Disclaimer: Ninguno de los personajes de Pandora Hearts me pertenecen, son de la propiedad de Jun Mochizuki y su increíble imaginación, solo algunos -posiblemente- serán creados por mí.

Antes de empezar con la historia, quiero agradecer a quiénes confiaron en mi primer Fic, significa un tremendo empujón para mí y así seguir escribiendo.

Gracias a 13UsUkNekito por dar a fav. esta historia y al review de eXtraNIo.

Aparte, pienso que mi manera de escribir el primer capítulo no fue de las mejores, pero -creo- mejoré con algunos consejos de una amiga, claro que fueron dirigidos a mi otro Fic, que si les gusta Ouran High School Host Club y Harry Potter podrían leer : "Haruhi, el Mundo Mágico & el Host Club" -no sé cómo poner el link, soy taan novata ;_; XD, agradecería si alguien sabe me pueda decir-

Antes de empezar el cap. quiero decir que las actualizaciones a lo más serán cada una semana, todo depende de mi amiga imaginación y por supuesto el de uds. lectores.

Y sin más dilatación, les dejo el cap.

Todo empezó con una nota.

Capítulo II

Desconcertante.

Después de divisar el ventanal correspondiente al de mi sirviente, tomé el último trago de aire y subí por unos tubos que quedaban cerca del ventanal, el cual se encuentra en la segunda planta de la Mansión. Me agarré con fuerza y trepé firmemente por ellos hasta llegar al balcón que daba al dormitorio, tomé valentía y empuje los ventanales que, para suerte mía, no estaban con seguro.

La imagen que vi fue aterradoramente pobre, por lo menos esperaba a Oz desangrándose en el piso o verlo depresivamente en una esquina, pero solamente se encontraba durmiendo. Lo observé por un rato antes de acercarme al dosel de la cama y ver que tenía gotas de sudor repartidas por toda su frente.

―Tal vez tiene calor―susurré lo más bajo que pude.

Así que devolví mis pasos por donde llegué y traté de abrir lo máximo posible las ventanas y de paso correr los pesados cortinajes, los cuales impedían el paso y la circulación del mismo.

En eso estaba cuando sentí a Oz removerse en su cama, me di la vuelta lentamente, pensando que tal vez aún no me hubiese notado aquí, lo cual era casi imposible dado que el sol entraba a través de la ventana y daba de lleno en mí.

― ¿Alice?―preguntó Oz medio dormido y con una mano protegiendo sus ojos del efecto solar.

¡Mierda!, ahora estaba perdida, ¿qué le diría a Oz?, no podía mostrarme tan afectuosa, eso mancharía mi reputación, así que decidí por lo simple, ser la yo que todos conocen.

― Al fin despiertas, sirviente―articulé calmadamente.―No puede ser que tenga que venir a buscarte a tus aposentos, siendo que aquí tú eres el sirviente―le miré desde la altura que me confería estar parada.

―Lo siento Alice, no fue mi intención molestarte―dijo de forma apesadumbrada.― Siento haberte causado la molestia de preocuparte por mí y de paso abrir las ventanas― dicho esto me guiño un ojo.

Ese maldito, ¿cómo se atrevía a sugerir que estaba preocupada por él?

Caminé en dirección a la puerta del dormitorio para salir, en eso sentí una mano apresando mi muñeca derecha.

―Por favor―escuché que dijo Oz.― No te vayas aún.

Y eso fue todo, mi barrera cayó, no pude negarme a su petición y menos en ese estado. Ya no me preocupaba si el cabeza de algas estuviera escuchando del otro lado o si mi decisión de quedarme ahí me trajera una discusión con él más tarde, solo podía pensar en él, en Oz.

― Viendo que mi presencia es requerida aquí―dije mientras me daba vuelta lentamente hacia Oz.― Creo que me quedaré un rato más.

Ahora pude observar perfectamente al rubio parado frente a mí, tenía la mirada un poco perdida y aún conservaba la ropa del día anterior, lo que me indicaba que ni siquiera se había cambiado desde que llegamos del "camping".

― Oz―lo llamé― no creo que te haga bien dormir con la misma ropa.

Ni siquiera me escuchó, solo conseguí que soltara mi muñeca y se dirigiera nuevamente hacia su cama.

