Hola aqui les dejo el cuarto capitulo espero que sea de su agrado, este capitulo esta dedicado a isa1181 que gracias a su comentario me animo a seguir esta historia bueno los dejo leer xD

Aunque en aquel momento todo se volvió oscuro acababan de dejar la escuela tras sí y se hallaban entonces en las concurridas calles de una ciudad, donde fantásticos transeúntes iban y venían, donde fantásticos carros y coches pasaban por el camino y donde había todo el movimiento y todo el tumulto de una ciudad verdadera. Se comprendía perfectamente, por el aspecto de las tiendas, que otra vez era la época de Navidad, pero era de noche y las calles estaban alumbradas.

Mina se detuvo a la puerta de Cierto almacén y preguntó a haruka si lo conocía.

-¡Conocerlo! -contestó el aludido-. Aquí fui aprendiz.

Entraron a la vista de un anciano con una peluca de las usadas en el país de Gales sentado tras un pupitre tan alto que si el caballero hubiera tenido dos pulgadas más de estatura habría tropezado con la cabeza en el techo. Haruka gritó excitadísimo:

-¡Si es el anciano Fezziwig! ¡Bendito sea Dios! ¡Es Fezziwig, vuelto a la vida! Nunca he trabajado más para un hombre tan bueno.

El anciano Fezziwig dejó la pluma y miró el reloj, que marcaba las siete. Se frotó las manos, se ajustó el amplio chaleco, se echó a reír francamente, recorriéndole la risa todo el cuerpo, y gritó con una voz agradable, suave, y jovial:

-¡Haruka! ¡Dick!

La imagen de haruka, que ya era un hombre joven; entró alegremente acompañada por la de otro aprendiz.

-¡Dick Wilkins, no hay duda! -dijo haruka al Espectro-. Sí, es él, me tenía verdadero afecto. ¡Pobre Díck! ¡Cuánto le quería yo!

-¡Vamos, muchachos! -dijo Fezziwig-. No se trabaja más esta noche. Es Nochebuena, Dick. Es Nochebuena, Haruka. Cerremos la tienda -gritó el anciano, dando una palmada.

En un momento a otro todos los muebles desaparecieron como si fuesen retirados de la vida pública para siempre, se barrió y se regó el piso, se encendieron las lámparas, el combustible sobre el fuego, y el almacén se convirtió en un salón de baile cómodo, caliente, seco y brillante, que desearías ver en una noche de invierno.

Entró un violinista con un cuaderno de música y colocandose sobre el alto pupitre, hizo de él una orquesta y empezó a rascar el violín, que dejo en las nubes a Haruka pensando que tenia alucinaciones porque estaba viendo a un ángel. Entró la señora Fezziwig, toda sonrisas. Entraron las tres señoritas Fezziwig, radiantes y adorables, entraron los seis jóvenes cuyos corazones sufrían por ellas. Entraron todos los muchachos y muchachas empleados en la casa. Alrededor de veinte personas bailaban al compas de la música.

Mira ahí estoy yo- dijo Haruka señalando a un apuesto joven que estaba solo en una esquina.

Si antes que te convirtieras en un ser miserable consumido por la avaricia- le dijo mina

Nadie es perfecto- Haruka volteo hacia los músicos viendo especialmente a la violinista y dio un fuerte suspiro- ahh mira ahí está la hermosa Michiru.

Se detuvo la música y la violinista salió al encuentro del joven Tenoh

- Haruka!!- lo saludo la hermosa joven, parando de repente su andar.

- este sii… siii Michiru- le dijo el nervioso joven acercándose hacia ella.

La joven le tomo la mano y lo acerco más hacia ella diciéndole con una dulce voz

Haruka ten los ojos cerrados, los labios preparados y bésame que estamos debajo del muérdago- la joven cerro sus ojos mientras su cara se iba acercando a la del joven, hasta tocar sus labios en una suave caricia.

Haruka se puso rojo como un tomate y parecía lejos de ahí, la joven violinista soltó una risita encantadora y tomo de la mano a Haruka y lo llevo a bailar.

Haruka sonrió con melancolía al recordar que había pasado.

- ahhh recuerdo lo mucho que la amaba- dijo Haruka poniendo su mano en su corazón, hasta que la voz de mina lo saco de sus pensamientos.

-Me queda muy poco tiempo -hizo observar el Espíritu-. ¡Hay que apresurarnos!

