Capítulo 5: Fin del Obelisco

El chico de cabellos castaños luchaba por su vida, conseguir aguantar, respirar por su vida, la maldita serpiente le había envuelto con su interminable cola, lo estaba estrangulando el joven no tenía ninguna oportunidad de seguir con vida, se le ocurrió una cosa antes de que la serpiente lo matase, lo mordió en su gruesa piel, aquel monstruo le pego un grito el cual agito la cola con fuerza zarandeando por toda la casa haciendo caer objetos: vidrios, recuerdos, jarros, romper muebles, el joven con tanto ajetreo le hizo unos cortes grito del dolor, sus padres que se encontraban en el piso de arriba deseaban bajar a ver a su hijo, sus cuerpos estáticos se lo impidieron, la fuerza de la gravedad era tan fuerte que no eran capaces de levantarse del suelo, su madre lloraba por su hijo.

-¡Mamoru!-grito en desesperación con amargas lágrimas en sus ojos, quería ver, ayudar a su hijo pero la sombra de un chico les retenía.

-Su falta pagara….nada le salvara de las garras de la gran deidad de las criaturas….-hablo la sombra de un bello joven de largos y hermosos cabellos, sedosos brillantes que le llegaban hasta los pies de color celestes.

-Deja a mi hijo maldito monstruo-gritaba el padre, intentando levantarse del suelo pero la gravedad era tan fuerte que no podía mantenerse en pie, con pesadez cerrando sus ojos, cayeron en un profundo sueño, una pesadilla, sus vidas se acortarían.

A lo lejos, cerca de la casa del chico castaño, los dos pelirrojos no se creían lo que acababan de ver, todo les parecía tan surrealista, pero para el joven ojos jade le sorprendió el parentesco con aquel niño y el ángel, era su amado y querido Mido, deseaba sentir su voz, escucharlo, y sobretodo protegerlo, ya que desde hace un tiempo tenia pesadillas, soñaba con lo mismo, una pesadilla tan abrumadora, terrorífica.

"Corriendo por el gran castillo, dos jóvenes amantes corrían por huir, proteger su vida, todo era inútil, entre ventanales la luz les atravesaban, el joven ángel cansado, con su cuerpo apagado, no podía iluminar sus hermosas alas, la flameante luz del sol opacaron su plumas, con el aliento débil, jadeante cayó al suelo, su amante volteo con nerviosismo, bajando su mirada al suelo, se agacho, vio a su querido hermoso ángel tan agotado, lo envolvió en un brazo, sabía que ese podía ser su fin, por un momento se dijo a si mismo "Te salvare, no morirás aquí", lo cargo en su espalda, el pobre ángel dejo caer poco a poco una delicada pluma en el camino, el cual se transformaba en un color horrendo, un negro feo, bajando por las largas escaleras sin fin, los soldados les vieron, con rapidez bajaron llegando a la salida del castillo, el joven de cabellos verdosos dejo caer su mano, su cuerpo se apagaba como el sol al anochecer, el amante de ojos jade sintió como su joven ángel, estaba frio, lo recostó en el suelo, en efecto su piel se volvió fría, en lágrimas baño el rostro de su amado, de un momento para otro fueron rodeados con gran eficacia, el ángel lleno de dolor por la traición no quería ver a su chico de jade llorar, todo menos verlo tan dolido, le tenia rencor pero le amaba.

-No llores mi niño de jade-acariciando su rostro.-Te quiero...no te olvidare...lo juro...pero como ángel...obedeceré a mi superior...-con estas palabras alcanzo abrazar a su chico de jade por última vez, jurándole volverse a ver, aunque para ello deba oponerse a los grandes dioses...

Los guardas apuntaron a la cabeza del joven intruso, el chico no opuso resistencia alguna solo se lamentó de su absurda vida, una enferma vida, el ojos negros brillosos no permitió ese trato, con inmenso dolor alzo sus alas sosteniéndose en el aire, cargo con su chico entre sus brazos, se lo llevo a las afueras del castillo, donde los dos cayeron por el cansancio del ángel, por suerte cayó encima del humano, poco tardaron los soldados en venir, y con ellos el hombre de negro.

-Devuélveme a mi ángel de los deseos.-con voz de obligación, de mirada llena odio y triunfante.

-No, nos engañaste...vete...-aferrándose a su ángel.

-Chico el mundo no funciona así.-con una sonrisa macabra.

-Adiós...Hi...ro...to...-con voz quebrada debido a las lágrimas en sus ojos humedeciendo su pesada alma. Con estas últimas palabras, uso todas sus plumas para neutralizar a los malvados de negro corazón, pero tan solo acabo con los soldados, su plan fallo y con ello se llevó su vida, un amor traicionado, con una última sonrisa bajando en una delicada línea de lágrimas, susurro por mandato.

