Mientras tanto, había anochecido y nevaba copiosamente; y conforme haruka y el Espíritu recorrían las calles, la claridad de la lumbre en las cocinas, en los comedores y en toda clase de habitaciones era admirable. De pronto, sin una palabra de advertencia por parte del Espectro, se hallaron en una fría y desierta región pantanosa. En la que había derrumbadas monstruosas masas de piedra, como si fuera un cementerio de gigantes, el agua se derramaba por dondequiera, es decir, se habría derramado, a no ser por la escarcha que la aprisionaba, y nada había crecido sino el moho y una áspera hierba. En la concavidad del Oeste, el sol poniente había dejado una ardiente franja roja que fulguró sobre aquella desolación durante un momento, como un ojo sombrío que, tras el párpado, fuese bajando, bajando, bajando, hasta perderse en las densas tinieblas de la obscura noche. Se Sorprendio grandemente haruka mientras escuchaba el bramido del viento y pensaba qué solemnidad tiene su movimiento a través de la aislada obscuridad sobre un ignorado abismo, cuyas honduras son secretos tan profundos como la muerte, reflexionando así, oyó una estruendosa carcajada. Pero se sorprendió mucho más al reconocer que aquella risa era de su sobrina, y al encontrarse en una habitación clara, seca y luminosa, con el Espíritu sonriendo a su lado y mirando a su propia sobrina con aprobadora afabilidad.
-¡Ja, ja! -rió Hotaru -. ¡Ja, ja, ja!
Si por una inverosímil probabilidad sucediera que conocieras una mujer de risa más sana que la sobrina de haruka, me agradaría mucho conocerla. Presentármela y cultivaré su amistad.
Es cosa admirable, demostradora del exacto mecanismo de las cosas, que así como hay contagio en la enfermedad y en la tristeza, no hay nada en el mundo tan irresistiblemente contagioso como la risa y el buen humor. Cuando la sobrina de haruka se echó a reír de esta manera, sujetándose las caderas, dando vueltas a la cabeza y haciendo muecas, con las más extravagantes contorsiones, el sobrino de haruka, sobrino político, se echó a reír tan cordialmente como ella. Y los amigos que se hallaban con ellos también rieron ruidosamente.
-¡Ja, ja! ¡Ja, ja, ja!
-¡Dijo que la Navidad era una tontería -gritó hotaru -. ¡Y lo creía!
-¡Qué vergüenza para él! -dijo el esposo de Hotaru, indignado.
Era muy guapo, extraordinariamente guapo, de cara agradable y cándida, con toda clase de hermosos hoyuelos en la barbilla, que se mezclaban unos con otros cuando se reía, y con los dos ojos más esplendorosos que jamás había visto en una cabecita humana.
-Es un individuo cómico –dijo hotaru - eso es verdad, y no tan agradable como debiera ser. Sin embargo, sus defectos llevan el castigo de ellos mismos, y yo no tengo nada que decir contra él.
-Sé que es muy rico, Hotaru -insinuó el sobrino de haruka-. Al menos siempre me has dicho que lo era.
-¿Y qué, amado mío? -dijo hotaru-. Su riqueza es inútil para él. No hace nada bueno con ella. No se procura comodidades con ella.
-Me falta la paciencia con él -indicó el esposo de hotaru, todos los demás expresaron la misma opinión.
-¡Oh! –dijo hotaru-. Yo lo siento por él. No puedo irritarme contra él aunque quiera. ¿Quién sufre con sus genialidades? Siempre él. Se le ha metido en la cabeza no complacernos y no quiere venir a comer con nosotros. ¿Cuál es la consecuencia? Es verdad que perder una mala comida no es perder mucho.
-Pues yo creo que ha perdido una buena comida -interrumpió su esposo. Todos los demás dijeron lo mismo, y se les debía considerar como jueces competentes, porque en aquel momento acababan de comerla; los postres estaban ya sobre la mesa.
-Bueno! Me alegra mucho oírlo -dijo hotaru- solo...
-Continúa -dijo su esposo-. Ella nunca termina lo que empieza a decir.
hotaru soltó otra carcajada, y como era imposible evitar el contagio todos rieron.
-Solamente iba a decir -continuó la sobrina de haruka- que la consecuencia de disgustarse con nosotros y no divertirse con nosotros es, según creo, que pierde algunos momentos agradables. Estoy segura de que pierde más agradables compañeros que los que puede encontrar en sus propios pensamientos, en su viejísimo despacho o en sus polvorientas habitaciones. Me propongo ir a invitarlo todos los años, le agrade o no le agrade, porque le quiero. Que se burle de la Navidad hasta que se muera; pero no puede menos de pensar mejor de ella, le desafío, si se encuentra conmigo de buen humor, año tras año, diciéndole: "Tío haruka, ¿cómo estás?" Si sólo eso le hace dejar a su pobre empleada cincuenta libras, ya es algo; y creo que ayer le conmoví.
