Siguieron adelante, invisibles como habían sido antes, hacia los suburbios de la ciudad. Y ya fuese por el placer que el buen Espíritu experimentaba al mostrar su poder, ya por su naturaleza amable, generosa y cordial y su simpatía por los pobres, condujo a Haruka derechamente a casa de la dependiente de éste, pues allá fue, en efecto, llevando a haruka adherido a su vestidura. Al llegar al umbral, sonrió el Espíritu y se detuvo para bendecir la morada de Serena Tsukino con las salpicaduras de su antorcha. Serena sólo cobraba 2 chelines y un penique semanales: cada sábado sólo embolsaba esa cantidad a su nombre y, sin embargo, el Espectro de la Navidad Presente no dejó por ello de bendecir su morada, que se componía de cuatro piezas.

Entonces se levantó el señor chiba, esposo de serena, vestido pobremente con un traje viejo, que no valdrían más de seis peniques. y en aquel momento estaba poniendo la mesa, ayudada por Rini Chiba, la segunda de sus hijas. También vestida con ropas viejas, De pronto entraron dos niños más pequeños: varón y hembra, diciendo a gritos que desde la puerta de la panadería habían sentido el olor del ganso y habían conocido que era el suyo; y pensando en la comida, estos pequeños se pusieron a bailar alrededor de la mesa.

-¿Dónde estará nuestra madre? -dijo Darien-. ¿Y vuestro hermana chibi chibi? ¿Y Amy que el año pasado, el día de Navidad estaba aquí hace ya media hora?

-¡Aquí estoy, papá! --dijo una muchacha. Entrando al mismo tiempo que hablaba. -¡Aquí está Amy papá! -gritaron los dos pequeños-. ¡Viva! ¡Tenemos un ganso, Amy!

-¿Pero, hija mía, cuánto has tardado? -dijo Darien, besándola una docena de veces y quitándole el sombrero con sus propias manos.

-He tenido que terminar una labor para tener libre la mañana, papá -replicó la muchacha.

-Bueno; es que nunca creí que vinieras tan tarde. Acércate a la lumbre, hija mía, y caliéntate. ¡Dios te bendiga!

-¡No, no! ¡Ya viene mamá! -.gritaron los dos pequeños, que danzaban de un lado para otro-. ¡Escóndete. Amy, escóndete!

Escondiéndose Amy y entró serena, con la bufanda colgándole al menos tres pies por la parte anterior, y su vestido muy usado, pero limpio y zurcido, de modo que presentaba un aspecto muy favorable. Traía sobre los hombros a chibi chibi. ¡Pobre chibi chibi! Tenía que llevar una pequeña muleta y los miembros sostenidos por un aparato metálico

-¿Dónde está Amy? –gritó Serena Tsukino mirando a su alrededor.

-No ha venido -dijo Darien.

-¡No ha venido! -dijo serena, con una repentina desilusión en su entusiasmo, pues había sido el caballo de chibi chibi al recorrer todo el camino desde la iglesia y había llegado a casa dando saltos-. ¡No haber venido siendo el día de Navidad!

A Amy no le agradó ver a su madre desilusionada a causa de una broma, y salió prematuramente de detrás de la puerta, echándose en sus brazos, mientras los dos pequeños empujaron a chibi chibi y le llevaron a la cocina, para que oyese cantar la cacerola.

-¿Y cómo se ha portado chibi chibi? -preguntó Darien, después de burlarse de la credulidad de serena y cuando ésta hubo estrechado a su hija contra su corazón.

-Muy bien -dijo serena- muy bien. Se ha hecho algo pensativa y se le ocurren las más extrañas cosas que he oído. Al venir a casa me decía que quería que la gente la viera en la iglesia, porque ella era un inválido, y sería muy agradable para todos recordar el día de Navidad al que había hecho andar a los cojos y había dado vista a los ciegos.

La voz de serena era temblorosa al decir eso y tembló más cuando dijo que chibi chibi crecía en fuerza y vigor.