Tal exclamación no iba dirigida a haruka ni a nadie que estuviera presente, pero produjo un efecto inmediato. De nuevo haruka se contempló a sí mismo. Tenía más edad. Estaba en la primavera de la vida. Su cara no tenía las ásperas y rígidas apariencias de los últimos años, pero empezaba a mostrar las señales de la preocupación y de la avaricia. Había en sus ojos una movilidad ardiente, voraz, inquieta, que mostraba la pasión que había arraigado en él y donde haría sombra el árbol que empezaba a crecer.

No estaba solo, sino sentado junto a una hermosa joven con su cabello suelto al viento que imitaba el color y el vaivén de las olas del mar, sus ojos azules como la profundidad del océano se veían tristes, aquella joven era Michiru kaioh aquella violinista de la fiesta del viejo Fezziwig.

-Poco importa -decía ella dulcemente- Para ti, muy poco. Me ha desplazado otro ídolo.

-¿Qué ídolo te ha desplazado? -preguntó él.

-Un ídolo de oro.

-He ahí la justicia del mundo -dijo haruka-. No hay en él nada tan abrumador como la pobreza, y nada se juzga en él con tanta severidad como la persecución de la riqueza.

-Tienes demasiado temor a la opinión del mundo -contestó ella con dulzura-. Todas nuestras demás esperanzas y sueños se han confundido. Yo he visto desaparecer tus más nobles aspiraciones una por una, hasta que la pasión principal, la Ganancia, te ha absorbido por completo. ¿No es cierto?

-¿Y qué? -replicó él-. Supongamos que me hubiese hecho tan prudente como todo eso ¿y qué? Para ti yo he cambiado.

Ella meneó la cabeza.

-¿He cambiado?

-Nuestro compromiso es antiguo. Lo contrajimos cuando ambos éramos pobres y nos sentíamos contentos de serlo, hasta que consiguiéramos aumentar nuestros bienes terrenales por medio de nuestro paciente trabajo, has cambiado. Cuando tal cosa ocurrió, eres otro hombre.

-Yo era un muchacho -dijo él con impaciencia.

-tu propia conciencia te dice que no eres lo que eres -replicó ella-. Yo sí. Lo que prometía la felicidad cuando éramos uno en el corazón, es todo tristeza ahora que somos dos. Yo ya no tengo lugar en tu corazon, el dinero me lo a quitado. No diré cuántas veces y cuán ardientemente he pensado en ello. Es suficiente que haya pensado en ello y que pueda devolverte la libertad.

-¿He buscado yo alguna vez esa libertad?

-Con palabras, no. Nunca.

-¿Pues con qué?

-Con tu naturaleza cambiada; con tu espíritu transformado; con la diferente atmósfera en que vives; con tus nuevas esperanzas. Con mi amor. Si nada de eso hubiera existido entre nosotros -dijo la muchacha, mirándole suavemente, pero con firmeza-. Dime ¿serás capaz ahora de pretenderme y de conquistarme? iAh, no!

A pesar suyo, él pareció ceder a tal suposición. Pero, haciendo un esfuerzo, dijo:

-No es cierto.

-Me causaría júbilo pensar de otro modo si pudiera -contestó ella-. ¿Dios lo sabe! Cuanto trate de convencerme de una verdad como ésa, Pero sí fueras libre hoy, mañana, al otro día, ¿puedo creer que elegirías una muchacha pobre..., claro que no sólo consideraras la ganancia, te dejo en libertad. Con todo el corazón, pues en otro tiempo te amé, aunque el amor que te tenía haya desaparecido.

Intentó él hablar: pero ella, volviéndole la cara, continuó:

-Tal vez, la experiencia de lo pasado me hace suponerlo, esto te produzca tristeza. Dentro de poco, muy poco tiempo, ahuyentaras todo recuerdo de mi, alegremente, como se ahuyenta el recuerdo de un sueño desagradable, del cual surge felizmente la alegría de lo que se encuentra al despertar. ¡Ojalá seas feliz en la vida que has elegido!

Y se marchó.

-¿Espíritu -dijo haruka-, no me muestres más cosas! Llévame a casa. ¿Por qué gozas torturándome?

- amabas al oro más que a esa pobre muchacha- le dijo mina

- por favor espíritu no soporto mas estos recuerdos. Espíritu sácame de este sitio!!. Grito el joven con la voz destrozada

-Recuerda Haruka estos recuerdos están en tu mente.

Notó que sus fuerzas se extinguían y que se apoderaba de él una irresistible somnolencia y, además, que se hallaba en su propio dormitorio. Apenas tuvo tiempo de tenderse sobre la cama, cayendo en un profundo sueño.