El Espíritu continuó inmóvil como siempre. Haruka se arrastró hacia él, temblando al acercarse.
Espíritu de quien es esta tumba solitaria.
Y siguiendo la dirección del dedo, leyó sobre la piedra de la abandonada sepultura su propio nombre: Haruka Tenoh.
-¿Soy yo el dueño de esta tumba? -exclamó cayendo de rodillas.
El dedo se dirigió de la tumba a él y de él a la tumba.
-¡No, Espíritu! ¡Oh, no, no! El dedo seguía allí.
-¡Espíritu -gritó agarrándose a su vestidura- escúchame! Yo no soy ya el hombre que era; no seré ya el hombre que habría sido a no ser por su intervención. ¿Por qué me muestras todo eso, si he perdido toda esperanza?
Por primera vez la mano pareció moverse. -Buen Espíritu -continuó, prosternado ante él, con la frente en la tierra-, tú intercederás por mí y te compadecerás de mi. Asegúrame que puedo cambiar esas imágenes que me has mostrado, cambiando de vida.
La benévola mano tembló.
-Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré guardarla todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el porvenir. Los espíritus de los tres no se apartarán de mí. No olvidaré sus lecciones. ¡Oh, dime que puedo borrar lo escrito en esa piedra!
En su angustia asió la mano espectral, que intentó apartarlo. Pero su petición le daba fuerza, y la retuvo. El Espíritu, más fuerte aún le rechazó.
Serás el hombre más rico del cementerio jajajaja- por fin hablo el espíritu con una voz aguda y espectral capaz de erizar los cabellos de la nuca de cualquiera.
El espíritu lo lanzo dentro de la tumba, Haruka Juntando las manos en una última súplica a fin de que cambiase su destino alcanzo a tomar una rama.
-Por favor espíritu- Haruka volteo hacia el suelo y vio que el ataúd se abría y de el salían llamas que al parecer provenían del infierno.- no no NO!!! Cambiare CAMBIARE!!
Haruka advirtió una alteración en la rama, que se contrajo y quedó convertido en una columna de cama.
Sí y la columna de cama era suya: La cama era la suya, el cuarto era el suyo y lo mejor y más venturoso de todo, ¡el tiempo venidero era suyo, para poder enmendarse!
-Viviré en el pasado, en el presente y en el porvenir -repitió Haruka, saltando de la cama-. Los Espíritus de los tres no se apartarán de mí. ¡Oh, Setsuna Meioh! ¡Benditos sean el cielo y la fiesta de Navidad: ¡Lo digo de rodillas, Setsuna, de rodillas!
Se encontraba tan animado y tan encendido por buenas intenciones, que su voz desfallecida apenas se escuchaba. Había sollozado con violencia en su lucha con el Espíritu y su cara estaba mojada de lágrimas.
-¡No se las han llevado -exclamó Haruka, estrechando en sus brazos una de las cortinas de la alcoba-, no se las han llevado, ni tampoco las anillas! Están aquí. Yo estoy aquí. Las imágenes de las cosas que podían haber ocurrido pueden desvanecerse. Y se desvanecerán, lo sé.
Sus manos se ocupaban continuamente en palpar sus vestidos; los volvía del revés, ponía lo de arriba abajo y lo de abajo arriba, los desgarraba, los dejaba caer, haciéndoles cómplices de toda clase de extravagancias.
-¡No sé lo que hago!-exclamó Haruka riendo y llorando a la vez y haciendo de sí mismo con sus medías una pelota-. Estoy ligero como una pluma, dichoso como un ángel, alegre como un escolar, aturdido como un borracho. ¡Felíz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo a todo el mundo! ¡Hurra! ¡Viva!
Había ido a la sala dando brincos, y allí estaba entonces sin aliento.
-¡Aquí está la cacerola con el guisado! --gritó Haruka entusiasmándose de nuevo y danzando alrededor de la chimenea-. ¡Esa es la puerta por donde entró el Espectro de Setsuna! ¡Ese es el rincón donde se sentó el Espectro de la Navidad Presente! Esa es la ventana por donde vi los Espíritus errantes! ¡Todo está en su sitio, todo es verdad, todo ha sucedido! ¡Ja, ja, ja!
