de salvar tu vida, mujer ¿y te preocupa el que vaya a hacerle daño al hombre que planea dejar que se ahoguen? Déjate de pavadas y revísale los bolsillos, debe tener una llave.
Con la presencia de Draco, el miedo de Hermione se había calmado. Se sentía segura ahora que él estaba ahí, y con esa seguridad, alcanzó su temperamento.
-Tú sabes, Draco Malfoy, que no me gusta que me hables de esa manera. No lo voy a tolerar –dijo mientras revisaba el bolsillo del oficial, dando un grito de júbilo cuando sus dedos se cerraron en torno a un manojo de llaves.
-Señor, por favor
-¿Cuál es?
El oficial señaló la llave correcta, Draco la encajó en la cerradura y abrió la puerta.
Empujando a lo lejos al oficial, arrebató a Hermione de la masa de gente que corría en estampida por la escalera. Puso las dos manos a ambos lados de su cara y la besó con fervor, profundamente, hasta que casi se desmayan por la embriagadora mezcla de miedo, alivio y amor.
-Quise ver a Harry, pero después que fui a buscar mi salvavidas las puertas ya estaban cerradas –gritó en medio de besos, con el rostro húmedo de lágrimas y sudor.
-Está en la cubierta con Weasley, ellos te han estado buscando…
-¡Ay Dios!... ¿están bien?
Draco le instó a correr, subiendo de nuevo las escaleras hasta la cubierta del barco.
-Si, están bien. Corre, mi amor… tenemos que subir a un bote salvavidas
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Salieron por estribor, que todavía estaba llena de gente y un bote salvavidas acababa de ser bajado al agua, Hermione pudo ver que estaba medio lleno y tiró de la mano de Draco.
-Draco, ¡un bote salvavidas!
-¡Hermione!
La muchacha se dio vuelta al escuchar el sonido de la voz de Harry que corría hacia ella, sujetándola en un apretado abrazo. Ron que estaba detrás suyo le extendió la mano y le palmeó el hombro torpemente.
-Oh, Harry… ¡Te he estado buscando por todas partes!
Harry sonrió y la besó en ambas mejillas –Bueno, yo diría que me has encontrado, amor, para secar tus lágrimas
-Ya basta de esto –dijo Draco, a pesar de que Hermione le estaba dando una mirada cargada de emoción- Vamos, cariño, subamos al bote.
Pero el caos que los rodeaba estaba llegando a un punto de ebullición. La gente, tanto hombres como mujeres, se empujaban en un intento de llegar a la embarcación semi-vacía. El Primer Oficial Murdoch estaba allí de pie, con una pistola en la mano.
-¡Atrás! ¡atrás! –dijo con voz aguda de ansiedad.
Draco se puso entre Hermione y la pistola del oficial, pero Ron Weasley se abrió paso entre los dos. Murdoch dio un respingo cuando Ron se precipitó hacia él.
Se escuchó un disparo.
Draco le cubrió los ojos a Hermione con una mano y luego la ocultó contra su pecho, pero no fue lo suficientemente rápido para evitar que ella viera la sangre salpicando el salvavidas de Ron.
-¡Ron! –gritó Harry al llegar a su amigo más reciente, viéndolo caer, sin vida, en la cubierta. En el siguiente segundo, otro pasajero se lanzó hacia delante de la masa de pasajeros, y Murdoch apretó el gatillo de nuevo.
Hermione gritó en el pecho de Draco y el la abrazó con fuerza –Oh, Dios, Oh Dios, ten piedad –gimió. A pesar del intento de Draco por mantenerla mirando hacia otro lado, ella se volvió y miró.
El Primer Oficial Murdoch levantó la mano en un saludo a los miembros de la tripulación que lo miraban con horror. Luego se puso la pistola en la sien y apretó el gatillo por última vez.
Hermione gritó y cayó inerte frente a Draco. Él la cogió a peso muerte, con un miedo irracional a que le hubiesen hecho daño de alguna manera, pero miró su cara, vio que sólo estaba en estado de shock y que su pecho subía y bajaba con rapidez.
-Tranquila, Hermione, está bien. Vas a estar bien –murmuró entre sus gruesos rizos- Potter ¡Potter!
