—Bien — Dijo Usui mientras veía el elevador cerrarse.— Que empiece la guerra

Ayuzawa Misaki Esperó unos segundos hasta que el portero la llevó al taxi que la esperaba en la entrada. Había descubierto sus cartas, la guerra comenzó con aquellas simples palabras y ella estaba lista para ganar esa guerra.

A Misaki le resultó fácil volver a su hotel. Los taxis circulaban en Tokio con la misma facilidad que en cualquier otra ciudad. Pronto Misaki estaba cruzando el lobby del hotel mientras inten taba poner en orden sus contradictorias emociones.

La satisfacción combatía con el enfado. Había desa fiado al enemigo en su propia guarida, lo había mi rado, lo había analizado, había sentido curiosidad por él y había salido victoriosa en su despedida. Ahora lo único que quedaba era hacerle sufrir por la opinión que tenía de ella.

Ya en su habitación, se dispuso a tomar una serie de decisiones con las que disfrutaría la vengaza...

—¿Ese vestido? No, demasiado descarado. — se dijo a si misma mientras se duchaba — Ese otro, entonces... negro, elegante, ligeramente austero.

Pero no sabía cuándo se reunirían el con el, ella suponía cual seria el proximo movimiento que Usui daría. Podría ser durante el día, de modo que tal vez sería más apropiado algo más for mal. Al final de visualizar en su mente varios trajes tomo la decisión final.

Al salir de la ducha el teléfono sonó. Respondió con prudencia, intentando disfrazar su voz, pero el hombre que estaba al otro lado de la línea no era Usui como ella esperaba.

—¿Hablo con la señora Ayuzawa Misaki ? — Dijo el hombre

— Así es — respondió ella

—Soy la secretaria del señorUsui Takumi. Me ha pedido que le diga que se alegra de su llegada a Japón y que está deseando reunirse con usted.

—Qué amable es el señor Takumi — dijo sarcásticamente Misaki

—¿Le parecería muy, precipitado esta noche? — Pregunto la secretaria

—En absoluto. —Misaki sonrio triunfante

—El señorpropone cenar en el palazzoVeretti. Su limosina irá a buscarla a las siete y media. — informo la secretaria

—Estoy deseándolo. — respondio secamente misaki.

Colgó y se quedó sentada un momento mientras algo que no había esperado le sucedía por dentro.

La invitación era exactamente lo que había querido, de modo que no tenía sentido que la hubiera asaltado la duda, pero de repente se sentía confundida. No tenía sentido. No tenía nada que temerle a ese hombre. El poder estaba en sus manos, no en las de él.

"Manos." La palabra pareció saltar de su interior. Las manos de Usui sobre su nuca, sus dedos acari ciándola, apartándose, acariciándola de nuevo. Y ella intentando respirar en medio de esa tormenta que la había engullido sin previo aviso.

¡Nunca más! Eso se lo había prometido hacía mu cho tiempo, cuando tenía dieciséis años, cuando ese modo tan brutal en que terminó su primer amor le dejó sintiendo una gran hostilidad hacia los hombres y he lada ante sus caricias.

Ellos no lo sabían. No hubo ni uno solo de ellos que no viera más allá de la fachada de mujer seductora tras la que se ocultaba para ver la verdad que había en su interior. Los había utilizado para trepar hasta lo más alto de su carrera, había ganado dinero a costa de ellos. Y luego, había dormido sola.

En todos esos años no había vuelto a conocer el irre si lible deseo que una vez la había llevado hasta el de sastre. En alguna que otra ocasión había aparecido un ligero susurro de placer que había controlado aleján dose de ese hombre en cuestión. Con el tiempo, esas ocasiones se habían hecho cada vez menos frecuentes y se había preparado para afrontar el futuro en soledad, pero entonces había conocido a Anthony, un hombre que la había adorado sin que hubiera relación física de por medio.

Habían sido perfectos el uno para el otro y el verdadero legado que él le había dejado no había sido su fortuna, sino el haberla hecho fuerte, lo sufi cientemente fuerte corno para plantarle cara a un fu turo incierto.

—Tengo treinta y dos años —se dijo exasperada—. La próxima parada es la mediana edad. Hasta ahora lo he logrado, puedo con lo que queda.

