Capitulo 7: Conociendo a una deidad
Nuestros jóvenes chicos a los cuales malditos están por poderosas deidades inmortales con forma humana encaminan su vida con su suma tranquilidad, pero al caer la noche, sus sueños se tornan oscuro, pesadillas invaden sus mentes, infinitas penurias pasan en retazos, una civilización destruida por la ira de aquellos engañados como míseros humanos, Deidades.
Lejos del alcance de los ángeles, un joven inquieto pasea con nerviosismo por su recamara, preocupado por sus pesadillas, no duerme, cada noche son más realistas con mucha intensidad como si se fusionase con sus sueños, si fueran uno con él…
Este joven cansado de no encontrar respuesta alguna de sus sueños, decide viajar, conocerse a si mismo, averiguar que son aquellos símbolos, y sobre todo…saber quién es él…cuando piensa en aquella persona su corazón late fuerte pero a la vez se para y un escalofrió recorre su cuerpo, sin dudarlo retoma su camino hacia el extranjero, en el donde de su corazón sabia o presentía encontrar una respuesta segura. En el aeropuerto sus fieles amigos le despedían sin ánimos de que se vaya no encontraban razón alguna para que se fuera.
-Fidio ¿estás seguro?-dijo un chico de cabellos negros con la mirada triste no queria que su amigo se fuera intentaba que se quedara-No hay necesidad de que te vayas, quédate-insistiendo
-Esta decidido, no le des más vueltas, os agradezco que me animéis chicos, sois los mejores amigos-dando un suspiro el joven de cabellos castaños y hermosos ojos de color zafiro-Quiero respuestas-mirándolos con gran pesar
-Te apoyo Fidio, queremos lo mejor para ti-sin mirarlo a la cara, un joven de rizos morados y ojos azules-No me opondré a tu decisión-bajando la mirada
-Marco, Gianluca, por favor, volveré lo prometo-ofreciéndoles una sonrisa-Pienso volver, os traeré recuerdos, no os desaniméis
-De acuerdo-alzando la mirada- Vuelve pronto o seré el nuevo capitán-sonriendo animado con la mirada desafiante
-Ni en sueñes lo lograras-con burla Gianluca, todos rieron
-Cuídate mucho Fidio-estrechando las manos de ambos
-Igualmente chicos, cuidad del equipo-dijo decidido, los tres se miraron, su amistad era fuerte y llegaria lejos.
Pasajeros con destino a Japón embarcaros en la cabina 5 por favor, el avión despejara en breces momentos-hablo la recepcionista hacia todos
-Adiós, portaros bien, no me falléis amigos-colocando su bolso y maleta-Iré a la casa de un amigo, os mandare la dirección-marchando triste a la entrada.
-Fidio, me traes dulces-en tono de alegría Marco, alzando su brazo.
-Marco…-en susurro- A mi también, no seas egoísta- quedándose atrás viendo tan solo la sombra de su amigo marchar a su destino.
-Sé que algo me depara el destino y no escapare a él-mirando con firmeza atrás la figura de sus amigos-Todo debe ir bien-piensa con los nervios de punta.
"-Esta escrito el destino con mi puño y letra-hablo el ángel de los orbes de rubí intensos y larga cabellera rubia-Mando al ángel del frio encargarse de las débiles vidas de estos humanos, en sus manos juega el destino, baila la muerte junto con mis ángeles, el mundo cae a mis pies-palabras dichas por el nuevo Dios caída a la tierra desertada"
Volviendo a Inazuma Town los chicos se encontraban en clases, la noticia de nuevos alumnos recorrían en las aulas, entendieron que son chicos especiales, el joven con el que se encontraron anteriormente reía cada vez que se cruzaba con Nagumo, sabia a la perfección que un lector como él, sin preparación moriría pronto.
Nagumo cansado de cruzarse con ese chico lo observa desde de su ventana en clase como hace gimnasia, sus miradas chocan, sin pensarlo salta por la ventana muy enfadado por las muecas que hacía, deseaba golpearlo, corrió hacia él, y lo agarro de la camiseta de deporte.
-¡Maldito crio!-cabreado- ¿de qué te ríes tanto?-pregunto sin tapujos, mirando sus ojos.
-Me rio de tu vida imbécil- soltándose del agarre con mucho ego.
-Cállate, o seré yo quien acabe contigo-grito, todos le miraran con miedo, nadie saltaba por la ventana porque si menos Nagumo que era realmente pasivo, pero hasta cierto punto.
-¡Nagumo! Suelta a Atsuya-grito un profesor acercándose a los chicos. El profesor conocía lo impulsivo que era este.
-Atsuya…ese es tu nombre-rio con orgullo- no te libraras de mí, te juro que me las pagaras –volteandose.
-Tonto-dijo sin mirarle a la cara entre risas.
-¿Qué pasa?-pregunto molesto frunciendo el ceño.
-A callar Nagumo vete a dirección y tu también Atsuya, nada más venir ya la lías-hablo el profesor.
Ambos chicos fueron llevados al director, pero Atsuya se negó a ir al despacho por lo cual, prefirió ir a la azotea, el otro le siguió, detestaba su actitud tan arrogante, no pensó que habría alguien como él mismo. Subieron a la azotea donde Atsuya saco un libro de su bolsillo y se lo tiro a los pies de Nagumo.
-¿y esto?-recogiendo el libro del suelo con curiosidad.
-Es el libro del destino encomendado al dios del hielo-mirando al cielo, con ojos perdidos en el, como si estuviera triste o melancólico.
-Está escrito en griego-ojeando las hojas- lo puedo leer, es extraño yo…antes no lo podía leer.
-Debes aprender a controlar tu poder como lector, o si no estarás condenado tú y los demás, quienes te rodean.