Hermione se agachó junto a él con el rostro rígido por el shock -¿Está bien? ¿Hermione está bien?
-Ella esta bien. Potter, por favor dígame que hay más botes salvavidas del otro lado –dijo Draco en voz baja. Harry asintió con la cabeza.
-No son muchos, por lo que deberemos darnos prisa.
Draco tomó a Hermione en sus brazos y se abrió paso entre los frenéticos pasajeros de vuelta hasta el vestíbulo de Primera Clase. Para su horror, vio que sólo había dos barcos y que estaban siendo bajados, todos en la proa del barco, donde la cubierta ya estaba hundiéndose por debajo de la superficie del océano.
-¡Maldita sea! –maldijo mientras corrían hacia adelante. Para su alivio, dos botes salvavidas todavía se estaban cargando y depositó a Hermione, todavía aturdida por el suicidio del Primer Oficial, en la cubierta.
-Aquí estamos, cariño. ¡Oh, Hermione, te amo tanto! –gritó mientras le sostenía la cara entre sus manos y la besó con reverencia. Ella le echó los brazos alrededor del cuello.
Harry la tomó después de Draco y la abrazó, tragando las lágrimas que quería salir -Te quiero mucho, Herms. Tú has sido mi mejor amiga… die a tus padres que les agradezco muchísimo por ser tan amables conmigo…
Sus palabras penetraron en la niebla en la que se había convertido su cabeza -¿Qué…?
-Entra en el barco, amor –dijo Draco levantándola y metiéndola en el bote salvavidas- Recuérdalo siempre… Te amo
Antes que Hermione pudiera reaccionar, el barco ya había comenzado a descender hacia el agua
-¡No! –Gritó poniéndose de pie y estirándose a él, pero sus brazos apenas rozaban el borde de la cubierta –¡Draco, no! ¡Me quiero quedar con ustedes!
Draco se asomó por la barandilla, y por primera vez en la noche, no pudo contener las lágrimas -¡Te amo!
Harry se dio vuelta, incapaz de seguir mirándola, apretando su mano sobre su boca en un gesto lleno de dolor.
Hermione gritaba y golpeaba a las dos mujeres que trataban de sujetarla por la espalda. Draco se inclinó sobre la baranda, con la intención de verla hasta que le fuera posible. Cuando el barco estaba a nivel de la cubierta de paseo "A", Hermione saltó violentamente, lanzando su cuerpo hacia el buque.
Las mujeres del bote gritaron, y Draco maldijo tan fuerte que Harry se volteó para ver que lo había hecho reaccionar así.
-¡Mierda, Hermione! ¿Qué estás haciendo? –gritó mientras se apoyaba en la baranda para ver lo que estaba sucediendo.
Los pasajeros que seguían de pie en la barandilla peatonal se habían acercado a Hermione, pero ella se los quitó de encima y salió corriendo.
Draco y Harry corrieron hacia la puerta de la Gran Escalera.
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Cuando llegó al vestíbulo, Draco estaba corriendo por las escaleras hacia ella. Su rostro era una terrible mezcla de terror, rabia y amor. Él la apretó en sus brazos cuando ella se arrojó sobre él sollozando.
-No puedo dejarte, Draco. ¡No puedo dejarte ahora! –exclamó contra su cuello. Él la besaba frenético por toda la cara sujetándola de los hombros.
-¡Santo cielo, mujer! Me has dado un susto de muerte –la sacudió con fuerza, pero el ver su bonita cara contraída por el dolor sólo lo hizo abrazarla una vez más. Miró por encima de su cabeza llena de risos a Harry que los miraba con tristeza.
-El último barco se ha ido… -anunció. Draco hundió el rostro en el cabello de Hermione, respirando profundamente para recuperar un poco de calma.
Hermione se acercó y le tomó la mano a Harry –Vamos a estar bien, Dios cuidará de nosotros –dijo con tal seguridad que Draco se vio tentando a creerle.
Una mujer gritó cerca, lo que llevó a Draco a mirar hacia atrás para ver el porqué. El agua golpeaba con furia hasta el hueco de la escalera, sacando a la gente por su resaca violenta.
-Tenemos que salir afuera –sentenció Draco poniendo a Hermione delante de él mientras corrían hacia las puertas laterales.
