Haruka llego hasta su casa. Era ésta vieja y bastante lúgubre; sólo haruka vivía en ella. La calle era tan obscura. Que el mismo haruka, que la conocía piedra por piedra, se veía obligado a cruzarla a tientas. La niebla y la helada se agolpaban de tal modo ante la negra entrada de la casa.

Hay que advertir que no había absolutamente nada de particular en el llamador de la puerta, salvo que era de gran tamaño, hay que hacer notar también que haruka lo había visto, de día y de noche, durante toda su residencia en aquel lugar, y también que poseía tan poca cantidad de lo que se llama fantasía como cualquier otro hombre de la ciudad de Londres. Teniendo también en cuenta que haruka no había dedicado un solo pensamiento a setsuna desde que aquella tarde hizo mención de los siete años transcurridos desde su muerte. Y ahora, que me explique alguien, si puede, cómo sucedió que haruka, al meter la llave en la cerradura, vio en el llamador -sin ninguna mágica influencia-. no un llamador, sino la cara de setsuna.

La cara de setsuna. No era una sombra, como los demás objetos de la calle, estaba iluminada por una luz. No aparecía colérica ni feroz, sino que miraba a haruka como ella acostumbraba: se agitaban curiosamente sus cabellos, como ante un soplo de aire y sus ojos, aunque se hallaban abiertos por completo, estaban absolutamente inmóviles. Todo eso, y su palidez, le hacían horrible.

Haruka creyendo que todo era una ilusión cerró sus ojos y al abrirlo vio que el llamador era otra vez este. Decir que no se sintió inquieto o que su sangre no experimentó una terrible sensación, desconocida desde la infancia, sería mentir. Pero llevó la mano a la llave que había abandonado.

Entro en su hogar se detuvo con algo de miedo antes de cerrar la puerta, y miró detrás de ella con desconfianza, esperando encontrar otra vez la cara de setsuna pegada en la parte exterior pero no había nada sobre la puerta, excepto los tornillos y tuercas que sujetaban el llamador, por lo cual exclamó: "¡Bah, bah!". y la cerró de golpe. Cruzó el zaguán y empezó a subir la escalera lentamente, solo siendo alumbrado su paso por una pequeña vela. La obscuridad es barata y por eso agradaba a Haruka. Pero antes de cerrar la pesada puerta, registró las habitaciones para ver si todo estaba en orden; precisamente deseaba hacerlo, porque seguía en él el recuerdo de aquella cara.

La salita, el dormitorio, el cuarto de trastos, todo estaba normal. Nadie debajo de la mesa, nadie debajo del sofá; Nadie debajo de la cama; nadie en el gabinete; nadie dentro de la bata, que colgaba de la pared en actitud sospechosa. El cuarto de los trastos, como siempre. El viejo guardafuegos, los zapatos viejos, el lavabo de tres patas y un atizador.

Enteramente satisfecho, cerró la puerta y echó la llave, dándole dos vueltas, lo cual no era su costumbre. Asegurado así. Contra toda sorpresa, se quitó la corbata, se puso la bata, las pantuflas y el gorro de dormir, y se sentó delante del fuego para tomar su cena.

Era en verdad un fuego insignificante: nada para noche tan cruda.Se Vio obligado a arrimarse a él todo lo posible, cubriéndolo, para poder extraer la más pequeña sensación de calor de tal puñado de combustible. El hogar era viejo, construido por algún comerciante holandés mucho tiempo antes, y pavimentado con extraños ladrillos holandeses, que representaban escenas de las Escrituras. No obstante, aquella cara de setsuna, muerta siete años antes; llegaba como la vara del antiguo Profeta y hacía desaparecer todo. Si cada uno de los. Pulidos ladrillos hubiera estado en blanco, con virtud para presentar sobre su superficie alguna figura proveniente de los fragmentados pensamientos de haruka, habría aparecido una copia de la cabeza de setsuna sobre todos ellos.

-¡tonterías! -dijo haruka, y empezó a pasear por la habitación.

Después de algunos paseos, volvió a sentarse. Al recostarse en la silla, su mirada fue a tropezar con una campanilla, una campanilla que no se utilizaba. colgada en la habitación. y que comunicaba para algún servicio olvidado, con un cuarto del piso más alto del edificio. Con gran admiración, y con extraño e inexplicable temor, vio que la campanilla empezaba a oscilar. Oscilaba tan suavemente al principio, que apenas producía sonido; pero pronto sonó estrepitosamente y lo mismo hicieron todas las campanillas de la casa. Duro medio minuto, un minuto, mas a haruka le pareció una hora. Las campanillas dejaron de sonar como habían empezado: todas a la vez. A aquel estrépito siguió un ruido rechinante, que venía de la parte más profunda, como si alguien arrastrase una pesada cadena sobre los toneles del sótano del vinatero. Entonces recordó haruka haber oído que los espectros que se aparecían en las casas se presentaban arrastrando cadenas.

