Disclaimer: Los personajes conocidos son propiedad de Hiro Fujiwaray y compañía. Sin fines de lucro, solo por diversión.
Capitulo 5.- Seducción y deseo.
"Usui la giró hacia él y miró su rostro, iluminado por las velas. Su cara estaba cubierta de sombras, pero aun así Misaki pudo verle los ojos y leer lo que estaban diciendo. Misaki notó su mano en un lado de su cara y al instante sintió los labios de Usui rozar los suyos…."
Pero el sonido de unos pasos la detuvo y la hizo apartarse de él bruscamente cuando la puerta se abrió. Era el camarero.
—Señor, le llaman por teléfono.
Usui estaba pálido, pero su voz era calmada.
— Ahora mismo voy. ¿Me disculpas un momento? — añadió dirigiéndose a Misaki.
— Por supuesto. —respondió ella.
Usui respondió al teléfono en la habitación conti gua.
—¡Hola!
—Tenía que saber qué tal te iba —dijo James—. ¿Has fijado el precio ya?
—No, esto va a llevar tiempo. —suspiro Usui.
—Es una mujer difícil, ¿eh?
—Digamos que no es lo que me había esperado.
—¿Qué significa eso? —pregunto James
—Significa que me ha pillado desprevenido —respon dió Usui apretando los dientes.
—¡Que Dios la ayude!
— Que me ayude a mí, mejor —admitió, muy a su pe sar—. Esta mujer es muy astuta y he cometido el error de subestimarla —añadió pensativo—. Pero eso no vol veré a hacerlo.
Sola, Misaki comenzó a explorar la habitación que al fondo se convertía en una galería de arte, de la familia de Usui.
Las más recientes no eran pinturas, sino fotografías, y una de ellas la hizo detenerse y mirarla con cariño.
Allí estaba Anthony, veinte años antes de que se co nocieran, antes de que su pelo negro se hubiera vuelto cano y se le hubiera empezado a caer. Sin embargo, había conservado sus rasgos apuestos con los años y viéndolo en la foto podía recordar al Anthony que ha bía conocido.
Al ir a buscarla, Usui la encontró delante de la fotografía, tan perdida en ella que ni siquiera lo oyó. Desde ese ángulo podía ver el cariño con que la estaba mirando, la ternura de su sonrisa. La vio llevarse los dedos a los labios y lanzarle un beso y en ese momento Misaki pareció darse cuenta de su presencia.
—Mírale los ojos —dijo señalando la fotografía—. Era un verdadero galán, ¿verdad?
—Lo fue en su juventud. ¿Y cuando lo conociste?
—Bueno... —dijo mientras pensaba en la fragilidad de Anthony y en su encantadora actitud que tanto la hacía reír. Sonrió al recordar esos maravillosos momentos.
Usui, que la miraba fijamente, vio lo que se ha bía esperado. Ella había seducido a Anthony y lo había agotado hasta que encontró su inevitable final. No po día olvidar que esa mujer era una seductora experi mentada, y la sonrisa que estaba viendo en ella se lo decía todo.
Misaki siguió avanzando por la galería y él se la quedó mirando, se fijó en esa sugerente forma de ca minar, en ese contoneo de su cuerpo que podía llevar a un hombre a la distracción. O a la muerte, incluso.
Se situó junto a ella, que se había detenido frente a una fotografía de una mujer.
—Mi madre. — le dijo el.
Esa mujer despertó la atención de Misaki; joven, hermosa, rebosante de felicidad. No había duda de que ella mujer era la madre de Usui, aunque ha bía algo que no encajaba. Sus rasgos eran similares, pero a él le faltaba la intensidad de su hijo, esa intensi dad que siempre haría que Usui destacara en el mundo.
Al lado había más fotografías de la familia.
—Ahí está Anthony —dijo Misaki—. ¿Quién es la mu jer que está sentada a su lado?
—Es mi madre.
—¿Qué? ¿Pero si...?
