Capitulo 2: La fiesta…
Bella – 1918
"Oficialmente perdiste la cabeza…"
Edward me dejó en mi casa para cambiarme, no sin antes despedirse con un beso y prometiendo que volvería 10 minutos antes de la fiesta.
Me apresuré a bañarme y cambiarme. Elizabeth, la madre de Edward, me había regalado un hermoso vestido azul con detalles de pedrería. Le había dicho, más bien le había ordenado, que no gastasen su dinero en mí, pero como nadie escucha a Isabella, lo habían ignorado…
Me dejé el pelo liso y suelto; me puse los zapatos plateados, que también me había comprado Elizabeth, y me coloqué la pulsera con el dije de corazón que me había regalado Edward. Estuve lista 5 minutos antes que Edward llegara.
Cuando toco el timbre corrí, literalmente, escaleras abajo casi cayéndome en el último escalón. Tuve mi merecida recompensa cuando lo vi allí, tan guapo como siempre con su traje y esperándome solo a mí.
- Te ves hermosa, Bella. – dijo con una sonrisa que provocó que me sonrojara hasta la médula.
- Agradécele a tu madre. – le conteste con la vista clavada en el suelo.- Tú también estas muy guapo.
- Pero no tanto como tú - otro sonrojo – ¿Nos vamos?
Me ofreció la mano y me dirigió a su auto. Su casa no estaba muy lejos de la mía, solo a unas cuantas calles.
La mansión de los Masen siempre estaba bien cuidada, en especial cuando había fiesta de gran multitud como esta. Se invitan como a unas 300 personas cada 3 meses para festejar la evolución de la empresa.
- Edward... tus padres se están volviendo cada vez mas locos, no? – pregunté al ver que habían invitado a mas de 500 personas y la fiesta se había trasladado al enorme patio. – ¡Invitaron a casi todo Chicago!
Se rió entre dientes y luego aparcó su auto detrás de otros. Al bajarse se dio la vuelta para abrirme.
- Son solo unas 100 0 200 personas más, Bells. – me dijo mirándome con esos ojos esmeraldas que brillaban aun de noche.
- Unas 100 o 200 personas más que me harán sentir incómoda. – mascullé.
-Tranquila, Bella. Estas conmigo.
- Bien – dije bajándome del auto – Terminemos con esto.
Me ofreció su mano y nos dirigimos hacia el gran patio de la mansión. A lo lejos divisé a mis padres y a los de Edward, hablando con unas personas que no conocía. Eran tan pálidos como yo pero mucho más hermosos, no me podía imaginar a personas tan hermosas, salvo a mi Edward.
Llegamos junto a ellos; eran 3, una mujer hermosa de entre 25 a 30 años de cabello color caramelo que caía en ondas sobre su rostro en forma de corazón con los ojos miel-dorados, un hombre de entre la misma edad que ella con el pelo rubio-dorado con los ojos del mismo extraño matiz, y una chica de entre 17 o 18 años con el pelo rebelde, puntiagudo y corto, color negro azabache y los mismo ojos. Mi autoestima se fue por el suelo.
- ¡Hasta que llegan chicos! – comentó Charlie despertándome de mis pensamientos.
- Justo a tiempo – dijo Reneé, mi madre.
- Bella – me saludó Elizabeth - ¡El vestido te queda hermoso, querida!
-Gracias - me sonrojé al decirlo.
- Bella… quiero presentarte a los Cullen – me dijo el Sr. Masen – Él es el Dr. Carlisle, su señora Esme y su hija adoptiva Alice – me explico señalando primero al hombre de cabellos rubios, a la mujer con cabellos de color caramelo y por último a la chica con el pelo rebelde.
- Es un gusto conocerlos – dije mirando a cada uno de ellos.
- El gusto es nuestro, querida. Edward no ha parado de hablar de la maravillosa novia de su hijo. – me respondió Esme al tiempo en que me sonrojaba.
- Así es, dijo que eres una chica estupenda – agregó el Dr. Carlisle.
- Gracias - fue lo único que logre decir.
- Hola Bella – dijo la chica de cabellos negros – Soy Alice, ojala seamos grandes amigas!
- Por supuesto, Alice. Me encantaría.
Me respondió con una gran sonrisa y con sus ojos brillando de emoción.
- ¿Me concedería esta pieza hermosa dama? – preguntó Carlisle a su esposa Esme quien acepto sin dudarlo.
Al poco tiempo solo quedamos Edward, Alice y yo, ya que todos se habían ido a bailar con sus respectivas parejas; el Sr. Masen con Elizabeth, Carlisle y Esme, y mis padres, Charlie y Reneé.
- Bella… necesito hablar contigo un segundo, vienes? – me susurró Edward al oído tan bajo que dudo que Alice lo hubiera escuchado.
Asentí y nos dirigimos hacia la sala de su casa.
- ¿De qué querías hablar, Edward? – pregunté sentándome en uno de sus sillones. Él se sentó enfrente de mí.
- Bella… - dijo tomándome de las manos, cosa que me extraño mucho – Estuve pensando… como nos vamos a Harvard dentro de unos meses, pensé que… - sacó una pequeña caja y se puso de rodillas frente a mí… por favor díganme que no va hacer lo que estoy pensando…
- Isabella Marie Swan – continuó - ¿Me harías el increíble honor de convertirte en mi esposa?
Ok… eso ni en un millón de años me lo hubiera esperado.
- Edward… ahora oficialmente perdiste la cabeza.
- Bella estoy hablando en serio, si no… ¿Por qué hubiera comprado esto?- dijo y abrió la pequeña caja dejando ver un hermoso anillo de color plata con un zafiro de tonos azules y celestes al igual que el dije de mis pulsera.
Me lleve ambas manos a la boca en símbolo de sorpresa. Él si hablaba en serio… no había perdido la cabeza… ¡MALDICIÓN BELLA!
- ¿Bella…?
- A-a-a-a-a – no podía articular ni una sola palabra.
- No tienes que darme una respuesta ahora… - dijo con tono de vergüenza y decepción… y yo lo provocaba! ¡REACCIONA BELLA!
- Solo prométeme algo… - dije aun con un tono de sorpresa en mis palabras. – Si nos separamos o alguno de nosotros muere, no saldremos con otras personas.
Soltó una carcajada ante mi loca ocurrencia.
- ¿Eres así de celosa? – dijo aun entre risas.
- Si.
- Esta bien, Bella. Te prometo que no saldré con nadie si nos separamos.
- Entonces. Si, acepto – dije con una gran sonrisa que ni yo pensé que tendría.
- Te amo.
- Yo también.
Me puso el anillo que me quedaba a la perfección y salte para abrazarlo y besarlo como nunca antes lo había hecho.
Hola! Aun no he tenido ningún review en el primer capítulo pero ya 2 personas la han marcado como favorita! ^^ Les agradesco muchísimo y les prometo que trataré de publicar un capitulo por día (:
Kiiis!
Marii ^^
