Hoy Es mi Cumpleaños xD así que por eso ahí va otro capítulo, nos acercamos al final de este fic, le agradezco por su apoyo y reviews a isa1181, muchas gracias sin que tu me animaras ya no habría seguido publicándolo por eso este va dedicado a ti :D
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El cuarto estaba muy obscuro, demasiado obscuro para poder observarle con exactitud, aunque Haruka, obediente a un impulso secreto, miraba a todos lados, ansioso por saber qué clase de habitación era aquélla. Una luz pálida, que llegaba del exterior, caía directamente sobre la cama, en el cual estaba el cuerpo de aquel hombre despojado, robado, abandonado por todo el mundo, sin nadie que le velara y sin nadie que llorara por él.
Haruka volteo hacia el Fantasma, cuya rígida mano indicaba la cabeza del muerto. El paño qué la cubría puesto con tal descuido, que el más ligero movimiento, el de un dedo, habría descubierto la cara. Pensó Haruka en ello, veía cuán fácil era hacerlo y sentía el deseo de hacerlo: pero tan poco poder tenía para quitar aquel velo como para arrojar de su lado al Espectro.
Haruka no dejaba de ver la cama Y pensó: "Si este hombre pudiera revivir, ¿cuáles serían sus pensamientos? ¿La avaricia, la dureza de corazón, la preocupación del dinero? ¿ Yace en esta casa desierta y sombría, donde no hay un hombre, una mujer o un niño que diga: "fue cariñoso para mí en esto o en aquello. y ni un recuerdo de una palabra amable para él". Un gato arañaba la puerta. y bajo la piedra del hogar se oía un ruido de ratas que roían. ¿Qué iban a buscar en aquel cuarto fúnebre y por qué estaban tan inquietas? Haruka no se atrevió a pensar en ello.
-¡Espíritu --dijo-, da miedo estar aquí! Al abandonar este lugar no olvidaré sus enseñanzas, te lo aseguro. ¡Vámonos!
El Espectro seguía mostrándole la cabeza del cadáver con su dedo inmóvil.
-lo comprendo -replicó Haruka-, y lo haría si pudiera. Pero me es imposible, Espíritu, me es imposible.
El Espectro pareció verlo de nuevo.
-Espíritu, permíteme ver alguna ternura relacionada con la muerte --dijo Haruka- si no, esta sombría habitación estará siempre en mi recuerdo.
El Fantasma le condujo a través de varías calles que le eran familiares, a medida que marchaban. Haruka miraba a todas partes en busca de su propia imagen, pero en ningún sitio conseguía verla. Entraron en casa de la pobre Serena Tsukino, la habitación que habían visitado anteriormente, y hallaron a Darien y a los niños sentados alrededor de la lumbre.
Tranquilos. Muy tranquilos. Los ruidosos Chiba pequeños se hallaban en un rincón, quietos como estatuas, sentados y con la mirada fija en Amy, que tenía un libro abierto delante de ella. Y Rini se ocupaban en coser. Toda la familia estaba muy tranquila.
"Y tomó a un niño y le puso en medio de ellos." ¿Dónde había oído Haruka aquellas palabras? No las había soñado. Amy debía de haberlas leído en voz alta cuando él y el Espíritu cruzaban el umbral. ¿Por qué no seguía la lectura?
Darien dejó su labor sobre la mesa y se cubrió la cara con las manos.
-Ah, pobre Chibi Chibi- dijo de repente.-Ahora está mejor,- y por nada del mundo quisiera que cuando venga su madre vea que tengo los llorosos. Ya no debe tardar.
-Ya ha pasado la hora -contestó Amy cerrando el libro-. Pero creo que hace unas cuantas noches anda algo más despacio que de costumbre, padre.
Volvieron a quedar en silencio. Al fin dijo Darien con voz firme y alegre, que una sola vez se debilitó:
-Yo le he visto un día andar de prisa, muy de prisa, con... con chibi chini sobre los hombros.
