Disclaimer: Ninguno de los personajes de Pandora Hearts me pertenecen, son de la propiedad de Jun Mochizuki y su increíble imaginación, solo algunos -posiblemente- serán creados por mí.
Holitas, espero que estén de lo mejor y de vacaciones, no como yo, que estoy muerta de cansancio y sin vida gracias a la Universidad, es por ello que no he actualizado hace un rato, mil disculpas, pero el estrés de los trabajos + calor de verano = muerta x_x
Así que entre el poco tiempo libre que encontré hice éste capítulo, creo que tiene algunas fallas, pero mi cabecita no daba para más …
¡Ahh! Y quiero dar las gracias a todas las personas que han leído el fic, es por ellas que hice el esfuerzo -y también 'flojear' con algunos trabajos- para terminar el cap. así es que espero sus críticas y/o comentarios ;)
Todo empezó con una nota.
Capítulo III
Malentendidos y Justificaciones.
Estaba corriendo a través de un pasillo interminable, veía muchas puertas pero solo quería llegar hasta el final. Seguí corriendo hasta que alcancé una salida, estiré mi mano, mis dedos rozaron la manilla y…
Me levanté de golpe y choqué con una cabeza oscura arriba de la mía.
― ¡Auchh! ―me sobé la frente―. Cabeza de Algas, ¿qué haces en mis aposentos?
― Deja recordarte Coneja, que anoche dormiste en mi sillón.
Gilbert se alejó de mi posición, debo decir que ya tenía un cigarrillo en su boca, y me observó desde su cama. Palpé donde me encontraba y si, era un sillón, el sillón del cabeza de algas para ser exacta. Cuando me restauré por completo pude recordar todo lo concerniente a la noche pasada.
―Tengo que irme, ¿qué hora es?
―Es casi la hora de desayunar, yo que tú me apuro en salir, antes que alguien te vea―comentó con malicia el maleducado del sirviente de Oz.
Tomé un cojín y se lo tiré, con una precisión digna de mi, directo a la cara y antes que me dijera algo me levanté y corrí hasta la puerta de entrada.
Giré triunfante la manilla sin tomar en cuenta el peligro de salir y ser vista por alguien, grave error, me topé cara a cara con el Tío Oscar.
― ¡Oh! Pero si no es la pequeña Alice―me miró de arriba hacia abajo con una sonrisa curva en sus labios.
― T-í-i-i-o Oscar―fue lo más inteligente que se me ocurrió.
―Alice, pequeña, creo que no deberías estar en ésta habitación a tan temprana hora, ¿qué estabas haciendo?
―Etto, necesitaba ver a Gilbert, pero ya me iba, el desayuno me espera― y sin más me fui volando en dirección al comedor, esperando que el Tío Oscar no dijera nada.
El Tío Oscar se quedo pensativo afuera del dormitorio de Gilbert, espero y espero, hasta que salió 15 minutos después que Alice.
―Así que, Gilbert, siempre te dije que encontrarás una mujer para tu vida, pero nunca mencioné que fuera una señorita tan joven.
Gilbert se quedo petrificado al escuchar esa voz, una de las voces más molestas en su corta vida, la del Tío Oscar.
―Hola Tío Oscar, ¡qué temprano has venido a visitar a Oz!
―No me estoy refiriendo a eso muchachito, creo que necesitamos hablar.
Esa última frase 'creo que necesitamos hablar' fue una de las más aterradoras en toda la vida de Gilbert, él ya se estaba imaginando qué clases de preguntas insidiosas le tendría preparadas y no escucharía razones o la verdad del asunto. Suspiró.
―Tío Oscar, creo que estás confundiendo lo sucedido, es más, no me molestaría comentarte los hechos.
―Oh, mi pequeño Gilbert―al Tío Oscar le lagrimearon los ojos―. Nunca pensé que llegaría el momento en que me hablarías de ello―saco un pañuelo de seda para secarse una lágrima solitaria―.
―Nonononono, no es lo que piensas, ¿porqué siempre tus pensamientos se dirigen a lo peor?―le preguntó. A Gilbert le sudaban las manos.
―Entonces, dime de qué se trata y…―Tío Oscar hizo una pausa dramática―. Callaré―finalizó.
―Es sobre Oz, siempre se trata de él y su seguridad, lo sabes.
―A mi me parece que con lo que vi, Oz bien puede llevarse una gran desilusión.
―Solo…―Raven alzó la mirada de sus manos y miró a los ojos a su Tío Oscar―. Déjame explicarte…
―La comida a estado excelente, estoy tan contenta…―exhalé y me limpié la boca con el torso de mi brazo.
