Disclaimer: los nombres y escenarios de Harry Potter no me pertenecen, son obra de J.K. Rowling. Intento tratarlos con el respeto que merecen, espero conseguirlo.
Avisos: SLASH, ¿vale? No hay lemon porque eso ya es un paso muy largo para servidora. Son Harry y Oliver Wood, a mí misma me da miedito lo que he hecho, así que ya sabéis a quienes no os mole el slash y la pareja, vais sobre aviso.
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Envidia Mutua
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—¡Buen pase! —anima Katie mientras devuelve la quaffle a Alicia, que a su vez se la manda a Angelina.
Harry deja de correr para montar la escoba, patea con fuerza el suelo y asciende rápidamente hasta donde se encuentra el equipo de Gryffindor entrenando.
—Llegas tarde —la voz de Wood se escucha a sus espaldas más seria que de costumbre.
—Lo siento, estaba... —trata de disculparse, pero enseguida aparecen los gemelos con los bates en ristre y comienzan a volar a su alrededor, canturreando burlones. Podría parecer que se ríen de él pero en realidad tratan de protegerlo de las iras del capitán.
—Bueno, ahora que tenemos al buscador, una vez más, ¡formad!
Continúan con la sesión hasta tarde, pero Harry agradece todo el tiempo extra entrenando pues le evita pensar en los dementores, en el Grim y en ese fugitivo, traidor, culpable de la muerte de sus padres que además ha resultado ser su padrino.
—¿¡Qué demonios haces, Potter!? —Wood está realmente enfadado, o no le llamaría por su apellido.
La pelotita de madera que hace las veces de snitch ha pasado por su lado sin que él se moviera, y ya es la quinta vez. Harry no contesta, chasquea la lengua y desciende para recoger la estúpida pelota.
—¡Está bien! Se acabó por hoy —anuncia el capitán, dirigiéndose hacia el césped con gesto hastiado.
—Tampoco es para ponerse así, capi —comenta Fred mientras le devuelve un último golpe de bate a su hermano cuando está a punto de aterrizar.
Pero al girarse sin prestar atención, se interpone en el camino de un Harry demasiado metido en sus propios pensamientos como para esquivarlo a tiempo y ambos caen al suelo en una maraña de brazos, piernas y palos de escoba.
—¡Por todos los...! —Angelina ayuda a Fred a levantarse mientras Wood hace lo propio con Harry, que suelta un gemido al apoyar el pie en la tierra.
—No me digas que te has lesionado —el muchacho se golpea la frente con la mano abierta y se cubre los ojos—, a la enfermería ahora mismo.
—¡Estoy bien! —se queja Harry, pero al intentar andar nota dolores agudos en la pierna y la espalda.
—¡Bien mis narices! —estalla Wood, pasándole un brazo por debajo de las axilas y obligándole a caminar apoyado en él.
Cuando llegan al vestuario, las chicas comentan por lo bajo que tienen que ir a ducharse y los gemelos ni se molestan en poner excusas.
—Lo siento, Harry, muchacho —George le palmea el hombro—. Hemos hecho lo que hemos podido, te deseo suerte.
Harry sabe muy bien lo que viene ahora. Lleva varias sesiones llegando tarde, marchándose temprano y entrenando distraído. El resultado, siempre el mismo: Wood echándole un sermón acerca de las responsabilidades de un Gryffindor con su equipo. Pero al llegar a la parte de "eres el buscador y tienes el deber de llevar tu equipo a la victoria, sería egoísta que no te esforzaras", explota.
—¿De verdad hablas en serio? —interrumpe en tono irritado.
—¿Cómo dices?
—¡Lo que oyes! —trata de morderse la lengua, pero toda la rabia contenida de los últimos meses se desata contra el inocente capitán— ¿Quién te crees que eres para hablarme de deber? Todo el mundo me dice lo que debo y lo que no debo hacer, donde debo estar, cómo debo comportarme, ¡maldita sea! El quidditch es lo único que impide que me vuelva loco, ¿por qué no puedes dejarme disfrutarlo?
—Harry, yo... —Wood intenta defenderse pero Harry cada vez alza más la voz.
—¿Tú qué, maldito egoísta? Tienes libertad para hacer lo que te gusta, los tíos te idolatran y las chicas no te miran como si fueras un bicho raro —en la cabeza de Harry una vocecita le dice que esto no tiene nada que ver y que está metiendo la pata—. Tienes una meta en la vida, una familia que te apoya y nada de lo que preocuparte excepto de ganar una maldita copa de colegio, ¿pero debo ser yo quien saque el equipo adelante?