-¡Y yo también -gritó Amy-. ¡Muchas veces
-Y yo también -exclamó otro. y luego, todos.
-Pero chibi chibi era muy ligera de llevar -continuó la Darien volviendo a su labor -y su madre le quería tanto, que no le molestaba, no le molestaba. Pero ya oigo a su madre en la puerta.
Corrió a su encuentro. y la pequeña serena entró con su bufanda -bien la necesitaba la pobre-. Su té se hallaba preparado junto a la lumbre y todos se precipitaron a servírselo. Entonces los dos Chiba pequeños saltaron sobre sus rodillas y cada uno de ellos puso su carita en una de las mejillas de su madre, como diciendo: "No pienses en ello. Madre, no te apenes".
Serena se mostró muy alegre con ellos y tuvo para todos una palabra amable: vio la labor que había sobre la mesa y elogió la destreza y habilidad de Rini.
- terminarás mucho antes del domingo -dijo.
-¡Domingo! ¿Has ido hoy allá, Serena? -preguntó su esposo.
-Sí, querido -respondió Serena-. Me hubiera gustado que hubieran podido venir. Les hubiera agradado ver qué verde está aquel sitio. Pero ya le verán a menudo. Le he prometido que iré a pasear allí un domingo. ¡Pequeñita, nena mía! -gritó Serena-. ¡Pequeñita mía!
Estalló de pronto. No pudo remediarlo. Para qua pudiera remediarlo, habría sido preciso que no se sintiese tan cerca de su hija.
Dejó la habitación y subió a la del piso de arriba, profusamente iluminada y adornada como en Navidad. Había una silla colocada junto a la cama de la niña y se veían indicios de que alguien la había ocupado recientemente. La pobre Serena sentándose en ella y, cuando se repuso algo y se tranquilizó, besó aquella muletita. Sintiéndose resignada por lo sucedido y bajó de nuevo completamente feliz.
La familia rodeó la lumbre y empezó a charlar: las muchachas y el padre siguieron su labor. Serena les contó la extraordinaria benevolencia de la sobrina de Haruka, a quien apenas había visto una vez. y que al encontrarle aquel día en la calle, y viéndole un poco... "Un poco abatida, ¿sabes?", dijo Serena, se enteró de lo que le había sucedido para estar tan triste.
-En vista de lo cual --continuó serena-, ya que es la dama más amable que se puede encontrar, se lo conté. "Estoy sinceramente apenada por lo que me cuentas, señora Tsukino", dijo, "por ti y por tu excelente esposo". Y a propósito, no sé cómo ha podido saber eso.
-¿Saber qué?
-Que eras una excelente esposo -contestó Serena.
-Eso lo sabe todo el mundo -dijo Rini
-¡Muy bien dicho, hija mía! –exclamó Serena- bueno después la señorita Hotaru Sinceramente apenada, dijo, "por tu excelente familia. Sí puedo servirnos en algo", continuó, dándome su tarjeta, "éste es mi domicilio. Les ruego que vayan a verme." Bueno, pues, me ha encantado -exclamó Serena-, no por lo que está dispuesto a hacer en nuestro favor, sino por su benevolencia. Parecía que en realidad había conocido a nuestra chibi chibi y se lamentaba con nosotros.
-Estoy segura de que tiene buen corazón -dijo darien.
-Más seguro estarías de ello, querido -contestó Serena-, si le hubieras visto y le hubieras hablado. No, no me sorprendería nada, fíjate en lo que digo, que proporcionase a Amy un empleo mejor.
-Oye esto, Amy -dijo darien
-¡Y entonces -gritó una de las muchachas- Amy buscará compañía y se establecerá por su cuenta!
-¡Vete de paseo! -replicó Amy haciendo una mueca.
-Eso puede ser y puede no ser -dijo serena-, aunque hay mucho tiempo por delante, hija mía. Pero, de cualquier modo y en cualquier época que nos separemos unos de otros, tengo la seguridad de que ninguno de nosotros olvidará a la pobre chibi chibi, ¿verdad?, ninguno olvidará esta primera separación.