Se oyó su activa muleta sobre el pavimento, y antes de que se oyera una palabra más, reapareció chibi chibi escoltada por su hermano y su hermana, que la llevaron a la mesa.

Que esta cocinando- le pregunto Haruka a rei.

Vieron que sacaba del fuego una pequeña ave que mas que parecer ganso parecía una paloma.

Seguro tienen más comida que eso, mira hacia la chimenea, donde había una gran cacerola

Eso es tu ropa sucia.

Todos los miembros de la familia se sentaron a la mesa. La pequeña chibi chibi veía el ave maravillada.

Caramba! mira tantas cosas buenas para comer- dijo la pequeña- hay que darle las gracias al señor Haruka.

Nunca se vio ganso como aquél. Serena dijo que jamás creyó que pudiera existir un manjar tan delicioso. Su blandura y su aroma, su tamaño fueron los temas de la admiración general; y añadiéndole la salsa de manzanas y las patatas deshechas, constituyó comida suficiente para toda la familia. Sin embargo, todos quedaron satisfechos particularmente los más pequeños, que tenían salsa hasta en las cejas.

-¡Felices Pascuas para todos nosotros, hijos míos, y que Dios nos bendiga! – dijo serena. Lo cual repitió toda la familia.

-¡Que Dios nos bendiga a todos! -dijo chibi chibi, la última de todos.

Estaba sentada, arrimadita a su madre, en su taburete. Serena puso la débil manecita de la niña en la suya, con todo cariño, deseando retenerle junto a sí, como temiendo que se la pudiesen arrebatar.

Dime espíritu que le sucede a esa pequeña niña

Mucho me temo que si las cosas no cambian…- Rei se calló en ese momento.

Espíritu -dijo haruka, con un interés que nunca había sentido hasta entonces-. Dime si chibi chibi vivirá.

Veo un asiento vacante -replicó el Espectro- en la esquina del pobre hogar y una muleta sin dueño, cuidadosamente preservada. Si tales sombras permanecen inalteradas por el futuro, la niña morirá.

¡No, no! -dijo haruka-. ¡Oh, no, Espíritu amable! Dime que se evitará esa muerte.

Si tales sombras permanecen inalteradas por el futuro, ningún otro de mi raza -replicó el Espectro- le encontrará aquí. ¿Y qué? Si él muere, hará bien, porque así disminuirá el exceso de población.

Haruka bajó la cabeza al oír sus propias palabras, repetidas por el Espíritu, y se sintió abrumado por el arrepentimiento y el pesar. Bajó la vista hacia el suelo. Pero la levantó rápidamente al oír pronunciar su nombré.

-¡El señor Tenoh! -dijo serena-. ¡Brindemos por el señor Haruka, que nos ha brindado esta fiesta!

-En verdad que nos ha brindado esta fiesta- exclamó Darien, sofocado-. Quisiera tenerle delante para que la celebrara, y estoy seguro de que se le iba a abrir el apetito.

-¡Querido -dijo serena-, los niños! Es el día de Navidad.

-Es preciso, en efecto, que sea el día de Navidad -dijo el - para beber a la salud de un hombre tan odioso, tan avaro, tan duro, tan insensible, como el señor Tenoh.. Ya le conoces, serena. Nadie le conoce mejor que tú, pobrecillo.

-Querido -fue la dulce respuesta de serena-. Es el día de Navidad.

-Beberé a su salud por ti y por ser el día que es -dijo darien- no por él. ¡Qué viva muchos años! ¡Que tenga Feliz navidad y Feliz Año Nuevo! ¡El vivirá muy alegre y muy feliz, sin duda alguna!

Los niños brindaron también. Fue de todo lo que hicieron lo único que no tuvo cordialidad. Haruka era el ogro de la familia. La sola mención de su nombre arrojó sobre los reunidos una sombra obscura, que no se disipó sino después de cinco minutos.