Definitivamente, el vestido negro, uno de los últi mos regalos de Anthony. Era de seda, ceñido y con es cote. El largo era hasta justo por encima de las rodillas, no lo suficientemente arriba como para resultar impúdico, pero sí lo suficiente para lucir sus largas piernas.
Y tras un día con unos zapatos apropiados para andar, le resultó todo un placer subirse a sus tacones de aguja. Se dejó su hermoso y abundante cabello suelto y se lo echó sobre los hombros. Eligió las joyas con moderación; además de su ani llo de boda, llevaba un reloj de oro, dos diminutos pen dientes de diamante y un corazón de cristal que le re galó Anthony.

Las luces resplandecían tras las venta nas de los edificios alineados en las orillas de la bahia de tokio y el sol de abril se estaba poniendo proyectando su brillo sobre el agua y la multitud de embarcaciones que en ella había, barcos que transportaban a los turistas rodeados de una atmósfera de romance y placer.

—¿Está muy lejos? —le preguntó al chofer.

—A muy poca distancia, señora.El pa/azzoVeretti es magnífico. A todo el mundo le encanta.

Un momento después Misaki vio lo que el hombre había querido decir cuando doblaron una curva y el edificio se alzó ante ellos. Tal y como había di cho, era magnífico, de mármol gris claro decorado al estilo renacentista, con cuatro plantas y diez ventanas en cada una con vistas al canal y todas ellas iluminadas.

Contuvo el aliento ante su belleza y el mensaje que el edificio quería dar: ésa era la casa de un hombre po deroso que quería que todo el mundo lo supiera.

La limosina giró y se dirigió a la entrada del pa/azzo.Y allí, de pie y con los ojos pues tos en ellos, estaba Usui Takumi.

Lo miró a la cara y comprobó, bajo la luz de la noche, que él no estaba seguro de lo que estaba viendo. Cuando la limosina se detuvo, él le tendió la mano para ayudarla a bajar. Una vez en el suelo, la mano de Usui se tensó alrededor de la suya al ver su cara. ¿Era ella? ¿O no?

Misaki le dirigió una sonrisa desafiante, calculada para hacerlo enfadar.

—Buenas noches, señor Takumi —dijo dulcemente—. Qué amable ha sido al invitarme. Ha invitado a la señoraAyuzawa Misaki y ésa soy yo. Espero no decepcionarle que use el apellido de su tio, el quiso que yo conservara mi apellido .

—No me decepciona, Señora.Más bien me ha sor prendido— contesto usui .

—Quiere decir que le ha impactado. — concluyo Misaki

—Es posible —respondió él lentamente.

—Ah, es por esa trampa que le he tendido esta tarde. ¿Ha sido muy perverso por mi parte? ¿Está enfadado? —Pregunto misaki

—Claro que no. Puedo aceptar una broma. — respondio el

Pero Misaki sabía que estaba mintiendo y que sonreía únicamente porque el barquero estaba delante, pero por dentro estaba furioso.

¡Bien!

Usui le ofreció su brazo y la llevó hasta el vestíbulo con su impresionante esca lera. Sólo en ese momento la miró lo suficientemente de cerca como para ver lo que llevaba alrededor del cuello. Contuvo el aliento ante el corazón de cristal.

—Es un regalo de mi esposo —dijo ella tocándolo.

—Sin duda. — dijo parcamente él — Pero dejemos ese asunto de mi tio para después. La he traído aquí para que disfrute de la mejor cena de vida.

«Me querías traer aquí para aplastarme», pensó ella. Ahora necesitas tiempo para reagrupar tus fuerzas».

La llevó hasta una gran sala, profusamente amue blada con piezas que parecían tener doscientos años de antigüedad traida desde italia.

Usui le indicó que se sentara en el sofá y se dirigió al mueble bar. Ella vio un brillo de verdadera furia en los ojos que él se apresuró a contener. Era peligroso provocarlo, pero eso hacía que todo fuera más excitante.

El vino era excelente y se lo bebió lentamente antes de dejarlo sobre la mesa.

—¿Un poco más? —preguntó él.

—No,gracias. Esta noche tengo que andar con cuidado. — contesto ella.

—En ese caso, ¿por qué no cenamos?