-¿Nunca! -gritaron todos.
-Y yo sé -dijo serena-, yo sé, hijos míos, que cuando recordemos cuán paciente y cuán dulce fue, aun siendo pequeña, pequeñita, nos amaremos todos, porque al hacerlo no olvidaríamos a la pobre chibi chibi.
-¡No, madre; nunca! -volvieron a gritar todos.
-Soy muy feliz ---dijo el pequeño Andrew-. ¡Soy muy feliz!
Darien le besó, sus hijas le besaron, los dos Chiba pequeños le besaron.
-Espectro --dijo Haruka-, algo me dice que la hora de nuestra separación se acerca. Lo sé, pero no sé cómo se verificará. Dime: ¿quién era aquel hombre que hemos visto yacer en su lecho de muerte?
El Espectro de la Navidad Futura le transportó, como antes -aunque en una época diferente, según pensó: verdaderamente, sus últimas visiones aparecían embrolladas, excepto la seguridad de que pertenecían al porvenir-, a los lugares en que se reunían los hombres de negocios, pero sin mostrarle su otro él. En verdad, el Espíritu no se detuvo para nada, sino que siguió adelante como para alcanzar el objetivo deseado, hasta que Haruka le suplicó que se detuviera un momento.
-Esta calle que atravesamos ahora --dijo Haruka- es el lugar donde desde hace mucho tiempo yo establecí el centro de mis ocupaciones. Veo la casa. Permitidme contemplar lo que será en los días venideros.
El Espíritu se detuvo: su mano señalaba otro sitio.
-¡La casa está allá abajo! --exclamó Haruka-. ¿Por qué me señalas hacia otra parte?
El dedo no experimentó ningún cambio. Haruka corrió a la ventana de su despacho y miró al interior. Seguía siendo un despacho, pero no el suyo. Los muebles no eran los mismos y la persona sentada en la butaca no era él. El Fantasma señalaba como anteriormente.
Haruka volvió a unírsele, y sin comprender por qué no estaba él allí ni dónde habría ido, siguió al Espíritu hasta llegar a una verja de hierro. Antes de entrar se detuvo para mirar a su alrededor.
Un cementerio. Bajo la tierra yacían allí los infelices cuyos nombres no conocía. Era un digno lugar, rodeado de casas, invadido por la hiedra y las plantas silvestres, antes muerte que vida de la vegetación, demasiado lleno de sepulturas, abonado hasta la exageración. ¡Un digno lugar!
Haruka a lo lejos pudo distinguir dos hombres escavando un hueco junto a una piedra.
Ja, ja, ja jamás había visto un entierro igual- comento uno de los hombres.
Sí, sin familia, ni amigos nadie para despedirle- le dijo el otro.
Vamos a descansar antes de taparlo de ahí ya no se moverá ja, ja, ja, ja.- vio como los dos hombres se marchaban riendo.
El Espíritu, de pie en medio de las tumbas, indicó a esa donde antes se encontraban los hombres. Haruka avanzó hacia ella temblando. El Fantasma era exactamente como había sido hasta entonces. Pero Haruka tuvo miedo al notar un ligero cambio en su figura solemne.
-Antes de acercarme más a esa piedra que me enseñas-le dijo-, respóndeme una pregunta: ¿Es todo eso la imagen de lo que será o solamente la imagen de lo que puede ser?
El Espectro siguió señalando a la tumba junto a la cual se hallaba.
-Las decisiones de los hombres representan ciertos objetivos que, si perseveran, pueden alcanzar -dijo Haruka- pero si se apartan de ellas, los objetivos cambian. ¿Ocurre lo mismo con las cosas que me muestras?
El Espíritu continuó inmóvil como siempre. Haruka se arrastró hacia él, temblando al acercarse.
Espíritu de quien es esta tumba solitaria.