Trepó hasta el colchón, logrando botar un par de almohadas que estaban desparramadas encima, se acomodó nuevamente en el lado derecho y me llamó.

―Ven Alice, estírate un rato aquí conmigo―dijo de forma alegre y sonriéndome un poco.

Me acerqué hasta donde se encontraba, subí a la cama hasta quedar acostada al costado izquierdo de él y le pregunté.

―Oz―dije en forma casi de un susurro― ¿aún estás enojado por la nota que nos encontramos ayer?

―No, creo que de alguna forma ya se me pasó―me contestó―pero aún sigo pensando en ello, en lo que sugería…

―Creo que no sugería mucho, estaba claramente explícito que me querían a mí a cambio de que tú seas libre de nuestro enlace―di media vuelta y le toqué certeramente el lugar en el pecho donde tenía el reloj.

Me miró por un rato, luego se giró para poder seguir mirando al techo.

― ¿Sabes? Pienso que no sería tan mal plan hacer lo que decía aquella nota―le comenté― así podríamos seguirle el juego y ver quién está detrás de esto.

― Ni siquiera lo pienses―me respondió―jamás podría hacerte algo así, Alice. ― Solo pensar en lo que puedan hacer contigo… ―dijo Oz con molestia, para luego suspirar y poder calmarse―Además, estarías sola y es algo que no permitiré, sé lo que es estar sin nadie y no quiero que tu vuelvas a pasar por algo así.

―Solo, piénsalo…―me levanté sobre un codo y me acerqué a su oído, para susurrarle―Oz.

Y luego de esa profunda conversación le di una mordida en su mejilla más cercana a mí, para luego levantarme de su cama y dirigirme al fin a la puerta.

―Grave error―pensé en cuanto la crucé.

Inmediatamente en el momento que puse un pie fuera de la habitación de mi sirviente, me encontré cara a cara con tres pares –no exactos, más bien dos pares más uno- de ojos preguntones, además que un par de ellos me observaba con cierto ceño fruncido particularmente molesto.

―Coneja―dijo Gilbert apretando la mandíbula.

― ¡Oh! Qué maravilla, Xerxes, ¿sabías que Alice se llevaba así de bien con nuestro pequeño Oz?―dijo la Srta. Rainsworth alegremente.

― Creo, mi querida princesa, que malinterpretas la situación―comentó el payaso de Break entre risillas.

― Claramente―habló por fin el cabeza de algas―no creo que Oz hiciera algo como lo que ustedes pensaban o hacen a menudo―comentó sarcásticamente levantando una ceja en dirección a los aludidos.

― ¿Qué es lo que hacen a menudo?―pregunté curiosa.

―Nada querida, son cosas de adultos―respondió Rainsworth ruborizándose.

― Bien, en ese caso, creo que me iré a mis aposentos―dije antes de que me hicieran seguir perdiendo el tiempo.

Pasé de largo entre el grupo y seguí caminando normalmente. Al llegar a cierto punto de la Mansión tomé dirección hacia los jardines, para poder pensar mejor mi siguiente movimiento, caminé hasta un grupo de arbustos que formaban un camino hacia una pérgola, en donde me aposenté.

Una vez que estuve cómoda y a una distancia favorable de la mirada de curiosos, pude empezar a deliberar. Primero que nada, tenía claro que Oz no quería que me arriesgara, pero si yo no lo hacía lo haría él. Al parecer tendría que hacer lo que nunca quise, hablar con Raven.

El final del hilo de mis pensamientos fue todo una sorpresa, pensar que tendría que hablar con él, ese ser que siempre está fastidiándome, lo único bueno que podría salir de esto, era que por lo menos Gilbert quiere lo mismo que yo, mantener a salvo a Oz. Por ello, cuando tuve todo claro miré hacia el cielo, el cual había oscurecido bastante desde que me senté a divagar en la pérgola, ni siquiera me había dado cuenta que pasé de largo la hora de cenar, tendría que escabullirme a la cocina, lo cual no siempre era grato, dado que el cocinero en jefe era un tanto desagradable con la gente que no debía estar ahí.