― ¡Alice, tus modales!―me reprendió la Srta. Rainsworth desde el otro extremo de la mesa.
El payaso de Break solo se limitó a taparse la sonrisa con su brazo y de paso a hablar con Emily que estaba presente el día de hoy.
Le lancé con gusto un pedazo de mi presa por acabar de pavo, la esquivó olímpicamente, solo para tirarme otra en respuesta.
Estaba a punto de responder aquél acto de violencia en contra de mi persona cuando capto mi atención una mirada intensa.
―Alice, pequeña―me llamó el Tío de Oz―. ¿Me harías el favor de honrarme con tu presencia en la oficina principal? Gilbert ya nos está esperando…
Me mordí el labio inferior, solo de nervios.
―Ya voy.
Me paré de la mesa, sin antes recibir miradas curiosas por parte de los presentes, lo único que me alteraba en ese momento era la no presencia de Oz en el comedor.
Tal vez aún no se ha levantado, pensé, o puede que esté ensimismado en algún libro de caballeros que tanto le gusta leer.
Mientras ocupaba el tiempo en pensar en mi sirviente, sin darme cuenta mis pasos me dirigieron automáticamente al despacho central de la mansión. En el instante que me topé con la entrada del salón me entraron las dudas del porqué me necesitan en ese lugar.
Abrí la puerta y me encontré con Oz cara a cara, me miró un tiempo para luego dar media vuelta y salir de la habitación, sin ni siquiera dirigirme un saludo.
― ¿Qué pasa aquí?―pregunté malhumorada al Tío y Cabeza de Algas, no sin antes tirarme en un sillón y cruzarme de brazos, para reforzar mi enojo.
―Es…―Gilbert me miraba dubitativo―. Complicado―terminó la frase, para soltar una bocanada de humo, claramente en situaciones complejas siempre fumaba y por lo visto ésta era una de esas.
―Tenemos un pequeño malentendido con mi sobrino, nada más―sonrió el Tío Oscar para calmar el ambiente, pero a mí no me convencía.
― ¿Qué clase de 'problema'?―me imaginé que estaban siendo alarmistas, seguramente no era nada.
―Del tipo en que estás saliendo de la habitación de Gil por la madrugada, ¿te suena conocido, jovencita?
Me quedé pensativa, solo me había visto él, además no le veía nada de malo a ello.
―No encuentro lo negativo… ―comenté.
―Coneja―al escuchar que me llamaba el Cabeza de Algas por mi apodo, le lancé una mirada asesina, recordándole nuestro pacto―. Quiero decir, Alice―se corrigió rápidamente―. Sucede que el Tío Oscar, aquí presente, no fue el único observador de esa escena, también lo fue Oz…
― ¿Y? sigo sin comprender el alboroto―respondí, mientras desenvolvía un caramelo.
―Querida―el Tío se acercó hasta el lugar donde me encontraba―. Sucede que mi sobrino tiene una amplia imaginación y comprenderás que tú saliendo del dormitorio de Gilbert a tan temprana hora es realmente sospechoso…
Seguía sin comprender, insisto están siendo alarmistas, miré con extrañeza a Gilbert a ver si me podía explicar mejor ésta extraña situación.
El sirviente de Oz solo me miró un poco ruborizado y fue a parar a la ventana más cercana para apoyarse y exhalar el humo tóxico que consumía.
―Sucede Alice, que en éste mundo muchas veces se asocia éste tipo de comportamiento, el salir de una habitación que no te pertenece esperando que nadie lo note, es raro por decir poco, es más―miró de soslayo al Tío Oscar― se asocia directamente que pasaste la noche con el dueño del dormitorio.
―Pero eso es verdad―contesté.
Obviamente habíamos pasado la noche juntos planeando nuestro proyecto 'salvemos a Oz'.
El Tío Oscar, que en esos momentos se encontraba bebiendo una taza de café, expulsó el contenido de su boca, solo para mirarnos ―a Gilbert y a mí― de un lado al otro.
―Tú―apuntó al Cabeza de Algas con su mano libre―. Me dijiste que no había pasado nada de nada, ahora ¿cómo quieres que vea a la cara a Oz?
