Hola a todos. Les traigo el capítulo final de mi historia. Estoy segura de que escribir esto es solo una manera de evitar escribir el epílogo de Papel y Tinta pero ya que.
Pronto subiré el one-shot que me pidieron donde Georgie es el seme y Ike es el uke. Trataré de que sea la próxima semana.
Gracias por leer esta, aunque pequeña, linda historia mía. Que salió de mi loca cabeza.
Como dice mi madre desde que vimos la película "Los muchachos no lloran" 'Caro, la gente como tu no necesita drogas, aluscina las 24 horas'
South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.
Verdades
3.-
—Mientes — respondió Ike — y no desistiré hasta que me digas la verdad sobre lo que realmente te impide estar conmigo Georgie
El gótico abrió los ojos de par en par. Maldito sea el carácter terco de Ike. Precisamente por eso quedó perdidamente enamorado de él, por esa actitud directa y perseverante. Le dio otra calada a su cigarrillo e ignoró el último comentario. Sus compañeros góticos le veían sorprendidos, pero él no demostraba la más mínima molestia. Ike se impacientó por la actitud calmada del chico, lo tomó de la muñeca e hizo que se levantara en el acto, quedando ambos peligrosamente cerca, Georgie con el cigarro todavía en la boca. Ike lo quitó con la mano izquierda mientras la derecha acariciaba la nuca del gótico. Rosó levemente sus labios, haciendo que los rostros de ambos se tiñeran de rojo. El canadiense sonrió complacido aun más por las miradas insistentes de los amigos de su novio. Porque eso era, aunque lo dijera o no Georgie era su novio.
—Aléjate — gimoteó Georgie sabiendo que no podría controlarse más, que acabaría besando con rudeza los labios que le hacían suspirar
— ¡Lo sabía! — Ese gritó les heló la sangre a los dos novios que de inmediato voltearon a ver
Era nada más y nada menos que Filmore, que buscaba desesperadamente su celular, queriendo tomar una foto del momento que probaba la veracidad de los rumores. Y desde luego la caída en la pirámide social por parte de Ike. La venganza que esperaba desde el jardín de infantes. Georgie sintió que todo se movía lentamente, vio de reojo a Ike y sintió como sus manos se cerraban en su ropa para evitarle escapar. Reaccionó a tiempo y empujó al canadiense con algo que nunca antes había experimentado o demostrado, la ira. Prácticamente se arrojó a Filmore, quitándole el celular, arrojándolo al suelo con fuerza, casi rompiéndolo. Ike trató de calmarle, pero solo avivó la llama de la ira. Fue empujado también, pero no todo fue malo en esa rabieta.
— ¡Estoy harto de ustedes! ¡Solo me confunden! Me hacen dudar sobre lo que soy ¿Un gótico? ¿Un chico común y corriente? ¿Marica? ¡Mierda dejen mis jodidos pensamientos en paz!
Tomó su mochila y se fue de ahí lo más rápido que pudo. Evitando que alguien pudiera ver las lágrimas que se llevaban el maquillaje, una de las identidades de las cuales dudaba mucho. Solo deseaba estar en paz, olvidar a Ike y a sus dudas existenciales. Cualquiera habría esperado una cara triste del judío, pero se toparon con una inmensa sonrisa. Ahora sabía que era lo que le molestaba tanto a Georgie, el motivo por el que negaba una y otra vez su noviazgo, no era vergüenza, era miedo a perder su propio ser.
Salió de la escuela, que mas daba que faltara medio día. No fue a su casa, ni al restaurante de los góticos. No tenía idea de a dónde ir. Entonces decidió entrar a la casa del árbol que había en un patio. Saltó la barda, subió y se quedó ahí varias horas. Pensado y a la vez no. Deseaba dejar el tema atrás, volver al instante en que fue a casa de Ike y lanzó una piedra a su ventana. El instante en que lo besó por primera vez, desde entonces su vida esta de cabeza.