Realmente, para un hombre que no la había practicado por espacio de muchos años, era una risa espléndida, la risa más magnífica. El padre de una larga, larga sesión de risas brillantes.
-No sé a cuánto estamos -dijo Haruka- No sé cuánto tiempo he estado entre los Espíritus. No sé nada. Soy como un niño. No me importa. Me da igual. Quisiera ser un niño. ¡Hurra! ¡Viva!
Le interrumpieron sus transportes de alegría las campanas de las iglesias, con los más sonoros repiques que oyó jamás. ¡Tín, tan! ¡Tin, tan! ¡Tin, tan! ¡Oh, magnífico, magnífico!
Corriendo a la ventana, la abrió y asomó la cabeza. Nada de bruma, nada de niebla; un frío claro, luminoso, jovial; un frío que al soplar hace bailar la sangre en las venas; un sol de oro, un cielo divino; un aire fresco y suave, campanas alegres. ¡Oh, magnifico, magnífico!
-¿Qué día es hoy? -gritó Haruka, dirigiéndose a un niño, que quizá se había detenido para mirarle.
-¿Eh? -replicó el niño lleno de admiración.
-¿Qué día es hoy, pequeño? -dijo Haruka.
-¿Hoy? -repuso el niño-. ¡Hombre, pues, el día de Navidad!
-¡El día de Navidad! -se dijo Haruka-. ¡No ha pasado todavía! No me la e perdido, Los Espíritus han dado otra oportunidad, lo han hecho todo en una noche. Pueden hacer todo lo que quieren. Pueden, no hay duda. Pueden, no hay duda. ¡Hola, pequeño!
-¡Hola! -contestó el niño.
-¿Sabes dónde está la pollería, en la esquina de la segunda calle? -inquirió Haruka.
-¡Claro que sí!
-¡Eres un muchacho listo! -dijo Haruka- ¡Un niño notable! sabes sí han vendido el hermoso pavo que tenían colgado ayer? No el pequeño, el grande.
-¿Cuál? ¿Uno que era el doble de mi tamaño? -replicó el niño.
-¡Qué chico tan simpático -dijo Haruka-. Da gusto hablar contigo. Sí, ese.
-Todavía está colgado -repuso el niño.
-¿Sí? -dijo Haruka-. Ve a comprarlo.
-¡Qué bromista! -exclamó el niño.
-No, no -dijo Haruka-. Hablo en serio. Ve a comprarlo y di que lo traigan aquí, que yo les diré dónde tienen que llevarlo. Vuelve con el mozo y te daré un chelín. Si vienes con él antes de cinco minutos, te daré media corona.
El niño salió como una bala. Habría necesitado una mano muy firme en el gatillo el que pudiera lanzar una bala con la mitad de la velocidad.
-Voy a enviárselo a Serena Tsukino -murmuró Haruka. Frotándose las manos y soltando la risa. No sabrá quién se lo envía. Tiene dos veces el cuerpo de chibi chibi.
Al escribir las dirección no estaba muy firme la mano; pero, de cualquier modo, la escribió Haruka y bajó la escalera para abrir la puerta de la calle en cuanto llegara el mozo de la pollería. Hallándose allí aguardando su llegada, el vendedor atrajo su mirada.
-¡Le amaré toda mi vida! -exclamó Haruka, acariciándole con la mano- ¡Qué honrada expresión tiene en la cara! ¡Es un vendedor admirable!...
-Aquí está el pavo.
-! Viva! ¿Hola! ¿Cómo estás? !Feliz navidad!
¡Era un pavo! Seguramente no había podido aquel volátil sostenerse sobre las patas. Se las habría roto en un minuto como si fueran barras de dulces.
-¡Qué! No es posible llevarlo a cuestas hasta Camden-Town -dijo Haruka-. Tienes que tomar un coche.
La risa con que dijo aquello, y la risa con que pagó el pavo, y la risa con que pagó el coche, y la risa con que dio la propina al niño, únicamente fueron sobrepasadas por la risa con que se sentó de nuevo en su butaca, ya sin aliento, y siguió riendo hasta llorar.