-Volveré amor mío...pero no seré tan benevolente...-sonriendo en su lecho de muerte dejo caer su muerte inerte desapareciendo con el viento, como si su hermano el dios del Viento se lo llevara con él, detrás del joven y el hombre de negro se incendió el bosque con tan solo una pluma negra, La deidad del Fuego y los Deseos se fue dejando marcada el alma de quien lo traiciono."

Volviendo a la realidad escucharon los gritos de desesperación de su amigo, sin dudarlo corrieron en su busca, al llegar todo cansado, observaron como el castaño era expulsado de su propio casa por las puertas de cristal que daban al patio, cayendo con gran fuerza contra la pared llevándose consigo la ropa tendida y los cristales rotos, con dificultad se quiso levantar, solo consiguió caerse, el de ojos jade fue en busca para ayudarlo, por otra parte el de los ojos ámbares, miraba confundido la escena no sabía que hacer, el castaño soltó débil unas palabras de aviso.

-Cui-cuidado con la serpiente-advirtió

-¿serpiente?-incrédulo

-!Hiroto¡ detrás tuyo-grito Nagumo al ver salir a la enorme serpiente-¡es un obelisco!

-¿Un que?-girando su vista, vio como ese monstruo se abalanzaba sobre los dos chicos pero con agilidad la esquivo haciendo que se chocara contra la pared.

-Tiene que hacer algo en este libro sobre esas criaturas-ojeando las páginas con nerviosismo

-Date prisa, no aguantare con Endo encima-sudando del miedo.

Cerca del lugar caminaba tranquilo un joven de cabellos castaños con un toque anaranjados, su pelo alborotado tenía un estilo salvaje lo cual le hacia único y muy atractivo, era alto con buen físico ojos platinados con un toque celeste y con unas líneas naranjas saliéndole de los ojos, llevaba su mochila en la mano como bolso, bostezaba aburrido, un grito lo saco de su somnoliento sueño, sin pensar fue en dirección a casa de Endo.

El gran obelisco acorralo a chicos en la pared, los tenia a merced , cuando se disponía a morderles, arrancarles la cabeza por orden de la deidad de los animales, apuntaba a Endo con su afilado colmillo, algo lo detuvo el olor de una persona el cual no olvidaría con felicidad, se olvidó de ellos para buscar ese hedor que tanto lo frustraba, nada más salir de la casa del castaño se encontró con él, Genda, la persona que hirió el corazón de un ángel indefenso.

-Te encontré maldito acabare contigo-saltándose sobre el chico recién llegado, el cual se agacho para evitar su ataque y así sucesivamente, ese momento lo aprovecho Nagumo para leer una frase con voz temblorosa.

-χάος φίδι εξαφανίζεται-dijo el pelirrojo leyendo el libro donde brillo intensamente, el obelisco empezó a encoger lentamente, dejando libre de su atadura al joven Genda.

-Noooo...mi señor...perdóneme...le falle...-grito el obelisco siendo absorbido por el libro.

Todo paso rápido, Endo, se levantó rápido y fue a ver a sus padres quienes se encontraban inconscientes en el suelo, con gran pesar respiro aliviado.

-Menos mal, padres-abrazándolos .

-¿Que paso?-dijo Hiroto.

-Chicos...¿esa cosa...? –con asombro en sus ojos, no daba crédito, eso solo pasaba en las películas de terror o ciencia ficción.

-No lo sabemos Genda –respondio Nagumo sin incertidumbre, algo le decía que tan solo era una pequeña muestra de poder de lo que les esperaba.

-Lo que le dijiste... –curioso Hiroto.

-¿Eh? Solo le dije Serpiente del caos desaparece nada más. –respondió atolondrado, creyó que sus amigos le habían escuchado decir eso.

En lo alto de un árbol, observaba el extraordinario poder de una deidad, una muestra tan solo, temía que se dieran cuenta que había usado la libreta de esa deidad, "Quien contrala los animales, y la tierra", ahora lo peor de todo era que encontró a Genda Koujirou, uno de los marcados por los Ángeles, esto lo usaría en su propio beneficio, este joven de tan solo unos 25 años, de ojos azules, tez morena, cabellos largos y castaños. Querrá iniciar la guerra mas grande entre humanos y Ángeles para hacerse con sus poderes y crear un nuevo mundo junto con su organización.

El dilema de los humanos, es ahora, salvar sus vidas, ¿Cómo lo harán? ¿usaran armas?, eso no lo dudaremos.

Aquellos que amaron serán los únicos en salvarles de esta prisión, de su jaula, ellos guardan la llave de su corazón olvidado y perdido en la oscuridad.

"Fuimos enviados como seres celestiales, hoy nos levantaremos como los grandes, alzaremos nuestras alas mostrando firmeza, grandeza, elegancia…sobretodo esplendor".