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15 de Abril de 1912
A 453 millas de la costa de Terranova
El Titanic fue cantando su última canción.
La inclinación hacia arriba de la popa, a ojos inexpertos de Draco, era cercana a los 25 o 30 grados, casi demasiado empinada para subir. La orquesta de la nave, que se había seguido desempeñando, incluso cuando los pasajeros aterrorizados gritaban su lamento a su alrededor, habían sostenido sus instrumentos hasta el final, dando su último adiós.
Draco miró hacia adelante y vio que el puente estaba bajo el agua, más allá de los azotes del mar y la gente gritando, aferrándose a cualquier cosa que flotara, –hamacas, puertas que se habían desprendido de sus bisagras, entre otras cosas- el aire se lleno de sonidos de muerte, y Draco se preguntó si su padre estaba allí, si Severus estaba allí… o Astoria.
Por encima de eso, el sonido de la nave era el más fuerte de todos. El acero se quejó por debajo de ellos, tanta agua era, incluso para el majestuoso barco, demasiada para resistir. Le continuó un fuerte crujido, y luego otro, se escuchó como los cables de anclaje se quebraron, y el enorme cilindro, demasiado pasado para las juntas de expansión de su base, fue arrancado de la cubierta.
Hermione gritó cuando se cayó de bruces al agua, aplastada por la gente que trataba de nadar. Draco la alzó y la abrazó con fuerza a su lado.
-Vámonos, tenemos que llegar a la popa –dijo cuando Harry llegó al otro lado de Hermione, y juntos corrieron hasta la cubierta inclinada. Detrás de ellos se produjo un gran estrépito de cristales rotos y más gritos desde el interior del vestíbulo de entrada a Primera Clase… la cúpula del techo había dado paso al fin.
Aquellos pasajeros que no estaban saltando al agua en un intento desesperado por escapar, hicieron lo mismo que Draco, Hermione y Harry estaban haciendo: correr a la popa, cada vez más alta. En dos ocasiones, Hermione se deslizó, de manera que cuando llegaron al final de la cubierta, Draco estaba prácticamente llevándola.
Harry dio un salto fuera dio un salto fuera del final de la cubierta a la toldilla de abajo, y le tendió los brazos a Hermione -¡Salta!
Ella dio un salto y cayó sobre sus rodillas, gritando de dolor, pero sacudió la cabeza en cuanto Draco saltó a su lado y le tendió la mano.
-Estoy bien –dijo con un gesto agradecido.
Harry tomó su otra mano, y la ayudaron a ponerse de pie. El sonido del chillido del barco era tan escalofriante como el de los gritos de sus pasajeros.
Corrieron.
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La popa estaba llena de personas que luchaban por mantenerse de pie sobre la cubierta inclinada. Cada pocos segundos, alguien se tropezaba, y se deslizaba gritando hacia el agua que subía con rapidez hacia ellos.
Juntos, Draco y Harry, arrastraron a Hermione hasta la barandilla. Draco la interpuso entre las barras de hierro y su cuerpo –Agárrate fuerte, mi amor. Yo te tengo.
El barco se inclinó aún más y más, hasta que el mero esfuerzo de aferrarse hacía vibrar los músculos de Draco. Hermione había caído en un perturbador silencio, cuando la miró a la cara, vio que ella lo miraba con una extraña expresión beatífica.
-Te amo –fue lo único que ella pudo decir antes que él la besara y luego presionara la mejilla contra la suya
-Ha sido mi honor, Hermione Granger, el amarte.
Ella se aferró a él, sonriendo a través de sus lágrimas.
El momento se hizo añicos, como, cuando con un sonido como un grito mortal, se arrancó el segundo embudo soltando sus amarras y estrellándose en el mar. Segundos más tarde, las luces eléctricas vacilaron y se apagaron.
Entonces, el aire frío, se llenó con el sonido de metal rasgándose y madera astillándose: el Titanic se dividía justo detrás del tercer embudo. -¡Aférrense! –gritó alguien. La popa se dejó a caer hacia el agua tan rápido que Draco sólo tuvo tiempo para envolver los dos brazos a la barandilla y aprisionar a Hermione fuertemente contra su cuerpo.