— ¿No deberías estar en la escuela? — preguntó una voz que tardó en reconocer pero después nunca la olvidaría. Stanley Marsh, el dueño de la casita del árbol que años atrás había construido junto con su novio Kyle Broflovski. El judío, el hermano mayor de Ike. Bajó la mirada sintiéndose de nuevo mal al recordarlo
—Tú también deberías estar en la escuela — respondió el de primaria
—La preparatoria salió temprano hoy — contestó Marsh sentándose al lado de Georgie — Pero estoy seguro que la primaria no
— ¿Desde cuándo me hablas? Se supone que me odias por matar a Kenny — inquirió el menor
—No puedo odiarte, prácticamente ahora somos familia — respondió esbozando una sonrisa que normalmente usaba hacia las ballenas o delfines que tanto amaba y cuidaba de los japoneses
— ¿Familia? — preguntó sin darse cuenta todavía. En cuanto hiló las ideas se puso rojo de los pies a la cabeza, tanto por recordar a Ike como al pensar que él y Kyle tenían el mismo tipo de relación. Bajó la mirada sintiéndose triste. Era una tristeza muy diferente a la que se suponía que tenía al ser gótico. Ese tipo de tristeza era una que en realidad no le interesaba, decía sentirse así cuando en realidad se trataba de una manera de darle la espalda al mundo y no pensar en la verdadera tristeza, aquella que te hace desear morir realmente. Que te deja el corazón y el alma vacíos, así se sentía en ese momento — ¿Por qué seríamos familia? — decidió hacerse el desentendido
—Me parece tonto que no lo aceptes — comentó Marsh recostándose en el suelo de madera que no pisaba desde que era niño — Kyle está muy preocupado por Ike precisamente por eso, piensa que has cambiado a su hermano de una mala manera. No es el mismo de antes. Ya no se junta con sus antiguos amigos, prefiere estar contigo
El comentario de Marsh regresó la confusión a la cabeza de Georgie ¿Ike estaba pasando exactamente por lo mismo que él? ¿Estaba comportándose de la misma manera? ¿Por qué no le había hablado de su hermano? Un momento, sí lo había hecho. Ni siquiera dejó que le explicara cómo se hizo esos golpes, uno era de su padre, ¿Pero y el otro? Ahora sintió culpa. No debió poner sus problemas antes que los de Ike. Stanley miró al chico y pudo notar como pequeñas lágrimas escurrían por sus rosas mejillas.
—Supongo que no harás nada — Dijo dándole la espalda — Que más que su madre desee cambiarlo de salón o incluso de escuela con tal de alejarlo de ti
— ¿Cambiarlo de escuela? — preguntó asustado Georgie
—Al menos eso fue lo que me dijo Kyle
Ike regresaba de la escuela, sabía que su madre no estaría muy contenta si había llamado a Garrison en la noche enojada. Pero al contrario, la vio con una enorme sonrisa en el rostro, le indicó con la mano que se acercara y dijo.
—No te preocupes hijo, voy a encargarme de todo esto, tú solo estás confundido, y todo es culpa de ese chico. Pero ya no te causará problemas, mañana mismo ingresas a un internado de Denver
— ¡Denver! — Exclamó Ike empujando a su madre de una manera muy grosera — Madre, pensé que no podrías llegar tan bajo, pero creo que me he equivocado. Primero sacas mi cadáver de aquí a que yo salga por mi propio pie hacia Denver
—Estás exagerando hijo — dijo la mujer — No es para tanto, el primer amor siempre se olvida. Mírame a mí si no me crees, tu padre no fue el primer hombre en mi vida
—Pero yo no soy como tu madre ¡Ni siquiera soy tu hijo!
Sheila Broflovski no fue la única sorprendida con el comentario. Gerald y Kyle no podía cerrar la boca de la sorpresa, Ike tomó de nuevo sus cosas y salió de la casa hecho una verdadera fiera. Él tampoco sabía exactamente a donde ir. La mujer pelirroja rompió en llanto, las palabras de su hijo fueron la peor herida que había recibido en su vida. Kyle se dio cuenta de lo serio que iba su hermanito con ese gótico. Tal vez estaba exagerando un poco la situación. Mientras ese chico no se siguiera juntando con los criminales amantes de la muerte todo estaría bien ¿Y si seguía haciéndolo? ¿De verdad estaría tan mal? Dios, ya no sabía ni en que pensar.
— ¿Denver? Está pendeja si cree que me voy a ir — decía Ike mientras caminaba por la calle muy enojado, incluso parecía loco al hablar solo y tan alto. Suerte que no había muchas personas por ese parque. Se sentó en los columpios, haciendo que los niños que ahí jugaban voltearan a verlo
— ¿Estás enojado? — preguntó uno de ellos, claramente de jardín de niños
—Un poco — contestó sin poder evitar recordar cuando tenía esa edad
— ¿Por qué? — Preguntó otro con inocencia — ¿Tus padres te regañaron? ¿Te robaron tu juguete favorito? Eso sería terrible, yo me enojaría mucho con eso
Ike rió un poco al escuchar las razones por las que él se enojaría. Eran tan insignificantes a comparación del problema que él tenía. Sonrió de lado intentando olvidarlos, aunque muy en el fondo dudaba encontrar la solución a estos. Recuperar el amor de Georgie de por sí era difícil y ahora también debía evitar irse del pueblo. Escuchó pasos detrás de él pero no le dio importancia. Supuso que sería alguna de las madres de esos niños alegres y despreocupados. Entonces vio de reojo como alguien se sentaba en el columpio de al lado. Volteó un poco curioso y abrió los ojos de par en par cuando reconoció a la persona a su lado.