Impactada, siguió mirando la foto sin poder creer que esa mujer de mediana edad fuera la esplendorosa mujer de la fotografía anterior. Estaba demasiado del gada y se la veía tensa. Estaba detrás de un joven, al que agarraba posesivamente por el hombro como si él fuera lo único que tuviera.
Miró a las dos fotos, horrorizada.
—¿Cómo sucedió? ¡Está tan cambiada!
—La gente cambia con el paso del tiempo.—Suspiro Usui.—Mi madre se tomaba sus responsabilidades muy en serio, no sólo en casa, sino en las muchas causas bené ficas que apoyaba.
Pero Misaki no quedó convencida con la respuesta; tenía que ser algo más que el paso de los años, aunque sabía que no tenía derecho a seguir preguntando. Le echo un último vistazo a la imagen.
Pobre mujer —suspiró—. ¡Parece tan triste!
Sí —dijo él en voz baja—. Lo era.
Fue casi una sorpresa descubrir que aún tenían co mida en la mesa. Tenía la sensación de que había pa sado mucho tiempo y es que, en realidad, habían suce dido muchas cosas. Se habían enfrentado el uno al otro guiados por la desconfianza y la aversión, pero la atracción física que había surgido entre los dos era in negable. Inesperada y no deseada, pero innegable, y los había atrapado a ambos.
Misaki se obligó a no pensar en ello porque estaba viendo que sus sentidos estaban recobrando la vida que habían perdido hacía años. Se mantuvo fría y así se sentó lanzándole a Usui una sonrisa que bien podría haber sido un misil.
Ahora voy a terminarme esta tarta. Es deliciosa.
—¿Quieres un café? — Usui pregunto.
—¡Me encantaría! — respondió Misaki feliz.
Los dos ya se habían situado de nuevo detrás de sus barricadas, estaban alertas, armados, preparados para cualquier cosa.
—Bueno, entonces, ¿vas a hacerme esperar para comprarte las acciones? —Usui fue el primero en atacar.
—No esperes algo que nunca sucederá. — no lo miro, solo siguió comiendo su tarta.
—¿No estarás pensando en serio en quedártela? —le preguntó con un tono de incredulidad que la irritó.
—¿No es eso lo que he estado diciendo todo el tiempo ? ¿O es que no me has escuchado?
—No me lo he tomado en serio. —Usui se tenso— Estabas enfadada conmigo, tal vez con razón, pero ya te has divertido y ahora ha llegado el momento de ser realistas.
—Tienes razón, así que escúchame. — Misaki pensó bien las palabras que le respondería — No tengo la intención de vender. ¿Por qué iba a hacerlo?
—Porque no sabes nada sobre el negocio —respondió él exasperado—. Ninguna mujer conoce el negocio de verdad.
—No puedo creer lo que he oído. Ya estamos en el siglo veintiuno. —Misaki estaba mas que molesta.
—Si estás pensando en ser accionista, adelante. Pero en poco tiempo te verás arruinada y caerás en mis manos.
—Está claro que no voy a dirigir a Tsubasa-Corp. — Misaki comenzó a perder el control por culpa de su enfado— pero si me quedare con las acciones. Anthony me dijo que el supervisor es excelente. Y no cuentes con que vas a obligarme a vender porque no puedes ha cerlo.
— Creo que acabarás viendo que sí puedo. —Usui le dijo malignamente— Tengo unos cuantos ases en la manga.
—Seguro que sí, pero yo también tengo algunos. — el sonrió y alzó su copa.— Por nuestro enfrentamiento. Esperemos que los dos lo disfrutemos por igual.
—Oh, yo tengo intención de disfrutarlo al maximo —dijo Misaki mientras brindaba con él.
Él comenzó a reírse, sorprendiéndola con un tono que resultó verdaderamente cálido, incluso encanta dor. Sin embargo, Misaki se apresuró a decirse que eso no sería más que otro de sus trucos y no dijo nada por un largo rato.
—¿Qué sucede? Dime algo, Misaki.
Pero siguió callada, perdida en un mundo en el que él no podía entrar.
—Es hora de marcharme —dijo ella lentamente—. ¿Puedes llamar a tu chofer?