La popa se estrelló de nuevo en el mar con fuerza y en la sacudida Hermione cayó de rodillas. Harry, que seguía agarrado a la barandilla junto a ellos, la ayudó estrechando su mando sobre la suya.
-Eso es… -dijo, mientras la popa, comenzó a subir una vez más.
Por un terrible momento, la mente de Draco se quedó en blanco. Pero justo entonces, sus ojos se posaron en un hombre de raza blanca, con galera, moviendo la pierna encima de la barandilla, aferrándose a la parte exterior de la nave.
-Hermione, ¡sube más! Ahora, querida, ¡ahora!
Ella hizo lo que dijo, trepando sobre los rieles antes que el peso de las máquinas y sus calderas empezara a hundir la nave.
En cuestión de segundos, lo que quedaba del Titanic comenzó su declive inexorable hacia el mar.
Draco se subió encima de la baranda y se agarró con fuerza a la mano de Hermione –Vas a estar bien. No te sueltes de mi, Hermione.
Ella asintió con la cabeza, mirando fijamente con los ojos abiertos el agua que subía y la gente por debajo de ellos que era arrastrada por los desechos que se agitaban.
A su lado, Harry gritaba frenéticamente –Cuando vayas para abajo, empieza a dar duramente patadas hasta llegar hacia la superficie. La succión del barco tira hacia abajo, pero puedes nadar, Hermione, sé que puedes.
-Harry, ¡tengo miedo! –gritó Hermione- ¡Oh, Dios mío!
-¡Levántate! –Gritó Draco mientras se inclinaba sobre la baranda, tirando a Hermione con él –Cuanto te lo diga, toma la respiración más profunda que puedas.
-Está bien, ¡no me sueltes!
-¡No lo haré! Bueno, prepárate… ¡AHORA! –Draco tomó una profunda bocanada de aire gélido.
Hermione y Harry también respiraron cuanto aire pudieron almacenar, y segundos después, el Titanic se desvaneció, cayendo bajo la superficie del Atlántico Norte.
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Hermione se sentía morir.
Sentía como si en cada músculo de su cuerpo se clavaran miles de agujas produciéndole un insoportable dolor. La falda de lana, más pesada por culpa del agua, se enredo en sus piernas y ella trató de patearla fuera para poder liberar sus pies, pero tenía todo el cuerpo demasiado adormecido. Trató de aferrarse a la mano de Draco, pero ésta se había soltado de su agarre. Trató de llegar a él, pero a pese a sus esfuerzos, no encontraba más que agua.
Abrió los ojos e inmediatamente se arrepintió de haberlo hecho. Sintió que el agua, en una combinación de sal y baja temperatura, se los quemaba por mucho que los apretara para aliviar el dolor. Algo se enganchó al dobladillo de su falda, y gracias a Dios, la desenredó de sus tobillos.
Hermione pataleaba para mantenerse superficie, y justo cuando ella pensaba que sus pulmones estallarían comenzó a gritar.
Tomó otra respiración profunda y miró alrededor en busca de Draco o Harry. No podía ver nada más allá de sus pies. Sin la luz de la luna o las luces de la nave, todo estaba oscuro, sus compañeros de viaje no eran más que formas débiles y pálidas golpeando en el agua.
-¡Draco! ¡Harry! –Gritó- ¡Draco!
Siguió llamándolos hasta que su voz se quebró y dejó de funcionar. Aturdida por el dolor, Hermione flotó en el agua hasta que su cuerpo ya no era capaz de sentir ni el frio. Una enorme puerta, que parecía haber pertenecido a primera Clase, flotaba cerca y reunió sus últimas fuerzas para alcanzarla y subirse arriba.
Una vez allí se quedó mirando el cielo, sus ojos buscaron en forma automática la constelación del Dragón. Cuando la encontró, por fin, las lágrimas fueron una cálida caricia contra su fría piel.
Se habían ido.
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-Aquí hay uno ¡dame una mano!
-Parece muerto, déjalo.
-No, puedo ver su aliento en el aire. Haz lugar allí y pásame una manta.
Las voces venían a Draco como a través de un largo túnel de viento, mientras era arrastrado dentro del bote y le quitaban el salvavidas.
Sus párpados se agitaron mientras trataba de concentrarse en el hombre inclinado sobre él que lo tapaba con una manta de lana hasta la barbilla.