—Hola — dijo Georgie sin poder mirar a los ojos a Ike
La sonrisa que el canadiense esbozó era simplemente indescriptible, quiso besarlo en ese momento, pedirle que nunca más lo volviera a dejar. Pero los niños seguían presentes y tuvo que contenerse, se limitó a tomar la mano del gótico con posesiva fuerza.
—Pensé que nunca me volverías a hablar — admitió poniéndose muy rojo
— ¿Es verdad que…? — Georgie hizo una pausa, buscando la fuerza para continuar y sobre todo, contener las lágrimas que producían sus ojos y el sollozo que luchaba por salir de su garganta. Respiró hondo antes de continuar — ¿Qué te vas a Denver?
—Aún no has respondido mi pregunta — cambió Ike de forma brusca el tema de conversación
— ¿Cuál jodida pregunta? — dijo enojado Georgie sin importarle la presencia de los niños. Estaba cansado de que todos le dieran vueltas al asunto
— ¿Por qué dijiste que no sentías nada por mi? ¿Es costumbre tuya besar a todos los chicos que pasan en la noche rumbo a su casa? — Preguntó sin pudor alguno — ¿Vamos a hablar claro sobre lo que te molesta o no Georgie?
— ¿Por qué nunca me dijiste que tu hermano no quería que te juntaras conmigo no por ser una mala influencia si no por causar que ya no te juntes con tus antiguos amigos? ¿Por qué jamás me comentaste que tenías planes con los chicos del salón cuando salíamos a pasear al parque? Ike yo no quería afectar de esta manera tu vida — dijo soltando unas cuantas lágrimas. Marsh le había contado muchos otros ejemplos más, pero la voz se le quebró antes de poder decirlos
—Por Dios Georgie — dijo Ike soltando una pequeña risa — Tú tampoco me decías que ya no te juntabas más con los góticos. Veía que ya no te vestías de negro pero no creí que los dejaras a un lado, si eso te ha molestado o causado problemas perdóname Georgie. No lo hice intencionalmente. Así como tú tampoco lo planeaste
—Lo único que no planee en mi vida fue enamorarme de ti maldito conformista judío — exclamó poniéndose de pie, intentando alejarse del canadiense
La sonrisa de Ike desconcertó aún más al gótico. Eran ese tipo de sonrisas las que le hacían creer que Ike Broflovski estaba oficialmente loco, que le afectaba estar demasiado lejos de su país o incluso que se había golpeado la cabeza muy fuerte cuando era bebé. Los niños no comprendían muy bien las palabras, hasta que escucharon "enamorarme" abrieron mucho los ojos y prestaron más atención que nunca. Suponiendo que esa palabra solo la podía usar un hombre refiriéndose a una mujer y ver a dos chicos rompiendo con las reglas fue demasiado tentador.
— ¿No te das cuenta de lo que has dicho? — Dijo conteniendo la risa — Acabas de admitir que lo que me dijiste en el patio de la escuela era mentira
Las mejillas de Georgie se pusieron totalmente rojas, siguiendo por el resto de su cara, desvió la mirada y apretó con fuerza los puños. El único buen motivo para comportarse como un idiota es por ser un idiota enamorado. Ike se puso de pie y caminó hacia el gótico, tomando su rostro y alzándolo. Viendo como las lágrimas terminaban de lavar el poco maquillaje que todavía quedaba en el rostro el chico. Acarició sus mejillas con dulzura, limpiando los llorosos ojos.
—Dímelo Georgie — susurró a su oído — dime que me odias, que me quieres lejos de mi. Que estás feliz por el hecho de que mi madre quiere mandarme a Denver, si lo haces no volveré a interferir en tu vida nunca más
—No puedo — admitió — Te amo Ike Broflovski, aunque odie la manera en la que cambias mi forma de ser, la manera en la que me haces amar la vida, te amo
— ¡Son novios! ¡Son novios! — Gritaron los niños burlándose y haciendo notar su presencia — ¡Se quieren, se besan, se pasan el chicle!
Georgie se sonrojó todavía más. Ike no pudo evitar reírse.
— ¿Qué no deberían estar en sus casas? — preguntó Georgie a la defensiva
— ¿Qué no deberías estarlo tú también? — preguntó una voz femenina. El alma de ambos chicos se fue a los pies y giraron lentamente la cabeza para encontrarse con la imponente presencia de la matriarca Broflovski y unos furiosos y judíos ojos de Jersey — Maldito criminal, tú y solo tú ha hecho que mi Ike me odie. Tú eres el culpable de toda esta mierda
Sheila llegó a zancadas a donde estaban los chicos, Ike se apresuró y se interpuso entre su furiosa madre y su amado novio. No le importaba recibir otro golpe, evitaría que le hiciera algo a Georgie. Sheila sacó a su hijo del camino con inmensa facilidad, lanzando un golpe que fue fácilmente esquivado por el gótico. Los niños seguían pendientes de cada movimiento. Admirados de que semejantes cosas pudieran ocurrir en un aburrido y perdido pueblo montañés de Colorado.