Usui la llevó hasta una mesa junto a una ven tana alta que se abría a un balcón con vistas ala bahía y, cortésmente, le retiró la silla para que se sen tara.

Al principio la deliciosa comida veneciana la man tuvo en silencio, pero finalmente Misaki alzó la vista hacia él y, sonriendo, dijo:

—Como ha dicho antes, ésta está siendo la mejor co mida de mi vida.

—Señora— sonrio el

—Por qué no me llamas Misaki? — ella lo interrumpio Creo que ya pode mos saltarnos las formalidades.

—Estoy de acuerdo, Misaki-san.

—Espero que podamos centrarnos en los negocios. — Misaki lo miro— Los dos hemos tenido tiempo de poner nuestras ideas en orden.

—Ah, negocios. — murmuro el. —Tienes razón. Pon un precio.

—¿He oído bien? ¿Te atreves a decirme eso... — Misaki estaba confundida—des pués de todo lo que has dicho hoy?

—Me has tendido una trampa. — respondio con total naturalidad

—Mejor para mí porque de lo contrario no habría po dido saber qué pensabas en realidad. — Misaki se justifico.

—¿Te estabas divirtiendo, verdad? —la acusó.

—Bueno, ¿puedes culparme por eso? Estabas tan se guro de que me harías hacer lo que tu quisieras que has sido un objetivo irresistible. — Le dijo sinceramente ella

—Tal vez he sido algo incauto. He dado por sentado que te alegraría vender por cualquier precio que pudie ras obtener. — El miro el techo

—¿Por qué lo has dado por sentado? — Misaki no podía creer el cinismo de ese hombre. —Tal vez quiero quedarme y disfrutar del legado de mi esposo.

Él se mostró impaciente.

—Por favor, vamos a dejar de fingir. — Usui comenzo a molestarse.

—Ah, sí, claro, estás muy seguro de conocer lo que pienso en verdad —comenzó a repetir en ingles las mismas palabras que él había empleado antes-: «Una se ñorita astuta y aprovechada que se casó con Anthony para echarle mano a su dinero. A él pudo engañado, pero a mí no me engañará».

—¿Qué? — Usui estaba sorprendido

—«Si cree, que va a hacerse con el control aquí, está equivocada. Y si cree que no sé qué clase de persona es, está más equivocada todavía».— Misaki termino de repetir lo que Usui había dicho.

Misaki esperó a que respondiera, pero él se limitó a mirarla con unos ojos fríos como el hielo.

He ido a la empresacon una actitud completamente inocente, sólo quería verla después de todo lo que me había contado Anthony Ha sido pura casualidad haber pasado por delante del despacho mientras estabas al te léfono, pero me alegro de que haya sido así. Cuando alguien tiene una opinión cruel e insultante sobre ti, siempre es mejor saberlo.

Usui se levantó bruscamente y se alejó de la mesa como si no soportara estar a su lado.

—¿Hablas... ingles? — Pregunto el de espaldas

Anthony me enseñó. Apostamos a que no podía aprenderlo tan bien como el Japones. Y hay otra cosa que será mejor que te de . Toma.

Sacó un papel de su bolso y se lo dio. Era un certificado de matrimonio.

—Mira la fecha. Si Anthony hubiera vivido un poco más, habríamos celebrado nuestro segundo aniversa rio. No me casé con él «en el último minuto».

Tuvo la satisfacción de verlo enrojecerse.

—Y tampoco necesito su dinero. — Misaki estaba muy molesta—No me casé con él por el dinero y ahora no necesito hacer una venta rá pida. Por favor, no lo olvides.

—Está bien —dijo él levantando las manos-— Hemos empezado mal...

—No, tú has empezado mal sacando conclusiones sobre mí . Po dría demandarte por difamación.

—¿Has terminado? — Pregunto el.

—No, apenas he empezado. — Respondio Misaki.

—¿Y si yo no quiero escucharte? — Cuestiono el

—¿Acaso te he preguntado lo que quieres? —Misaki vio su gesto de sorpresa y se abalanzó sobre su presa—. ¿A que es agradable que te intimiden? Aunque no creo que lo haga tan bien como tú, pero dame un poco más de tiempo para practicar.

—Y estoy seguro de que aprovecharás todas las opor tunidades que tengas.