Yo, particularmente no entendía, me sentía excluida de su conversación, solo atiné a quedarme en mi puesto mientras escuchaba las idas y venidas entre ellos, debo destacar algunas frases que me sonaron más raras que otras, por ejemplo, 'Es una niña, ¿cómo pudiste hacerlo?', ¿hacer el qué? ó bien 'Tío, ya te mencioné que solo hablamos, no hubo cosas de adultos' y yo me sigo preguntando, ¿qué son las cosas de adultos? Claro a mí nadie me explica nada, creo que tendré que preguntarle a la Srta. Rainsworth y en su defecto a Oz, si es que me vuelve a dirigir la palabra.
Después de algunos minutos pude percibir el cambio de ambiente entre ellos y al fin me atreví a preguntar.
― ¿Para qué estoy aquí?
―Gilbert ya me ha puesto al tanto de su situación y lo referente hacia Oz, por lo tanto he decidido colaborar en ello.
―De ésta forma propongo que empecemos hoy con nuestros movimientos Alice―agregó el moreno.
―Por mí no hay inconvenientes, eso lo sabes Gilbert―le respondí. Lo único que quería era ponerme en acción.
―Entonces…Hoy se realizará un evento en ésta mansión, vendrá mucha gente de Pandora y creo que sería un buen momento para contactar con éste personaje misterioso que requiere a Alice.―dijo el Tío mientras se paseaba por la habitación.
―El problema radica en que el tipo de la nota no dice exactamente cómo encontrarlo…―adjuntó Gilbert.
―Qué tal si liberamos por unos instantes mi poder, a lo mejor aparecerá otra vez esa chain asquerosa de araña―sugerí.
―Es probable―aceptó el Tío―. Pero tendríamos que pensar en cómo hacer que Oz se deje liberar el sello de su pecho.
―Tendríamos que engañarlo, aunque no me guste―comentó un pensativo Gilbert.
―Ya sé, tengo el plan perfecto para que funcione.
Me levanté de un salto del sillón apenas se me ocurrió el plan maestro de todo el asunto y me dispuse a explicarles cómo proceder durante el día.
A las horas después, en el evento de Pandora…
Me encontraba apoyada en uno de los pilares centrales del comedor, lugar donde la mayoría de las personas se estaban reuniendo. La Srta. Rainsworth me había cambiado de ropa, poniéndome un vestido que según ella era hermoso y muy adecuado para la ocasión, además dijo que Oz se alegraría mucho al verme así, no tengo la menor idea del significado de aquello, pero no le presté más atención.
Según las indicaciones que habíamos acordado con anterioridad, tenía que esperar una señal precisa para comenzar a actuar, cosa que aún no sucedía y me estaba aburriendo, pronto tocarían los músicos y sería el instante preciso para hacer funcionar nuestro propósito.
Hace un rato que Oz apareció en el lugar, pero no se ha acercado a hablarme, ni nada, tengo la leve sospecha que aún sigue enojado conmigo, pero aún no comprendo del todo el porqué.
Lo seguí con la mirada por bastante tiempo, hasta que se redirigió hasta mi lugar.
―Alice, ¿me concederías ésta pieza?―me dijo seriamente y sin esperar respuesta me tomó por la cintura.
Giramos una, dos, tres, cuatro veces y perdí la cuenta. En ninguna de ellas me hablo, así que decidí hacerlo yo.
― ¿Oz?―pregunté tímidamente―. ¿Estás enojado?
Me miró durante algunos segundos y me hizo girar.
―Un poco, Alice.
― ¿Qué te molesta?
―En éste momento, Gilbert…y tú.
Me quede quieta, que recordara no había hecho nada mal para incordiar a Oz.
― Oz…―susurré suavemente y me apegué un poco más a él.
―Está bien Alice, si quieres estar con él―me dedicó una sonrisa sombría― pero preferiría que no juegues conmigo…
―Yo no quiero estar con el Cabeza de Algas en una misma habitación…
―Pero…―dudó por un momento― por la mañana no te veías molesta cuando salías desde su dormitorio.
Me paré mientras todas las demás parejas seguían el ritmo de la canción.
―Oz… en cuanto a eso, hay una muy simple respuesta, me quedé dormida en su sillón, pero no fue intencional, sabes que me quedo dormida en cualquier parte.
Mi sirviente me quedo mirando, tratando de asimilar lo dicho y cuando lo hizo volvió a continuar con nuestras vueltas al compás de la música por la sala.
― Alice, eres una tonta―y dicho eso me sonrió, pero una de esa sonrisas auténticas de Oz.
―Cómo que tonta…
Y antes de que terminara la frase ocurrieron dos cosas a la vez. La primera, fue la señal que estaba esperando y la segunda, fue el beso de Oz…