—El amor nunca es una mierda — dijo otra voz que sorprendió a los presentes
De su auto se bajaba el padre de Georgie, desde el día en que descubrió la sexualidad de su hijo no había hecho comentario alguno. Quedó prácticamente mudo. Pero en realidad estaba pensando, tratando de encontrar una explicación razonable a lo que sucedía en la cabeza de su hijo y la de su novio. Llegando a una conclusión, aunque simple e increíble era cierta. Amor.
—Y créame cuando dijo esto señora. Su hijo de verdad está enamorado del mío
—Es imposible estar enamorado a ese edad — dijo Sheila dejando a un lado al gótico — a esta edad te enamoras del chico que pase. Lo he vivido en experiencia propia, solo acabas herido si te enamoras de verdad. Puede que tu sí, pero la otra persona solo está jugando o experimentando
—En eso tiene razón — admitió el hombre — pero yo no soy capaz de decirle a mi esposa que la amo de la manera en que su hijo lo hizo frente a mí, ni siquiera estando casado con ella sería capaz de arriesgarme de esa forma frente a su padre. Y mucho menos soportar un golpe tan duro como el que yo le di y usted aún puede ver la sombra de este en su ojo
—Pero papá — dijo Georgie todavía confundido — ella tiene razón, solo hemos causado problemas, volteado al mundo de cabeza, cambiado de maneras que no pensábamos posibles. Tal vez lo mejor sea terminar con todo esto
—Por favor hijo — dijo su padre — creí educarte de tal manera que sabría la solución a eso
— ¿Solución? — preguntó la pareja sorprendida
—El amor te cambia, eso es un hecho, pero está bien siempre y cuando no te olvides de lo que eres. No dejes de juntarte con tus amigos, no dejes de ser lo que eres, serás más amable, más tonto. Pero no pierdes tu esencia. Y a esta edad aún hay muchas cosas que puedes ser, solo te hace falta encontrar la correcta. Y si ya la encontraste no la dejes ir por nada del mundo
Georgie lo supo entonces. No tenía que dejar de ser un gótico para estar con Ike, él no tenía que dejar de juntarse con sus amigos para estar con él. Lo que sentía no era pérdida de su identidad, solo estaba buscando la correcta. Y ahora la había encontrado, era un gótico, pero también era el novio de Ike Broflovski. Y estaba orgulloso de eso.
—Ike — dijo Sheila todavía boquiabierta — no empaques nada. No irás a ese internado. Pero tampoco te veré igual, y no esperes que acepte de la noche a la mañana el que tengas ese tipo de amoríos. Solo, sean solo amigos frente a mi ¿de acuerdo? En lo que digiero todo esto
Sheila no habló en un buen tiempo, cuando estaba a punto de volver a hablar descubrió a su hijo mayor en una situación un poco comprometedora con su mejor amigo. Luego de una larga plática y una confesión guardó silencio otros meses, cuando finalmente habló fue para despedirse de Kyle que iba a la universidad a estudiar derecho. Pero el mundo podía estar tranquilo mientras Sheila Broflovski no causara problemas.
Ike y Georgie finalmente pudieron estar juntos, sin importarles un carajo lo que fuera que dijeran. Filmore trató de convencer a la gente de lo que vio en la parte trasera de la escuela. Pero los góticos lo silenciaron de la misma manera que al jefe vampiro en otra ocasión. Nadie se mete con un gótico sin pagar las consecuencias. No se preocupen, volvió a la escuela, luego de unos dos o tres meses de desaparecido y nunca más trató de molestar a Ike o a Georgie.
El negro dejó de ser el único color en el armario de Georgie, su padre se convirtió en su mejor amigo. Henrietta sentía a su amigo feliz, y aunque lo negara, eso también la hacía sentirse bien. Kyle le contó a Ike sobre todos sus intentos de separarlo de Georgie, aunque al enterarse que Marsh fue quien mandó a Georgie al parque todo quedó olvidado. Los góticos dejaron de ser cuatro la mayor parte del tiempo. Incluso creyeron que serían tres para siempre.
—Hola chicos — dijo Georgie sentándose en su lugar favorito con los góticos
— ¿Por qué no estás con Ike? — Preguntó uno de ellos — Pensé que ya no les importaban los rumores de los de preparatoria
—Ya no nos importan — Respondió Georgie — Ya tendremos muchas noches para hacerlos verdad
Fin