—Si quieres, sí, pero preferiría acompañarte al hotel.
—Está bien. Gracias. — se limito a contestar.
Usui agarró el Chal del vestido de Misaki y se lo echó delicadamente sobre los hombros. Ella se preparó para sentir sus de dos contra su piel, pero eso no sucedió. Deliberada mente o no, él le echó la seda por encima sin tocarla.
Salieron del palacio por una puerta lateral que con ducía directamente a un diminuto callejón.
—¿Dónde estamos? Estoy perdida. —Confeso Misaki
—No estamos lejos del hotel. Antes has venido reco rriendo la larga Avenida, pero por aquí atajare mos.
Él le había puesto una mano sobre el hombro para guiarla por la oscuridad y, mientras, ella se sentía se gura.
— ¿Qué te contó de mí? —Pregunto Usui.
—¿Quién? ¿Anthony? — Misaki se sorprendió por esa pregunta tan directa
— Si — Contesto Usui.
—Me dijo que tuviera cuidado —respondió Misaki riéndose.
—¿Y lo tendrás?
—Siempre me fié de los consejos de Anthony y siem pre resultaron ser buenos.
—¿Te dijo que eres lo suficientemente fuerte como para desafiarme o eso lo has descubierto tú sola? —Usui se acerco peligrosamente la cara de a ella.
—Lo supe desde el primer momento. — Confeso, apartándose de las intenciones de usui
Usui la giró hacia él y miró su rostro, ilumi nado por la luz de la luna. Su cara estaba cubierta de sombras, pero aun así Misaki pudo verle los ojos y leer lo que estaban diciendo.
—Porque sabías que tus armas eran mejores —murmuró él—. Y ahora ya estoy dispuesto a admitirlo. Ni siquiera estoy intentando resistirme a ellas porque pue den conmigo.
Misaki notó su mano en un lado de su cara y al ins tante sintió los labios de Usui rozar los suyos, ale grándose de que estuviera oscuro porque de pronto todo cambió, el mundo ya era un lugar distinto y nada era lo que había sido.
La boca de Usui se movía con delicadeza, lenta mente, como si tuviera todo el tiempo del mundo y mien tras, ella, contenía el aliento, petrificada por lo que estaba sucediendo en su interior. Había imaginado que sucede ría, se había creído preparada para enfrentarse a ello, pero nada podría haberla preparado para el modo en que su ser estaba recobrando la vida.
Fue como si no hubiera tenido vida antes, como si el mundo hubiera comenzado en ese preciso momento y fuera maravilloso, lleno de luz y de fuego. Y quería explorarlo más, quería ver qué intensidad alcanzaría el fuego y cómo de cegadora podía llegar a ser esa luz.
Llevó las manos hacia los hombros de Usui, tal vez con la intención de apartarlo, aunque lo que hizo en realidad fue aferrarse a él.
Los años de abstinencia le habían enseñado a verse como una mujer fría, cuyo fuego había muerto para siempre.
Hasta ese momento y con ese hombre en particular, el último por el que debería haberse sentido atraída. Eran combatientes, enemigos, pero en sus brazos estaba descubriendo que la enemistad podía resultar excitante.
De modo que lo llevó hacia ella, lo besó en busca de más de ese placer que había surgido de la nada. Y él, al ver su reacción, comenzó a acariciarla, discretamente al principio, y seductoramente después.
Ahora Misaki lo deseaba, lo deseaba todo de él. De bía llevarlo a su cama, tenderse desnuda a su lado, ofrecerse a él y sentirlo en su interior.
El instinto le decía que Usui podía mostrarle nuevos mundos, llevarla hasta las estrellas y darle la satisfacción que le había sido negada durante tanto tiempo. La mujer que llevaba dentro pedía que la lle vara hasta ese lugar, estaba dispuesta a cualquier cosa, a ofrecerle cualquier cosa.
«¡Ofrecerle cualquier cosa!».