-Her…mio…ne… -arrastró las palabras. Pero el hombre lo cayó colocándole una botella de whisky en los labios. El alcohol quemó todo el recorrido de su garganta y luego perdió el conocimiento una vez más.
Sin noción de Draco, otro hombre flotaba cerca, ya con la piel azul a causa de su muerte, sus gafas redondas colgaban de su cara por una sola patilla, con los ojos sin ver detrás de ellos.
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-Ahí está, amor. Estaba empezando a preguntarme si se iba a despertar –Unas manos extrañas la cubrían con una manta hasta los oídos.
Hermione parpadeó hacia el cielo, que todavía estaba oscuro pero ya iba aclarando a un color gris rosado opaco en el horizonte. Su cabeza palpitaba y le castañeaban los dientes. Pero cuando un suave brazo le levantó la cabeza y le presionó un frasco de agua, ella bebió agradecida.
Notó que estaba en un barco salvavidas que iba casi vacío, lo ocupaba uno de los oficiales del Titanic y dos de sus tripulantes, otros dos pasajeros que estaban sentados juntos en silencio, y quien la había tapado. Vagamente se preguntó si se trataba de Draco o Harry, pero estaba demasiado cansada para expresar su duda en voz alta.
Los suaves murmullos de los miembros de la tripulación de remo y su oficial, la fueron arrullando hasta que volvió a dormirse. Soñó con un hombre que una vez la había amado desesperada y locamente.
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Cuando volvió a abrir los ojos, un barco se alzaba por encima de ella bloqueando la débil luz del sol.
Carpatia.
-¿Puede usted sentarse, querida? –preguntó una voz. Era otra de las pasajeras rescatadas, una mujer que llevaba un abrigo harapiento bordado en piel, con una sonrisa amable. Ésta le pasó un brazo alrededor de su cintura y la ayudó a incorporarse –Ahí lo tienes. Vamos a poder calentarnos muy pronto. ¿Cuál es tu nombre?
¿Su nombre? Hermione debe luchar por encontrar la respuesta, y ni hablar para expresarla en palabras –Her… Hermione
-Eso es bastante –sonrió- Yo soy Elizabeth –Con una simpatía parecía fuera de lugar, dadas las circunstancias, ella le ofreció su mano. –Vamos a estar bien, ¿sabes? Muy bien
Mientras la tripulación del Carpantia arrancó su viaje en el mar, Hermione se preguntó si alguna vez volvería a estar bien.
N/A:Y este es oficialmente el último capítulo del fic!. Por supuesto le sigue el epílogo, no crean que la autora fue tan cruel de terminarlo así jajaja.
Capítulo intenso, ¿no?
A mi, personalmente, me trajo muchas cosas a la cabeza. Mientras lo traducía, dejé bastante en segundo plano la situación dramática en sí, y me conocentré específicamente en la concientización que lo sucedido no es sólo la historia de una película. Me fue inevitable ponerme en el lugar de esos personajes, sentir esa desesperación, la situación es tan terrible que hasta suena irreal!
Muchas venían apostando quien moría, quién no... y puedo decir que hubieron varias que acertaron, ya que hubieron dos jajaja, pero que muchas no, y les fue por despistadas por no leer las advertencias del primer capítulo :P
En un momento de ocio y en el que me ganó la curiosidad, me puse a leer sobre el Titanic y a documentarme (si, lo hago aunque la historia ya esté escrita y no por mi :P) y encontré muchas imágenes que les pueden servir de referencia para el fic o si son tan chusmas como yo jaja. En un ratito armaré un álbum con dichas imágenes en mi grupo de Facebook (https : / www. facebook. com /groups/ FansIlwenMalfoy/ ...quitándole los espacios, obviamente)
También quiero invitarlxs a leer un nuevo fic que estoy escribiendo conjuntamente con la talentosa Promethea, dicha historia pueden encontrarla en su perfil, o buscarla como Inner Beast.
Tranquilas que terminaré mis otras historias, sólo que los estudios me tienen con los horarios y la disponibilidad un poco limitada!
Las espero el domingo para leer el final definitivo de esta historia!
Un beso gigante!
Ilwen (29/04/11)