La puerta del sótano se abrió con estrépito y luego se oyó el ruido con mucha mayor claridad en el piso de abajo: después el joven oyó que el ruido subía por la escalera: después, que se dirigía derechamente hacia su puerta.

-tonterías, nada más! -dijo haruka-. No quiero pensar en ello.

Sin embargo, cambió de color cuando, sin detenerse, el Espectro pasó a través de la pesada puerta y entró en la habitación ante sus ojos. Cuando entró, la moribunda llama de la vela dio un salto, como si gritara: "¡La conozco!· ¡Es el espectro de Meioh!", y volvió a caer.

La misma cara, exactamente la misma. setsuna, con sus cabellos largos, su traje habitual. La cadena que arrastraba llevaba alrededor de la cintura; era larga y estaba sujeta a ella como una cola, y se componía (pues haruka la observó muy de cerca) de cajas de caudales, llaves, candados, libros comerciales, documentos y fuertes bolsillos de acero. Su cuerpo era transparente, de modo que Haruka podía ver a través de ella.

haruka había oído decir muchas veces que setsuna no tenía entrañas; pero nunca lo había creído hasta entonces.

No, ni aun entonces lo creía. Aunque miraba al Fantasma de parte a parte y le veía en píe delante de él, aunque sentía la escalofriante influencia de sus ojos fríos como la muerte, y comprobaba aún el tejido del pañuelo que le rodeaba la cabez, el cual no había observado antes, se sentía aún incrédulo y luchaba contra sus sentidos.

-¿Quién eres? -dijo haruka, cáustico y frío como siempre-. ¿Qué quieres de mí?

- pregúntame quien fui - contestó la voz de setsuna, pues tal era, sin duda.

-¿Quién fuiste pues? -dijo haruka, alzando la voz.

-En vida fui tu socia, Setsuna Meoih.

- ¿setsuna eres tú?- le dijo aun dudando de que fuera su socia.

-¿No crees en mí? -preguntó el Espectro.

-No -contestó haruka.

-¿Qué evidencia deseas de mi existencia real, además de la de tus sentidos?

-No lo sé.

-¿Por qué dudas de tus sentidos?

-Porque lo más insignificante -dijo haruka- les hace impresión. El más ligero trastorno del estómago les hace fingir. Tal vez eres un trozo de carne que no he digerido, un poco de mostaza, una miga de queso, un pedazo de patata poco cocida. Hay más de guiso que de tumba en ti, quien quiera que seas.

Haruka no tenía mucha costumbre de hacer chiste. Lo cierto es que procuraba mostrar agudeza como medio de distraer su propia atención y ahuyentar su terror, pues la voz del Espectro le trastornaba hasta la médula de los huesos.

Entonces el Espíritu lanzó un grito espantoso y sacudió su cadena con un ruido tan terrible, que haruka tuvo que apoyarse en la silla para no caer desmayado. Pero mayor fue su espanto cuando el Fantasma, quitándose la venda que le ceñía la frente, como si notara demasiado calor dejó caer su mandíbula inferior sobre el pecho. Haruka cayó de rodillas y se llevó las manos a la cara.

-¡Perdón! -exclamó-. Terrible aparición, ¿por qué me atormentas?

-Haruka recuerdas que en vida robaba a las viudas y estafaba a los pobres

Si y todo en un mismo día tenias mucho talento setsuna- el fantasma inflo el pecho de orgullo pero de repente recapacito y grito.

Nooo hice mal y como castigo tengo que cargar con estas cadenas toda la eternidad - El Espectro lanzó otro grito y sacudió la cadena, retorciéndose las manos espectrales.

Estas encadenada -dijo haruka temblando-. Dime por qué.

Llevo la cadena que forjé en vida -replicó el Espectro-. La hice eslabón a eslabón, metro a metro; la ciño a mi cuerpo por mi libre voluntad y por mi libre voluntad la usare por el resto de la eternidad. No hay esperanza estoy perdida.

Haruka temblaba cada vez más.