Sin dar más rodeos a la situación me puse de pie, estiré un poco el cuerpo antes de salir a andar en dirección a la cocina, debía estar en forma para poder pasar al cocinero y robar algunas provisiones para el resto de la noche, además tenía que hacer una visita a la habitación de Raven, para lo cual iba a necesitar estar con energía que solo la carne en éstos momentos me podría brindar.

Después de una larga y extenuante pelea de a lo menos media hora en el lugar de la preparación de los alimentos, pude finalmente ser un poco feliz, todo gracias a la bendita sensación de un estómago bien contento.

Anduve vagando por los corredores, salones y pasajes secretos de la Mansión por un rato, así podría despistar a la gente curiosa de mi verdadera causa, entrar a hurtadillas a la habitación de Gilbert.

― ¡Wow! Dije Gilbert en mis pensamientos―me hablé― realmente esta situación me está afectando. Y moví la cabeza en signo de negación.

Después de hablarme, cosa que está sucediendo a menudo en éste último tiempo, conseguí llegar hasta la puerta del cabeza de algas, ni siquiera golpeé antes de entrar, solo tomé la manilla y la hice girar, encontrándome con un Raven totalmente vestido -gracias al cielo- apostado en una ventana abierta, pues obviamente se encontraba fumando.

― ¿Qué diablos haces aquí, Coneja malhumorada?―me habló Raven después de recuperarse de la impresión de verme en su alcoba.

― ¡Chist!―alcé mi mano en signo de silencio―vengo a hablar de Oz.

― Bien, esto es extraño―se rasco la cabeza afirmando lo dicho― ¿Qué puedes venir a decirme de Oz que yo no sepa?

― No mucho, pero por lo menos vengo con un plan debido a lo sucedido ayer.

Me miró con aire de desconfianza, pero finalmente ganó la preocupación por su amo.

― Dispara―fue todo lo que Raven dijo en un buen rato.

Y entonces, empecé a hablar, no me callé nada, ni el plan que tenía en mente y menos siquiera mis preocupaciones para con mi sirviente.

Después de un largo silencio, producido por el efecto de mis palabras en Gilbert, éste se decidió a hablar.

―Creo―dijo un poco mareado por el torrente de información― que no está mal para ser solo una mocosa molesta.

Eso me afectó, ¿desde cuándo el cabeza de algas me trataba como si yo fuera humana?

―Al parecer―comenté después de haberme recuperado de la impresión― comienzo a gustarte, cabeza de algas. Sonreí de lado cuando lo dije.

― Tal vez―fue todo lo que me respondió.

―Entonces―arrastré las palabras.

―Entonces, Alice―remarcó mi nombre― tenemos un trato, ¿te parece?

Me lanzó una mirada algo divertida, estaba segura que él esperaba el uso de su nombre en mis labios.

―Correcto, Gilbert―también hice uso del suyo― tenemos un trato de silencio y cooperación.

De esa manera nos acercamos y enlazamos nuestras manos en un fuerte y estable apretón, sellando así nuestro compromiso.

―Ahora―pronunció, apagando su cigarrillo en el cenicero que tenía en su otra mano― tenemos que organizar todo el asunto, para llevarlo a cabo a la perfección, porque por mucho que quiera deshacerme de ti, Coneja molesta, a mi amo no le haría la menor gracia―argumentó un Gilbert un tanto animado.

―Por supuesto que no estaría de acuerdo ignorante, sin mí, él estaría perdido en éste mundo y lo sabes tan bien como yo―repliqué.

―No te atribuyes tantas propiedades―me respondió, mientras se acomodaba en un sillón cercano a la ventana.― Una cosa es que estemos de acuerdo en proteger a mi amo y otra muy distinta es aceptarte como parte de la familia.

―No entiendo―respondí, sinceramente me costaba trabajo entender algunas cosas de éste mundo.

―Nada importante que debas entender ahora, Coneja.

Desde ese momento empezó la planificación, menos mal que había traído algunos dulces y galletas que le robé al payaso en otra ocasión, puesto que se hizo muy largo todo el proceso. Teníamos que ajustar hasta los más mínimos detalles de nuestros movimientos, además de tener aces bajo nuestras mangas, dado que no sabíamos los movimientos que Oz podría hacer mientras poníamos en práctica los nuestros.

De esa forma se nos fue la noche y en un instante que no recuerdo me quedé dormida en el sofá al frente de Gilbert.