—¿Me culpas? — Misaki quiso saber

—En absoluto. Yo haría lo mismo si estuviera en tu lugar. Siempre hay que golpear al enemigo cuando esté en el suelo. Es lo más efectivo.

—¿Así que no niegas que eres mi enemigo? — Misaki se levanto de la mesa

—Quedaría como un tonto si ahora intentara negarlo, ¿no crees? ¿Por qué intentarlo y exponerme a tu des dén?

Antes de que ella pudiera responder, la puerta se abrió y la doncella apareció con el siguiente plato. Él volvió a la mesa y los dos se quedaron en silencio hasta que volvieron a estar solos.

—Siempre podría disculparme —dijo Usui.

—¿Por todo? — Quiso saber Misaki.

—Por todo lo que recuerdo, aunque seguro que, si me olvido de algo, tú me lo recordarás. — concluyo Usui.

—Puedo perdonarlo todo excepto el último comenta rio, eso de «la clase de mujer que es». ¿Qué clase de mujer soy, Usui? — Misaki subio el tono de su voz.

—Por favor... ¿tenemos que entrar en eso? — La voz de Usui denotaba enfado.

—Creo que sí. «Una señorita astuta y aprovechada que se casó con Anthony para echarle mano a su dinero» . — volvio a repetir Misaki—¿Por qué no acabas de una vez y directamente me llamas «prostituta»?

Misaki tuvo el placer de ver que su franqueza lo hacía sentirse incómodo.

—Dejémoslo en «una señorita muy inteligente» —dijo él.

—No, dejémoslo en «prostituta» porque eso es lo que quieres decir. Ten el valor de admitir lo que piensas. Si vas a llamarme de algún modo, dímelo a la cara. — Misaki estaba apunto de perder el control.

—Tienes razón,no me gusta que me intimiden...

—No, prefieres ser tú el que haga sentirse intimidado a los demás. — Misaki lo acorralo.

Silenzio!—dijo él bruscamente—. Si no te importa, me gustaría hablar sin que me interrumpieras y sin que pongas en mi boca palabras que yo no he dicho. Yo no te he llamado prostituta... —Eres una mujer con mucho valor.

—No, no lo soy. Soy sólo la mujer que tiene algo que tú quieres y que no te lo va a dar fácilmente. ¿Por qué iba a necesitar valor para eso? — Misaki sonreia.

—Por varias razones que se me ocurren, pero que probablemente a ti no. Aquí eres una extraña. Deberías preguntar por ahí. Hay muchos que te podrán decir que siempre consigo lo que quiero porque mis métodos son... irresistibles.

—Estoy temblando... — Misaki le dijo con una voz deliberadamen te provocativa, añadió— Si no decido vender, tú no puedes hacer nada.

—Pero puedo proponerte un gran trato… — Usui miró la expresión en cara de Misaki

—Oh, sí, ¡ ahora lo recuerdo! Ibas a presionarme y a comprarme la fábrica por una miseria. ¿Cómo he po dido olvidarlo? —Recordó Misaki—Probablemente porque en ese momento me dio un ataque de risa.

El rostro de Usui se ensombreció como si estu viera conteniendo su furia con dificultad, pero ella es taba pletórica y nada la detendría.

—Y no cuentes con que no sé el valor que tiene Tsubasa-Corp –continuó Misaki-. Apuesto a que hay mucha gente dispuesta, no, mejor dicho, ansiosa por decirme el valor de la empresa y darme la clave de tu debilidad.

En ese momento, él ya se había puesto de pie junto a ella.

—¿Así que crees que puedes encontrar mi punto débil? — Pregunto el.

Ella se acercó un poco para que su aliento pudiera rozarle la cara.

—Creo que acabo de encontrar uno —le susurró.

Cuando la agarró por los brazos, Misaki supo que no se había equivocado. Usui estaba temblando mientras que ella pensaba en presionarlo un poco más.

—Lo supe desde el primer momento. — Misaki lo miro a los ojos.

Usui la giró hacia él y miró su rostro, ilumi nado por las velas. Su cara estaba cubierta de sombras, pero aun así Misaki pudo verle los ojos y leer lo que estaban diciendo. Misaki notó su mano en un lado de su cara y al ins tante sintió los labios de Usui rozar los suyos….