Una vieja conocida de Harry, que durante mucho tiempo ha andado al acecho y por fin ha visto su oportunidad, se ha instalado en su garganta. Se da perfecta cuenta de que la envidia que siente por el capitán de quidditch es malsana y miserable, pero ahora mismo no la puede contener.
—Soy tu buscador, gracias a mi hemos ganado la mayoría de los partidos y sólo por haber faltado yo no hemos ganado todavía la copa. Pero, ¿quién se lleva toda la gloria por los pasillos? ¿Quién es el centro de atención y a quién entrevistan las fanáticas de la Voz de Hogwarts? —¿y por qué demonios estoy diciendo tantas gilipolleces?, interrumpe por fin la parte razonable de Harry.
Se queda callado un momento y el silencio se convierte en una presencia viva entre los dos jóvenes.
—Desnúdate —la orden le pilla por sorpresa y se queda mirando a Wood con la boca abierta.
—¿Qué me... ? —balbucea, pero en seguida se da cuenta de las intenciones del capitán.
Obedece, después de cerrar la puerta para no congelarse, y se sienta en el banco, de espaldas a Wood. Éste ha sacado un frasco del armario-botiquín y al abrirlo, el olor fresco y penetrante del ungüento anti-inflamatorio inunda la estancia. Durante unos segundos desea con todas sus fuerzas que todo lo que ha dicho pase a la historia y que Wood siga fingiendo que no ha oído nada.
—Si la señora Pomfrey se entera de que no has ido a revisar estas lesiones, nos cruje a los dos —la voz se escucha muy cerca de su nuca y de repente nota el frío tacto del ungüento, seguido de las manos cálidas y algo ásperas del capitán—. Escucha, Harry...
—No, déjalo, yo no...
—¡Escucha! —se impacienta Wood— Tienes razón en parte, pero también te equivocas.
Harry frunce el ceño sabiendo que el otro no puede verle. Intuye que hay una explicación para esas palabras, así que aguarda.
—Es verdad que no soy quién para exigirte nada —continúa el capitán— y que muchas veces me ofusco con todo esto, pero el quidditch también es mi única vía de escape, ¿sabes? Puede que a ti te parezca que lo tengo todo, pero a veces... te envidio, Harry.
—¿Tú a mi? —trata de girar la cabeza pero se arrepiente en seguida y desiste.
—Piénsalo, tienes amigos incondicionales que no están detrás de ti para que los metas en un equipo. Los que te quieren cuidan de ti y te demuestran que les importas —el muchacho se levanta, rodea a Harry y se arrodilla frente a él para seguir aplicando el ungüento en uno de sus tobillos—. No dan por sentado que puedes cuidarte sólo y que estarás bien. Y no tienes que sortear con paciencia a las chicas que piensan que si estás sin compromiso, tienen vía libre para acosarte todo lo que quieran —su boca se curva en una triste sonrisa—. La gente da por seguras tantas cosas...
Harry empieza a sentirse algo incómodo sin saber por qué, pero Wood no ha terminado.
—Debes saber que no es sólo envidia lo que siento por ti —el corazón le da un vuelco, no sólo por las palabras sino porque el capitán de quidditch acaba de alzarse sobre sus rodillas y las manos que frotaban su rodilla ahora le sujetan por los hombros. Sus caras están muy cerca.
Para sorpresa de ambos, Harry no se resiste.
Permite que Wood se acerque aun más y le rodee con sus brazos. No se mueve aún cuando las manos descienden por su espalda, sus caras se tocan mejilla con mejilla y una respiración profunda arde sobre su cuello. Unos labios secos por el deseo le rozan el lóbulo derecho provocándole un escalofrío, y siguen un recorrido curvilíneo hacia su boca con desesperante lentitud.
Pero en el último milímetro, Wood se echa atrás, suspira y apoya su frente sobre la de Harry.
—Tú no quieres hacer esto, ¿verdad?
—Yo... -duda, porque realmente no sabe lo que quiere—, yo...
—No pasa nada —el capitán se levanta y se aleja unos pasos, dejando a Harry con la sensación de que ha dejado algo único escapar.
Cinco minutos después, se encuentra en la sala común vaciando botellas de cerveza de mantequilla en solitario. Frente a él, Wood brinda con todo el que se acerque por la próxima victoria de Gryffindor, todos lo encuentran más efusivo y positivo de lo habitual.
Harry sonríe, pensando que aún ahora siente envidia. Le gustaría saber fingir felicidad con la misma facilidad.
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Nota: me he quedado con las ganas de escribir algo más, *sigh*, si alguien me quiere dar un puñetazo por mojigata, se lo agradeceré.