Las palabras parecieron gritarle, como demonios riéndose a carcajadas de su inocencia. Con qué facili dad la había arrastrado y ella, que se había enorgulle cido de estar preparada, había sucumbido sin protestar. ¡Cuánto tenía que estar disfrutando Usui ante su estupidez!
Se acabó. El deseo quedó extinguido al instante y convirtió su cuerpo en hielo. Una parte de ella quería gritar, pero la otra parte sabía que así estaba más segura.
Seguridad. Eso era lo que importaba. Lo único que importaba.
Oyó pasos a lo lejos.
—Alguien viene —dijo Usui apartándose—. No queremos que nos vean así.
En un momento ya habían llegado una Plaza, no muy lejos del hotel. Mientras caminaban, ella iba planeando qué decir cuando llegaran allí. Y cómo iba a disfrutar borrándole esa sonrisa de la cara.
Entraron en el hotel. Le dejaría acompañarla hasta el ascensor, le estrecharía la mano y se despediría de él con frialdad. Sin embargo, a pocos metros del ascensor, él dijo:
—Buenas noches, señora,ygracias por una noche encantadora.
—¿Qué has dicho? — Misaki se quedo perpleja
—He dicho buenas noches. —Contesto el— Creo que los dos sabe mos que no es el momento.
—¿Qué quieres decir con eso?
Usui le respondió en voz baja.
—Quiero decir que cuando esté listo para hacerte el amor, no entraré en tu habitación dejando que todo el mundo me vea.
—¡Cuando tú...! ¿Cómo te atreves? ¡Cerdo arrogante estás engañando a ti mismo si crees que te deseo!. —Misaki estaba muy enojada
—Yo no me estoy engañando, pero tal vez tú sí. La decisión ya ha sido tomada, es sólo cuestión de tiempo. Eso ha estado claro desde el primer momento. —El sonreía
—No sé...
—No finjas —la interrumpió bruscamente—. Sabes tan bien como yo lo que hay. Decidiste seducirme en el mismo momento en que te convertiste en mi enemiga, como una forma de demostrar tu poder. Y me parece bien porque yo decidí lo mismo y cuando llegue el mo mento estaremos igualados en poder. Hasta puede que te deje ver lo mucho que te deseo, pero seré yo quien elija cuándo y dónde. ¿Está claro?
—Debes de haber perdido la cabeza —le dijo Misaki furiosa.
—No, pero he mirado dentro de la tuya y la encuen tro fascinante. No nos apresuremos. Podemos pelear y pelear y complacemos el uno al otro a la vez. Estoy deseándolo.
—Bueno, pues yo no.
Entró en el ascensor corriendo e intentó cerrar, pero él se apresuró a entrar con ella y pulsó el botón que ce rró las puertas.
—Estás mintiendo, Misaki —dijo—. O tal vez te estás en gañando Sea lo que sea, disfrutaremos descubriéndolo.
—No, no lo haremos. Y ahora ten la amabilidad de ¡salir de aquí!
Él no se movió, se quedó mirándola fijamente con un dedo sobre el botón.
—Volveremos a vernos pronto —murmuró.
Sin darle tiempo para responder, Usui soltó el botón y salió del ascensor. Furiosa, ella subió al tercer piso y una vez en su habitación, cerró de un portazo.
En ese momento podría haberlo matado. Usui la había excitado deliberadamente y, cuando casi la había vuelto loca, le había mostrado que era él, y no ella, el que estaba al mando de la situación.
Y el hecho de que ella hubiera intentado hacerle lo mismo a él lo hacía peor, mucho peor. Pero lo más grave era que su excitación había vuelto después de que él la rechazara y estaba atormentándola de nuevo.
Después de quitarse la ropa, se metió en la ducha y abrió el grifo del agua fría.
—¡No! ¡No va a suceder! ¡No lo permitiré!
No podía permitirlo, pero ya estaba sucediendo y jamás lo perdonaría por ello.
Pero entonces recordó cómo había temblado contra ella. Usui también había caído en su propia trampa. La batalla estaba igualada y lo mejor estaba aún por llegar, pero tenia que admitirlo en esa guerra la seducción y el deseo serian armas muy fuertes.