-¿condenado? No digas tonterías –sin creer en sus palabras.
-Tus sueños-desviando la mirada- dime una cosa, ¿el chico de tus pesadillas, es el dios de la sentencia? –acertando por la cara que puso Nagumo al oir esas palabras.
-Co-como…-dando un paso atrás, sus ojos se ensanchaban del miedo, un dios, un ser inmortal aparecía en sus sueños-no puede ser…
-Nagumo, yo soy igual que tú, me mantengo con vida porque mi hermano es el dios del destino, sigo vivo por él, pero quiero…sacarlo de ese mundo, que sea normal, el ángel bondadoso y bueno-bajando la cabeza, mirando a otro lado sin interés alguno.
-Que tiene que ver conmigo, ¡yo no se nada! ¿queda claro? –dejando por dicho que este tipo de temas no es de su interés.
-Aprende las artes de conocer a los ángeles del pasado, hacerles volver a su cuerpo, sus almas andan sueltas como los fragmentos de un cristal-dijo Atsuya sentándose al suelo.
-Entonces….-pronuncio sin estar seguro ni de lo que iba hacer.
-Así es, están aquí, y no será agradable para nadie su presencia, sus intenciones son diferentes-cogiendo aire- te lo cuento tan solo a ti, como digas algo, Endo y los demás serán cogidos por los guardianes o por las personas que saben de su existencia.
-Vale-estresado se sentó a leer el libro entregado- No sé porque esos ángel nos buscan o dioses no sé, ya no sé qué pensar
-No pienses, todo es algo complicado, pero ellos no os conocen, no os recuerdan.-suspiro- solo sois el recuerdo olvidado del pasado, pero no tienen buenas expectativas por los humanos, creen que solo sois cuerpos vacíos. Crecieron con esa mentalidad.
-¡Como le pudieron hacer eso! No creo que gente asi los hayan criado asi –dando vueltas al asunto.
-No tenían otra opción…-firme a sus palabras. Manteniendo su expresión.
-¿Qué no tenían opción? Vamos no te jode, ¡claro que la hay! –seguro de sus palabras.
-Nagumo…he vivido toda mi vida, desde que ellos nacieron hasta hoy han que renacido, bajo las sombras de quienes sin querer han tenido que vigilar el pilar de los dioses. –afligido
-¿Vivido? ¿Eres acaso inmortal? –sorprendió
-Algo así, mi hermano, que no lo es, me proporciono vivir más tiempo, para vigilar a los humanos en su regreso. –mirando a Nagumo
-¿Co…cómo? Vives más tiempo de lo normal –ahora si que estaba confuso, todo esto le quedado grande para alguien como él.
-Si, incluso vi vuestras ejecuciones en lo alto de una torre oculto en las sombras. –hablando serio ante la situación en la que estaban expuestos.
"En la plaza mayor de aquel destruido castillo, los chicos que intentaron llevarse a los ángeles consigo, fueron capturados después de presenciar la muerte de sus amados en sus brazos. El hombre de negro furioso subió donde serían ejecutados los jóvenes engañados por él mismo, estaba cegado por el poder, la codicia de poseerlos y tener al mundo a sus pies.
-¡Malditos chicos entrometidos! –furioso el hombre de negro- ¡¿Cómo os atrevéis a colaros en mi hogar? Y encima matar a mis ángeles.
-¡NO son tuyos! –grito el chico de una banda naranja en su cuello- no son de nadie…-en susurro, era observado por sus amigos, heridos y magullados.
-¡Son mios! ¡Yo he sido he elegido para gobernar en este mundo! Y vosotros ingratos lo habéis estropeado todo, mandado a este podrido mundo al infierno.
-Je –rio el chico al que denominaban "el niño tabú" con la cabeza baja.
-¿Te ríes de mí? Tú que naciste de un demonio, y una madre impura –riendose.
-¡Cállate! –salió en su defensa un chico de ojos azules y pelo castaño – no sabes de lo que hablas, él, no es un niño tabú.
-¿A no? Tu piensa lo que quieras, vais a morir-dándose la vuelta dejando a los chicos a su suerte. Los soldados les tapo los ojos a los chicos, sentenciando asi su vida para siempre, pero antes cada uno pronuncio unas palabras de esperanza.
-Si prometéis volver a la vida ….-pronuncio el de los ojos azules.
-Renaceremos y seremos lo contrario para salvaros a todos –pronuncio en bajo tapándoles los ojos al de la banda.
-En sombras débiles nos convertiremos, nuevos humanos seremos, vuestro recuerdo estaremos aunque sea en un destello…-todos los chicos a la vez, tapados los ojos, esperando los disparos de los soldados.
-¡Disparad! –grito el hombre colérico por dentro, la sangre le hervía a mil por hora.
Estos chicos esperando su muerte con suma resignación alzaron su mirada al cielo, esperando poder verles de nuevo, con la esperanza de que sean ellos que les quite ese vendaje de sus ojos, pero eso no ocurrirá. Los seres del cielo esperaban en silencio la muerte de los chicos, querían que sus sangre brotara a la tierra recordando ese lugar como propiedad de la traición, lugar del olvido e infierno. Pero sus almas permanecerán encerradas en un oscuro cuarto donde la luz no llega, solo el dolor, sufrimiento están, salida no existe.
Su amor sellados con fuego, están en el corazón de los ángeles, esperando la llave de esa jaula que no les deja ser libres, presos de sus sentimientos…esperando ser revividos.
La hora de su ejecución estaba cerca, el momento de disparar, del cielo negro cayeron un circulo de alas negras rodeando a los chicos en símbolo de sello, del cual no escarian nunca."