Al oír que había conmovido a haruka, rieron los demás. Pero como hotaru tenía corazón sencillo y no se preocupaba mucho del motivo de la risa con tal de ver alegres a los demás, la sobrina de haruka les animó a divertirse, haciendo circular la botella alegremente.
Haruka se divertía viendo a todos jugando, entonces empezó el juego de adivinar palabras. Habría allí veinte personas, jóvenes y viejos pero todos jugaban, y lo mismo hizo haruka, quien. olvídando enteramente (tanto se interesaba por aquella escena) que su voz no sonaba en los oídos de nadie, decía en alta voz las palabras que había que adivinar, y muy a menudo acertaba.
Al Espectro le agradaba verle de tan buen humor, y le miró con tal benevolencia, que haruka le suplicó, como lo hubiera hecho un niño, que se quedase allí, hasta que se fuesen los invitados. Pero el Espíritu le dijo que no era posible.
-He aquí un nuevo juego -dijo haruka-. ¡Media hora, Espíritu, sólo media hora!
Era un juego llamado sí y no, en el cual la sobrina de Scrooge debía pensar una cosa y los demás adivinar lo que pensaba, contestando a sus preguntas solamente sí o no, según el caso. El vivo juego de preguntas a que estaba expuesto le hizo decir que pensaba en un animal, en un animal viviente, más bien un animal desagradable, un animal salvaje, un animal que unas veces rugía y gruñía y otras veces hablaba, que vivía en Londres y se paseaba por las calles, que no se enseñaba por dinero, que nadie le conducía, que no vivía en una casa de fieras, que nunca se llevaba al matadero, y que no era un caballo, ni un asno, ni una vaca, ni un toro, ni un tigre, ni un perro. ni un cerdo, ni un gato, ni un oso. A cada nueva pregunta que se le dirigía, el sobrino soltaba una nueva carcajada, y llegó a tal extremo su júbilo, que se vio obligado a dejar el sofá y echarse en el suelo. Al fin, el esposo de hotaru, presa también de una risa loca, exclamó:
-¡He dado con ello! ¿Ya sé lo que es, hotaru! ¡Ya sé lo que es!
-¿Qué es? -preguntó esta.
-¿Es tu tío Har-u-u-ka!
Eso era, efectivamente. La admiración fue el sentimiento general, aunque algunos hicieron notar que la respuesta a la pregunta "¿Es un oso?" debió ser "Sí", tanto más cuanto que una respuesta negativa bastó para apartar sus pensamientos de haruka, suponiendo que se hubiera dirigido a él desde luego.
-Ha contribuido en gran manera a divertirnos- dijo hotaru- y seríamos ingratos si no bebiéramos a su salud. Y puesto que todos tenemos en la mano un vaso de ponche con vino yo digo: ¡Por el tío Haruka!
-¡Bien! ¡Por el tío haruka! -exclamaron todos.
-¡Feliz navidad y feliz Año Nuevo, sea lo que fuere! -dijo la sobrina de haruka-. No aceptaría él tal felicitación saliendo de mis labios, pero que la reciba, sin embargo. ¡Por el tío haruka!
El tío Haruka se hubiera dejado poco a poco conquistar de tal modo por el júbilo general, y sentía tan ligero su corazón, que hubiera correspondido al brindis de la reunión, aunque ésta no podía advertir su presencia, dándole las gracias , en un discurso que nadie habría oído, si el Espectro le hubiera dado tiempo. Pero toda la escena desapareció con el sonido de la última palabra pronunciada por su sobrina, y haruka y el Espíritu continuaron su viaje.
Fue una larga noche, si es que todo aquello sucedió en una sola noche; pero Haruka dudó de ello, porque le parecía que se habían condensado varias Navidades en el espacio de tiempo que pasaron juntos. Era extraño, sin embargo, que mientras Haruka no experimentaba modificación en su forma exterior, el Espectro se hacía más viejo, visiblemente más viejo. Haruka había advertido tal cambio, pero nunca dijo nada, hasta que al salir de una reunión infantil donde se celebraban los Reyes, mirando al Espíritu cuando se hallaban solos, notó que sus cabellos eran grises.
-¡Es tan corta la vida de los Espíritus? -preguntó Haruka.
-Mi vida sobre este globo es muy corta -replicó el Espectro-. Esta noche termina.
-¡Esta noche! --gritó Haruka.
-Esta noche, a las doce. ¡Escucha! La hora se acerca.
En aquel momento las campanas daban las once y tres cuartos.
Oooooooooo
Una estrella más se ha unido universo infinito... un nuevo ángel ha nacido y una luz que nunca morirá se ha encendido...
para ti Abuelita... donde quiera que te encuentres...
Siempre vivirás en mi recuerdo. )