Y lo mismo te pasara a ti Haruka Tenoh- decía el espectro señalándolo-¿O quieres saber -prosiguió el Espectro- el peso y la longitud de la cadena que tendrás que soportar? Era tan larga y tan pesada como ésta hace siete Nochebuenas. Desde entonces la ha aumentado. y es una cadena tremenda.

Haruka vio al suelo alrededor del Espectro. Creyendo encontrarle rodeado por unas cincuenta o sesenta brazas de férreo cable; pero nada pudo ver.

No no ayudame setsuna – suplicaba Haruka.

Al oír esto. el Espectro lanzó otro grito, haciendo rechinar .la cadena de modo espantoso en el sepulcral silencio de la noche.

-Oídme -gritó el Espectro-. Mi tiempo va a acabarse.

-Bueno -dijo haruka-. Pero no me mortifiques, setsuna, te lo suplico!

-Lo que no me explico es que haya podido aparecer ante ti como una sombra que puedes ver, cuando he permanecido invisible a tu lado durante días y días.

No era una idea agradable. haruka se estremeció y se enjugó el sudor de la frente.

-Eso no es lo que menos me aflige -continuó el Espectro-. He venido esta noche a advertiros que aun puedes tener esperanza de escapar a tu destino fatal: una esperanza que yo te proporcionaré.

-Siempre fuiste una buena amiga mía -dijo haruka-. Gracias.

-esta noche vendrán a visitarte -continuó el Espectro de setsuna- tres Espíritus.

El rostro de haruka se alargó casi tanto como lo había hecho el del Espectro.

Escuchalos, haz lo que digan o tus cadenas serán peores que las mias.

¿Es ésa la esperanza de que hablabas setsuna? -preguntó con voz temblorosa.

Esa.

Yo... yo preferiría no verlos -dijo haruka.

Sin su vista -replicó el setsuna- no podras evitar la senda que yo sigo. Esperad al primero mañana, cuando la campana anuncie la una.

¿No podría recibir a todos de una vez, para terminar antes? -insinuó haruka.

NO, por tu bien, de recordar lo que ha pasado entre nosotros.

Dichas tales palabras, el Espectro tomó su pañuelo de encima de la mesa y se lo ciñó alrededor de la cabeza, como antes. haruka conoció en el agudo sonido que hicieron los dientes al juntarse las mandíbulas por medio de aquel vendaje. Se aventuró a levantar los ojos y encontró a su visitante sobrenatural mirándole de frente, en actitud erguida, con su cadena alrededor del brazo. ,

La aparición fue apartándose de haruka hacia atrás, y a cada paso que daba, se abría la ventana un poco, de modo que cuando el Espectro llegó a ella estaba de par en par. Hizo señas al joven para que se acercara, y éste obedeció. Cuando estuvieron a dos pasos uno de otro, el espectro de setsuna levantó una mano, advirtiendole que no se acercara más. Y este se detuvo.

No tanto por obediencia como por sorpresa y temor, pues, al levantar la mano el Espectro, advirtió ruidos confusos en el aire, incoherentes gemidos de desesperación, lamentos indeciblemente pesarosos y gritos de arrepentimiento. El Espectro, después de escuchar un momento, se unió al canto fúnebre y salió flotando en la helada y obscura noche.

Adiós Harukaaaa adiós!!- fue lo ultimo que le escucho decir a setsuna.

Haruka se dirigió a la ventana, pues se moría de curiosidad. Miró afuera.

El aire estaba lleno de fantasmas, que vagaban de aquí para allá en continuo movimiento y gemían sin detenerse. Todos llevaban cadenas como la del espectro de setsuna, algunos (tal vez gobernantes culpables) estaban encadenados en grupo; ninguno tenía libertad. A muchos los había conocido haruka cuando vivían. Si tales fantasmas se desvanecieron en la niebla, o la niebla los amortajó, no podría decirlo. Pero ellos y sus voces sobrenaturales se perdieron juntos, y la noche volvió a ser como cuando llegó a su casa.

Cerró la ventana y examinó la puerta por donde había entrado el Espectro. Estaba cerrada con dos vueltas de llave, como él la cerró con sus propias manos, y los cerrojos sin señal de violencia. Intentó decir "¡tonterías!", pero se detuvo a la primera sílaba. Y hallándose muy necesitado de reposo, por la emoción que había sufrido, o por las fatigas del día, o por haber visto el Mundo Invisible, o por la abrumadora conversación del Espectro, o por lo avanzado de la hora, se tendió resueltamente en el lecho y al instante se quedó dormido.